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A la Liga Comunista de Lucha[1]

 

 

22 de mayo de 1932

 

 

 

Camarada Weisbord:

 

Por iniciativa propia, su organización delegó en usted la responsabilidad de comenzar un intercambio de opiniones sobre las cuestiones que los separan a ustedes de la Liga norteamericana, la sección de la Oposición de Izquierda Internacional (bolcheviques leninistas). En el transcurso de varias charlas me explicó las posiciones de su organización sobre los problemas fundamentales en disputa. Usted me propuso que yo pusiera por escrito mis conclusiones sobre esas conversaciones. Trataré de hacerlo en estas líneas, sin pretender agotar los temas que usted me planteó:

1. Me inclino a considerar que el problema más importante es el del “partido laborista”, ya que involucra la cuestión del instrumento esencial de la revolución proletaria. Cualquier confusión o ambigüedad al respecto puede ser muy perniciosa. Ya critiqué sus ideas en defensa de la consigna del “partido laborista” en un documento especial que le entregué. Creo que aquí será suficiente con agregar unas pocas consideraciones.

Respecto a este problema su organización está muy cerca de la de Lovestone, que es notoriamente oportunista. El grupo de Lovestone es coherente en su negación del rol histórico independiente del partido comunista. Este grupo todavía hoy aprueba la política de la Comintern hacia el Kuomintang y los sindicatos británicos, es decir la capitulación en los principios del comunismo, en un caso frente a la burguesía y en el otro ante los lugartenientes de la burguesía dentro de la clase obrera.

Por lo que estoy enterado, su grupo critica la política de los stalinistas en China y en Gran Bretaña pero al mismo tiempo acepta la consigna del partido laborista. Es decir, mientras asumen o tratan de asumir una posición marxista hacia los acontecimientos ocurridos en el pasado en otros países, adoptan una posición oportunista ante los acontecimientos futuros de su propio país. Creo que sin una revisión radical de la posición de ustedes sobre el problema central del partido será imposible un acercamiento efectivo entre su organización y la Oposición de Izquierda Internacional.

2. Hasta ahora el grupo de ustedes rechazó nuestra definición de la fracción internacional stalinista como centrismo burocrático. Comienzan planteando que sólo se puede caracterizar de “centristas” a los grupos que están entre el campo oficial del reformismo (la socialdemocracia) y el campo oficial del comunismo. Tras esta concepción del centrismo puramente formal, esquemática, antidialéctica, se oculta de hecho una falta de claridad sobre la posición política de su propio grupo. Ustedes quieren borrar las diferencias entre el partido oficial, la fracción de derecha (el grupo de Lovestone) e incluso la Liga norteamericana. Esto les permite mantener una posición ecléctica y defender su derecho a hacer bloque con el grupo de Lovestone.

Es indiscutible que el grupo de Lovestone no es una organización puramente reformista, pero si lo son su tendencia y su órbita política. El grupo de Lovestone constituye una variedad del centrismo de derecha que evoluciona del comunismo a la socialdemocracia. La tendencia del Partido de los Trabajadores Socialistas (SAP) de Alemania,[2] que rompió con la socialdemocracia, es más progresiva que la de los brandleristas, aunque de acuerdo a sus formulaciones teóricas éstos parecen ser mas afines a nosotros. Estáticamente, el grupo de Lovestone, los brandleristas alemanes y el SAP son distintas variedades del centrismo de derecha. Pero dinámicamente son diferentes, y lo decisivo es la dinámica.

Es cierto que en una cantidad de cuestiones secundarias el grupo de Lovestone tuvo una posición más correcta que el partido oficial, pero formar un bloque con ese grupo implica atribuirle una autoridad mayor de la que goza realmente y de esa manera ayudarlo a cumplir su reaccionaria misión histórica.

No me detendré más sobre el problema del centrismo; me permito darles como referencia mi último folleto (¿Y ahora qué?), que pronto aparecerá en Norteamérica.

En mi opinión, si no está muy clara esta cuestión esencial no se podrá concretar un acercamiento entre la fracción de ustedes y la Oposición de Izquierda Internacional.

3. En considerable medida, las criticas de ustedes a Liga norteamericana parten de premisas erróneas (las más importantes ya las hemos citado). Al mismo tiempo, su crítica es tan inmoderada, exagerada y acerba que nos vemos obligados a considerarlos, como tendencia ideológica, en el terreno de los adversarios, si no de los enemigos abiertos, de la Oposición de Izquierda.

Como ya lo dije, basándose en criterios parcialmente falsos, parcialmente insuficientes y arbitrarios, ustedes niegan que existan diferencias de principios entre la Liga norteamericana, el grupo de Lovestone y el partido oficial. De este modo ustedes no sólo clasifican de oportunista a la dirección de la Liga; también declaran que la Oposición de Izquierda Internacional en su conjunto es absolutamente incapaz de distinguir entre el marxismo y el oportunismo. ¿Se asombran entonces de que los bolcheviques leninistas quieran saber qué los mantiene a ustedes ligados a la Oposición de Izquierda Internacional?

