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¿Adónde va la Leninbund?[1]

 

 

19 de septiembre de 1929

 

 

 

Estimados camaradas:

 

El 13 de junio y el 24 de agosto les envié dos cartas centradas en problemas de tipo exclusivamente principista. Desgraciadamente, la respuesta de ustedes del 5 de septiembre no trata los problemas principistas como corresponde. Al mismo tiempo, la carta plantea toda una serie de cuestiones, en parte organizativas, en par­te personales, que se refieren a los diferentes aspectos de las relaciones entre la Oposición rusa y la alemana. Desde luego, ustedes son libres de plantear cualquier problema relativo al pasado. Por mi parte, estoy dis­puesto a responder a cualquier pregunta planteada. Pero, así y todo, debo decir que el intento de enredar las cuestiones políticas principistas, de gran importancia para el futuro, con cuestiones organizativas y per­sonales respecto del pasado, suscita en mí el temor de que tal método provoque muy pronto una innecesaria tirantez en nuestras relaciones y aumente el aislamiento de la dirección de la Leninbund respecto de la Oposición de Izquierda Internacional, en lugar de favorecer la creación de una base ideológica común.

Trataré, empero, de responder a todas sus concep­ciones, para aclarar los malentendidos fácticos y también, mediante su análisis, poner al descubierto el mé­todo erróneo que empleó la dirección de la Leninbund al abordar las cuestiones en debate y otros problemas de principios y de carácter particular.

1. Ustedes acusan a la Oposición rusa de haber apoyado a la organización de la Oposición de Wedding. Según ustedes, la Oposición rusa cometió el error es­pecífico de no reconocer a la Leninbund como única organización de la Oposición en Alemania. A eso respondo lo siguiente:

a) La dirección de la Leninbund explicó en su mo­mento que consideraba equivocada nuestra declaración del 16 de octubre de 1926. Nosotros creíamos, y seguimos creyendo, que la declaración fue un acierto que nos permitió posteriormente incrementar varias veces nuestras fuerzas en el partido.

b) La dirección de la Leninbund no vio las diferen­cias principistas que nos separaban de los centralistas democráticos. Observaré de paso que durante ese pe­ríodo Radek tenía exactamente la misma posición y exigía, junto con Smilga y Preobrashenski, que nos fusionáramos con los cedemistas. Pero nosotros creíamos que nos separaban profundas diferencias. Ahora uste­des ni mencionan que en el pasado la dirección de la Leninbund apoyó a la fracción Zinoviev-Kamenev con­tra la Oposición de 1923, y también al grupo Centralis­mo Democrático contra la Oposición Unificada en su conjunto. Y en la actualidad están en desacuerdo con la Oposición de Izquierda rusa en los problemas más importantes y se acercan a los cedemistas. ¿En base a qué exigen que la Oposición rusa reconozca a la Lenin­bund, al día siguiente de su creación, como único representante de la Oposición alemana?

c) Pero, para mí, más importante que todo eso es lo siguiente: la Oposición rusa no se cree en la obligación de determinar -sin hechos que lo avalen ni una prolongada experiencia de colaboración política y lucha ideológica- cuál de los grupos nacionales es la "ver­dadera" Oposición. La Oposición de Wedding nos pa­reció mal organizada y políticamente vacilante. Pero creímos que debíamos darle tiempo. La dirección de la Leninbund, encabezada por Maslow, Ruth Fischer y Cía., no nos podía inspirar a priori un cien por ciento de confianza, ni siquiera un setenta y cinco por ciento. Era necesario que la realidad los pusiera a prueba, lo que era muy natural, considerando que buscábamos mantener y desarrollar relaciones amistosas con ambas organizaciones y permitir que el curso de los aconte­cimientos y la discusión fraternal sentaran las bases fundamentales para la unanimidad y el necesario rea­grupamiento.

Desde luego, los oposicionistas rusos que fueron a dar al extranjero (no por voluntad propia sino de Stalin) pueden cometer y han cometido tal o cual error grueso. Estoy dispuesto a reconocerlo sin discusión. Es necesa­rio añadir que Moscú se encuentra muy aislado de los países extranjeros. Pero, en líneas generales, las rela­ciones entre la Oposición rusa y las organizaciones ex­tranjeras de la Oposición están determinadas por las concepciones principistas arriba mencionadas que, en gran medida, siguen en vigencia hasta el día de hoy.

