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Seis años de los Brandleristas[1]

 

 

25 de abril de 1929

 

 

 

Estimado camarada Souvarine:

 

Recibí su carta del 16 de abril, la cual me causó cier­ta sorpresa. Me escribe que esperaba que yo actuara de otra manera con los grupos de oposición en el extranje­ro. Opina que no tendría que haber dado a conocer mis posiciones inmediatamente, sino haber observado, estudiado e intentado reunir a los grupos e individuos capaces de pensar y actuar como marxistas. Me reprocha el no haberme tomado el tiempo necesario para “estudiar, reflexionar y discutir”. Y me advierte que me arrepentiré de haberme apresurado.

Creo que su critica, planteada en un tono bastante fraternal, revela lo erróneo de toda su orientación ac­tual. Usted no puede desconocer que hasta el momento no me he pronunciado acerca de uno solo de los proble­mas polémicos que dividen a los grupos de oposición de Francia, Alemania, Austria y otros países. En los últi­mos años estuve demasiado alejado de la vida interna de los partidos europeos y, efectivamente, necesitaba tiempo para conocer más detalladamente la situación política general y los grupos de oposición. Si me pronuncié sobre éstos, fue precisamente en relación con los tres problemas fundamentales de nuestra época, a saber: la política interna de la URSS, la línea fundamental de la revolución china y la cuestión del Comité Anglo - Ruso. ¿No resulta un tanto extraño que precisa­mente respecto de estos problemas usted me aconseje que no me apresure, que me tome el tiempo necesario para informarme y reflexionar? Mientras tanto, usted de ninguna manera renuncia a su derecho a pronunciarse públicamente sobre estas tres cuestiones, en una lí­nea directamente opuesta a la de las resoluciones que constituyen los cimientos mismos de la Oposición de Iz­quierda leninista.

Anuncié en la prensa que estaba perfectamente dis­puesto a corregir o cambiar mi evaluación del grupo de Brandler o del suyo si llegaban a mi conocimiento nue­vos hechos o documentos. Posteriormente, el grupo de Brandler tuvo la amabilidad de enviarme núme­ros atrasados de sus publicaciones. En Arbeiter Po­litik (Política Obrera) del 16 de marzo leí el informe de Thalheimer sobre la discusión rusa. En realidad, no tuve necesidad de tomarme tiempo para “estudiar” y “reflexionar” para afirmar que el grupo Brandler­ - Thalheimer está del otro lado de la barricada. Recor­demos los hechos:

1. En 1923 este grupo fue incapaz de comprender y de utilizar una situación revolucionaria excepcional.

2. En 1924 Brandler opinaba que la situación revo­lucionaria, que ya había pasado, estaba todavía por estallar.

3. En 1925 resolvió que en realidad no hubo ningu­na situación revolucionaría, y que todo se debió a una “sobreestimación” de Trotsky.

4. En 1925-1926 consideró correcta la orientación hacia el kulak, que apoyaban Stalin - Bujarin en ese mo­mento.

5. En 1923-1925 Thalheimer, en su calidad de inte­grante de la comisión programática, apoyó a Bujarin en mi contra en la cuestión del carácter del programa (un mero esquema del capitalismo nacional en lugar de una generalización teórica de la economía mundial y de la política mundial).

6. Que yo sepa, Brandler y Thalheimer no se pronunciaron jamás y en ningún lugar contra la teoría del socialismo en un solo país.

7. Brandler y Thalheimer trataron de infiltrarse en la dirección del partido utilizando un camuflaje stalinista (como lo hizo Foster en Estados Unidos).[2]

8. En lo concerniente a la revolución china, Brand­ler y Thalheimer se arrastraron a la zaga de la dirección oficial.

9. Lo mismo respecto del Comité Anglo - Ruso.

De manera que me baso en una experiencia de seis años. No puede dejar de reconocer que no me apresuré a repudiar a Brandler. Después del derrumbe estrepito­so de la revolución alemana de 1923 asumí condicionalmente la defensa de Brandler, considerando injusto que se hiciera de él un chivo emisario cuando la responsable de la catástrofe alemana había sido la dirección Stalin - Zinoviev de la Comintern. Hice una evaluación política negativa de Brandler sólo después de convencerme de que carece de deseos y de capacidad para extraer las lecciones que surgen de los acontecimientos más colo­sales. Su evaluación retrospectiva de la situación ale­mana de 1923 es análoga a la critica que hicieron los mencheviques de la revolución de 1905 durante los años de reacción. Tuve tiempo de sobra para “reflexionar” sobre todo esto.

