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La lucha antimperialista es la clave de la liberación[1]

Una entrevista con Mateo Fossa

 

 

23 de septiembre de 1938

 

 

 

Fossa: En su opinión, ¿cómo se desarrollará la actual situación en Europa?

 

Trotsky: Es posible que también esta vez la diplo­macia logre llegar a un corrupto compromiso. Pero no durará mucho. La guerra es inevitable, y estallará en un futuro inmediato. Las crisis internacionales se suceden. Estas convulsiones son los dolores de parto de la próxima guerra. Cada nuevo paroxismo será más agudo y peligroso. Actualmente no veo en el mundo ninguna fuerza que pueda detener el desarrollo de este proceso, es decir, el nacimiento de la guerra. Indefec­tiblemente una horrible masacre hará presa de la humanidad.

Por supuesto, una oportuna acción revolucionaria del proletariado internacional podría paralizar el trabajo rapaz de los imperialistas. Pero tenemos que mirar cara a cara la realidad. La inmensa mayoría de las masas trabajadoras europeas siguen la dirección de la Segunda y la Tercera Internacional. Los dirigentes de la Internacional Sindical de Amsterdam apoyan plenamente la política de la Segunda y la Tercera y participan con ellas en los llamados “frentes popu­lares”.[2]

La política del “frente popular”, como lo demues­tran los ejemplos de España, Francia y otros países, consiste en subordinar al proletariado al ala izquierda de la burguesía. Pero toda la burguesía de los países capitalistas, tanto la de derecha como la de “izquier­da", está impregnada de chovinismo e imperialismo. El “frente popular” sirve para hacer de los obreros carne de cañón de su burguesía imperialista. Y para nada más.

En la actualidad, la Segunda Internacional, la Tercera y la de Amsterdam son organizaciones contra­rrevolucionarias cuyo objetivo es frenar y paralizar la lucha revolucionaria del proletariado contra el imperia­lismo “democrático”. En tanto no se elimine a la dirección criminal de estas internacionales los obreros serán impotentes para oponerse a la guerra. Esta es la amarga e ineludible verdad. Tenemos que saber enfrentarla y no consolarnos con ilusiones y balbuceos pacifistas. ¡La guerra es inevitable!

 

Fossa: ¿Cuáles serán sus consecuencias en la lucha que se libra en España y en el movimiento obrero internacional?

 

Trotsky: Para comprender correctamente el carác­ter de los próximos acontecimientos, ante todo tenemos que dejar de lado la falsa teoría, totalmente errónea, de que la inminente guerra se librará entre el fascismo y la “democracia”. Nada más falso y tonto que esta idea. Sus intereses contradictorios dividen a las “demo­cracias" imperialistas en todo el mundo. No sería difícil encontrar a la Italia fascista en el mismo bando que Gran Bretaña y Francia si pierde la fe en el triunfo de Hitler. La semifascista Polonia se unirá a unos u otros, según las ventajas que le ofrezcan. En el curso de la guerra la burguesía francesa, para mantener sometidos a sus obreros y obligarlos a luchar “hasta el fin”, puede sustituir su “democracia” por el fas­cismo. La Francia fascista, igual que la “democrática”, defendería sus colonias con las armas en la mano. El carácter rapaz de la nueva guerra imperialista se demostrará mucho más abiertamente que en la de 1914 a 1918. Los imperialistas no luchan por principios políticos sino por mercados, colonias, materias primas, la hegemonía sobre el mundo y toda su riqueza.

El triunfo de cualquiera de los bandos imperialistas significaría la esclavitud definitiva de toda la humani­dad, el doble encadenamiento de las actuales colonias y de todos los países débiles y atrasados, entre ellos los pueblos de Latinoamérica. El triunfo de cualquiera de los bandos imperialistas traería la esclavitud, la desgracia, la miseria, la decadencia de la cultura humana.

¿Cuál es la salida, me pregunta usted? Personalmente, no me cabe ninguna duda de que una nueva guerra provocará una revolución internacional contra el dominio de la humanidad por las rapaces camarillas capitalistas. Durante la guerra desaparecerán todas las diferencias entre la “democracia” imperialista y el fascismo. En todos los países se impondrá una despiadada dictadura militar. Los obreros y campesi­nos alemanes morirán igual que los franceses y los ingleses. Los modernos medios de destrucción son tan monstruosos que probablemente la humanidad sólo podrá soportar la guerra durante unos pocos meses. La desesperación, la indignación, el odio, empujarán a las masas de todos los países beligerantes a suble­varse con las armas en la mano. El triunfo del prole­tariado mundial pondrá fin a la guerra y resolverá también el problema español, al igual que todos los problemas actuales de Europa y otras partes del mundo.

Esos “dirigentes” obreros que quieren atar al proletariado al carro de guerra del imperialismo que cubre con la máscara de la “democracia” son ahora los peores enemigos y los traidores directos de los trabajadores. Tenemos que enseñar a los obreros a odiar y a despreciar a los agentes del imperialismo porque les envenenan la conciencia. Debemos explicar­les que el fascismo es sólo una de las formas del imperialismo, que no debemos combatir los síntomas externos del mal sino sus causas orgánicas, es decir, el capitalismo.

