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¿Alquimia centrista o marxismo?[1]

 

 

24 de abril de 1935

 

 

 

Los agrupamientos internos en Alemania y los problemas internacionales

 

En Alemania la vida política está tan aplastada y las masas sienten tanto las consecuencias de la derrota que los diversos grupos obreros todavía se ven privados de la posibilidad de desarrollarse en extensión y en profundidad y de descubrir las tendencias latentes en ellos. En estos períodos resultan muy importantes para la educación de los obreros avanzados, en primer lugar la emigración política, y en segundo lugar las cuestiones internacionales. Con esto no queremos minimizar la importancia de las organizaciones y problemas internos de los movimientos de la clase obrera alemana. La primacía y continuidad del pensamiento y la educación revolucionarios hasta en los períodos más negros constituye una gran ayuda que luego fructifica y se multiplica en las épocas de alza revolucionaria.

Es precisamente ahora, entre los tentáculos de hierro de la dictadura nazi, que se están formando los cuadros de templados luchadores que imprimirán su sello sobre el destino de Alemania. Sólo deseo subrayar con todo el énfasis posible la idea de que nuestros camaradas alemanes, ahora más que nunca, deben rever sus relaciones y agrupamientos internos, no considerándolos en sí mismos sino en la relación con los países en los que los problemas revolucionarios se plantean más extensa y claramente. Por ejemplo, es evidente que un gran éxito de los bolcheviques leninistas en cualquiera de los países no fascistas de Europa provocaría inmediatamente una vigorosa reacción en nuestra sección alemana. Ni tampoco debemos olvidar que los problemas políticos de los países no fascistas no son para Alemania solamente cuestiones del pasado sino también del futuro; el proletariado alemán tendrá que comenzar muchas cosas desde el principio y repetir otras, sólo que en lapsos inconmensurablemente más breves.

Esto que decimos también se aplica, por supuesto que con las modificaciones necesarias, a otras organizaciones. Sin perspectivas, sin consignas claras, el Partido Comunista Alemán, pese a todo, realiza un considerable trabajo ilegal. Este hecho evidencia qué numeroso es el sector de obreros revolucionarios que se niegan a capitular pero como no conocen otras banderas se agrupan bajo las del Partido Comunista Alemán. A esto tenemos que añadirle el "factor" financiero. Por supuesto, el dinero por sí mismo no garantiza el triunfo. Pero puede mantener la existencia de una organización durante un período prolongado, aunque ésta esté destinada a terminar en el tacho de los desperdicios.

Por otra parte, la supresión de la vida política en Alemania y los límites sumamente estrechos del movimiento obrero le impiden al PC revelar y llevar hasta sus últimas consecuencias sus falsas tendencias.

Todavía permanecen latentes la organización, la agitación, así como los errores. Pero el PC no está solo; todas las piezas del ajedrez europeo están ahora más estrechamente ligadas que nunca. Hay muchas razones para suponer que la fatal y criminal política del Partido Comunista Francés asestará un cruel golpe al PC Alemán aun antes de que éste logre arruinar por su cuenta su propia organización ilegal. Hoy hay todavía menos motivos para creer en la regeneración de la Comintern que hace un año o dos.

Sin embargo, de esto no se deduce que tengamos que volverles la espalda a las organizaciones ilegales del PC Alemán. Por el contrario, más bien tenemos que afirmar que nuestros amigos alemanes le dedicaron demasiado poca atención a esta organización, en cualquier caso muchísimo menos que al pequeño SAP. ¿Hicieron bien?

No se concibe responder esta pregunta sin un criterio preciso. ¿Qué esperaban del SAP nuestros camaradas? ¿Era terreno adecuado para su actividad? Obviamente no; el SAP, que no nuclea a más de un par de miles de personas, es demasiado estrecho como campo de actividad. El PC sería mucho más adecuado, para no mencionar a la joven generación obrera que se interna por primera vez en la política bajo el látigo de Hitler. Queda otra posibilidad, el SAP como aliado, como camaradas. Naturalmente, la fusión de ambas organizaciones beneficiaría de manera evidente el futuro trabajo revolucionario. Pero la fusión exige acuerdo, no sobre problemas parciales y secundarios sino sobre los fundamentales. ¿Existe acuerdo?

Los dirigentes del SAP a menudo dicen que sus posiciones, "en esencia", son las mismas que las nuestras, pero que ellos pueden defenderlas mejor, de manera más realista e "inteligente". Si ése fuera el caso, romper hubiera sido una locura total; dentro de una organización única los dirigentes del SAP nos hubieran enseñado a desarrollar nuestras posiciones comunes con mayor habilidad y éxito. Pero desgraciadamente no es ése el caso. Los dirigentes del SAP se calumnian a sí mismos. Si después de muchas vacilaciones rechazaron la unidad en un marco nacional, si en consecuencia interrumpieron sus contactos internacionales con nosotros, las causas de ello tienen que haber sido muy serias; y lo fueron. No nos separan bagatelas tácticas sino problemas fundamentales. Sería absurdo e inútil cerrar los ojos a esta realidad después de las experiencias que hemos vivido. Las diferencias entre nosotros y el SAP caen enteramente dentro de los límites de las contradicciones entre el marxismo y el centrismo.

No pretendo decir nada nuevo en estas líneas. Sólo deseo hacer un balance de las experiencias de todo el reciente período político, especialmente del último año y medio. Nada más beneficioso para la educación política que constatar los principios a la luz de hechos que fueron caracterizados en su momento o incluso con anticipación. Si pido a los lectores de este artículo que presten estricta atención al análisis detallado del carácter político del SAP, no es en absoluto con el objetivo de iniciar nuevas negociaciones sino por el contrario para intentar liquidarlas definitivamente. Los dirigentes del SAP no son nuestros partidarios ni nuestros aliados; son nuestros adversarios. Los intentos de acercarnos a ellos están agotados, por lo menos para el período inmediato. Naturalmente, es imposible, sobre todo desde afuera, manifestarse categóricamente en contra de tal o cual acción conjunta dentro de la propia Alemania. Pero me parece que nuestros compañeros de Alemania no tienen que plantearse sus relaciones con el SAP teniendo en cuenta solamente la mayor o menor afinidad de posiciones en la esfera de los problemas internos latentes en la clandestinidad a que nos condena Hitler (a la luz del fascismo todos los gatos son pardos). También tienen que considerar el rol que el SAP juega o intenta jugar en el terreno internacional.

Puede parecer extraño que dediquemos un trabajo relativamente tan extenso a una organización tan pequeña. Pero el nudo de la cuestión reside en el hecho de que el problema que involucran las relaciones con el SAP es mucho mayor que el SAP mismo. En última instancia, está en juego la política correcta hacia las tendencias centristas que ahora se presentan en el movimiento obrero con todos los colores del arco iris. ¡Hay que evitar que los conservadores aparatos centristas heredados del pasado controlen el desarrollo revolucionario de la vanguardia proletaria; ése es el objetivo!

 

El balance de la conferencia de la IAG

 

Después de un intervalo de un año y medio se reunió en París una conferencia de la IAG. ¿Cuáles fueron los resultados de esta conferencia? Hasta ahora, nadie nos dijo nada esencial sobre el tema. Es cierto que en el informe del SAP (Die Neue Front, marzo de 1935) se pueden encontrar retratos no del todo malos de algunos de los participantes en la conferencia, pero es totalmente imposible hallar respuesta a los interrogantes de por qué se convocó y qué resultados produjo. El informe de la conferencia no se presenta a la manera marxista, es decir con el objetivo de descubrir todas las tendencias y contradicciones existentes, sino a la manera centrista, para atemperar las diferencias y mostrar un panorama en el que todo anda bien.

