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Problemas prácticos y de principios que debe enfrentar la Oposición de Izquierda[1]

 

 

5 de junio de 1931

 

 

 

Estimado amigo:

 

No le escribí en varios días porque estuve totalmen­te absorbido por mi libro. Terminé otros tres capítulos. En este momento no dispongo de tiempo para escribir artículos ni circulares, ni creo poder hacerlo en los pró­ximos dos o tres meses. Por eso quiero abordar en esta carta una serie de problemas prácticos y de principios que debe enfrentar la Oposición de Izquierda, para que usted pueda utilizar este material de la manera más conveniente con los camaradas que estén interesados en los puntos que aquí considero.

1. Los brandleristas dicen que nosotros somos "una secta", mientras que ellos están por un "movimiento de masas". Hablando en general, ésta es la clásica acu­sación que lanzaban los mencheviques contra los bol­cheviques. En las etapas contrarrevolucionarias los mencheviques se adaptaban -hasta cierto punto no hacían más que seguir de cerca todos los cambios del movimiento obrero-, y los bolcheviques seleccionaban y educaban cuadros. Hoy, en otra situación, con otras condiciones, en otra etapa del proceso, aparece precisamente la misma diferencia en la base de los conflictos entre la izquierda y la derecha. La enorme diferencia de la situación actual resulta del hecho de que muchos oposicionistas, tanto de izquierda como de derecha, están influidos por los partidos oficiales, que no tienen la misma fuerza en todos los países pero de conjunto constituyen un factor de peso inmenso en el movimien­to obrero internacional. La incapacidad total de Ur­bahns y la incapacidad parcial de Naville para compren­derlo es lo que vuelve estériles sus posiciones. Espe­cialmente en Alemania, el partido es un factor de gran peso. Pero es necesario hacer una evaluación precisa del carácter tan especial de este hecho. ¿Qué es lo que determina la fuerza del Partido Comunista Alemán? a) La profunda crisis social que se da a escala nacional en Alemania; b) la tradición de la Revolución de Octubre y, sobre todo, la existencia de la URSS. Estos dos factores son muy importantes, pero no bastan para crear "la esencia del partido". La estabilidad y la fuerza del par­tido están determinadas por, la identificación ideológica de los cuadros con su actividad, puesta a prueba por la experiencia ante los ojos de las masas.

Hoy en día, tanto en la Comintern como en el partido alemán, este elemento es precisamente muy débil. La mejor personificación de esta debilidad es Thaelmann. Si suponemos el caso de que la URSS no existiera y el PC no contara con ningún apoyo oficial, no es difícil prever que el partido alemán se dividiría ideológicamente y comenzaría a desintegrarse. La fe en el estado soviético y en la Revolución de Octubre está centrada en la persona de Thaelmann. Sin estos dos puntales, el aparato de Thaelmann sería una cáscara vacía.

