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Carta abierta a los obreros de la URSS[1]

 

 

29 de marzo de 1929

 

 

 

Estimados camaradas:

 

Les escribo para decirles nuevamente que Stalin, Iaroslavski[2] y los demás los están engañando. Dicen que utilizo la prensa burguesa para librar una lucha contra la república soviética, para cuya creación y defensa trabajé hombro a hombro con Lenin. Les engañan. Utilicé la prensa burguesa para defender a la república soviética de las mentiras, ardides y perfidia de Stalin y Cía.

Les piden que repudien mis artículos. ¿Ustedes los han leído? No, no los han leído. Les han dado una tra­ducción tergiversada de fragmentos aislados. Mis artículos aparecieron en lengua rusa en un folleto es­pecial, tal como yo los escribí. Exijan que Stalin los publique sin mutilaciones ni distorsiones. No se atreve. Teme a la verdad más que a ninguna otra cosa. Aquí quiero resumir el contenido de mis artículos.

1. En la resolución de la GPU sobre mi deporta­ción se dice que estoy “preparando la lucha armada contra la república soviética”. En Pravda (Nº 41, 19 de febrero de 1929) no aparece la parte sobre la lucha armada. ¿Por qué? ¿Por qué Stalin no se atrevió a repetir en Pravda lo que se dice en la resolución de la GPU? Porque sabía que nadie le creería. Después de la historia del oficial de Wrangel, después de desenmas­carar al agente provocador que Stalin envió para propo­nerles a los oposicionistas un complot militar, nadie creerá que los bolcheviques leninistas, que buscan con­vencer al partido de la corrección de sus posiciones, preparan la lucha armada. Por eso Stalin no osó repro­ducir en Pravda la resolución de la GPU del 18 de enero.

Pero si es así, ¿por qué la resolución de la GPU con­tiene esa mentira flagrante? Porque no está dirigida a la URSS sino a Europa y al resto del mundo. A través de la agencia noticiosa TASS, Stalin colaboró diaria y sistemáticamente con la prensa burguesa del mundo entero en la difusión de sus calumnias contra los bolcheviques leninistas. La única forma en que Stalin puede justificar esta deportación y los innumerables arrestos es acusando a la Oposición de preparar la lu­cha armada. Con esta mentira monstruosa le hizo un tremendo daño a la república soviética. Toda la prensa burguesa discutió el hecho de que Trotsky, Rakovski, Smilga, Radek, I.N. Smirnov, Beloborodov, Muralov, Mrajkovski y muchos otros que construyeron la repúbli­ca soviética y la defendieron, preparen ahora una lucha armada contra el poder soviético. Es obvio que seme­jante idea debilita a la república soviética ante los ojos del mundo. Stalin se ve obligado a fabricar estas mons­truosas leyendas que tanto daño le hacen al poder soviético para justificar sus represiones. Por eso consideré necesario utilizar la prensa burguesa para decir ante el mundo entero: no es cierto que la Oposición tiene la intención de lanzar la lucha armada contra el poder soviético. La Oposición libró y librará una lucha impla­cable a favor del poder soviético, contra todos sus enemigos. Esta declaración mía fue reproducida en los diarios y circuló en decenas de millones de ejemplares en todos los idiomas del mundo. Servirá para fortale­cer a la república soviética. Stalin quiere fortalecer su posición a expensas de la república soviética. Yo quie­ro fortalecer a la república soviética. desenmascarando las mentiras de los stalinistas.

2. Durante mucho tiempo Stalin y su prensa vienen propagando por todo el mundo que yo sostengo que la república soviética se ha convertido en un estado burgués, que el poder proletario esta destruido, etcétera. En Rusia, muchos obreros saben que se trata de una vil calumnia, basada en citas fraudulentas. Desenmascaré estos inventos en decenas de ocasiones, en cartas que circulan de mano en mano. Pero la prensa burguesa de afuera las cree, o finge creerlas. Todas estas citas fraguadas por los stalinistas aparecen en las columnas de los diarios del mundo como prueba de que Trotsky considera inevitable la caída del poder soviético. Gra­cias al enorme interés que muestra la opinión pública internacional, y sobre todo las amplias masas popula­res, sobre lo que se está construyendo en la república soviética, la prensa burguesa, con el acicate de sus in­tereses comerciales, del deseo de ampliar su circula­ción, de las exigencias de sus lectores, se vio obligada a publicar mis artículos. En ellos le dije al mundo entero que el poder soviético, a pesar de las políticas erróneas de la dirección stalinista, tiene profundas raíces en las masas, es muy poderoso y sobrevivirá a sus enemigos.