Las académicas tesis sobre la situación mundial se aceptaron "por unanimidad". En realidad, ¿en qué puede perjudicar repetir una vez más las fórmulas generales sobre el colapso del capitalismo, etcétera? Eso huele a radicalismo y no le crea a nadie ningún tipo de obligaciones. Fórmulas como ésas se convirtieron en una mercancía muy barata durante las épocas de crisis mundial. Pero, ¿intentó la resolución sobre "la situación mundial" proclamar la minúscula verdad de que el NAP[2] que obtuvo el cuarenta y cinco por ciento de los votos y en consecuencia tiene detrás de él a la indudable mayoría de la población, podría, si lo hubiera deseado, haber transformado a Noruega en un baluarte de la clase obrera, podría haber impulsado con su ejemplo el coraje revolucionario de las masas escandinavas y haberse convertido en un importante factor en el desarrollo de Europa? ¡Porque el NAP todavía es miembro de la IAG! A pesar de ello -no, precisamente por ello- la conferencia eludió el tema del NAP y se ocupó de cuestiones más "elevadas". ¿Cómo podía permitir Kilbom, ese futuro "estadista", una crítica antitáctica y sectaria a sus vecinos? ¡Jamas! Y Schwab, ¿cómo podía disgustar a Kilbom? ¡No! Mejor hablar del colapso del capitalismo "en general". Tal es el espíritu que predominó en esta conferencia. Y tal el espíritu que predomina en el informe del SAP.

La resolución sobre la guerra, votada después del informe del viejo centrista Fenner Brockway, el dirigente del ILP, suena muy radical. Pero ya hace mucho que sabemos que respecto a la guerra los más extremos oportunistas se inclinan al más extremo radicalismo, especialmente los de pequeñas organizaciones o de pequeños países "neutrales" no involucrados en la lucha real. Naturalmente, también puede haber genuinos revolucionarios en las organizaciones pequeñas y en los países "neutrales", pero para diferenciarlos de los oportunistas tenemos que tomar en consideración su política cotidiana, no una resolución sobre la guerra (de algún otro) adoptada en un día de fiesta. El voto de Kilbom a favor de la huelga general y la insurrección contra la guerra carece absolutamente de valor dada la política oportunista del mismo Kilbom en Suecia. Y si las circunstancias arrastraran a Suecia a la guerra, Kilbom seguramente no sacaría sus conclusiones prácticas de la resolución académica de la IAG sino de su política oportunista. ¡¿Acaso no hemos visto ya centenares de ejemplos?! Por supuesto, ni una sola de las resoluciones dice una palabra sobre la política oportunista del partido sueco, el más grande de la IAG después del NAP.

¡Qué importancia tiene que Doriot firme una resolución radical sobre la guerra, si él mismo, "en interés de la paz", aconseja a los diplomáticos de su país "negociar con Hitler"! No a la alianza con la URSS, sí al acuerdo con Hitler: he ahí el programa de Doriot. Como veremos enseguida, cuando el mismo SAP pasó de la resolución académica sobre la guerra "en general" al problema de "la lucha por la paz" en las actuales condiciones, todas las frases altisonantes se fueron al diablo; entonces el SAP presentó una segunda resolución "práctica", imbuida de arriba hasta abajo del espíritu del más puro filisteísmo pacifista.

Por eso resulta imposible leer sin asco la verborragia de Die Neue Front sobre cómo "la teoría y la práctica leninistas [!] encontraron a sus únicos [!] y genuinos [!] defensores en los partidos de la IAG". Para Lenin el objetivo de cualquier resolución era poner a prueba a los oportunistas, no dejándoles escapatoria, poniéndolos al descubierto y sorprendiendo las contradicciones entre sus palabras y sus actos. Lenin no consideraba un éxito sino un fraude y un crimen una resolución "revolucionaria" que también podían votar los oportunistas. Para él, el objetivo de las conferencias no consistía en presentar una resolución "respetable" sino en seleccionar a los militantes y las organizaciones que no traicionarían al proletariado en la hora de la tormenta. Los métodos de la dirección del SAP son directamente opuestos a los métodos de Lenin.

La delegación del SAP llevó a la conferencia un proyecto de resolución de principios. Como todos los documentos del SAP, el proyecto es una colección de postulados generales, "radicales", y a la vez elude diligentemente los problemas más agudos. Sin embargo, este documento afecta mucho más de cerca el trabajo actual del partido que las tesis académicas sobre la situación mundial.

¿Qué suerte corrió este proyecto del SAP? Leemos: "El proyecto de resolución de principios presentado a la conferencia no pudo ser puesto a votación por falta de tiempo [¡!] y [?] porque algunos [?] partidos no tuvieron oportunidad [¡!] de considerarlo previamente." Para un marxista esta sola frase vale más que volúmenes enteros. La conferencia se fue postergando mes a mes; se reunió después de un intervalo de un año y medio durante el cual ocurrieron acontecimientos de colosal importancia; la desorientada vanguardia de la clase obrera exige respuestas claras... ¿Y entonces? La conferencia no pudo hacerse tiempo [¡!] para considerar una resolución de principios.

El segundo argumento ("y") no es mejor: algunos partidos (¿qué partidos?) no tuvieron oportunidad (¿por qué no?) de considerar los principios que deben orientar al movimiento obrero de nuestra época. Entonces, ¿de qué se preocupan en general "estos mismos partidos"? La IAG existe desde hace tres años. ¿Sobre qué principios se basa? Nadie lo sabe "Algunos partidos no creen necesario perder tiempo con cuestiones de principios. La conferencia tampoco puede encontrar tiempo para ocuparse de esto. ¿Es posible concebir un pretexto más humillante y vil?

En realidad, el pobre balance de la conferencia no se puede explicar por razones de falta de tiempo sino por la heterogeneidad de su composición, por la preponderancia de las maniobras de centro-derecha. La misma heterogeneidad caracteriza a "algunos" de los partidos que adhieren a la IAG. De aquí la necesidad de no tocar las cuestiones más agudas, es decir las más importantes e impostergables. El único principio de la IAG es callarse la boca respecto a los principios.

Recordemos que el plenario internacional de los bolcheviques leninistas, en su resolución del 13 de setiembre de 1933,[3] caracterizaba de la siguiente manera la conferencia de la IAG reunida en agosto de 1933: "Por supuesto, ni hablar se puede de construir la nueva internacional con organizaciones que parten de bases tan profundamente diferentes e incluso antagónicas [...] En lo que se refiere a las resoluciones aceptadas por la heterogénea mayoría de esta conferencia, totalmente marcadas con el sello de esta heterogeneidad, el plenario de los bolcheviques leninistas considera imposible asumir ninguna responsabilidad política por ellas." ¡El que no se hace ilusiones no tiene que perderlas después!

 

El "profundo problema" del centrismo

 

La conferencia rechazó la moción en favor de la Cuarta Internacional presentada por los camaradas Sneevliet y Schmidt, delegados holandeses. Consideremos un poco más de cerca las confusas explicaciones que da Die Neue Front.

