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Respuesta al Grupo Judío de la Liga Comunista de Francia[1]

 

 

15 de enero de 1932

 

 

 

Su declaración es un documento anticomunista y demuestra hacía qué camino fatal llevaron los dirigentes de su organización al grupo de trabajadores judíos.

1. Ustedes retiraron del Comité Ejecutivo de la Liga a los camaradas Félix y Foucs para librarse de toda “responsabilidad” por la dirección de la Liga; esto constituye un acto de sabotaje. La conferencia eligió una dirección determinada. Ustedes se ponen por encima de la conferencia, por encima de la Liga y sabotean su organismo directivo.

Básicamente, éste es un acto de ruptura de la organización. Para sus dirigentes se trata de una demostración, de un “voto de no confianza”, en una palabra, de un juego parlamentario. Los revolucionarios proletarios no actúan de esta manera; así lo hacen los anarquistas pequeñoburgueses, que de palabra vituperan al parlamentarismo pero lo imitan en los hechos.

2. ¿Qué razón dieron ustedes para irse del Comité Ejecutivo? Mi carta. ¿Acaso el Comité Ejecutivo es el responsable de ella? No hay absolutamente ninguna relación entre su acción y sus motivos. No puedo suponer ni por un momento que todos los miembros del Grupo Judío hayan aprobado ese acto de ruptura. No conozco al camarada Foucs y no puedo juzgar sus razones. Pero el camarada Félix en este caso fue fiel a su pasado.

3. El hecho de que ustedes retiren a Félix y a Foucs, no en nombre de alga fracción o de una organización local sino en el de un grupo nacional, complica aun más la situación. Ustedes, por lo tanto, transforman la Liga en una federación de grupos nacionales. Es la misma estructura que intentó introducir la Bund[2] en el partido ruso. Ya en 1903 no sólo los bolcheviques sino también los mencheviques[3] consideraron incompatible esa posición con los fundamentos de una organización proletaria revolucionaria. Ustedes están introduciendo el bundismo en las filas de la Oposición de Izquierda. Esta no haría más que acelerar su propia destrucción si tolerara ese estado de cosas aunque fuera por un solo día.

4. M crear esa organización fraccional judía, al separarla de ese modo de la Liga, al oponerla a la Liga, los camaradas Mill[4] y Félix pretenden disponer de la Liga. Al mismo tiempo el camarada Félix engañó al Grupo Judío exagerando enormemente las diferencias, buscando pretextos artificiales para justificarlas, caricaturizándolas. A causa de su carácter estéril y escolástico, estas discusiones no aportaron nada a la Liga en un sentido ideológico. En el aspecto político la paralizaron al alejar a los obreros franceses. De esta manera, el Grupo Judío, gracias a sus dirigentes actuales, en vez de constituir un instrumento para atraer a los obreros judíos, se convirtió en un instrumento para alejar a los obreros franceses.

5. Ustedes afirman que mi caracterización de los dirigentes del Grupo Judío (Mill y Félix) como saboteadores de la Liga, que conducen al Grupo Judío a su destrucción, se basa en una información unilateral y falsa transmitida por el camarada Molinier.[5] Esto demuestra una vez más la ligereza con que sus dirigentes hacen acusaciones infundadas. Evaluar la información, comprender cuándo se debe o no creerla, ser prudente con la información disponible cuando hay conflictos internos, son normas esenciales y elementales, el abecé del pensamiento político sano. Acusar a cualquiera de formarse una opinión en base a una información unilateral y falsa implica, en realidad, acusarlo de estar en bancarrota política. Ustedes y yo tenemos distintos puntos de vista sobre qué es la Oposición de Izquierda, cómo debe ser una organización revolucionaria, etcétera. ¿Por qué mezclar aquí la cuestión de la falsa información suministrada por cualquiera? No hace mucho que el camarada Mill le explicó a Naville[6] lo inadmisible de este argumento. Yo escribí la carta criticando la política de la actual dirección del Grupo Judío antes de discutir con el camarada Molinier.

