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Por la victoria de la Revolución española

19 de febrero de 1937

Esta declaración, hecha el 19 de febrero en México, a la agencia Havas, desnaturalizada y deformada por Le Temps y L’Humanité, sería publicada integra en La Lutte ouvriére del 26 de febrero. Entre el 26 de agosto de 1936, en lo que La Batalla llamaba su «prisión noruega» y el 19 de enero de 1937, fecha en la que desembarcaría en México, Trotsky no tuvo ninguna posibilidad de informarse, y aún menos de escribir, sobre España. Por el contrario, en las primeras semanas de su estancia en México, es probable que retomase el contacto directo con los militantes del P.O.U.M.: una delegación llegada bajo la apariencia de equipo de fútbol, para comprar armas, y que dirigía el veterano comunista David Rey, viejo compañero de Maurín, había visitado al presidente Cárdenas, y le había entregado una carta de Andrés Nin pidiéndole asilo para Trotsky. La entrevista entre David Rey y Trotsky fue cordial, lo que queda reflejado en el tono general de esta declaración. La Batalla se hará eco de ella en varias ocasiones, aunque con curiosas variaciones. El 20 de febrero publicó un fiel resumen. El 11 de marzo publicó sin comentarios los últimos párrafos (desde «si el fascismo vence en España ... »). Finalmente, el 25 de marzo, le consagraba un artículo muy incisivo, sin firmar, titulado «A propósito de una declaración de León Trotsky sobre el P.0.U.M.», que señalaba el comienzo de la polémica pública a pesar de que los términos de la declaración habían sido cuidadosamente sopesados por el exiliado de México. En La Batalla del 14 de abril, Kurt Landau -que firma «Spectator»-, revela su estado de ánimo y los límites que colocaba a este debate subrayando lo que él llama «la falta de tacto cometida por Trotsky en México al pronunciarse como lo hizo sobre la revolución española y el papel que en ella jugaba el P.O.U.M.» T. 4104 (1).

 

¿He dado o no «instrucciones» para que el frente republicano sea sostenido por voluntarios? No he dado instrucciones a nadie. Por otra parte, generalmente no doy instrucciones, sino que expreso mis opiniones por medio de artículos.
Negarse a apoyar a los ejércitos republicanos es algo que sólo pueden dejar de hacer los cobardes y los traidores agentes del fascismo. El deber elemental de todo revolucionario es luchar contra Franco, Mussolini e Hitler.

A propósito del P.O.U.M.

El ala izquierda de la coalición, está a medias en la oposición. El P.O.U.M. no es «trotskysta»,[1] yo he expresado muchas veces mis criticas a su política, a pesar de la ferviente simpatía que siento por sus militantes, sobre todo por los que están luchando en el frente.[2]
El P.O.U.M. ha cometido el error[3] de participar en la combinación electoral llamada «Frente Popular», bajo cuya protección, durante algunos meses, Franco ha preparado la insurrección que devasta actualmente a España.[4]
Un partido revolucionario no tiene el derecho de asumir directa o indirectamente una política de ceguera y de tolerancia culpable. Debería haber llamado a las masas a la vigilancia.
La dirección del P.O.U.M. ha cometido un segundo error al entrar a formar parte del gobierno catalán de coalición.[5] Para combatir en el frente, con las armas en la mano, con los demás partidos, es inútil colocarse en una falsa postura, participando en la política de estos partidos en el gobierno. Es preciso saber unir a las masas bajo la bandera de la revolución, sin debilitar el frente. En toda guerra civil, infinitamente mas que en una guerra ordinaria, la política prevalece sobre la estrategia. Lee era más experto militarmente que Grant[6], pero la victoria de éste estaba asegurada por el programa de abolición de la esclavitud que constituía su base.[7]
Durante nuestros tres años de guerra civil, la superioridad, el arte y la técnica militar, estaban de parte del adversario, pero a fin de cuentas, lo que importa es el programa bolchevique. El obrero sabrá perfectamente por qué lucha. El campesino duda mucho tiempo, pero al comparar los dos regímenes a la luz de su experiencia, sostiene a los bolcheviques.

