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A cerca de Andrés Nin (correspondencia y discusiones, 1930-37)

 

LA CRISIS REVOLUCIONARIA MADURA[1]
(Extractos de cartas a Andrés Nin)

13 septiembre 1930

[(...) No dudo que en Paris le pondrán al corriente de la batalla interna que se desarrolla en el seno de la Ligue.[2]" Es por ello que encuentro necesario exponerle mi punto de vista sobre esta cuestión.

Si en Paris entra en todos esos asuntos internos ‑y pienso que debería hacerlo‑ es necesario que escuche a las dos partes. Me gustaría que me escribiese con detalle las impresiones que saque de ello[3]]

21 noviembre 1930

En mi artículo[4] he expresado de manera muy circunspecta la idea de que después de varios años de dictadura, después de un movimiento de oposición de la burguesía, después de todo el ruido artificialmente creado por los republicanos, después de las manifestaciones estudiantiles, conviene esperarse una acción obrera inevitable, y he dejado entender que esta acción podría coger desprevenidos a los partidos revolucionarios. Si no me equivoco, ciertos camaradas españoles han estimado que exageraba la importancia como síntoma de las manifestaciones estudiantiles y al mismo tiempo las perspectivas del movimiento obrero revolucionario. Luego, sin embargo, la lucha huelguística ha tomado en España una formidable amplitud. Es absolutamente imposible discernir claramente quiénes son los dirigentes de estas huelgas. ¿No cree que España podría pasar por el ciclo de acontecimientos que conoció Italia a partir de 1918‑19: una fermentación, huelgas, la huelga general, la toma de las fábricas, la ausencia de dirección, el reflujo del movimiento, el ascenso del fascismo y una dictadura contrarrevolucionaria? El régimen de Primo de Rivera no era una dictadura fascista, pues no se apoyaba en una reacción de las masas pequeño burguesas. ¿No cree que, como consecuencia del indudable ascenso revolucionario que se está produciendo en España ‑permaneciendo la vanguardia proletaria, en tanto que partido, como en el pasado, pasiva e incapaz‑ la situación podrá prestarse a un auténtico fascismo? Lo que es más peligroso en tales circunstancias, es perder el tiempo ( ... )

[Mientras que la oposición en Europa occidental no ha conocido permanentemente una vida ideológica y política, no ha reaccionado sobre las grandes cuestiones, no se ha mezclado en la vida interna del partido, sus seguidores ocasionales (Urbahns, Overstraeten, Souvarine, Paz) [5] podían creer ellos mismos y parecer a los demás ser nuestros partidarios. Pero en el fondo nos han causado el mayor perjuicio cortando el paso a las ideas de la oposición de izquierda en el partido, al que han declarado liquidado y muerto, puesto que esto simplifica todo y permite vivir tranquilo en su rincón consagrando una hora por semana a las conversaciones de la oposición
En su carta destaco la frase: «La escisión en Francia tendría consecuencias catastróficas para nosotros».[6] Evidentemente, toda escisión tiene un carácter malsano.

Evidentemente, la marcha del camarada Rosmer sería un golpe para La Verité, y, en lo que me concierne, estoy dispuesto a hacer todo lo posible para evitarlo. Es en este sentido que escribo a los camaradas franceses y al propio Rosmer. Pero debo decir que tal escisión no puede ser catastrófica para nosotros

Para que pequeños grupos nacionales, sin base teórica suficiente, sin tradiciones, sin experiencia, no se pierdan en el proceso de esclarecimiento paciente, es necesaria una ligazón firme entre ellos, una verificación recíproca constante, el control ideológico organizado, ser dos o tres veces más implacable en el terreno ideológico
Escribe usted que Landau sin su autorización, ha anunciado la publicación de nuestras cartas. Pero en ese caso, ¿dónde las ha conseguido?[7]']

29 noviembre 1930

Habla usted del retraso de los obreros españoles y de la necesidad de hacerles conocer las ideas fundamentales del comunismo antes de poderles plantear las cuestiones de la oposición de izquierda.[8]' ( ... )

Confieso que no imagino poder dar una conferencia sobre el comunismo a los obreros más atrasados sin plantear al mismo tiempo las cuestiones de la oposición de izquierda. Si diera una conferencia sobre el comunismo a grupos de obreros muy atrasados, españoles o no, despejaría el camino desde el principio con la siguiente declaración: «En el comunismo, hay varias corrientes; yo pertenezco a tal corriente y voy a exponeros cómo enfoca esta corriente las tareas de la clase obrera».

Para concluir, llamaría a los obreros a unirse a la organización que defiende los puntos de vista que acabo de exponer. De otro modo, propaganda y agitación revestirían un carácter académico, estarían desprovistas de un eje organizativo y, en definitiva, ayudarían a nuestros adversarios, es decir, los centristas y los derechistas].

12 diciembre 1930

( ... ) ¿Cuáles son pues las perspectivas? Por lo que puedo juzgar Según su última carta, todas las organizaciones, todos los grupos se dejan llevar por la corriente, es decir participan en el movimiento en la medida que este les arrastra. Ninguna de las organizaciones posee un programa de acción revolucionario, ni perspectivas suficientes elaboradas.[9]'

( ... ) Me parece que el conjunto de la situación sugiere la consigna de soviets, si se entiende por ello los consejos obreros que se crearon y desarrollaron entre nosotros, en Rusia. Primeramente fueron poderosos comités de huelga. Ninguno de los que formaban parte de ellos al principio podía suponer que los soviets eran los primeros órganos del poder. Claro está, no se pueden crear soviets artificialmente. Pero, en cada huelga local, si afecta a la mayor parte de los oficios y toma un carácter político, hay que provocar el nacimiento de soviets. Es el único tipo de organización que, en las circunstancias actuales, es capaz de tomar la dirección del movimiento y de instaurar en él la disciplina de la acción revolucionaria.

Creo que, aunque la oposición de izquierda sea débil, si toma la iniciativa de plantear las cuestiones políticas (agrarias) y organizativas de la revolución, podría ocupar en breve plazo una posición dirigente en el movimiento. Le digo francamente que temo mucho que el historiador del futuro tenga que acusar a los revolucionarios españoles de no haber sabido aprovechar una situación revolucionaria excepcional.

12 enero 1931

¿Tendrán lugar las elecciones el 1º de marzo?[10]" [Según los periódicos, los partidos burgueses de oposición se preparan a boicotear las elecciones a Cortes., Razón de más para que los obreros recurran a la táctica del boicot.] En la situación actual, me parece que se podrían hacer fracasar las elecciones de Berenguer [11]1l mediante una táctica de boicot enérgicamente aplicada: en 1905, fue así como hicimos fracasar las elecciones a una Duma legislativa, que no era sino consultiva. ¿Cuál es la táctica de los comunistas sobre este punto? ¿Distribuyen octavillas, llamamientos, proclamas sobre este asunto?
Pero si se boicotean las Cortes, ¿en nombre de qué? ¿En nombre de los soviets? En mi opinión, sería erróneo plantear la cuestión de esta forma. En este momento no es posible unir a las masas de la ciudad y el campo sino por consignas democráticas. Aquí es donde intervienen las Cortes constituyentes elegidas sobre la base del sufragio universal, igual, directo y secreto. No creo que en la situación actual, podáis privaros de esta consigna. Pues, finalmente, no hay aún soviets. Los obreros españoles no saben ‑al menos por su propia experiencia‑ lo que son los soviets. ¿Y qué decir de los campesinos? Ahora bien, la lucha sobre y alrededor de las Cortes concentrará en el próximo periodo toda la vida política del país. En tales circunstancias, sería erróneo oponer la consigna de soviets a la de Cortes. Por el contrario, en el periodo que viene, parece que no será posible crear soviets sino movilizando a las masas por consignas democráticas. Entendámoslo de la siguiente manera: para impedir a la monarquía convocar unas Cortes elegidas fraudulentamente, truncadas y conservadoras, para que estas Cortes puedan dar la tierra a los campesinos y hacer muchas otras cosas más, hay que crear soviets de obreros, de soldados, y de campesinos que fortalecerán las posiciones de las clases trabajadoras.



[1] Estos textos son extractos de cartas dirigidas a Andrés Nin por Trotsky. Fueron publicadas en dos veces: una primera en los boletines internos y en anexo a un folleto sobres la revolución española bajo el título «La revolución española al día», habiendo tomado Trotsky el cuidado de suprimir todos los pasajes que podrían molestar a Andrés Nin revelando la amplitud y la naturaleza de los desacuerdos que había expresado. (Boletín interno de la Oposición de izquierda internacional n.º 9‑10, septiembre 1931); y una segunda vez cuando Trotsky prefirió hacer conocer a las secciones de la Oposición extractos de su correspondencia con Nin revelando estas divergencias (Boletín interno de la oposición de izquierda publicado por el Secretariado Internacional de izquierda (B.L.) nº 2‑3 abril 1933). Hemos puesto entre corchetes los pasajes que Trotsky no juzgó oportuno publicar hasta 1933.
Andrés Nin, antiguo secretario de la Internacional Sindical roja, miembro de la oposición de izquierdas en la U.R.S.S. acaba de ser expulsado en septiembre de 1930. La Verité del 1º de septiembre publicaba sobre este asunto ‑‑con su acuerdo‑ el siguiente texto: «Stalin acaba de usar su poder arbitrario expulsando violentamente a Nin fuera de la U.R.S.S. durante la celebración misma del 5º Congreso de la I.S.R. Lozovsky acaba de cometer una bajeza más haciendo votar por las delegaciones francesa y china una resolución aprobando esta expulsión. Estos métodos no nos sorprenden y no cambian un ápice nuestra línea de conducta. Andrés Nin es un opositor de izquierda. Su lucha por la defensa de la U.R.S.S., y por la revolución proletaria mundial continuarán como en el pasado. Derrocar a la burguesía, arruinar a la socialdemocracia reforzando la situación internacional de la U.R.S.S., esto no puede hacerse sino combatiendo por una política justa de la I.C. contra la burocracia estalinista. La U.R.S.S., salida de la revolución de Octubre, debe ser defendida por los trabajadores del mundo entero. Los métodos estalinistas que la debilitan deben ser rechazados. Es por ello por lo que lucha la oposición de izquierda. Nin, como todos los opositores, combate con ardor en sus filas para alcanzar este objetivo. Los Stalin y Lozovsky pueden deportar, encarcelar, expulsar, exiliar a nuestros mejores camaradas. Ésto no debilitará nuestra actividad por la defensa de Octubre. Si la prensa socialdemócrata y burguesa se ampara en hechos como la expulsión de Nin para desacreditar y combatir a la U.R.S.S. en el espíritu de los trabajadores, la culpa de ello incumbe únicamente a la fracción estalinista. Pero los métodos estalinistas no pueden destruir la confianza de los opositores, por el contrario, no pueden sino reafirmarla.»

[2] Trotsky hace alusión al conflicto, en el interior de la Ligue Comuniste francesa, entre Raymond Molinier de una parte, Alfred Rosmer y Pierre Naville de la otra. En junio de 1930, Naville y Rosmer, con el ejecutivo de la Ligue, habían pedido que Molinier fuera separado de toda responsabilidad. Rosmer le tenía por un «aventurero», saboteador del trabajo, «hasta tal punto que se puede decir que un agente estalinista en nuestras filas no hubiera conseguido hacernos tanto daño». (Carta del 28 de junio 1931, archivos Mougeot.)

[3] Trotsky debería ulteriormente reprochar a Nin el no haber visto en París más que a Rosmer y sus partidarios. En realidad, Nin había visto a aquellos que conocía, Rosmer y Naville. Conocía a este último desde 1927, y a Rosmer desde los orígenes de la Internacional sindical roja en Moscú en 1920. La reputación de Rosmer era grande en el seno de la vieja guardia comunista: Antonio Grarnsci, que le había conocido en 1922‑23 en Moscú, le consideraba, así como Monatte, como «el hombre más inteligente del movimiento obrero francés». Alfonso Leonetti, Note su Gramsci, P. 182.)

[4] «Las tareas de los comunistas españoles» (Carta a Contra la corriente), del 25 de mayo, había sido publicada en La Verité del 13 de junio de 1930.

[5] Hugo Urbahns (1890‑1947), antiguo dirigente de la izquierda alemana con Ruth Fischer y Maslow, líder del Leninbund, donde se encontraron algún tiempo los partidarios alemanes de la oposi­ción de izquierda. Ward Van Overstraeten (nacido en 1891), antiguo secretario del P.C. belga, Boris Souvarine (nacido en 1893), antiguo dirigente del P.C.F., Maurice Paz (n. en 1895) habían sido de los primeros partidarios de la oposición de izquierda en Europa occidental; pero todos habían roto con ella poco después de la expulsión de Trotsky de la Unión Soviética.

[6] Nin había respondido el 23 de octubre a la carta de Trotsky del 13 de septiembre que habla visto en París a «muy poca gente» y que sus interlocutores no le «habían hablado más que de m­nera muy vaga» de estos desacuerdos, que le habla presentado como «de carácter puramente personal». Pero, el 2 de noviembre, había vuelto sobre el asunto, escribiendo a Trotsky que la situación en Francia le inquietaba mucho, añadiendo sin embargo que no podía dar un juicio personal: «Estoy muy poco al corriente. Sus cartas han contribuido a orientarme un poco. Espero cartas que los camaradas franceses me han anunciado.» Es verosímil que estas cartas proviniesen de Naville o de Rosmer. Precisamente, es en el mes de noviembre cuando este último dimitía de la Ligue Comuniste

[7] El conflicto entre Kurt Landau, austriaco fijado en Berlín, uno de los principales dirigentes de la oposición de izquierda en Alemania y el Secretariado Internacional, estaba en aquella época en camino de envenenarse. La pregunta brutal de Trotsky parece indicar por su parte una cierta desconfianza hacia Nin, como si sospechase que no tenía hacia Landau una posición clara

[8] El 2 de noviembre, Nin había escrito a Trotsky: «A esas personas, hay que enseñarles las primeras nociones del comu­nismo; no se puede comenzar por darles propaganda a la Oposición.»

[9] En estas cartas del 23 de octubre y del 2 de noviembre, Nin había dado a Trotsky algunas indicaciones sobre el partido oficial, «que no tiene ninguna fuerza efectiva y cuya autoridad es nula entre las masas», así como sobre las federaciones comunistas del Levante y Catalunya y sobre el partido comunista catalán. Había insistido sobre la necesidad de convencer a su viejo amigo Joaquín Maurín, líder de la Federación Catalano‑Balear, y de llevarle a la oposición de izquierda.

[10] El gobierno había aprovechado el fracaso de un levantamiento de oficiales republicanos en Jaca el 15 de diciembre de 1930 para intentar organizar elecciones a Cortes de acuerdo con la Constitución de 1876 de la que se reclamaba desde el comienzo de la dictadura de Primo de Rivera. Esta noticia provocó una ola de protestas, huelgas estudiantiles y luego obreras. Los republicanos de Sánchez Guerra y el partido socialista habían llamado al boicot de las elecciones que denunciaban como «desleales». Algunos hombres políticos de derechas, como el catalán Cambó y el conde de Romanones, sugerían al rey hacer «Cortes constituyentes». Trotsky veía claro cuando se preguntaba si estas elecciones tendrían lugar el 1º de marzo: efectivamente no tuvieron lugar.

[11] Jefe de gobierno después de la caída de Primo de Rivera, el general Berenguer dimitía el 1º de febrero y sus sucesores renunciaban a elegir sus Cortes

 

 

HAY QUE ORGANIZAR A LA OPOSICIÓN DE IZQUIERDA

(Extractos de. cartas a Andrés Nin, enero‑abril 1931)

31 enero de 1931

[... Desde el punto de vista revolucionario, la cuestión se resume así: ¿aspira el partido catalán a la independencia política y organizativa? ¿Se considera, desde el comienzo, como una sección regional del partido español? Se puede admitir el federalismo en el Estado, pero en ningún caso en el partido ( ... )

( ... )A pesar de su debilidad intrínseca, el partido oficial se beneficia de. factores históricos exteriores: la U.R.S.S. y todo lo que a ella está ligado. Esto es por lo que me parece peligroso no tener en cuenta, en la práctica, más que la relación actual de fuerzas (...)[1]

( ... ) La entrada de los comunistas de izquierda en organizaciones más amplias e informales se justifica en España más que en cualquier otra parte, por el estado de las filas comunistas por una parte, y, por la otra, por la situación revolucionaria. Pero esta táctica pone a los opositores de izquierda en peligro de llevarles a desaparecer en el seno de otras corrientes o fracciones[2]. Por ello la creación de un centro de la oposición de izquierda me parece la condición necesaria y urgente de la entrada de sus militantes en otras organizaciones. Son necesarios un periódico de la oposición de izquierda y un boletín interno.]