En el proyecto de plataforma [Tesis de la Oposición de Izquierda Internacional sobre la cuestión rusa] se describe en detalle la situación del Partido Bolchevi­que, que descansa totalmente en el aparato administrativo. La ideología que hoy mantiene unido al partido es tan formal y contradictoria que aquél estallará en peda­zos ante el primer choque serio. En consecuencia, den­tro de la Comintern hay por lo menos dos grandes sec­ciones fuertes organizativamente pero sumamente dé­biles como partidos. Precisamente esto determina nuestro papel como fracción con respecto al partido ofi­cial en el futuro inmediato. Ante todo, estamos creando los elementos y requisitos de una cristalización marxista dentro del partido oficial. Estamos creando cuadros. Lo que decidirá si somos o no una secta no es la canti­dad de personas que se nuclean alrededor de nuestras banderas, ni siquiera la calidad de estas personas (y estamos muy lejos del nivel óptimo en este sentido), sino el conjunto de las ideas, programa, táctica y organización que nuestro grupo pueda aportar al movimiento. Por tal razón, en esta etapa, la Oposición de Izquierda lucha fundamentalmente por un programa y por princi­pios estratégicos. Decir que tenemos que dirigirnos a las necesidades de las masas y contraponer esta verdad abstracta con la Oposición de Izquierda implica caer en un nivel de vulgaridad fatal, pues nuestra tarea consis­te en saber con qué ideas dirigirnos a las masas, con qué perspectiva debemos desarrollar sus reivindicacio­nes, incluidas sus reivindicaciones parciales. En China, en un momento dado, los stalinistas apelaron a las grandes masas. ¿Pero cómo lo hicieron? Con el progra­ma y los métodos del menchevismo. Destrozaron la re­volución. Cuando los brandleristas dicen "no podemos alimentar a las masas alemanas con la revolución chi­na" no están demostrando su pretendido realismo sino su oportunismo vulgar. Los comunistas españoles que no asimilaron las lecciones de la revolución china pue­den llegar a destruir la revolución española. Y cuando en Alemania se de una situación revolucionaria, los obreros alemanes buscarán cuadros en los que se hayan encarnado las lecciones de las revoluciones rusa, china y española. En el momento en que nosotros comenza­mos justamente a educar y reeducar a los cuadros, los brandleristas oponen el trabajo de masas a la educación de los cuadros. Por eso no tendrán ni una cosa ni la otra. Como no tienen posiciones de principios sobre los problemas fundamentales, y en consecuencia son incapaces de educar y templar realmente a sus cuadros, pierden el tiempo en una caricatura de trabajo de masas.

Pero en este terreno tanto la socialdemocracia como el Partido Comunista son incomparablemente más fuer­tes que nosotros. El propio hecho de que los brandleris­tas desesperados se vuelvan hacia nosotros en busca de respuesta a los problemas básicos, aunque sólo acepten esa respuesta a medias y con desgano, es un índice de que la Oposición de Izquierda ganará nuevos cuadros, no precisamente a expensas de los brandleristas sino sobre todo del partido oficial.

2. Los brandleristas, Urbahns y Sneevliet[2] están de acuerdo en que nuestra política es sectaria. Fundamentalmente Frey, Landau y Naville marchan en esa direc­ción, aunque no perciban la conclusión lógica de su ma­nera de pensar y no expresen completamente lo que piensan. Tomemos a Urbahns. En su periódico repitió más de una vez: "La Oposición de Izquierda exige que se acepte hasta la última coma de lo que dice Trotsky." No podemos menos que agradecerle por plantear la cuestión tan clara y abiertamente. Los militantes serios y reflexivos de la Oposición de Izquierda no tienen que avergonzarse por encarar el problema a este nivel, ya que son los adversarios quienes lo plantean así. Nues­tras diferencias con Urbahns versan nada más y nada menos que sobre el carácter de clase de la Unión Sovié­tica y sobre estos interrogantes: ¿somos un partido o una fracción? Y cuando haya peligro de guerra, ¿estare­mos con la Unión Soviética, o simplemente tendremos que abrir la discusión acerca de con quién estamos? ¿Con la China contrarrevolucionaria o con la república soviética? Estas son las cuestiones a las que Urbahns llama "las comas que escribe Trotsky". De esta mane­ra revela su tremenda irresponsabilidad y su cinismo bohemio o [lumpen] proletario. Demuestra que lo único que le interesa es su ganancia y no los problemas fun­damentales de la revolución mundial. Más aún, al ha­blar de "las comas de Trotsky" Urbahns deja de lado a la Oposición rusa con toda su experiencia, su lucha en distintos frentes y su plataforma. Nuestra actitud in­transigente hacia el grupo de Miasnikov, nuestra ruptu­ra con los "sapronovistas"[3], ¿son otras tantas "comas de Trotsky"?

Y los cientos y miles de revolucionarios, jóvenes y viejos, con su rica experiencia, que pasaron años en la cárcel y en el exilio continuando allí la lucha contra el sapronovismo, ¿es posible que hagan todo eso por una coma de Trotsky? ¿No es vergonzoso e indignante?