6. Finalmente, ¿qué fue lo que determinó mi caracterización de la actual dirección del Grupo Judío? La carta de ustedes a Rosmer.[7] Considero que este documento es perfectamente escandaloso y que, a través de los errores de la dirección, compromete seriamente al grupo.

La lucha contra Landau,[8] Naville y Rosmer fue hasta ahora el acontecimiento más importante y significativo en la vida interna de la Oposición de Izquierda Internacional, que de este modo se libró de elementos extraños. Esta lucha provocó rupturas, amputaciones y deserciones. En el transcurso de su pelea contra la nueva dirección de la liga, ustedes declararon súbitamente su solidaridad con Rosmer. Eso demuestra que los dirigentes de su grupo no entendieron nada de la lucha anterior o, lo que es peor, que en general son incapaces de tomar realmente en serio las diferencias de principios. Desde el punto de vista de la lealtad ideológica y la disciplina revolucionaria, la carta a Rosmer fue un acto de traición directa. Es comprensible que se equivoquen varios obreros judíos, pero los que dirigieron esta acción sabían lo que hacían. Por mi parte, retiro toda mi confianza a personas que le atribuyen al Grupo Judío la responsabilidad por una acción tan pérfida como es formar una bloque con los desertores, en contra de la Oposición de Izquierda Internacional.

7. Ustedes me acusan de no haber asumido posición alguna respecto de sus diferencias con el camarada Treint[9] y otros sobre el problema de “fracción”, “partido”,[10] etcétera. Yo no llegué a mi posición actual basándome en incidentes aislados de la constante lucha interna sino en el conjunto de la experiencia de los últimos dos o tres años. ¿Qué importancia política pueden tener las posiciones de los camaradas Mill y Félix sobre el problema de la fracción si ellos, dentro de la fracción a la que yo pertenezco, sin pensarlo dos veces, dan un salto al vacío y se pasan a la fracción de Rosmer-Landau? ¿Qué pasaría si Félix y Mill se adhirieran hoy a la auténtica definición de fracción? En mi opinión, todo eso no es más que charlatanería hueca. Al pretender transformar la Liga en una federación de grupos nacionales independientes, Mill y Félix niegan el sentido de una fracción revolucionaria. En consecuencia, ¿qué importancia puedo darle a sus ejercicios sobre la palabra “fracción”? Nuestra lucha ideológica no tiene validez en sí misma más que como instrumento para la acción y para el control a través de la acción. Tomando en consideración toda la actividad de Félix y de Mill, el nuevo episodio de la discusión no puede cambiar mi posición.

8. Como es bien sabido, Paz aprobaba el cien por ciento de las formulaciones que consideraba bolcheviques leninistas. Cada vez que surgía alguna diferencia banal entre él y Delfosse[11] me exigía que me pronunciara inmediatamente. Yo exigía que el grupo de Paz pasara de las bravatas al trabajo serio y me negaba a ocuparme de esas diferencias que no tenían ninguna relación real con el trabajo genuino. El grupo de Paz criticó esta actitud mía, probablemente muy seguro de que yo no entendía suficientemente la profundidad e importancia de las diferencias.

En esa discusión el camarada Félix estaba con Paz y en contra mía. En cuanto Paz tuvo claro que yo no lo apoyaría, descubrió diferencias de principios entre él y la Oposición rusa; parece que Rakovski no llegaba a la altura revolucionaría de Paz. Félix y Mill no hacen más que imitar a Paz al exigirme que me ocupe de sus tonterías verbales en vez de juzgar la totalidad de su actividad.

 9. Si a ustedes les interesa saber cuáles son mis verdaderas fuentes de información yo no lo voy a ocultar. Durante todo este período mi principal informante fue el camarada Mill. He intercambiado con él docenas y docenas de cartas. Mis conclusiones respecto a la política de Mill las extraje fundamentalmente de sus propias cartas. En ellas se habla bastante sobre el camarada Félix. Pero en este caso, yo no podía confiar en lo más mínimo en la imparcialidad del camarada Mill. Traté de juzgar al camarada Félix por sus propias acciones; me bastó con su apoyo a Paz contra La Verité, con sus artículos polémicos en La Verité, con el rol que jugó en el intento de formación de un bloque con Rosmer, con su carta a la Oposición griega. Agréguese a esto las actas del Comité Ejecutivo y los boletines internos de la Liga. La actual ruptura del camarada Félix con el Comité Ejecutivo, en esa especie de juego parlamentario, sirve apenas para completar el panorama.

