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Manifiesto sobre China de la Oposición de Izquierda Internacional[1]

 

 

Setiembre de 1930

 

 

 

En los últimos meses ha vuelto a surgir un movimiento campesino de cierta envergadura en algunas provincias del sur de China. Los ecos de esta lucha colman la prensa mundial, no sólo la del proletariado sino también la de sus enemigos. La revolución china, traicionada, derrotada, exhausta, demuestra que aún está viva. Confiamos en que muy pronto volverá a levantar su cabeza proletaria. Y con el fin de estar preparados para ello, debemos poner los problemas de la revolución china en el orden del día de la clase obrera del mundo.

Nosotros, la Oposición de Izquierda Internacional (bolchevique leninista)[2], consideramos que es nuestro deber elevar la voz, ahora mismo, para atraer la atención de todos los comunistas, de todos los obreros revolucionarios de vanguardia, hacia la tarea de liberar a este gran país del Asia oriental y a la vez prevenirles de que la fracción dominante en la Internacional Comunista[3] aplica una política errónea, que amenaza con socavar la revolución china que se avecina así como destruyó la revolución de 1925-1927.[4]

Los síntomas de resurgimiento de la revolución china en el campo son un índice de sus fuerzas internas y de sus inmensas potencialidades. Pero la tarea consiste en transformar esas potencialidades en realidades. La primera premisa del éxito es comprender qué está ocurriendo, vale decir, hacer un análisis marxista de las fuerzas motrices y una caracterización justa de la etapa actual de la lucha. En ambos terrenos, la camarilla dominante de la Comintern se equivoca.

La prensa stalinista está repleta de comunicados sobre un "gobierno soviético" instaurado en vastas provincias chinas bajo la protección de un ejército rojo. Los obreros de muchos países reciben esta noticia con alborozo. ¡Desde luego! La instauración de un gobierno soviético en una extensión importante del territorio chino y la creación de un ejército rojo chino sería un éxito colosal para la revolución internacional. Pero debemos decirlo abierta y claramente: esto todavía no se ha realizado.

A pesar de la poca información que llega del extenso territorio chino, nuestra comprensión marxista del proceso en curso nos permite rechazar con certeza la caracterización stalinista de los acontecimientos por falsa y sumamente peligrosa para el desarrollo posterior de la revolución.

Desde hace siglos la historia de China es la historia de formidables insurrecciones de un campesinado desposeído y hambriento. En no menos de cinco ocasiones, en los últimos dos mil años, los campesinos lograron efectuar un reparto total de la propiedad terrateniente. En cada caso, el proceso de concentración recomenzó y siguió hasta que el crecimiento de la población provocó una nueva explosión parcial o general. Este círculo vicioso reflejaba el estancamiento económico y social.

Sólo la inserción de China en la economía mundial abrió nuevas posibilidades. El capitalismo foráneo invadió a China. Su atrasada burguesía se convirtió en intermediaria entre el capital extranjero y las masas implacablemente explotadas de su propio país. Los imperialistas extranjeros y la burguesía china combinan los métodos de explotación capitalistas con los métodos de opresión y esclavización feudales a través de la usura.

La idea fundamental de los stalinistas consistía en transformar a la burguesía china en líder de la revolución nacional contra el feudalismo y el imperialismo. Los resultados de esta estrategia política fueron fatales para la revolución. El proletariado chino pagó un precio sumamente elevado para aprender que su burguesía no puede ni quiere combatir, ni jamás lo hará, al llamado "feudalismo", que constituye el elemento principal de su sistema de explotación, ni al imperialismo, puesto que es su agente y opera bajo su protección militar.

Apenas resultó claro que el proletariado chino ya estaba dispuesto, a pesar de todos los obstáculos que la Comintern sembró en su camino, a seguir una senda revolucionaria independiente, la burguesía, con ayuda de los imperialistas extranjeros, aplastó al movimiento obrero, empezando por Shanghai. En cuanto se evidenció que la amistad de Moscú no podía paralizar la insurrección de los campesinos, la burguesía aplastó al movimiento campesino. En la primavera y el verano de 1927 la burguesía china cometió sus más horrendos crímenes.