Los comunistas españoles deben rehacer su unidad: esta consigna constituirá sin duda, en el próximo periodo, una formidable fuerza de atracción, que crecerá al mismo tiempo que la influencia del comunismo. Las masas, y lo mismo su vanguardia, no aceptarán más fracciones que las que les sean impuestas por su propia experiencia. Es por ello, me parece, que la consigna del frente único en dirección a los obreros sindicalistas y comunistas debe ser acompañada por la de unificación de los comunistas, sobre la base de una plataforma determinada.[3]

5 de febrero de 1931

Creo que difícilmente le será posible renunciar a la consigna de Cortes constituyentes revolucionarias. ¿No cuenta la población española con más de un 70 % de campesinos? ¿Cómo comprenderían la consigna de una «república obrera»? Los socialistas y los republicanos por un lado, los curas por el otro, dirían a los campesinos que los obreros quieren someterles y reinar sobre ellos. ¿Qué les explicaríais? No veo más que una sola respuesta a dar en las presentes circunstancias: queremos que los obreros y los campesinos expulsen a los funcionarios nombrados por el poder superior, y, de forma general, a todos los responsables de violencias, a todos los opresores, y que expresen su libre voluntad por el sufragio universal. Se podrá conducir a los campesinos a la republica obrera, es decir a la dictadura del proletariado, en la lucha que se desarrolle por. la conquista de las tierras y por sus demás objetivos; pero no es posible proponer a priori a los campesinos la fórmula de la dictadura del proletariado.

[Por lo que se refiere al boicot, no estoy convencido ( ... )]. Evidentemente los comunistas han cometido un error al no tomar la iniciativa en ello. Eran los únicos capaces, con los obreros revolucionarios en general, de dar a la campaña de boicot audacia y combatividad. Sin embargo, parece claro que, en los partidos de oposición, la opinión está muy ampliamente dispuesta al boicot, y ello constituiría la señal de una efervescencia profunda entre las masas. Si los comunistas les hubieran zarandeado a tiempo, republicanos y socialistas hubieran tenido muchas dificultades para abandonar el proyecto de boicotear. Mientras tanto, Berenguer y su gobierno pudieron plantearse las, elecciones del 10 de marzo. Si el boicot obligase a Berenguer a retroceder de una u otra forma, las consecuencias serían formidables: las masas tomarían mejor conciencia de sus disposiciones revolucionarias, sobre todo si los comunistas hubieran jugado en esta táctica el papel de instigadores y de guías.

13 de febrero de 1931

A propósito de la «república obrera». De ninguna de las maneras se puede renunciar a esta consigna. Pero, actualmente, compete más a la propaganda que a la agitación. Debemos explicar a la vanguardia obrera que vamos hacia una república obrera, pero que antes hay que llevar a los campesinos a esta idea. Ahora bien, convertir a los campesinos a la república obrera, es decir, de hecho, a la dictadura del proletariado, no podremos hacerlo apenas más que después de varias «experiencias transitorias», entre ellas la del parlamentarismo. Los campesinos no aceptarán la dictadura del proletariado más que cuando todas las demás opciones estén agotadas. Cierto, bastantes posibilidades han sido ya experimentadas en España. Sin embargo queda la de una democracia «completa», «consecuente», obtenida por el camino revolucionario, quiero decir las Cortes constituyentes. Por supuesto, no tenemos hacia esta fórmula un apego fetichista. Si los acontecimientos van más rápido de lo previsto, sabremos reemplazar, a tiempo, esta consigna por otra.

[( ... ) El que la federación catalana nos confíe la redacción de sus principales documentos, incluida la respuesta a la declaración política del partido, constituye una adquisición política muy preciosa y prometedora[4]( ... )

( ... ) No obstante, renuevo mi propuesta de editar en Madrid ‑o en otra ciudad‑ un boletín de la oposición de izquierda española, así como un órgano mensual, sólido a nivel teórico ( ... ) De otra manera, la próxima etapa de la revolución puede coger desprevenida a la oposición de izquierda, y, teniendo en cuenta la debilidad del partido y la confusión de la federación catalana, ello podría conducir a los peores desastres, irreparables.]

15 de febrero de 1931

( ... ) Creo recordar, que bajo forma de «sueño», le haya escrito que estaría bien que el boicot obligase a la monarquía a arrodillarse, aunque fuera con una sola rodilla. Ahora, es un hecho. La dimisión de Berenguer[5] no tiene en sí misma una gran importancia política, pero, como síntoma, es muy significativa. La impotencia de la monarquía, la disgregación de las bandas dirigentes, su falta de confianza en sí mismas, su miedo, miedo del pueblo, miedo de la revolución, miedo del mañana, sus tentativas por prevenir mediante concesiones importantes las consecuencias más temibles, todo esto se deduce de la dimisión de Berenguer y de la semicapitulación del rey. ¡Es espléndido! ¡Verdaderamente espléndido! ¡No podría imaginarse algo mejor! El respeto fetichista del poder en la conciencia de las masas populares habrá recibido un golpe mortal. Millones de corazones van a desbordar de satisfacción, seguridad, audacia: este flujo les caldeará, inspirará, les empujará hacia delante.

El conjunto de la situación revolucionaria en la que debe actuar el partido revolucionario es en la actualidad extremadamente favorable. Todo el asunto está en saber cómo se comportará el partido. Desgraciadamente, los comunistas no han tenido una voz propia en el concierto de partidarios del boicot. Es por ello que no han progresado apenas durante la campaña de los dos o tres últimos meses. En períodos en que el ascenso revolucionario se hace impetuoso, la autoridad del partido crece rápidamente, de forma febril, a condición de que, en los giros decisivos, en las nuevas etapas, el partido lance la consigna necesaria, cuya justeza será pronto confirmada por los acontecimientos... Durante estos últimos meses, estos últimos años, se han dejado pasar bastantes ocasiones. Pero ¿para qué volver sobre el pasado? Hay que mirar adelante. La revolución no está más que en sus comienzos. Se puede centuplicar lo ganado respecto lo que se ha dejado perder.

El problema del parlamento y de la Constitución se encuentra en el centro de la vida política oficial. No podemos hacer como si lo ignorásemos. Para mí, hay que redoblar energías a fin de lanzar la consigna de Cortes revolucionarias constituyentes. No hay que rechazar el empleo de fórmulas claramente democráticas. Se pedirá, por ejemplo, el derecho a votar para todos, sin distinción de sexo, a la edad de 18 años, y sin ninguna restricción. 18 años, para este país mediterráneo puede ser incluso demasiado: hay que apostar por la juventud.

( ... ) La cuestión del frente único de todas las fracciones comunistas, incluido el partido oficial, estará inevitablemente al orden del día. Las masas sentirán durante las semanas y meses que se avecinan una necesidad imperiosa de ser dirigidas por un partido revolucionario unido y serio. Las disensiones de los comunistas desorientarán a las masas. Éstas impondrán la unidad ‑sin duda no para siempre, pues los acontecimientos pueden aún rechazar a las diferentes tendencias por caminos diferentes; pero para el próximo período, el acercamiento de las fracciones comunistas me parece completamente inevitable. Sobre este punto, así como en la cuestión del boicot y en cualquier otra cuestión política de actualidad, la fracción que haya tomado la iniciativa de rehacer la unidad de las filas comunistas se aprovechará de ello. Para que la izquierda comunista sea capaz de tomar esta iniciativa, primero tiene que unificarse y organizarse ella misma. Es indispensable crear inmediatamente una fracción bien organizada de la oposición comunista de izquierda, aunque al comienzo sea poco numerosa, que publique su boletín y tenga su grupo organizado de teóricos. Por supuesto, esto no excluye la posibilidad, para los comunistas de izquierda,.de participar en organizaciones más amplias; por el contrario, esto presupone tal participación; pero es su condición indispensable.

4 de marzo de 1931

[( ... ) La experiencia política del periodo de Berenguer muestra que el partido proletario debe tomar firmemente posición en favor del boicot de las Cortes del almirante[6]. Los socialistas, los republicanos, corren el riesgo de abandonar las posiciones de boicot que actualmente ocupan si no son fustigados continuamente por la izquierda. En el estadio actual de la revolución, la organización comunista puede jugar el papel de un enganche, pequeño pero sólido, que obligue a girar las ruedas dentadas de los socialistas, de los republicanos e incluso de los partidarios de las Cortes constituyentes... ¡si no rompe sus dientes!

Tendríamos que lanzar la consigna de boicot activo; ello significaría que no sólo nos abstenemos de participar en las elecciones, sino que desarrollamos una ofensiva enérgica contra las Cortes falsamente constituyentes ‑mediante reuniones populares, proclamas, manifestaciones, denuncias de los candidatos oficiales como enemigos del pueblo, boicot público de los candidatos a las elecciones, etc. Creo que la táctica de boicot activo permitiría crear comités obreros de boicot que podrían transformarse en juntas obreras en el momento oportuno

En mis cartas precedentes, he hablado en detalle de la cohesión de la oposición de izquierda y de su actitud hacia el partido oficial. No sé si ha recibido mis cartas y espero impacientemente que me informe de sus puntos de vista sobre estas cuestiones y de las medidas prácticas tomadas por usted y sus camaradas. Las cuestiones de estrategia y táctica revolucionaria no tienen sentido más que a condición de que exista el «factor subjetivo», es decir, una organización revolucionaria, aunque sea poco numerosa al principio.]

13 de marzo de 1931

Algunas palabras a propósito de las juntas de soldados. ¿Tenemos interés en que se constituyan en organizaciones independientes? Es una cuestión muy seria, a propósito de la cual se debe trazar, desde el principio, una cierta línea de conducta, mientras se reserva, por supuesto, el derecho de hacer correcciones según la experiencia.

En 1905, en Rusia, no se habla llegado aún a crear soviets de soldados. Pareció bien crear diputados del ejército en los soviets obreros, pero sólo de forma episódica. En 1917 los soviets de soldados jugaron un papel formidable. En Piter, el soviet de soldados se fusionó con el de los obreros desde el comienzo, y los representantes del ejército formaban en él la aplastante mayoría. Pero entonces era una cuestión de organización técnica: en efecto, el inmenso ejército contaba entonces de diez a doce millones de campesinos.

En España los efectivos del ejército son los de tiempo de paz, son insignificantes en relación a la cifra global de la población, e incluso en relación a los efectivos del proletariado. En estas condiciones, ¿es inevitable que los soldados se constituyan en soviets independientes? Desde el punto de vista de la política proletaria, tenemos interés en atraer a los delegados de los soldados a las juntas obreras, a medida que se vayan creando. Las juntas compuestas exclusivamente de soldados podrían no formarse más que en el momento en que la revolución alcance su punto culminante, o bien cuando consiga la victoria. Las juntas obreras pueden ‑¡y deben!‑ constituirse antes, a partir de las huelgas, del boicot a las Cortes, y, luego, de la participación en las elecciones. Por consiguiente se pueden asociar delegados del ejército a las juntas obreras bastante antes de que puedan organizarse juntas puramente militares. Pero voy más lejos: si se toma a tiempo la iniciativa de crear juntas obreras y de asegurar su acción en el ejército, se conseguirá, quizá, evitar después la creación de juntas de soldados independientes, expuestas a caer bajo la influencia de oficiales arribistas y no bajo la de los obreros revolucionarios. Los débiles efectivos del ejército español testimonian en favor de esta hipótesis. Por otra parte, este ejército poco numeroso tiene sin embargo tradiciones propias de política revolucionaria más señaladas que en cualquier otro país. Circunstancias que podría, en cierta medida, impedir la fusión de los delegados de los soldados con las juntas obreras.

Ya ve usted que, sobre este punto, no me atrevo a pronunciarme categóricamente; además, tampoco los camaradas que ven de cerca la situación están, probablemente, en estado de dar una respuesta categórica. Me limito a abrir el debate: cuanto antes se empiecen a discutir ciertas cuestiones, en los amplios círculos de la elite obrera, más fácil será resolverlas luego. En cualquier caso, convendría intentar incorporar los delegados de los soldados a las juntas obreras. Si no resulta más que parcialmente, ya está bien. Pero precisamente con vistas a este resultado hay que estudiar a tiempo y minuciosamente las disposiciones del ejército, de los diferentes cuerpos, de las distintas armas, etc.

En suma, sería bueno intentar levantar colectivamente un mapa político de España con el objetivo de definir con más precisión las relaciones de fuerzas en cada región y las relaciones entre ellas. Habría que indicar en este mapa las regiones obreras, los focos revolucionarios, las organizaciones sindicales y los partidos, las guarniciones, las relaciones de fuerzas entre rojos y blancos, las regiones en las que hay un movimiento campesino, etc. Por poco numerosos que sean los opositores, podrían tomar en diversos sitios la iniciativa de este estudio uniéndose a los mejores representantes de los otros grupos revolucionarios. Así se pondrían en pie los elementos de un gran estado mayor de la revolución. El núcleo central daría a este trabajo la necesaria unidad. Este trabajo preparatorio, que podría parecer de entrada que presenta un carácter académico, tendría posteriormente un extraordinario valor, incluso, quizás, una importancia decisiva. En una época como la que atraviesa España, la mayor falta que se puede cometer es perder el tiempo.

15 de marzo de 1931

[( ... )¿Cómo será` definida, cómo se explicará políticamente su participación en el Bloque?[7] ¿Como la de un representante de una fracción comunista o como la de un conocido revolucionario aislado? En el caso en que les hiciera falta entenderse con la burocracia de la I.C., ciertos elementos de la federación podrían declarar que formaban un bloque con el campesinado y la pequeña burguesía revolucionaria en la persona de Nin. Quedar sin pasaporte político, sobre todo durante la revolución, es muy peligroso

20 de marzo de 1931

[Recibo de Paris cartas cada vez más inquietantes a propósito de la situación en España. Debo decirle que comparto esta inquietud. En España, la situación es revolucionaria. En España tenemos representantes completamente cualificados de la oposición de izquierda. Por cartas, artículos, etc., hemos elaborado algo parecido a un proyecto de plataforma de la oposición de izquierda. Todas las miradas están vueltas hacia España.

Y cada día perdido se pagará caro en los momentos decisivos. Nadie fuera de la oposición de izquierda es capaz de dar una orientación justa, de fijar una política justa, en las condiciones revolucionarias de España. Y, sin embargo, la oposición de izquierda no existe: y ello provoca inquietud en muchos camaradas, y, esta inquietud, la comparto...

¿Dónde está la salida? Los camaradas de Madrid[8] creen que con el concurso de los camaradas de Asturias[9] es posible publicar un órgano teórico mensual. Están igualmente dispuestos a editar un boletín de la fracción de izquierda. Me parece que hay que apoyarlos con todas nuestras fuerzas. Guardando una ligazón permanente entre usted y Madrid, por una parte, España, París y Constantinopla [10] por otra, se puede llegar al acuerdo político, teórico y organizativo necesario. Espero con gran impaciencia su respuesta a esta cuestión. Tanto más ya que todas mis cartas precedentes han quedado sin respuesta sobre este punto (...)

El que usted sea candidato a las municipales es evidentemente muy importante.[11]" Pero evidentemente usted estará de acuerdo en admitir que en política, y sobre todo durante la revolución, no son preciosas más que las conquistas que se traducen por un crecimiento del partido, o, en el caso precedente, de la fracción. Sin ello la tempestad de la revolución disipará completamente la iniciativa individual, lo mismo en caso de victoria que en caso de derrota de la revolución

1 de abril de 1931

[Sus conferencias y sus éxitos me alegran enormemente.[12] Su intención de ocuparse durante su viaje de la organización de una fracción de la oposición de izquierda me da quizá aún más esperanzas. Es importante tener un crisol dispuesto: el desarrollo de la revolución creará una solución saturada (...)]

