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¿Qué nos enseña el juicio a los saboteadores?[1]

 

 

Publicado en noviembre de 1930

 

 

 

El veredicto pronunciado en el caso del centro de sa­botaje (el "Partido Industrial")[2] reviste un interés excepcional, no sólo debido a su significación política inmediata sino también desde el punto de vista de la lucha entre las tendencias internas del Partido Comu­nista de la Unión Soviética. La Oposición sostuvo y re­pitió en todos sus documentos que los causantes de que entre 1923 y 1928 se haya recaudado tan poco para ga­rantizar la industrialización y la colectivización eran el kulak y la burguesía extranjera, que utilizaban como agente a la burocracia soviética.

Los principales especialistas soviéticos, llamados a declarar, revelaron hasta qué punto fue intensa la lucha que libraron en el pasado para reducir al mínimo el plan quinquenal. Señalan, especialmente Ramzin[3], que la medida más importante que tomaron los saboteadores en relación a las ramas básicas de la industria fue "la disminución del ritmo de desarrollo, lo que se evidencia particularmente en el viejo plan quinquenal elaborado bajo la influencia del centro" (es decir, del centro de sabotaje).

La Oposición hizo una crítica aniquiladora del viejo plan quinquenal. Basta con citar de la plataforma de la Oposición (1927) la caracterización del primer plan quinquenal de Stalin-Ramzin: "En el plan quinquenal casi no se reflejan las gigantescas ventajas que provienen de la nacionalización de la tierra, de los medios de producción, los bancos y los órganos administrativos centralizados -vale decir, las ventajas de la revolución socialista-".

El Comité Central caracterizó de antipartidaria nuestra crítica al plan quinquenal. El Decimoquinto Congreso del partido declaró que no teníamos fe, por­que nos habíamos "asustado" con la desaceleración supuestamente inevitable en el período de reconstrucción. En otras palabras, entre 1923 y 1928, en la época en que se desarrolló la lucha contra la Oposición de Izquierda, el Comité Central fue el instrumento político inconsciente de los especialistas en sabotaje, quienes, a su vez, eran agentes a sueldo de los imperialistas extranjeros y de los compradores rusos emigrados. ¿Acaso no afirmamos siempre que al combatir a la Opo­sición de Izquierda, Stalin cumplía los dictados de la burguesía mundial y desarmaba a la vanguardia proletaria? Lo que sólo era una generalización sociológica se ve ahora confirmado por la irrefutable prueba jurí­dica del veredicto.

El ritmo es el corazón del plan quinquenal. La vida de todo el organismo depende de los latidos del cora­zón. ¿Quiénes determinaron el ritmo de los latidos del corazón? Ramzin responde de manera muy precisa:

"Lo que aseguró la ejecución de los planteamientos básicos del Partido Industrial [el partido de los sabotea­dores] en cuanto al ritmo fue el hecho de que los orga­nismos que tomaban las decisiones fundamentales sobre esta cuestión estaban totalmente en manos del Partido Industrial."

¡He aquí quiénes dirigieron durante muchos años la lucha stalinista contra los "superindustrializantes"!

¿No es evidente que la acusación de Krilenko[4] al Partido Industrial es a la vez una acusación al estrato superior del stalinismo, que al combatir a los bolcheviques leninistas se convirtió realmente en el arma política del capitalismo mundial? Pero el asunto no se agota con el plan quinquenal. Estos mismo acusados señalan que "a partir de la segunda mitad de 1928 -¡obsérvese la exactitud de la división en dos etapas!- fue imposible continuar disminuyendo el ritmo, debido -dice Ramzin- a que se puso en práctica con toda la línea general del Partido Comunista de la Unión Soviética". La segunda mitad de 1928 es precisamente el momento en que el Comité Central rechazó el plan quinquenal, el mismo plan que los oposicionistas ha­bían criticado, razón por la cual los mandaron a Siberia.

Pero, ¿se detuvo acaso el sabotaje de los especialis­tas después de 1928? No, a partir de entonces lo in­tensificaron porque esperaban una intervención. Sin embargo, según Ramzin, le dieron un carácter distinto: "Las medidas básicas que se tomaron en el terreno de la industrialización tendían a la profundización de las dificultades económicas, inevitables de cualquier modo."

Pero aquí Ramzin se para de golpe, o Krilenko no cita su testimonio completo. A pesar de eso, la cues­tión está clara. El método de los especialistas que tra­bajaban bajo la supervisión de Krshishanovski[5] consis­tía en "profundizar las dificultades económicas", es decir, aumentar la desproporción entre las distintas ramas de la industria y en el conjunto de la economía. Ya que después de la segunda mitad de 1928 no se po­día lograr este objetivo disminuyendo el ritmo, se tomó el camino opuesto: la aceleración excesiva del ritmo en cada una de las ramas de la industria. Es evidente que un método resulta tan efectivo como el otro.

Así llegamos a una explicación que puede parecer inesperada -pero que en realidad es muy natural- de cómo y por qué la Comisión de Planificación Estatal, cuyo núcleo fundamental lo constituían los saboteado­res -que sin ninguna dificultad llevaban de las narices a su "superior" Krshishanovski-, pasó tan fácilmente de los ritmos mínimos a los máximos y aprobó sin nin­guna oposición la conversión del plan quinquenal incumplido en plan cuatrienal. Los especialistas com­prendieron perfectamente cuáles serían las consecuen­cias de la aceleración desenfrenada de cada una de las ramas de la industria, sin control, sin previsión: por un lado, se producirían desproporciones; por el otro, disminuiría la calidad de la producción, provocando de este modo la catástrofe del plan quinquenal en la etapa siguiente. Por lo tanto, el veredicto demuestra sin de­jar lugar a dudas que, tanto en la etapa de la desacele­ración económica -hasta 1928- como en la del aven­turerismo económico -a partir de la segunda mitad de 1928-, la dirección stalinista de la economía siguió los dictados del centro de sabotaje, esa pandilla de agentes del capital internacional. Por luchar contra esta "direc­ción" se encarceló, exilió y hasta se fusiló a los bolche­viques leninistas. ¡No se puede ocultar esta verdad des­nuda con una maniobra habilidosa!