2. En relación con lo dicho, permítaseme plantear el problema de cómo interviene la propia Leninbund en la lucha de los grupos de Oposición extranjeros.

En lo que se refiere a la república soviética, ya lo dijimos más arriba: la línea oficial de la Leninbund está entre la de los bolcheviques leninistas y la de los cedemistas. Pero, ¿y la Oposición de Francia, cuyos grupos son, desgraciadamente, muy numerosos? ¿Qué posición tiene la dirección de la Leninbund? Ninguna.

De vez en cuando publica artículos de los camaradas franceses, principalmente los que atacan las posiciones de la Oposición rusa. La dirección de la Leninbund actúa como si los problemas internos de la Oposición francesa no existieran. ¿Y Austria? Más o menos lo mismo. Yo no exijo, en absoluto, que la Leninbund "reconozca" oficialmente a algunos grupos de la Opo­sición y repudie a otros en este preciso instante. Toda­vía no es el momento de hacerlo. Pero se puede y se debe exigir que la dirección de la Leninbund se sienta realmente parte de toda la Internacional y encare los problemas de la Oposición extranjera desde el punto de vista de sus propias necesidades y tareas internas.

3. Dicen en su carta que en sus publicaciones no se afirmó una sola vez, "después de 1929", que la Oposición rusa "no va lo bastante lejos" (cosa que los cedemistas nos reprocharon en cientos de ocasiones). Es obvio que se remontan a 1929 porque el 21 de diciembre de 1928, en Die Fahne des Kommunismus (N° 51), me acusaron de ser excesivamente lento en mi evaluación el ritmo de deterioro del poder soviético, a la vez que afirmaron que las "concepciones optimistas" de mi ar­tículo En una nueva etapa ya habían sido superadas por los acontecimientos (überholt). Lo que se discutía en ese artículo era precisamente el termidor. A pesar de esa posición, el proceso ulterior reveló la capacidad de todo el proletariado, y del núcleo proletario del partido en particular, para obligar al aparato centrista a efectuar un prolongado viraje hacia la izquierda. Mi artículo contemplaba la posibilidad de que se pro­dujera esta mejora, mientras que su polémica contra mí no la previó, resultó errónea y, por consiguiente, fue realmente "superada por los acontecimientos" hace mucho tiempo.

Pueden decir, por cierto, que esto ocurrió antes de 1929. Pero, ¿realmente repudiaron en 1929 lo que dijeron en 1928? Aun en lo referente a 1929, su afirmación es totalmente errónea. El Volkswille del 16 de febrero publica un breve articulo en la sección "Corresponden­cia obrera", dedicado especialmente a contraponer la línea de Urbahns a la de Trotsky (con el titulo Según marcha Trotsky, así marcha la Oposición rusa). Por últi­mo, en Volkswille del 18 de mayo de 1929, se dice que las formulaciones de Trotsky concernientes a la situa­ción en la república soviética (nuevamente el problema del termidor) "no van lo bastante lejos". ¿Cómo pue­den olvidar lo que escribieron hace poco? Si yo tuviera más tiempo, podría encontrar otras citas por el estilo o, peor aún, insinuaciones solapadas o semisolapadas. Desde luego, nadie puede negarles el derecho a disentir con la Oposición rusa en general o con Trotsky en particular. Pero lo deben hacer con claridad, precisión y franqueza, sin recurrir a ardides ni evasivas. No ol­viden que estamos tratando los problemas fundamenta­les de la línea de la Oposición.

4. ¿Es apropiado, camaradas, jugar como lo ha­cen ustedes en su carta con el tema de sí leí o no el Volkswille? Si, el 5 de junio les escribí que todavía no conocía bien el Volkswille. En esa época yo estaba es­tudiando la publicación, no de manera azarosa sino profunda, respecto de diversas cuestiones. Ya en mis cartas del 13 de junio y del 24 de agosto había formula­do una caracterización general de su línea. ¿Creen us­tedes, acaso, que un mes, incluso una semana, no es tiempo suficiente para ello? De todos modos, esta car­ta demostrará que en 1929 ya conozco el periódico más profundamente que la propia redacción.