12 de abril de 1931

[Acabo de recibir la carta en la que me informa por primera vez de su ruptura con la federación catalana y de la próxima aparición de un órgano de la oposición de izquierda, Comunismo[13]. La última carta me lleñó de tal alegría que me niego a lamentar los meses perdidos en el asunto de la formación de una oposición de izquierda[14]. No dudo que recuperaréis cien veces el tiempo perdido.]



[1] El 17 de junio de 1931, Nin había escrito a Trotsky: «Aquí el partido se formará fuera del partido oficial», y subrayado: «La Federación Catalana cuenta con la simpatía de los mejores elementos del resto de España.» Ahora bien, todos los partidarios de la Oposición no compartían este punto de vista. Así, Henri Lacroix escribía en La Verité del 13 de junio precedente que el grupo Maurín era la «fracción más perjudicial al desarrollo del partido comunista», precisando que Maurín debía ser considerado como «estalinista con reservas».

[2] Nin, que había sido detenido en diciembre de 1930, estaba preso en una celda vecina de la de Maurin con el que tenía discusiones diarias. En su carta a Trotsky del 17 de enero, le anunciaba su intención de unirse a la Federación Catalana

[3] La idea de la «unificación de los comunistas» iba a abrirse un camino entre los opositores comunistas de diversa procedencia. Hasta el punto que la Federación Catalana reclamará su paternidad. En realidad, las cartas de Trotsky a Nin eran leídas por todos los detenidos, incluso Maurín, con pasión. Parece ser que Trotsky había sido el primero en lanzar la consigna de «unificación de los comunistas».

[4] En su carta del 26 de enero, Nin había anunciado a Trotsky que había redactado casi completamente las tesis políticas de la Federación Catalana, y en la del 5 de febrero que acababa de confiar la redacción en La Batalla de la respuesta a la «declaración política» del partido oficial.

[5] El general Berenguer, conocido por su «liberalismo» había sido «dimitido» por Alfonso XIII, venido en persona a su cabecera el 14 de febrero de 1931.

[6] El almirante Aznar había sido designado por Alfonso XIII para reemplazar al general Berenguer a la cabeza del gobierno.

[7] Nin había escrito a Trotsky que juzgaba necesaria su entrada en la Federación Catalana, y el 7 de marzo: «He debido luchar enérgicamente contra la idea de la creación de un «partido obrero y campesino». Esta idea ha sido ahora rechazada. Sin embargo no he podido evitar la adopción de un proyecto de creación de un «Bloque obrero y campesino». Al fin, precisaba, de que su eventual adhesión a la Federación no agravase las relaciones de esta última con la I.C., adherida solamente a este Bloque.

[8] El grupo de la Oposición se había constituido alrededor de Henri Lacroix y de Juan Andrade.

[9] El animador de la oposición de izquierda en Asturias era uno de los fundadores del P.C. en la provincia, José Laredo Aparicio, el cual iba a asumir durante el primer año la responsabilidad de la revista mensual Comunismo.

[10] Trotsky estaba entonces en la Isla de los Príncipes, cerca de Constantinopla, y el secretariado internacional de la Oposición en París.

[11] Después de haber hecho varias veces alusión a una eventual candidatura por su parte, Nin había indicado a Trotsky en su carta del 25 de enero que sería sin duda candidato de la Federación de Vendrell, luego, el 15 de marzo que probablemente sería candidato en nombre del futuro «Bloque obrero y campesino».

[12] Alusión, principalmente, a la conferencia dada por Nin en el Ateneo enciclopédico de Barcelona.

[13] El primer número de Comunismo debía aparecer el 15 de mayo de 1931, con una carta de Trotsky con fecha del 12 de abril. El periódico había sido puesto en pie de resultas de un viaje de Nin a Madrid, y luego a Asturias

[14] No poseemos ningún texto de Nin explicando esta frase de Trotsky. En una carta del 10 de abril, se defendía de ser partidario de «una entrada sin condiciones» y el mismo día 12 escribía: «Hay que entrar en la Federación, llevar un trabajo sistemático y crear nuestra fracción. Es posible. Estoy seguro de que si, hoy, mi entrada no ha sido posible, lo será pronto, quizá antes de un mes.»

 

 

EL PELIGRO DEL CONFUSIONISMO
(Extractos de cartas a Nin)

14 de abril de 1931

Gracias por las citas del discurso de Thaelmann[1] sobre la revolución «popular», de las que no me había dado cuenta. Es imposible imaginar una manera más estúpida y más cazurra de embrollar la cuestión al plantearla. ¡Dar esta consigna de «revolución popular» y además, invocando a Lenin! Pero veamos, ¡cada número del periódico fascista de Strasser[2] expone la misma consigna oponiéndola a la fórmula marxista de revolución de clase! Claro está, toda gran revolución es «nacional» o «popular» en el sentido de que agrupa en torno a la clase revolucionaria a todas las fuerzas vivas y creadoras de la nación, y que reconstruye a ésta alrededor de un nuevo centro. Pero esto no es una consigna, no es más que la descripción sociológica de una revolución, una descripción que exige además aclaraciones precisas y concretas. Hacer de ello una consigna, es una tontería, es charlatanería, es oponer a los fascistas una competencia de bazar, y serán los obreros los que paguen las consecuencias de este engaño.

Es asombrosa la evolución de las consignas de la Internacional Comunista precisamente sobre esta cuestión. Desde el III Congreso de la Internacional Comunista, la fórmula «clase contra clase» se ha convertido en la expresión popular de la política del frente único proletario. Fórmula absolutamente justa: todos los obreros deben cerrar filas contra la burguesía. Pero enseguida se ha sacado de la misma consigna una alianza con los burócratas reformistas contra los obreros (la experiencia de la huelga general inglesa). Después se ha pasado al otro extremo: ningún acuerdo es posible con los reformistas. «Clase contra clase», esta fórmula que debía servir para el acercamiento entre los obreros socialdemócratas y los obreros comunistas ha adquirido durante el «tercer período»[3]. el sentido de una lucha contra los obreros socialdemócratas; como si estos últimos perteneciesen a una clase diferente. Ahora, nueva voltereta, la revolución ya no es proletaria, es popular. El fascista Strasser dice que el 95 % del pueblo tiene interés en la revolución y que, en consecuencia se trata de una revolución popular, no de clase. Thaelmann repite la misma canción. De hecho, sin embargo, el obrero comunista debería decir al obrero fascista: Sí, evidentemente, el 95 %, si no es el 98 % de la población, es explotada por el capital financiero. Pero esta explotación está organizada jerárquicamente: explotadores, subexplotadores, explotadores de tercera clase. Sólo por medio de esta gradación los superexplotadores mantienen en servidumbre a la mayoría de la nación. Para que la nación pueda efectivamente reconstruirse alrededor de un nuevo centro de clase, debe reconstruirse ideológicamente, lo que sólo es realizable si el proletariado, lejos de dejarse absorber por el «pueblo», por la «nación» desarrolla su programa particular de revolución proletaria y obliga a la pequeña burguesía a elegir entre los dos regímenes. La consigna de una revolución popular es una canción de cuna, que adormece tanto a la pequeña burguesía como a las amplias masas obreras, les invita a resignarse a la estructura jerárquica burguesa de «pueblo» retardando su emancipación. En Alemania, en las actuales circunstancias, esta consigna hace desaparecer toda demarcación ideológica entre el marxismo y el fascismo, reconcilia a una parte de los obreros y de la pequeña burguesía con la ideología fascista, permitiéndoles creer que no es necesaria una elección, puesto que, tanto para unos como para otros, se trata de una revolución popular. Estos revolucionarios incapaces, cada vez que topan con un enemigo serio, piensan ante todo en acomodarse a él, en adornarse con sus colores y en conquistar a las masas, no mediante una lucha revolucionaria sino mediante algún ingenioso truco. Verdaderamente es una forma ignominiosa de presentar la cuestión. Si los débiles comunistas españoles empleasen esta consigna, acabarían en su país con una política de Kuomintang.[4]

20 de abril de 1931

Muchos rasgos de semejanza saltan a los ojos entre el régimen de febrero de 1917 en Rusia y el régimen republicano actual en España. Pero se advierten también profundas diferencias: a) España no está en guerra, por lo tanto no tenéis que lanzar la penetrante consigna de lucha por la paz; b) no tenéis aún soviets obreros, ni ‑¿es preciso decirlo?‑ soviets de soldados; incluso no veo en la prensa que esta consigna se haya propuesto a las masas; c) el gobierno republicano dirige desde el principio la represión contra el ala izquierda del proletariado, lo que no se produjo en nuestro país en febrero, porque las ‑bayonetas estaban en disposición de obreros y soldados y no en manos del gobierno liberal.

Este último punto tiene una importancia enorme para nuestra agitación. El régimen de febrero realizó de entrada, en el terreno político, una democracia completa y, en su género, casi absoluta. La burguesía no se mantenía más que por su crédito en las masas obreras y en el ejército. En vuestro país la burguesía no se apoya sólo en la confianza, sino también en la violencia organizada que ha heredado del antiguo régimen. No tenéis las plenas libertades de reunión, de palabra, de prensa, etc. Las bases electorales de vuestros nuevos municipios distan mucho del verdadero espíritu democrático. Ahora bien, en una época revolucionaria, las masas son particularmente sensibles a toda desigualdad de derecho y a las medidas policíacas de cualquier género. Dicho de otra forma, es indispensable que los comunistas se manifiesten por el momento como el partido democrático más consecuente, más resuelto y más intransigente.

Por otra parte es necesario ocuparse inmediatamente de construir soviets obreros. A este respecto, la lucha por la democracia es un excelente punto de partida. Ellos tienen sus ayuntamientos, nosotros los obreros, tenemos necesidad de nuestra junta local para defender nuestros derechos y nuestros intereses.

[( ... ) En su segunda carta usted demuestra la necesidad de influenciar en la Federación Catalana, amigablemente y con tacto. Estoy totalmente de acuerdo ( ... ) pero no puedo dejar de señalar desde aquí, lejos, el segundo aspecto de la cuestión. Hace dos o tres meses usted pensaba que podía conquistar esta organización sin dificultad; elaboró las tesis con Maurín, etc.; poco después evidenció que la Federación encontraría inoportuna la entrada en sus filas, a causa de sus equivocas relaciones con la I.C.. Desde mi punto de vista este hecho es un argumento en contra de toda tentativa de influenciar en la Federación sólo de manera personal, individual, pedagógica, al margen de una fracción de izquierda organizada, que agita su bandera desplegada por todas partes. ¿Trabajar en el seno de la Federación? Si. ¿Trabajar con paciencia, amigablemente, sin temer los fracasos? Si, si, si. Pero trabajando abiertamente, en tanto que oposicionista de izquierda, como bolchevique‑leninista, que tiene su propia fracción y que exige para ella la libertad de critica así como la libertad de exponer sus opiniones.]

22 de abril de 1931

[La información más importante entre las contenidas en vuestra carta es la referente a vuestra entrada en el comité central de la Federación Catalana y la redacción del órgano diario de la Federación por usted. No hay ni que decir el significado que tiene esto[5]. Sin embargo, las premisas políticas me resultan desgraciadamente poco claras. Hace pocas semanas usted me escribía que se veía obligado a romper con la Federación ya que sus dirigentes consideraban que su pertenencia a la oposición de izquierda era incompatible con su pertenencia a la Federación. Dicho de otra forma, sus dirigentes se han mostrado hostiles a nosotros, y han empleado los métodos y la fraseología de la burocracia estalinista.

Me desorienta su entrada a los puestos dirigentes de la Federación al cabo de algunas semanas. ¿Qué pasa en la Federación? ¿Sus dirigentes han cambiado de opinión? ¿Han cambiado su disposición de espíritu bajo la influencia del desorden republicano y del repentino ablandamiento de los corazones? ¿Han perdido la confianza de reconciliarse con la burocracia de la I.C.? ¿En qué condiciones ha entrado usted en la Federación? Espero impacientemente vuestra respuesta a todas estas cuestiones.

Usted escribió que estaba dispuesto a aprovechar su gira para organizar la fracción de izquierda. Desgraciadamente no hace mención a esto en su carta.

Ahora, sobre el aspecto político general de los hechos, la Federación Catalana, según creo yo, ni tiene, ni intenta tener una organización para toda España. Si esto es verdad, va hacia la derrota, conduciendo tras de sí al proletariado catalán. La fuerza de la oposición de izquierda en España podría y debería consistir en elevar todas las cuestiones a una altura histórica, no dejando que grupos aislados ni sectas destruyan la revolución por el provincialismo, el nacionalismo activo o pasivo, la miopía burocrática, etc. Se ha perdido demasiado tiempo en esto, y el tiempo es algo precioso en la revolución. Otra pérdida de tiempo seria un crimen. Los comunistas españoles y usted personalmente, querido amigo, tienen una gigantesca responsabilidad histórica. La Federación Catalana no es más que el terreno para adquirir influencia, no es una palanca segura. La Federación Catalana no tiene una base seria ni una línea estratégica clara, se encuentra inmovilizada por numerosos prejuicios; sería incapaz de salir airosa de la prueba de la revolución, sufriendo una derrota al primer revés. Un núcleo marxista pequeño, pero firme, con una idea clara de lo que quiere, puede salvar no sólo a la Federación Catalana, sino a la revolución española. Una sola condición: este pequeño grupo debe marcar con su propio programa, un programa claro, y bajo su propia bandera.

Le ruego que me responda detalladamente y lo más rápido posible a todas estas cuestiones, pues según mi punto de vista, tiene una importancia decisiva.]



[1] Ernest Thaelmann (1886‑1944), dirigente del partido comunista alemán, celoso servidor de Stalin y seguidor fiel de todos los «virajes» de la I.C.
[2] Gregor Strasser (1892‑1934), jefe del ala «plebeya» del nacional‑socialismo, cuyo diario Arbeiter Zeitung, se dirigía fundamentalmente a los trabajadores. Sería suprimido un año despuésde la llegada de Hitler al poder.
[3] Trotsky llama «el tercer periodo de errores de la Internacional Comunista», el que comienza en 1928 y se caracteriza por una política aventurerista y ultraizquierdista, que conducirá principalmente a la derrota en Alemania
[4] El «mimetismo» denunciado aquí por Trotsky es, según él, una de las características del centrismo. La alusión al Kuomintang recuerda al período precedente, durante el cual, la adaptación de los comunistas chinos al Kuomintang llevó a la victoria de Chiang-Kai‑check (1927). Trotsky lanzará algo más tarde contra el Bloc de Maurín la acusación de «Kuomintanguismo».

[5] El 16 de abril, Nin había escrito a Trosky: «La Federación Catalana ha pedido mi colaboración. No podía negarme, y heme aquí trabajando inmediatamente (en realidad en gran medida como dirigente) en el comité central de esta organización Publicamos una hoja diaria, que redacto yo.»

   

 

LA CUESTIÓN CATALANA[1]
(Extracto de cartas a Nin y a Lacroix)

23 de abril de 1931 (a Nin)

( ... ) La Federación Catalana debe esforzarse por unirse a la organización comunista pan‑española. Cataluña es una vanguardia, pero si esta vanguardia no marcha al mismo paso que el proletariado y, más tarde, que los campesinos de toda España, el movimiento catalán, a lo más terminará como un episodio grandioso, al estilo de la Commune de París. La posición especial de Cataluña puede provocar semejantes resultados. El conflicto nacional puede agravarse de tal manera que la explosión catalana se produzca mucho antes de que España, en su conjunto, esté madura para una segunda revolución. Sería una grandísima desgracia histórica, si el proletariado catalán, cediendo a la efervescencia, a la fermentación del sentimiento nacional, se dejase arrastrar en una lucha decisiva antes de haber podido ligarse estrechamente a toda la España proletaria.La fuerza de la Oposición de izquierda, tanto en Barcelona como en Madrid, podría y debería elevar todas estas cuestiones a un nivel histórico (...).

