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¿Diplomacia o política revolucionaria?[1]

Carta a un camarada checoslovaco

 

 

1º de julio de1929

 

 

 

Si su carta tratara principal o exclusivamente problemas específicos de Checoslovaquia, posiblemente me habría resultado difícil responder, ya que, desgra­ciadamente, estoy menos familiarizado con la situación checoslovaca que con la de otros países europeos. Pero su carta plantea una serie de problemas de importancia general para la Oposición comunista en su conjunto, que ya es una corriente ideológica internacional y se está convirtiendo en una fracción internacional.

¿Cuál es el origen de nuestras diferencias? Noté que con su declaración usted se distanció formalmente del “trotskismo”. Desde luego, si considera que las posi­ciones sustentadas por la Oposición son contrarias al leninismo o están equivocadas, nuestra separación es políticamente obligatoria y no necesita justificación.

Pero la situación, tal como yo la veo, no es esa. Us­ted considera que lo que se llama “trotskismo” es, en realidad, una aplicación de los métodos de Marx y Lenin al período contemporáneo. Según dice, si usted se distancia del trotskismo ello no se debe a consideraciones principistas sino tácticas. Para emplear sus propios términos: los militantes del partido están tan confundidos por el fantasma del “trotskismo” que se hace necesario que, por el momento, presentemos nuestras posiciones de manera encubierta, sin declarar abiertamente que son las posiciones de la Oposición de iz­quierda comunista.

No puedo estar de acuerdo con usted. Ese método contradice toda mi experiencia política. Más aun: con­tradice toda la historia del bolchevismo.

Se puede suponer, en efecto, que el aparato centris­ta combate encarnizadamente nuestro nombre, no nuestras ideas. Pero eso es subestimar el adversario. Ese enfoque ignora lisa y llanamente el contenido polí­tico del centrismo dominante, y reemplaza la política por una pedagogía barata dirigida a niños retardados.

Durante los últimos seis años, la política de la Inter­nacional Comunista viró a la derecha o a la izquierda del marxismo. No conozco una sola resolución impor­tante respecto de problemas de principios o cuestiones políticas del momento que sea correcta. Si no me equivoco, usted está de acuerdo con este juicio. En todos los casos, casi sin excepción, opusimos a la política de la Internacional Comunista una línea marxista. En cada ocasión, se la repudió poniéndole el rótulo del “trots­kismo”. Así viene sucediendo desde hace seis años. De manera que el “trotskismo” dejó de ser un rótulo indi­ferente, impregna la vida de la Internacional de los últi­mos seis años. No se puede criticar los errores actuales y proponer una solución acertada sin exponer las posi­ciones repudiadas oficialmente por “trotskistas”. Y si por razones pedagógicas, usted se distancia verbalmen­te del trotskismo, queda aun el problema político de su relación con una tendencia internacional específica: la Oposición de Izquierda. Corre el riesgo de caer víctima de las contradicciones de su posición. Una de dos: o aclara en cada caso cuál es su diferencia con la Oposición de izquierda y la combate fraccionalmente, o se verá obligado a sacarse la máscara y reconocer que sólo fingía ser “antitrotskista” para defender las ideas de la Oposición de izquierda comunista. No sé cuál de las dos variantes es la peor.

No, en política es ilícito jugar al escondite. Ya cité en varias ocasiones y por distintas razones las palabras de un escritor francés: “Si uno oculta su alma a los demás, al final ni uno mismo podrá encontrarla.” La ex­periencia me lleva a sugerir que usted no se guía únicamente por consideraciones pedagógicas las que, ya lo dije, no justifican los disfraces. En realidad, lo arrastra su poca disposición para oponerse a la opinión burocrá­ticamente obtusa del partido. En la mayoría de los ca­sos, esta escasa disposición es fruto de una comprensión insuficiente de la magnitud de las diferencias y de la grandeza de la causa que nuestra tendencia está destinada a cumplir.

