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Deposición complementaria en la audiencia del 2 de julio[1]

 

 

3 de julio de 1940

 

 

 

Considero necesario efectuar las siguientes declaracio­nes complementarias ante las preguntas del abogado de­fensor Pavón Flores.

En los comienzos de la investigación, cuando sólo podía manejar hipótesis, expresé mis sospechas sobre uno de los amigos políticos del señor Flores, que se había convertido en uno de mis más severos acusadores. En la misma audiencia, no obstante, esta persona no tuvo in­conveniente en expresar su sospecha de que yo había sido advertido de antemano del crimen por uno de los supuestos participantes, específicamente Robert S. Harte, y que lo oculté durante la investigación. En otras pala­bras, el señor Flores arroja públicamente sobre mí la sospecha de un delito serio y lo hace, no al comienzo de la investigación, no en respuesta a las preguntas de la policía, sino en un momento en que las características generales del crimen han sido completamente aclaradas, y después de que yo, en presencia del señor Flores, he ofrecido detalladas explicaciones de los hechos que se investigan. Debe tenerse también en cuenta que el señor Flores actúo en su calidad de abogado de uno de los acusados de un grave delito, mientras que yo actué en calidad de víctima de tal delito.

Pero si el señor Flores no cuenta, porque no puede, ni siquiera con una pizca de prueba, habría que suponer que su monstruosa acusación contiene, al menos, argu­mentos convincentes desde el punto de vista lógico o psicológico. Desgraciadamente, incluso desde este pun­to de vista su acusación resulta completamente ri­dícula.

La pregunta del señor Flores de sí mi casa tiene sótanos "habitables" lleva a suponer que generalmente pasaba las noches en el sótano. De lo que siguió, sin embargo, resultó claro que la idea del señor Flores era totalmente diferente: advertido de antemano por Robert Harte, según él, pasé en el sótano sólo una parte pequeña de la noche del 23 al 24 de mayo. Pero al efecto no sería de ninguna manera necesario disponer de un sótano habitable: para evitar la muerte incluso hubie­ra sido posible pasar media hora en el gallinero o la leñera.

La inconsistencia intrínseca del cuadro descripto por el señor Flores no reside, no obstante, sólo en esto. Siguiendo el razonamiento del defensor, lo único que hice en función de la advertencia sobre el ataque inmi­nente consistió en buscar refugio en un sótano "habita­ble" (¿no habría sido un poco menos estúpido, en ver­dad, esconderse en un sótano inhabitable y por lo tanto probablemente menos accesible?) Es decir, abandoné a todos los habitantes de la casa a su propia suerte, incluyendo a mi nieto, a quienes los atacantes intentaban matar. ¿Hay algo de sentido común en esto? ¿No es obvio que si realmente hubiera sido advertido por mi íntimo colaborador, habría adoptado medidas totalmente diferentes? Habría informado inmediatamente al general Núñez, movilizado a mis amigos y con la ayuda de la policía preparado una trampa fatal para los gángsters de la GPU. En ese caso mi pobre amigo Robert Harte podría haber salvado su vida. Naturalmente; ésta es la forma en que hubiera actuado cualquier persona a la que se le hubiera advertido. Sin embargo, el señor Flores prefiere atribuirme no sólo un comportamiento criminal sino también irracional; peligroso para mí y mis amigos, pero favorable, o al menos no tan desfavorable, para la GPU. En verdad, sería injusto no reconocer que el funda­mento de esta teoría es realmente lastimoso.



[1] "Deposición complementaría en la audiencia del 2 de julio". De Los gángsters de Stalin. Traducido para este libro por Will Reissner.



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