Parece que los delegados del SAP estaban dispuestos a apoyar la moción holandesa con la condición de que no se llevara a votación sino que quedara solamente como expresión, de "anhelo de las organizaciones abajo firmantes". Pero un anhelo supone una voluntad de llevarlo a cabo. Quien expresa un anhelo trata de concretarlo. En una conferencia esto se hace a través de una votación. Era de imaginar que los delegados del SAP aprovecharían la oportunidad para obligar a votar contra la moción a todos los que en lo esencial se oponen a la Cuarta Internacional. Pero no. Schwab se niega a votar la moción, no porque él mismo esté en contra sino porque lo están otros. Incidentalmente, la mayoría tampoco vota en contra... pero se refugia cobardemente en la abstención. Esto no le impide a Doriot, que personalmente se abstuvo, escribir que la conferencia "condenó la idea trotskista de la Cuarta Internacional". ¿Se puede sacar algo en limpio de todo esto? Pero esperemos, éste es sólo el comienzo.

Parece que la resolución holandesa se caracteriza "por hacer abstracción total de la verdadera situación actual" y por la falta de comprensión "del profundo problema que involucra ese objetivo". Muy bien. Entonces, ¿por qué la delegación del SAP estuvo de acuerdo en apoyar una resolución tan pobre? Es obvio que Schwab no le otorga gran valor a su apoyo (¡ya lo demostró justamente en 1933!). Pero así y todo, ¿cuál es en esencia la posición del SAP? "La proclamación de la Cuarta Internacional -leemos- pese a su necesidad objetiva, por ahora es imposible debido a razones subjetivas." En primer lugar, aquí se confunde conscientemente, es decir, inescrupulosamente, "la proclamación de una nueva internacional" con la proclamación de la necesidad de luchar por la Cuarta Internacional. Esto es lo que exigimos, no lo primero.

Sin embargo, ¿en qué radica el "profundo problema involucrado en esta cuestión? Veamos: la nueva internacional es objetivamente necesaria pero subjetivamente imposible. En términos más simples, sin la nueva internacional el proletariado será aplastado, pero las masas no lo comprenden todavía. Pero la tarea de los marxistas no es otra que la de elevar el factor subjetivo al nivel del objetivo y llevar a la conciencia de las masas la comprensión de la necesidad histórica; para decirlo más directamente, explicar a las masas lo que ellas todavía no entienden, cuáles son sus propios intereses. El "profundo problema" de los centristas es su profunda cobardía ante una impostergable y gran tarea. los dirigentes del SAP no comprenden la importancia histórica de la actividad revolucionaria con conciencia de clase.

Die Neue Front utiliza, para ilustración nuestra, el argumento de Doriot: es imposible "ignorar la actual condición de las masas". Entonces, ¿por qué el mismo Doriot rompió con el Partido Comunista, al que indudablemente siguen masas mucho más numerosas que a Doriot? La abstracta y vacía argumentación sobre las "masas" desconocidas es una pobre sofística con la cual se pretende disimular la incapacidad de los dirigentes. Las "masas" sin partido, que son las más numerosas, están fuera de cualquier internacional. La inmensa mayoría de las "masas" enroladas en partidos siguen a la Segunda y a la Tercera Internacional, no están en la IAG; no carece de razones Ziromski cuando exige que las organizaciones de la IAG vuelvan a los viejos rediles, a las "masas". Detrás de la IAG no hay masa alguna. El problema no está en qué piensan las masas hoy sino en qué espíritu y orientación se disponen a educarlas los Señores Dirigentes.

En realidad, dentro de los partidos de la IAG no son las masas quienes se oponen a la Cuarta Internacional sino los dirigentes. ¿Por qué? Por la misma razón por la que se oponen a la resolución de principios. No quieren nada que pueda limitar su centrista libertad de vacilar. Quieren ser independientes del marxismo Por razones que se entienden muy fácilmente, le ponen al marxismo el rótulo de "idea trotskista de la Cuarta Internacional".

Los dirigentes del SAP se entendieron con todos excepto con los holandeses. En el informe solamente se polemiza contra Sneevliet y Schmidt. ¡Ni una palabra de crítica a los oportunistas que eran mayoría en la conferencia! ¿No constituye ya esto solo una evidencia de que Schwab y Cía. son centristas que les dieron la espalda a los marxistas y se volvieron hacia los oportunistas?

 

¿"Desarme" o... castración?

 

Además, la conferencia inauguró una "lucha" por la paz. ¿Con qué métodos? Con los viejos métodos alemanes: creó... una Verein (unión), una Verein de los Amigos de la Paz. Esta "Verein" está formada hasta ahora por los representantes de tres (¡tantos como tres) partidos y se denomina "Comité Inicial"[4]. Este Comité Inicial tiene como objetivo la creación de una nueva "Verein" que se denominará (¡qué les parece!) Comité Internacional de Lucha por la Paz. Bueno, con el nombre nomás los imperialistas temblaran como una hoja. Como informa Die Neue Front, la tarea del Comité Internacional de Lucha por la Paz es "la iniciación y concreción de un movimiento de masas mundial por un genuino [¡ay! ¡ay! ¡ay!] desarme y a favor de la paz". Como de costumbre, el SAP introdujo una resolución especial "de difundir la lucha internacional por la paz". Como de costumbre, tampoco esta vez la conferencia pudo aceptar la resolución (obviamente por falta de tiempo). Pero dado que se estableció un comité de por lo menos tres personas, lo más importante ya está. Schwab tiene razón: la conferencia "logró todo lo que era posible lograr en la situación dada". Suscribimos con las dos manos esta melancólica afirmación.

La resolución del SAP "En favor de la lucha por la paz", que la conferencia no adoptó, era -a decir verdad- la más patética demostración de pensamiento oportunista con que hemos tenido ocasión de encontrarnos últimamente. Para sus autores no existe la historia del marxismo, ni la prolongada lucha de tendencias dentro de la clase obrera, ni las recientes experiencias de guerras y revoluciones. Estos alquimistas descubrieron de nuevo la piedra filosofal.

Como ya nos enteramos por Die Neue Front, la consigna central de la futura lucha "mundial" es "el genuino desarme". La consigna de Litvinov es "correcta". El único error de Litvinov es que dirige su consigna "solamente al gobierno". Así nuestros alquimistas, sin sospecharlo, derriban al pasar todas las conquistas de la experiencia revolucionaria y de la teoría marxista ¿Quiénes dijeron que la consigna de desarme era correcta? Kautsky en su decadencia,[5] León Blum, Litvinov, Otto Bauer y "el mismo" Bela Kun. ¿Pero cómo plantearon el problema Marx, Engels, Lenin y la Tercera internacional en su período de apogeo? Ni una palabra sobre esto. Sin embargo, Engels contraponía al programa del desarme el programa de las milicias populares y exigía -¡horror de horrores!- el entrenamiento militar de la juventud estudiantil. Lenin denunció implacablemente la menor concesión a la idea del "desarme". En 1916, en un artículo escrito especialmente para la juventud, Lenin explicaba que en tanto subsistan la opresión y la explotación las armas continuarán siendo un factor necesario en la relación entre las clases y entre los estados. Hoy la burguesía militariza a la juventud. Lenin escribió: "Mañana tal vez recurra a la militarización de las mujeres. Ante esto tenemos que decir, tanto mejor [...]tanto más nos acercaremos a la insurrección armada contra el capitalismo. ¿Vamos a maldecir la guerra y a exigir el desarme? Las mujeres de la clase revolucionaria nunca se reconciliarán con tan innoble rol. Les dirán a sus hijos: [...] ’a ustedes les darán armas. Tómenlas y aprendan bien el arte de la guerra. Esta ciencia es necesaria para los proletarios.’ [...]"[6] Lenin continúa explicando: "Una clase oprimida que no se afana en aprender a manejar las armas y a poseerlas sólo merece que se la trate como a una esclava." (¡Esclava de la Internacional Comunista, tómese nota!) En esta misma época Lenin acotaba en su cuaderno de notas, en alemán: "El desarme es castración. El desarme es una jeremiada reaccionaria, cristiana. El desarme no implica la lucha contra la realidad imperialista, sino evadirse de ella al futuro lejano, que sólo vendrá después de la revolución socialista triunfante."