Asustada por las consecuencias de sus errores, a fines de 1927 la fracción stalinista trató repentinamente de compensar sus torpezas de años anteriores. Se organizó la insurrección de Cantón[5]. Los líderes stalinistas suponían que la revolución seguía en auge, pero, en realidad, ya había entrado en reflujo. El heroísmo de la vanguardia obrera no podía impedir el desastre provocado por la aventura de estos líderes. La insurrección de Cantón fue ahogada en sangre. Así se destruyó la segunda revolución china.

Desde el principio, nosotros, representantes de la Oposición de Izquierda Internacional (bolcheviques leninistas), nos opusimos al entrismo en el Kuomintang[6] y nos pronunciamos a favor de una política proletaria independiente. Desde el comienzo mismo del ascenso revolucionario instamos a que se iniciara la construcción de soviets de obreros, soldados y campesinos; instamos a los obreros a que ocuparan su lugar a la cabeza de la insurrección campesina y llevaran a término la revolución agraria. Se rechazó nuestra política. Nuestros partidarios fueron perseguidos y expulsados de la Comintern; a los que estaban en la URSS se los arresto y exilió. ¿En nombre de qué? En nombre de un bloque con Chiang Kai-shek.[7]

Después del golpe de estado contrarrevolucionario de Shanghai y Wuhan nosotros, los militantes de la Oposición de Izquierda Internacional, advertimos insistentemente que la segunda revolución china había terminado, que la contrarrevolución triunfaba temporalmente, que ante la desmoralización y fatiga general de las masas todo intento de insurrección de los obreros de vanguardia provocaría nuevos golpes criminales contra las fuerzas revolucionarias. Exigimos que se pasara a la defensiva, que se fortaleciera la organización clandestina del partido, la participación en las luchas económicas del proletariado y la movilización de las masas con consignas democráticas: la independencia de China, el derecho de las distintas nacionalidades de la población a la autodeterminación, una asamblea constituyente, la expropiación de la tierra, la jornada de ocho horas. Con esa política la vanguardia comunista hubiera podido remontar gradualmente la derrota, restablecer sus vínculos con los sindicatos y las masas no organizadas de la ciudad y el campo y armarse para el momento del nuevo ascenso revolucionario.

La fracción stalinista repudió nuestra política por "liquidacionista" y, mientras tanto, y no por primera vez, pasó del oportunismo al aventurerismo. En febrero de 1928, cuando la revolución china se encontraba en su punto de máximo reflujo, el Noveno Plenario del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista proclamó una política de insurrección armada para China. El resultado de esta demencia fue una derrota más de los trabajadores, el asesinato de los mejores revolucionarios, un cisma en el partido y la desmoralización de las bases obreras.

El reflujo de la revolución y un atemperamiento temporal de la lucha entre los militaristas dio lugar a un reanimamiento económico parcial. Hubo nuevas huelgas. Pero éstas se desarrollaron independientemente del partido que, al no comprender la situación, fue absolutamente incapaz de ofrecer una nueva perspectiva a las masas y de unificarlas bajo las consignas democráticas del período de transición. El Partido Comunista, como fruto de sus errores, de su oportunismo y de su aventurerismo, sólo cuenta con unos pocos miles de obreros. Según las estadísticas proporcionadas por el propio partido, los sindicatos rojos agrupan alrededor de sesenta mil obreros. En la época de ascenso revolucionario agrupaba aproximadamente tres millones.

La contrarrevolución afectó más directa e implacablemente a los obreros que a los campesinos. En China, los obreros son pocos y están concentrados en los centros industriales. Los campesinos están protegidos hasta cierto punto por su número y por su dispersión sobre vastos territorios. Los años de revolución educaron a buen número de dirigentes rurales locales, y la contrarrevolución no los eliminó a todos. Una cantidad importante de obreros revolucionarios se ocultó de los militaristas en el campo. En la década pasada se distribuyeron grandes cantidades de armas. En los enfrentamientos con los administradores o las unidades militares locales, los campesinos obtuvieron esas armas y organizaron grupos guerrilleros rojos. En los ejércitos de la contrarrevolución burguesa surgieron focos de agitación que en algunos casos desembocaron en verdaderas rebeliones. Los soldados armados desertaban al bando campesino, a veces en grupos y a veces en compañías enteras.