Es posible que los zigzags del centrismo stalinista inspiren a algunos la idea de que la dirección oficial no es, después de todo, tan mala; que si se evita fastidiarla demasiado con una exposición demasiado tajante de tal o cual problema se podrá penetrar gradualmente en la conciencia de amplios círculos partidarios, crearse una “base” propia y por fin desplegar nuestras banderas.

Esta concepción es totalmente errónea y muy peli­grosa. Carecemos de una base central organizada. Sólo podremos crearla paso a paso, mediante nuestra influencia ideológica. Cuanto más enraizada esté la per­secución al marxismo y más sofocante sea el terror anti­trotskista, más necesitaremos desplegar una propaganda firme, intransigente y audaz. El militante acorralado y asustado, pero honesto, sólo se volcará a nuestro bando si comprende que se trata de una cuestión de vida o muerte para el partido proletario. Esto supone la obligación de plantear francamente todos los proble­mas sin temor al “aislamiento” y a un fortalecimiento inicial del terror del aparato. Toda reserva, toda impre­cisión, todo disimulo, favorecerán al centrismo, que se alimenta precisamente de reservas, imprecisiones y disimulos.

Radek empezó sosteniendo que nosotros, la Oposi­ción marxista, debíamos tratar de acercarnos a los cen­tristas para empujarlos hacia la izquierda. Con ese fin, comenzó a paliar las contradicciones y minimizar las di­ferencias. Al final se arrastró en cuatro patas hasta los centristas, con la soga al cuello, concediendo que ellos, no la Oposición, tenían razón. Una visión superficial p­odía llevarnos a la conclusión que nuestras diferencias con Radek sólo se referían a problemas tácticos inter­nos; pero desde el comienzo no fue así. La táctica a apli­car en el partido depende de la línea política fundamen­tal. En realidad, Radek nunca fue en la Oposición otra cosa que un centrista de izquierda. Esto no tiene nada de extraño. En el periodo 1923-1927 la dirección del Partido Comunista soviético y la de la Internacional Co­munista tuvo una línea de centro-derecha, interrumpida únicamente por el viraje zinovievista. En esa época los elementos de centro-izquierda gravitaban inevita­blemente hacia nosotros. Pero luego de la destrucción del bloque de centro-derecha y del viraje de los stalinis­tas hacia la izquierda, los centristas de la Oposición consideran que han alcanzado su “objetivo final”, e in­clusive comienzan a temer que la presión de la Oposi­ción de Izquierda empuje a Stalin aun más hacia la iz­quierda. Es por eso que Radek y los demás ya comien­zan a defender al centrismo oficial frente a la Oposi­ción, y mañana serán la quinta rueda en el lado dere­cho del carro del bloque dominante.

Nos acercamos a un problema que, me dicen, interesa profundamente a muchos camaradas de Checoslovaquia: el problema general de nuestra rela­ción con los centristas y la derecha. Dicen que en Praga hay un filósofo que se dedica especialmente a los problemas de estrategia y táctica marxista; si bien está alejado de la escena política, no se priva de la diversión de trastienda de dirigir reproches a la Oposición, la que, según él, es demasiado dura con los centristas y demasiado blanda con la derecha.

¿Es posible formular el problema de manera más pedante, inerte y risible? Si alguien hubiera dicho que, en el fragor de la lucha contra la derecha, es decir contra los centristas y la Oposición de Derecha, descui­damos la crítica a la ultraizquierda, lo habría compren­dido. Esa forma de plantear el problema, indepen­dientemente de si es correcta o no en un momento dado, tiene una base principista. En la lucha contra la derecha estamos en un frente común con la ultraiz­quierda, y por eso no nos debemos olvidar de que tene­mos que diferenciarnos ideológicamente de la misma.

Pero los centristas, igual que la derecha, están a nuestra derecha. Al combatir al centrismo, libramos un doble combate contra la derecha, porque el centrismo no es sino una forma modificada, disfrazada, más enga­ñosa del oportunismo.