En consecuencia, no está mal que la diplomacia soviética haya propuesto el desarme a los gobiernos capitalistas. Lo que está mal y es un crimen que la Internacional Comunista, y hoy también el SAP, hayan transformado esta propuesta en una consigna para el proletariado. Pero hay que utilizar la experiencia de la diplomacia soviética para denunciar y explicar la mentira, la falsedad y la ilusión del pacifismo burgués así como del socialista.

Incluso si a causa de una determinada correlación histórica de circunstancias tal o cual gobierno capitalista se viera obligado a efectuar algún tipo de "desarme", esta "reforma" diplomático-militar de ninguna manera garantizaría la paz. En sus tesis sobre La guerra y la Cuarta Internacional, los bolcheviques leninistas afirman, entre otras cosas, lo siguiente:

"El desarme no es una medida contra la guerra ya que, como lo demostró la experiencia de la propia Alemania, el desarme episódico no es más que una etapa en el camino al rearme. La moderna tecnología entraña la posibilidad de un rearme muy rápido. El desarme ’universal’, incluso si pudiera realizarse, no implicaría más que el fortalecimiento de la supremacía militar de los más poderosos países industriales [...] Plantear el desarme como ’el único, verdadero método de evitar la guerra’ significa engañar a los trabajadores en función de lograr un frente común con los pacifistas pequeñoburgueses.[7] Este punto está dirigido directamente contra los stalinistas, pero también se aplica perfectamente al SAP[8].

 Supongamos que Marx, Engels, Lenin y sus discípulos, los bolcheviques leninistas, se equivocaron. ¿Pero por qué los teóricos del SAP no se tomaron el trabajo de demostrarnos precisamente cuál es el error de nuestros maestros? Nuestros innovadores simplemente pasaron sin comentarios por encima de las tradiciones del marxismo en una cuestión muy importante. ¿Cómo explicar este hecho asombroso? Muy sencillo. A nuestros alquimistas no les interesa la historia, la experiencia histórica ni la tradición. Se mueven caracterizando por la vista, el olfato y el rudo sentido común. Quieren descubrir la piedra filosofal en cada caso particular.

Además, hay que añadir que la exigencia de que los gobiernos capitalistas se desarmen a sí mismos para evitar la guerra está al mismo nivel político que la de que desarmen a las bandas fascistas para evitar la lucha de clases en su expresión física. Ambas "exigencias" se originan en la cobardía pequeñoburguesa y no sirven para desarmar a la burguesía sino para desmoralizar al proletariado.

 

"La lucha por la paz"

 

Así, en el nudo mismo de la resolución del SAP, se encuentra, para usar las palabras de Lenin, "frases lindas, humanitarias y casi izquierdistas sobre la paz, el desarme, etcétera". Será obligación del propio comité que se creará a través del propio comité ya constituido en la conferencia de la IAG desarrollar "una lucha por la paz a gran escala". ¡Una lucha a gran escala!...

De la concepción sectaria de la lucha de clases, la resolución salta al llamado a "los adversarios [!] de la guerra en todo el mundo". En el diccionario marxista todavía no figura la explicación política de "adversarios de la guerra". Los "adversarios de la guerra" profesionales son los cuáqueros, los tolstoianos, los gandhistas; también están los pacifistas de salón, los charlatanes democráticos y los equilibristas. Los marxistas son los enemigos de clase de la burguesía y de las guerras imperialistas, pero apoyan las guerras de liberación nacional y las revolucionarias, ya sean ofensivas o defensivas. ¿Realmente nunca escucharon nada de esto los dirigentes del SAP? ¿O lograron refutar estos anticuados puntos de vista? Si es así, ¿en qué libros y artículos?

La parte de la resolución dedicada a la descripción de la futura actividad del futuro comité "mundial" constituye una insuperable pieza de retórica vacía. Para contrarrestar la preparación de la guerra, el comité tendrá que "captar especialistas [!] y en este [!] sentido nuclear a todas las fuerzas efectivas que todavía [!] permanezcan libres de lazos organizativos para una tarea planificada en común". Los "especialistas" y "fuerzas" que permanecen anónimos tendrán que utilizar el "anhelo de paz de millones y millones de personas como palanca para poner en marcha un movimiento mundial contra la guerra apoyado por las masas nacionales de todos los países [...]" Etcétera, etcétera.

Los gobiernos que intenten aplastar el movimiento mundial por la paz serán "moralmente condenados y señalados", un arma realmente muy efectiva contra Hitler, Mussolini y los demás. Con toda seguridad, los gobiernos liberales recibirán diplomas laudatorios. Y además, el SAP tiene en reserva el "boicot económico universal", que se utilizará contra los gobiernos especialmente malos. Para que el boicot sea realmente "universal", evidentemente el Comité Internacional por la Paz tendrá que aliarse con los bancos y los trusts pacifistas y, por otro lado, "condenar" a los capitalistas que extraen ganancias de la guerra. Pero incluso con esto no se agota el arsenal del SAP. La resolución recomienda seguir el ejemplo de la experiencia realizada por los pacifistas en Inglaterra, es decir exigir "plebiscitos nacionales" representativos. ¡No hace falta más que dirigir petitorios a los estados mayores; entonces la paz se vería realmente asegurada!

 

"Control democrático"

 

El "comité" del SAP luchará por el "control democrático internacional sobre los preparativos de guerra, y con este fin -¡bien, bien!- creará "comisiones especiales" en cada país. Después de eso, a Hitler no le quedará más por hacer que ahogarse en el vaso de agua que podrá obtener fácilmente exprimiendo la resolución del SAP.

"Control [!] democrático [!] sobre los preparativos de guerra." Ni el mismo Henderson[9] lo hubiera planteado con más elocuencia. Esto parece una poesía especialmente dulce escrita en estos momentos por un socialista alemán. ¿Dónde, oh dónde, quedaron los hermosos días de Weimar?[10] Sus sombras revivieron en los locales del SAP.

Durante la última guerra existió en Inglaterra la "Verein" del control democrático" (ése era realmente su nombre: Unión del Control Democrático), dirigida por el conocido liberal de izquierda Morel.[11] En 1916, Lenin escribía al respecto: "Sólo la inmadurez de las relaciones políticas y la falta de libertad política en Alemania evitarán que allí se forme tan rápidamente como en Inglaterra una Liga por la Paz y el Desarme burguesa, con el programa de Kautsky." El SAP obviamente cree que las relaciones políticas están hoy lo suficientemente "maduras" en Alemania para crear una Verein democrática con el programa de Morel-Kautsky-Schwab.

¡Pero nosotros estamos a favor de las consignas democráticas!, puede objetar tal vez el autor de la resolución, que asimiló de los bolcheviques leninistas algunas cosas que comprende muy mal. Sí; mientras no puedan pasar a la ofensiva para tomar el poder, los revolucionarios defienden los más tristes restos de libertades democráticas. Pero los revolucionarios nunca prometen transformar estos tristes restos en la soberanía mundial del control democrático a través de "comisiones especiales" formadas por nadie sabe quién. Una cosa es defender las verdaderas trincheras democráticas de la clase obrera en la lucha revolucionaria, otra muy distinta es construir castillos en el aire después de perder todas las trincheras democráticas. Precisamente por aquí pasa la línea divisoria entre el realismo revolucionario y el pacifismo utopista.