Finalmente, si según Urbahns todo esto no se debe más que a una coma, ¿qué derecho tiene a romper con la Oposición de Izquierda Internacional y marginarse de sus filas por un simple signo de puntuación? Su posición es producto del charlatanismo y el aventurerismo ideológico.

¿Hace falta detenerse en Sneevliet? Jura que no tiene nada que ver con la Segunda Internacional. Pero nosotros no creemos en los juramentos. Trabaja hom­bro a hombro con Roland Holst[4] y apoya a Monatte en toda la línea, reproduciendo sistemáticamente sus ar­tículos. Roland Holst está a favor de la unificación de la Segunda y la Tercera Internacional. Monatte está entre los reformistas y los comunistas, más cerca de los refor­mistas que de los comunistas, y se alía con los reformis­tas contra los comunistas, y Sneevliet se alía con Roland Holst y Monatte contra nosotros. Y para justificarse de este acto de traición directa contra el comunismo, Sneevliet dice: "Nos exigen que aceptemos hasta la úl­tima coma de Trotsky." ¿Qué significa esto? Significa que Sneevliet se siente obligado a justificar ante algu­nos de los trabajadores que lo siguen su política de cola­boración con Roland Holst y de no colaboración con los revolucionarios. En lugar de dar una respuesta hones­ta: "en los problemas fundamentales tengo más afinidad con Roland Holst que con esa gente", dice: "esa gente exige que se jure sobre cada signo de puntua­ción." ¿No es ésta la manifestación más pura del char­latanismo? ¿Se puede tomar en serio a las personas que utilizan estos argumentos? O más aún: ¿se puede res­petar a políticos que arrojan polvo de esta manera a los ojos de los obreros?

3. Entre las observaciones de los brandleristas hay una que realmente merece atención. Nos acusan de no haber realizado todavía un análisis concreto de la situa­ción que vivía Alemania en 1923. Es cierto. Muchas ve­ces les recordé a los camaradas alemanes la necesidad de encarar esta tarea. Yo no podré hacerlo en un futuro próximo. ¿Pero cómo hice para llegar personalmente a una conclusión sobre la situación alemana de 1923 sin un "análisis concreto"? Muy fácilmente: no caractericé después de los hechos; evalué políticamente la situa­ción durante 1923, siguiéndola por la prensa, por la dis­cusión con los camaradas alemanes, etcétera. Elaboré un panorama de la situación alemana como lo hice con la situación rusa en 1905 y en 1917. Por supuesto, aho­ra, después que las cosas pasaron, sobre todo en bene­ficio de la joven generación, hay que reconstruir teóricamente la situación, con los acontecimientos y las ci­fras en la mano. La Oposición de Izquierda debe hacer este trabajo, y lo hará. Pero aquí nos apartamos una vez más de los brandleristas, como sucede con todos los problemas de política internacional. Thalheimer carac­teriza la situación de 1923 adoptando aires escolásticos. ¿Pero aprendió algo de la situación de China en 1927? ¿O de la situación de Rusia en la etapa de centro-derecha? ¿O de la situación en Inglaterra en la época del Comité Anglo-Ruso? ¿Tiene alguna posición sobre el problema de la revolución permanente, que se ha vuelto candente en España? A los brandleristas siem­pre les parecerá que se los acusa de mala fe por 1923 ya que en 1931 mantienen sus posiciones oportunistas e incluso las han profundizado.