Si nuestro único objetivo fuera la democracia parti­daria, podríamos integrar un bloque con la derecha para combatir al centrismo burocrático. Pero este peligro no nos acecha a nosotros sino precisamente a los que ocultan las diferencias, suavizan las contradic­ciones y elevan la voz en un cálido susurro para exigir tan sólo algunas “mejoras” en el régimen partidario.

Es cierto que la derecha checa no se opone a coque­tear con el “trotskismo”. Vea usted, ellos, partidarios de la “democracia en el partido”, se oponen al arresto y exilio de la Oposición rusa. Pero esta es una posición endeble, que no podrán seguir sustentando. La lucha de clases, sobre todo en una época revolucionaria, es inconcebible sin arrestos, exilios y represión en gene­ral. Pero en cada ocasión hay que hacerse cargo de quién practica los arrestos, a quién se arresta y por qué. La clave del problema está en la línea política. Los bolcheviques leninistas necesitamos democracia para la vanguardia proletaria, como arma en la lucha contra el oportunismo y para preparar la revolución.

De hecho, las derrotas del proletariado, en todos los países del mundo, culminaron en los últimos años con nuevos golpes contra la Oposición de Izquierda. La reacción burguesa y socialdemócrata presiona a la república soviética, debilita al Partido Comunista en todo el mundo y, por intermedio del aparato stalinista, golpea a los llamados “trotskistas”. La Oposición es uno de los nudos primarios de la situación política en su conjunto. En la lucha contra el “trotskismo” Stalin integra un frente único con la burguesía y la socialde­mocracia de todos los países. Las miserables calumnias de Iaroslavski se contradicen con el hecho vivo e incon­trovertible de la política mundial. No hay forma de soslayarlo. La Oposición es una pequeña minoría, pero representa una acumulación de la experiencia revolucionaria del proletariado y un fermento para un futuro revolucionario.

Una mayoría revolucionaria sólo será ganada por la tendencia que, en los momentos más difíciles, es capaz de permanecer fiel a sí misma. El ala reformista-paci­fista europea actual (el crecimiento de la socialdemo­cracia, el laborismo inglés) será destruida, por más ayuda que le brinde el comunismo oficial a la socialde­mocracia con su política. La demanda de cuadros con educación ideológica y temple revolucionario, crecerá constantemente. Las masas no necesitan a los que flaquean, vacilan y se disfrazan, supuestamente en nombre suyo; los rechazarán apenas se vean frente a los problemas fundamentales de la revolución.

Los plumíferos de salón quieren acusarnos de atacar en exceso a los centristas y ser blandos con la derecha. Actitud bufonesca, ¿no es cierto? Justamente atacamos al centrismo porque toda su política de zigzags sin principios alimenta y fortalece a las tendencias dere­chistas, no sólo en el seno y en la periferia del partido sino también en el conjunto de la clase obrera.

¿Qué importancia tiene que Stalin elimine burocrá­ticamente a Tomski y Bujarin si reprime cada vez más a los sindicatos, si Pravda se convierte en un órgano al servicio de la ignorancia y la calumnia, si decae la autoridad del partido entre las masas, si aumenta la confianza de los elementos burgueses?

¿Qué importancia tiene la eliminación de dere­chistas y conciliadores por parte de Thaelmann si toda la política del Partido Comunista alimenta a la socialdemocracia, minando en la conciencia de los obreros su admiración y confianza a la bandera comunista?