17 de mayo de 1931 (a los camaradas de Madrid) [2]

( ... ) Hablemos de eso que se suele llamar el nacionalismo de la Federación Catalana. Es una cuestión muy importante, muy grave. Los errores cometidos sobre esta cuestión pueden tener consecuencias fatales.

La revolución ha hecho despertar en España, todas las. cuestiones, más poderosamente que nunca, y entre ellas la de las nacionalidades. Las tendencias y las ilusiones nacionales están representadas fundamentalmente por los intelectuales pequeño burgueses, que se esfuerzan por encontrar entre los campesinos un apoyo contra el carácter desnacionalizador del gran capital y contra la burocracia del estado. El papel dirigente ‑en la actual fase‑ de la pequeña burguesía en el seno del movimiento de emancipación nacional, como en general en todo el movimiento democrático revolucionario, introduce inevitablemente prejuicios de toda clase. Procedentes de ese medio, las ilusiones nacionales se filtran también entre los obreros. Esta es, seguramente, en su conjunto, la situación de Cataluña, y quizá hasta cierto punto de la Federación Catalana. Pero lo que acabo de decir no disminuye en nada el carácter progresista, revolucionario‑democrático de la lucha nacional catalana contra el imperialismo burgués, la soberanía española y el centralismo burocrático.

No se puede perder de vista ni por un momento que España entera y Cataluña, como parte constituyente de ese país, actualmente, están gobernadas, no por nacionales demócratas catalanes, sino por burgueses imperialistas españoles, aliados a los grandes latifundistas, a los viejos burócratas y a los generales, con el apoyo de los socialistas nacionales. Toda esta cofradía tiene la intención de mantener, por una parte, la servidumbre de las colonias españolas, y, por otra asegurar el máximo de centralización burocrática de la metrópoli; es decir, quiere el aplastamiento de los vascos, los catalanes y de las otras nacionalidades por la burguesía española. Dada la combinación presente de fuerzas de clase, el nacionalismo catalán es un factor revolucionario progresista en la fase actual. El nacionalismo español es un factor imperialista reaccionario. El comunista español que no comprenda esta distinción, que la ignore, que no la valore en primer plano, que, por el contrario, se esfuerce por minimizar su importancia, corre el peligro de convertirse en agente inconsciente de la burguesía española, y de estar perdido para siempre para la causa de la revolución proletaria.[3]

¿Dónde está el peligro de las ilusiones nacionales pequeño burguesas? En que pueden dividir al proletariado español en sectores nacionales. El peligro es muy serio. Los comunistas españoles pueden combatirlo con éxito, pero de una sola manera: denunciando implacablemente las violencias cometidas por la burguesía de la nación soberana y ganando así la confianza del proletariado de las nacionalidades oprimidas. Una política distinta equivaldría a sostener al nacionalismo reaccionario de la burguesía imperialista que es dueña del país, en contra del nacionalismo revolucionario‑democrático de la pequeña burguesía de una nacionalidad oprimida.

20 de mayo de 1931 (a Nin)

Me escribe usted que las mentiras de LHumanité provocan indignación en Cataluña. Es fácil de imaginar. Sin embargo no es suficiente con indignarse. Es indispensable que la prensa de la Oposición trace sistemáticamente, el cuadro de lo que ocurre. Es una cuestión de una enorme importancia. Según la viva experiencia de la revolución española, es como debe hacerse la reeducación de los cuadros del comunismo internacional. Si llegasen de Madrid y Barcelona correspondencias minuciosamente ajustadas ‑no ya simples cartas‑, serian documentos de una importancia primordial. Si esto falta, los estalinistas son capaces de crear en torno a la Federación Catalana una atmósfera de aislamiento y hostilidad, que, por sí sola, podría impulsar a los obreros catalanes por el camino de la aventura y de la catástrofe.

26 de mayo de 1931 (a Nin)

Me siento obligado a señalar que, en sus cartas, usted prefiere informarme sobre acontecimientos que ya conozco por los periódicos, esquivando los asuntos que tienen una importancia decisiva[4]. Indudablemente no tengo derecho a exigirle información, aunque sea de respuestas breves, sobre todas las cuestiones que planteo, pero comprenda que esta correspondencia «diplomática» no puede satisfacerme. El resultado final de mis intervenciones para lograr una claridad elemental a través de esta correspondencia, ha sido que he llegado a la conclusión de que usted no desea esa claridad. ¿Por qué? Evidentemente se debe a que usted ha tomado una postura contradictoria, deja correr las cosas hasta que se resuelvan por ellas mismas. La experiencia y la teoría me dicen que este tipo de política tiene consecuencias fatales.



[1] El temor de Trotsky de una desviación «catalanista» por parte de Nin, se acrecienta por la falta de organización de la Oposición en Cataluña.
[2] En esta época, los responsables madrileños eran Francisco Garcia Lavid (Lacroix) y Juan Andrade.
[3] Este temor al «Chauvinismo» español tenía una gran importancia, desde el punto de vista de Trotsky, ya que en las filas de la Oposición en Madrid, se había desarrollado una gran hostilidad no sólo a la Federación Catalana, sino también a la táctica de entrada preconizada por Nin.
[4] De hecho, las informaciones de Nin, generalmente contenían lagunas, a veces eran contradictorias en cuestiones que, desde el punto de vista de Trotsky, tenían una importancia decisiva. Hasta el 5 de febrero parecía haberse identificado con los dirigentes de la Federación Catalana; el 7 de marzo la adhesión le parecía imposible, y ya no hablaba más que de adhesión al Bloc; el 12 de abril se declara partidario de entrar en la Federación, pero le parecía imposible hacerlo antes de un mes; el 15 anunciaba su entrada en el comité central de la Federación, y el 29 de junio hablaba de rupturas... hasta el congreso de unificación. 

 

 

LA SITUACIÓN EN CATALUÑA

(Extractos de cartas a Nin)

30 de mayo de 1931

[( ... ) Puede usted observar que al final de mi último trabajo sobre la revolución española1, he llegado a reunir la cantidad considerable de cartas dirigidas a usted, suprimiendo todo lo que tenía un carácter personal o polémico, incluso amigable. Solamente he conservado las cuestiones principales y políticas

31 de mayo de 1931

[Desgraciadamente no puedo compartir las observaciones tranquilizantes que usted formula a propósito de la situación en España y sobre todo en Cataluña. Usted piensa que no hay por qué temer acontecimientos prematuros en Cataluña, teniendo en cuenta que los anarcosindicalistas, que son hegemónicos en el movimiento obrero, controlan con todas sus fuerzas a los obreros. Según usted, la Federación Catalana actúa de forma semejante .2 En esta información sobre los anarcosindicalistas, que concuerda con la de la prensa burguesa, no veo nada tranquilizador; por el contrario, para mí es un motivo de inquietud.]

Por lo que veo, los anarcosindicalistas llevan una política conciliadora con respecto al detestable régimen del coronel Maciá3 el comisario barcelonés de los imperialistas madrileños. Los dirigentes del anarcosindicalismo, se han convertido en empleados subalternos y en verdaderos agentes del nacionalismo catalán de paz social.4 La Federación Catalana, a mi modo de ver, ha adoptado, una política conciliadora respecto al anarcosindicalismo, lo que significa que la Federación reemplaza la política revolucionaria de frente único por la política, oportunista de defensa y adulación de los anarcosindicalistas, y consiguientemente del régimen de Maciá. Precisamente en este hecho veo yo una de las fuentes de las explosiones que pueden, en determinada fase, adquirir un carácter peligroso. La tarea de los sindicatos no es contener a los obreros, sino todo lo contrario, movilizarlos y organizarlos para la lucha en todos los frentes: los sindicatos tienen la tarea fundamental de sublevar las regiones atrasadas de Cataluña y del resto de España. La labor de la Federación Catalana, no consiste en defender la política de la Confederación anarcosindicalista5 sino en ejercer una crítica constante, paso a paso, denunciando ante los obreros su bloque tácito con la contrarrevolución pequeñoburguesa de Maciá.

Para que las advertencias contra los actos insensatos y prematuros 6 no se transformen en una práctica menchevique de sofocamiento de la revolución, es necesario tener una línea estratégica clara, es necesario que los obreros avanzados comprendan perfectamente esta línea, a fin de poder explicarla incansablemente a las masas. Evidentemente, la Federación Catalana no tiene ninguna línea estratégica. Sus dirigentes no se atreven a reflexionar sobre los problemas fundamentales de la revolución, de lo contrario no tendrían ese miedo estúpido y pueril al «trotskismo», que expresa tan claramente todo el nivel de su pensamiento político. Solidarizarse con semejantes dirigentes, en lugar de oponerles una política seria y tenaz, incluso en el tono más amigable7 significa encaminarse hacia trágicos errores. Pero he escrito bastante sobre este asunto, y no volveré sobre ello.]

29 de junio de 1931

[( ... ) Para conquistar el núcleo proletario de la Federación Catalana, es necesario crear un núcleo firme de la oposición de izquierda en Cataluña,8' así como las publicaciones correspondientes, por lo menos un boletín en catalán.] Hay que someter a Maurin a una crítica despiadada e incesante, que los acontecimientos confirmarán brillantemente.9 Dentro de poco, Maurin no será más que una figura cómica, con sus reflexiones provincianas, sus consignas rudimentarias y sus doctrinas gastadas. Lo importante es saber lo que va a suceder. La oposición de izquierda no podrá llegar a ser una fuerza dirigente en España sin serlo antes en Cataluña.

La segunda cuestión importante se refiere a los anarcosindicalistas. Es indispensable escribir un folleto contra el anarcosindicalismo y publicarlo no sólo en España sino, también en otros países. ¿Ha leído usted los artículos de Monatte en los que expresa su esperanza de ver a los anarcosindicalistas españoles oponer al estado bolchevique, un estado «verdaderamente anarquista?10 Toda la suerte del anarquismo mundial, o mejor dicho sus residuos esparcidos por la revolución rusa, está íntimamente unida a la suerte del anarcosindicalismo español. Teniendo en cuenta que el anarcosindicalismo va, en España, hacia la derrota más miserable y ridícula, está fuera de duda que la revolución española será la tumba del anarquismo. Pero hay que procurar por todos los medios que la tumba del anarcosindicalismo no sea también la tumba de la revolución española. Si Maurín es una cobertura temporal de los estalinistas, el anarcosindicalismo lo es para los socialistas y los republicanos, es decir, para la burguesía. De la misma forma que Maurin puede poner en manos de la burocracia centrista a los obreros avanzados catalanes, los anarcosindicalistas pueden poner toda la revolución en manos de la burguesía. La lucha teórica y práctica contra el anarcosindicalismo está a la orden del día. Es evidente que debe ser llevada sobre la base de la política del frente Único de la unidad sindical, etc. Pero hay que desenmascarar a los jefes del anarcosindicalismo y sobre todo poner al desnudo a ese pope laico, Pestaña11, que va a jugar el papel más miserable y más cobarde en el desarrollo ulterior de la revolución.

Las muestras del discurso de Maurin producen una impresión penosa12. Contrariamente a nosotros, él considera, ¡quién lo diría! el plan quinquenal como una adquisición de la revolución. ¿Es posible que no haya leído nada?13

A propósito, la agencia Reuter, y con ella otras agencias, difunden falsos telegramas relativos a supuestos artículos e interviús míos sobre el plan quinquenal (fracaso completo, mentira, etc.). Es extremadamente importante desenmascarar y desmentir estas infamias. En este caso la burguesía se sirve contra los estalinistas de sus propias mentiras y calumnias.
El que los estalinistas hayan ganado para sus filas a varias decenas de parados en Barcelona, como cuenta usted,14 es, a mi modo de ver, un síntoma importante que habla en contra de la Federación Catalana. ¿Cómo puede, la organización revolucionaria dirigente, descuidar su influencia entre los parados, que constituyen el ala izquierda del movimiento? Mi opinión es que esto se debe al oportunismo de la Federación, su falta de vigor y de actividad, su «astucia» prematura, es decir, su oportunismo. Durante la revolución los obreros pasan rápidamente de una organización a otra.]

 

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1 Se trata de los textos publicados bajo el titulo «La revolución española día a día», en La Verité, La lutte de classes y Comunismo.
2 Nin escribía el 25 de mayo: «Usted expresa su temor relativo a una acción prematura en Cataluña ( ... ). Toda la táctica de los anarcosindicalistas, que poseen la hegemonía del movimiento consiste en contener las acciones del proletariado. En cuanto a los comunistas de la Federación Catalana -la única a tener en cuenta aquí como fuerza comunista- tiene una concepción del movimiento muy acertada, exactamente igual a la nuestra y son decididos adversarios de toda política aventurerista y putchista.»Efectivamente por estas fechas la dirección nacional de la C.N.T. estaba dominada por los elementos «revisionistas» o «neorreformistas» que acabarían constituyendo el grupo de los «trentistas», Peiró, Juan López, Ángel Pestaña, y que triunfaban aunque no por mucho tiempo, sobre sus adversarios de la FA.I., en el congreso «del conservatorio» en junio, en Madrid.
3 El coronel Maciá se había erigido en cabecilla del separatismo catalán durante los años veinte. Proclamado presidente de Cataluña en abril se esforzó en negociar con Madrid un compromiso relativo al Estatuto de Autonomía, en Cataluña.
4 En agosto de 1931, en el referéndum, la regional de la C.N.T. dejaba votar en masa a sus afiliados y simpatizantes a favor del Estatuto de Autonomía, aprobado finalmente por 595.206 votos contra 3.286.
5 Nin en una carta a Trotsky del 25 de junio protestaba: La Federación Catalana, cuya política jamás he defendido, no practica una política de conciliación con los anarcosindicalistas». Sin embargo, algunos meses más tarde, el Bloque obrero y campesino tomaba postura a favor de un gobierno Peiró-Pestaña.
6 De hecho los progresos de la F.A.I., que acababa de salir a la luz pública en el verano de 1931, iba a permitirle convertirse rápidamente en dueña de las organizaciones de la C.N.T., promoviendo, por medio de este intermediario, este tipo de acciones prematuras y putchistas que tanto temía Trotsky de los anarcosindicalistas. La primera acción de importancia sería la insurrección desencadenada el 18 de enero de 1932 en Figols
7 A lo largo de toda su correspondencia, Nin insistía en la necesidad de emplear un tono «amigable» con la Federación. Su primer artículo contra Maurín finalizaba recordando la existencia entre ellos de una «vieja y sincera amistad» (La.verité, 15 de agosto de 1931).
8. Nin respondía el 7 de julio: «Hasta ahora no habíamos realizado aquí ningún trabajo sistemático y organizado ( ... ). No se podía actuar de otra forma ( ... ). Durante estos últimos tiempos ha funcionado una célula de la Oposición, sin haber sido creada oficialmente.»
9 Nin escribía a Trotsky el 13 de julio: «He escrito un artículo, contra los errores de Maurín en el número tres de la revista. No se puede guardar silencio sobre este asunto sin poner en peligro al movimiento.» De hecho sólo en el nº 4 de Comunismo, del mes de septiembre, aparecerá finalmente un artículo de Nin, fechado el 14 de agosto y titulado: «¿Adónde va el B.O.C. (Bloc obrer i camperol)?». Nin señalaba el hecho de que estaba influenciado por «la pequeña burguesía radical y los anarcosindicalistas» «las fuerzas que ejercen hoy en día una influencia preponderante sobre las masas». Mientras tanto, en La Verité, había aparecido un artículo ligeramente diferente.
10 Ver principalmente su artículo «El camino de la revolución española está abierto» en La revolution prolétarienne, nº 117, 16 de junio de 1931.
11 Ángel Pestaña, excluido de la C.N.T. por presión de los «faistas» crearía en 1933 el Partido Sindicalista, llegando a ser, como tal, diputado en el Frente Popular en 1936
12 El Ateneo de Madrid había cedido la palabra a Maurín el 8 de junio, a Nin el 9 y a Bullejos, secretario del partido oficial, el 10. La ruptura entre Nin y Maurín data desde estas conferencias. Fue Nin, quien en su artículo proporcionó a Trotsky algunas muestras del discurso de Maurín. Éste declaraba que se diferenciaba claramente de los «trotskystas», ya que él era partidario del plan quinquenal.
13 Nin no se indigna menos que Trotsky. Escribió: «¿El líder del B.O.C. ha olvidado ya la historia de los últimos años? ¿No sabe que fue precisamente la oposición de izquierda la iniciadora de la industrialización del país? ¿Que sostuvo en este sentido una encarnizada batalla contra los actuales dirigentes del partido comunista de la U.R.S.S., los cuales nos acusaban de ser superindustrialistas? Maurín sabe todo esto perfectamente, por lo tanto su intervención sólo puede tener dos sentidos: mentir deliberadamente o conseguir el visto bueno de la Internacional tirando una piedra contra los «trotskistas» En este sentido se pueden consultar las Memorias de Jules Humbert-Droz, representante de la I.C. en España durante esta época, y en cuyo tomo II, De Lenin a Stalin, hace alusión a sus actividades en el mes de junio: «En Barcelona tomé contacto con el partido disidente de Maurin, en el que yo tenía algunos camaradas de confianza, pero mis esfuerzos, apoyados por la delegación, no consiguieron rehacer la unidad» (p. 457).
14 Humbert-Droz da algunos datos sobre los esfuerzos del partido oficial para organizar a algunos parados (ibidem, pp. 433-434).