10. Ustedes proponen que se conforme una comisión de control internacional que examine mis “acusaciones”. Al respecto no puedo hacer otra cosa que expresar mi asombro. Por mi parte se trata de una evaluación política de los métodos y actitudes de los camaradas Mill y Félix. Mi caracterización puede ser correcta o incorrecta, ¿pero qué podría hacer al respecto una comisión de control?

Cuando determinados ex y actuales miembros de la Liga apelaron a las insinuaciones personales contra sus adversarios en el transcurso de sus luchas políticas, yo propuse que se creara una comisión de control. Pero ninguno de los acusadores se atrevió a presentar una acusación formal. De este modo se descalificaron definitivamente al demostrar que no los guiaba el celo revolucionario sino la falta de escrúpulos típica de la pequeña burguesía impotente. En ese caso, la comisión de control era totalmente pertinente con el objetivo de limpiar el ambiente. Pero aquí no se trata de acusaciones de carácter moral. Una comisión no puede juzgar la corrección o incorrección de una caracterización política; toda la organización debe hacerlo, no una comisión de control especial.

11. En su declaración, ustedes dicen que condeno la actividad del conjunto del Grupo Judío. Eso no es cierto. En la medida en que los miembros de su grupo, bajo la dirección de la Liga, hacen una trabajo propagandístico entre los obreros judíos, difunden entre ellos las ideas del bolchevismo, no puedo menos que aplaudirlos y ayudarlos como lo he hecho en el pasado, de acuerdo a mis posibilidades, desde el comienzo mismo de la existencia del grupo hasta el momento en que Félix y Mill lo arrastraron por la senda sin principios de la política pequeñoburguesa. Precisamente ahora, cuando la crisis golpea sobre todo a los obreros extranjeros de Francia, cuando el Partido Socialista los traiciona totalmente y el Partido Comunista en parte (ver cómo votó la fracción parlamentaria), la Oposición de Izquierda debe desarrollar un enérgico trabajo entre los trabajadores extranjeros, incluidos los trabajadores judíos. Pero, en ese caso, el Grupo Judío tiene que dejar de ser una fracción nacional judía dentro de la Liga y convertirse en el órgano propagandístico de la Liga en lengua judía. ¿Qué hay que hacer para lograrlo? El Grupo Judío tiene que librarse de la dirección de Félix y Mill, que no pueden acarrearle más que perjuicios.

 

Con saludos comunistas,

 

L. Trotsky

 



[1] Respuesta al Grupo Judío de la Liga Comunista de Francia. De un boletín interno, sin número ni fecha, publicado en 1932 por la Liga Comunista de Norteamérica. Este boletín también contiene partes de una circular escrita por Trotsky el 22 de diciembre de 1931 en la que critica a la Liga Comunista de Francia y al Grupo Judío (ver la carta completa en Escritos 1930-31). En el mismo boletín se publicó una Declaración del Grupo Judío a la que Trotsky responde con esta carta, y otros artículos, cartas y resoluciones de sus dirigentes.

[2] La Bund judía (Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia) formó parte del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso hasta 1903, cuando se opuso a la concepción de Lenin de un partido multinacional democráticamente centralizado. Cuando el partido rechazó la exigencia de la Bund de una estructura partidaria federada, en la que ella estaría a cargo de las relaciones con los trabajadores judíos, se separó y se convirtió en una organización independiente. En 1917 se alineó con los mencheviques contra la revolución bolchevique.

[3] Bolchevismo y menchevismo: las dos tendencias principales en que se dividió el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), sección de la Segunda Internacional, después de su Segundo Congreso, reunido en 1903. Los bolcheviques, dirigidos por Lenin, y los mencheviques, dirigidos por Iulius Martov, se transformaron luego en partidos separados y en 1917 terminaron en lados opuestos de la barricada. Viejos bolcheviques eran los que habían entrado al partido antes de 1917, es decir, los militantes de la “vieja guardia” del partido. Aunque era una designación honorífica, Lenin la utilizaba a veces irónicamente refiriéndose a los veteranos del partido que durante largo tiempo no habían aprendido nada.