Por tanto, es natural que, a pesar de la derrota de la revolución, las oleadas de movilización campesina hayan seguido recorriendo las diversas provincias del país hasta desembocar en la actualidad en una vigorosa arremetida. Los grupos de campesinos armados expulsan y exterminan a cuanto terrateniente encuentran en su región, sobre todo a la llamada aristocracia del campo y a los tuchuns (gobernadores militares o señores de la guerra), y a los representantes locales de la clase dominante: los burócratas-propietarios, los usureros, los campesinos ricos.

Cuando los stalinistas afirman que los campesinos han instaurado un gobierno soviético en una extensión importante del territorio chino, no sólo revelan su credulidad y superficialidad, al mismo tiempo confunden y tergiversan el problema fundamental de la revolución china. El campesinado, por revolucionario que sea, no puede crear un gobierno independiente; sólo puede apoyar al gobierno de otra clase, de la clase dominante urbana. En todos los momentos críticos el campesinado sigue a la burguesía o al proletariado. Los llamados "partidos campesinos" pueden disimular este hecho, pero no eliminarlo. Los soviets constituyen los órganos de poder de una clase revolucionaria opuesta a la burguesía. Esto significa que el campesinado es incapaz de organizar por sus propios medios un sistema soviético. Lo mismo es cierto también en relación al ejército. La historia de China, de Rusia y de otros países, registra más de una ocasión en que el campesinado organizó ejércitos guerrilleros que combatieron con valentía y tesón sin par. Pero jamás fueron más que ejércitos guerrilleros, vinculados a una sola provincia, incapaces de realizar operaciones estratégicas centralizadas en gran escala. Sólo el predominio del proletariado en los cen­tros industriales y políticos decisivos sienta las bases necesarias para la creación de un ejército rojo y la extensión del sistema soviético al campo. Para quienes son incapaces de asimilar este concepto la revolución es un libro cerrado con siete sellos.

El proletariado chino apenas comienza a remontar la parálisis de la contrarrevolución. En la actualidad el movimiento campesino avanza, en gran medida, independientemente del movimiento obrero, siguiendo sus leyes y ritmo propios. Pero el meollo del problema de la revolución china radica en la coordinación política y la combinación organizativa de los ascensos proletario y campesino. Aquellos que hablan de la victoria de la revolución soviética en China, a pesar de limitarse a algunas provincias aisladas del sur y enfrentarse a la pasividad del norte industrial, ignoran el doble problema de la revolución china: la alianza de obreros y campesinos y el papel dirigente de los obreros en dicha alianza.

Es indudable que la gran ola de revueltas campesinas puede servir de impulso para el reanimamiento de la lucha política en los centros industriales. Contamos firmemente con ello. Pero esto no significa que el despertar revolucionario del proletariado podría conducir inmediatamente a la conquista del poder, ni siquiera a la lucha por el poder. Las primeras manifestaciones del nuevo ascenso del proletariado podrían consistir en luchas económicas y políticas defensivas y ofensivas parciales. ¿Cuánto tiempo necesitará el proletariado, y su vanguardia comunista en particular, para ponerse a la altura de su papel de dirigente de una nación revolucionaria? En cualquier caso, más de unas cuantas semanas o meses. El mando burocrático no sustituye el creci­miento independiente de la clase y su partido.

En esta coyuntura los comunistas chinos necesitan una política a largo plazo. No deben dispersar sus fuerzas entre las llamas aisladas de la revuelta campesina. El partido, débil y pequeño, no podrá controlar este movimiento. Los comunistas tienen que concentrar sus fuerzas en las fábricas y talleres y en las barriadas obreras para explicar a los obreros el significado de lo que está ocurriendo en las provincias, para levantar el ánimo de los cansados y los descorazonados, para organizar la lucha de los grupos obreros por la defensa de sus intereses económicos, para levantar las consignas de la revolución agraria y democrática. Sólo este proceso de activación y unificación de los obreros permitirá al Partido Comunista asumir la dirección de la insurrección campesina, es decir, de la revolución nacional en su conjunto.