Sus ataques al camarada Frankel[2] fueron total­mente injustos; intentaban endosarle a Frankel posiciones que en realidad debieron haberme atribuido a mí. Ciertamente esa hubiera sido una actitud mejor y más franca. Al contrario de lo que ustedes afirman, jamás escribo en base a lo que me dicen "los secreta­rios". Asumo la responsabilidad por mis escritos. En cuanto al camarada Frankel, sé que hizo una crítica del Volkswille en relación con el 1° de mayo en una carta personal, en tono muy ecuánime y fraternal. Urbahns lo atacó de manera totalmente antifraternal. Basta este ejemplo para imaginarse los métodos que emplea el camarada Urbahns frente a la crítica interna en general.

6. Ustedes se declaran muy dispuestos a aceptar mi ayuda para elaborar, corregir y precisar la posición de la Leninbund. Desde luego, este asunto no me in­cumbe únicamente a mí. Hablé de la necesidad de establecer mejores relaciones con la Oposición rusa y la Internacional en su conjunto. Pero debo decir con fran­queza que mi experiencia personal rechaza afirmacio­nes tan amigables. Los ejemplos son tan abundantes, que resulta difícil elegir.

a) Cuando todavía estaba en Alma-Ata escribí (en tono muy cauteloso y fraternal) un artículo dirigido con­tra ciertas afirmaciones del camarada Urbahns que no podían interpretarse más que como un intento de for­mar un bloque con Brandler. Los militantes de la Lenin­bund no encontraron nada raro en el artículo en ese momento. Hace algunos meses, cuando yo estaba ya en Constantinopla, Brandler publicó mi artículo. Sólo después apareció en el Volkswille. Demás está decir que pudo deberse a una casualidad. Pero, lamentable­mente, la serie de casualidades sucedidas recientemen­te demuestran que lo que ocurre no es casual sino muy sistemático.

b) Cuando reivindicamos el sufragio secreto en el partido, la Leninbund lo interpretó en el sentido de las libertades democráticas generales. En una breve carta, sin el menor intento de polemizar, expliqué el sentido real de nuestra consigna. Mi carta apareció en varias publicaciones de la Oposición, pero no en el Volkswille. Sólo tras una larga polémica epistolar, la publicaron en el Volkswille, varias semanas después de que llegara a manos de sus editores.

c) Respecto de mi exilio, la dirección de la Leninbund lanzó una campaña periodística de tipo sensacionalista. Los camaradas de diversos países expresaron un asombro plenamente justificado ante su carácter agitativo. No se arribó a una sola conclusión principis­ta a partir de la campaña del Volkswille. Escribí un articulo especialmente para el Volkswille (o para Die Fahne des Kommunismus), sin el menor tono polémico, en el que traté de compensar las omisiones de la cam­paña de la Leninbund. Mi artículo (Una lección demo­crática que no recibí) apareció en casi todas las publi­caciones de la Oposición de Europa y América… salvo en las de la Leninbund, a las que estaba destinado, ya que el artículo se refería precisamente a Alemania. Cuando pedí explicaciones, los editores respondieron que el problema ya no era "de palpitante actualidad" en Alemania. Yo no entendía. Esta explicación podría quizás resultar valedera desde el punto de vista del sensacionalismo político, pero en el marco de la propa­ganda principista, que debería constituir la parte más importante del trabajo de la Leninbund, la respuesta del camarada Urbahns me pareció inverosímil.

Sin embargo, hay un caso que supera a todos los demás y basta por sí sólo para caracterizar la metodología del Consejo de Redacción de la Leninbund. El 12 de junio envíe al camarada Urbahns una carta abierta titulada Una vez más sobre Brandler y Thalheimer. En ese artículo afirmé públicamente por primera vez que yo estaba lejos de llegar a un acuerdo con la dirección de la Leninbund. Creo que como colaborador activo de las publicaciones de la Leninbund tenia el derecho, mejor dicho el deber -para con la Oposición rusa e Internacional-, de hacer una reseña de mis diferencias con la dirección de ésta. ¿Cuál fue su respuesta? Lisa y llanamente, tergiversó mi articulo. Publicó la parte dirigida contra Brandler pero eliminó los párrafos en los que se crítica a la Leninbund. Los editores elimi­naron el siguiente párrafo:

"No asumo, de ninguna manera la defensa de la línea de Maslow y los otros. En 1923, el radicalismo verbal de Maslow derivaba de la misma pasividad que origina los errores de Brandler. Maslow, que no comprendía el abecé del problema, trató de poner en ridículo mi propuesta de fijar fecha para la insurrección. En el Quinto Congreso seguía creyendo que la revolución estaba ganando impulso. En otras palabras, en los pro­blemas más importantes tuvo la misma posición que Brandler, sazonada con un poco de condimento ultraizquierdista. Pero Maslow trató de aprender hasta que cayó en el pantano de la capitulación. Otros ex ultraizquierdistas sí aprendieron algunas cosas. No asumo la menor responsabilidad por la línea del Volkswille en su conjunto, que contiene muchos restos del pasado, es decir, es una combinación de tendencias oportunis­tas y ultraizquierdistas. No obstante, estos camaradas han aprendido mucho y muchos de ellos demostraron que son capaces de aprender más. Brandler y Thalheimer, en cambio, dieron un colosal paso hacia atrás al elevar su ceguera revolucionaria al nivel de un programa."

¿Por qué eliminaron estas líneas? ¿Para ahorrar es­pacio, quizás? ¿O para demostrar claramente hasta qué punto están dispuestos a aceptar las criticas? Si los editores actúan de esa manera con mis artículos, no cuesta mucho imaginar lo que hacen con los artículos críticos de los militantes de su organización.

Le pusieron al artículo el título De la carta del cama­rada Trotsky para ocultar, de esa manera aparentemen­te inocua, la maniobra ilícita que habían realizado y a la que prefiero no llamar por su verdadero nombre. Ustedes, queridos camaradas, tenían el derecho formal de no publicar mi artículo. Tenían el derecho tanto formal como político de polemizar contra mi artículo de la manera más categórica. Pero no tenían derecho -ni político ni formal- de tergiversar ante los obreros alemanes mi actitud hacia los grupos de la Oposición.

d) En esa época publicaron mi crítica al programa de la Internacional Comunista. Pero aun aquí seleccionaron para sus propios fines pasajes neutros, pasando por alto los problemas cruciales. Así, del segundo capítulo no citaron la parte que trata el viraje ultraizquier­dista de 1924-1925, que provocó desastres colosales en la Internacional. Si no estaban de acuerdo con mi ar­tículo debían haberse pronunciado claramente. Pero ustedes, lisa y llanamente, soslayan uno de los proble­mas mas importantes del desarrollo de la Internacional Comunista que tiene que ver con su propio pasado (y no sólo con el pasado). Con semejantes métodos es imposible educar a los cuadros revolucionarios en el espíritu del marxismo.

Asimismo, no citaron lo que dije en el tercer capítulo sobre la revolución permanente en China. Argüí que la teoría de la revolución permanente -dejando de lado los episodios polémicos del pasado remoto que hoy no tienen importancia- concuerda plenamente con la esencia misma del leninismo. Soslayaron también este problema, que es fundamental para Oriente y, por ende, uno de los más importantes para toda la Interna­cional.

Nunca se sabe con qué están de acuerdo y con qué no lo están.

e) En la actualidad, Die Fahne des Kommunismus dedica, durante varias semanas, una tercera parte de sus escasas páginas a artículos de Radek, Smilga y Preobrashenski dirigidos contra la Oposición rusa y contra mí en particular. Estos artículos fueron enviados al exterior con fines informativos. Si el camarada Urbahns tuviera el menor sentido de solidaridad con la Oposición rusa, antes que nada me habría enviado estos artículos (puesto que a mí estaban dirigidos). Ello me habría permitido responder oportunamente a los nuevos argumentos de los capituladores. El camara­da Urbahns actuó de otra manera. Publicó los artículos de los capituladores dirigidos contra la Oposición rusa, para confusión general de los lectores no familiariza­dos con los equipos y combinaciones especiales del camarada Urbahns. En efecto: ¿por qué se publican semana a semana estos artículos en los órganos de la Leninbund, cuando es a Brandler y a Thalheimer a quienes les corresponde hacerlo? Hay una sola expli­cación política concebible: los editores utilizan a Radek y Cía. para socavar a la dirección de la Oposición rusa sin asumir la responsabilidad directa de ese acto.