[4] M. Mill: la Oposición rusa lo había designado su representante en el Secretariado Administrativo de la Oposición de Izquierda principalmente debido a su dominio de la lengua rusa, en 1932 fue removido de su cargo a causa de sus intrigas personales y maniobras y se convirtió en agente del stalinismo. Trotsky habla de él como si fuera europeo oriental, pero Isaac Deutscher, en El profeta desarmado, dice que era norteamericano.

[5] Raymond Molinier (n. 1904): en 1929 fue uno de los fundadores de la Liga Comunista de Francia y de su periódico La Verité (La Verdad) Hasta 1935 Trotsky colaboro con él en muchas de las disputas internas de la Liga; ese año terminó su colaboración, cuando el grupo Molinier publicó el periódico La Commune (La Comuna) (ver Escritos 1935-36). Durante varios años fue el blanco de rumores e infundios diversos por los métodos que supuestamente utilizaba para recolectar fondos. Para centrar la discusión en las diferencias políticas, Trotsky trató de acallar los rumores haciéndolos investigar formalmente por una comisión de control.

[6] Pierre Naville (n. 1904): fundador de la Liga francesa y miembro del Secretariado Internacional de la Oposición de Izquierda Internacional. Durante la Segunda Guerra Mundial abandonó la Cuarta Internacional. Es autor de muchos libros científicos y de un libro de memorial, Trotsky vivant, publicado en 1958.

[7] Alfred Rosmer (1877-1964): sindicalista revolucionario y colaborador de Trotsky en Francia durante la Primera Guerra Mundial. En 1920 resultó electo para el Comité Ejecutivo de la Comintern y fue dirigente del Partido Comunista Francés hasta su expulsión, en 1924. Estuvo en la dirección de la Oposición de Izquierda y de su Secretariado Internacional hasta 1930, cuando se apartó por diferencias con Trotsky. En 1936 renovaron su amistad personal Sus recuerdos sobre Trotsky en París (1915-1916) se publican en la colección Leon Trotsky, The Man and his Work, [L. T., el hombre y su obra], (Pathfinder Press, 1969).

[8] Kurt Landau: dirigente de la Oposición de Izquierda en Austria y en Alemania durante un breve periodo; lo asesinaron los stalinistas en España durante la Guerra Civil. Ver en Escritos, 1932-33 el análisis de Trotsky sobre el “landauismo”. Las diferencias de Trotsky con Landau, Naville, y Rosmer no eran las mismas en cada uno de los casos (ver especialmente Escritos 1930 y Escritos 1930-31) pero tenían un rasgo en común: Trotsky consideraba que cada uno de ellos representaba tendencias que se habían ligado a la Oposición de Izquierda por accidente o por malos entendidos y que carecían de le capacidad política necesaria para constituir una dirección de tipo bolchevique.

[9] Albert Treint (n. 1889): dirigente del Partido Comunista Francés, apoyó a la Oposición Conjunta liderada por Trotsky y Zinoviev. Fue expulsado en 1927 y colaboró con diversos grupos comunistas, incluida la Liga Comunista de Francia, a la que perteneció durante varios anos. Posteriormente se vinculó a un grupo sindicalista. Ver en Escritos 1930-31 las diferencias que tuvo Trotsky con Treint a finales de 1931.

[10] Las discusiones en la Oposición de Izquierda Internacional sobre “fracción” y “partido” se refieren a las relaciones de la Oposición con la Comintern y la medida en que aquélla podía encarar una actividad política independiente. La posición que sostenían Trotsky y la mayoría de la Oposición sobre este problema a fines de 1932 está expresada en La Oposición de Izquierda Internacional, sus objetivos y sus métodos (Escritos 1932-33)

[11] Henri Delfosse: había sido, como Félix, miembro del Consejo de Redacción de Contre le Courant.



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