4. Frey, Landau, y en gran medida también Naville, procuran un nuevo pasaporte político, de profundidad excepcional: políticamente -dicen- están de acuerdo con Trotsky, pero sus métodos organizativos son malos. Ninguno de ellos se tomó el trabajo de escribir clara y precisamente qué entienden con exactitud por "métodos organizativos". Las personas mencionadas, y no son las únicas, siempre empiezan a quejarse de los mé­todos organizativos en el momento en que se hace ne­cesario criticarlas políticamente. Tomemos por ejemplo a Frey. Durante muchos años llevó adelante su oposición nacional en un solo país, demostrando una indife­rencia colosal hacia todo lo que sucedía más allá de sus fronteras, incluida la URSS. Entró a la Oposición de Izquierda con el único objetivo de contar con una cobertu­ra de "autoridad" internacional, y la única condición que puso es que se lo reconozca como dirigente y se lo deje en paz. Como no se aceptó esa condición, se fue de la Oposición de Izquierda alegando que sus métodos organizativos eran malos. ¿Es correcto esto desde un punto de vista principista? ¿Acaso el principal deber de los revolucionarios marxistas no es ayudar a las demás secciones nacionales a superar los métodos organizati­vos incorrectos? ¿Se puede desertar de la Oposición de Izquierda simplemente porque sus métodos organizati­vos son incorrectos? Al mismo tiempo Frey pide la reafiliación al PC Austríaco, aunque es de suponer que allí también campean los métodos incorrectos. De este modo Frey revela que su internacionalismo es pura­mente verbal, superficial, de exhibición. Ahora Frey es básicamente un austro-marxista. No se trata de un pro­blema de "organización", sino de posiciones funda­mentales. Frey rompió con nosotros porque no es un re­volucionario con mentalidad internacionalista. Y se oculta tras la "coma" organizativa porque no le convie­ne explicar qué hay en la base de su ruptura con nosotros.

5. Landau es en todo sentido un discípulo de Frey, y al mismo tiempo una caricatura de éste, una caricatu­ra maliciosa. En mi circular señalé (en gran medida ya lo había hecho el camarada Frankel en su carta) con qué ligereza acepta y aprueba Landau, sin crítica ni compro­bación, todas las propuestas referentes a la URSS, China, España, etcétera. Ninguno como él para escribir panegíricos inmoderados, que nadie pedía, sobre la Oposición rusa y sus dirigentes. Pero al mismo tiempo está dispuesto inmediatamente a rechazar, desaprobar y condenar todo lo que cuestione sus propios pequeños asuntos nacionales. ¡Como si el problema de Mahnruf fuese organizativo! No, ¡es un problema de honestidad ideológica y probidad revolucionaria! No podemos tener nada que ver con un grupo que cambia a cada mo­mento sus posiciones principistas y sin ninguna base acusa de espía a una persona que ha roto con ellos. Hay que barrer de la organización revolucionaria a individuos y grupos como ésos. ¿Qué pasa con los métodos organizativos en este caso?

¡Landau no sabía absolutamente nada de los asun­tos franceses! ¡ El pobre muchacho! Mientras tanto Naville y Gourget seguían una línea anticomunista en la cuestión sindical. Pero ni bien Molinier cometió un grave error táctico en la cuestión de la huelga, resultó que Landau estaba al tanto de todo e inmediatamente comenzó a escribir circulares sobre el tema. Esto de­muestra que le importan un bledo los problemas franceses, pero necesita a Naville para sus asuntos en Aus­tria y en Alemania y no le preocupa si Naville aplica una línea sindical no marxista. No hay duda de que Landau predica de palabra el internacionalismo, pero nosotros vamos a los hechos, no a las palabras.

Copiando el estilo de su modelo Frey, Landau se queja de los métodos organizativos. Pero si ni siquiera hemos llegado a contar con métodos organizativos a es­cala internacional. Estamos todavía en una etapa de selección y diferenciación preliminar. Tenemos que decir abiertamente que en algunos países se nuclean bajo el nombre de la Oposición de Izquierda elementos muy heterogéneos, lamentablemente no siempre de la mejor calidad. Son muchos, demasiados, los que ocultan sus ambiciones de grupo, su conservadurismo pequeño burgués, su estrechez de miras nacionalista, tras las expresiones generales de solidaridad con la Oposición rusa. Solo en estos últimos dos años se comenzó a poner a prueba esta solidaridad en los problemas referentes al programa, la estrategia y los avatares cotidianos de la lucha. Por supuesto, Landau, que rompe con la Oposi­ción rusa en favor de Mahnruf, no puede decir abierta y directamente que le importa un bledo todo lo que caiga fuera de su círculo nacional. No puede (en realidad en este momento no se atreve a hacerlo) inventar diferen­cias de principio con la Oposición rusa como intentó ha­cer con Leipzig en relación con la cuestión de Rusia. ¿Qué le queda entonces? La "coma" organizativa.

