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Simpatías personales y responsabilidades políticas[1]

 

 

25 de diciembre de 1931

 

 

 

(Extractos de una carta)

Estimado camarada Shachtman:

 

Es muy positivo que por lo menos se haya comenza­do con algo en Inglaterra. Espero que tenga más suerte que Naville, que anduvo en el problema inglés durante más de un año sin hacer el menor avance, como en todo lo demás.

Lamentablemente, no respondió usted a mis obje­ciones a su conducta en Europa. Mientras tanto, tuve que tomar abiertamente posición en contra de usted, aunque sin dar su nombre, en una circular a las seccio­nes. Tengo que plantearle con pena que no sacó abso­lutamente ninguna conclusión de la mala experiencia, que comenzó con la conferencia internacional de abril de 1930. Hasta cierto punto, usted también es responsable de la situación difícil de la Liga francesa, ya que siempre apoyó directa o indirectamente a los elementos retardatarios o destructivos como el grupo de Naville. Ahora transfiere su apoyo a Mill-Félix, que no soportaron la menor prueba, en ningún sentido. En una opor­tunidad publicó en The Militant (¡lo mismo hizo en La Verité!) dos escandalosos informes de Mill sobre Espa­ña que desorientaron a toda la Oposición Internacional. Estos informes demostraron que Mill es incapaz de orientarse correctamente en los problemas políticos fundamentales. Después de combatir un año a Rosmer y a Naville, de pronto comenzó a aferrarse a ellos. En su carta usted dice, algo tímidamente, que esto no fue más que una estupidez. Podría ser así en un muchacho de quince años. Pero del secretario de tiempo completo del Secretariado Internacional se pretenden actitudes más inteligentes y políticas.

Como lo evidencia su carta, su conducta en España también fue equivocada. Los camaradas españoles, especialmente Nin, cometieron todos los errores imagina­bles, y ahora les gustaría encontrar un chivo emisario para sus debilidades y errores. Lacroix, de quien se afirma que tiene muy buenas cualidades, es absoluta­mente indisciplinado en sus pensamientos y acciones; apoyar sus estallidos es un crimen.

Lo que usted dice de la Oposición alemana suena como un eco de sus viejas simpatías por Landau, que los camaradas alemanes no quieren olvidar, y con razón. En la lucha que dimos aquí contra los elementos accidentales, quemados o directamente desmoraliza­dos, usted, estimado Shachtman, nunca estuvo de nuestro lado, y los afectados -Rosmer, Naville, Landau, y ahora Mill- siempre se sintieron muy ampa­rados por la Liga norteamericana. No le atribuyo la menor responsabilidad a la Liga norteamericana, y creo necesario enviar copia de esta carta a su Comité Nacio­nal para que, por lo menos en el futuro, nuestra lucha europea se vea menos influida por sus contactos perso­nales, simpatías, etcétera.



[1] Simpatías personales y responsabilidades políticas. Internal Bulletin, Liga Comunista de Norteamérica, Nº 2, julio de 1932. En el mismo boletín que traía citas de una carta de Trotsky se publicó la extensa respuesta de Shacht­man a las críticas de aquél. El "que al menos se haya comenzado con algo en Inglaterra" es una referencia al informe de Shachtman, según el cual en diciembre de 1931 un grupo de militantes del PC británico se reunió en Londres para formar una sección de la Oposición de Izquierda.



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