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A la Conferencia de la Oposición de Izquierda alemana[1]

 

 

17 de setiembre de 1930

 

 

 

Estimados camaradas:

Al enviar mis más cálidos saludos a la conferencia, quiero referirme una vez más, con la mayor brevedad posible, a la línea general de la Oposición comunista alemana.

Está claro para todos nosotros que la Oposición de Izquierda alemana todavía es sumamente débil en relación con las tareas que la situación le plantea. Esta debilidad es una herencia del pasado, fruto de las circunstancias históricas objetivas y de una política errónea, aplicada por la dirección Maslow-Fischer primero y por la de Urbahns después[2]. Esta gente creía -e hizo creer a todos los obreros oposicionistas -que el partido oficial perdería influencia y se derrumbaría ineluctablemente, y que la Oposición, fortalecida por la lucha contra el partido, surgiría de entre las ruinas como un partido nuevo. Por ello, todo obrero serio sentía la obligación de preguntar: si todo lo que se viene construyendo desde hace diez o doce años debe derrumbarse y si debe formarse un personal nuevo sobre terreno nuevo, ¿qué garantía hay de que los resultados serán mejores? Esta pregunta se plantea acertadamente. La única garantía reside en la experiencia viva de la vanguardia proletaria y la experiencia se gana con el tiempo y los hechos. Los amplios círculos de obreros revolucionarios comenzarán a seguir a la Oposición y a confiar en ella cuando su experiencia les demuestre que ésta no repudia la experiencia acumulada por el comunismo en Alemania y en el mundo entero sino que, por el contrario, se basa en dicha experiencia y la utiliza, unida a la vanguardia proletaria, para sacar las conclusiones correctas.

Desde luego, la clase obrera tiene sus propios sofistas, simples críticos que construyen sectas que permanecen en la periferia del movimiento obrero durante años y se limitan a la crítica impotente, marginada de las grandes tareas y perspectivas. Estos retoños ultra-izquierdistas se regocijan ante cada revés del Partido Comunista y esperan algún milagro que de un modo u otro les permita incrementar su influencia a partir de los fracasos de la vanguardia proletaria.

Con estos sectarios -y en Alemania los hay en toda la gama de colores- nosotros no tenemos ni podemos tener nada que ver. Para nosotros, el triunfo de nuestra política no radica en el debilitamiento sino en el fortalecimiento del Partido Comunista.

¿Hay alguna contradicción en ello? Se nos objeta que existe incluso una doble contradicción. Primero: ¿es dable esperar una consolidación del Partido Comunista con su actual dirección? Segundo: ¿acaso la consolidación del Partido Comunista no significa a la vez la consolidación de su actual dirección, que ya se ha demostrado incapaz de llevar a los obreros a la victoria? Las dos objeciones son erróneas porque no son dialécticas.

Los resultados de las últimas elecciones demostraron nuevamente que la influencia del partido puede crecer a pesar de su dirección incompetente[3]. Una dirección eficaz es la condición indispensable para lograr éxitos firmes y -más aún- para llevar al proletariado a la victoria final. Pero la influencia del partido puede acrecentarse, a pesar de la incompetencia de su dirección, debido a la intervención de los factores objetivos. Podemos afirmar con toda convicción que, a partir de las Jornadas de Marzo de 1921, y sobre todo a partir de octubre de 1923[4] hasta el presente, la dirección del partido alemán no ha hecho nada que no sirviera para debilitar a la revolución y al proletariado. Por otra parte, la situación desesperada de Alemania en el plano internacional, la política avara y maliciosa de la burguesía alemana, el papel infame y traicionero de la socialdemocracia,[5] obligan a las masas multitudinarias a embarcarse en la senda revolucionaria.

El hecho de que la política de la dirección stalinista, ciega y sorda, autocomplaciente e ignorante, oportunista y aventurerista, impida que las masas radicalizadas se agrupen bajo la bandera del comunismo es, en la situación imperante, una fuente de nuevas fuerzas para el nacional-socialismo.[6]

El incremento del caudal de votos comunistas en las últimas elecciones parece importante si se lo mide con la vara parlamentaria. Pero su importancia es muy escasa desde el punto de vista de las posibilidades y tareas revolucionarias.