La resolución del SAP no es en absoluto original; en realidad no es más que la contrapartida de la Internacional Comunista. ¿Por qué crear ese comité mundial si ya está creado? ¡Su nombre es el Comité Amsterdam-Pleyel! Unifica a todos los especialistas y a todas las "fuerzas": Barbusse, el internacional Muenzenberg,[12] los liberales hindúes, los pequeños demagogos, colosales fantoches, lores ingleses y viudas norteamericanas, en resumen, "todas las fuerzas" que padecen esa enfermedad que se ha dado en llamar "anhelo de paz"... Este comité fabrica documentos mucho más hermosos que los del SAP porque Muenzenberg tiene a su disposición a los mejores especialistas... El gran plan de Schwab y Cía. no es más que una provinciana y artesanal falsificación del aventurerismo burocrático de los stalinistas. Con la ayuda del dinero contante y sonante, los stalinistas por lo menos preparan pomposos desfiles (lo hacían ayer, difícilmente puedan hacerlo mañana), mientras que la IAG ni siquiera podría realizar algo parecido. Ningún nuevo comité saldrá del actual. Tal vez la paz ni siquiera se dé cuenta de que ha estado rodeada por todos lados.

No es casual que en la política de la Comintern, así como en la de los reformistas, predominen las formulaciones puramente negativas como antiimperialismo, antifascismo, lucha contra la guerra, sin ninguna delimitación de clase y sin un programa de acción revolucionario. Esas formulaciones le son absolutamente necesarias a la política de los bloques carnavalescos (la Liga Antiimperialista, el Comité Amsterdam-Pleyel Contra la Guerra y el Fascismo, etcétera). Todos estos bloques, congresos y comités tienen como objetivo ocultar la pasividad, la cobardía y la incapacidad para resolver las tareas que constituyen la esencia misma de la lucha de clases del proletariado. Tras las huellas de los stalinistas y de los reformistas, la IAG ha tomado su mismo camino. Los mismos dirigentes ocupan asientos diferentes con la esperanza de que las masas no los reconozcan y acudan hacia ellos en tropel. Esta auto-negación es la confesión voluntaria de la propia inutilidad.

 

¿ Un nuevo "Zimmerwald"?

 

Algunos camaradas razonan de la siguiente manera: por supuesto, los dirigentes del SAP no son marxistas, pero la Tercera Internacional tampoco surgió espontáneamente; la precedieron las conferencias de Zimmerwald y Kienthal,[13] en las que Lenin participo junto con los centristas. ¿Pero es la IAG un nuevo "Zimmerwald"? En este argumento hay, por lo menos, cuatro errores fundamentales.

En primer lugar, Zimmerwald se realizó durante la guerra. La inmensa mayoría de los centristas, que durante la época de paz hablaban sobre la lucha por la paz y el desarme, se pasaron al campo del nacionalismo los primeros días del conflicto. Sólo una insignificante minoría de centristas de preguerra, individuos aislados, evidenciaron su disposición a confraternizar con los "enemigos" de su país. Así la composición de Zimmerwald estuvo sometida a la implacable selección hecha bajo las condiciones de la guerra.

En segundo lugar, fuera de Rusia y parcialmente en Alemania (R. Luxemburgo, K. Liebknecht),[14] en ese entonces no había en ningún país verdaderos revolucionarios que comprendieran hasta sus últimas consecuencias los objetivos de la pelea. Casi todos los socialdemócratas que fueron arrastrados a la lucha contra la guerra (no una guerra futura, no la guerra en general, sino una guerra concreta, real) atravesaban entonces la etapa centrista. No se contaba con otros compañeros políticos para dar los primeros pasos.

En tercer lugar, bajo las condiciones imperantes durante la guerra, cuando se castigaba como un crimen mantener relaciones con organizaciones obreras de los países enemigos, el solo hecho de una conferencia internacional, convocada ilegalmente, era un acontecimiento político y un síntoma revolucionario, independientemente incluso de las resoluciones que tomara.

En cuarto lugar, Lenin no participo en la conferencia para conciliar con los centristas, para presentar huecas "resoluciones", sino para luchar por los principios del bolchevismo. Tan pronto como se consolidó la "Izquierda de Zimmerwald", Lenin, pese a su extrema debilidad (era incomparablemente más débil que la actual organización internacional de los bolcheviques leninistas), planteó la ruptura con Zimmerwald. La ruptura se retrasó contra los deseos de Lenin, que, sin embargo, no se engañaba en su caracterización; la mayoría de los participantes de Zimmerwald pronto retomaron sus puestos en las filas de la Segunda Internacional.

Nuestra situación actual es fundamentalmente diferente de aquélla del pasado. Todavía no hay guerra. El noventa y nueve por ciento de los centristas y reformistas que ahora machacan con frases pacifistas ("contra la guerra", "por el desarme") se pondrán del lado de sus gobiernos en el caso de que estalle un nuevo conflicto. Hoy, en época de paz, es necesaria una selección revolucionaria doblemente estricta. Los criterios que orienten esta selección deben ser la claridad teórica y una práctica acorde con la teoría. Les dirigentes que se olvidan de "los principios" (¡como si fueran cigarrillos o cajas de fósforos!) en el camino a una conferencia "internacional" no son ninguna garantía de conducta revolucionaria en una época de guerra.

Más aun, 1935 no es 1915. Ya hemos pasado las experiencias de Zimmerwald y de la ultima guerra. Los Schwabs, los Kilboms, Doriot y los demás no son ningunos niños. Ni siquiera son jóvenes. Fueron dirigentes de la Internacional Comunista. Si de la experiencia de las dos últimas décadas no sacaron conclusiones revolucionarias sino conclusiones centristas y pacifistas tenemos que buscar otros aliados.

Finalmente, no tenemos que olvidar que ya una vez participamos de la "Zimmerwald" de las épocas de paz; en agosto de 1933 concurrimos a la conferencia de la IAG, que hasta se negó a poner a votación nuestra resolución sobre la Cuarta Internacional. El pretexto fue que "los participantes no la conocían suficientemente". Ya pasó un año y medio. El intento de Sneevliet y Schmidt produjo el mismo resultado. ¿No es hora ya de sacar las conclusiones necesarias?

En todos los países existen ahora verdaderas organizaciones y grupos revolucionarios que se constituyen al calor de la lucha contra el reformismo y el stalinismo. Su número y fuerza aumentan. La maligna persecución y las calumnias de sus enemigos los endurecen. Colosales acontecimientos históricos pusieron a prueba sus reservas ideológicas. Nada de esto existía durante la última guerra. Les bolcheviques no tienen ningún motivo para unirse con los dirigentes centristas ("unidad"... ¡una vez cada año y medio en una conferencia!) Los vacíos desfiles internacionales no nos sirven para nada. Los revolucionarios no coquetean con los centristas en las conferencias; trabajan incansablemente contra ellos, todos los días, en sus propios países, y participan en sus propias conferencias internacionales revolucionarias, donde no se dedican a hacer pompas de jabón sino discuten y deciden sobre los problemas de la lucha de clases.