4. Ustedes subrayan especialmente la necesidad de que la Oposición de Izquierda participe activamente en los movimientos de masas y en las luchas de los trabajadores en general. Aunque en la mayoría de los países la Oposición de Izquierda es todavía una organización propagandista, no realiza su propaganda de manera sectaria sino marxista, sobre la base de la participación en todos los aspectos de la vida del proletariado. No puedo aceptar que ningún dirigente o militante de la Liga norteamericana lo niegue en principio. En gran medida el problema se reduce a las posibilidades reales, que también incluyen la capacidad natural, la experiencia y la iniciativa del partido.

Admitamos por un momento que la Liga norteamericana carece de tal o cual condición para el trabajo de masas. Estoy de acuerdo en que el grupo de ustedes podría complementar el trabajo de la Liga en ese aspecto, Pero el trabajo de masas se debe apoyar sobre principios y métodos bien precisos. Hasta que se logre la necesaria unanimidad en una serie de cuestiones fundamentales, las discusiones sobre el “trabajo de masas” seguirán siendo infructíferas inevitablemente.

5. Dije que la posición del grupo de ustedes es ecléctica. Con esto no pretendo expresar una condena lapidaria que cierre el camino a un futuro entendimiento. Esto también se decidirá dinámicamente. Ustedes deben revisar franca, clara y cuidadosamente sus premisas para descubrir no solamente los errores políticos obvios sino también las raíces históricas y principistas de esos errores. Elogié calurosamente las tesis de la Segunda Conferencia de la Liga norteamericana porque en ellas, además de adoptar una posición correcta sobre la esencia del problema, critican franca y abiertamente su propio pasado. Esta es la única manera en que una tendencia revolucionaria puede asegurarse seriamente contra las desviaciones.

6. Su grupo levanta la consigna de una conferencia internacional con la participación de todas las organizaciones y grupos que se reclaman de la Oposición de Izquierda. Esto me parece falso hasta la médula. La Oposición de Izquierda no acaba de nacer. En el transcurso de la lucha por sus ideas y métodos limpió sus filas de elementos extraños. La conferencia puede y debe partir del trabajo ideológico ya realizado y fortalecer y sistematizar sus resultados. Seguir el camino propuesto por su grupo significaría eliminar el pasado y retroceder al caos original. Ni cabe hablar de hacerlo.

La Oposición de Izquierda no es una suma matemática de grupos vacilantes sino una fracción internacional erigida sobre las sólidas bases de los principios marxistas. No se puede llegar al acercamiento o la unificación con la Oposición de izquierda Internacional a través de maniobras organizativas o intrigas aventureras a lo Landau. Me alegró su aclaración de que su grupo no tiene nada en común con Landau y sus métodos. Precisamente por esta razón hay que renunciar de una vez por todas a la idea de transformar la Oposición de Izquierda Internacional en un arca de Noé. Hay que elegir otro camino, menos precipitado pero más serio y seguro.

Antes que nada ustedes deben tener bien claro que el camino a la Oposición de Izquierda Internacional pasa por la Liga norteamericana; no hay otra vía. Sólo es posible unificarse con la Liga norteamericana en base a la identidad de principios y métodos, los cuales deben ser formulados teóricamente y verificados por la experiencia.

Opino que lo mejor sería que dedicaran uno de los próximos números de su publicación a la revisión crítica de sus presupuestos ideológicos, especialmente respecto a los problemas en discusión. Solamente esta revisión (naturalmente más que nada su contenido, pero también parcialmente su forma) puede señalar hasta qué punto están realmente maduras las condiciones prácticas para la unificación.

Podemos publicar los extractos más importantes de sus artículos en el Boletín Internacional, como material informativo. Por supuesto, será la Liga norteamericana quien decida. Pero todas nuestras secciones querrán estar informadas. Nadie exigirá ninguna concesión de principios a la Liga norteamericana. No obstante, todas las secciones colaborarán con la causa del acercamiento y la fusión si se confirma la existencia de una base común de principios.

No hace falta agregar que me alegrará mucho si su viaje hasta aquí y nuestras discusiones contribuyen en algo a la entrada de su grupo a las filas de los bolcheviques leninistas.

 

L. Trotsky

 

Posdata, 24 de mayo de 1932.

En función de una mayor claridad quiero agregar algunas observaciones:

1. Al referirme a lo inadmisible de un apoyo directo o indirecto al grupo de Lovestone o a los brandleristas en general, de ningún modo quiero decir que estos elementos no podrían, en ninguna circunstancia, encontrar una ubicación en las filas comunistas. Por el contrario, no hay duda de que con un régimen sano en la Comintern la mayoría de los brandleristas habría realizado alguna tarea útil. Una de las consecuencias más peligrosas de la burocracia stalinista es que con cada nuevo zigzag empírico se ve obligada, por temor a la derrota, a echar del partido a sus aliados de ayer.