f) Sin embargo, esto no agota el problema. No me detendré en la tergiversación de cuestiones esenciales, pero no puedo pasar por alto el problema de la "Ayuda a Trotsky". Desde mi llegada a Constantinopla esta organización se ha convertido para mí en un motivo de preocupación. Lo escribí una serie de cartas al cama­rada Urbahns en las que le expresé que, de encon­trarme materialmente necesitado, no pondría ninguna objeción a que se efectuaran semejantes colectas volun­tarias entre los obreros, con la condición -demás esta decirlo- de que las colectas fueran públicas y con una estricta rendición de cuentas. Pero puesto que no necesitaba ayuda, el dinero recolectado debía haberse reintegrado a quienes lo aportaron o, con un acuerdo común y público, utilizarse para otros fines. Me ofrecí para hacer llegar los fondos reunidos a los oposicio­nistas rusos arrestados y exiliados y a sus familias. Escribí una carta al efecto que fue publicada en una serie de periódicos, incluido el Volkswille. El camarada Urbahns respondió a una de mis notas con una carta escrita en un tono de franca indignación. He aquí lo que me escribió el 2 de mayo: "¿Qué clase de acusa­ciones concretas o sospechas le hicieron llegar acerca de la "Ayuda a Trotsky"? Creo que es absolutamente imprescindible que se aclaren esas cuestiones [...] Comparto su opinión de que la buena fe de los obreros, de la que se abusa con frecuencia, obliga a aclarar todos los problemas, cualquiera que sea su naturaleza […]"

Estas palabras me tranquilizaron. Pero, desgracia­damente, por poco tiempo. A pesar de todas las insistencias, jamás se rindió cuentas de los fondos recolec­tados y distribuidos. Sobra decir que no cabe hablar de abusos personales. Mas, ¿cómo refutar la afirma­ción de que el dinero fue a subvencionar las necesi­dades de la Leninbund?

7. Podría aducirse que el problema de una colecta, por importante que sea de por sí, no guarda una relación directa con las diferencias que estamos tratando; pero ese argumento sería superficial. Aquí no sólo nos preocupa la línea principista de la Leninbund, tema de mi primera carta, sino también los métodos organiza­tivos de su dirección. No es difícil demostrar que ambos problemas están estrechamente ligados. Los preceptos del marxismo suponen, en primer término, una actitud correcta hacia las masas y la clase. De ahí surge la necesidad de la lealtad revolucionaria. No sabemos de normas éticas que se eleven por encima de la sociedad y de las clases, pero sí sabemos muy bien que la lucha del proletariado exige una moral revolucionaria. La maldi­ción más grande del stalinismo es que obtiene sus éxitos a expensas de los vínculos internos de la vanguardia proletaria y, de esa manera, prepara catástrofes en las que podría perecer algo más que la burocracia stalinista.

Pero la deslealtad política no es un rasgo exclusivo del aparato stalinista. La actitud sectaria hacia las masas implica también el deseo de engañar a la clase y a la historia valiéndose de métodos y recursos hábiles, siempre ligados a la violación de las premisas de la lealtad revolucionaria. Los dirigentes políticos que se preparan para una lucha prolongada con el fin de conquistar a la vanguardia proletaria jamás se permitirían ser negligentes en un problema que afecta tanto la confianza de las masas.

Para mí, por ejemplo, el episodio de la colecta y el de la tergiversación de mi artículo expresan por igual una actitud errónea hacia el obrero, el lector y las masas.

Repito: Stalin no tiene el monopolio de la desleal­tad. Zinoviev, que con esos métodos creó una nueva escuela, trabajó a su lado. Maslow y Fischer fueron, indudablemente, los representantes más destacados de esa escuela. Su rasgo distintivo es el cinismo moral que no se detiene ante la falsificación y la tergiversación de citas, ni ante la calumnia, como métodos para ganar influencia sobre las masas. Estos métodos corrompieron profundamente a la burocracia de la Internacional Comunista. La Oposición debe librar una lucha implacable para erradicarlos, sobre todo de su propio seno.