 

 

PARA UNA DISCUSIÓN ABIERTA EN ESPAÑA[1]
(Carta a Nin, 13 junio 1932)

[Vuestra carta del 7 de junio[2] contenía una serie de malentendidos extraños:

1. Si algunas de vuestras cartas abordando ciertas cuestiones políticas a las que no he respondido se han extraviado, había simplemente que volver a plantear estas cuestiones, en lugar de perder el tiempo en consideraciones generales sobre el interés de una correspondencia entre nosotros. Ahora, repito mi propuesta: enumérese, por favor, estas cuestiones sobre las que no ha tenido respuesta mía; me impondré el responderle inmediatamente, como lo he hecho siempre en el pasado.

2. Escribe usted que me rehúso a ayudar a la Oposición española. No puedo responderle más que por un alzamiento de hombros. Le envío todos mis trabajos, cartas circulares, etc., es decir, todos los documentos que envío a todas las secciones nacionales. Ninguna me acusa de rehusarle mi apoyo. ¿Quizá quiere usted decir que en este momento, no me ocupo particularmente de los españoles? Es cierto, pero se explica por razones políticas objetivas. En el desarrollo de la revolución española, no veo, sobre el terreno, principios ni problemas nuevos. Durante estos últimos meses se han planteado en la U.R.S.S., en Alemania, en Oriente, problemas siempre nuevos, de una gravedad inmensa.[3]Al repartir mi tiempo de trabajo, me dejo guiar por las ideas políticas. Todos los manuscritos consagrados a los asuntos alemanes se los he enviado al mismo tiempo que los enviaba a Alemania. Pienso que los problemas alemanes tocan de tan cerca a los camaradas españoles como los problemas españoles.


3. Finalmente, usted me escribe que yo le he dejado de «ayudar» después de que hayamos divergido de opinión sobre diferentes cuestiones y diferentes camaradas. Todo tiene límites, camarada Nin. ¿Así, Vd. cree que la apreciación que tengo sobre tal o cual camarada puede obligarme a modificar mis relaciones políticas con una organización revolucionaria? ¿Y a pesar de ello Vd. insiste en nuestra correspondencia, y afirma que es «muy útil»? En todo esto no entiendo absolutamente nada.

4. Repite una vez más que no tenemos entre nosotros divergencias políticas. Estaría contento de que fuese así. Pero, ya antes del incidente con los camaradas franceses que desde hace mucho ha perdido toda significación, le habla escrito que sus cartas tenían un carácter puramente diplomático. Vd. se limita a abstracciones, banalidades, y no ha respondido nunca a mis preguntas políticas concretas. Si hojea las cartas que le he dirigido ‑conservo una serie completa de copias‑ se persuadirá sin esfuerzo que cada vez se puede descubrir, bajo un acuerdo formal, un desacuerdo esencial. Es por ello que pienso que mi ayuda a la Oposición española hubiera sido más eficaz si, sobre esas cuestiones en litigio, hubiéramos intercambiado nuestras opiniones, no por cartas personales, que quedaban sin resultado práctico, como todo lo que ha pasado me ha convencido, sino por cartas, públicas o semipúblicas, por ejemplo en el Boletín español, a fin de que los camaradas españoles pudieran tomar parte en la elaboración colectiva de nuestra opinión sobre todas las cuestiones en litigio. Pienso que se puede y debe someter a una discusión de principio seria toda una serie de estas cuestiones, tanto españolas como internacionales, sin disimularse detrás de las simpatías o antipatías personales, porque creo que tal método, no sólo no es justo, sino que es inadmisible en los medios revolucionarios, sobre todo entre marxistas[4]]



[1] Carta a Nin, 13 junio 1932. Nuestra documentación presenta para este periodo lagunas evidentes. Está claro que inmediatamente después de la 3.ª, Conferencia de la Oposición española tuvo lugar un intercambio de correspondencia, en marzo precedente, pero ni Trotsky ni Andrés Nin publicaron extractos.
[2] La carta de Nin fechada el 7 de junio respondía a una carta de Trotsky, fechada el 29 de mayo, de la que ni siquiera tenemos extractos. Nín decía: «Su carta del 29 de mayo me ha sorprendido enormemente por su tono y contenido. Había hecho una tentativa sincera por retomar una correspondencia cuya utilidad para nuestro movimiento ‑cada día más importante‑ sería indudable. No he encontrado en Vd. la misma buena voluntad (....). Su colaboración directa nos es preciosa, pero, incluso sin ella ‑ya que la rehusa Vd.‑ consagramos hasta el presente todas nuestras energías a la tarea de crear, en España, una fuerza comunista de izquierda».
[3] En enero se ha desarrollado en la U.R.S.S. la 12ª Conferencia: las consecuencias de la colectivización forzada provocan fuertes alborotos en el aparato, en el que Riutin se esfuerza por reunir los residuos de las viejas oposiciones. La crisis se agrava en Alemania, donde se cuentan más de doce millones de parados, el progreso, del nazismo se afirma, Hindenburg, elegido presidente de la República, acaba de llamar a la Cancillería a von Papen, que forma el ministerio «de los barones».
[4] Trotsky responde aquí directamente a una frase de la carta de Nin del 7 de junio: «Quiero señalar una vez más que no hay entre nosotros divergencias políticas y que es muy lamentable que, el que no compartamos su opinión sobre un militante (¿militante?) francés haya determinado una ruptura real cuya responsabilidad cae enteramente sobre Vd.»

 

RUPTURA PERSONAL

(Cartas a Nin)

 

20 septiembre 1932

 

[Hace algunas semanas le escribí pidiéndole que me dijese las cuestiones precisas que Vd. había planteado en las cartas suyas que yo no recibí. A esta última carta, no he recibido respuesta. Fue expedida certificada, de la misma forma que la presente es enviada certificada.]

 

14 noviembre 1932

[De diferentes lados, he recibido la información según la que camaradas españoles ‑y, ante todo, Vd. personalmente‑ apreciaban la situación española en el sentido de que la revolución había terminado. No es necesario que le diga lo grave que es esta cuestión para la determinación de los principios políticos. Me parece absolutamente necesario clarificar totalmente esta cuestión. Sería preferible que el nuevo C.C[1]. precise su opinión sobre ello mediante una resolución especial: esto permitiría acabar de una vez con las falsas interpretaciones[1]. Por lo demás, quizá` vuestro C.C. se haya pronunciado ya sobre este tema: en este caso, ¡tanto mejor!]

LAS DIVERGENCIAS CON NIN NO DATAN DE AYER[i]

El camarada Nin ha estado permanentemente en lucha con la dirección de la Oposición Internacional y con las direcciones de todas las secciones, negando la existen cia de divergencias teóricas o políticas. En su correspondencia conmigo, suele referirse a este tema frecuentemente, pero sin ninguna precisión.

Realmente, mi correspondencia con el camarada Nin, que dura ya por espacio de dos años, no ha sido más que una constante polémica, a pesar del tono amistoso. Esta polémica englobaba la mayoría de las cuestiones relativas a la vida y la actividad de la Oposición internacional.

Es cierto que el camarada Nin siempre aceptaba las pre misas fundamentales, pero, llegado el caso, siempre se negaba a sacar las consecuencias necesarias. Durante mucho tiempo ha estado retrasando la construcción de la Oposición española. Ha hecho todo lo posible para enfrentarla y aislarla de la Oposición internacional.

Siento no poder reproducir toda la correspondencia: sería un volumen demasiado grande. Dos camaradas que me ayudan en mi trabajo se han ocupado de entresacar los pedazos más importantes[ii]. Es lamentable perder el tiempo en un trabajo semejante. Lo único que lo justifica es el hecho de que los camaradas españoles tendrán la oportunidad de conocer mejor la historia de las divergencias, y la Oposición internacional podrá ayudar a la Oposición española a seguir el camino correcto.
 

Prinkipo, 21 de febrero de 1933
 

L. Trotsky



[i] Este texto fue publicado en el Bulletin International, de la oposición comunista de izquierda, editado por el S.I. de la oposición de izquierda (bolcheviques-leninistas), n.º 2‑3, abril de 1933, p. 32. Se trata del prefacio de los extractos de la correspondencia mantenida entre Trotsky y Nin reproducida aquí. La selección de esta abundante correspondencia había sido hecha por Pierre Frank y Jan van Heijenoort, a petición de Trotsky.
[ii] La publicación de los extractos de la correspondencia mantenida con Nin había sido decidida por Trotsky en función de la crisis que atravesaba entonces la sección española. Lacroix acababa de afirmar (B.I. n.º 2‑3, abril 1933, pp. 56‑59), que Trotsky y el secretariado internacional, por lo general habían tenido razón en sus divergencias con la sección española. Algunos consideran que esta publicación tenía por objeto ayudar a Lacroix contra Nin. En un informe sobre el «caso Lacroix» (Boletín interior, n.º 2, 15 de julio de 1933) el C.E. de la izquierda comunista española escribió: «Cuando el camarada Trotsky publicó los extractos de sus cartas con el camarada Nin, el C.E. señaló la inoportunidad de su publicación, que conducía a fomentar una lucha sin principios» (p. 9). Este texto, que fue publicado sin duda en el Boletín interior español, no parece que fuera publicado en los boletines de las demás secciones. Señalemos que los españoles no critican la selección, o sea, el significado de los extractos, sino su « inoportunidad ».
 
A PROPÓSITO CON LA CORRESPONDENCIA CON NIN[i]
Buyuk Ada, 25 de marzo de 1933
Querido camarada Lacroix[ii]:

Mi correspondencia con el camarada Nin no tenía un carácter personal, sino político. Ya que en cada nueva etapa se volvían a repetir las mismas divergencias, he creído necesario poner a disposición de todos los miembros de la sección española los extractos más importantes de mi correspondencia con Nin. No va a ser posible ningún progreso de nuestra sección española sin la formación de una opinión colectiva educada de una forma marxista.
La comunicación de esta correspondencia no tiene por objeto ayudar a un grupo contra otro, sobre todo porque las ideas y los métodos que critiqué al camarada Nin son también los vuestros. La lucha entre vuestros dos grupos ha revestido un marcado carácter personal. La única forma de atenuarla e inscribirla en el marco de una discusión normal, consiste en ligar las divergencias actuales con las pasadas, sobre la base del método marxista. Sobre esta base, y únicamente sobre ella, me sentiría satisfecho de colaborar, tanto con usted, como con el camarada Nin.
Con mis mejores saludos comunistas.
León Trotsky



[i] Boletín interior de la I.C.E., n.º 2, 15 de julio de 1933, p. 11

[ii] Por medio de esta carta -cuya copia había sido enviada a Nin yy al C.E.- Trotsky impedía de hecho a Lacroix y a sus camaradas utilizar las antiguas divergencias entre Nin y Trotsky, en provecho propio. De esta forma respondía a una de las preocupaciones del C.E. Señalemos, sin embargo, que el S.I. al publicar en un boletín interno los textos de Lacroix, en los que afirmaba que Trotsky, en lo esencial, había tenido razón contra Nin y los camaradas españoles, y al dejar de publicar los textos enviados a este fin por el C.E. de la izquierda comunista, se exponía a las críticas que le acusaban de hacer el juego a Lacroix, en contra de Nin y la dirección elegida en la 3.ª Conferencia.

 

 

EL «GRUPO DE NIN» LLEVA UNA LUCHA SIN PRINCIPIOS[i]

(A todos los miembros de la Oposición de izquierda española)

24 de abril de 1933

Queridos camaradas:

Acabo de recibir hace unos días la copia de la respuesta escrita del comité central de la comisión de organización relativa a la convocatoria del congreso antifascista nacional.[ii]2 Esta carta, fechada el 5 de abril de 1933, constituye un documento que debe hacer reflexionar a todo miembro de la Oposición española, si es que realmente camina hacia el comunismo.

¿Qué significado tiene el Congreso antifascista nacional e internacional? La Oposición de izquierda (bolcheviques‑leninistas) ha explicado esta cuestión a fondo en los documentos y artículos relativos al congreso de Amsterdam[iii], contra la guerra, así como en numerosas declaraciones de otras partes. La burocracia estalinista ha conseguido aislar a la vanguardia comunista del proletariado por medio de su política de mentiras, que hace absolutamente imposible la formación de un frente único obrero contra el fascismo y la guerra. Para disimular su incapacidad, la Internacional comunista organiza de vez en cuando hipócritas mascaradas de tal frente único. Los grupos obreros, divididos se reúnen bajo la protección de personajes sin influencia, pacifistas, demócratas de izquierda, etc. A este tipo de conferencias o congresos ‑que en realidad no son más que teatro‑ se los presenta como el «frente único de las masas».

Nosotros tomamos parte en el congreso de Amsterdam para desenmascarar la comedia y llamar la atención de los trabajadores comunistas sobre la vía justa. Inútil es decir que nuestra postura ante el próximo congreso antifascista no es la misma.

El comité central de Barcelona [iv] también ha tomado en esta cuestión una postura contraria a la de los bolcheviques‑leninistas. La carta del 5 de abril declara solemnemente a la comisión de organización que la Oposición de Izquierda se une al «frente Único» como si realmente se tratase de esto, en vez de una burla del frente único. La carta del comité central de Barcelona, al repetir frases hechas del tipo de «realizaremos el frente único a pesar de nuestras divergencias» ayuda a los estalinistas a enmascarar la realidad.

Sin embargo, esta idea elemental, que es acertada cuando se refiere a las organizaciones de masas del proletariado pierde todo su significado cuando se refiere a personalidades burguesas, pacifistas, demócratas del mundo literario, etc.

La carta del comité central de Barcelona dice: «el pacifista puede ser tanto o más enemigo de la guerra que el comunista revolucionario. Es perfectamente lógico que esta gente se encuentra en un frente único contra sus enemigos». Es difícil de creer que esta frase ha sido escrita por alguien que se considera marxista, que tenga alguna idea de la política leninista, de los cuatro primeros congresos de la Internacional comunista, por no hablar de los diez años de trabajo de la Oposición de izquierda internacional y sobre todo de su declaración respecto al congreso de Amsterdam.[v] ¿Cómo puede ser peor enemigo de la guerra un pacifista que un comunista revolucionario? La teoría marxista y la experiencia nos demuestran que el pacifismo es un arma del imperialismo, que los pacifistas claman contra la guerra en los tiempos de paz, inclinándose sin decir una palabra, presionados por su aislamiento y su impotencia ante el militarismo, convirtiéndose frecuentemente en sus lacayos. Lo mismo ocurre en el terreno de la lucha contra el fascismo

El significado de la política de frente único consiste en que acerca a los trabajadores socialdemócratas y sindicalistas a los trabajadores comunistas (y al comunismo) en el proceso de la lucha común contra el enemigo de clase. En lo que concierne a tal o cual personaje burgués, la cuestión es muy secundaria, los mejores, apoyarán a los trabajadores cuando se lleve una correcta política de frente único, cuando esta política vaya unificando a las masas. Ignorar la política de masas, yendo a la zaga de individuos célebres constituye la peor clase de aventurerismo y de charlatanería política.