Los Rikovs, Bujarins y Tomskis no poseen una importancia independiente, y tampoco los Brandlers, Thalheimers, Eshchers, Kovandas, Ilekins, Neuraths[2] y demás.[3] El fortalecimiento en el comunismo de la fracción derechista es sólo el reflejo de un proceso mas profundo, de desplazamiento de fuerzas en favor de la reacción capitalista. Este proceso se expresa en muchos fenómenos, como el incremento de elementos y acti­tudes termidorianas en la república soviética, el creci­miento de los partidos de la Segunda Internacional, la disminución de la influencia del comunismo y el aplas­tamiento del ala revolucionaria, vale decir, de la Oposición comunista. Por supuesto, ni el Comité Central del Partido Comunista Soviético ni el presidium de la Internacional Comunista determinan el rumbo de la historia mundial. Existen otros factores. Pero en la medida en que las causas de las terribles derrotas sufridas en casi todos los países del mundo obedecen sin excepción a los errores de la dirección, la culpa recae sobre el centrismo. ¡Este es el principal enemigo dentro del Partido! La derecha fue expulsada, pero esta expulsión de los conciliadores carece de importancia. La conducción del partido está en manos de los stalinistas, es decir de los centristas. Mientras tanto, prosiguen su obra destruyendo al Partido, volviéndolo indigno de toda confianza, socavando su futuro. Por eso nuestro ataque fundamental va dirigido contra el centrismo que es el Principal enemigo dentro del Partido, porque es el que obstaculiza precisamente la solución de los problemas fundamentales de la revolución. En la URSS, la política vacilante del centrismo impide el desarrollo económico, enfurece al campesinado y debilita al Proletariado. En Alemania, el centrismo es el secuaz más fiel de la Socialdemocracia. Así, la lucha contra los centristas obedece a las necesidades de nuestro objetivo fundamental en la clase obrera: derrocar a las organizaciones oportunistas y reunir a la inmensa mayoría de los obreros en torno a la bandera comunista.

Precisamente los centristas, para desviar la aten­ción del Partido de los problemas básicos, de sus errores y omisiones fundamentales, reducen, de pala­bra, la vida partidaria a la lucha contra el enemigo “derechista”, contra los grupos de la derecha dentro del Partido.   Y los centristas de izquierda de la Oposi­ción o cercanos a la Oposición quieren nadar a favor de la corriente y apresurarse a vestir un camuflaje protec­tor. En efecto, nada más sencillo que, en lugar de asumir la tarea de cambiar el programa, la estrategia, la táctica y la organización de la Internacional Comu­nista, ocuparse de la “lucha contra la derecha”, que es fácil, formal, estimulada y aun pagada, aunque la con­ducción de esta lucha esté en manos de oportunistas redomados como Lozovski, Petrovski, Martinov, Kuusinen, Kolarov[4] y el resto de la banda. No, nosotros planteamos el problema de otra manera. El principal enemigo en el país es la burguesía imperialista. El prin­cipal enemigo en la clase obrera es la socialdemocracia. ¡ Y el principal enemigo en el partido es el centrismo!

Usted dice que, utilizando métodos indirectos, “cuidadosos”, el Partido Comunista de Checoslovaquia se convirtió en un partido de masas. Creo que se equivoca. La esencia del asunto está en la gran insu­rrección revolucionaria de los obreros checos, provo­cada por la situación de posguerra y la desilusión con la república nacional independiente. Pero aun si reco­nocemos que la diplomacia de la dirección permitió atraer al partido a masas que de otra manera no se hu­bieran acercado, tenemos que preguntarnos si se trata de una ganancia o de una pérdida. Se dice que este año abandonaron el partido cerca de treinta mil obreros. Lo que se gana fácilmente, se pierde con la misma facili­dad. No se construye una vanguardia revolucionaria con malentendidos y verdades a medias.

Tenemos un ejemplo de esto, clásico a su manera, en Inglaterra. El eje de toda la política del centrismo stalinista era no permitir que los comunistas apare­cieran en contraposición a los reformistas para, de esta manera, crear una “base organizativa” en los sindi­catos y sólo a partir de allí desplegar la bandera revolu­cionaria. Ya conoce el resultado. Cuando llegó la hora del recuento, el Partido Comunista no pudo reunir más que cincuenta mil miserables sufragios.

