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Otra carta a los camaradas húngaros[1]

 

 

17 de setiembre de 1930

 

 

 

Estimados camaradas:

 

Recibí la carta de ustedes del 30 de agosto con los comentarios sobre mi carta circular. Me demoré en res­ponder porque envié su carta a Bratislava para hacerla traducir al alemán. Si pueden escribir desde Budapest en alemán, se acelerará nuestra correspondencia. Pero si les trae dificultades, escriban en húngaro y yo haré traducir las cartas.

Me alegró mucho enterarme, tanto por lo que me dijeron dos camaradas franceses como por las cartas, que existe en Hungría una organización de obreros comunistas jóvenes que defiende las posiciones de la Oposición de Izquierda. Será para mi un placer mante­nerme en contacto con ustedes de aquí en adelante.

Por lo que puedo colegir de sus análisis, en la Oposi­ción húngara existen varias tendencias, que se separa­rán inexorablemente en distintas direcciones; cuanto antes, mejor.

Aparentemente, en Hungría no hay hasta el momento una organización independiente de la Oposición de Derecha (como los brandleristas en Alemania, el grupo de Lovestone en Estados Unidos, el grupo de Neurath en Checoslovaquia, etcétera.). Parece que los elementos de derecha se siguen ocultando tras la bandera general de la oposición­. Esto es peligroso.

Por otra parte, en las filas de la Oposición hay más de un ultraizquierdista y más de un tonto de esos que combinan posiciones derechistas con ultraizquierdistas como Korsch[2] o Urbahns en Alemania, el grupo de Praga formado por Artur Pollack, etcétera.

Es absolutamente necesario que nos diferenciemos de esos elementos. Esto sólo se puede hacer apoyándonos en los principios, tanto a nivel húngaro como internacional. Será absolutamente necesario que se familiaricen con la polémica entre los bolcheviques leninistas y los derechistas y ultraizquierdistas. Quizás los camaradas húngaros en el exilio puedan traducir los docu­mentos más importantes de la polémica o, al menos, parte de los mismos, para que puedan ponerse al tanto de estas cuestiones y participar activamente en todo el trabajo de la Oposición Internacional.

La necesidad de trazar las demarcatorias principistas de ninguna manera significa, desde luego, que de­bamos expulsar a todo obrero que se equivoque en tal o cual cuestión o que vacile o titubee. Al contrario, te­nemos que polemizar de la manera más paciente y fra­ternal, para que los militantes o simpatizantes de la or­ganización tengan la posibilidad de meditar por sí mismos sobre cada problema y llegar a las conclusiones co­rrectas en forma independiente, aunque ello entrañe vacilaciones y titubeos. Esto rige sobre todo para una organización integrada por gente joven. Es necesario romper con los elementos que ya tienen formada una concepción del mundo contraria a la nuestra y que tra­tan de aprovechar su carácter de miembros de la Oposi­ción para difundir posiciones hostiles al marxismo y al leninismo.

Ustedes dicen que el partido oficial húngaro es una pequeña secta, pero agregan al mismo tiempo que su organización es una secta aun más pequeña. Me parece que es un error autotitularse secta. Una organización débil no es necesariamente una secta. Si emplea méto­dos correctos, tarde o temprano ganará influencia en la clase obrera. Yo sólo emplearla el término secta para referirme a una organización condenada inexorable­mente, por su metodología errónea, a permanecer al margen de la vida y la lucha de la clase obrera.

Ustedes afirman, con absoluta razón, que deben asumir, de manera independiente, las tareas que el partido oficial no puede o no quiere realizar. Sería insensato solicitar el permiso de la burocracia stalinis­ta, que expulsa y persigue a los bolcheviques leninis­tas. Demás está decir que, ahora y en el futuro, tendrán que luchar de manera independiente con el fin de ganar a las masas para la bandera del comunismo. Pero eso no significa que se necesite un segundo partido y una cuarta internacional. Aunque el partido oficial de Hun­gría fuera mucho más débil que nuestra organización, eso no resolvería el problema porque, como dicen co­rrectamente ustedes, esta cuestión se resuelve a esca­la internaciona1. Desde luego, en cada país los métodos de acción de la Oposición dependerán de la situación nacional y, sobre todo, de la relación de fuerzas entre la Oposición y el partido oficial del país dado.

Adjunto una copia de mi carta, con fecha de hoy, di­rigida a la Conferencia de la Oposición alemana, porque la carta toca precisamente el problema de la actitud de la Oposición hacia el partido oficial en un país en el que millones de obreros siguen al partido.

Según dicen ustedes, algunos oposicionistas hún­garos sostienen que la transición inmediata del feudalismo al socialismo es inconcebible y que, por lo tanto, el poder soviético lleva al capitalismo, jamás al socialis­mo. Esta forma de plantear la cuestión es totalmente errónea. En vísperas de la Revolución Rusa no predo­minaban las relaciones feudales sino las relaciones ca­pitalistas; si no, ¿de dónde habría salido ese proleta­riado que se mostró capaz de tomar el poder estatal y mantenerlo?

Es igualmente incorrecto el argumento de que la NEP desembocaría inexorablemente en el capitalismo. Es un problema que generalmente no se puede resolver a priori: todo depende de la relación de fuerzas. Cuando tome el poder, el proletariado de los países más avanzados probablemente permitirá que subsistan las relaciones de mercado durante un período transicional bastante prolongado, restringiéndolas cada vez más y eliminando de esta manera de la economía el intercambio de mercancías.

Para que se implante en Rusia el capitalismo de estado en el verdadero sentido de la palabra, el poder tendría que pasar a las manos de la burguesía, lo que no puede ocurrir sin una guerra civil. ¿Puede haber guerra civil? Es muy posible. La política de la burocra­cia stalinista debilitó enormemente la posición del pro­letariado y redujo su espíritu revolucionario, a la vez que una serie de actitudes erróneas, insensatas, han provocado una tremenda amargura en la pequeña bur­guesía. ¿Cuál de los bandos triunfaría en una guerra civil? No se puede responder de antemano. Pero ten­dríamos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para garantizar la victoria del bando proletario. No cabe duda de que si la burguesía - los elementos locales con ayuda de sus contrapartidas extranjeras - in­tentaran recuperar lo que se les quitó en octubre de 1917, el proletariado, por más que lo reprima el aparato stalinista, despertaría con tremenda energía revolucio­naria. En una lucha en defensa de las conquistas de Octubre, probablemente el aparato stalinista también perdería su posición. Facilitar al proletariado soviético la solución de sus problemas es el deber de la Oposición de Izquierda Internacional y principalmente de la Opo­sición rusa.

Una sola cosa es segura: la Unión Soviética no cons­truirá una sociedad socialista si no triunfa el proleta­riado en los países adelantados de Occidente. Pero, puesto que la existencia de la Unión Soviética facilita esa victoria, la lucha por el reanimamiento y el fortale­cimiento de la dictadura proletaria allí es una de las tareas más importantes de la Oposición comunista.

 

Un firme apretón de manos, con mis mejores salu­dos comunistas y deseos de éxito.

Atentamente,

 

L. Trotsky



[1] Otra carta a los camaradas húngaros. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Traducido del ruso [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por George Saunders.

[2] Karl Korsch (1886-1961): ministro del gobierno comunista-socialdemócrata de la provincia alemana de Turingia, fue expulsado del PC Alemán 1929 por “trotskista” Fundó una pequeña secta ultraizquierdista.



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