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Algunos hechos históricos[1]

 

 

28 de diciembre de 1931

 

 

 

Me llegó desde Berlín Arbeiterpolitik (Política Obrera) del 19 de diciembre. El artículo Seydewitz y Trotsky[2] es muy característico de los señores Brandler y Thalheimer. Toda la escuela de Stalin está contenida en él. Como Seydewitz citó mi folleto, Brandler y Thal­heirner consideran que ésa es razón suficiente para re­lacionar mis ideas con las de aquél. La capituladora política stalinista en China, la alianza con Chiang Kai­-shek, la traidora complicidad con el Consejo General británico, la política pro kulak de Stalin y Bujarin; nues­tros dos héroes lo apoyaron y participaron en todo esto. Esta es realmente la base de todas las especies de seydewitzismo: un poquito a la izquierda, un poquito a la derecha, pero siempre lejos de la Oposición de Iz­quierda, es decir del marxismo.

Estos dos caballeros afirman que Trotsky, "mien­tras jugó un papel dirigente en la Comintern, contribu­yó en buena medida a imprimir la orientación cuyas consecuencias todavía sufrimos hoy". Pero estos héroes no tendrán el coraje de probar en detalle su afir­mación porque mi actividad en la Comintern coincidió con los cuatro primeros congresos. En algunos de estos congresos tuve duros choques con Zinoviev, Bujarin y Radek, para no mencionar a Thalheimer, Bela Kun[3], etcétera. Pero en todo marché hombro a hombro con Lenin. Toda la sabiduría de Brandler no es más que una huella de las lecciones que recibió en el Tercer Congre­so mundial. Estos caballeros no podrán encontrar una sola propuesta o resolución importante de la época de los primeros cuatro congresos que yo no haya elaborado o de la que no me haya hecho directamente correspon­sable. La perdurable significación histórica de la Co­mintern se apoya en los fundamentos sentados por los primeros cuatro congresos, cuya responsabilidad, por supuesto, recae principalmente sobre Lenin, aunque siempre estuve dispuesto a compartirla ante el proleta­riado mundial.

Pero eso no es todo. En el otoño de 1923, el Comité Central alemán votó por unanimidad pedirle al Politburó bolchevique que enviara a un camarada de ese Polit­buró al que todos conocían bien -llamémoslo simple­mente camarada T.- para que se hiciera cargo de la orientación de la actividad ante los cruciales aconteci­mientos que se avecinaban. Con justificaciones por sí mismas incomprensibles, el pedido del Comité Central fue denegado[4]. Eso fue, repito, en el Otoño de 1923, cuando mi participación en la dirección de la Comintern era ya cosa del pasado. Pero, los señores Brandler y Thalheimer tenían que saber algo sobre mi perniciosa influencia. ¿Cómo explican, entonces, su actitud de ese momento? ¿Fue simplemente una consecuencia de la presión de los grandes acontecimientos? ¿Y qué ocurre con su actitud actual? Está motivada simplemente en el deseo de Stalin de arrastrar a todo el mundo y seguir llamándose revolucionario.



[1] Algunos hechos históricos. Bulletin Internationale de l’Opposition Communiste de Gauche. Nº 14, marzo de 1932. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Rusell Block. se dice que este selección es una posdata de una carta de Trotsky, pero no se aclara de qué trataba la carta o a quién iba dirigida.

[2] Max Seydewitz (n. 1892): socialdemócrata de izquierda y miembro del Reichstag, fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores Socialis­tas alemán (SAP), que se organizó en octubre de 1931. Al poco tiempo dejó la nueva organización. Después de la Segunda Guerra Mundial fue funcionario stalinista en Alemania Oriental.

[3] Bela Kun (1886-1939): uno de los dirigentes de la revolución húngara de 1919, dirigió la República Soviética Húngara, de corta duración. Se trasladó a Moscú y fue funcionario de la Comintern, con una inclinación hacia el ultraizquierdismo. Según se informa, fue fusilado por el régimen stalinista durante la purga de los exiliados comunistas, a fines de la década del 30.

[4] El Comité Central del Partido Comunista Alemán solicitó al Politburó ruso que enviara a Trotsky a Alemania con un cargo que hubiera significado en realidad la dirección de la próxima insurrección de 1923. Zinoviev, Stalin y Kamenev ofrecieron varias excusas para no satisfacer esta solicitud alemana, y nombraron a Piatakov para esa misión.



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