El informe de Thalheimer sobre la situación rusa se resume en una frase: “El programa de Trotsky llama a acosar aun más al campesino a nivel económico.” Todo el resto del informe no es más que un conjunto de varia­ciones sobre este tema. ¿Puede haber una actitud más vergonzosa para un marxista? Para mí, el punto de par­tida está en la negación de la concepción del campesinado en su conjunto. Lo que se discute es la lucha de clases en el seno del campesinado. La Oposición levan­tó la consigna de que se exima de pagar impuestos al cuarenta o al cincuenta por ciento del campesinado. La Oposición viene señalando desde 1923 que un retraso en la industria significaría una brecha en los precios y, por consiguiente, la explotación más intensa y feroz de los estratos campesinos más bajos por parte de los kulakis, los intermediarios y los comerciantes.

El campesinado medio es un protoplasma social. Se desarrolla inexorable e ininterrumpidamente en dos di­recciones: hacia el capitalismo a través de los kulakis y hacia el socialismo a través de los semiproletarios y los trabajadores agrícolas. Los que ignoran este proceso fundamental, los que hablan del campesinado en gene­ral y no ven que el “campesinado” tiene dos caras hos­tiles, están irremisiblemente perdidos. El problema del termidor y el bonapartismo es, en el fondo, el problema del kulak. Quienes evitan enfrentar este problema, minimizan su importancia y desvían la atención hacía las cuestiones del régimen partidario - el burocratismo, los métodos polémicos injustos y otras manifestaciones y expresiones superficiales de la presión de los elementos kulakis sobre la dictadura del proletariado - se asemejan al médico que trata los síntomas pero ignora las perturbaciones funcionales y orgánicas.

Al mismo tiempo, Thalheimer repite como un loro amaestrado que nuestra consigna por el sufragio secreto en el partido es “menchevismo”. No puede ignorar que los militantes obreros del PCUS temen hablar en voz alta y votar según sus convicciones. Temen al aparato, correa de transmisión de la presión del kulak, del funcionario, del spetz, del pequeño burgués y de la burguesía extranjera. Es cierto que también el kulak quiere el voto secreto en los soviets, porque también a él lo molesta el aparato, que de un modo u otro recibe la presión de los trabajadores desde el otro flanco. Aquí están los elementos de poder dual,[3] encubiertos por la burocracia centrista que maniobra entre las clases y que, justamente por ello, socava aun más la posición del proletariado. Los mencheviques quieren que en los soviets haya voto secreto para el kulak y el pequeño burgués en contra de los obreros, en contra de los co­munistas. Yo quiero el voto secreto para los obreros bolcheviques del partido, en contra de los burócratas, en contra de los termidorianos. Pero, puesto que Thalheimer pertenece a la especie que no distingue las clases, identifica la consigna de la Oposición leninista con la consigna menchevique. Con esas patrañas busca ocultar su posición puramente burguesa sobre el problema campesino.

Naturalmente, no solamente los bolcheviques leni­nistas intentarán utilizar el voto secreto: también lo harán sus adversarios infiltrados en el partido. En otras palabras, en el Partido Comunista, la lucha de clases, actualmente comprimida por el aparato bonapartista, saldrá a la luz. Eso es justamente lo que necesitamos. El partido se verá tal como es. Esta será la señal para la auténtica autolimpieza del partido, en contraste con las fraudulentas purgas burocráticas que el aparato nueva­mente está preparando en aras de su autopreservación.

Sólo después de limpiar al partido de la manera in­dicada, se podrá introducir el sufragio secreto en los sindicatos proletarios. Sólo así se determinará la in­fluencia real en los sindicatos de los mencheviques, los socialrevolucionarios y las Centurias Negras,[4] fuerzas que la burocracia redujo al anonimato hace ya muchos años. Es imposible mantener una auténtica dictadura del proletariado sin penetrar profundamente en el conjunto de la clase. Hoy los males se internalizaron tanto que es imposible hacerlos aflorar sin apelar a medidas de emergencia. Una de ellas - no la única, desde luego - es la reivindicación del voto secreto en el partido y más adelante en los sindicatos.

En cuanto a los soviets, lo resolveremos después de hacer la experiencia con el partido y las organizaciones sindicales proletarias.

En todo lo que se refiere a los problemas fundamen­tales de la revolución mundial y la lucha de clases, Brandler y Thalheimer se asociaron a Stalin y Bujarin, que también recibieron el apoyo de la socialdemocracia precisamente en estas cuestiones (China, los sindicatos británicos, el campesinado). Pero, para Thalheimer, la reivindicación de sufragio secreto para la vanguardia proletaria, contra el aparato que utiliza métodos terro­ristas para introducir el menchevismo, es... menchevi­que. ¿Se puede concebir bancarrota ideológica más lamentable?