 

Algunas referencias a la historia de cómo se formó la dirección del SAP

 

Para evaluar correctamente la fisonomía política de un grupo determinado tenemos que conocer su pasado. La dirección del SAP proviene de la Oposición de Derecha del Partido Comunista Alemán (Brandler, Thalheimer, Walcher y otros). En 1923 este grupo dirigía el Partido Comunista y, bajo las condiciones generadas por la gran crisis revolucionaria ligada con la ocupación del distrito del Ruhr, reveló su total incapacidad. La responsabilidad de haber dejado pasar la situación revolucionaria no recae sobre las "masas", como afirmaron los dirigentes oportunistas, sino sobre la fracción Brandler-Walcher, que vaciló, perdió tiempo en los momentos más críticos y descargó sus obligaciones revolucionarias en "el proceso histórico". Como de costumbre, después que la situación revolucionaria se transformó en contrarrevolucionaria la dirección evidenció un falso optimismo ("¡la revolución es inminente!"). Toda su política posterior demostró que no había comprendido nada de su "error" de 1923, que constituyó un colosal aporte al triunfo del fascismo alemán.

La fracción Brandler-Walcher participó en la política de la Internacional Comunista o la apoyó directamente (la estrategia aplicada en la revolución china, los "partidos obreros y campesinos" en Oriente, el Comité Anglo-Ruso, la "Internacional Campesina" -que en la URSS significó volcar todas las cartas a favor del kulak-, la lucha contra el marxismo con el pretexto de la lucha contra "el trotskismo"). No se trató de episodios tácticos menores sino de la estrategia del proletariado en acontecimientos de inmensa importancia histórica.

Con esto no queremos decir que un grupo que lleve sobre sus espaldas tan pesada carga de crímenes oportunistas contra la revolución esté condenado de una vez para siempre; no faltan ejemplos en la historia, de revolucionarios que se transforman en oportunistas y de oportunistas que se vuelven revolucionarios. Pero de todos modos el vuelco a la política revolucionaria de parte de los representantes de la escuela de Brandler-Thalheimer tenía que implicar una profunda crisis interna, una reconsideración de todos sus valores y la ruptura con el pasado. El alejamiento del grupo de Walcher, relacionado con su entrada al SAP[15], del grupo de Brandler, que continuó obediente y consecuentemente albergando esperanzas en la misericordia de la burocracia stalinista, creó las condiciones más favorables para que Walcher y los demás revieran su pasado. La trágica aniquilación del proletariado alemán hizo necesaria e impostergable tal revisión, y de hecho el grupo de Walcher, que conquisto la dirección del SAP giró hacia la izquierda antes de emigrar.

Precisamente en esta época los bolcheviques leninistas intentaron impulsar a la dirección del SAP a revisar las experiencias de 1923 en Alemania, de la revolución china, del Comité Anglo-Ruso, etcétera. los dirigentes del SAP demostraron interesarse muy poco por estos problemas. Nuestra insistencia teórica les parecía una "minuciosidad" sectaria. Acusaban a la Internacional Comunista, por lo menos hasta su último giro ultraoportunista, de un solo pecado: el ultraizquierdismo. La definición centrismo burocrático les era absolutamente incomprensible. Hablando en general, el término centrismo les afecta los nervios. Sin embargo, bajo la impresión reciente de la bancarrota de la Segunda y de la Tercera Internacional en Alemania, el grupo de Walcher llegó a admitir la necesidad de comenzar a construir la Cuarta Internacional.

En agosto de 1933 la dirección del SAP firmó junto con nosotros la conocida Declaración de los Cuatro. Los dirigentes del SAP proclamaron junto con nosotros que "con plena conciencia de la gran responsabilidad histórica que recae sobre ellos, los abajo firmantes [...] se comprometen a dirigir todos sus esfuerzos a la formación, en el lapso más breve posible, de esta [Cuarta] Internacional, sobre la base firme de los principios teóricos y estratégicos de Marx y Lenin".

Esta resolución fue lo más a la izquierda a que pudo llegar la dirección del SAP golpeada por los acontecimientos. Después, el péndulo del centrismo comenzó a retornar a la derecha. Sin sacar abiertamente su firma de la resolución, los dirigentes del SAP comenzaron una lucha disimulada, equívoca y desleal contra la idea de la Cuarta Internacional. ¿Con qué fundamento? Con el fundamento de que "los trotskistas quieren proclamar la nueva internacional inmediatamente". Previendo la posibilidad de tales insinuaciones de parte de los insidiosos centristas, los bolcheviques leninistas presentaron una declaración especial a la conferencia de la IAG de 1933 que decía: "El avance hacia la nueva internacional está determinado por el conjunto del proceso. Sin embargo, esto no significa que propongamos proclamar la nueva internacional inmediatamente [...] La creación de la nueva internacional no depende sólo del desarrollo objetivo de los acontecimientos sino también de nuestros propias esfuerzos."

¿No está suficientemente claro? Era de imaginar que esta precisa declaración escrita no dejaría lugar a estúpidas insinuaciones y calumnias. Y finalmente, si algún otro me propone una vía incorrecta, apresurada y aventurera, ¿cómo puedo cambiar por eso el contenido de mis propios objetivos?

En realidad, la dirección del SAP adopta hacia la declaración en favor de la Cuarta Internacional la actitud general de los centristas -superficial, insignificante y retórica- hacia los principios teóricos. Firmaron la declaración con la siguiente idea rondando en sus cabezas "Firmaremos este desagradable documento para mantener la armonía con nuestra ala izquierda, pero continuaremos haciendo lo que, junto con Seydewitz, hemos hecho hasta ahora, buscar aliados en la derecha." No hace falta señalar que era un plan notable. No resultó porque los leninistas se rehusaron a jugar el papel de guardia de honor revolucionaria de los oportunistas. Por eso se dio la ruptura.

 

La experiencia con el NAP

 

La situación se aclaró plenamente con el problema del NAP. Sin sobrestimar de ningún modo el rol internacional del SAP, nosotros, sin embargo, señalamos insistentemente que su bloque con el NAP, concretado a través de la IAG, ayudaba a la dirección oportunista del NAP a controlar a su propia oposición de izquierda. Esta era precisamente la sola y única razón por la que los dirigentes del NAP mantenían sus "comprometedoras" relaciones con la izquierda. Nosotros previmos que Tranmael rompería sin ceremonias con la IAG tan pronto como hubiera logrado su objetivo: "Der Mohr hat seine Schuldigkeit getan..." (El moro cumplió con su deber...) Les aconsejamos a los dirigentes del SAP tener en cuenta la experiencia del Comité Anglo-Ruso, que entre 1925 y 1927 literalmente descabezó al muy prometedor movimiento de oposición de los sindicatos británicos (el Movimiento de la Minoría). ¡Con qué suficiencia desatendieron nuestros argumentos los dirigentes del SAP! "Las masas... las masas... las masas... el proceso histórico..." No nos asombramos; si los centristas fueran capaces de comprender las relaciones entre las "masas" y la vanguardia, entre la vanguardia y la dirección, entre el "proceso histórico" y la iniciativa de la minoría, no serían centristas.

Los acontecimientos se desarrollaron más clara y convincentemente que lo que habíamos previsto. Los dirigentes del NAP pasaron directa e inmediatamente de la IAG a los sillones del gobierno, y su primer acto fue aprobar la lista civil del rey. ¡"El proceso histórico" puede jugar bromas muy pesadas! Sin embargo, es indiscutible que los dirigentes del SAP rompieron con el grupo que está a favor de la Cuarta Internacional precisamente para poder mantener sin obstáculos su amistad con los dirigentes del NAP y otros por el estilo.

