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Las conferencias nacionales y el internacionalismo[1]

 

 

22 de diciembre de 1930

 

 

 

Al Comité Ejecutivo de la Liga Comunista (de Francia)

Copia al Secretariado Administrativo

 

Estimados camaradas:

En una carta privada fechada el 15 de diciembre, que recibí hoy, 22 de diciembre, el camarada Naville[2] me informa que la conferencia nacional de la Liga se reunirá a mediados de enero. En otras palabras, se han tomado medidas que impiden a todas las secciones ex­presarse en relación a los problemas en debate, de cuya solución depende la existencia ulterior de nuestra orga­nización internacional.

La circular del Secretariado Administrativo sobre la conferencia europea (véase Boletín Internacional, Nº 2) dice:

"La conferencia de nuestra sección alemana, que se encuentra reunida en este preciso instante, proporcio­nará indudablemente un material muy valioso para la caracterización de la situación política y las tareas de la Oposición. La preparación de la conferencia de la Liga francesa se realizará en el mismo sentido."

El ejemplo deplorable de la conferencia alemana muestra lo que sucede cuando se subordinan las tareas internacionales y revolucionarias en general a proble­mas organizativos secundarios. Fijar la fecha de la con­ferencia de la Liga para mediados de enero significaría prácticamente la liquidación de la organización interna­cional de los bolcheviques leninistas. Porque para un marxista el internacionalismo entraña, en primer tér­mino, la participación activa de cada sección en la vida de las demás. Sólo así tiene sentido convocar una con­ferencia internacional más adelante.

En la misma carta el camarada Naville me informa que apoya lo que escribí al camarada Gourget[3] respecto de la cuestión sindical. Mucho me agradaría que los he­chos me permitieran atribuirle a esta declaración el pe­so político que merece. La línea de La Verité en la cues­tión sindical ha seguido, en los últimos meses, la direc­ción opuesta, y ni la Oposición rusa ni -creo- la Opo­sición Internacional pueden asumir la menor responsabilidad por la misma. Opino que la conferencia nacional debe evaluar esta línea y rechazarla; así habrá posibili­dad de elaborar una política sindical correcta.

Por lo que se deduce de su carta, el camarada Navi­lle cree que las diferencias son únicamente de carácter sindical. Desgraciadamente, no puedo coincidir. Es cierto que en la actualidad la cuestión sindical es la que se plantea con mayor apremio; pero las experiencias de un año entero me obligan a llegar a la conclusión de que no existe un solo problema importante en el que el Con­sejo de Redacción del Biulleten ruso y el grupo (o sub­fracción) del camarada Naville no hayan tenido diferen­cias serias y profundas.

En lo que concierne a nuestras relaciones con el par­tido y la clase obrera, el camarada Naville ha defendido y aplicado en la práctica una línea totalmente errónea. Esto no sólo se revela en la serie de artículos de los ca­maradas Naville y Gerard[4] publicados en La Verité. El problema de las movilizaciones en la época del "tercer período"[5], de la solidaridad con las víctimas del "fraude judicial" (perpetrado por la policía contra dirigentes del PC), la cuestión de la movilización por Indochina, el caso de l’Humanité[6] y muchos más han sido tema de discusiones internas y, en todas las ocasiones pude comprobar que el grupo Naville sostenía una posi­ción errónea porque partió siempre de premisas falsas.

Se puede objetar que todo esto concierne al pasado. Yo mismo quisiera creerlo. Sin embargo, desgraciadamente, la política del grupo Naville respecto del "vira­je" táctico del partido demuestra que las viejas diferen­cias subsisten, aunque bajo la cubierta de una fraseolo­gía más cuidadosa. En este caso el error es más grande aún, teniendo en cuenta que muchos camaradas de la Liga han asumido una posición que es (esencialmente) bastante correcta, en virtud de la cual fueron atacados implacablemente por La Verité. Al pasar revista a todo el periodo anterior, sólo podemos llegar a la conclusión de que el grupo (o subfracción) que encabeza el cama­rada Naville ha ayudado -involuntariamente, desde luego- a la burocracia partidaria a salir casi indemne de las convulsiones del "viraje". ¿Podemos permitir que pase esta importante experiencia política sin hacer­le una evaluación a nivel nacional e internacional? Creo que no.

El problema de la relación entre las organizaciones nacionales e internacionales no es menos importante. También en este caso las diferencias aparecieron casi el mismo día en que el camarada Naville se unió a la Oposición de Izquierda. La lucha, librada principalmen­te por medio de la correspondencia y las conversaciones privadas, ya lleva casi un año y medio de duración. El grupo del camarada Naville tiene una concepción com­pletamente equivocada del papel que cumple para los bolcheviques leninistas la organización internacional, hecho que ya nos perjudicó enormemente el año pasado. La tendencia a realizar la conferencia de la Liga sin la participación de la organización internacional consti­tuye de por sí una expresión gráfica del error fundamental del grupo del camarada Naville en la cuestión del internacionalismo.

