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Por Grynszpan[1]

Contra los programas de las bandas fascistas y los canallas stalinistas

 

 

Febrero de 1939

 

 

 

A cualquiera mínimamente familiarizado con la historia política le resulta claro que la acción de los gángsters fascistas provoca directa, y a veces delibe­radamente, actos terroristas. Lo más sorprendente es que hasta ahora no haya surgido más que un solo Grynszpan. Indudablemente aumentar el número de esas acciones.

Los marxistas consideramos que la táctica del terrorismo individual no se adecua a los objetivos de la lucha por la liberación del proletariado y de las nacionalidades oprimidas. Un solo héroe aislado no puede sustituir a las masas. Pero tenemos bien claro que esos acto convulsivos de desesperación y venganza son inevitables. Todo nuestro sentimiento, toda nuestra simpatía, están junto al vengador que se inmola, aunque haya sido incapaz de descubrir el camino correcto. Y nuestra simpatía se hace más intensa porque Grynszpan no es un militante político sino un joven inexperto, cuya única consejera fue su indignación. ¡La tarea elemental, inmediata de la clase obrera internacional es arrancar a Grynszpan de las manos de la justicia capitalista, capaz de arrancarle la cabeza para mejor servir a la di­plomacia capitalista!

La campaña contra Grynszpan que, por orden del Kremlin, conduce la prensa stalinista internacional resulta repugnante por su estupidez policial y su inenarrable violencia. Pretenden mostrarlo como agente de los nazis o agente de los trotskistas en alianza con los nazis. Metiendo en la misma bolsa al provocador y a su víctima, los stalinistas le atribuyen a Grynszpan la intención de crear un pretexto favorable para los pogromos de Hitler. ¿Qué se puede decir de estos "periodistas" venales a los que ya no les quedan ni vestigios de vergüenza? Siempre, desde que comen­zó el movimiento socialista, la burguesía atribuyó todas las manifestaciones violentas de indignación, particularmente los actos terroristas, a la influencia degeneradora del marxismo. Aquí como en todas partes los stalinistas se convirtieron en herederos de las más viles tradiciones de la reacción. Justifica­damente la Cuarta Internacional puede enorgullecerse de que la carroña reaccionaria, incluyendo a los stali­nistas, ligue ahora automáticamente a la Cuarta Internacional con toda acción y protesta valiente, con todo estallido de indignación, con todo golpe que se asesta a los verdugos.

Lo mismo pasó en su momento con la Internacional de Marx. Naturalmente, una franca solidaridad moral nos liga a Grynszpan, no a sus carceleros "democrá­ticos" o a los calumniadores stalinistas, que necesitan el cadáver de Grynszpan para apoyar, aunque sólo sea parcial e indirectamente, los veredictos de la justicia de Moscú. La diplomacia del Kremlin, degenerada hasta la médula, pretende al mismo tiempo utilizar este "afortunado" incidente para renovar sus maquinaciones en favor de un acuerdo internacional entre los distintos gobiernos, incluyendo los de Hitler y Mussolini, para imponer la extradición mutua de los terroristas. ¡Atención, señores del fraude! La aplica­ción de esta ley exigirá que Stalin agache la cabeza ante por lo menos una docena de gobiernos extranjeros.

Los stalinistas murmuran en los oídos de la policía que Grynszpan concurría a "reuniones trotskistas". Desgraciadamente, no es cierto. Pues si hubiera estado ligado a la Cuarta Internacional habría descubierto una manera distinta y más efectiva de dar salida a su energía revolucionaria. El pueblo desprecia a los que sólo son capaces de despotricar contra la injusticia y la bestialidad. Pero los que, como Grynszpan, son capaces de actuar tanto como de pensar, sacrificando sus propias vidas si es necesario, constituyen la más preciosa levadura de la humanidad.

Aunque no por su forma de actuar, en el sentido moral Grynszpan puede servir de ejemplo a todo joven revolucionario. Nuestra franca solidaridad moral con Grynszpan acrecienta nuestro derecho de decirles a todos los Grynszpan en potencia, a todos los que son capaces de sacrificarse en la lucha contra el despotismo y la bestialidad: ¡Busquen otro camino! A los oprimidos no los liberará el vengador solitario sino un gran movimiento revolucionario de masas, un movimiento que derribará hasta los cimientos de la explotación de clases, de la opresión nacional y de la persecución racial. Los crímenes sin precedentes del fascismo provocan una tendencia a la venganza plenamente justificable. Pero el alcance de sus crímenes es tan monstruoso que no se puede satisfacer esa tendencia con el asesinato de algunos burócratas fascistas aislados. Para ello es necesario poner en movimiento a millones, a decenas y centenas de millones de oprimi­dos en todo el mundo y dirigirlos al asalto de las bases mismas de la vieja sociedad. Sólo el derrocamiento de todas las formas de esclavitud, la destrucción total del fascismo, el juicio implacable del pueblo a los bandidos y gángsters contemporáneos satisfará real­mente la indignación del pueblo. Esta es precisamente la tarea que se ha planteado la Cuarta Internacional. Librará al movimiento obrero de la plaga del stalinismo. Nucleará en sus filas a la heroica generación juvenil. Abrirá el camino a un futuro mejor y más humano.



[1] Por Grinszpan. Socialist Appeal, 14 de febrero de 1939. Herschel Grynszpan. Un judío polaco de diecisiete años, mató a un oficial nazi el 7 de no­viembre de 1938, en la embajada alemana en París. su juicio se postergó indefinidamente después que Francia y Alemania entraron en guerra en 1939. Después de la ocupación de Francia se lo transfirió a un campo de concen­tración en Alemania: se desconoce su destino ulterior.



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