Pero con esto no quiero decir, de ninguna manera, que los que pasaron por la escuela de Zinoviev están irrevocablemente condenados. Obviamente, no es así. Se puede pasar de la línea sectaria y aventurerista (o semisectaria y semiaventurerista) a la marxista y proletaria. En última instancia, el problema se resuelve con una línea política correcta, perspectivas correctas y métodos revolucionarios correctos. La propaganda moral abstracta, divorciada de la política, es simple­mente absurda, por no decir estúpida. Pero se puede y se debe exigir que los métodos y los procedimientos estén a tono con los fines. Y así lo hacemos.

8. El problema de la colecta no sólo es importante desde un punto de vista principista, tal como ya dijimos, sino también desde un punto de vista práctico. Jamás en la historia de la lucha revolucionaria (con la excepción de China) se encontraron los revolucionarios en circunstancias tan difíciles como las que enfrentan los militantes de la Oposición en la república soviética. Su aislamiento cotidiano y sus penurias materiales tras­cienden toda descripción. Nunca ocurrió nada parecido bajo el zarismo. Esta es una causa más, y de ninguna manera la menos importante, de la epidemia de capi­tulaciones.

Uno de los medios indispensables para combatir a la burocracia stalinista es, en este momento, el apoyo material a los oposicionistas perseguidos. Esta es una responsabilidad directa de la Oposición Internacional. Por ahora, esta vía quedó cerrada por el episodio de la "Ayuda a Trotsky". Ya no tenemos la oportunidad de dirigirnos a los obreros, de cuya buena fe hemos abu­sado. ¿Puede tolerarse esta situación un día más?

9. Lo que se desprende de su carta es que usted solicitó mi colaboración y yo la negué. Ya demostramos que ocurrió exactamente lo contrario. Las circunstan­cias que dieron lugar directamente a su última respuesta así lo prueban. Ya escribí más de una vez acerca de los problemas que plantea. El 13 de junio insistí en que nos reuniéramos lo antes posible. Ustedes respon­dieron afirmativamente. Pero al mismo tiempo -como ya ha ocurrido en otras ocasiones- esa promesa no significó que estuvieran dispuestos a tomar las medidas necesarias para cumplirla. Permanecieron lisa y llana­mente en silencio. No respondieron a los interrogantes de mi carta. Pasaron casi tres meses, y sólo después de que yo envié una copia de mi carta del 24 de agosto a otros grupos de la Oposición internacional respondieron ustedes con la carta que se analiza aquí.

10. A la polémica principista de ustedes en torno al termidor y el carácter del estado soviético, que entregaron a la prensa, responderé en un folleto que se tendría que publicar inmediatamente en varios idio­mas. La magnitud del problema no admite reservas. La Oposición Internacional en su conjunto debe exami­nar, discutir, pensar a fondo y polemizar alrededor de estos problemas con la necesaria libertad. Toda célula de la Oposición debe disponer de los documentos y materiales pertinentes y participar directamente en la polémica. Ese es el requisito elemental; espero que no tengan diferencias de tipo principista con él, y, (esto es lo más importante) que no se le opongan en la práctica.

11. Agregaré sólo algunas observaciones de tipo programático.

Escribí mi folleto antes de recibir su última carta y antes de la aparición del reciente artículo teórico en Die Fahne des Kommunismus. Tanto el artículo como la carta demuestran que el tono que empleé en el trabajo es excesivamente "conciliador". Después de dar medio paso atrás, los editores se embarcaron en una "exten­sión" teórica del problema y en una franca distorsión de la teoría marxista del estado, que Lenin había defen­dido de la distorsión. Aparentemente, según ustedes, el estado ruso no fue bajo Kerensky un estado burgués sino imperialista burgués, y bajo Stalin es un estado no proletario y no burgués. Todo esto es un desastre del principio al fin, y me pregunto alarmado: ¿Adónde van a llegar si persisten en esta línea?

12. Al proponerle a la Oposición rusa que adopte un programa de libertades democráticas tendiente a convertirla en un partido político independiente, ustedes agregan: "Esta reivindicación no tiene nada que ver con la reivindicación de una segunda revolu­ción." Estas palabras inverosímiles, que repiten en dos ocasiones, demuestran que ustedes no quieren sacar conclusiones. Si consideran que el Partido Comunista soviético no tiene remedio, si renuncian a ganar a su núcleo proletario (y ganarlo significa ganar al partido), si oponen al PC soviético un segundo partido con un programa democrático, ello significa que inician una lucha por el poder divorciada del partido y en contra de él. ¿De qué otra forma se puede luchar por el poder sino a través de una segunda revolución? ¿O acaso creen que puede existir un partido independiente que no luche por el poder estatal? ¿Qué significa todo esto? ¿Qué propósitos persigue? Ninguno, camaradas. Ustedes no pensaron el problema a fondo; de allí deriva precisamente su pasión por las reservas y ambigüedades.