Obsérvese que nosotros, los amargos "sectarios", no le planteamos ningún ultimátum a Schwab y Cía. Les dijimos a nuestros coyunturales semialiados centristas: "¿Ustedes afirman que la experiencia del Comité Anglo-Ruso no les basta? Muy bien, sigan su experiencia con Tranmael; nosotros esperaremos pacientemente los resultados, reservándonos sólo el derecho a criticarlos con toda libertad." Pero esto es justamente lo que los dirigentes del SAP no podían tolerar. La política de la intriga centrista requiere un ambiente diplomático; llevar las ideas hasta sus últimas consecuencias y decir francamente las cosas como son implica hundir en el barro las ilusiones centristas. Es cierto que para "desarmarnos" también "criticaban" a Tranmael, pero lo suficiente como para no descubrir ante sus lectores la podredumbre y falsedad de su alianza con éste; ronroneaban irritados como palomas en celo.

Mucho más importante es el hecho de que para los trabajadores noruegos sólo existía la alianza entre el NAP y una cantidad de partidos "revolucionarios" extranjeros que estaban fuera de la Segunda Internacional; levantando esta alianza como bandera los "dirigentes" cumplieron excelentemente su tarea. Y como a los dirigentes del SAP les resultaba demasiado incómodo admitir ante sus partidarios que rompieron una semialianza con los revolucionarios en función de una alianza con los oportunistas, hicieron circular el estúpido chisme de que "los trotskistas quieren proclamar la Cuarta Internacional el próximo jueves", mientras que el SAP, que es una organización racional y cautelosa, ajena a todo tipo de aventurerismo, quiere... y realmente, ¿qué quiere? Casarse con "el proceso histórico". Los viejos y expertos casamenteros centristas conocen bien la dirección de este famoso y rico candidato.

En este momento los dirigentes del SAP están muy interesados en hacerles olvidar a los trabajadores toda la historia del asunto del NAP. ¿Para qué sacar a luz antiguos problemas? De todos modos Tranmael se aleja de nosotros... por suerte sin escándalos. Tenemos ante nosotros muchos problemas alemanes... Hitler... el peligro de guerra... etcétera. No, no permitiremos que estos charlatanes escondan bajo la mesa el ignominioso colapso de su ignominiosa política hacia el NAP. Los obligaremos a rendir cuentas ante los trabajadores. Llamaremos a los obreros avanzados a que analicen seriamente quién estaba en lo correcto, nosotros o el SAP.

Los bolcheviques leninistas de Alemania están tanto más obligados a emprender una enérgica campaña sobre esta cuestión dado que la nueva y escandalosa experiencia no les enseñó nada a los pedantes estrategas del SAP. Por el contrario; cayeron todavía más a la derecha, en la confusión, en el marasmo. En su fuero íntimo opinan que rechazaron a Tranmael por su desenfrenado izquierdismo (bajo la insidiosa influencia de "los trotskistas"). Ah, pero ahora se conducirán de manera distinta. No dejarán que Kilbom, haga lo que haga, se escape de sus brazos. ¿Qué es lo que impide a esta gente aprender de sus propios errores? Su sicología política centrista osificada, absolutamente conservadora.

 

El rol fatal del SAP en el Buró de la Juventud de Estocolmo

 

En el movimiento juvenil los agrupamientos se dieron -por lo menos hasta el presente- de manera algo distinta que en la IAG, pero la política de los dirigentes del SAP presenta el mismo carácter sin principios y negociador, especialmente pernicioso en el ambiente de la juventud revolucionaria. El Buró de Estocolmo tal como es ahora se formó en base a cantidades ficticias, utilizando al gran fantoche del NAP[16] y a la minúscula camarilla de de Kadt, que "representaba" al OSP (Holanda). El SAP, para apoderarse de la dirección del Buró de Estocolmo, se unió con la sombra del NAP y con el todopoderoso pequeñoburgués filisteo de Kadt (¡contra los bolcheviques todas las alianzas son buenas!). Hay que decir la verdad; los jóvenes leninistas evidenciaron en la conferencia una inadmisible debilidad. No comprendieron suficientemente el rasgo más importante del centrismo: su eterna tendencia a poner obstáculos en el camino de los revolucionarios o atacarlos por la espalda para conservar los favores de los oportunistas.

En la última conferencia de la IAG el representante del Buró de la Juventud de Estocolmo acusó a los camaradas Sneevliet y Schmidt de sectarismo y, para darles una lección de "realismo", este joven maniobrero votó a la vez por dos resoluciones: por la holandesa en favor de la Cuarta Internacional y por la del SAP en contra de la Cuarta Internacional. ¡Tolerar tal burla a los principios es pisotear las exigencias más elementales de la higiene revolucionaria!

El Bulletin en francés editado por el Buró de Estocolmo (N° 1, abril de 1935) es un nuevo escándalo político. El editorial parece haber sido escrito, especialmente, con el objetivo de confundir, desorientar y estupidizar a los lectores. La enumeración de las organizaciones participantes se basa en equívocos; se exagera monstruosamente la importancia del ala oportu­nista, mientras que conscientemente se guarda silencio sobre todas las organizaciones juveniles bolcheviques leninistas, excepto la Liga Juvenil Espartaco de Norteamérica. ¡ A los Señores Centristas siempre les resulta embarazoso aparecer ante la sociedad "respetable" (es decir oportunista) en compañía de los aliados revolucionarios!

El objetivo del Buró de Estocolmo se plantea de manera puramente negativa: "Su objetivo no consiste en preparar una nueva ruptura." A esto, Ziromski replica correctamente: pero el solo hecho de que el Buró exista ya implica una ruptura, porque entonces la juventud se nuclea alrededor de tres y no de dos ejes. Sólo se debe proponer otro "eje" en el caso de que el viejo ya no sirva y el nuevo sea de confianza, sólido y capaz de enfrentar su objetivo histórico. Sin embargo, la desgracia está en que el centrismo no tiene ni puede tener un eje propio.

Sorpresivamente, el editorial plantea: "Junto con la Juventud Socialista de España, el Buró de Estocolmo exige [!] una nueva internacional." Pero no nos apresuremos a regocijarnos. Luego de tirarles un beso a los españoles, nuestro diplomático se acuerda de Doriot, del PUP, de Ziromski y de todos los profetas de la "unidad total" y agrega: "Su objetivo [del Buró de Estocolmo] es superar la división [...] para lograr una única y genuina internacional." Ergo, no una nueva internacional sino la fusión de las dos existentes. Ergo, el SAP se manifiesta en principio a favor de la unidad con los reformistas y los patriotas, totalmente al estilo de su maestro Miles.

Y qué pasa con Lenin, a quien Die Neue Front tan inoportunamente cita, que enseñaba que "la unidad con los oportunistas es la alianza de los trabajadores con ’su’ burguesía nacional y la división de la clase obrera internacional". ¿Qué dirán los dirigentes del SAP al respecto? Naturalmente, las circunstancias pueden obligar a una alianza organizativa coyuntural con los oportunistas, en condiciones concretas específicas.[17] ¡Pero transformarlo en un principio es una traición! Implica antes que nada la renuncia a la unidad internacional del proletariado, ya que en época de guerra los oportunistas destruirán una vez más esa ficción que llaman internacional y que mantienen en tiempos de paz para ablandar a los bobos centristas. La unidad "universal", "total" implica la peor de las divisiones posibles en las más difíciles condiciones.