Los camaradas dirigentes de la Liga ya están fami­liarizados con las diferencias sistemáticas y persisten­tes entre el grupo del camarada Naville y la redacción del Biulleten. Con la correspondencia seria sobre los problemas en debate se podría hacer un libro. Mi circu­lar del 21 de junio de 1930 se refiere a las mismas cues­tiones. Por razones perfectamente obvias, me abstuve de mencionar nombres y poner los puntos sobre las íes mientras tuve alguna esperanza de poder llegar a un acuerdo en forma privada; desgraciadamente, mis es­fuerzos fueron vanos. Las experiencias de los últimos meses me demuestran que las diferencias de opinión siguen siendo tan grandes hoy como lo eran hace un año y medio.

No hay nada más peligroso en política que una soli­daridad aparente, superficial, que encubre diferencias fundamentales. En tales circunstancias, la lucha en tor­no a las ideas es remplazada por conflictos y rencillas personales que envenenan la atmósfera.

Por eso coincido con la posición del camarada Navi­lle cuando afirma que el problema de la colaboración fu­tura y del establecimiento de las bases para la misma sólo se puede resolver mediante una polémica princi­pista y franca. Pero, a diferencia del camarada Naville, sostengo que la polémica debe ser internacional. Se en­tiende que la Liga, como cualquier otra sección, cuenta con autonomía para tomar decisiones; sin embargo, antes de aprobar dichas decisiones, de las que depen­den su unidad y su ubicación en la Oposición de Izquier­da Internacional, la Liga debe permitir que las demás secciones tengan oportunidad de expresarse, para no presentarles un hecho consumado. Por eso es indispen­sable dejar un periodo de cuatro semanas como mínimo entre la publicación del proyecto de tesis y la convocato­ria de la conferencia. En todo caso, los insto a ello en nombre de la sección rusa, ya que para mi ésta es la única posibilidad de garantizar la colaboración auténti­camente internacional en el futuro.

Estoy seguro de que la crisis de la Liga, que se ha convertido en una crisis de nuestra organización inter­nacional, puede solucionarse sin convulsiones ni rup­turas. Para eso se necesitan dos cosas: claridad política y buena voluntad de ambas partes.

Con saludos comunistas

 

L. Trotsky



[1] Las conferencias nacionales y el internacionalismo. De los archivos del Socialist Workers Party (Partido Socialista de los Trabajadores, de Estados Unidos). Durante todo 1930 la Liga Comunista de Francia se vio envuelta en una serie de violentas discusiones internas; uno de los problemas era el traba­jo en los sindicatos, sobre el cual Trotsky escribió varios artículos reproduci­dos en Leon Trotsky on The Trade Union (En castellano: Sobre los sindicatos, Buenos Aires, 1975). Esta carta fue su respuesta a la información de que se habla tomado la decisión de llamar a una conferencia nacional de la Liga sin tiempo suficiente para permitir la discusión en las otras secciones de la Oposición de Izquierda. La conferencia se postergó después de la protesta de Trotsky y sólo se celebró en octubre de 1931. En ese lapso la Oposición de izquierda Internacional pensaba convocar una conferencia europea y otra internacional. Por diversos motivos la conferencia europea nunca se llevó a cabo y la internacional sólo se reunió en 1933.

[2] Pierre Naville (n. 1904): uno de los fundadores de la Oposición de Izquier­da francesa y durante muchos años miembro del Secretariado Internacional. Durante la Segunda Guerra Mundial abandonó la Cuarta Internacional. Es­cribió muchas obras sobre sociología y las memorias, Trotsky vivant, publi­cadas en 1958; publicó en francés muchos libros de Trotsky.

[3] Pierre Gourget: uno de los primeros Oposicionistas franceses, fue dirigente de la tendencia derechista de la Liga Comunista en 1930-1931. En 1932 claudicó ante Stalin y volvió al PC.

[4] Gerard Rosenthal, también conocido con al nombre de Francis Gerard: dirigente del grupo de Naville, y más adelante apoderado de Trotsky en Francia.

[5] El tercer período, según los stalinistas, es la última etapa del capitalismo, cuando éste se halla al borde de la extinción para ser reemplazado por los soviets. De acuerdo con ese planteo, las tácticas de la Comintern estuvieron marcadas desde 1928 hasta 1934 por el ultraizquierdismo, el aventurerismo, los sectarios sindicatos "rojos" y la oposición al frente único. En 1934 se descartó la teoría y la práctica del "tercer período" y se la remplazó por las del Frente Popular (1935-1939), pero no se le asignó número a este periodo posterior. El "primer período" iba de 1917 a 1924 (crisis del capitalismo y alza re­volucionaria), el "segundo período" iba de 1925 a 1928 (estabilización del ca­pitalismo). En 1930 Trotsky y otros Oposicionistas creyeron que "los días del ’tercer período’" estaban terminando y que dentro de la Comintern iba a darse un nuevo "giro" que la alejaría de sus excesos ultraizquierdistas. A pesar de algunas vacilaciones, sin embargo, se continuó con la política del tercer período hasta 1934.

[6] L ’Humanité: diario del PC Francés, atacado por el gobierno en 1930.



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