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Una explicación en un círculo de amigos[1]

Sobre los elementos de poder dual en la URSS

 

 

2 de setiembre de 1931

 

 

 

¿Es correcto hablar de poder dual en la URSS?

Nunca hablamos de poder dual sino sólo de elemen­tos de poder dual...

Absolutamente correcto. Eso es exactamente lo que yo tenia en mente. Pero incluso esa formulación provoca dudas. Siempre hubo elementos de poder dual en la república soviética, desde el primer día de su existencia. ¿Por qué, entonces, hasta ahora nos referimos a ellos? Después de todo, la NEP fue el reco­nocimiento de la existencia de elementos de poder dual en la economía. Ahora, la relación entre las tendencias económicas capitalistas y socialistas cambió en favor del socialismo. Y precisamente en este momento nosotros empezamos a hablar de elementos de poder dual. ¿No es un error? ¿No podría dar lugar a la idea de que consideramos inevitable el desarrollo del poder dual y en consecuencia la caída de la dictadura del proletariado?

Es incuestionable que en toda sociedad de clases es posible descubrir elementos del régimen precedente así como del régimen que sucederá al actual. El pro­blema, sin embargo, reside en qué clase es la domi­nante y hasta qué punto lo es. La burguesía actúa cuando se ve obligada a hacerlo. Las concesiones impor­tantes al proletariado, tanto económicas como políticas, crean los prerrequisitos del futuro en las entrañas de la sociedad capitalista. Pero en la medida en que es la propia burguesía quien decide qué conceder y qué no conceder, en la medida en que el poder permanece en sus manos, en la medida en que se apoya confiada en el aparato burocrático y en las fuerzas armadas, no hay bases para hablar de poder dual. La NEP fue una concesión consciente y estrictamente calculada del poder proletario a las masas pequeñoburguesas de la pobla­ción. La dictadura proletaria, fundamentalmente el Partido Comunista como dirección real de los soviets, decidía qué y cuánto conceder. En este punto básico la situación es ahora muchísimo menos favorable, a pesar de los grandes éxitos económicos. Ahora no hay partido en la dirección del aparato soviético; a su vez, el apa­rato burocrático hace retroceder al soviético, y aquél se ve frenado por elementos de otro tipo; los juicios a los saboteadores abrieron los ojos a los que no querían verlo...

¿Acaso no hubo juicios similares en el pasado? ¿No hubo varias conspiraciones? Recordamos el asunto del Centro Nacional, el juicio a los social-revolucio­narios[2], etcétera. Sin embargo, no hablábamos enton­ces de elementos de poder...

Eso es muy cierto. Pero entre los antiguos juicios y los actuales hay una profunda diferencia cualitativa. Entonces se trataba de conspiradores que actuaban ilegalmente y reunían fuerzas para un derrocamiento armado, o de gente que recurría a actos terroristas. También aquí había algunos elementos de poder dual, como en las actividades de los revolucionarios en la Rusia zarista. Los saboteadores de los últimos años actuaron de manera muy diferente; ocuparon cargos directivos de responsabilidad en el aparato económico, y su sabotaje consistió en aplicar abierta y públicamente -con la aprobación del Politburó- programas que en esencia estaban dirigidos contra la construcción socialista y la dictadura proletaria. La Oposición de Izquierda los denunció, pero el aparato del partido, dirigido por la fracción stalinista gobernante, aplastó a la Oposición de Izquierda en unos cuantos años y trató de demostrar a los obreros que los planes económicos de los saboteadores eran la más pura encarnación del leninismo. Que los saboteadores hayan sido agentes de la burguesía implica que el aparato que ellos dirigían y supervisaban hasta tal punto no es un aparato confia­ble del proletariado, que incluye en su seno elementos muy importantes del poder de una clase diferente. El peso de estos elementos se centuplicó cuando el aparato partidario aplastó a los revolucionarios prole­tarios que denunciaron a los saboteadores. Mientras los Ramzins aplicaban legalmente, y además con toda autoridad, sus programas, bajo la supervisión de los Krshishanovskis, Ustrialov[3] exigía que el Politburó arrestara y exiliara a los que actuaban contra los Ramzins, y Stalin ponía en práctica la ley social de Ustrialov. ¿No es evidente que se dan elementos de poder dual en la propia cúpula del aparato estatal?

De todos modos, ¿no se castigó a tos saboteadores y se cambió de política?

Por supuesto. Si no hubiera ocurrido así, no hablaríamos de elementos de poder dual; consideraríamos como un hecho consumado la entrega de la burocracia centrista al servicio de la burguesía y la destrucción de la dictadura proletaria. Esa es la posición de Korsch, Urbahns y Pfemfert[4], pero no la nuestra. Sin embar­go, sería básicamente incorrecto creer que un vuelco a la izquierda de la política centrista significa la liquida­ción de los elementos políticos de poder dual. La acele­ración artificial de los ritmos de industrialización y colectivización puede ser un acto de sabotaje tanto como lo fue su reducción artificial. Los síntomas saltan a la vista. Mientras tanto, se aplasta aun más al partido y el aparato se desmoraliza aun más. ¿Hasta qué punto no solamente el aparato estatal sino también el parti­dario está plagado de Bessedovskis, Dimitrievskis, Agabekovs, en general de enemigos de clase, que silencian a los Rakovskis y expulsan a los Riazanovs? ¿Hasta qué punto en el momento decisivo este aparato demostrará que es un arma de la dictadura del proletariado? ¿Quién puede contestar esta pregunta? ¡Nadie! Pero esto significa que el aparato estatal de la dictadura proletaria asumió un carácter contradictorio, es decir, está plagado de elementos de poder dual.

¿Significa eso que estamos en vías de un incremento del poder dual?

