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El representante Toledano urde una nueva calumnia[1]

 

 

2 de junio de 1940

 

 

 

Si, públicamente dije que la teoría del "autoasalto" es estúpida y fantástica. Un hermano del señor Toledano afirma al respecto que yo insulté a la policía, y en particular al general Núñez, de quien puedo decir que siempre se mostró solícito y atento conmigo.

La afirmación de este representante es una burda men­tira. Ni la policía en general, ni su jefe en especial, plantearon en ningún momento la hipótesis del "autoasal­to". Esa teoría, o más precisamente una afirmación gene­ral de este tipo, fue expresada por las publicaciones cuya misión es defender, ocultar y justificar los crímenes de Stalin y la GPU. Algunos oficiales de la policía considera­ron su deber investigar esta afirmación. Pero la obligación de la policía de investigar todas las variantes posibles no me priva del derecho a caracterizar la afirmación de Lombardo Toledano y sus amigos, que con sus calumnias le hacen la competencia al Partido Comunista, de absur­das y fantásticas... O tal vez el honorable representante pretende que yo considere su hipótesis como una demos­tración de la seriedad y el fino olfato jurídico del señor Toledano y sus amigos. Es decir, la hipótesis de que yo mismo movilicé a veinte hombres armados, capturé a la policía, secuestré a uno de los miembros de mi custodia, prendí fuego a mi casa, ataqué a mi esposa y herí a mi nieto.

En mi conferencia de prensa, en respuesta a una pre­gunta directa, afirmé que aunque no puedo estar de acuerdo con el modo de proceder del coronel Salazar respecto de mis colaboradores,[2] no tengo la menor duda de que la policía únicamente desea establecer la verdad con su investigación.

Esta nueva insinuación tiene un doble objetivo: 1) que la policía sienta hostilidad hacia la víctima de la agresión y ayudar así a los agresores; 2) provocar, si es posible, mi ex­pulsión de México; es decir, ponerme en manos de la GPU.

Permítaseme decir una sola cosa: si se siguen las hue­llas de los diferentes rumores y falsas denuncias echados a circular por fuentes misteriosas y semimisteriosas, se llegará muy cerca del alto comando de los agresores.



[1] "El representante Toledano urde una nueva calumnia". De Los gángsters de Stalin. Traducido para este libro por Will Reissner.

[2] Dos de los guardias y secretarios de Trotsky, Otto Schuessler (también conocido como Oscar Fischer) y Charles Cornell, fueron arrestados por la policía y retenidos toda la noche para ser interro­gados. El coronel Sánchez Salazar fue el oficial de policía que se encargó de la investigación. Luego escribió su relato del intento de asesinato y del exitoso atentado final tres meses después, en un libro intitulado Asesinato en México (Londres: Secker y War­burg, 1950).



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