Apoyando las ilusiones del aventurerismo y para ocultar la debilidad de la vanguardia proletaria, los stalinistas afirman que el objetivo de la lucha es una dictadura democrática, no una dictadura proletaria.[8] En este problema crítico su aventurerismo se basa totalmente en las premisas del oportunismo. La experiencia del Kuomintang no les bastó; ahora los stalinistas están inventando una nueva fórmula que sirva para adormecer y encadenar a la clase obrera en la revolución que se avecina: la "dictadura democrática".

Cuando la vanguardia obrera china levantaba la consigna de soviets, decía: queremos hacer lo que hicieron los obreros rusos. Hasta ayer los stalinistas respondían: no, no deben hacerlo, tienen al Kuomintang, que hará lo necesario. Hoy los mismos dirigentes, más cautelosamente, responden: deben organizar soviets, pero para una dictadura democrática, no para una dictadura proletaria. Con esto le dicen al proletariado que la dictadura no estará en sus manos, que existe en China otra fuerza, aún no descubierta, capaz de instaurar la dictadura revolucionaria. Así, la fórmula de la dictadura democrática le permite a la burguesía engañar nuevamente a los obreros y a los campesinos.

Para justificar la consigna de "dictadura democrática", los stalinistas chinos caracterizan la contrarrevolución china como "feudal-militarista e imperialista". De esa manera, excluyen a la burguesía de la contrarrevolución, o sea que, igual que antes, idealizan a la burguesía. En realidad, los militaristas expresan los intereses de la burguesía china, que son inseparables de los intereses y relaciones feudales. La burguesía china es demasiado hostil al pueblo, está demasiado atada a los imperialistas extranjeros, le tiene demasiado miedo a la revolución como para querer gobernar en su propio nombre con métodos parlamentarios. El régimen militar-fascista chino expresa el carácter antinacional, antirrevolucionario de la burguesía china. La contrarrevolución china no es una contrarrevolución de barones feudales y esclavistas contra la sociedad burguesa. Es una contrarrevolución de todos los propietarios -y en primer término de los burgueses- contra los obreros y los campesinos.

La insurrección proletaria china sólo puede desarrollarse, y se desarrollará, como revolución dirigida directa e inmediatamente contra la burguesía. La revuelta campesina china, mucho más que la rusa, es una revuelta contra la burguesía. En China no existe una clase terrateniente como clase independiente. Los terratenientes y la burguesía son lo mismo. La aristocracia del campo y los tuchun, contra los cuales se moviliza el campesinado, son el último eslabón de la burguesía y también de los explotadores imperialistas. En Rusia, la primera etapa de la Revolución de Octubre[9] fue el enfrentamiento de toda la clase campesina con toda la clase terrateniente, y sólo después de varios meses comenzó la guerra civil en el seno del campesinado. En China toda insurrección campesina es, desde el comienzo, una guerra civil de campesinos pobres contra campesinos ricos, es decir, contra la burguesía aldeana.

El campesinado medio chino es insignificante. Casi el ochenta por ciento de los campesinos son pobres. Ellos, sólo ellos, desempeñan un papel revolucionario. No se trata de unificar a los obreros con el conjunto del campesinado, sino solamente con los pobres de la aldea. Tienen un enemigo común: la burguesía. Sólo los obreros pueden conducir a los campesinos pobres al triunfo. Su victoria común no puede conducir a otro régimen que la dictadura del proletariado y únicamente ese régimen puede instaurar un sistema soviético y organizar un ejército rojo, que será la expresión militar de la dictadura del proletariado apoyada por los campesinos pobres.

Los stalinistas afirman que la dictadura democrática, próxima etapa de la revolución, se convertirá en dictadura proletaria en una etapa posterior. Esta doctrina corriente en la Comintern, no sólo para China sino también para todos los países de Oriente es una desviación total de las enseñanzas de Marx sobre el estado y de las conclusiones de Lenín respecto de la función del estado en una revolución.[10] La diferencia entre la dictadura democrática y la proletaria es que aquélla es una dictadura democrático-burguesa. La transición de dictadura burguesa a dictadura proletaria no puede ser un proceso de "transformación" pacífica de la una en la otra. La dictadura del proletariado sólo puede remplazar a la dictadura de la burguesía, sea democrática o fascista, mediante una insurrección armada.