Podemos decir que en las elecciones el partido ganó la diferencia aritmética entre aquéllos a quienes la burguesía y la socialdemocracia empujaron hacia su bando y los que se han alejado, repelidos por la dirección del Partido Comunista. Podemos agregar con toda justificación que las ganancias del PC Alemán y las de las demás secciones de la Comintern hubieran sido mucho menores y sus pérdidas mucho mayores de no mediar la voz de crítica y amonestación, los análisis y los pronósticos de la Oposición de Izquierda. Si bien todavía somos organizativamente débiles, ya nos hemos convertido en un factor considerable en la vida interna del Partido Comunista y, además, en un factor de consolidación.

Pero, ¿acaso esta consolidación no coadyuva al fortalecimiento de la dirección actual? ¿Y la dirección actual no es el escollo principal en el camino de la revolución proletaria? La segunda objeción es perfectamente justa. Thaelmann, Remmele y Neumann[7] combinan los peores rasgos de la irresponsabilidad burocrática, la autocomplacencia filistea, la disciplina de cuartel y el aventurerismo característico del subordinado que pone en práctica las aventuras que se le ordenan desde arriba, sabiendo de antemano que no se le exigirá rendición de cuentas.

Esa dirección puede pasar, sin pensarlo dos veces, del extremismo político, para el cual no sirve ninguna política que no sea la de "ganar la calle" en nombre de la instauración inmediata de la dictadura del proletariado (en los papeles), al posibilismo,[8] que la hace inclinarse ante cada vientecillo que provenga de la pequeña burguesía, hasta el punto de caer en el chovinismo. La cabeza del burócrata centrista oficial[9] está construida de manera tal que la atraviesan constantemente todos los soplos del eclecticismo. Los obreros revolucionarios alemanes jamás tolerarían voluntariamente este tipo de dirección, ungida, apoyada, rescatada e impuesta a la vanguardia del proletariado alemán desde Moscú por la fracción stalinista. Esta es una verdad incontrovertible. ¿Es correcto afirmar que el acrecentamiento de la influencia del Partido Comunista entre los obreros alemanes fortalece a la dirección actual? No, no es correcto. Este es el argumento esencial, falso hasta la médula, de todos y cada uno de los sectarios ultraizquierdistas y seudoultraizquierdistas.

La burocracia stalinista pudo apoderarse del poder en la URSS y a escala mundial debido al prolongado reflujo revolucionario.

La fracción stalinista lanzó el primer golpe contra el ala izquierda después que la dirección brandlerista[10] desaprovechó la situación revolucionaria de 1923 de manera tan vergonzosa.

Los stalinistas destrozaron implacablemente a la Oposición de Izquierda después de que Chiang Kai-shek, hasta ayer cómplice de Stalin, destruyó la revolución china.

Los años de estabilización del capitalismo fueron años de consolidación del aparato stalinista, lo cual, de ninguna manera es casual. Solo la disminución de la actividad de las masas y la transformación del espíritu revolucionario en apatía pudo permitir el gran crecimiento de la burocracia partidaria, que buscó sus medios materiales y de represión en el aparato estatal.

Así, las derrotas de la revolución internacional, el debilitamiento de los partidos comunistas, el debilitamiento del ala izquierda (bolchevique leninista) dentro de los partidos y el aumento del poderío del aparato stalinista fueron procesos paralelos y relacionados.

Esta sencilla e indiscutible generalización nos permite hacer varios pronósticos. Una auténtica radicalización de las masas y el agrupamiento de los obreros bajo la bandera del comunismo no significará la conso­lidación sino el derrumbe del aparato burocrático. Thaelmann, Remmele y Neumann -repetimos- sólo pueden aferrarse a sus puestos de dirección en virtud de la debilidad e impotencia del movimiento revolucionario, de la disminución de la actividad de los obreros. El avance del comunismo en las masas significará una aceleración de las tareas revolucionarias e impondrá mayores exigencias a la dirección.

Las experiencias de los últimos doce años no han sido vanas. Las mentes de miles y decenas de miles de obreros de vanguardia las registraron. Estas experiencias romperán el cascarón de la disciplina formal que las disimula al sobrevenir el período revolucionario y los obreros de vanguardia contemplarán con otros ojos a la dirección que deberá conducirlos en las batallas decisivas.

El aumento del caudal de votos comunistas junto con el crecimiento del peligro fascista ya debe haber elevado la conciencia revolucionaria de la vanguardia proletaria, así como su actitud crítica hacia su dirección. Esto les da a los bolcheviques leninistas mayores oportunidades para realizar su propaganda y agitación.