13. En su carta dicen de paso que consideran "inoportuna" la analogía con el termidor. Reconozco que me cuesta comprender tamaña ignorancia sobre las ideas propias y extrañas. La Oposición rusa viene utilizando la analogía del termidor desde hace cinco años. La escuela de Bujarin argumentaba que esa analogía era "inadmisible". Le respondíamos que rechazar las analogías históricas equivale a rechazar la utilización de la experiencia histórica en general. En una serie de documentos definirnos con toda claridad y precisión cuál es para nosotros el contenido real de la analogía. La idea del termidor soviético se utiliza internacionalmente. Ustedes mismos lo hicieron, aunque mal, en numerosas ocasiones. Ahora que se encuentran en un callejón sin salida ideológico, dicen inesperadamente que la analogía es "inoportuna". ¿Es que puede llegar más lejos la confusión mental?

Debo agregar, además, que Radek, que habló y escribió sobre el termidor en cientos de ocasiones en 1926-1927, a partir de 1928 comenzó repentinamente a tener dudas sobre esta analogía. Le respondí en un documento especial, en el que reafirmé una vez más el significado marxista de la analogía con el termidor. Ustedes tienen este documento. Prometieron, incluso, publicarlo; así lo declararon en Volkswille. Me envia­ron un ejemplar del Volkswille con el anuncio subrayado en lápiz azul. No obstante, a pesar de que les di mi artículo contra Radek éste no apareció. Sí apareció, en cambio, el extenso documento de Radek en mi contra.

Prefiero referirme en la prensa a la esencia de la cuestión del termidor, es decir, si la analogía es opor­tuna o inoportuna.

14. Para terminar, quiero dirigir la atención de ustedes a una situación de importancia fundamental.

En sus publicaciones se menciona a la URSS, a la Internacional Comunista y al Partido Comunista Alemán como si no tuvieran nada que ver con sus asuntos. Parten del supuesto de que la república soviética está destruida sin remedio, que la Internacional Comunista y el Partido Comunista Alemán han muerto, que las demás organizaciones de la Oposición no van lo sufi­cientemente lejos y que ustedes solos deben reconstruir todo. No siempre lo dicen; a veces, influidos por la crítica, expresan lo contrario. Pero ésta es, precisa­mente, la base de su actitud. Es una base sectaria. Podría destruir a la Leninbund.

Nadie puede decir de antemano qué formas organi­zativas aparecerán con el desarrollo ulterior de la Internacional y sus partidos, qué clase de rupturas, bloques, etcétera, se producirán, es decir, por qué camino concreto los núcleos proletarios de los partidos comu­nistas se liberarán de la burocracia centrista y crearán para sí una línea correcta, un régimen sano y una direc­ción como corresponde. Pero un hecho resulta claro: es más peligroso que la Leninbund le vuelva la espalda al Partido Comunista que el hecho de que el Partido Comunista lo haga respecto de los sindicatos. Creer que pueden desplazar al Partido Comunista, presentarse como alternativa frente a éste, etcétera es, para el futuro próximo, utopismo puro. En primer lugar, es necesario esforzarse para que el núcleo proletario del partido, y en particular los jóvenes obreros que, como resultado de los manifiestos criminales y aventure­ristas de Thaelmann, salieron a la calle el 1° de mayo, levantaron barricadas y se enfrentaron con la muerte, confíen en ustedes, quieran escucharlos y comprendan lo que ustedes quieren. Para eso, ellos tienen que convencerse de que ustedes no les son extraños. El tono ha de ser completamente distinto. La lucha contra el centrismo y el aventurerismo no debe ceder ni un ápice, tiene que ser implacable. Pero las masas partidarias y los millones de obreros que siguen al partido son otra cosa. Es necesario encontrar la línea correcta.