Landau resulta muy comprometido con sus intentos de utilizar a diestra y siniestra la intriga sin principios para unificarse con el grupo Prometeo. Este es un grupo con ideas, serio, muy principista dentro de su tipo. En este aspecto se diferencia diametralmente de Landau. Nunca se declararon solidarios con la Oposi­ción rusa. Precisamente el año pasado señalaron que sus diferencias con nosotros no sólo son muy grandes, sino que aumentan sistemáticamente. Con respecto a las consignas democráticas el grupo Prometeo desarro­lló algunas tesis que lo retrotraen a la era del socialismo premarxista. En este momento, el objetivo de los comunistas en España es desarrollar una campaña ofensiva muy precisa alrededor de las consignas democráticas, para ganarles los obreros a los republicanos y a los so­cialistas. Si los camaradas españoles hubieran adopta­do una posición bordiguista, habría sido un desastre para la revolución española. Tenemos que rechazar im­placablemente esta línea. No podemos asumir la menor responsabilidad por esta reacción sectaria semianar­quista. Seríamos traidores si apoyáramos mínimamente estos prejuicios. ¿Qué hace Landau? Trata de formar un bloque con los bordiguistas contra el grueso de la Opo­sición de Izquierda. ¿Es porque está de acuerdo con los bordiguistas en la cuestión de la democracia? ¡Oh, no! A Landau esto no le preocupa. Se concentra en corregir los métodos organizativos de Trotsky, y para eso nece­sita aliados. La explicación de todo el asunto son sus ne­cesidades "organizativas".

Por supuesto, Landau dirá: "Tenemos serias dife­rencias con los bordiguistas, pero"... etcétera... etcé­tera... (Todos los oportunistas y los aventureros cantan la misma canción.) "Las diferencias no nos impiden trabajar juntos." Como sabemos, Landau es muy generoso, liberal y amplio cuando se trata de España, Italia o China. Pero, por cierto, todo cambia cuando se llega a Leipzig o a Hamburgo. Es uno de esos nacionalistas sectarios limitados que para protegerse se camuflan de internacionalistas. Pero este camuflaje desaparece ante la primera prueba o crítica seria.

6. Landau trata de encontrar en el testamento de Lenin la consumación de su teoría (es decir, de lo que ha tomado de Frey sin indicar las fuentes). Varios ca­maradas me escriben que en este sentido Landau sigue el camino de Stalin y Zinoviev. No, eso no es correcto. Pese a todo, Stalin y Zinoviev aceptan los hechos, y pese a todo todavía encaran los problemas políticos, hasta los más insignificantes, mucho más seriamente. Lenin habla (en el testamento) de mi sobrestimación de los problemas administrativos en lo que concierne a las relaciones entre el aparato del estado y la economía. Se refiere específicamente a la experiencia en el comi­sariado de transporte. En mi autobiografía y en algunos otros trabajos expliqué este punto. Los métodos admi­nistrativos no bastaban para sacar de su atolladero a la economía. Pero en la medida en que el partido se afe­rraba al comunismo de guerra, sólo era posible emplear métodos administrativos. Nos debatíamos en un circulo vicioso, en una situación que nunca se había dado antes en la historia. Nuestras diferencias con Lenin surgían de este círculo vicioso del comunismo de guerra, que nos llevó a la NEP y a la eliminación de las diferencias. Ahora la cuestión es muy distinta. Contamos con la experiencia de ocho años de lucha de la Oposición rusa. Esta lucha giró principalmente alrededor del problema del régimen partidario (a partir de mi folleto El nuevo curso, y desde antes todavía). Miles, decenas de miles de militantes del partido se unificaron sobre esta base. ¿De dónde sacó Landau toda su erudición sobre el cen­trismo y sobre la burocracia centrista, si no de la Oposi­ción rusa? Y ahora resulta que la Oposición rusa no per­cibió nada al respecto, pero si lo hizo y lo percibió Landan. ¿Se puede tomar esto en serio?

