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Carta al Politburó[1]

 

 

15 de febrero de 1931

 

 

 

Ustedes saben, desde luego, por intermedio del em­bajador soviético en Berlin[2], que el juicio entablado por mi contra el editor Schumann de Dresden, propie­tario de la firma K. Reissner, ha pasado al tribunal de apelación siguiente por iniciativa del editor, que perdió el juicio en las dos primeras instancias, en Berlín y en Dresden.

Ustedes también saben, por intermedio de la oficina de Berlín, que entabló relaciones muy estrechas con el editor de Dresden desde el comienzo mismo de mi plei­to con él y le encargó un trabajo muy importante para el gobierno soviético, que Schumann exige que le envíe el manuscrito de mi libro Lenin y los epígonos[3], obvia­mente con la idea de que la posesión de dicho manus­crito contribuirá a cimentar sus relaciones con ciertas agencias del gobierno soviético.

El nuevo tribunal (el Oberlandesgericht) ha resuelto que no puede limitarse a examinar los aspectos pura­mente jurídicos del caso, sino que debe investigar sus fundamentos políticos. Con ese fin, basándose en reco­mendaciones de la Universidad de Leipzig, resolvió solicitar la opinión de expertos en la materia. El tribu­nal planteó los siguientes interrogantes para que el experto investigue. Cito textualmente:

"1) ¿Cómo se deben considerar las relaciones entre Trotsky y Kerenski?

"a) ¿En qué se contradicen las respectivas posicio­nes políticas de ambos hombres?

’b) ¿Cómo afectaron dichas contradicciones las re­laciones personales entre Trotsky y Kerenski?

"En concreto: ¿trató éste de destruir físicamente a Trotsky?

"2) Considerando el nivel alcanzado por la investi­gación histórica, ¿se puede establecer que el libro de Kerenski contiene afirmaciones objetivamente mendaces con respecto a Lenin y al bolchevismo? De ser así, ¿en qué medida constituyen injurias contra Trotsky, fuera del simple hecho de llamarlo por su nombre?"

La importancia política de estas cuestiones trascien­de enormemente los límites de mi pleito contra Schu­mann. Si bien el tribunal de Leipzig no representa, na­turalmente, la ultima instancia de apelaciones de la his­toria, un argumento político ambiguo o desfavorable in­cluido en las fundamentaciones de la sentencia del tri­bunal[4] podría añadir leña al fuego, no sólo de los emi­grados rusos sino también de la burguesía del mundo entero, y por mucho tiempo. En cambio, una respuesta clara e inequívoca del tribunal a las preguntas que él mismo ha formulado significaría un golpe muy serio para los enemigos más pérfidos de la Revolución de Octubre y del bolchevismo.

En sí, las calumnias de Kerenski son tan burdas y contradictorias que el tribunal, independientemente de sus simpatías políticas, responderá correctamente las preguntas citadas si sus abogados y el asesor acadé­mico disponen de los documentos y referencias nece­sarias.

Obviamente, ningún abogado extranjero, por serio y responsable que sea, está en situación de investigar a fondo el testimonio de Kerenski y otros sobre la su­puesta "venalidad" de los bolcheviques. Ustedes segu­ramente saben que, al llegar el pleito al tribunal, no tendré la oportunidad de estar en Alemania para pre­sentar in situ las aclaraciones y refutaciones necesarias.

Varado en Constantinopla, donde no hay bibliote­ca ni dispongo de las publicaciones soviéticas, ni siquie­ra pude confeccionar una lista de los materiales impre­sos que necesitarán el abogado y el asesor académico, ni aun de los documentos más importantes sobre el caso contra los bolcheviques después de las Jornadas de Julio.

Al apelar a ustedes con esta carta, dejo totalmente de lado las cuestiones que nos separan, y en particular las circunstancias que los llevaron a aliarse con Schu­mann para obtener el manuscrito de mi libro. El curso de los acontecimientos ha colocado este pleito legal en un nuevo plano, que nos obliga a constituir un frente único. No es necesario que yo les indique cómo interve­nir en este caso para ayudar al tribunal a hallar la ver­dad. Ustedes tienen en sus manos todos los materiales necesarios impresos y de archivo. Por otra parte, la oficina de Berlín, que se mantiene al tanto del juicio en todos sus detalles, no tendría la menor dificultad en po­ner los materiales necesarios a disposición del asesor académico y de la persona que representa mis intere­ses, intereses que, como resultará claro para todos, coinciden con los del partido de Lenin.

Aguardo con ecuanimidad cualquier medida que consideren oportuno tomar.



[1] Carta al Politburó. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard.

Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteameri­cana] por George Saunders. En marzo de 1929 un editor de Dresden llamado Harry Schumann persuadió a Trotsky de que firmara un contrato para la pu­blicación en alemán de varios de sus libros. Cuando Trotsky se enteró de que Schumann le había ocultado el hecho de que era el editor de las memorias de Kerenski -en las que éste "denuncia" a los bolcheviques como agentes de la Alemania imperialista en 1917, etcétera-, declaró que no habría firmado el contrato si Schumann no lo hubiera engañado, y exigió su cancelación. Schumann llevó el caso a los tribunales alemanes. Mientras tanto, consiguió un lucrativo contrato para la publicación de cinco volúmenes de documentos con el gobierno soviético, el que consideraba "el sucesor político y espiritual de Lenin". Planteó en la corte que esto demostraba la invalidez de las objeciones de Trotsky, y en consecuencia se debía reconocer el contrato, otorgándole el control de la difusión de los libros de aquél en Alemania. En Escritos 1930 aparecen los dos artículos en los que Trotsky explica por qué régimen de Stalin acudió en auxilio del editor de un libro contrario a Lenin (lo consideró una alianza de Stalin y Cía. con Schumann y Kerenski contra Lenin yTrotsky). Schumann perdió el juicio y una primera apelación y en 1931 lo llevó a la Corte Suprema de Leipzig. La Corte decidió que el caso, además de sus aspectos jurídicos, implicaba hechos políticos, y designó un "experto" que debía recabar opiniones entre los expertos de la Universidad de Leipzig y otros sobre las acusaciones de Kerenski contra los bolcheviques, el arresto de Trotsky por Kerenski en 1917, etcétera. Trotsky sometió al experto sus opiniones sobre estos puntos y su carta al Politburó fue un intento de lograr que éste hiciera lo mismo. Los encargados de esta edición [norteamericana] no lograron saber cómo terminó el juicio, pero no hay evidencia de que Schumann haya publicado nada de Trotsky en los dos años previos a la toma del poder por los nazis.

[2] El embajador soviético en Berlín era Nikolai N. Krestinski, designado en 1921. En 1919 formó parte del primer Politburó. Acusado en el Juicio de Moscú de 1938, fue declarado culpable y ejecutado.

[3] Lenin y los epígonos se llamaba el primer libro que Trotsky le debía dar a Schumann de acuerdo al contrato en disputa. Tal vez a causa del juicio, Trotsky nunca publicó un libro con ese título en ningún país. En su lugar se editó en Francia La Révolution Défigurée, difundido luego en Rusia y Estados Unidos con el título The Stalin School of Falsification.

[4] Considero que mi triunfo en lo que hace a los aspectos prácticos del caso es seguro. Sin embargo, la sentencia del tribunal podría estar concebida en términos ambiguos, tales como: "Sea cual fuere la posición de cada uno respecto de la forma en que Kerenski describe las relaciones de los bolchevi­ques con el estado mayor alemán, problema respecto del cual la investigación histórica todavía no puede pronunciarse en forma concluyente", etcétera. (Nota de León Trotsky)



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