Cuando la policía reprimió a Die Rote Fahne, había que salir en su defensa con toda energía, sin ocultar las diferencias, sin detenerse por miedo al cierre del Volkswille, enfrentando este peligro conscientemente. En lugar de eso, los editores del Volkswille publicaron una declaración cuya esencia era que, cerrado Die Rote Fahne por la policía, Volkswille quedaba, gracias a Dios, como único periódico comunista. Esta conducta no merece otro calificativo que el de escandalosa. Evi­dencia una actitud errónea hacia el partido y una falta total de solidaridad revolucionaria.

15. El llamado que hacen a la defensa de la URSS tiene exactamente el mismo carácter. Ustedes no comprenden la importancia internacional del problema. Sus manifiestos son forzados y artificiales; no tienen por objeto conducir a los obreros a la defensa de la URSS sino impedir que se ofendan del todo los kors­chistas "simpatizantes".

16. En Bélgica o en Estados Unidos, donde el Partido Comunista oficial es muy débil y la Oposición relativamente fuerte, las organizaciones de la Oposi­ción pueden funcionar con una política totalmente independiente de la del partido oficial; es decir, pueden apelar a las masas haciendo caso omiso del partido, en la medida en que ello resulte factible. La situación es muy distinta en Alemania y, en buena parte, también en Francia. En estos países la relación de fuerzas es muy distinta. La Oposición reúne a cientos o miles de militantes, los partidos oficiales a cientos de miles. Hay que tenerlo en cuenta al elaborar nuestra línea.

Ustedes creen que la Oposición rusa necesita consignas "democráticas" para transformarse más rápidamente en un partido. Pero yo creo, por el contra­rio, que ustedes deben despojarse de la armadura excesivamente pesada del partido y volver a ser una fracción. El Volkswille en su forma actual no tiene futuro. Tres cuartas partes de su material corresponden a un diario, pero sin remplazarlo. Lo que ustedes nece­sitan es un buen semanario, redactado con seriedad, capaz realmente de educar a los cuadros marxistas revolucionarios. El problema de un diario sólo puede surgir en la próxima etapa.

Algunas conclusiones:

1. ¿Considero yo que la conducta de la dirección de la Leninbund constituye una ruptura? No. Pero veo en esta conducta el peligro de ella. Me parece, además, que algunos camaradas de la dirección de la Leninbund eligieron conscientemente una ruta que conduce a la ruptura.

2. No sólo no tengo intenciones de colaborar en eso sino que, por el contrario, creo que es necesario emplear todos los medios a nuestro alcance para impedir una ruptura que significaría un duro golpe a la Oposi­ción Internacional y condenaría a la Leninbund a la degeneración nacional y sectaria.

3. ¿Con qué medios contrarrestaremos este peli­gro? Mediante la polémica pública y profunda y la discusión honesta. Sin apuro. Sin tratar de engañarnos mutuamente.

4. Es necesario reconocer abiertamente que aun dentro de la dirección de la Leninbund hay una minoría que, en torno a los problemas en debate, sostiene la posición de la Oposición rusa, no la del camarada Urbahns y sus correligionarios. A esta minoría se le debe conceder la oportunidad de expresar sus posicio­nes en las páginas de Die Fahne des Kommunismus.

5. La Oposición Internacional tiene que participar en la discusión de los problemas. Las publicaciones de la Leninbund deben difundir con toda honestidad las palabras de la Oposición Internacional para que la orga­nización las considere.

Sólo la discusión, armada con una garantía mínima de democracia partidaria, puede impedir que se quiebre la Leninbund o que ésta rompa con los grupos más importantes de la Oposición Internacional.

Yo, por mi parte, estoy dispuesto a emplear todos los medios a mi alcance para promover la superación pacífica y cordial de las diferencias.

Este es el único fin de esta carta.

 

L. Trotsky



[1]¿Adónde va la Leninbund?. Con autorización de la Biblioteca de la Univer­sidad de Harvard. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Marilyn Vogt.

[2] Jan Frankel: oposicionista checo desde 1927, en 1929 pasó a formar parte del secretariado y la custodia de Trotsky. El y Trotsky fueron los únicos testi­gos en el tribunal sobre los Juicios de Moscú de la Comisión Dewey, que se reunió en abril de 1937 (ver The Case of Leon Trotsky, Merit Publishers, 1969).



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