Zinoviev y Kamenev son elementos altamente calificados. Bajo el régimen de Lenin asumieron tareas de mucha responsabilidad pese a sus deficiencias, que Lenin comprendía muy bien. El régimen de Stalin condenó a Zinoviev y a Kamenev a la muerte política. Lo mismo se puede decir de Bujarin y muchos otros. La degeneración ideológica y moral de Radek no testimonia solamente que éste no es uno de los mejores elementos sino también que el régimen de Stalin sólo se puede apoyar en burócratas impersonales o en individuos moralmente corruptos.

Sin embargo, hay que tomar los hechos como son. Los brandleristas, expulsados de la Comintern, y sus peores secuaces (el grupo de Lovestone) se condenaron a la degeneración política. Sus recursos ideológicos son nulos. No tienen base de masas ni pueden tenerla, como grupo independiente sólo sirven para provocar la confusión y la desintegración. Cuanto antes se disuelvan, mejor. No importa quiénes de ellos terminarán como pequeños funcionarios stalinistas y quiénes como socialdemócratas.

2. No se debe interpretar de manera demasiado amplia mi observación de que en el SAP hay más elementos progresivos que entre los brandleristas. Ni siquiera cabe mencionar la posibilidad de un bloque político entre la Oposición de Izquierda y el SAP con su actual dirección obviamente centrista. Las tendencias progresivas dentro del SAP sólo quedarán al descubierto con nuestra crítica Implacable a la dirección y también a los viejos brandleristas que se ocultan detrás de ellos y juegan un rol manifiestamente reaccionario dentro de la organización.

No podemos poner a sus socialistas de izquierda norteamericanos siquiera al mismo nivel que los dirigentes centristas del SAP, que por lo menos rompieron con la socialdemocracia. Con una política correcta por parte del Partido Comunista, el SAP podría llegar a ser, antes de su desintegración, un valioso auxiliar para la destrucción de la socialdemocracia. En cuanto a los socialistas de izquierda norteamericanos, no hay el menor motivo para establecer alguna diferencia entre ellos y Hillquit,[3] es decir, para considerarlos algo más que agentes de la burguesía dentro de la clase obrera.

3. Sobre el problema del partido laborista, ustedes hacen referencia a la resolución del Cuarto Congreso. La Oposición de Izquierda se apoya totalmente en las resoluciones de los cuatro primeros congresos, pero distingue las resoluciones principistas y programáticas de las tácticas y episódicas. La resolución del Cuarto Congreso sobre ese punto no podía ser más que una hipótesis táctica. Posteriormente esta hipótesis fue sometida a una prueba colosal. En cierto sentido la Oposición de Izquierda es producto de esa prueba. El error de su grupo consiste precisamente en ignorar el trabajo de la Oposición de Izquierda sobre esta cuestión fundamental.

4. Lo mismo vale para el problema del centrismo. Ustedes citan a Lenin. Pero no se trata de referirse a tal cual cita de Lenin, ubicada en otra época y en otras condiciones, sino en utilizar correctamente su método. Naturalmente Lenin no dijo nada sobre el centrismo burocrático porque la fracción stalinista se formó políticamente después de su muerte. La Oposición de Izquierda Internacional surgió de la lucha contra esta fracción. Ustedes también ignoran su actividad crítica al respecto.

5. No quiero decir que en el pasado su grupo defendió los métodos inútiles del grupo de Landau. Sin embargo, ustedes se equivocan al pensar que éste es un problema interno de la Oposición de Izquierda. Esta no tiene ni puede tener nada en común con el grupo de Landau o con quienes lo apoyan.

 

L. Trotsky



[1] A la Liga Comunista de Lucha The Militant, 10 de setiembre de 1932. En el mismo periódico se publicó, el 17 y el 24 de septiembre de 1932, la respuesta de Weisbord a Trotsky, y el 1º y el 8 de octubre la respuesta de la Liga norteamericana a Weisbord.

[2] El Partido de los Trabajadores Socialistas (SAP) alemán se formó en 1931, después de que los socialdemócratas expulsaron a varios diputados del Reichstag pertenecientes al ala izquierda encabezada por Max Seydewitz y Kurt Rosenfeld, que también era un conocido abogado defensor de las libertades cívicas. En la primavera de 1932 hubo una ruptura en la Oposición Comunista de Derecha alemana (KPO. Brandleristas) y un sector dirigido por Jakob Walcher entró al SAP. Cuando Seydewitz y Rosenfeld se retiraron del SAP, tomaron la dirección los ex brandleristas. En 1933 el SAP hizo un acuerdo con la Oposición de Izquierda para trabajar en conjunto por la formación de una nueva internacional, pero pronto cambió de idea y se convirtió en adversario de la Coarta Internacional.

[3] Morris Hillquit (1869-1933): abogado que estuvo entre los fundadores del Partido Socialista norteamericano.



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