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Carta al fiscal general de México[1]

 

 

27 de mayo de 1940

 

 

 

Honorable Fiscal General

Honorable Jefe de Policía Núñez

Honorable Secretario de Interior

 

Durante el interrogatorio que me realizó el represen­tante del Fiscal General el 24 de mayo se me preguntó, entre otras cosas, de quién sospechaba yo que estaba detrás del atentado contra mi vida. Contesté: José Stalin. Expliqué detalladamente los métodos de organización de la GPU en los países extranjeros. Esta parte de mi testi­monio no fue transcripta, indudablemente por considera­ciones diplomáticas o tal vez por razones técnicas que hacen al procedimiento. Pero como a las autoridades les interesa sobre todo resolver el crimen, siento que es mi obligación completar mi breve testimonio porque, en mi opinión, este testimonio es de importancia decisiva para el manejo general de la investigación judicial.

Antes que nada es necesario reafirmar que el intento de asesinato sólo pudo estar instigado por el Kremlin, por Stalin, a través de sus agentes de la GPU en el extranjero. Durante los últimos años Stalin mató a cien­tos de verdaderos o supuestos amigos míos. Exterminó realmente a toda mi familia, exceptuándonos a mí, mi esposa y uno de mis nietos. A través de sus agentes en el extranjero asesinó a uno de los viejos dirigentes de la GPU, Ignacio Reis, que públicamente se había declarado par­tidario mío. Este hecho fue comprobado por la policía francesa y la justicia suiza. Los mismos agentes de la GPU que mataron a Reis seguían a mi hijo en París. En la noche del 7 de noviembre de 1936 agentes de la GPU entraron en la oficina de París del Instituto Holandés de Historia Social y robaron parte de mis archivos. Dos de mis secretarios, Erwin Wolff y Rudolf Klement, fueron asesinados por la GPU; el primero en España, el segundo en París.[2] Los teatrales juicios de Moscú de 1936 a 1937 tenían el objetivo de ponerme en manos de la GPU.

Se podría agregar muchas cosas a esta lista de críme­nes. Su objetivo era mi aniquilación física. Detrás de todos estos actos está Stalin. El arma que utiliza es la policía secreta soviética, llamada GPU, con sus secciones en todos los países extranjeros. Sólo aquellos interesados en tapar el hedor de estos crímenes pueden negar o albergar la menor duda sobre estos hechos tan bien conocidos.

Con esto no excluyo la posibilidad de la participación de la Gestapo de Hitler en el intento de asesinato. La GPU y la Gestapo están conectadas de alguna manera; es posible y probable que para casos especiales ambas dis­pongan de los mismos agentes. Representantes autorizados del gobierno alemán señalaron públicamente que me consideran un enemigo peligroso. Es muy posible que las dos fuerzas policiales hayan cooperado en el atentado contra mí. De todos modos, no hay duda de que el rol dirigente le cabe a la GPU, ya que mis actividades son incomparablemente más peligrosas para Stalin que para Hitler.

La organización de la GPU cuenta fuera de la Unión Soviética con tradiciones y métodos muy bien estableci­dos. Algunas personas ligadas a la GPU (el general Krivitski, Ignacio Reis y otras) rompieron con ella en los últimos años e hicieron una serie de revelaciones muy importantes. Para caracterizar algunos de los métodos de la GPU me baso en estas revelaciones y en otras fuentes a las que tengo acceso.

Antes que nada, es esencial establecer categóricamente que la actividad de la GPU está estrechamente ligada a la de la Comintern, o más específicamente de su apara­to, de sus elementos dirigentes y sus hombres de confianza. La GPU necesita una cobertura legal o semilegal para su actividad y un marco favorable para el reclutamiento de sus agentes; este marco y protección los encuentra en los llamados partidos "comunistas".

El esquema general de la organización de la GPU en el extranjero es el siguiente: en el Comité Central de cada sección de la Comintern hay un director responsable de la GPU para ese país. Los únicos que conocen su situa­ción son el secretario del partido y uno de sus miembros de confianza. Los demás miembros del Comité Central no tienen más que indicios leves del cargo especial que ocupa esa persona. No tengo datos específicos sobre el funcionamiento de esta actividad en México. Pero no hay razones para poner en duda que México no es una excepción en lo que se refiere a los métodos organizati­vos de la GPU.