Esta "transformación" pacífica de la revolución democrática en socialista sólo es posible bajo la dictadura de una clase: el proletariado. En la Unión Soviética la transición hacia las medidas socialistas tuvo lugar bajo el régimen de la dictadura proletaria. Esta transición será mucho más rápida en China porque sus problemas democráticos más elementales tienen un carácter mucho más anticapitalista y antiburgués que el que poseyeron en Rusia. Aparentemente, los stalinistas necesitan otra derrota, pagada con sangre obrera, para llegar a decir: "La revolución ha alcanzado su etapa más elevada, cuya consigna es la dictadura del proletariado."

A esta altura no se puede descubrir en qué medida, combina la insurrección campesina en curso los últimos coletazos de la segunda revolución con las primeras manifestaciones de la tercera. Nadie puede pronosticar por el momento si los hornos de la revuelta campesina se mantendrán encendidos durante todo el largo período que necesitará la vanguardia proletaria para reunir fuerzas, llevar a la clase obrera a la lucha y coordinar su lucha por el poder con la ofensiva general de los campesinos contra sus enemigos más inmediatos.

Lo que caracteriza la movilización rural en curso es el deseo de los campesinos de darle forma soviética, al menos de nombre, y de conformar en lo posible sus ejércitos guerrilleros de acuerdo al modelo del Ejército Rojo, lo que revela el ansia de los campesinos de hallar una forma política que les permita superar su dispersión e impotencia. Con este punto de partida, los comunistas pueden proceder con éxito.

Pero debe comprenderse desde ya que para la conciencia del campesino chino la consigna general de soviets de ninguna manera equivale a dictadura del proletariado. Los campesinos no pueden hablar a priori en nombre de la dictadura proletaria. Sólo se los puede conducir a la misma mediante una experiencia de lucha que les demuestre en los hechos que sus problemas democráticos no tienen solución fuera de la dictadura del proletariado. Esta es la razón fundamental por la que el Partido Comunista no puede conducir al proletariado a la lucha por el poder sino a través de las consignas democráticas.

Aunque lleve el nombre de soviets, el movimiento campesino sigue siendo disperso, local, provinciano. Sólo se puede elevar a la altura de movimiento nacional si vincula la lucha por la tierra y contra los impuestos y el agobiante peso del militarismo con los ideales de la independencia china y la soberanía popular. Una expresión democrática de ese vínculo es la soberana asamblea constituyente. Con esa consigna la vanguardia comunista podrá unificar a su alrededor a las grandes masas obreras, a la clase media urbana oprimida y a los cientos de millones de campesinos pobres para la insurrección contra los opresores extranjeros y nativos.

Sólo se puede intentar la organización de soviets sobre la cresta de una revolución en ascenso en las ciudades. Mientras tanto, podemos prepararnos. Prepararse significa reunir fuerzas y en la actualidad sólo podemos hacerlo si levantamos consignas democrático-revolucionarias consecuentes y valientes.

Y debemos explicarles a los elementos de vanguardia de la clase obrera que la asamblea constituyente es solamente un paso en la senda revolucionaria. Nos orientamos hacia la dictadura del proletariado bajo un régimen soviético.

No soslayamos el hecho de que esa dictadura le planteará al pueblo chino los más arduos problemas económicos e internacionales. El proletariado chino constituye un sector de la población menor que el que constituía el proletariado ruso en vísperas de la Revolución de Octubre. El capitalismo chino es más atrasado de lo que lo era el ruso. Pero las dificultades no se superan con ilusiones, con una política aventurerista, confiando en Chiang Kai-shek o en una "dictadura revolucionaria". Las dificultades se superan con un pensamiento claro y una voluntad revolucionaria.

El proletariado chino no tomará el poder para reconstruir la Muralla China y, a su amparo, construir el socialismo nacional. Al conquistar el poder, alcanzará una de las posiciones estratégicas más importantes para la revolución internacional. El destino de China, como el de la URSS, está ligado a la suerte del movimiento revolucionario del proletariado mundial. Este es la fuente de las mayores esperanzas y del más alto coraje revolucionario.

La causa de la revolución internacional es la causa de la revolución china. La causa de la revolución china es la causa de la revolución internacional.