Ustedes no deben olvidar que la abrumadora mayo­ría de los obreros de Europa, y sobre todo de América, sigue leyendo la prensa burguesa. Impuse la condi­ción de que mis artículos se publicaran sin la menor alteración. Es cierto que unos pocos diarios, en algunos países, violaron esta condición, pero la mayoría la res­peto. En todos los casos los diarios se vieron forzados a publicar que, a pesar de las mentiras y calumnias de los stalinistas, Trotsky está profundamente convencido de la gran fuerza interna del régimen soviético y cree firmemente que los obreros lograrán, con medidas pa­cificas, cambiar la actual política errónea del Comité Central.

En la primavera de 1917, Lenin, encarcelado en Suiza, utilizó un “tren prescintado” de los Hohenzo­llern para llegar junto a los obreros rusos.[3] La prensa chovinista lo atacó hasta el punto de tacharlo de agen­te alemán y llamarlo Herr Lenin. Encarcelado por los termidorianos en Constantinopla, utilicé la prensa burguesa como tren prescintado para decirle la verdad al mundo entero. Los ataques de los stalinistas contra “Mister Trotsky”, tan estúpidos en su intemperancia, no son sino una repetición de los ataques burgueses y socialdemócratas contra “Herr Lenin”. Igual que Le­nin, siento un sereno desprecio por la opinión pública de los filisteos y burócratas cuyo espíritu encarna Stalin.

3. En mis artículos, distorsionados y tergiversados por Iaroslavski, expliqué cómo, por qué y en qué cir­cunstancias fui deportado de la URSS. Los stalinistas difunden en la prensa europea el rumor de que se acce­dió a mi pedido de abandonar Rusia. Desenmascaré esta mentira. Expliqué cómo se me obligó por la fuerza a cruzar la frontera, después de un acuerdo previo de Stalin con la policía turca. Y lo que guió mis actos no fue sólo el interés personal de defenderme de las calum­nias, sino también y en primer término los intereses de la república soviética. Si los oposicionistas realmente quisieran cruzar las fronteras de la Unión Soviética, el mundo entero lo interpretaría como un signo de que, para ellos, la situación del gobierno soviético es deses­perada. Lejos de nosotros pensar tal cosa. La política del stalinismo asestó un duro golpe, no sólo a la revolu­ción china, al movimiento obrero británico y a toda la Comintern, sino también a la estabilidad interna del régimen soviético. Eso es indiscutible. Sin embargo, situación no es desesperada. La Oposición no tiene la menor intención de huir de la Rusia soviética. Me negué categóricamente a cruzar la frontera, y propuse en cambio que se me encarcelara. Los stalinistas no se atrevieron a recurrir a esa medida; temían que los obreros exigieran mi libertad con insistencia. Prefirieron hacer un acuerdo con la policía turca, y me llevaron por la fuerza a Constantinopla. Así lo expliqué al mundo entero. Todo obrero consciente comprenderá que si Stalin, por intermedio de TASS, alimenta diariamente a la prensa burguesa con calumnias contra la Oposición, yo tengo la obligación de utilizar el mismo medio para refutar dichas calumnias.

