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Dudas y objeciones sobre el manifiesto búlgaro[1]

 

 

29 de noviembre de 1930

 

 

 

Hasta hoy no había tenido la oportunidad de hacer­les llegar algunas reflexiones sobre el manifiesto de ustedes. Aprecio mucho la denuncia de las oscilaciones de la política de Stalin-Bujarin en Bulgaria; demuestran que existe una identidad total entre la línea general "para Bulgaria y la línea en Rusia, en China, etcétera". En distintos países, con distintas formas, el oportu­nismo y el aventurerismo, que se suceden y se comple­mentan, revelan siempre los mismos rasgos esenciales. En cuanto a mí, leyendo el manifiesto me enteré de dos hechos importantes: el bloque electoral oportunista de 1926 y el ascenso del movimiento sindical ese mismo año. Sería muy útil que ustedes hicieran un breve aná­lisis histórico para nuestra prensa internacional, con los detalles y la situación concreta en que se desarrollaron estas dos etapas.

Por último, permítanme que exprese con toda fran­queza ciertas dudas, además de algunas objeciones. Es posible que en uno u otro caso esté golpeando a puertas que ya están abiertas, es decir, que critique posiciones y tendencias que ustedes no sostienen y que surgen de una mala redacción del manifiesto. Si es así, tanto mejor. En política, la crítica proveniente de un sector u otro siempre es mucho mejor que la indife­rencia o la negligencia.

1. Ustedes rechazan con acierto la táctica del terror individual y de masas cuando no se la aplica en una revolución de masas. Pero creo que el juicio está teñido de un carácter excesivamente moral y poco feliz. Hablan de la "época ignominiosa de los social-revolucionarios rusos". Yo no me hubiera expresado en esa forma. En las tácticas de los social-revolucionarios había, efectivamente, un elemento de aventurerismo que nosotros repudiamos, pero jamás hablamos de una época ignominiosa ante los heroicos actos terroristas, si bien siempre nos pronunciamos en contra de esa clase de tácticas. El Partido Social Revolucionario cayó en la ignominia cuando abandonó definitivamente la lucha revolucionaria y formó un bloque con la bur­guesía.

2. En la página 6 hablan del aventurerismo del "Partido Comunista ilegal", y en la página 8 de la "alegría de los obreros" ante el nacimiento del Partido Laborista como "organización política legal del movi­miento obrero". Estas dos citas dan la impresión de que repudian todo tipo de organización ilegal en general, contraponiéndola a la forma legal como única forma organizativa que conviene al movimiento de masas. Evidentemente, esa posición es errónea, y estoy seguro de que ustedes no la comparten. Es muy posible que la censura les imponga restricciones. Desde luego, debemos tenerlo en cuenta. Pero si la censura puede impedir que digamos lo que pensamos, de ninguna manera puede obligarnos a decir lo que no pensamos, sobre todo tratándose de un problema tan fundamen­tal como el de la relación entre legalidad e ilegalidad en el movimiento revolucionario.

3. Por eso mismo considero que basta con caracte­rizar el atentado de abril de indiscreto, pero es super­fluo agregar que fue "monstruoso y criminal". De ninguna manera podemos hacer esta clase de conce­siones a la opinión pública burguesa, a pesar de todas las reservas que podamos manifestar respecto de la utilidad de tales actos de terrorismo. Les aconsejo que lean, al respecto, la carta de Engels a Bernstein y la correspondencia de Engels y Marx (respecto de los atentados contra la vida de Bismarck, Napoleón III, etcétera)[2].

4. En la página 7 culpan a Pastoujov y a Dimitrov[3] de provocar la descomposición del movimiento sindical, y se colocan en una posición neutral entre ambos.

