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Sobre la conscripción[1]

 

 

9 de julio de 1940

 

 

 

Querido camarada Al:

 

Creo que estamos de acuerdo con usted en todos los puntos de carácter principista que se formularon en su carta del 6 de julio.

Es muy importante entender que la guerra no anula ni disimula la importancia de nuestro programa de transición. Todo lo contrario. El programa de transición es un puente entre la situación actual y la revolución proletaria. La guerra es la continuación de la política por otros medios. La característica de la guerra es que acelera el desarrollo. Significa que las consignas de nuestro programa de transición se volverán cada vez más actualizadas, efectivas e importantes, con cada nuevo mes de guerra. Sólo tenemos, por supuesto, que concretarías y adaptar­las a las condiciones existentes. Esa es la razón por qué yo eliminaría en su primer párrafo la palabra “modifi­car”, porque puede dar la impresión de que debemos modificar algo que hace a los principios.

Estamos absolutamente a favor del adiestramiento mili­tar obligatorio, lo mismo que de la conscripción. ¿Conscripción? Sí. ¿Por el estado burgués? No. No podemos confiar esta tarea, ni ninguna otra, al estado de los explotadores. En nuestra propaganda y agitación debemos diferenciar claramente estas dos cuestiones. Es decir, no luchar contra la necesidad de los trabajadores de ser buenos soldados y de construir un ejército basado en la disciplina, ciencia, cuerpos fuertes, etcétera, incluyendo la conscripción, pero contra el estado capitalista que hace abuso del ejército en favor de la clase explotadora. En su cuarto párrafo usted dice: “Una vez que ha entrado en vigencia la conscripción, dejamos de luchar contra ella pero continúa nuestra lucha por el adiestramiento militar bajo el control de los trabajadores, etcétera”. Yo preferiría decir:”Una vez que ha entrado en vigencia la cons­cripción, sin dejar de luchar contra el estado capitalista, concentrarnos nuestra lucha por el adiestramiento militar, etcétera, etcétera”.

No podemos oponernos al entrenamiento militar obli­gatorio por parte del estado burgués así como tampoco podemos oponernos a la educación obligatoria por parte de ese mismo estado. El adiestramiento militar aparece ante nuestros ojos como parte de la educación. Debemos luchar contra el estado burgués, contra sus abusos en este terreno como en otros.

Por supuesto, debemos luchar contra la guerra no sólo “hasta el último momento” sino durante la misma, cuando estalle. Debemos, sin embargo, dar a nuestra lucha contra la guerra su sentido cabalmente revolucionario, oponiéndonos y denunciando sin piedad al pacifismo. La simple y gran idea de nuestra lucha contra la guerra es: estamos contra la guerra, pero tendremos guerra si somos incapaces de derribar a los capitalistas.

No veo razón alguna por la cual deberíamos renunciar a la consigna de referéndum popular sobre la guerra. Es una excelente consigna para desenmascarar la futilidad de la democracia de ellos en cuestión tan vital como la guerra.

No creo que la demanda de guardias de defensa obrera deba suplirse por la exigencia de adiestramiento militar universal. La proximidad de la guerra y el propio desarrollo de la misma, con el consiguiente aumento del chovi­nismo, provocará inevitablemente pogromos contra los sindicatos, organizaciones revolucionarias y periódicos. No podemos dejar de defendernos. El adiestramiento univer­sal sólo puede facilitarnos la creación de las guardias de defensa obrera.

“La propiedad gubernamental de todas las industrias bélicas” debería reemplazarse por “la propiedad nacional” o “estatal”.

Tales son los comentarios que puedo hacer en relación a su carta.

 

Fraternalmente,

 

L. Trotsky



[1] "Sobre la conscripción". Cuarta Internacional, octubre de 1940. Esta fue una carta dirigida a Albert Goldman, que estaba escribiendo artículos sobre la conscripción en el Socialist Appeal.



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