La política estalinista

En España, los estalinistas, que dan el tono en las cumbres, han lanzado una consigna a la que rápidamente se ha unido Largo Caballero: «Primero la victoria militar, después las reformas sociales.»
Soy de la opinión de que esta consigna es funesta para la revolución española. Al no haber realmente diferencias radicales entre los dos programas, las masas trabajadoras, sobre todo los campesinos, caen en la más absoluta indiferencia.[8]
En estas condiciones, el fascismo vencerá inevitablemente, ya que la superioridad militar está de su parte. Las reformas sociales avanzadas, son las armas más poderosas de la guerra civil, y constituyen la condición indispensable para la victoria sobre el fascismo.[9]
La política estalinista, que en todas las situaciones revolucionarias se ha revelado como una política oportunista, viene dictada por el miedo a asustar a la burguesía francesa, y sobre todo a las «doscientas familias» a las que el Frente Popular ha declarado la guerra.[10]
La política de los estalinistas en España, constituye no tanto la reedición de la política de Kerensky en 1917, sino más bien la de Ebert y Scheidemann, durante la revolución alemana de 19l8,[11] cuyo castigo fue la victoria de Hitler. Alemania ha esperado quince años al castigo, España corre el peligro de conocerlo antes de quince meses. [12]
¿La victoria social y política de los obreros y campesinos españoles provocará una guerra europea?
Las profecías de este tipo, dictadas por una cobardía reaccionaria, son radicalmente falsas. Si el fascismo vence en España, Francia se encontrará en un callejón sin salida. La dictadura de Franco, significará inevitablemente el aceleramiento de la marcha hacia una guerra europea, en las peores condiciones para Francia.
Es inútil decir que una nueva guerra europea amenazaría con chupar la sangre a Francia, conduciendo al pueblo francés hacia su decadencia, lo que significa dar un fuerte golpe a la cultura de toda la humanidad.

La condición para la paz, la victoria de la revolución

Por el contrario, la victoria de los obreros y campesinos españoles, sin duda machacaría los regímenes de Hitler y Mussolini.[13] Debido a su carácter herméticamente cerrado y totalitario, los regímenes fascistas dan la sensación de una firmeza inalterable, pero en realidad, a la primera prueba seria, serán víctimas de explosiones internas.
La victoria de la revolución rusa minó el régimen de los Hohenzollern.[14] La revolución española victoriosa minará los regímenes de Hitler y Mussolini.
No será sino de esta forma como la victoria de los obreros y los campesinos españoles se revelará como un poderoso factor de la paz. La tarea de los auténticos revolucionarios españoles, consiste en que, a la vez que fortalecen y refuerzan el frente, han de acabar con la tutela política de la burocracia soviética, han de dar a las masas un programa social atrevido, han de descubrir los inimaginables recursos de entusiasmo que poseen las masas, asegurando asi la victoria de la revolución y, por medio de esta, defender la causa de la paz en Europa.
La salud de Europa tiene este precio.
LEÓN TROTSKY



[1] El título del resumen publicado en La Batalla del 20 de febrero era: «El P.O.U.M. no es trotskysta, afirma Trotsky».

[2] El texto publicado en La Lutte ouvriére tiene un grave error de traducción ya que hace afirmar a Trotsky; «la ferviente simpatía que me testimonia y el heroísmo, etc ... », en lugar de «la ferviente simpatía que siento por el heroísmo, etc ... ). La importancia concedida al heroísmo de los militantes de la J.C.I. estaba justificado. Sus columnas ya hablan pagado un pesado tributo con la muerte, en Barcelona, de su secretario general, Germinal Vidal, y posteriormente en el frente, la de su sucesor Miguel Pedrola. Perdería muchos otros militantes de valor, como José Alcantarilla, responsable de Levante, Luis Grossi, secretario de Asturias. Algunos días antes -¿lo sabría Trotsky?- había caído en Pozuelo, en el frente de Madrid, el joven obrero Jesús Blanco de los viejos de la Izquierda comunista, firmante, junto con Fersen, del texto a favor del entrismo, en 1935, que había sido elegido secretario de la J.C.I. en Madrid y comandante de batallón en sus milicias.

[3] Nótese el empleo de la palabra «error» en lugar de la de «traición», debido a la tempestad que ésta había levantado un año antes. Los comentaristas del P.O.U.M. aparentemente no la tendrán en cuenta.

