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Otra carta a Albert Treint[1]

 

 

22 de setiembre de 1931

 

 

 

Estimado camarada Treint:

 

Quiero sintetizar brevemente nuestro intercambio de cartas y nuestras conversaciones.

1. Cómo usted sabe, considero que hace una falsa evaluación del pasado. Esto es políticamente importante en la medida en que las diferencias sobre el pasado puedan repercutir sobre el futuro. Pero, tomada aisladamente, no fui yo el que planteó la cuestión del pasado ni la planteo ahora. Que yo sepa, tampoco lo hacen los camaradas dirigentes de la Liga. Por lo tanto, todavía menos razones tiene para plantearla. Si la Liga no le exige que reconozca formalmente sus errores reales, usted no tiene derecho ni motivo para denunciar, al en­trar a la Liga, los "errores" imaginarios de los demás.

Usted no puede dejar de darse cuenta de que cual­quier declaración que haga en ese sentido chocará con una resistencia inmediata y decisiva, que hará resurgir todo el pasado, desde 1923 en adelante. No puede negar que ya no existe la fracción zinovievista de los centristas de izquierda a la que usted pertenecía, y que su desaparición no es casual.

Además, no puede dejar de entender que toda la sección francesa y toda la Oposición de Izquierda Internacional se pondrán en su contra en la discusión sobre el pasado.

Sólo sería plausible hacer una declaración sobre nuestros errores sin hablar de los suyos, si su objetivo político fuera demostrar la imposibilidad de trabajar con nosotros; pero usted declara categóricamente que no es así. En ese caso, es fundamental que sus actos se adecuen a sus intenciones.

2. Considero decisiva la cuestión de la revolución permanente en el sentido de programa estratégico. En mi último folleto traté de demostrar que esta cuestión dejó de pertenecer total y definitivamente, al dominio de los antiguos debates en Rusia y se convirtió en el problema central de la estrategia revolucionaria del proletariado internacional.

Estoy lejos de pensar que la teoría de la revolución permanente es "definitiva" o que es la llave maestra que resuelve todos los problemas estratégicos. No, esta teoría de ningún modo nos libra de la necesidad de ana­lizar concretamente toda nueva situación histórica que se da en cada uno de los países; por el contrario, nos obliga a hacer ese análisis. Considerar la teoría de la revolución permanente como un dogma suprahistórico estaría en contradicción con su misma esencia.

Pero esta teoría nos proporciona un punto de partida único y correcto en la dinámica interna de cada revolu­ción nacional contemporánea y en su ininterrumpida re­lación con la revolución internacional. Con esta teoría los bolcheviques leninistas cuentan con una formula­ción combativa, impregnada con el contenido de los gi­gantescos acontecimientos de los últimos treinta años.

Basándose en esta formulación, la Oposición de Iz­quierda combate y seguirá combatiendo decididamente a los reformistas, a los centristas y a los comunistas na­cionales. Una de sus más preciosas ventajas es que corta como una navaja los lazos ideológicos con todos los tipos de revisionismo de los epígonos.

Para la Oposición sería un suicidio ideológico debili­tarse haciendo concesiones de cualquier clase, sobre este punto, a las posiciones de los zinovievistas o de los semizinovievistas. Sobre eso no hay dudas.

Usted todavía no ha estudiado los trabajos esencia­les de la Oposición de Izquierda sobre la cuestión de la revolución permanente; en gran medida, sus objeciones actuales, que considero totalmente falsas y próximas al republicanismo vulgar, se explican por su falta de cono­cimiento. Por eso no puedo pronunciarme categóricamente sobre la profundidad de las diferencias que nos separan. Espero con gran interés las conclusiones que extraiga, si puede, de dos libros: La Tercera Interna­cional después de Lenin y La revolución permanente. Si sobre esta cuestión de principios no hay comunidad de ideas, sería mejor que no se apresurara a unirse a la Oposición, ya que sería una actitud puramente formal y llevaría inevitablemente a una ruptura en la primera situación seria.

3. Sin embargo, si usted y los demás tienen claro que no hay obstáculos inmediatos que se opongan a nuestro trabajo en común, me sentiría muy contento. Es obvio que después de que se hayan unido formalmente a la Oposición nada les impedirá, en el curso de la discusión, plantear éste u otros problemas que no es­tén claros, referentes al pasado, el presente o el futuro. La Oposición de Izquierda no puede vivir sin discusión interna, pero un camarada aislado no va a hacerle dudas sobre sus fundamentos ideológicos, elaborados en la lucha de los últimos ocho años.

Estas son mis conclusiones, inspiradas, por un lado, por mi sincero deseo de verlo plenamente integrado en nuestras filas comunistas, y por el otro, por el deseo de salvaguardar la homogeneidad de la Oposición de Iz­quierda Internacional en las cuestiones fundamentales de programa y estrategia, pues sólo sobre esa base será capaz de cumplir con su misión histórica.

 

L. Trotsky



[1] Otra carta a Albert Treint. Bulletin Intérieur, Ligue Communiste Opposition, octubre de 1931. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Art Young.



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