El espíritu de secta, que vive del derrotismo y la malicia, impotente y sin perspectivas, podría matar a la Oposición de Izquierda.

La Oposición cumplirá su misión histórica cuando se encarne en ella el vínculo indestructible entre el éxito del partido y su propio éxito. Sólo así podrá abrirse camino hacia la vanguardia proletaria, de la que fue aislada por una combinación de factores: la estabilización capitalista, las represalias del aparato y los errores de su propia dirección.

Por consiguiente, resulta claro que un abismo insondable nos separa de los brandleristas y que la ruptura con Urbahns fue un acierto y una medida saludable.

La esencia de la situación radica en que el aparato stalinista se ha convertido en una fuerza completamente reaccionaria, basada en la estabilización del capitalismo y en la esterilidad política, mientras que la Oposición ganará con el ascenso de la ola revolucionaria y el acercamiento de las grandes masas a la bandera del partido.

Si tenemos una política correcta, el proceso ulterior demostrará con la mayor claridad que el aparato dominante se encuentra en franca oposición con las necesidades del partido, mientras que la suerte de la Oposición está atada al partido y a la revolución proletaria.

En el semestre que acaba de finalizar la Oposición alemana realizó un importante trabajo de preparación. Se ha logrado la diferenciación de las líneas fundamentales, se comenzó a publicar un periódico, Der Kommunist, y se fijó una línea correcta hacia el partido oficial. Por último, en colaboración con otras secciones, se sentaron las bases para la organización internacional de la Oposición de Izquierda[11]. Todo esto crea las condiciones para la elaboración de una política correcta y, con ello, para el crecimiento de la influencia de la fracción bolchevique leninista. Sin embargo, todo el trabajo realizado es sólo una ínfima parte de la obra histórica que debe realizar el ala izquierda del comunismo. La pérdida de tiempo y la falta de atención a una situación revolucionaria son peligros muy reales, que acechan no sólo al comunismo oficial sino también a la Oposición.

La experiencia ha vuelto a demostrar cuánto tiempo se puede perder con rencillas mezquinas y luchas entre grupos, que son parte inseparable de la vida de las sectas. La única manera de liberarse de esta herencia del pasado es comprender las colosales tareas revolucionarias en toda su grandeza y movilizar el espíritu de sacrificio y abnegación de los mejores elementos de la Oposición para realizarlas. Espero de todo corazón que la conferencia esté a la altura de esta gran tarea.

Sinceros saludos comunistas,

 

L.Trotsky



[1] A la Conferencia de la Oposición de Izquierda alemana. The Militant, 1º de febrero de 1931. Esta carta fue escrita para la conferencia nacional de la Oposición alemana, celebrada entre el 11 y el 12 de octubre de 1930. La conferencia defraudó a Trotsky, quien confiaba en que sus dirigentes superarían sus mezquinos conflictos sectarios para enfrentar el desafío que planteaba la tensa situación que se produjo después de las elecciones al Reichstag del 14 de setiembre de 1930, cuando los nazis de Hitler aumentaron su caudal electoral en un setecientos por ciento y se convirtieron en el segundo partido de Alemania.

[2] Arkady Maslow (1891-1941), Ruth Fischer (1895-1961) y Hugo Urbahns (1890-1946): los dirigentes principales del PC Alemán en la década del 20, expulsados por los stalinistas en 1927 porque, como seguidores de Zinoviev, habían defendido a la Oposición Unificada rusa. En 1928 ayudaron a fundar la Leninbund, que colaboró con la Oposición de Izquierda hasta 1930. Ese año su dirección pasó exclusivamente a las manos de Urbahns, que expulsó a los oposicionistas de izquierda (véase Escritos 1930). Entonces los oposicionistas, formaron su propia organización, cuyo principal dirigente, en el momento de escribir Trotsky esta carta, era Kurt Landau.

[3] En las elecciones al Reichstag del 14 de setiembre, el PC recibió 4,6 millones de votos, lo que representaba un sustancial aumento de los 3,3 millones de mayo de 1928. Los socialdemócratas recibieron 8,6 millones y los nazis 6,4 millones. El análisis que hace Trotsky de la elección está en su folleto El vuelco en la Internacional Comunista y la situación en Alemania, del 26 de setiembre de 1930. reproducido en La lucha contra el fascismo en Alemania.

