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Respuestas a un cuestionario de los periodistas[1]

 

 

3 de noviembre de 1932

 

 

 

¿Si estoy satisfecho con los resultados de mi viaje? Totalmente. ¿No esperaba pasar más tiempo en Dinamarca? Sí. Esperaba poder quedarme unas semanas después de la charla porque mi esposa y yo queríamos someternos a un tratamiento médico. Sin embargo, no fue sorpresiva la negativa del gobierno danés. Estoy muy lejos de hacerme ilusiones sobre la democracia, y en consecuencia también de desilusionarme.

La oportunidad que se me brindó de visitar Dinamarca no fue consecuencia de los principios de la demo­cracia (derecho de asilo, libertad de reunión, etcétera) sino del juego de los intereses políticos. Los estudiantes y los obreros jóvenes de izquierda expresaron su deseo de organizar una conferencia mía en Copenhague. Al gobierno socialdemócrata no le convenía negarse porque en este momento hay en la clase obrera un vuelco indudable hacia la izquierda. Como se había acordado, mi conferencia fue de carácter estrictamente histórico y científico. Pero, evidentemente, el gobierno consideró que ocho días eran más que suficientes para satis­facer el interés que despiertan las ideas que yo apoyo.

Amigos informados me dijeron que la oposición principal a que se me brindara la oportunidad de quedarme y recibir tratamiento médico (aparte de los círculos de la corte, los fascistas, los dirigentes socialdemó­cratas, etcétera) provino de los agentes del gobierno soviético. Desgraciadamente mi posición no me permite rechazar este informe. Sólo quiero señalar que en este caso no estaban en juego los intereses del estado sovié­tico o del pueblo ruso, sino los intereses especiales de la fracción de Stalin. El 27 de noviembre TASS informó por radio a todo el mundo que se había reunido secretamente en Copenhague una "conferencia de trotskis­tas", de los países de Europa occidental. Es difícil no considerar este informe una falsa denuncia. Es una denuncia porque instiga la represión policial contra mis compañeros políticos. Es una denuncia falsa, porque en Copenhague no se reunió ninguna conferencia.

Las autoridades danesas están muy al tanto de lo que ocurrió realmente. Mis amigos de varios países de Europa estaban muy preocupados por la campaña de la prensa reaccionaria de Europa. La relacionaron con las revelaciones recientes de la prensa de izquierda sobre el atentado terrorista que preparaba en mi contra la or­ganización del general Turkul. Unas dos docenas de camaradas vinieron de los seis países más próximos a Dinamarca. Después de mi charla, que terminó totalmente en paz; se volvieron todos menos uno o dos, que decidieron acompañarme a mi regreso.

¿Cómo explicar el informe radial sin precedentes de TASS o la actitud de algunos agentes soviéticos ante el problema de mi visa? En primer lugar, por la situación interna de la URSS. Los rumores sobre el inminente "colapso del poder soviético", asiduamente difundi­dos -por enésima vez- por determinado sector de la prensa, son totalmente ridículos y fantásticos. Pero es indiscutible que la situación personal de Stalin esta definitivamente deteriorada. Ahora todo el mundo ve claramente sus errores políticos. Es muy fuerte la tendencia partidaria a restablecer una dirección colec­tiva y más competente. De aquí la nueva oleada represi­va contra los llamados "trotskistas". A mi amigo Rakovski, ex presidente de los comisarios del pueblo de Ucrania y luego embajador soviético en Londres y París, le duplicaron la sentencia de tres años de destierro. La explicación oficial es la supuesta actividad "contra­rrevolucionaria" de la Oposición de Izquierda ("trotskistas") contra la república soviética. Mi conferencia en Copenhague, mi discurso por radio a Norteamérica, mi entrevista para la película sonora, me permitieron ex­plicar nuestra verdadera actitud hacia la Unión Soviéti­ca, que no cambió desde 1917. Esa es la razón de los esfuerzos excepcionales que realizó el grupo que domi­na en Moscú por alejarme de Europa occidental. El he­cho de que la fracción de Stalin haya encontrado nume­rosos aliados y cómplices para lograr su objetivo esta plenamente de acuerdo con la naturaleza de las cosas.

Si bien no volví de Copenhague con ninguna idea nueva sobre el carácter de la democracia burguesa, traigo la mejor impresión sobre la solidaridad y la hos­pitalidad del pueblo danés. Podría citar algunos ejemplos realmente excepcionales, tal vez imposibles de encontrar en otro país de Europa...

Me preguntan sobre mi situación en Turquía. Al respecto, circulan muchas ideas falsas. Por supuesto, no vine voluntariamente a Turquía. Pero no es cierto que el gobierno turco me haya impuesto alguna restric­ción. Mi esposa y yo elegimos la isla de Prinkipo a causa de su clima. Más de una vez el gobierno turco nos prestó atención y colaboración.



[1] Respuestas a un cuestionario de los periodistas. Biulleten Opozitsi, N° 32, diciembre de 1932. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Iain Fraser.



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