Como miembro del Comité Central, el representante de la GPU en el país tiene la posibilidad de relacionarse de manera plenamente legal con todos los miembros del partido, estudiar sus características, confiarles comisiones y arrastrarlos poco a poco al trabajo de espionaje y terrorismo, a veces apelando a la lealtad partidaria y otras al soborno.

Todo este mecanismo se descubrió en Francia y Suiza en conexión con el asesinato de Reis y las acciones posteriores contra mi hijo muerto y otras personas. Res­pecto a los Estados Unidos, Krivitski informó que la hermana de Browder, secretario general del partido, se convirtió en agente de la GPU por recomendación de su hermano. Este ejemplo, más que constituir una excep­ción, confirma la regla.

Todo lleva a suponer que los principales organizadores del atentado vinieron del extranjero. Es posible que ha­yan dejado México en vísperas del asalto, luego de prepa­rar la operación y distribuir las responsabilidades. Este es el modo corriente de operar de la GPU que, como agencia gubernamental, está extraordinariamente interesada en no dejar huellas.

Cuando los agentes de la GPU van a un país extranjero para una tarea específica, siempre trabajan por interme­dio del agente local de la GPU, el ya mencionado miem­bro del Comité Central del Partido Comunista; si no, no se podrían orientar en la situación local ni seleccionar a las personas necesarias para ejecutar su misión. El emisa­rio del extranjero y el residente local, junto con sus auxiliares de confianza, trazan el plan general de acción, estudian la lista de sus posibles colaboradores y los intro­ducen paso a paso en la conspiración. En esta tarea técnica el rol decisivo lo juegan el residente local y su estado mayor.

No tengo ninguna información sobre el rol que jugaron realmente el sargento Casas y los cinco policías a sus órdenes que custodiaban mi vivienda. Sé solamente que están comprometidos. No se puede estar seguro de que no estaban en la conspiración; la GPU tiene medios con los que no cuenta ninguna otra institución del mundo para convencer, obligar y sobornar. Podrían haber insi­nuado sistemáticamente a la policía que soy un enemigo del pueblo mexicano, haberles prometido un ascenso o simplemente haberles pagado muy bien sus servicios. Pero los agentes extranjeros no podrían haberse ligado a la policía mexicana; para ello tuvieron que contar con agen­tes locales. Para encontrar a los agentes mexicanos com­prometidos en la corrupción, el soborno y la preparación de los actos terroristas hay que buscar en el Comité Central del Partido Comunista y en la periferia de este Comité Central.

A la GPU le interesa particularmente preparar a la opinión pública antes de un acto terrorista, especialmente cuando la víctima es una persona muy conocida nacional e internacionalmente. De esta parte del trabajo se encar­gan siempre la prensa stalinista, los oradores stalinistas y los llamados "amigos de la Unión Soviética". Me parece que la investigación judicial no puede dejar de examinar, desde este punto de vista, el trabajo de los periódicos El Popular, La Voz de México y de algunos colaboradores de El Nacional. No me refiero a la crítica de mis posicio­nes, pues esta crítica, por severa que sea, constituye el derecho democrático más elemental de todo el mundo. Pero La Voz de México y El Popular nunca se ocuparon de esa crítica. Su especialidad, como la de algunos de sus oradores, particularmente Lombardo Toledano, durante mis tres años y medio de estadía en México, fue la propagación de calumnias en mi contra, increíblemente burdas y fantásticas.

Les hago recordar que muchas veces me acusaron de estar ligado a todos los círculos reaccionarios de México y del extranjero; en un discurso Toledano declaró que estoy preparando una huelga general contra el gobierno de Cárdenas; en El Machete y después en La Voz de México me acusan todos los domingos de preparar una revolución junto con el general Cedillo y muchos otros contrarrevolucionarios reales o supuestos; me acusaron de asistir a reuniones secretas con un cierto doctor Atl, de colaborar con los fascistas alemanes en México, etcétera, etcétera. Ultimamente, Futuro, El Popular y también La Voz de México repiten sistemáticamente que estoy en contacto secreto con el congresal reaccionario Dies y que le di determinadas informaciones contra México. Es fácil de ver que todas estas acusaciones carecen de sentido, ya que me atribuyen actos que no sólo son contrarios a mis convicciones y al trabajo de toda mi vida sino también a mis intereses inmediatos, ya que tendría que estar loco para cometer actos desleales contra el gobierno de México, que me acordó una hospitalidad tan generosa.