[4] La Batalla del 25 de marzo responde precisamente a esta pregunta: «Si Trotsky se hubiese informado mejor de la actitud del P.O.U.M. durante el año pasado, sabría que ésta ha consistido precisamente en denunciar el carácter contrarrevolucionario del Programa del Frente Popular ante las masas, oponiéndole el programa de acción obrero, basado en la unión de todas las organizaciones proletarias, y que ha llamado constantemente a las masas a prepararse para una insurrección fascista. Esto se demuestra con el testimonio de los discursos de nuestro gran camarada Maurin en el Parlamento y con la colección de La Batalla.» Sin embargo, esta respuesta del P.O.U.M. se refiere a la actitud posterior a las elecciones, permaneciendo callada sobre el propio hecho de la firma del acuerdo electoral. Por otra parte era evidente que Trotsky no había dispuesto de ninguna documentación sobre los problemas españoles en los meses precedentes; su colaborador Walter Held -secretario en Noruega- en su artículo, aparecido en febrero en Quatriéme Internationale, n.º 12, p. 352, no utiliza más que su órgano en lengua francesa La Révolution Espagnole, a falta de documentos del P.O.U.M

[5] La Batalla contestaría en los siguientes términos: «El camarada Trotsky critica igualmente al P.O.U.M. por haber entrado en el gobierno catalán de coalición, con el pretexto de que este gobierno incluía representantes de otros partidos. Sin embargo, olvida que esto es propio de todos los gobiernos de coalición. La cuestión estaba en el carácter burgués o proletario de este gobierno. Por nuestra parte afirmamos que se trataba de un gobierno revolucionario, y que el deber del P.o.U.M. era participar en él. No sólo porque los representantes de los partidos obreros estaban en mayoría, sino fundamentalmente porque su programa era un programa revolucionario, cuya realización tendría como consecuencia hacer avanzar a la revolución. Negarse a tomar parte en este gobierno, con el pretexto de que en él también tomaban parte representantes de partidos pequeñoburgueses, habría significado condenarse al más completo aislamiento, traicionando a la vez los propios intereses de la revolución.» («A propósito de una declaración», 25 de marzo.)

[6] Durante la guerra de secesión americana, Grant estaba al mando de los ejércitos del Norte y Lee en los del Sur

[7] Aquí Trotsky emplea un argumento de Engels

[8] La Batalla protestaría vivamente: «Uno se queda estupefacto ante la ligereza con la que un hombre con la experiencia política de Trotsky lanza afirmaciones de tal gravedad, en tan evidente contradicción con la realidad» (íbidem).

[9] La Batalla calificaba de pesimista este argumento y acusaba a Trotsky de obscurecer la realidad. Refiriéndose seguramente a la primera parte de la frase, contestaba: «Trotsky parece anticiparse al porvenir considerando acabado un proceso que hoy día no está sino en preparación. Sabemos que el objetivo buscado más o menos abiertamente por los partidos pequeñoburgueses y reformistas del Frente Popular en España es liquidar completamente las conquistas revolucionarias del 19 de julio. Pero aparte de que están lejos de conseguir su objetivo contrarrevolucionario, está el hecho de la existencia del P.O.U.M., y las restantes organizaciones revolucionarias españolas, que tienen la tarea de dirigir al proletariado contra una política que si triunfase, le haría perder al mismo tiempo la revolución y la guerra» (Ibidem).

[10] La «lucha contra las 200 familias», era una de las consignas del Frente Popular francés. Trotsky ironiza aquí, hablando de declaración de guerra.

[11] Ebert y Scheidmann eran los dos principales dirigentes del partido socialdemócrata alemán, cuya alianza en 1918-1919 con el estado mayor y los cuerpos francos, permitió a la burguesía alemana vencer a la revolución y a los espartakistas.

[12] La república española no sería derrotada sino dos años más tarde. Sin embargo, la revolución no había sobrevivido al año 1937.

[13] Trotsky retomaría varias veces este argumento, que sería confirmado durante la guerra civil por varios episodios, como el de la derrota italiana en Guadalajara.

[14] Alusión al hecho de que la revolución rusa había abierto el camino a la revolución alemana de noviembre de 1918, cuya primera víctima fue Guillermo II, último de los monarcas Hohenzollern.



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