4. A través de decenas de millones de diarios le dije al mundo que quienes me exiliaron no fueron los obre­ros rusos, ni los campesinos rusos, ni los guardias rojos soviéticos ni aquellos con los que conquistamos el poder y combatimos hombro a hombro en todos los frentes de la Guerra Civil. Me exiliaron los burócratas, las per­sonas que concentraron el poder en sus manos y se con­virtieron en una casta burocrática cimentada por la solidaridad de los privilegios. Para defender la Revolu­ción de Octubre, la república soviética y el buen nom­bre revolucionario de los bolcheviques leninistas, dije al mundo la verdad sobre Stalin y los stalinistas. Les volví a recordar que Lenin, en su testamento tan cuida­dosamente elaborado, calificó a Stalin de desleal. Esa palabra tiene el mismo significado en todos los idiomas del mundo. Califica a un hombre indigno de confianza o deshonesto, un hombre que actúa con mala fe, un hombre en quien no se puede depositar confianza. Así caracterizó Lenin a Stalin, y hoy comprobamos nuevamente la justeza de su advertencia. Para un revo­lucionario no hay peor crimen que engañar a su partido, envenenar con mentiras la mente de la clase obrera. Y esa es, en la actualidad, la ocupación principal de Stalin. Engaña a la Comintern y a la clase obrera in­ternacional al atribuirle a la Oposición intenciones y actividades contrarrevolucionarias para con el poder soviético. Fue precisamente debido a su inclinación por ese tipo de actividades que Lenin calificó a Stalin de desleal. Fue exactamente por esa razón que Lenin le propuso al partido que removiera a Stalin de su puesto. Hoy, después de todo lo que ha pasado, es más necesa­rio aun explicarle al mundo en qué consiste la desleal­tad de Stalin, es decir, su perfidia y deshonestidad hacia la Oposición.

5. Los calumniadores (Iaroslavski y los demás agen­tes de Stalin) hablan mucho sobre el asunto de los dó­lares norteamericanos. Si no fuera por eso, no valdría la pena ponerse a discutir tales patrañas. Pero los dia­rios burgueses más perversos se complacen en difun­dir la vileza de Iaroslavski. Por eso, para que no quede nada sin aclarar, les diré qué ocurre con los dólares.

Entregué mis artículos a una agencia noticiosa nor­teamericana de París. Lenin y yo, en decenas de ocasio­nes, concedimos entrevistas o enviamos artículos a dichas agencias, exponiendo nuestros puntos de vista sobre tal o cual cuestión. Mi expulsión y las misteriosas circunstancias que la rodearon suscitaron enorme in­terés en todo el mundo. La agencia vio la oportunidad de sacarle partido. Me ofreció la mitad de la ganancia. Respondí que no aceptaría un centavo para mí, pero que, cuando yo se lo indicara, la agencia debía entregar la mitad del dinero redituado por mis artículos, dinero con el que iniciaré la publicación en ruso y en otros idiomas, de una serie de escritos de Lenin (discursos, artículos, cartas) que la censura stalinista suprimió en la Unión Soviética. También utilizaré ese dinero para publicar importantes documentos partidarios (informes de conferencias, congresos, cartas, artículos, etcétera), que se le ocultan al partido porque demuestran con toda claridad la bancarrota teórica y política de Stalin Esta es la literatura “contrarrevolucionaria” (al decir de Stalin y Iaroslavski) que pienso publicar. En el mo­mento adecuado haremos una pública rendición de cuentas del dinero invertido. Todos los obreros dirán que es un millón de veces mejor publicar los escritos de Lenin con dinero proveniente de algunas contribuciones accidentales la burguesía que propagar calumnias contra los bolcheviques leninistas con dinero tomado a los obreros y campesinos rusos.

No olviden, camaradas: el testamento de Lenin es hoy, como ayer, un documento contrarrevolucionario en Rusia, donde se condena a la cárcel y al exilio a quien lo difunde. Y no es casual. Stalin está combatiendo el leninismo a escala mundial. Casi no queda un solo país donde el partido Comunista esté encabezado por los revolucionarios que dirigieron el partido en la época de Lenin. Casi todos han sido expulsados de la Internacio­nal Comunista. Lenin dirigió los cuatro primeros con­gresos de la Comintern. El y yo redactamos juntos sus documentos fundamentales. En el Cuarto Congreso, en 1922, nos distribuimos el informe principal sobre la Nueva Política Económica y las perspectivas de la revolución internacional. Después de la muerte de Lenin, la mayoría de los que participaron en los cuatro primeros congresos fueron expulsados de la Comintern. En todo el mundo, los partidos comunistas están conducidos por gente nueva inexperta, que hasta ayer militaba en el campo de nuestros adversarios y enemigos. Para impo­ner una política antileninista fue necesario, en primer término, derrocar a la dirección leninista. Stalin lo hizo con el apoyo de la burocracia, de los nuevos círculos pequeñoburgueses, del aparato estatal, de la GPU y de los recursos financieros del estado. Y esta obra no la realizó sólo en la URSS sino también en Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Estados Unidos, los países es­candinavos, en fin, en casi todos los palies del mundo.