Es imposible responder con adivinanzas. El pro­blema es de correlación de fuerzas. Se probará y deci­dirá en el proceso de la propia lucha. En esta lucha la Oposición de Izquierda no ocupará el último puesto. Es poco numerosa pero, después de todo, está formada por cuadros altamente calificados y bien templados. En un momento crítico la cristalización alrededor de estos cuadros podría darse muy rápidamente.

¿Qué significa la consigna de un comité central de coalición? ¿No se podría entender en el sentido de un bloque sin principios de las tres fracciones? ¿En qué medida es aplicable esta consigna a los partidos europeos?

Comencemos con la última pregunta. Plantear en Alemania o en Francia la consigna de un comité cen­tral de coalición sería simplemente ridículo. La Oposi­ción de Izquierda no exige que se le dé un lugar en el Comité Central sino en el partido. El partido determinará la composición del Comité Central en base al centra­lismo democrático. En la URSS la situación es esencial­mente diferente. Allí no hay partido; se ha diluido en los millones de personas que figuran en las listas del partido y de la juventud, a las que se mantiene artificialmente en un estado de atomización y de debilidad ideológica. En un momento de crisis el aparato del par­tido podría verse al borde del caos y comenzar a desin­tegrarse rápidamente. ¿Cómo encontrar una salida en esa situación? ¿Cómo llegar al partido? Mientras tan­to, todavía hay en el partido numerosos elementos, muy valiosos aunque diluidos en los millones no asimila­dos partidariamente, que en la hora del peligro estarán dispuestos a responder. En esas condiciones, un comité central de coalición sería esencialmente una comisión organizativa para reconstruir el partido. No se trata de tal o cual consigna principista sino de una salida organizativa que permita superar una situación comple­tamente artificial y singular. Pero, por supuesto, es sólo una fórmula puramente hipotética.

¿Cómo ve usted la consigna de "gobierno obrero y campesino"?

En general es negativa, y especialmente para Ale­mania. Aun en Rusia, donde la cuestión agraria jugó un papel decisivo y donde teníamos un movimiento cam­pesino revolucionario, no planteamos esa consigna ni siquiera en 1917. Hablamos de un gobierno del proleta­riado y los pobres de la aldea, es decir, semiproletarios dirigidos por el proletariado. Así quedaba totalmente definido el carácter de clase del gobierno. Es cierto que, posteriormente llamamos al gobierno soviético go­bierno obrero y campesino. Pero entonces la dictadu­ra del proletariado ya era un hecho, el Partido Comunis­ta estaba en el poder, y en consecuencia el nombre de gobierno obrero y campesino no podía dar lugar a nin­guna ambigüedad ni suscitar ninguna alarma. Pero volvamos a Alemania; es incongruente plantear aquí la consigna de un gobierno obrero y campesino, como si se pusiera al proletariado y al campesinado en un mismo nivel. ¿Dónde hay en Alemania un movimiento cam­pesino revolucionario? En política es imposible operar con cantidades imaginarias o hipotéticas. Cuando ha­blamos de gobierno obrero podemos explicarle a un tra­bajador rural que nos referimos al tipo de gobierno que lo protegerá contra los explotadores, aunque éstos sean campesinos. Cuando hablamos de gobierno obrero y campesino confundimos al trabajador rural, que allí es mil veces más importante que el "campesino’’ abstracto o el "campesino medio", que siente hostili­dad por nosotros. En Alemania solamente podremos llegar al campesinado pobre a través de los trabajado­res rurales. La única manera de neutralizar a las ca­pas campesinas medias es nuclear al proletariado bajo la consigna de gobierno obrero.

¿Son correctas las referencias a Lenin en apoyo de la consigna de gobierno obrero y campesino?

Totalmente incorrectas. Por lo que recuerdo, la consigna se formuló entre el Cuarto y el Quinto Con­greso de la Comintern, como arma de lucha contra el "trotskismo". Bajo esta consigna se formó la famosa Krestintern. El secretario de la Krestintern, Teodorovich, formuló una nueva consigna marxista:

"La liberación de los campesinos tiene que ser obra de los campesinos mismos." La consigna de gobierno obrero y campesino corresponde a esta ideología epigónica; no tiene nada en común con el leninismo[5].



[1] Una explicación en un círculo de amigos. Biulleten Opozitsi, Nº 25-26, noviembre-diciembre de 1931. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Jim Burnett.

[2] El juicio a los social-revolucionarios, en el verano de 1922, tuvo publicidad internacional. De los cuarenta y siete social-revolucionarios destacados arres­tados bajo la acusación de conspiración y actos terroristas contra el gobierno, se juzgó realmente a treinta y cuatro. Hubo catorce sentencias de muerte; todas ellas fueron suspendidas.

[3] N. V. Ustrialov: profesor y economista ruso que se opuso a la Revolución Rusa, pero más adelante trabajó para el gobierno soviético (para el Ferrocarril Oriental de China en Manchuria). Porque creyó que gradualmente se estaba volviendo al capitalismo. Con este criterio apoyó las gestiones de Stalin contra Trotsky.

[4] Franz Pfemfert (1879-1954): director de una publicación expresionista ale­mana, Die Aktion (La Acción) (1911-1932): fue activista de la Spartakusbund. En 1926 formó la Spartartakusbund II, que se disolvió en 1927.

[5] Más adelante Trotsky corrigió esta posición y planteó que la consigna "gobierno obrero y campesino" es correcta y aceptable siempre y cuando se le dé el contenido revolucionario adecuado y no se la presente como una contraposición a la dictadura del proletariado. Para esta posición posterior, véase el capítulo El gobierno obrero y campesino en La agonía mortal del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional y otros artículos de El programa de transición para la revolución socialista. [Pluma. Buenos Aires, 1973.]



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