¿Será posible que hayamos roto con los Stalins, Zinovievs, Bujarins y Tomskis para unificarnos con los Brandlers, Sneevliets y Mahnrufs y adaptarnos a ellos? No, esa es una broma de mal gusto. Defendemos un conjunto de ideas que son producto de la gran experien­cia del proletariado ruso y mundial. Fuera de la Oposi­ción de Izquierda hay lugar suficiente para toda suerte de grupos, grupúsculos, sectas, Mahnrufs, etcétera. El problema no reside en si Juan o Pedro o su muy respe­table sobrina o su tía de Viena están con nosotros, sino en desarrollarse sistemáticamente y adaptarse a los acontecimientos, y de este modo educar a verdaderos cuadros marxistas revolucionarios. Para lograrlo tene­mos que librarnos de los transeúntes accidentales que se unieron a nosotros por curiosidad o por error. Defen­deremos nuestras posiciones con todo empeño y pacien­cia ante cualquier obrero joven que quiera conocer la verdad y esté dispuesto a aprender. Pero en el futuro seremos diez veces más intransigentes que hasta ahora con todos los confusionistas, intrigantes y aventureros que quieren instalar su tienda bajo las banderas de la Oposición de Izquierda Internacional para reunir en ella a todos sus amigos y conocidos. No, este juego se acabó.

 

L. Trotsky

 

 8 de mayo

 

Posdata: Cuanto mayor es la cantidad de hechos que se analiza, más claramente se revelan dos características fundamentales que separan de la Oposición de Iz­quierda Internacional a los grupos aquí mencionados: su intolerancia excesiva y directamente sectaria hacia los cuadros de su círculo nacional y su generoso libera­lismo en el terreno internacional. Landau, que exige un monolitismo absoluto en Alemania (para colmo, hasta ahora no fue capaz de explicar en qué consiste), está dispuesto a hacer bloques y unificarse con cualquiera a nivel internacional, con una condición absoluta: que lo apoyen contra la Oposición rusa y contra el núcleo cen­tral de la Oposición de Izquierda Internacional. Para ocultar mejor su falta de principios, aparenta combatir al Secretariado Internacional. Pero éste no es más que el símbolo convencional de las posiciones y métodos que constituyen desde hace más de ocho años la base de la Oposición de Izquierda. Si no hubiera surgido en Austria un grupo rival a Frey, Landau habría estado en sus manos desde hace tiempo. Lo mismo se puede decir respecto a Urbahns. Si en vez de dirigir la Leninbund en Alemania lo hiciera en España, Landau estaría lu­chando con él contra la Oposición de Izquierda. Una sola cosa le importa: no tener rivales peligrosos, y éstos sólo pueden estar en Alemania o en Austria. Por el contrario, le resulta lícito unificarse con el grupo Prometeo y a través de éste con Overstraeten. Realmente, no es culpa del Secretariado Internacional si Overstraeten de­mostró ser un diletante caprichoso que se define políticamente por inspiración y despierta la ira de los obreros de la Oposición belga con sus saltos mortales. Durante un año y medio traté de evitar la ruptura del grupo de Charleroi con Overstraeten. La ex dirección de La Verité actuó de la misma manera. Pero cuando todo estuvo dicho y hecho resultó que los obreros de Charleroi tenían toda la razón, y que Overstraeten no estaba iden­tificado con la Oposición de Izquierda, ni con sus prin­cipios fundamentales, ni con sus conclusiones políticas, ni con sus métodos organizativos. En la cuestión rusa está con Urbahns, en la cuestión sindical con Monatte, en la cuestión belga, contando con que lo sigue una docena de camaradas, está por el segundo partido. ¿Qué importancia puede tener todo esto si se tiene en cuenta que Overstraeten se opone al Secretariado Inter­nacional, es decir al núcleo básico de la Oposición de Iz­quierda Internacional?