 

Fossa: ¿Cuál es la perspectiva de la revolución mexicana? ¿Cómo ve usted la devaluación de la moneda en relación con la expropiación de las riquezas en tierras y petróleo?[3]

 

Trotsky: No puedo tratar detalladamente estos problemas. La expropiación de las tierras y las riquezas naturales constituye para México una medida de auto­defensa nacional absolutamente indispensable. Nin­guno de los países latinoamericanos podrá conservar su independencia si no satisface las necesidades cotidianas del campesinado. La disminución del poder adquisitivo de la moneda es sólo una de las consecuen­cias del bloqueo imperialista contra México que ya comenzó. Cuando se lucha, las privaciones materiales son inevitables. La salvación es imposible sin sacri­ficios. Capitular ante los imperialistas significaría entregarles todas las riquezas del país y condenar al pueblo a la decadencia y la extinción. Por supuesto, las organizaciones obreras tienen que controlar que el peso del alza del costo de la vida no caiga funda­mentalmente sobre los trabajadores.

 

Fossa: ¿Qué me puede decir sobre la lucha de liberación de los pueblos latinoamericanos y sus futuros problemas? ¿Cuál es su opinión sobre el aprismo?[4]

 

Trotsky: No conozco suficientemente la situación de cada uno de los países latinoamericanos como para permitirme una respuesta concreta a las cues­tiones que usted plantea. De todos modos me parece claro que las tareas internas de estos países no se pue­den resolver sin una lucha revolucionaria simultánea contra el imperialismo. Los agentes de Estados Unidos, Inglaterra, Francia (Lewis, Jouhaux, Toledano, los stalinistas) tratan de sustituir la lucha contra el impe­rialismo por la lucha contra el fascismo. En el último congreso contra la guerra y el fascismo fuimos testigos de sus criminales esfuerzos en este sentido.[5] En los países latinoamericanos los agentes del imperialismo “democrático” son especialmente peligrosos, pues tienen más posibilidades de engañar a las masas que los agentes descubiertos de los bandidos fascistas.

Tomemos el ejemplo más simple y obvio. En Brasil reina actualmente un régimen semifascista al que cualquier revolucionario sólo puede considerar con odio. Supongamos, empero, que el día de mañana Inglaterra entra en un conflicto militar con Brasil. ¿De qué lado se ubicará la clase obrera en este conflic­to? En este caso, yo personalmente estaría junto al Brasil “fascista” contra la “democrática!” Gran Bretaña. ¿Por qué? Porque no se trataría de un con­flicto entre la democracia y el fascismo. Si Inglaterra ganara, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y ataría al Brasil con dobles cadenas. Si por el contrario saliera triunfante Brasil, la conciencia nacional y democrática de este país cobraría un poderoso impulso que llevaría al derrocamiento de la dictadura de Vargas[6]. Al mismo tiempo, la derrota de Inglaterra asestaría un buen golpe al imperialismo británico y daría un impulso al movimiento revolucionario del proletariado inglés. Realmente, hay que ser muy cabeza hueca para reducir los antagonismos y conflictos militares mundiales a la lucha entre fascismo y demo­cracia. ¡ Hay que saber descubrir a todos los explota­dores, esclavistas y ladrones bajo las máscaras con que se ocultan!

En todos los países latinoamericanos los problemas de la revolución agraria están indisolublemente ligados a la lucha antiimperialista. Los stalinistas, traidora­mente, paralizan a ambas.

En sus negociaciones con los imperialistas, los países latinoamericanos sólo les sirven al Kremlin de moneditas para el cambio menudo. A Washington, Londres y París Stalin les dice: “Reconózcanme como su igual y yo les ayudaré a aplastar el movimiento revolucionario de las colonias y semicolonias; para eso tengo a mi servicio a centenares de agentes como Lombardo Toledano". El stalinismo se ha transformado en la lepra del movimiento de liberación.

No conozco al aprismo como para arriesgar un juicio definitivo. En Perú la actividad de este partido es ilegal y por lo tanto difícil de observar. En el con­greso de setiembre contra la guerra y el fascismo, el APRA, junto con los delegados de Puerto Rico, adoptó una posición que, hasta donde yo la puedo juzgar, fue valiosa y correcta. Sólo queda esperar que el APRA no caiga en la trampa de los stalinistas, ya que ello paralizaría la lucha por la liberación del Perú. Creo que los acuerdos con los apristas, para determinadas tareas practicas, son posibles y deseables a condición de mantener una total independencia organizativa.

 

Fossa: ¿Qué consecuencias tendrá la guerra en los países latinoamericanos?

 

Trotsky: Sin duda, ambos campos imperialistas se esforzarán por atraer a los países latinoamericanos hacia la vorágine de la guerra, para luego esclavizarlos completamente. La hueca charla "antifascista" sólo sirve para preparar el terreno a uno solo de ambos imperialismos. Para enfrentarse a la ya preparada guerra mundial, los partidos revolucionarios de América Latina deben asumir inmediatamente una actitud irreconciliable hacia todos los grupos imperialistas. Los pueblos latinoamericanos tendrán que estrechar mas íntimamente sus lazos en base a la lucha por su autopreservación.