En vez de denunciar la propia idea de la colaboración entre los burócratas estalinistas y estas personalidades burguesas, el comité central de Barcelona expresa su convicción de que la comisión de organización tiene la misma concepción que él sobre las tareas del congreso y que debido a esto acepta «con alegría» una «colaboración leal».[vi]. ¿Qué es esto? ¿Astucia diplomática? Si se trata de esto no puede más que confundir a nuestros amigos y a todos los que están de acuerdo con nosotros. ¿Por que se lanzan los marxistas a semejantes maniobras diplomáticas en cuestiones de este tipo, en las que se precisa la mayor claridad? No, la conclusión a la que se llega es que el comité central de Barcelona ha tomado una postura contraria al marxismo en la cuestión más seria de la política proletaria.

La lucha de los dirigentes de la Oposición española contra las posiciones y los principios de la Oposición de izquierda internacional no datan de hoy. Sin intentar exagerarse podría decir que los dirigentes españoles no han tomado una posición correcta sobre ninguna de las cuestiones importantes, españolas o internacionales, durante los tres años últimos.

Se pueden admitir errores, son inevitables en una organización joven. Sin embargo, lo que hace falta es que la organización y sobre todo sus dirigentes, saquen las lecciones de sus errores: así es como se avanza. Pero la desgracia es que los camaradas que actualmente constituyen el comité central de la Oposición española, no permiten a la Oposición discutir las cuestiones en litigio, substituyendo conscientemente las divergencias de principio por ataques personales y bajas y vanas acusaciones.

Evidentemente, la lucha entre el grupo del camarada Nin y el de Lacroix tiene su importancia, pero es cien veces más importante la lucha que llevan el camarada Nin, Fersen y otros contra la izquierda Internacional en su conjunto, adoptando continuamente posiciones contrarias a los principios fundamentales del marxismo. En cualquier lucha de fracción hay conflictos y acusaciones personales reciprocas: es inevitable. Pero al revolucionario cuya posición está determinada por episodios puramente personales, acusaciones, simpatías y antipatias, no es serio. Ese es el método característico de los radicales pequeño‑burgueses, incapaces de alzarse al nivel de los principios marxistas. Hasta el presente, las intrigas pequeño‑burguesas han envenenado la cumbre de la Oposición española, le han impedido seguir el camino correcto, paralizando el desarrollo de toda la organización a pesar de que las condiciones objetivas son extraordinariamente favorables. Si los militantes de base de la Oposición de izquierda española, los verdaderos bolcheviques‑leninistas, quieren salir de este atasco, necesitan, ante todo, barrer la suciedad de las querellas personales examinando el fondo de las divergencias políticas. Es necesario estudiar a fondo la historia de estas divergencias. Sobre todo hay que colocar en el centro de la discusión el documento sin principios del comité central del 5 de abril de 1933. Es preciso que todos los oposicionistas españoles comprendan, que la causa de todas las divergencias entre Barcelona por una parte y París, Bruselas, Berlín, Viena, Nueva York, etc., por otra, tiene sus raíces en el hecho de que el comité central de Barcelona mantiene una postura antimarxista, obstinándose en permanecer en ella.

Por medio de esta carta me dirijo a todos los miembros de la sección española, ya que mis esfuerzos durante tres años por llegar a una comprensión recíproca con los camaradas dirigentes, no ha conducido hasta ahora a nada.[vii]'

Con saludos comunistas, G. Gourov



[i] T. 3540. El procedimiento inhabitual de dirigirse a los militantes sin pasar por los responsables de las secciones, según Trotsky se justificaba por la crisis de la oposición española.

[ii] A continuación del congreso de Amsterdam, el «congreso internacional contra la guerra y el fascismo» había sido convocado sucesivamente en Praga y después en Conpenhague. Habla sido precedido de congresos nacionales. No hemos podido encontrar la carta del comité central que critica aquí Trotsky.

[iii] La Vérité habla lanzado una campaña contra el congreso de Amsterdam, que pretendía llevar a cabo un «frente único» contra la guerra y el fascismo, con las corrientes pacifistas, encarnadas por Barbusse y Romain Rolland, pero que al mismo tiempo escondía el rechazo de un verdadero frente único con los socialistas. La oposición internacional de izquierda, a pesar de combatir los objetivos fijados por el congreso, había mandado una representación, luchando en vano porque se discutiera lo que ellos consideraban que eran los verdaderos problemas. Durante algunos minutos Raymond Molinier fue su portavoz.

[iv] Esta expresión se refiere a la nueva dirección designada después de la salida de Lacroix, que indica una cierta reticencia a reconocer a este comité central como la dirección de la oposición española. Según Comunismo, nº 18, noviembre de 1932, p. 29, el nuevo comité ejecutivo de la izquierda comunista española comprendía a Andrés Nin, secretario general, José Metge, Molins y Fábrega, Fersen y el secretario administrativo Goni.

[v] La Vérité, 5 de septiembre de 1932.

[vi] En realidad los militantes de la Oposición intentaron expresarse en el congreso de Pleyel denunciándolo. Se enfrentaron a una mayoría decidida a no dejarles hablar y que no dudaba del recurso a la violencia. Alfonso Leonetti (Feroci, Guido Saracena), que penetró en el salón con un carnet de prensa perfectamente en regla, fue expulsado de su sitio y brutalmente apaleado por el servicio de orden. Comunismo reproducirá las mismas conclusiones del congreso que La Vérité. En realidad los militantes de la Oposición intentaron expresarse en el congreso de Pleyel denunciándolo. Se enfrentaron a una mayoría decidida a no dejarles hablar y que no dudaba del recurso a la violencia. Alfonso Leonetti (Feroci, Guido Saracena), que penetró en el salón con un carnet de prensa perfectamente en regla, fue expulsado de su sitio y brutalmente apaleado por el servicio de orden. Comunismo reproducirá las mismas conclusiones del congreso que La Vérité.

[vii] No tenemos ningún documento que nos permita seguir la discusión entre Trotsky y los seguidores de Nin. Sin embargo es indudable que esta carta indica que se estaba cerca del momento de la ruptura.

 
SOBRE LA FORMA DE ACTUAR INADMISIBLE DEL CAMARADA NIN[i]

10 de agosto de 1933

Queridos camaradas:

Las últimas cartas y documentos provenientes del comité central de la sección española[ii] dirigida por el camarada Nin, provocan una sensación que es difícil no calificar de indignación. El tono de las cartas es asombroso: las acusaciones más duras lanzadas a izquierda y a derecha, expresiones ofensivas empleadas sin sombra de justificación, y que acaban convirtiéndose a menudo en simples injurias. Este tono demuestra cuán lejos están Nin y sus amigos[iii] del espíritu de camaradería revolucionaria y del más elemental sentimiento de responsabilidad personal. Sólo las personas privadas de toda disciplina interior pueden escribir en términos semejantes, sobre todo, contra la organización, que en el fondo de ellos mismos, consideran ajena y hostil.

Las acusaciones lanzadas por el grupo de Nin han sido desmentidas decenas de veces. El representante de este grupo estuvo en la preconferencia; allí pudo exponer sus deseos y mantener sus acusaciones[iv] ¿Cuál ha sido el resultado? La política de Nin y sus amigos fue condenada por todas las secciones de la oposición de izquierda internacional, sin excepción.[v] Se podría haber pensado que este hecho por lo menos haría a Nin y a sus amigos un poco más prudentes. Por el contrario, duplican, triplican sus injurias dirigidas y concentradas contra la Oposición internacional en su conjunto.

Por ahora sólo pienso abordar un punto: el grupo de Nin se atreve a acusar a la Oposición internacional de haber excluido de sus filas indebidamente a Rosmer, Landau y otros.[vi] Los hechos y los documentos demuestran lo contrario. Rosmer intentaba alejar de la Ligue a los camaradas que, según su opinión, eran indeseables,[vii] pero quedó en minoría muy reducida; después de esto, abandonó la Ligue.[viii] Personalmente he mantenido correspondencia con Nin de forma permanente a propósito de este incidente. Le informé de todas mis iniciativas para impedir que Rosmer diera un paso tan claramente erróneo, que no surgía de consideraciones revolucionarias, sino de caprichos personales.[ix] A pesar de su amistad con Rosmer, Nin me escribió: «la razón no está del lado de Rosmer». A mis insistentes preguntas por escrito para saber si podía emprender alguna iniciativa suplementaria para impedir que Rosmer diera ese paso erróneo, Nin no me propuso nada, reconociendo que ya se hablan dado todos los pasos.[x] Lo mismo respecto a Landau. Que se sepa, nadie propuso expulsarle,[xi] únicamente se le pidió que tomara parte en la conferencia democrática convocada por la sección alemana. Yo presenté una resolución conciliadora en tono y en contenido a la cual Nin se adhirió por escrito «enteramente y sin reservas». Después se sabe que Landau «expulsó» a la mayoría del comité central de la sección alemana y se negó a participar en la conferencia en la que estaría condenado a permanecer en minoría.

Como miembro del Buro internacional de entonces, Nin ha participado en el conjunto de nuestra política, ante la cual tiene una total responsabilidad. Y ahora, sin aportar ni hechos ni documentos hace recaer la responsabilidad de Rosmer y Landau sobre la Oposición de izquierda internacional, olvidando o callando sus propias responsabilidades. ¿Cómo calificar una actuación semejante?

Admitamos por un instante que Nin ha llegado más tarde a la conclusión de que nuestra actuación respecto a Rosmer, Landau y los otros, era equivocada. Entonces hubiera debido decir: Hemos cometido tal y tal falta, debemos corregirla de tal y tal forma. Ete hubiera sido un camino totalmente legitimo. Sólo hay que decir claramente cómo corregir las faltas. Los grupos de Rosmer[xii] y Landau tienen sus propias publicaciones, y desarrollan sus puntos de vista, que, en determinadas cuestiones esenciales, se separan cada vez más de los nuestros. Si se hubiera avanzado en la cuestión de Rosmer y Landau, no como una maniobra, sino con un fin práctico, o sea, cómo hacer volver a esos grupos al seno de la Oposición internacional, el deber del camarada Nin hubiera consistido en dar una apreciación de sus puntos de vista y sacar la conclusión: ¿Son compatibles con los de los bolcheviques‑leninistas? ¿Exige determinadas concesiones por nuestra parte, y en concreto cuáles; o, por el contrario, Rosmer y Landau tendrán que renunciar a sus puntos de vista y sus métodos para unirse a la Oposición de izquierda? Una actuación de este tipo, seria, de principios, y al mismo tiempo, práctica, habría abierto la posibilidad de una discusión y quizás de dar algunos pasos en la práctica. La actual forma de actuar de Nin demuestra que no le importan los avances prácticos: no necesita más que un pretexto artificial para lanzar sus insinuaciones contra la Oposición de izquierda internacional.

Todo esto es aún más triste ya que el camarada Nin necesita una actuación desleal para disimular sus propias vacilaciones políticas, así como toda una serie de faltas que han impedido a la Oposición de izquierda española conquistar el lugar que las condiciones de la revolución posibilitaban. Actualmente, a consecuencia de la política radicalmente falsa del camarada Nin, la Oposición española no crece, por el contrario, se debilita.[xiii] Desgraciadamente, la discusión política con el camarada Nin no ha dado ningún resultado: siempre se esconde, hace diplomacia, no dice ni sí ni no, sino lo que es peor, a los argumentos políticos de los camaradas, responde con insinuaciones personales.

Le ruego que ponga esta carta en conocimiento de todas las secciones, empezando por la española. Quisiera que fuera enviada a todos nuestros amigos de América del Sur: cuanto antes se enteren de la falsedad y el peligro de la política de Nin, más estrechamente se unirán a nuestra organización internacional y podrán trabajar con más éxito en el plano nacional.

Saludos comunistas. L. T.

P. S. Ya había escrito esta carta cuando mis amigos me enviaron dos documentos del camarada Nin y otros, en respuesta a la carta de los camaradas Shachtman y Frank.[xiv] El camarada Nin descubre una intriga y una comedia en el hecho de que ésta haya sido escrita en Prinkipo. Deja entender que estoy escondido tras los firmantes de la carta. ¿Por qué habla de hacerlo? Desde luego no por miedo a Nin y a sus cómplices, pues ya me he expresado muchas veces ‑espero que sin equívocos sobre la política de Nin. Mi correspondencia con él es accesible a los camaradas.

No tengo el más mínimo interés en ocultar que yo creo que la actividad de Nin es nefasta. ¿Por qué habría de esconderme tras Shachtman y Frank? Incluso si la iniciativa de la carta hubiera partido de mi, esto no cambia el contenido de la carta. Lo importante son los hechos y los argumentos de la carta, que son aplastantes para Nin. La verdad es que la iniciativa de la carta, así como su redacción pertenecen exclusivamente a los camaradas que la han firmado. No he conocido el texto de la carta hasta que la he leído. ¿Con qué derecho, Nin y sus cómplices, presentan a Shachtman y Frank como incapaces de emitir un juicio sobre estas artimañas y de expresarse por iniciativa propia? Si Nin tiene alguna duda sobre la autenticidad de esta carta que se dirija a las secciones americana y francesa. Estoy seguro de que recibirá una respuesta clara, aunque poco reconfortante para él.

Nin intenta defender sus insinuaciones personales citando una afirmación mía ‑poco personal por otra parte‑ según la cual la política se hace a través de las personas.[xv] Se olvida que a través de las personas no sólo se hace la buena política, sino la mala, y que toda política selecciona a las personas que le corresponden y las educa.



[i] . 3580. Este texto de uso interno, es una carta dirigida a todas las secciones de la oposición internacional. Fue publicada en el Boletín interior, n.º4, del 5 de septiembre de 1933, pp. 7‑9. El título es el mismo que le puso el S.I. El comité ejecutivo de la Gauche Communiste la hizo preceder de la siguiente indicación, entre otras: «la mayoría de nuestros camaradas conocen ya esta carta, ya que el S.I. fiel a sus métodos disolventes y desleales, se ha servido de sus agentes Arlen y Vela ‑que no son miembros de nuestra organización‑ para hacerla llegar hasta nuestros grupos». Arlen era el nombre de un oficial que había militado brevemente en la Oposición y Mariano Vela era el nombre de un estudiante madrileño al que estaba ligado. Según parece, después de un cierto tiempo, los dos habían expresado ‑incluso antes que Trotsky- críticas contra la orientación independentista de Nin y sus camaradas, y que el S.I. por lo menos pensó en apoyarles en la medida en que parecían más dignos de fe que Lacroix, «convertido» demasiado recientemente. En el mismo boletín se hace alusión a la correspondencia que Arlen y Vela mantenían directamente con el S.I., uno de cuyos representantes, Pietro Tresso, llamado Blasco, antiguo dirigente del P.C. italiano, había contactado con Tojo, del grupo de Lacroix. El S.I. enviaba a Arlen y Vela la copia de los documentos dirigidos al C.E. español, utilizándolos para difundir sus propios documentos. En el mismo número una respuesta del grupo de Madrid ‑donde residían Arlen y Vela‑ calificaba a estos últimos de «dos cretinos extranjeros con sentimientos de proletarios revolucionarios ». De cualquier forma, la actitud extremadamente hostil del C.E., que había desautorizado a Fersen, su representante en la preconferencia, negándose a aplicar las decisiones de esta última, justificaba a los ojos de Trotsky esta declaración de guerra interna a la mayoría de la sección española.

[ii] Lo esencial de estos textos se encuentra en los Boletines internos 3 y 4 de la Gauche communiste, que no hemos podido encontrar. Sin embargo, según los textos posteriores, queda claro que Trotsky hace alusión aquí al proceso hecho por el C.E. de los «métodos burocráticos» del S.I., sus «intrigas» con Lacroix‑Tojo y posteriormente Arlen y Vela, de la acusación según la cual estos últimos conservaban los archivos de la izquierda comunista, con el consentimiento del S.I., de la falta de principios de este último en las luchas fraccionales, etc

[iii] En su respuesta, el C.E. de la I.C.E. encontraba inadmisible que Trotsky empleara la expresión «Nin y sus amigos» para expresar la dirección elegida en la conferencia nacional de la oposición española, afirmando que esto revelaba una actitud fraccional inaceptable. (Boletín interior, n.o 4, 5 de septiembre de 1933, p. 9).