También aquí estamos, espero, ante una frase poco feliz, no una desviación principista. Pastoujov es un agente de la burguesía, es nuestro enemigo de clase. Dimitrov es un revolucionario confundido que combina objetivos proletarios con métodos pequeño burgueses. Ustedes dicen que tanto uno como el otro quieren ser el "amo único" del movimiento sindical. Toda tenden­cia socialista o comunista quiere ejercer la máxima influencia sobre el movimiento sindical. Cuando la organización de ustedes se convierta en una potencia, también los acusarán de aspirar al papel de "amo único" del movimiento sindical, y les deseo de todo corazón que se hagan acreedores a tal acusación lo antes posible. No se trata de que tal o cual tendencia trate de ganar influencia en los sindicatos (lo que es inevitable) sino del contenido de las ideas y métodos que cada uno lleva al movimiento sindical. Pastoujov tiende a subordinar el movimiento obrero a los intere­ses de la burguesía. Los Dimitrovs se oponen, pero con su política errónea garantizan, a su pesar, el éxito de los Pastoujov. No podemos ubicarlos en el mismo nivel.

5. No me resulta claro cómo los éxitos del grupo liquidacionista Novy Pont pueden consolidar al grupo marxista Ozvobozhdenie (página 13).

6. En la página 14 escriben que la tarea no consiste en crear "una especie de grupo político obrero nuevo" para competir con el Partido Laborista. Contraponen a eso la creación de un grupo marxista que asuma tareas exclusivamente ideológicas. Es posible que esta frase vaga se deba también a los problemas ocasionados por la censura. Sea como fuere, un grupo marxista que aspira a ejercer su influencia sobre el partido y sobre el movimiento obrero en su conjunto no puede ser otra cosa que una agrupación política. No es un partido independiente que compite con el partido oficial sino una fracción independiente que se impone la tarea de participar en la vida del partido y de la clase obrera.

Estas son todas mis objeciones. Me alegrará mucho saber que progresan en la tarea inmediata que se han impuesto: publicar un periódico semanal.

Con saludos comunistas,

 

L. Trotsky



[1] Dudas y objeciones sobre el Manifiesto búlgaro. International Bulletin. Oposición de Izquierda comunista, número 3, 1931. El manifiesto fue escrito para ser publicado en el periódico de la Oposición de Izquierda búlgara Ozvobozhdenie (Liberación).

[2] Friednch Engels (1820-1895): colaborador de toda la vida de Karl Marx, y autor junto con él de muchos de los trabajos básicos del marxismo. En los últimos anos de su vida fue una figura destacada de la joven Segunda Internacional. Eduard Berntein (1850-1932): albacea literario de Engels, fue el primer teórico del revisionismo en la socialdemocracia alemana. El socialismo -decía él- vendrá por la gradual democratización del capitalismo; por eso el marxismo debía ser revisado y el movimiento obrero tenía que abandonar la política de la lucha de clases a favor de la colaboración de clases con los capitalistas "progresivos". El libro de Bernstein, Socialismo evolutivo, fue atacado por notables figuras del marxismo de la época, pero la teoría y la prác­tica del revisionismo empezaron a predominar cada vez más en el Partido Socialdemócrata más importante y llevaron a la segunda internacional a su des­trucción en 1914. Otto von Bismark (1815-1898): encabezó el gobierno prusiano a partir de 1862 y fue el primer canciller del imperio alemán (1871-1890). Unificó Alemania bajo el mando de Prusia y los Hohenzollern y fue un enérgi­co enemigo de los movimientos obreros y socialistas. Napoleón III (1808-1873): emperador del "Segundo Imperio" francés (1852-1870), fue depuesto después de la derrota de Francia en la Guerra Franco-Prusiana, que también llevó en 1871 a la instauración de la Comuna de París.

[3] Kristo Pastoujov (1874-1949): activo político socialista reformista del movi­miento búlgaro y ministro de interior en 1918. Georgi Dimitrov (1882-1949): dirigente del PC Búlgaro que emigró a Alemania, donde fue uno de los acusados en el fraudulento juicio por el "incendio del Reichstag" organizado por los nazis en 1933. Fue absuelto y se trasladó ala URSS, donde obtuvo la ciuda­danía soviética y ocupó el puesto de Secretario Ejecutivo de la Comintern entre los años 1934 y 1943. Después de la Segunda Guerra Mundial fue pre­mier de Bulgaria (1946-1949).



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