En el primer periodo de la guerra, la posición de los países débiles puede llegar a ser muy difícil. Pero, con el correr de los meses, los imperialistas se tornarán más y más débiles. La lucha mortal entre ellos permi­tirá a los países coloniales y semicoloniales levantar sus cabezas. Por supuesto, esto se aplica también a los países latinoamericanos. Serán capaces de lograr su propia liberación si a la cabeza de las masas se colocan partidos antiimperialistas y sindicatos verdade­ramente revolucionarios. Uno no se puede escapar de las trágicas situaciones históricas por medio de triquiñuelas, frases huecas o mezquinas mentiras. Debemos decir a las masas la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

 

Fossa: En su opinión, ¿cuáles son las tareas que deben encarar los sindicatos, y qué métodos deben utilizar?

 

Trotsky: Para que los sindicatos puedan nuclear, educar y movilizar al proletariado para la lucha por la liberación, tienen que superar los métodos totalitarios del stalinismo. Los sindicatos deben abrir sus puertas a los obreros de todas las tendencias políticas, a condición de que en la acción se respete la disciplina. Quien utiliza los sindicatos como un arma para lograr objetivos que les son ajenos -especialmente como un arma de la burocracia stalinista y el imperialismo “democrático” - inevitablemente divide a la clase obrera, la debilita y favorece a la reacción. Que reine una democracia total y honesta en los sindicatos es la condición más importante para que haya democracia en el país.

Para concluir, le pido que transmita mis saludos fraternales a los obreros de la Argentina. No dudo que ni por un momento han creído las desagradables calumnias que esparcieron por todo el mundo las agencias stalinistas en contra de mí y de mis amigos. La lucha que libra la Cuarta Internacional contra la burocracia stalinista es la continuación de la gran lucha histórica de los oprimidos contra los opresores, de los explotados contra los explotadores. La revolución internacional liberará a todos los oprimidos, incluyendo a los obreros de la URSS.



[1] La lucha antiimperialista es la clave de la liberación. Socialist Appeal, 5 de noviembre de 1938. Mateo Fossa (1904-1973): dirigente sindical revolu­cionario que jugó un rol fundamental en el desarrollo del trotskismo argentino. En 1938 fue delegado del comité por la Libertad Sindical al Congreso Sindical Latinoamericano que se reunió en México en el mes de setiembre, pero los stalinistas lo excluyeron del congreso por trotskista.

[2] Internacional de Amsterdam: con este nombre se conocía popularmente a la Federación Sindical Internacional, dominada por los socialdemócratas, cuyo centro estaba en Amsterdam. El Frente Popular es la coalición gubernamental de los partidos comunistas y socialistas con los partidos burgueses alrededor de un programa capitalista liberal. La Comintern adoptó la política del frente popular en su séptimo Congreso (1935).

[3] En marzo de 1938 el gobierno mexicano nacionalizó las empresas petrole­ras extranjeras. Los gobiernos de Inglaterra y Estados Unidos y las compañías petroleras, propietarias de los buques-cisternas que transportaban el petróleo al exterior del país, replicaron con el embargo del petróleo mexi­cano. Al mismo tiempo iniciaron una campaña de calumnias con el objeto de crear un sentimiento público de animosidad para facilitar la intervención del gobierno norteamericano en México (ver Escritos 1937-1938). En 1941 los gobiernos norteamericano y mexicano llegaron a un acuerdo de indemnización a las compañías petroleras estadounidenses; en 1947 se llegó a un acuerdo similar con las compañías británicas.

[4] APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana): fundada en 1924 por el peruano Haya de la Torre. En su momento de apogeo hubo movi­mientos apristas en Cuba, México, Perú, Chile, Costa Rica, Haití y Ar­gentina. Fue el primer movimiento que planteó la necesidad de unifi­cación económica y política de América Latina contra la dominación imperia­lista. De carácter populista, su programa consistía de cinco puntos: acción contra el imperialismo yanqui; unidad de América Latina; industrialización y reforma agraria; internacionalización del Canal de Panamá y solidaridad mundial de todos los pueblos y clases oprimidos. El APRA posteriormente degeneró en un partido reformista liberal, anticomunista y pro capitalista.

[5] El “Congreso Mundial contra La Guerra y el Fascismo” tuvo lugar en México el 12 de setiembre de 1938. Sus organizadores stalinistas pretendían alinear al movimiento obrero internacional en la inminente guerra, en la defensa de los Imperialistas “democráticos” contra los países fascistas; se designó “a dedo” a los delegados teniendo en cuenta este objetivo. Sin embargo, los delegados mexicanos, portorriqueños y peruanos alegaron que los gobiernos aliados también eran responsables de la guerra que estaba por estallar.

[6] Getulio Vargas (1883-1954): gobernó en Brasil desde 1930 basta 1945. Muy pronto declaro ilegales las huelgas, clausuré las publicaciones obreras y arresto a los dirigentes sindicales. Su constitución de 1937 negaba a los obreros todos sus derechos como clase. Volvió al poder en 1950.



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