[iv] No hemos podido disponer de un balance de los debates de la preconferencia, sino únicamente el texto de la declaración del delegado español, Fersen. (Boletín interno de la O.G.I., editado por el S.I. de la O.G. (B.‑L.), nº 2‑3, abril de 1933).

[v] El C.E. se contentó con responder: «Todos los camaradas, sin excepción, están confundidos.»

[vi] Fersen se había expresado de forma más matizada en la preconferencia afirmando que «la sección española, sin negar la existencia de errores y desviaciones, más o menos importantes» por parte de Rosmer o de Treint, no había llegado «a encontrar una línea de demarcación en el terreno de los principios» entre la oposición de izquierda internacional y «ciertos grupos». La resolución de Madrid, mencionada en la nota 1, se refiere vivamente a Frank y Molinier, delegados del S.I. en la conferencia, acusándoles de haber intentado, sin suficiente información y con los métodos más bajos, arrancar a los delegados una declaración en contra del grupo de Rosmer. Después del mentís de Comunismo en septiembre, desolidarizándose con la «Gauche communiste» francesa y con el grupo Landau, el órgano de la Gauche communiste Le Communiste escribiría: «Podríamos haber dicho que, el camarada Lacrois, que no ignoraba nada de nuestras divergencias con la Ligue communiste francesa y el S.I., nos había propuesto, tres días antes de la conferencia, tomar la palabra en nombre de la oposición de izquierda francesa (cosa que no pudo llevar a cabo a causa de la llegada de los delegados "oficiales" Molinier, Frank, Pierre Naville... y de la retirada de Lacroix). Podíamos haber contado el tono de la petición de estos delegados "oficiales" de nuestra expulsión de la sala de sesiones, donde había comenzado la discusión de la carta del S.I. (Le Communiste, n.º 8, l de octubre de 1932). Esta versión del incidente nos ha sido confirmada por una carta de Pierre Frank del 3 de enero de 1973: «Hubo un conflicto entre nuestra delegación y la unánime dirección española por el hecho de que habían invitado en pie de igualdad a nosotros y a Collinet, que era delegado del grupo de Rosmer.» Por su parte, M. Collinet ha confirmado su presencia en Madrid algunos días antes de la apertura de la conferencia, en la que finalmente fue admitido como oyente. Los textos del C.E. de la I.C. que hemos consultado no hacen alusión al viaje de Collinet, ni a su presencia en la conferencia, ni el texto de Madrid a esta disputa de representatividad.

[vii] En su obra, Alfred Rosmer et le mouvement révolutionnaire international, pp. 379 y ss., Christian Gras, basándose en la correspondencia contenida en los archivos Mougeot, afirma que Rosmer deseaba ante todo eliminar de toda responsabilidad a Raymond Molinier al que consideraba peligroso y aventurero. El C.E. de la I.C.E., en una carta no fechada, publicada en su Boletín interior, n.º 2, de 1933, precisa que estaba dispuesto a reconocer los errores de Rosmer, pero que de ninguna forma iba a reconocer que sus adversarios en la Ligue francesa, sobre todo Molinier, eran, como decía Trotsky «los elementos vivos y revolucionarios del movimiento» Nin, Andrade y los demás mantenían un juicio tan severo sobre Molinier como el de Rosmer, que Trotsky no compartiría hasta 1935, a partir de su ruptura definitiva.

[viii] Christian Gras (op. cit., p. 373) escribe: «En noviembre de 1930, cuando llegan las cartas de Trotsky favorables a Molinier, Rosmer se aparta de la Ligue.» La fecha es exacta. Sin embargo Alfonso Leonetti nos ha contado que desde que los «tres» del P.C. italiano tomaron contacto con Rosmer, este último no sólo no les habló de su ruptura con la Ligue y la oposición internacional, sino que por el contrario les contactó con Trotsky

[ix] Aquí el resumen raya en la caricatura. Trotsky había escrito exactamente a la Federación de Charleroi, que animaba León Lesoil: «El camarada Rosmer ve como posible su alejamiento del movimiento a causa de asuntos que atañen incluso al orden personal. Con una actitud semejante al movimiento en su conjunto, ¿qué hay de extraño en que nuestras divergencias de principio parezcan secundarias e incluso inexistentes? (Carta del 28 de junio de 1931, Archivos Mougeot).

[x] Efectivamente esta es la impresión que se saca de las cartas de Nin, tal como fueron publicadas por Trotsky. Nin no cuestionó la selección, y por consiguiente la verosimilitud de los extractos. Por otra parte, numerosas cartas intercambiadas entre los dos hombres permanecen hasta ahora inaccesibles al investigador.

[xi] No es exacto que «nadie» intentara expulsar a Landau. Efectivamente, el mismo Trotsky escribía el 17 de febrero de 1931: Es inútil decir lo lejos que estoy de responsabilizarme de la actividad del camarada Well. Por el contrario he estado en desacuerdo con él, más de una vez, y cuando creía que cometía errores importantes, no me callaba mi opinión ( ... ). Durante las explosiones de una cólera injustificada Well emprendía el método de Landau, no viendo otra salida que la escisión (subrayado por nosotros, P. B.). La consigna «expulsar a Landau» es falsa, peligrosa y dañina. («La crisis de la oposición de izquierda alemana» Boletín Internacional de la oposición comunista de izquierda, n.º 6, abril de 1931, edición francesa). A decir verdad, Well no lanzó esta consigna de expulsar a Landau desinteresadamente, a pesar de que se alinease cuidadosamente con las posiciones de Trotsky en los últimos tiempos de la crisis. Efectivamente se sabe que el pseudo R. Wells y su hermano, conocido en aquella época como Sénine, eran en realidad agentes de la G.P.U., que serían desenmascarados a finales de 1932. De origen lituano, su verdadero nombre era Sobolevicius; posteriormente los dos hermanos harán carrera en el espionaje ruso en los EE.UU., bajo los nombres de Jack Sobre y Robert Soblen.

[xii] Christian Gras ha demostrado que la expresión «grupo Rosmer» para designar a los militantes agrupados en Francia alrededor del periódico Le Communiste, no correspondía en absoluto a la realidad.

[xiii] Alusión a la crisis abierta por Lacroix y a sus consecuencias en la oposición española a continuación de una encarnizada lucha fraccional de varios meses. El C.E. de la Gauche communiste reaccionaría rápidamente a esto, ya que hacia responsables de la agudeza de la crisis al S.I. y por lo menos parcialmente a Trotsky, ya que ellos habían contribuido a envenenarla. El texto de Lacroix publicado en el B.I. internacional de abril de 1933 afirmaba: «Trotsky y el S.I. siempre tienen razón contra nosotros, salvo en los asun­tos sin ímportancia.» Las decisiones de la preconferencia ‑a la que había asistido un delegado de Lacroix‑, la correspondencia del S.I. con Tojo, después con Arlen y Vela, habían confirmado, si no el apoyo de Lacroix ‑de quien Trotsky y el S.I. desconfiaban‑ sí por lo menos la explotación de la crisis por parte del S.I. Sin embargo el asunto se enrarecería aún más. El órgano del P.S.O.E., El Socialista publicó el 29 de agosto de 1933, bajo el título de «Vuelta al marxismo», una carta de Lacroix solicitando su admisión en el partido socialista, abjurando de su «izquierdismo» y que fue considerada como un gesto innoble por parte de sus antiguos camaradas. Según el C.E. español, Lacroix había intentado antes reincorporarse al P.C. (Comunismo, 29 de octubre de 1933). La marcha en semejantes condiciones del antiguo secretario general constituía un duro golpe tanto para la autoridad de Trotsky, como para la de la oposición española en su conjunto. En La Batalla, 26 de octubre de 1933, se recogían las informaciones de Comunismo bajo el título de «La derrota del trotskismo». Maurin calificaba a Garcia Lavid (Lacroix) como «el hombre de confianza de Trotsky», el «verdadero organizador del trotskismo en España» para concluir: «En el plano doctrinal, el trotskismo está mucho más cerca de la socialdemocracia que del comunismo.» Este giro político parecía estar más ocasionado por el carácter de Lacroix, que por su evolución política. Militante socialista, comisario de división durante la guerra civil, reconocido por los oficiales de la división Líster, según varias opiniones, habría sido ahorcado en 1939, a pocos centenares de metros de la frontera francesa. Georges Verceeken, en un manuscrito inédito, defiende la tesis de que Lacroix era un «agente» estalinista

[xiv] No hemos podido conseguir el texto de esta carta publicada en el n.º 3 del Boletín interior. Frank era el brazo derecho de Molinier y uno de los principales dirigentes de la Ligue francesa; Max Schachtman, uno de los principales trotskystas norteamericanos. Su texto ‑una carta dirigida a las secciones‑, de la que no hemos podido conseguir la respuesta, era un acta de acusación a los dirigentes españoles. Según un camarada que prefiere guardar el anonimato, la cólera de los amigos de Nin se explicaba por el hecho de que Schachtman, antes de dirigirse a Prinkipo, había estado con Nin y le había prometido apoyo. Jean Van Helienoort, ataca esta hipótesis, que considera inverosímil y nos señala (carta del 26 de diciembre de 1972) que el texto en cuestión había sido redactado por Pierre Frank en octubre de 1932, bajo forma de proyecto, pero que su envío se había retrasado a causa de su viaje a Copenhague. Shachtman lo había firmado en Prinkipo y de esta forma fue enviado con estas dos firmas. En su respuesta relativa a la participación de Trotsky en la redacción de esta carta, el C.E. de la I.C.E. se limita a declarar: «Ya que Trotsky lo dice, como no tenemos pruebas de lo contrario, nos lo creemos.» Pero algunas líneas más abajo añade que Shachtman es un hombres «sin principios», «intrigante pueril que carece del más mínimo sentido de la responsabilidad política» y que debería haber sido expulsado como «perturbador y dilettante».

[xv] El C.E. de la I.C.E. respondió: «Por grandes que sean vuestras cualidades y vuestra experiencia política, no pueden más que producir documentos lamentables cuando intentan justificar lo injustificable y defender lo indefendible.» Respecto a las injurias: «Camarada Trotsky, le aseguramos que no hemos utilizado y nunca utilizaremos la injuria. Nuestras acusaciones se basan en hechos concretos, probados y verificables en cualquier momento» (Boletín interior, n.º 4, p. 9). Por su parte, Nin respondía a Trotsky por medio de la declaración siguiente: «Para satisfacer a los camaradas que se preguntaban por qué dejaba sin respuesta las acusaciones lanzadas contra mi por el camarada Trotsky, declaro que esta actitud, en la que pienso permanecer inquebrantable, responde al firme deseo de no hacer el juego a una grosera maniobra que no busca otro objetivo que el de provocarme, para conferir un carácter personal a nuestras divergencias con la dirección internacional, oponiéndome a la organización. El camarada Trotsky y el S.I. Podrán discutir con la sección española y su C.E., que no es un círculo (tertulia) de amigos, ni una camarilla de epígonos, sino un órgano legítimamente elegido por la organización, cuyo punto de vista representa y de la que goza de su confianza» (íbidem, p. 13).

 

 

No más colaboración en la confusión[i]
(Protesta dirigida a Adelante, 3 de octubre de 1933)

He recibido de España la noticia de la aparición de Adelante, en la que aparece mi nombre entre los colaboradores, junto al de Karl Radek y Préobrajensky[ii]. Nadie me ha invitado a colaborar en Adelante, por lo tanto, no he tenido la oportunidad de dar mi consentimiento. En cuanto a Préobrajensky, que está exiliado, la utilización abusiva de su nombre sólo puede perjudicarle. El poco respetable nombre de Karl Radek da a esta lista un carácter totalmente fantástico e inexplicable[iii].
 

Debido a lo que acabo de mencionar, me veo en la obligación de rogarle que cese de utilizar mi nombre[iv].

3 de octubre de 1933.León Trotsky.



[i] D. 4111. En noviembre de 1933, el Bloque obrero y campesino catalán de Maurín, comenzó la publicación en Barcelona del diario Adelante, que dirigía el antiguo animador de la agrupación comunista autónoma de Madrid, Luis Portela. El semanario La Batalla, durante la campaña de lanzamiento del nuevo diario, había anunciado que Adelante publicaría artículos de las principales personalidades del movimiento comunista, expulsados o no, opositores de derecha o de izquierda. Según la tradición del movimiento obrero español, de origen anarquista, no se trataba de la colaboración voluntaria de las personalidades mencionadas, sino de la copia, anunciada con antelación de sus artículos publicados en otros lugares. Nin insistió para que Trotsky redactase inmediatamente el texto siguiente.
[ii] Tanto Radek como Préobranjensky habían sido compañeros de Trotsky en la lucha de la oposición de izquierda de 1923, posteriormente en la oposición unificada. Como tales habían sido deportados a finales de 1927, pero habían capitulado el 14 de julio de 1929, junto a Smilga.
[iii] Se advierte la diferencia en el tratamiento a los dos hombres. Preobranjensky, aún en el exilio, según las informaciones de Trotsky no había llegado tan lejos en el camino de las capitulaciones ante Stalin. Trotsky acusaba sobre todo a Radek de haber denunciado a la G.P.U. a Jakob Blumkin, que le habla contado su visita a Trotsky, y que fue fusilado. De hecho Adelante, publicaría un telegrama de Radek y Préobranjensky proclamando su rechazo a «colaborar en un periódico al lado de renegados comunistas, como Brandler, Thalheimer, Trotsky, Souvarine, etc.»

[iv] Los dirigentes del Bloc, no tuvieron en cuenta este incidente y continuaron publicando, tanto en Adelante como en La Batalla, traducciones de artículos de Trotsky, sin indicación de origen.

 

 

¿Es posible un acercamiento a Nin?[1]
(Extractos de cartas a Victor Serge)

3 junio 1936

Querido Víctor Lvovitch:

( ... ) Si he comprendido bien tu carta de París, está Vd. descontento de nuestro comportamiento hacia Andrés Nin, comportamiento que Vd. encuentra «sectario». Vd. no conoce y no puede conocer la historia política y personal de estas relaciones.

Puede imaginar sin mucho esfuerzo cuanto me alegró en su día la venida de Nin al extranjero. Durante varios años, he mantenido correspondencia con él de una manera regular. Algunas de mis cartas eran verdaderos «tratados»: se trataba de la revolución viva en la que Nin podía y debla jugar un papel activo. Pienso que mis cartas a Nin durante dos o tres años podrían constituir un volumen de varios centenares de páginas: ello basta para mostrarle la importancia que concedía a Nin y a las relaciones amistosas con él. En sus respuestas Nin afirmaba muchísimo su acuerdo teórico, pero evitaba absolutamente los problemas prácticos. Me planteaba cuestiones abstractas sobre los soviets, la democracia, etc., pero no decía ni una palabra de las Huelgas Generales que conmovían Cataluña.

Por supuesto, nadie está obligado a ser un revolucionario. Pero Nin estaba a la cabeza de la organizaci6n bolchevique‑leninista en España, y por ello mismo, había tomado serias responsabilidades de las que en la práctica se escabullía, mientras me echaba por carta arena a los ojos. Crea, querido amigo, que en estas cuestiones, tengo cierto olfato. Si se me puede acusar de algo con respecto a Nin, es de haber alimentado demasiado tiempo ilusiones sobre él, y de haberle dado por ello la posibilidad de cultivar bajo la bandera del bolchevismo‑leninismo, una pasividad y una confusión de las que ya hay suficientes en el movimiento obrero español, quiero decir, en sus cumbres. Si hubiera habido en España, en lugar de Nin, un revolucionario obrero serio, cmo Lesoil o Vareecken,[2] hubiera sido posible durante estos años de revolución llevar a cabo allí una obra grandiosa.