Sólo un ciego podría llamarse a engaño ante el he­cho de que los colegas y camaradas de armas más cer­canos a Lenin en el Partido Comunista soviético y en toda la Comintern, los dirigentes de los partidos comu­nistas de los primeros años difíciles, los que participa­ron y dirigieron los cuatro primeros congresos, han sido relevados de sus puestos, calumniados y expulsados. Los stalinistas se vieron forzados a librar esta lucha febril contra la dirección leninista para poder imponer una política antileninista.

Mientras perseguían a los bolcheviques leninistas, tranquilizaban al partido diciéndole que entonces se volvería monolítico. Ustedes saben que el partido está más dividido que nunca, y todavía no se llegó al final. El camino stalinista no conduce a la salvación. Ustedes pueden adoptar una política ustrialovista[4] - es decir, una política consecuentemente termidoriana - o una política leninista. La posición centrista de Stalin conduce inexorablemente a la acumulación de tremendas dificultades económicas y políticas internas y a se­guir diezmando y destruyendo al partido.

No es demasiado tarde para cambiar de rumbo. Hay que provocar un vuelco brusco en la política y en el régimen partidario, como lo plantea el programa de la Oposición.[5] Es necesario detener la vergonzosa per­secución a los mejores leninistas revolucionarios del Partido Comunista de la Unión Soviética y de todo el mundo. Es necesario restaurar la dirección leninista, repudiar Y desterrar los métodos desleales, deshones­tos e indignos de confianza que utiliza el aparato stalinista. La Oposición está dispuesta a empeñar todas sus fuerzas para ayudarle al núcleo proletario del parti­do a realizar esta tarea vital. La persecución rabiosa, las calumnias deshonestas y la represión del gobierno no podrán disminuir nuestra lealtad para con la Revo­lución de Octubre y el partido Internacional de Lenin. Seguiremos fieles a ambos hasta el fin, en la cárcel stalinista y en el exilio.

 

Con saludos bolcheviques, León Trotsky



[1] Carta abierta a los obreros de la URSS. The Militant, 1º y 15 de mayo de 1929. Cuando los artículos de Trotsky sobre su exilio aparecieron en los periódicos de todo el mundo, la prensa soviética lanzó una campaña denunciando que eso demostraba que ’Trotsky “se había vendido a la burguesía mundial y conspiraba contra la Unión Soviética”. Esta carta abierta de respuesta fue introducida clandestinamente en la URSS por distintas vías.

[2] Emelian Iaroslavski (1878-1943): encumbrado stalinista, especialista en la “extirpación del trotskismo”. Sin embargo, eso no le impidió caer en des­gracia en 1931-1932, cuando no pudo adaptarse al ritmo que le exigió Stalin en la tarea de reescribir la historia soviética.

[3] En marzo de 1917, Lenin y otros veintinueve emigrados rusos volvieron en el tren prescintado  a Rusia, desde Suiza, pasando por Alemania. Entonces Alemania estaba en guerra con Rusia, pero esa manera de retornar era la más conveniente para los emigrados. Posteriormente se tomó ese acuerdo como pretexto para acusar a los bolcheviques de ser espías y agentes alemanes que hicieron la revolución en Rusia para ayudar a Alemania. Los Hohenzollern fueron la dinastía que gobernó Alemania desde 1871 hasta la Revolución de Noviembre de 1918, que derroco a la monarquía y tras de la cual abdicó el Káiser Guillermo.

[4] La política ustrialovista (por N. Ustrialov, profesor y economista ruso enemigo de la Revolución de Octubre que posteriormente trabajo para el régimen stalinista en el Ferrocarril Oriental Chino) se basaba en la suposición de que el régimen de Stalin se vería inevitablemente obligado a restaurar el capitalismo. Ustrialov apoyó las medidas de Stalin contra Trotsky como un paso en esa dirección.

[5] El programa de la Oposición de 1927 (Oposición Unificada) se publicó en The Real Situation in Russia [La verdadera situación en Rusia], 1928, y se reproducirá en The Challenge of the Left Opposition.



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