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Sobre el voto secreto[1]

 

 

27 de febrero de 1929

 

 

 

Respecto del voto secreto, creo recordar que en mi carta dije claramente: hay que aplicarlo primero en el partido, luego en los sindicatos, después, según los resultados, en los soviets. El voto público fue creado para controlar al enemigo mediante la presión de la opinión pública de los obreros y, sobre todo, de su vanguardia. Pero en la actualidad la burocracia partidaria emplea este instrumento, en el partido contra las masas, y en los sindicatos contra todos los obreros. Un hecho nos permitirá comprender claramente la situa­ción: en una serie de regiones, las masas partidarias sabían, desde hace uno, dos o tres años, que a la cabeza del Comité Regional del partido y del Comité Ejecutivo regional de los soviets había aventureros, elementos desleales, futuros traidores; lo sabían y sin embargo guardaban silencio. En una situación semejante, el voto secreto es la primera condición necesaria para el restablecimiento de la democracia en el partido.

En los sindicatos, el control debe iniciarse en orga­nizaciones integradas exclusivamente por obreros in­dustriales, a través de los centros políticos más importantes, a través de los sectores más conscientes del pro­letariado; es necesario avanzar extendiendo este con­trol en círculos concéntricos. En los soviets hay que ser más cuidadoso aun. No puedo dar una opinión categóri­ca al respecto hasta que se haga la experiencia en el partido y en los sindicatos industriales (no en los de los funcionarios). Es obvio que, en el caso de que la expe­riencia en los sindicatos sea favorable, se podría aplicar el voto secreto en los soviets - al principio sólo parcialmente -, de manera que en ninguna circunstancia nos veamos obligados a aplicarlo en general. Demás está decir que no hacemos un fetiche de las formas demo­cráticas. La protección de la dictadura[2] está por encima de toda otra consideración. Pero la dictadura está amenazada desde dos flancos: desde el exterior, por la contrarrevolución que se pavonea abiertamente (eserismo, menchevismo,[3] antisemitismo); desde el interior, por la sombra del termidor. La burocracia utiliza las ideas y los métodos de la dictadura para aterrorizar a la fuerza motriz de ésta: la vanguardia del proletariado. Una vez que las masas se pronuncien resueltamen­te, la primera tarea será hacer el recuento de los cuadros, limpiarlos, renovarlos y ponerlos bajo la autoridad del partido. Es posible que el voto secreto sea el único camino que nos permita encarar esta tarea. Es super­fluo agregar que la consigna del voto secreto no reviste un carácter principista o de verdad universal, obligato­rio en todas las ocasiones. Es una consigna ad hoc, deri­vada de la crisis de las contradicciones existentes entre los cuadros y el partido. Pero en la situación actual es una consigna muy importante.



[1] Sobre el voto secreto. Contre le Courant (Contra la corriente, revista de la Oposición francesa), 9 de marzo de 1929. Traducido [al inglés] para este volu­men [de la edición norteamericana] por Brenda Zannis. Este es un extracto de una carta a la Unión Soviética en la que Trotsky defendía una posición que ya había planteado antes de su deportación a Turquía, en otra carta escrita en Alma-Ata el 21 de octubre de 1928 (The Militant, 1º de febrero de 1929), reproducida en The Challenge of the Left Opposition [El desafío de la Oposición de Izquierda]. Durante la Guerra Civil se instituyó el voto no secreto en los sindicatos, los soviets y el Partido Comunista como medio de presión sobre los elementos atrasados, fluctuantes o reaccionarios. Pero en las condiciones totalmente distintas de fines de la década del 20 el voto cantado era fundamen­talmente un arma que utilizaba el aparato stalinista para presionar contra los elementos opositores o independientes.

[2] Aquí el término dictadura esta utilizado como forma abreviada de dicta­dura del proletariado, la designación marxista de la forma de gobierno que seguirá al gobierno de la clase capitalista (dictadura de la burguesía). Otras designaciones modernas de la dictadura del proletariado son estado obrero y democracia obrera.

[3] Eserismo y menchevismo: se refiere a los dos partidos políticos rusos que apoyaron al gobierno Provisional antes de la Revolución de Octubre y se opusieron luego al gobierno soviético. El Partido Social Revolucionario (SR), fundado en 1900, llegó a ser la expresión política de todas las corrientes populistas que existían en Rusia y fue el que más influencia tuvo en el campe­sinado antes de la revolución. Los mencheviques, dirigidos por Iulius Martov, se constituyeron en 1903 como fracción interna del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata Ruso), transformándose luego, como sus adversarios bolche­viques, en un partido independiente.



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