Evidentemente, todos los grupos y camarillas nacionales, que sólo tienen en común su hostilidad hacia la política coherente de la Oposición de Izquierda Interna­cional, participarán en el intento de crear una organiza­ción internacional rival cuyo único principio rector será "vivir y dejar vivir". Eso implica no interferir en los asuntos internos de las demás camarillas. Mientras la Oposición de Izquierda Internacional se libra de estos elementos casuales y extraños que tienen que estar en cualquier otro lado (los charlatanes llaman a este predecible proceso de eliminación "la crisis de la Oposición Internacional"), veremos en el otro polo los esfuerzos de esta colección de residuos por formar una sombra de organización internacional. El espectáculo, si bien no muy apasionante, será muy aleccionador. Ya podemos prever el resultado de este intento. Como ninguno de estos grupos tolerará la intervención de los demás en sus asuntos, y como debido a sus características nacionalistas sectarias ninguno cree necesaria esa interven­ción (así lo demuestra toda su historia), después de un tiempo resultará que esta organización internacional re­cién creada no servirá para nadie ni para nada. Q.E.D.

Cuanto más se acerquen entre sí estos elementos, más evidente se hará su falta de principios y más se comprometerán al revelar que lo único en que piensan es en cultivar su propia huerta.

Sería bueno demostrarle a alguno de estos sabios que él explica la relación entre la política y la organización en base a la contraposición de ambas. Todos ellos, bajo la dirección de Frey, construyen su "política" y su "organización". Nadie utilizó una jerga tan sensiblera como la de Landau al describir "la organización de la Insurrección de Octubre y la organización del Ejército Rojo". Sería interesante preguntarle qué entiende en este caso por organización: ¿la política pura, la pura or­ganización independiente de la política, o una combina­ción de ambas que haga de la organización el vehículo de la política? La contraposición que plantea Landau surge del hecho de que para él, como dirigente de una camarilla, los métodos organizativos tienen un carácter totalmente independiente, autosuficiente: irle con secretos a uno, enganchar a otro, hacer circular rumo­res sobre un tercero, ganarse a un grupo de trabajado­res que no son demasiado críticos halagando sus prejui­cios: estos métodos organizativos no tienen nada en co­mún con la política, por lo menos con la política marxis­ta. Nuestro objetivo es, precisamente, librarnos de estos métodos ponzoñosos y corruptos.



[1] Problemas prácticos y de principios que debe enfrentar o Oposición de Izquierda. De los archivos de la Liga Comunista Internacional. Para este volumen (de la edición norteamericana) fue traducido del francés [al inglés] por Rusell Block. La fecha de la posdata, 8 de mayo, es evidentemente un error del autor, del traductor o del editor; probablemente sea 8 de junio.

[2]  Henricus Sneevliet (1883-1942): uno de los fundadores del movimiento marxista de Indonesia y del PC en Holanda. En 1929, después de su expulsión de la Comintern, organizó el Partido Socialista Revolucionario. En 1933 el grupo de Sneevliet ingresó a la Oposición de Izquierda Internacional pero se retiró en 1938, antes de que se formara la Cuarta Internacional. Fue ejecutado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

[3] G. I. Miasnikov (1889-1946): en 1932 fue expulsado del PC ruso por violar la disciplina partidaria al dirigir el Grupo Obrero, una escisión de Oposición Obrera. En 1929 intentó acercarse a Trotsky, pero las diferencias eran demasiado grandes como para permitir una colaboración política (véase Escritos 1930). T. V. Sapronov (1887-1939): dirigente del grupo centralismo Democrático que desarrolló una concepción ultraizquierdista acerca del carácter de la Unión Soviética.

[4] Henrietta Roland Holst (1869-1952): poetisa y ensayista holandesa, se hizo socialista y entusiasta simpatizante de la Revolución de Octubre en sus primeros años, cuando escribió La saga heroica. Protestó en 1927 por la expul­sión de Trotsky y acto seguido renunció al PC. Más tarde se pasó a la derecha.



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