[1] Manifiesto sobre China de la Oposición de Izquierda Internacional. The Militant (periódico de la Liga Comunista de Norteamérica, sección de la Oposición de Izquierda Internacional), 1º de octubre de 1930. Este manifiesto fue escrito aproximadamente un año antes de la invasión de China por Japón, en las postrimerías de la segunda revolución china (l925-27), cuya derrota fue tema de encarnizadas disputas en la Internacional Comunista (véase el libro de Trotsky, Stalin, el gran organizador de derrotas). Fue firmado por el Secretariado Internacional Provisional de la Oposición de Izquierda Internacional:

Rosmer, Landau, Markin (León Sedov), y los siguientes: L. Trotsky, por la Oposición rusa; A. Rosmer, Liga Comunista de Francia; K. Landau, Oposición de Izquierda Unificada del Partido Comunista Alemán; J. Andrade y J. Gorkin, Oposición española; A. Hennaut, Oposición belga; M. Shachtman, Liga Comunista de Norteamérica; D. Karl y C. Mayer, Izquierda Comunista de Austria; J. Frey, Partido Comunista de Austria (Oposición); Frank, "Grupo Internacional" del PC austríaco; W. Kriegner, Oposición checoslovaca; Candiani, Fracción de Izquierda Italiana; Santini y Blasco (Pietro Tresso). Nueva Oposición Italiana; R. Negrete, Oposición mexicana.

[2] La Oposición de Izquierda (bolcheviques leninistas) se formó en Octubre de 1923 como fracción del Partido Comunista ruso, y en abril de 1930 se constituyó la Oposición de Izquierda Internacional (OII), como fracción de la Internacional comunista (véase Escritos 1930). Los stalinistas y otros llamaban "trotskistas" a sus miembros, término que a Trotsky le disgustaba y que solía poner entre comillas cuando tenía que usarlo. La primera conferencia internacional de la OII no se reunió hasta febrero de 1933 (Escritos 1932-33). Más tarde, en ese mismo año, cuando se decidió trabajar para crear una nueva internacional, cambió también su nombre por el de Liga comunista Internacional. En setiembre de 1938 se celebró el Congreso en el que se fundó la Cuarta Internacional. Las resoluciones, tesis e informes aprobados por los primeros congresos internacionales de la Cuarta Internacional y sus predecesoras se reunieron en Documents of the Fourth International: the Formative Years (1933-40), Pathfinder Press, 1973.

[3] La Internacional Comunista (Comintern o Tercera Internacional) se organizó bajo la dirección de Lenin como sucesora revolucionaria de la Segunda Internacional. En los tiempos de Lenin sus congresos mundiales se celebraban una vez al año (los cuatro primeros entre 1919 y 1922). Trotsky consideraba que las tesis de estos congresos eran los ejes programáticos fundamentales de la OII y de la Cuarta Internacional. El Quinto Congreso, controlado por el bloque de Stalin, Zinoviev y Kamenev, se celebró en 1924, el Sexto sólo en 1928 y el Séptimo en 1935. Al Séptimo Congreso Trotsky lo llamó "el congreso de la liquidación" de la Comintern (véase Escritos 1935-36), y fue en realidad el último antes de que Stalin anunciara su disolución en 1943, como concesión hacia sus aliados imperialistas. cuando Trotsky habla de la "fracción dominante" en la Comintern en 1930, se refiere a la fracción stalinista. que en aquel entonces, había derrotado a la Oposición de Derecha, encabezada por Bujarin, Rikov y Tomski.

[4] Según Trotsky, los hechos más importantes respecto de la revolución china de 1925 a 1927 fueron: "20 de marzo de 1926: la primera revuelta de Chiang Kai-shek en Cantón. Otoño de 1926: el séptimo plenario del CEIC (comité Ejecutivo de la Internacional comunista), con la participación de un delegado del Kuomintang de Chiang Kai-shek. 13 de abril de 1927: golpe de estado de Chiang Kai-shek en Shanghai. Fines de mayo de 1927: revuelta contrarrevolucionaria del Kuomintang ’de izquierda’ en Wuhan. Fines de mayo de 1927: el octavo plenario del CEIC proclama que es deber de los comunistas permanecer en el Kuomintang ’de izquierda’. Agosto de 1927: el Partido comunista chino proclama la línea de la insurrección. Diciembre de 1927: insurrección de Cantón. Febrero de 1928: El noveno plenario del CEIC proclama para China la línea de insurrección armada y de soviets. Julio de 1928: el Sexto Congreso de la Comintern renuncia a la consigna de insurrección armada como consigna práctica. (De Stalin y la revolución china, 26 de agosto de 1930, en Stalin, el gran organizador de derrotas.)

