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Sobre la psicología de la capitulación[1]

 

 

Septiembre de 1929

 

 

 

La capitulación de Radek, Smilga y Preobrashenski es, a su manera, un hecho político trascendente. De­muestra sobre todo el agotamiento de la generación magna y heroica de revolucionarios que tuvieron la suerte de vivir las experiencias de la guerra y la Revolu­ción de Octubre. Esta capitulación, a pesar de ser for­malmente absurda, contiene indudablemente elemen­tos trágicos: tres revolucionarios viejos y honorables se marginaron de las filas de los vivos. El camino de la rehabilitación está abierto para gran cantidad de cen­tristas. Para los capituladores está cerrado. Han perdi­do lo más importante: el derecho a exigir confianza; jamás lo podrán recuperar.

Sin embargo, el hecho de que Radek, Preobrashens­ki y Smilga ya no puedan ser maestros de la revolución no significa que no se pueda aprender nada de su experiencia. No, la historia de su capitulación es muy aleccionadora. Afortunadamente, disponemos de toda la correspondencia de los bolcheviques leninistas exilia­dos en 1928. Estas cartas no eran privadas, en el senti­do estricto del término. Eran artículos, a veces tesis, difundidos en muchas copias y por los más diversos me­dios. Su forma epistolar, era sólo una medida de emer­gencia provocada por las condiciones reinantes en el exilio.

Hoy resulta asombroso leer los argumentos de Radek, que desacreditan irreparablemente su capitula­ción. Mientras estábamos todos juntos, resistían hasta los débiles y los que vivían en semibancarrota moral. Pero cuando cada uno quedó librado a sus propios recursos, aquellos comenzaron a buscar otra salida. Así surgió un pequeño grupo de candidatos a capituladores. La categoría no es muy elevada, pero aun en este nivel Radek y los demás, atrapados por sus contradicciones, por la fuerza del hábito han formulado argu­mentos nefastos para su propio futuro.

Como todos saben, en 1927 Radek era uno de los ex­tremistas de la Oposición en lo referente al termidor y a los dos partidos. En respuesta a la actitud conciliadora que tenía Zinoviev en esa época, Radek escribió: "La crisis que afecta a nuestro partido implica una crisis se­vera que afectará a la revolución durante muchos años. En esta crisis, la única orientación realista es hacia nuestros compañeros, los que han meditado a fondo en todos sus problemas y están dispuestos a aguantarse los golpes. Sólo un núcleo sólido de personas que saben lo que quieren y pelean hasta el fin por sus objetivos puede arrastrar a los débiles." Estas palabras son exce­lentes, y constituyen la base de la actividad de la Oposi­ción comunista revolucionaria.

Radek no aguantó mucho tiempo. Sus primeras va­cilaciones datan de febrero del año siguiente. Sin em­bargo, en esa época seguía rechazando resueltamente el camino de la capitulación. Asimismo consideraba se­res despreciables a los capituladores. El 10 de mayo Radek le dirigió a Preobrashenski una carta en la que se refería con indignación a Zinoviev y a Piatakov: "Al retractarse, violan sus propias convicciones. Es imposi­ble ayudar a la clase obrera con mentiras." Así, a Radek le resultaba inconcebible que los capituladores pudieran renunciar sincera y honradamente a sus posi­ciones. Teniendo en cuenta los hechos, ¿quién podría creer lo contrario? El 24 de junio Radek le escribió al camarada Trotsky: "Semejante renuncia sería lo más ridículo, ya que la historia las reivindicó brillantemente."

Las posiciones de la Oposición se forjaron a principios de 1923. A mediados de 1928, es decir, en el sexto año de la lucha política, Radek reafirmaba plenamente que eran correctas. Pero después de un año de exilio, Radek y los otros dos desertores emitieron una declara­ción sintetizada en la frase: "El partido hizo bien en re­pudiar nuestra plataforma."

¡He allí la catástrofe ideológica y moral de revolu­cionarios en bancarrota espiritual!

Para el mundo exterior, la capitulación del "trío" fue un hecho espectacular. Para los cuadros de la Opo­sición, no fue nada inesperado. Leyendo la correspon­dencia, surge claramente que de tanto en tanto Radek debía defenderse de quienes sospechaban que abría el camino hacia la capitulación. Los camaradas mas jóve­nes protestaban con gran franqueza. Los revoluciona­rios más viejos se expresaban con mayor cautela pero, esencialmente, sin albergar ilusiones. El 9 de setiembre de 1928, el camarada Trotsky escribió a uno de los camaradas en Moscú: "No sé si los resultados del con­greso profundizan o disminuyen las diferencias con Preobrashenski. Por amargo que resulte decirlo, hice un balance personal de los últimos meses y llegué a la conclusión de que el asunto no tiene arreglo. Nuestros caminos son demasiado dispares. Es imposible soportar mucho tiempo esos estallidos emocionales."

La correspondencia es por si misma tan asombrosamente clara y aleccionadora que no consideramos nece­sario hacer citas extensas en estas líneas preliminares. En todos los casos, las citas están tomadas de los origi­nales de que disponemos. Las reproducimos textualmente, salvo que, donde es necesario, reemplazamos las iniciales por los nombres completos.

El 10 de mayo de 1928, Radek escribió a Preo­brashenski desde Tobolsk:

"Repudio a los zinovievistas y piatakovistas por dostoievskianos. Al retractarse, violan sus propias con­vicciones. Es imposible ayudar a la clase obrera con mentiras. Los que se quedan deben decir la verdad."

El 24 de junio, Radek le escribió al camarada Trotsky:

"Ninguno de nosotros puede siquiera pensar en renunciar a nuestras posiciones. Semejante renuncia seria lo mas ridículo, ya que la historia las reivindicó brillantemente.

"Smilga cae en posiciones extremas, no porque defienda su punto de vista sino por el tono que emplea. Jamás debemos hablar del centro como lo hacían los wrangelistas de esa época (es decir, cuando Stalin trató de socavar a la Oposición con un oficial de Wrangel)."



[1] Sobre la psicología de la capitulación. Biulleten Opozitsi, N° 3-4, septiembre de 1929. Firmado "Consejo de Redacción". Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Fred Buchman.



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