Me permito recordarles también que a través de la prensa llamé repetidamente a mis acusadores a llevar el caso ante una comisión imparcial designada por el gobier­no o el Partido Revolucionario Mexicano (gubernamen­tal) para examinar públicamente las acusaciones que se me hacen. Toledano y los dirigentes del Partido Comunis­ta tuvieron la prudencia de no aceptar mi propuesta.

No se puede evitar preguntarse, ¿por qué el señor Lombardo Toledano y los dirigentes del Partido Comu­nista Mexicano se sienten obligados a difundir sistemáti­camente calumnias en mi contra y desacreditarme a los ojos de la opinión pública y las autoridades de Méxi­co? Estos señores no pueden tener nada contra mí perso­nalmente, ya que nunca tuve relaciones o conflictos per­sonales con ellos. Se mueven con tanta vehemencia y desvergüenza porque han recibido instrucciones al respec­to. ¿Quién puede haber dado esas instrucciones? Obvia­mente el hombre del Kremlin, Stalin.

Con esto no quiero decir que Toledano y los jefes del Partido Comunista participaron directamente en la prepa­ración del atentado en contra de mi persona. La GPU tiene una estricta división del trabajo. A personas conoci­das se les asigna la tarea de propagar las calumnias. A agentes menos conocidos pero más serios se les asigna la tarea de asesinar. Sin embargo el señor Toledano no es un niño. Conoce perfectamente bien los métodos de la GPU, particularmente la persecución sistemática a la que los miembros de mi familia, mis amigos y yo hemos estado y estamos expuestos en todo el mundo. No es un secreto para Toledano que la GPU pretende aniquilarme físicamente. Por lo tanto tengo todo el derecho de decir que, al ocuparse sistemáticamente de la ponzoñosa cam­paña en contra de mi persona, el señor Toledano partici­pó en la preparación moral del acto terrorista. En conse­cuencia, sería de inmenso interés para la investigación traer a Toledano como testigo.

No cabe la menor duda de que los anteriores y los actuales jefes del Partido Comunista saben quién es el director local de la GPU. Permítaseme suponer también que David Alfaro Siqueiros, que participó en la guerra civil española siendo un activo stalinista, debe saber tam­bién quiénes son los miembros más importantes y activos de la GPU, españoles, mexicanos y de otras nacionalida­des, que vienen a México repetidamente, especialmente vía París. Interrogar al ex y al actual secretario general del Partido Comunista, y también a Siqueiros, ayudaría mucho para descubrir a los instigadores del atentado y junto con ellos a sus cómplices.

 

L. Trotsky



[1] "Carta al fiscal general de México". Socialist Appeal, 15 de junio de 1940, donde se publicó con el título: "La carta de Trotsky pone en evidencia el papel de Stalin en el reciente intento de asesinato". En esa oportunidad le faltaban varios párrafos, que fueron traducidos para la edición norteamericana por Will Reissner de Los gángsters de Stalin. Después de los juicios de Moscú se hizo evidente que Stalin llegaría a cualquier extremo para hacer matar a Trotsky. La casa de Trotsky en Coyoacán estaba vigilada pero no era impenetrable. A las 4 de la mañana del 24 de mayo de 1940 una banda numerosa de hombrea conducida por un conocido stalinista mexicano, David Alfaro Siqueiros, entró en la casa y ametralló los dormitorios. Trotsky y su familia se salvaron de la muerte por pura suerte; uno de los guardias, Robert Sheldon Harte, de Nueva York, fue secuestrado y asesinado. El atentado llevó a una investigación policial que ocupó mucho tiempo y energías de Trotsky durante los últimos tres meses de su vida.

[2] Erwin Wolff, checoslovaco, se desempeñó como secretario de Trotsky en Noruega. Fue secuestrado y asesinado por la GPU en España en 1937.



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