Empujado por la ambigüedad de su posición, Nin sostenía sistemáticamente, en cada país, a todos los que, por una razón o por otra, emprendían la lucha contra nosotros y acababan generalmente en puros y simples renegados. ¿Cómo se produjo la ruptura? Nin proclamó que estaba absolutamente en contra de la entrada táctica de nuestros camaradas en el partido socialista francés; luego, después de amplias vacilaciones, declaró que los franceses tenían razón y que había que actuar de la misma manera en España. Pero, en lugar de ello, se alió a la organización provisional de Maurin, que no tiene ninguna perspectiva pero que le permite llevar una existencia tranquila. Nuestro secretariado internacional le escribió una carta con críticas. Nin respondió rompiendo las relaciones y publicó algo sobre este asunto en un boletín especial[3]

Si no temiera abusar de su tiempo, le enviaría el paquete de mi correspondencia con Nin: he guardado copias de todas mis cartas. Estoy seguro de que, como otros camaradas que han tomado conocimiento de esta correspondencia, Vd. me acusaría de haber dado pruebas de una excesiva paciencia, de un «espíritu de conciliación» y no de sectarismo

5 junio 1936

En mi última carta, hay olvidos. Comencemos por Nin. Si Vd. piensa que es capaz de volver con nosotros, ¿por qué no intenta hacerlo volver? No alimento personalmente ninguna esperanza de ver a Nin ser de nuevo un revolucionario, pero puedo equivocarme. Verifíquelo Vd. por si mismo si lo juzga necesario. No podría sino aprobar este comportamiento.[4]

Por supuesto, no habría que esperar de Nin promesas verbales (de las que es muy pródigo), sino actos bien precisos. En este momento, Nin es el aliado de los encarnizados enemigos de la IVª Internacional que ocultan su odio pequeño‑burgués al marxismo revolucionario tras frases vacías sobre divergencias «organizativas», como si gente seria pudiera romper con revolucionarios y aliarse a los oportunistas a causa de divergencias secundarias.[5]

Si Nin quiere volver con nosotros, tiene que desplegar abiertamente en España la bandera de la IVª Internacional. Los pretextos que invoca para negarse a ello son del mismo género que los que Blum. invoca a propósito de la lucha de clases, que, según él, aún siendo una cosa buena de forma general, no está adaptada a nuestra época. La política de Blum consiste en una colaboración de clases, mientras que, en el plano «teórico», reconoce la lucha de clases.. Nin reconoce de palabra la IVª Internacional, pero, de hecho, ayuda a Maurín, Walcher, Maxton y sus otros aliados a llevar contra la IVª Internacional una lucha encarnizada, completamente del mismo tipo que la que los pacifistas estilo Longuet y Ledebour [6] llevaron contra los internacionalistas revolucionarios partidarios de la III.ª Internacional

30 julio 1936

Examinemos una vez más la cuestión de Nin. Algunos ‑entre los que se encuentra Rosmer‑ consideran mi vigorosa crítica de su política como sectarismo. Si es así, todo el marxismo no es más que sectarismo, pues es la doctrina de la lucha de clases, y no de la colaboración de clases. Los actuales acontecimientos de España muestran particularmente hasta qué punto era criminal el acercamiento de Nin a Azaña:[7] los trabajadores españoles van a pagar ahora con miles de vidas la cobardía reaccionaria del Frente Popular que continuó manteniendo con el dinero del pueblo un ejército mandado por los verdugos del proletariado.[8] Aquí no se trata, mi querido Víctor Lvovitch, de ligeros matices, sino de la esencia misma del socialismo revolucionario. Si Nin hoy se rehace de nuevo y comprende cuánto se ha desacreditado ante los trabajadores, le acogeremos como a un camarada, pero no podemos permitir el amiguismo en política.

De las enmiendas que Vd. ha hecho a mis tesis sobre el ascenso revolucionario,[9] he retenido la idea de que se desprenderían grupos importantes por, la izquierda de los partidos socialista y comunista (yo hacia alusión a ello, pero de forma sucinta). Desgraciadamente no he podido retener las demás, pues las creo erróneas. Notable historiador de la revolución rusa, Vd. se rehúsa, no se por qué, a aplicar sus lecciones esenciales a otros países. Todo lo que Vd. dice del Frente Popular es aplicable a la unión de los mencheviques y S.R. con los cadetes (los radicales rusos). Ahora bien, nosotros hemos llevado contra este Frente Popular una lucha implacable y sólo gracias a esta lucha hemos vencido.[10]

Sus propuestas prácticas sobre España son excelentes y responden completamente a nuestra línea.[11] ¡Pero intente encontrar, fuera de nuestra “sectaria” organización, una decena de hombres capaces de aceptar sus propuestas, no de palabra, sino en los hechos! El hecho de que Vd. haga excelentes propuestas prácticas prueba a mis ojos que tenemos claramente un terreno común, y esperaré impacientemente a que haya confrontado sus ideas a priori con la experiencia política viva y a que saque las conclusiones necesarias. No dudo ni por un momento que esas conclusiones serán las mismas que las nuestras, formuladas colectivamente, en diferentes países, según la experiencia de grandes acontecimientos

Reciba un cordial saludo.

Vuestro
L. Trotsky



[1] Archives Victor Serge, Musée Social. Publicamos estos extractos con la amable autorización de Colette Chambelland y Jean Maitron, que preparan la edición de la correspondencia de Serge. La primera carta de este dossier, escrita por Trotsky en cuanto recibió la noticia de la salida de la U.R.S.S. de Victor Serge; está fechada el 24 de abril.

[2] León Lesoil había nacido en Bélgica en 1902. Alistado voluntariamente, soldado en Rusia en 1916, se había vuelto comunista durante la revolución. Uno de los fundadores del P.C. belga, miembro de su Comité Central en 1921, dirigente de la fracción de Charleroi, había sido expulsado en 1927 y se había convertido en uno de los dirigentes de la oposición de izquierda belga. Dirigente ‑elegido‑ de la huelga de los mineros de Charleroi en 1932, este hombre de carácter independiente ‑había conservado relaciones amistosas con Rosmer durante estos años‑ se había pronunciado en 1932 por el entrismo en el partido obrero belga donde se había convertido, con Walter Dauge, en uno de los principales animadores de la tendencia «acción socialista revolucionaria», que en aquella época estaba a punto de ser expulsada. Georges Vereecken, nacido en 1896, chófer de taxi, era igualmente un veterano del comunismo belga, miembro del P.C. desde 1922, de su comité central desde 1925. Habla sido expulsado en 1927 y era desde entonces uno de los dirigentes de la oposición de izquierda, miembro del Secretariado Internacional. Trotsky le apreciaba mucho personalmente desde que su paso por Francia, durante su viaje a Copenhague, le había permitido conocerle. Pero se había declarado adversario resuelto del «entrismo» desde el verano de 1934, y, rehusando en 1935 la entrada de sus camaradas, había fundado el grupo «Spartacus». Las dos alas estaban acercándose e iban a fusionarse en octubre de 1936 en el nuevo «partido socialista revolucionario ». Trotsky, aún juzgando a Vereecken como «sectario», y porque tenía por él estima y amistad, contaba con convencerle y volverle a ganar a sus puntos de vista.

[3] Estos documentos, principalmente la resolución del C.E. de la I.C.E., de abril de 1935 preconizando el entrismo en el P.S. y las J.S. a excepción de Cataluña, la carta del S.I., firmada por Martín, y la respuesta de Nin, han sido publicados en los boletines internos de la I.C.E.

[4] En el curso del debate en el C.C. del P.S.R., en noviembre de 1936, Vereecken debía afirmar: «L.D. ha puesto el dedo en la llaga y ha escrito que el P.O.U.M. había traicionado a la clase obrera. Evidentemente no hay nada que objetar a ello. Serge estaba en relación con L.D., Nin y los anarcos. Mantenía correspondencia con el «Viejo». En una carta del «Viejo» a Víctor Serge, el «Viejo» dice en suma que se había expresado demasiado violentamente» (Boletín. interno del P.S.R. w l). Hemos buscado en vano en las cartas de Trotsky a Serge el pasaje que permitiría una tal interpretación. Éste es el que mejor se prestaba a ello: Serge puede pensar que, desde el momento en que Trotsky aprueba su idea de intentar con Nin una nueva orientación, es que admite«en suma» haber estado demasiado violento. Pero Georges Vercecken, interrogado por nosotros, mantiene que existe otra carta, aunque ella no figure en el dossier de los archivos. En apoyo de su afirmación, el hecho de que en este debate, Erwin Wolf, portavoz del S.I., deje pasar su afirmación sin discutirla. Por otra parte, en la sesión del Buró ampliado del movimiento para la IVª Internacional, en Amsterdam, en enero de 1937, Sneevliet, de vuelta de Barcelona, declara que Nin quería conocer «la carta de L.D. a Víctor Serge corrigiendo sus faltas». Allí tampoco es desmentido, mientras están presentes miembros del S.I. (Ver 2.0 vol. anexo III.)

[5] Alusión al hecho de que el P.0.U.M. era miembro del Buró, de Londres, pero también a que Nin encontrase justo que los» partidarios de la IVª, en tanto que tales, formasen parte de este buró.

[6] Jean Longuet en el partido socialista en Francia, Georg Ledebour, en el partido socialdemócrata alemán y luego en el partido independiente U.S.P.D., habían formado parte del ala «centrista», llamada también «pacifista», «longuetista» o «reconstructores». Uno y otro, adversarios de la derecha durante la guerra, habían combatido la escisión y rehusado el unirse a la Internacional comunista, oponiéndose a la adhesión de sus partidarios respectivos.

[7] Alusión a la firma por el P.O.U.M. del programa electoral de las izquierdas.

[8] El general Franco, que había dirigido la represión contra la insurrección obrera en 1934, simplemente habla sido desplazado por el gobierno de Frente Popular, informado, sin embargo, de su papel en el complot, y ejercía un mando en Canarias.

[9] Estas tesis, adoptadas en julio en la llamada conferencia de Ginebra, iban a aparecer en el nº 1 de Quatriéme Internationale, bajo el título «El ascenso revolucionario». Hay que admitir, pues, que en el momento en que eran discutidas en el movimiento internacional Trotsky había dirigido un ejemplar a Victor Serge.

[10] No poseemos la o las cartas de Serge, que no conservaba copias. Se puede suponer, por el contexto, que tenía sobre el Frente Popular una posición más matizada que Trotsky y que veía en él «aspectos positivos» como los B.‑L. que reclamaban un. «Frente Popular de combate».

[11] No cabemos con certeza de qué propuestas prácticas se trata. Sin embargo, el 8 de agosto, Víctor Serge había dirigido a León Sedov, para el S.I., una carta en la que proponía iniciativas para una «reconciliación» y una «alianza» con los anarquistas, por una declaración muy clara sobre la significación de la democracia obrera en el marco de la dictadura del proletariado. Víctor Serge hace alusión a ello en sus Carnets (p. 44): «Tuve con Trotsky una correspondencia sobre los anarquistas españoles de los que León Sedov decía «destinados a apuñalar la revolución». Pensaba que Jugarían un papel capital en la guerra civil y aconsejé a Trotsky y a la IVª Internacional publicar una declaración de simpatía hacia ellos, en la que los marxistas revolucionarios se comprometieran a combatir por la libertad. L.D. me dio la razón, me prometió que se haría, pero no se hizo nada en este sentido». Escribiendo estas líneas, Víctor Serge ignoraba la carta escrita por Trotsky el 16 de agosto. (Ver 2º vol., cap. 4.)

 

Respuesta a otras cuestiones sobre España
(1º de octubre de 1937)

T. 4208. Este texto es una respuesta -entre otras relativas a otros asuntos- a preguntas hechas a Trotsky por militantes americanos, publicado bajo el titulo: «Respuesta a preguntas» en el Boletín interno nº 3 de 1938 de la sección americana.

Mantuve una correspondencia muy interesante con Andrés Nin: voy a publicarla[i]. En todas las cuestiones, el P.O.U.M. ha utilizado las concepciones bolcheviques-leninistas para hacerlas servir con fines oportunistas. Pero esta es la primera vez que se le atribuye, que yo sepa, la tesis según la cual no hay que llamar a construir soviets si los obreros no los han constituido ellos mismos.[ii]

Ésta es la historia de lo referente a esta cuestión. En 1931, al principio de la revolución,[iii] escribí que no creía oportuno comenzar lanzando la consigna de soviets. Durante gigantescas huelgas, como en la Rusia de 1905, los trabajadores constituyeron comités de huelga, pero no sabían entonces que estaban a punto de hacer nacer los soviets. Hoy la palabra «soviet» significa gobierno soviético. El obrero huelguista no puede establecer relación entre lo que él está haciendo y un soviet. Los socialistas y los anarquistas se opondrían a ellos diciendo que era la dictadura del proletariado. Mi opinión por consiguiente fue que era preciso crear organizaciones de masas, pero no llamarlas «soviets». En lugar de esto llamarlas Juntas, una palabra española tradicional, menos concreta aún que soviet. En realidad fueron impuestos bajo la forma de una organización artificial, que no representaba a las amplias masas, formada por delegados de las viejas organizaciones obreras, tres anarquistas, tres socialistas y representantes del Partido Comunista y del P.O.U.M. Esta proposición fue impuesta en todas las ciudades.[iv]

La revolución es un proceso muy dinámico. Las masas se dirigen hacia la izquierda, mientras que la burguesía lo hace hacia la derecha. La situación se modifica rápidamente en un mes. En su camino, la revolución barre las viejas organizaciones, los viejos partidos, conservadores, los sindicatos. En todas las empresas, en todas las fábricas, aparece una nueva dirección, más joven, más activa, mas luchadora, mientras la antigua dirección se convierte en el peor de los frenos para la revolución. Era absolutamente necesario construir juntas -nosotros podemos llamarlas soviets, sabemos que quiere decir esto- ya que es el único medio de dar una dirección centralizada a la revolución.

En cuanto a la necesidad de la unificación, no fue sobre este problema sobre el que más tuvimos que combatir al P.O.U.M.,[v] sino sobre el de saber si la política debía unificar a la burguesía o a los nuevos elementos creadores del proletariado.[vi] No se trata de un añadido: es una cuestión de clase, no un problema administrativo. ¿Cómo se puede pretender que los obreros españoles no habían construido soviets? Habían construido comités por todas partes, y estos comités habían tomado la industria en sus manos. No hacía falta más que unificarlos, desarrollarlos, y se hubiera construido el soviet de Barcelona.[vii]



[i] Se sabe que Trotsky no tuvo tiempo de realizar este proyecto

[ii] De hecho esto es una idea latente en el articulo de Kurt Landau, sobre «El trotskysmo y la revolución española». Redactado en agosto de 1937, publicado el 26 de mayo de 1939 por Juin 36, órgano del P.S.O.P. de Pivert.

[iii] «La revolución española y las tareas de los comunistas»

[iv] De hecho, la realidad fue más matizada. La representación de los partidos y de los sindicatos era paritaria, proporcional a sus efectivos, pero a menudo, en Cataluña se calcó sobre el modelo de la repartición de los representantes de las diversas organizaciones en el Comité Central de las milicias. (P. Broué y E. Témime, La revolución y la guerra de España, pp. 110-111

[v] Trotsky responde a una pregunta relativa a la política de «unificación de los marxistas» preconizada al principio por el P.O.U.M., y que constituyó su principal objetivo, desde su fundación, hasta el estallido de la guerra civil

[vi] Algunos meses más tarde, en el Congreso de la Federación de Levante del P.O.U.M., Nin había desarrollado argumentos parecidos contra Luis Portela, líder de la derecha del partido. (El comunista, 21 de enero de 1937.) Pero Trotsky, evidentemente, hace alusión a la colaboración del P.O.U.M. en el gobierno de la Generalitat de Cataluña.

[vii] La izquierda del P.O.U.M. -el grupo José Rebull, la célula 72- reeprochaba duramente a la dirección, no haber tomado una iniciativa semejante durante las jornadas de mayo de 1937, mientras que Los Amigos de Durruti, preconizaban una «junta revolucionaria» que podía encarnar este soviet. Pero esta lucha para transformar los comités en soviets era posible, según Trotsky, desde el día siguiente al levantamiento militar, y el P.O.U.M., de hecho, la había rechazado, aceptando la disolución de los comités.

 

 



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