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Prefacio

 

 

 

A partir de 1929, Trotsky, desterrado de la Unión Soviética, permaneció los cuatro años y medio siguientes en Turquía, excepto el mes en que fue a dar una conferencia a Copenhague, en noviembre de 1932. Este libro abarca el periodo que va de setiem­bre de 1930, incluido el mes de Copenhague hasta mediados de diciembre de 1932.

 

Hacia fines de 1930 Trotsky terminó el primer libro de la Historia de La Revolución Rusa; sólo terminaría el segundo en 1932, principalmente porque dedicó gran parte de su atención, tiempo y pensamiento, durante ese período, a los grandes acontecimientos políticos mundiales y a los problemas de la construcción de la Oposición de Izquierda Internacional, la fracción bol­chevique leninista con la que esperaba regenerar la Comintern.

 

Trotsky opinaba que en 1930 y 1931, los acontecimientos decisivos a nivel internacional, los que más exigían a los revolucionarios, eran los procesos en curso en Alemania, España y la Unión Soviética.

En Alemania, las elecciones parlamentarias de setiembre de 1930 demostraron que los nazis de Hitler se estaban convirtiendo en una amenaza seria. Trotsky pensaba, empero, que todavía era posible detenerlos si se lograba convencer al poderoso Partido Comunista Alemán de desechar la política ultraizquierdista impuesta por Moscú y buscar el frente único antifas­cista con la socialdemocracia alemana.

Una radicalización masiva, que provocó la caída de una dictadura que llevaba siete años en el poder, conmovió a España. En abril de 1931 los socialistas y liberales arrasaron en las elecciones municipales, el rey abdicó y se constituyó un gobierno autotitulado "República del Trabajo". Para Trotsky se trataba de una situación prerrevolucionaria excepcionalmente fa­vorable, y él hizo todo cuanto estuvo en su poder para ayudar a la joven e inexperta sección española de la Oposición de Izquierda a aprovechar plenamente la situación.

Sus escritos sobre Alemania y España de este perio­do han sido publicados en La Lucha contra el fascismo en Alemania, Pluma, Buenos Aires, 1974. Escritos sobre España, Ruedo Ibérico, París, 1971.

La crisis de la Unión Soviética revestía otro carácter, pero no era menos seria. Tras rechazar las reivindica­ciones de industrialización levantadas por la Oposición de Izquierda en la década del 20, la burocracia soviética encabezada por Stalin se lanzó, hacia fines de la déca­da, a un programa de industrialización y colectivi­zación compulsiva de la tierra, mal preparado y desenfrenado. Los costos, humanos y económicos, fueron enormes; el sufrimiento, casi inconcebible. La burocracia se vio obligada a restringir momentáneamente sus medidas: la colectivización, que en marzo de 1930 abarcaba el cincuenta y ocho por ciento de la tierra, se redujo al veintiuno por ciento en setiembre de 1930. Pero estaba en juego su prestigio, quizás su poder mismo, y volvió a lanzarse a la carrera hasta que la colectivización superó el cincuenta por ciento en 1931. Lo único que la burocracia tenía para ofrecerles a los sufridos obreros y campesinos era chivos emisa­rios y represión: "confesiones" y juicios a personajes secundarios, acusados de sabotaje económico, y purgas de funcionarios stalinistas, que empezaban a criticar a Stalin y eran acusados de pertenecer a las ya aplastadas oposiciones de Derecha e Izquierda.

Aquí se publican todos los artículos de Trotsky res­pecto de esta cuestión, incluidos tres trabajos extensos dedicados a la economía soviética: Los éxitos del socialismo y los peligros del aventurerismo, Problemas del desarrollo de la URSS y Nuevas oscilaciones y nuevos peligros. Los análisis que hizo Trotsky sobre dichos procesos - en La economía soviética en peligro y en La expulsión de Zinoviev y Kamenev - son superiores a todos los de su época. En febrero el Kremlin lo privó de la ciudadanía soviética; su respuesta a esa medida fue la mordaz Carta abierta al Comité Ejecutivo Central de la URSS, en la que exhortaba a los integrantes de ese organismo a aplicar la última voluntad de Lenin y sacar a Stalin de la dirección soviética.