[5] La insurrección de Cantón de diciembre de 1927: golpe fracasado instigado por Stalin a través de sus agentes Heinz Neumann y V.V Lominadze. Stalin esperaba que ese golpe le permitiría, en el Decimoquinto Congreso del Partido Comunista ruso, "refutar" la acusación planteada por la Oposición de Izquierda de que su política había producido terribles derrotas en China. Puesto que el PC Chino estaba aislado en Cantón, y la insurrección no se preparó, fue aplastada en menos de tres días, y costó varios miles de vidas.

[6] El Kuomintang de China: partido nacionalista burgués, fundado por Sun Yat-sen en 1911 y dirigido, después de 1926, por Chiang Kai-shek. Para conocer la posición de Trotsky respecto al ingreso del PC Chino al Kuomintang y sus diferencias con los otros oposicionistas, véase la carta de Trotsky del 10 de diciembre de 1930, incluida en este mismo volumen.

[7] Chiang Kai-shek (1887-1975): dirigente militar del Kuomintang durante la revolución de 1925-1927, y miembro de su ala derecha. Hasta abril de 1927, cuando dirigió una sangrienta masacre de los comunistas y sindicalistas de Shanghai, los stalinistas lo consideraron como un gran revolucionario. Gobernó en China hasta que fue derrocado por el PC chino en 1949.

[8] Dictadura del proletariado: término marxista que denomina a la forma de gobierno de la clase obrera que sigue al gobierno de la clase capitalista ("dictadura de la burguesía"). Sinónimos más modernos de esta expresión son: "estado obrero" y "democracia obrera". La dictadura democrática del proletariado y el campesinado era lo que proponía Lenin antes de 1917 como tipo de estado que seguiría al derrocamiento del zarismo ruso. El consideraba que la revolución sería de carácter burgués, dirigida por una coalición de la clase obrera y el campesinado que tomaría el poder y democratizaría el campo sin salirse de los límites de las relaciones capitalistas de producción. Su posición cambió al acercarse la revolución, y cuando regresó a Rusia en abril de 1917 reorientó al Partido Bolchevique hacia la lucha por una dictadura del proletariado. Más tarde los stalinistas revivieron la fórmula descartada (y otras de similar contenido, como "el bloque de cuatro clases"), para justificar su colaboración de clase con la burguesía, esencialmente en el mundo colonial.

[9] La Revolución de Octubre tuvo lugar en Rusia, en 1917 y fue la segunda de ese año. Dirigida por los bolcheviques, derrocó al Gobierno Provisional, una coalición de partidos capitalistas y reformistas, y estableció el gobierno de los soviets (consejos) de obreros, campesinos y soldados. La revolución anterior (de Febrero) derrocó al zarismo, llevó al poder al Gobierno Provisional y creó las condiciones para una confrontación de fuerzas entre ese gobierno y los soviets.

[10] Karl Marx (1818-1883): junto con Friedrich Engels, fundador del socialismo científico y dirigente de la Primera Internacional (Asociación Internacional de los Trabajadores) de 1864 a 1876. Sus enseñanzas sobre el estado fueron analizadas y explicadas en el libro El estado y la revolución de Vladimir Ilich Lenin (1870-1924). Lenin restauró el marxismo como teoría y práctica de la revolución en la etapa imperialista, después de que lo falsearon los oportunistas, revisionistas y fatalistas de la Segunda Internacional. Inició la tendencia política que luego fue conocida con el nombre de bolchevismo, la primera en construir el tipo de partido necesario para dirigir una revolución de la clase obrera. Fue el primer marxista que comprendió y explicó a fondo la importancia fundamental de las luchas coloniales y nacionales. Dirigió en 1917 la primera revolución obrera victoriosa, y fue el primer jefe del estado soviético. Fundó la Internacional Comunista y colaboro en la elaboración de sus principios, su estrategia y sus tácticas. Se disponía a librar una lucha contra la burocratización del PC ruso y del estado soviético, pero la muerte le impidió llevarla a cabo.



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