No dudo de que en el grupo de Brandler y en su periferia hay muchos obreros que rompieron con el partido, indignados por la pésima administración de Thaelmann y Compañía, y que tropezaron con la puerta equivocada. La Oposición leninista debe ayudar a estos obreros a orientarse en esta situación. Pero esto sólo se logrará combatiendo irreconciliable e implacablemente la línea política de Brandler y Thalheimer y de todos los grupos que se solidarizan con ella o la apoyan.

La línea stalinista de la Comintern todavía no ha dicho su última palabra. Recién entramos en la etapa de crisis, rupturas, realineamientos y paroxismos. Nos es­pera un trabajo de muchos años. No todos estarán a la altura del mismo. Usted habla de las vacilaciones de Radek, Smilga, Preobrashenski. Estoy muy familiari­zado con eso. No es el primer día, ni el primer mes, ni siquiera el primer año que vacilan. Hay que señalar que estos camaradas vacilaron o tuvieron posiciones inco­rrectas sobre los problemas fundamentales de la revo­lución mundial. Radek siguió una línea errónea respec­to a China y al Comité Anglo - Ruso, y hasta 1927 dudó de que se pudiera seguir una política económica distin­ta de la de Stalin y Bujarin. Preobrashenski tuvo una posición absolutamente errónea sobre China y el pro­grama de la Comintern (conciliación hacia el socialismo nacionalizante). Smilga, junto con Radek, se opuso al retiro del Partido Comunista del Kuomintang y se pro­nunció contra la consigna de dictadura del proletariado durante la revolución china y luego, en la época de con­trarrevolución, se opuso a la consigna de Asamblea Constituyente. Las vacilaciones partidario - organizati­vas de los camaradas mencionados derivan de su falta de claridad y de la ambigüedad de su posición teórica y política general. Así fue y así será siempre.

Lenin nos enseñó a no asustarnos ante el hecho de que camaradas muy influyentes y queridos se retiraran, rompieran o desertaran. En última instancia, el hecho determinante es la línea política justa. Hoy el principal deber de todo revolucionario proletario es seguir sosteniendo la línea correcta en esta etapa de reflujo polí­tico, ante la ofensiva de la burguesía, la socialdemocra­cia y el bloque de centro-derecha de la Comintern (dis­tintos fenómenos que obedecen a una misma causa). Una evaluación correcta de la etapa y de las fuerzas vivas, un pronóstico certero del futuro, obligará a todos los elementos auténticamente revolucionarios de la clase obrera a reagruparse y unificarse bajo la bandera bolchevique. Así veo yo la situación.

Me gustaría mucho que usted pudiera solidarizarse con las posiciones antes mencionadas, puesto que ello nos permitiría combatir en las mismas filas. Y tengo plena conciencia de lo beneficioso que eso resultaría para la causa.

 

Con saludos fraternales,

 

L. Trotsky.



[1] Seis años de los brandleristas. The Militant 15 de agosto de 1929; aquí se utiliza una traducción revisada que se publicó en Fourth lnternational de ma­yo de 1946. Trotsky escribió esta carta en respuesta a una de Boris Souvarine, en la que criticaba la caracterización que hizo aquél de los brandleristas en su carta del 31 de marzo, Agrupamientos en la Oposición comunista.

[2] William Z. Foster (1881-1961): militante del Partido Socialista norteamericano, organizador sindical y dirigente del PC norteamericano. Fue candidato a presidente por el PC en 1924, 1928 y 1932 y ocupó la presidencia del partido después de la Segunda Guerra Mundial. Ver otros comentarios sobre Foster en Tareas de la Oposición norteamericana, en este mismo volumen.

[3] Generalmente se designa poder dual la división del poder gubernamental entre dos fuerzas en conflicto en una situación prerrevolucionaria, situación que se resuelve con el triunfo definitivo de una fuerza sobre la otra. Por ejemplo, después de la Revolución de Febrero de 1917, en Rusia compartían el po­der y a la vez se lo disputaban el Gobierno Provisional y los soviets, que no es­taban en el gobierno; cuando los soviets eligieron a los bolcheviques para su dirección, tomaron el poder en la Revolución de Octubre. En este ejemplo, cuando Trotsky habla de elementos de poder dual, no se refiere a la división del poder en las etapas finales del capitalismo sino después que la revolución proletaria eliminó del poder a los capitalistas, y éstos o sus agentes pueden in­tentar retomarlo. Ver una discusión más profunda de este concepto en el trabajo de Trotsky Explicación en un circulo de amigos, 2 de setiembre de 1931, en Escritos 1930-31.

[4] Las Centurias Negras eran bandas monárquicas formadas por la policía zarista para combatir al movimiento revolucionario; organizaron pogromos contra los judíos y los trabajadores.



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