También se incluyen los artículos sobre los notorios juicios al "Partido Industrial" y al "Centro Menchevique" y su defensa del historiador David B. Riazanov, condenado a la expulsión y al exilio.

 

Por otra parte, Trotsky se ocupó también de los grandes problemas políticos y organizativos de las secciones nacionales de la Oposición de Izquierda Internacional, constituida en París en abril de 1930. Brindó sus consejos a una conferencia nacional de la Oposición de Izquierda alemana; respondió a las pre­guntas de sus dirigentes con artículos que aclaran problemas tales como el termidor, el bonapartismo, el poder dual; intervino en una lucha interna de la organización alemana durante una coyuntura crítica para explicar qué es el camarillismo y desarrollar la concepción bolchevique de la organización revolucionaria. Cuando cayó el segundo gobierno laborista inglés en 1931, y algunos intelectuales de izquierda comenzaron a autoengañarse con la teoría de que Ingla­terra se encontraba al borde del fascismo, trató de bajarlos a tierra con varios artículos cuya lectura sigue siendo provechosa para quienes estudian el método de análisis marxista. Con la misma paciencia y la misma determinación utilizó su correspondencia para educar a sus camaradas franceses, belgas, búlgaros, chinos, italianos, indochinos, suizos y norteamericanos.

 

En los principales países capitalistas, que enfrentaban el más alto nivel de desempleo conocido en toda la historia, los cambios políticos reflejaban la radicalización de las masas y la polarización de la sociedad. Las elecciones parlamentarias de Francia, realizadas en mayo de 1932, provocaron el reemplazo de un gobierno conservador por uno liberal; las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos produjeron resultados similares, al resultar elegido para la presidencia, Franklin D. Roosevelt. En Austria, por otra parte, una coalición de derecha se apoderaba del poder en mayo y en Alemania trataban de gobernar tres cancilleres distintos, mientras los nazis se hacían fuertes en las urnas y se preparaban para el asalto al poder, que realizaron a principios de 1933. Aquí se manifiestan importantes aspectos de sus posiciones respecto a la crisis en Alemania, en ensayos como Preveo la guerra con Alemania, escrito alrededor de un año antes del triunfo nazi.

 

En el Lejano Oriente, los militaristas japoneses, que habían invadido el nordeste de China en setiembre de 1931, consolidaron su posición en Manchuria y fundaron el estado títere de “Manchukuo”. La Liga de las Naciones, que patrocinaba numerosas conferencias para el desarme y la paz, no tardó en revelar su impotencia total. Trotsky discutió estos hechos y su relación con la política mundial en sus respuestas a los periodistas. Además, analizó las actividades más recientes del Partido Comunista Chino en las cartas a sus camaradas chinos tituladas La guerra campesina en China y el proletariado y Por una estrategia para la acción, no para la especulación.

 

Escribió también sobre el desarme, el pacifismo, el ultraizquierdismo aplicado entonces por la Comintern, las falsificaciones de la historia del movimiento marxista, sobre “literatura proletaria”, las perspectivas del marxismo norteamericano, el futuro revolucionario de las razas de color oprimidas, la moralidad y la familia en la Unión Soviética, los problemas de representación para la conferencia internacional que preparaba la Oposición de Izquierda. Además pronunció desde Copenhague, un discurso por radio para Estados Unidos (su primera conferencia en inglés). Incluimos también reportajes que le hicieron Associated Press, United Press, New York Times, Chicago Daily News, periodistas y estudiantes de Dinamarca, un periódico alemán y su traductor al francés. También publicamos aquí cartas que envió a Austria, Bélgica, Bulgaria, China, Francia, Alemania, Grecia, Polonia, Suiza, Estados Unidos y la URSS.



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