[4] Las Jornadas de Marzo de 1921: se refiere a la etapa en que la dirección del PC Alemán llamó a una insurrección armada para la toma del poder, acción que fue aplastada en dos semanas debido a la falta del apoyo de las masas. El Tercer Congreso de la Comintern, celebrado más tarde ese mismo año, repudió la acción y las teorías ultraizquierdistas de "galvanizar a las masas" que se plantearon para justificarla. Octubre de 1923 se refiere a la situación revolucionaria que se desarrolló en Alemania después de la invasión francesa al Ruhr, cuando la mayoría de los obreros se volcaron rápidamente en apoyo del PC. Pero la dirección del PC vaciló, perdió una oportunidad excepcionalmente favorable para dirigir la lucha por el poder y permitió a los capitalistas alemanes recuperar su equilibrio antes de terminar el año. La responsabilidad que le cupo al Kremlin por esta oportunidad desperdiciada fue uno de los factores que llevaron a la formación de la Oposición de Izquierda rusa hacia fines de 1923.

[5] Socialdemocracia: nombre que se les dio a varios partidos socialistas. Antes de 1914, cuando la mayor parte de los partidos socialdemócratas apoyaron la guerra, fue sinónimo de socialismo revolucionario o de marxismo. A partir de entonces fue utilizado por los revolucionarios para referirse a los oportunistas, traidores al marxismo.

[6] Nacional-socialista: se refiere al Partido Nacional Socialista de Hitler (nazi). No debe confundirse con el término socialismo nacional, que a veces se emplea para designar la teoría y la práctica stalinista del "socialismo en un solo país".

[7] Ernst Thaelmann (1886-1945). Hermann Remmele (1880-1937) y Heinz Neumann (1902-1937?): dirigentes del PC Alemán entre los años 1928 y 1933, actuaban con la aprobación del Kremlin y defendían incondicionalmente su política, la cual llevó a la victoria de Hitler. Thaelmann fue arrestado por los nazis en 1933 y ejecutado en Buchenwald en 1945. Remmele y Neumann huyeron a la URSS en 1933, donde Remmele fue ejecutado por la GPU en 1937 y Neumann fue arrestado y desapareció el mismo año.

[8] Posibilismo: término que surgió en la historia política de Francia. Los posibilistas fueron los oportunistas de los años 1882-1890, que procuraron combinar el proudhonismo con el marxismo y sostenían que las tácticas de la socialdemocracia debían restringirse a los marcos de lo que es "posible" en la sociedad capitalista.

[9] Centrismo: término con que designaba Trotsky a las tendencias que se colocan u oscilan entre el reformismo, que es la posición de la burocracia sindical y la aristocracia obrera, y el marxismo, que representa los intereses históricos de la clase obrera. Puesto que una tendencia centrista no tiene una base social independiente, hay que caracterizarla teniendo en cuenta su origen, su dinámica interna y la dirección hacia la que se orienta, o hacia la que se deja empujar por los acontecimientos. Hasta 1935 aproximadamente Trotsky consideró al stalinismo una variedad especial de centrismo: "centrismo burocrático" o, en su forma más breve, "centrismo". Después de 1935 consideró que ese término ya no servía para designar la continua degeneración del stalinismo.

[10] Heinrich Brandler (1881-1967): fundador del PC Alemán y su principal dirigente en el momento en que éste no supo aprovechar la crisis revolucionaria de 1923. El Kremlin lo convirtió en su chivo expiatorio y lo removió de la dirección del partido en 1924. El y August Thalheimer (1884-1948) formaron una fracción, la Oposición del Partido Comunista (KPO), que se alió con la Oposición de Derecha dirigida por Bujarin en la URSS; en 1929 fue expulsado del partido alemán y de la Comintern. Los brandleristas continuaron como organización independiente hasta la Segunda Guerra Mundial.

[11] A pesar de que una cantidad de grupos de la Oposición de Izquierda se habían reunido en abril de 1930 para constituir la Oposición de Izquierda Internacional, la afirmación de Trotsky de que "se sentaron las bases para la organización internacional de la Oposición de Izquierda" significaba que él consideraba que aún quedaba mucho trabajo por hacer en este terreno antes de que se pudiera considerar como algo más que "bases".



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