El propio Lenin fue acusado de olvidarse de la dere­cha y de ayudarla al combatir a los centristas de izquierda. Yo mismo lo hice más de una vez. Este, y no la revolución permanente, fue el error fundamental del “trotskismo histórico”. Para llegar en serio al bolche­vismo, no con un pasaporte stalinista, es necesario comprender plenamente el significado y la importancia de la actitud intransigente de Lenin hacia el centrismo; sin ello no se puede llegar a la revolución proletaria.

En consecuencia, adviértale al filósofo de Praga que salga a escena y formule sus prejuicios centristas contra la línea bolchevique de la Oposición, o se calle la boca y no confunda a los camaradas jóvenes con sus lamentaciones pedantes.

¿Creceremos rápida o lentamente? No lo sé. No depende únicamente de nosotros. Pero creceremos inexorablemente... con una política correcta. Yo diría que las tareas prácticas de nuestros compañeros checos son aproximadamente las siguientes:

1. Publicar inmediatamente en idioma checo los documentos más importantes de la Oposición de Izquierda del último período.

2.Empeñar todos sus esfuerzos en la creaci6n de un periódico regular.

3. Comenzar a elaborar el programa nacional de la sección checa de los bolcheviques leninistas (Oposi­ción).

4.Darle una buena organización a la fracción checoslovaca de los bolcheviques leninistas.

5. Participar activamente en la creación de un órga­no internacional de la Oposición, para lograr la unidad ideológica a escala internacional.

6.Aprovechar todas las oportunidades - reuniones del PC, reuniones de la Oposición de Derecha, mitines obreros - para aparecer sin disfraces, y exponer clara e inequívocamente sus posiciones.

7. Realizar incansablemente el trabajo educativo, aunque sólo sea en pequeños círculos o con individuos aislados.

8. En toda acción de masas, los militantes de la Oposición deben participar en primera fila, para demostrar en los hechos su abnegada devoción a la revolución proletaria.



[1] ¿Diplomacia o política revolucionaria? Biulleten Opozitsi, Nº 1-2, julio de 1929. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Iain Fraser.

[2] Neurath trató una elevarse a la política revolucionaria, pero, como la mayoría de los partidarios de Zinoviev, no aguantó la presión, capituló primero ante el aparato y actualmente gira hacia la derecha. Es con esta expe­riencia viva que debemos aprender a evaluar y sopesar las ideas, los grupos y los individuos. [Nota de León Trotsky.]

[3] Alois Neurath (n.1886): dirigente del PC checoslovaco y miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista antes de ser expulsado por “trotskista”. En realidad tenía más afinidad con los brandleristas. En 1932 criticó a Brandler por sus apologías al rol de la burocracia soviética dentro de la URSS y su crítica deshonesta a las propuestas de Trotsky sobre cómo combatir a los nazis en Alemania.

[4] Solomon Lozovski (1878-1952): funcionario stalinista a cargo de la Internacional Sindical Roja. Fue arrestado y fusilado por orden de Stalin durante una campaña antisemita. D. Petrovski:  menchevique bundista que volvió a Rusia desde Estados Unidos en 1917, se hizo bolchevique y fue luego representante de la Comintern ante el PC británico, donde trabajó con el seudónimo Bennet. Volvió a la Unión Soviética en 1929 y desapareció en las purgas. Otto Kuusinen (1891-1964): socialdemócrata finés que huyó a la Unión Soviética después del fracaso de la revolución finlandesa de abril de 1918. Se hizo stalinista y fue secretario de la Comintern desde 1922 hasta 1931. V. Kolarov (1877-1950): exiliado búlgaro, miembro del comité Ejecutivo de la Internacional (1922-1943) y presidente de la Krestintern (1928-1939). Alto dirigente del gobierno búlgaro después de la Segunda Guerra Mundial, participó en la organización de lo que fue en Sofía el equivalente de los Juicios de Moscú.



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