El veredicto revelador del dominio de la Comisión de Planificación Estatal y del Consejo Supremo de la Economía Nacional por los saboteadores se publicó en el Pravda del 11 de noviembre. El día anterior, el mismo periódico, en un artículo que llevaba el desvergon­zado título Lucha implacable contra el bloque de la izquierda y la derecha, decía lo siguiente respecto a las mentiras de la Oposición:

"Se trata de la acostumbrada trampa fraccional: al atacar, por ejemplo, a la Comisión de Planificación Estatal y las cifras de control alegando el ’burocratismo de los organismos económicos’, atacan al Comité Central, la política del partido y a su dirección."

Esta observación es absolutamente increíble. Pravda pone un signo igual entre la crítica a la Comi­sión de Planificación Estatal, que durante años fue un juguete en manos de los canallas burgueses, y una crí­tica al Comité Central, y eso basta para declararla blasfema. ¿No será que alguien le hizo una "trampa" a Pravda? Y en la crisis que se avecina nos enteraremos por un segundo veredicto de que los compradores les ordenaron a los saboteadores lanzar los super-ritmos stalinistas, contra los que advertimos oportunamente. ¡Tal es la lógica del régimen stalinista!



[1] ¿Qué nos enseña el juicio a los saboteadores? The Militant, 1º de enero de 1931. Firmado "L.T."; sin firma en Biulleten Opozitsi. Ahora, la mayor parte de los estudiosos de la historia soviética estarán de acuerdo en que los juicios contra el "Partido Industrial" de noviembre y diciembre de 1930 y el "Centro Menchevique" de marzo de 1931 tuvieron un carácter fraudulento y fueron los precursores de los mejor conocidos y más sensacionales Juicios de Moscú de los años 1936-1938. Pero en aquel momento Trotsky y la mayoría de los miembros de la Oposición de Izquierda que se hallaban fuera de la Unión Soviética dieron por válidas las "confesiones" de aquellos juicios. Más adelante, poco tiempo antes del juicio a que en 1936 fueron sometidos en Moscú, Zinoviev y Kamenev, se adhirió a un artículo acerca de estos juicios anteriores escrito por Victor Serge, al que hacía poco se le había permitido abandonar la Unión Soviética, y escribió una nota que decía: "La Redacción del Biulleten debe reconocer que en la época del juicio a los mencheviques subestimó enormemente el nivel de desvergüenza de la "justicia’’" stali­nista, y por lo tanto tomó demasiado en serio las confesiones de los ex men­cheviques" (Biulleten Opozitsi, Nº 51, julio-agosto de 1936). El hecho de que este cambio de actitud también debía aplicarse al juicio al Partido Industrial se hizo evidente en abril de 1937, cuando se interrogó a Trotsky sobre ambos juicios durante las audiencias de la Comisión Dewey (véase The case of Leon Trotsky (El caso de León Trotsky) También es significativo el artículo No, no es lo mismo, del 18 de junio de 1938, publicado en Escritos 1937-38.

[2] Fueron ocho los acusados en el juicio al Partido Industrial. Todos ellos habían ocupado cargos de responsabilidad en las instituciones soviéticas de planificación y economía durante la década del veinte. Se los acusó de haber organizado un "Consejo de la Organización de Ingenieros Aliados", que, según el texto de la acusación, "unificó en una sola organización a todas las ­organizaciones destructoras de las diversas ramas de la industria. Actuaron no sólo según órdenes de la organización internacional de los ex capitalistas rusos y del capital extranjero, sino también en contacto con las clases gobernantes y la plana mayor del ejército francés, recibiendo instrucciones directas de ellos para preparar una intervención armada y el derrocamiento por las armas del poder soviético." También se les acusó de tener vínculos con la plana mayor del ejército británico. Los acusados confesaron haber cometido todos los crímenes contenidos en el acta de acusación, incluso sabotaje, en las principales industrias, actividades subversivas en el Ejército Rojo, espionaje, etcétera. No se presentó otra prueba aparte de las confesiones. Cinco acusados fueron condenados a muerte, los otros tres a diez años de cárcel. Las penas de muerte fueron conmutadas por penas de cárcel. Un resumen útil de los juicios al Partido Industrial y a los mencheviques aparece en Not Guilty [Inocente], el informe de la Comisión Investigadora de las acusaciones hechas contra Trotsky en los Juicios de Moscú de 1938 (Monad Press, 1972).

[3] Leonid K. Ramzin (1887-1948): acusado principal en el juicio al Partido Industrial, fue muy pronto liberado de la cárcel y reintegrado a un cargo importante, una de las circunstancias que provocaron un escepticismo masivo acerca del juicio.

[4] NikoIai V. Krilenko (1885-1940?): viejo bolchevique, compartió el cargo de comisario de guerra hasta 1918 y fue comisario de justicia desde 1931 hasta su arresto, en 1937. Se lo "rehabilitó" en forma póstuma.

[5] Gleb M. Krshishanovskí (1872-1959): viejo bolchevique, encabezó la Co­misión de Planificación Estatal, fue víctima de las purgas de la década del 30, pero vivió suficiente tiempo como para ser rehabilitado antes de morir.



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