Unas líneas más abajo leemos: "Esta internacional será resultado del proceso histórico, y sólo podrá conformarse a partir de las acciones de masas". ¡ Muy bien! Pero entonces, ¿por qué se entrometen ustedes en los asuntos de los demás? Ni el "proceso histórico" ni "las masas" les dieron un poder para representarlos en esta empresa, o es así?... El autor de este artículo es un aplicado discípulo de los mencheviques rusos, que en los buenos viejos tiempos fueron los virtuosos del arte de unir las fórmulas "revolucionarias" con una práctica fatalista y pasiva. ¡Pero cuánto más tosco, débil e impotente que las figuras clásicas del centrismo de izquierda, como el difunto Martov, es este discípulo del SAP!

El objetivo actual es preparar los cuadros de la juventud leninista, elevarlos al nivel que exigen las tareas de nuestra época. Los requisitos son claridad teórica, honestidad ideológica e intransigencia frente al oportunismo y la diplomacia. ¡La política del SAP en el Buró de Estocolmo es una burla directa a las necesidades fundamentales de la educación revolucionaria de nuestros sucesores! No se puede tolerar esto.

 

¿La internacional Dos y Media?[18]

 

Los optimistas que depositan esperanzas en la "evolución de la IAG" deben responder el siguiente interrogante: ¿Cómo y por qué esta evolución será hacía la izquierda y no hacia la derecha? Las posiciones de que parten los miembros de la IAG están muy alejadas del marxismo. Kilbom, Doriot, el PUP, Maurín (un nacionalista catalán pequeñoburgués) son enemigos declarados del leninismo. En su trabajo actual estos partidos no se influyen entre sí en lo más mínimo. Una vez cada año y medio sus delegados se reúnen para descubrir "que no tienen tiempo" para discutir cuestiones de principios. Entonces, ¿cómo se concretará la regeneración del movimiento obrero" y antes que nada la regeneración de los miembros de la propia IAG? La única respuesta que queda es: por obra y gracia del "proceso histórico".

Pero el proceso histórico "engendra" de todo, tanto bolchevismo como centrismo, como reformismo, como fascismo. "Las acciones de masas" también son de diferentes clases: están las peregrinaciones a Lourdes, los plebiscitos nazis; las elecciones reformistas, las manifestaciones patrióticas, las huelgas dirigidas por traidores y, finalmente, las batallas revolucionarias condenadas a la derrota por su dirección centrista (Austria, España). Y mientras tanto se nos plantea una cuestión totalmente diferente: ¿qué contenido pretende darles al "proceso histórico" y a las "actividades de las masas" la pequeña organización propagandista llamada SAP? ¡Qué absurdo ocultarse a uno mismo la falta de ideas claras tras una pantalla que parece una pomposa cola de pavo real construida con las futuras actividades de las masas!, El pasado del grupo dirigente del SAP (¡1923!) no es tal que nos permita precisamente dar por garantizado que sea capaz de dirigir a las masas revolucionarias. En todo caso, en la actual etapa preparatoria los dirigentes del SAP deben demostrar su derecho a la dirección con una correcta posición teórica, con la claridad y la coherencia de su línea revolucionaria. ¡Por cierto, no dan ni señales de poseer tales cualidades!

Como carecen de ejes propios pretenden "combinar" ejes ajenos con orientaciones diferentes e incluso opuestas. El NAP es esencialmente un partido de la Segunda Internacional, el ILP se inclina con dudas hacia la Tercera, el partido holandés está firmemente a favor de la Cuarta, Doriot y el PUP apoyan la "unidad total"; mientras tanto, los alquimistas del SAP aseguran a los obreros alemanes que con elementos tan diversos destilarán la medicina necesaria.

Teóricamente hablando, no está excluida, por supuesto, una segunda versión de la Internacional Dos y Media. Pero en vista de lo patética que fue la primera experiencia de ese tipo, y sobre todo considerando la extrema agudización de la lucha de clases, el segundo experimento no podría menos que ser mucho más débil e insignificante que el primero. Este pronóstico ya se ve confirmado por la breve historia de la IAG, cuyas fuerzas centrífugas demostraron ser mucho más poderosas que todas las fórmulas centristas. Recapitulemos una vez más varios hechos recientes.

El NAP es un partido oportunista serio; la burguesía incluso le confía la administración de su estado. Por eso rompió con el SAP. Los bolcheviques leninistas son una organización revolucionaria seria; tienen su propia tradición y sus principios. Por eso el SAP rompió con los bolcheviques. La camarilla de de Kadt (en el OSP), sobre la que se apoyaba Schwab, abandonó las filas revolucionarias ante la primera prueba. Schwab no puede encontrar un idioma común con el grupo dirigente de Schmidt, que realmente está a favor de la Cuarta Internacional. Schwab y sus amigos consideraban al Partido Norteamericano de los Trabajadores (Muste) casi como su organización "propia", pero el AWP se fusionó con nuestra sección. Schwab casi logra meter en la IAG al belga Spaak.[19] Pero Spaak súbitamente se convirtió en ministro de Su Majestad. Y las cosas seguirán igual en el futuro. Los diplomáticos centristas del ILP no salvarán a su partido de la desintegración. La diferenciación interna es inevitable dentro del partido sueco (Kilbom). Para penetrar en el movimiento obrero hoy más que antes hay que contar con principios claros y definidos, con una bandera que se distinga desde lejos.

 

Pilotos incapaces en cielo tormentoso

 

En Francia los dirigentes del SAP apoyan a los centristas del tipo de Ziromski y Doriot contra los bolcheviques leninistas. Mientras lo hacen, susurran en sus oídos sobre nuestro "sectarismo", nuestra intolerancia, nuestra tendencia a buscarle siempre cinco patas al gato, etcétera. ("Por favor, por Dios, no piensen que somos como esos fanáticos, jamás".) Cierran los ojos a un hecho muy simple: los bolcheviques leninistas son el único grupo que hizo un análisis correcto de la situación y de las tendencias de su desarrollo, que extrajo de su análisis todas las conclusiones prácticas necesarias y que realmente lucha sin transigir contra la endémica ligereza de los "dirigentes", contra su irresponsabilidad y su fe en los milagros. La diferencia no estriba en absoluto en que Ziromski y Doriot sean "más amables", "más amplios", "más realistas" que los bolcheviques. No, la diferencia, o mejor dicho la desgracia, consiste en que Ziromski, Doriot y los que son como ellos no comprenden el carácter de la situación, no se atreven a abrir los ojos como lo hacen los marxistas y les falta audacia para extraer las conclusiones revolucionarias pertinentes. En otras palabras, Ziromski y Doriot están atravesando la misma etapa política por la que pasaron Brandler, Walcher y Cía. en 1923. En estas condiciones, la influencia de los dirigentes del SAP es más peligrosa porque en la lucha contra la política revolucionaria explotan hábilmente el vocabulario marxista e incluso utilizan formalmente las fórmulas de los bolcheviques leninistas.

Esta nueva e importante etapa de la lucha de los dirigentes del SAP contra los bolcheviques leninistas ha de seguirse con atención y seriedad hasta su conclusión; esta vez los riesgos son demasiado grandes.

En los países en los que el fascismo está comenzando a tomar la ofensiva, el principal peligro no radica precisamente en la "pasividad" de las masas sino en el hecho de que los reformistas y los centristas de diversos colores continúan frenando la movilización del proletariado. "Objetivamente", para usar las palabras de Die Neue Front, es necesaria la resistencia revolucionaria. "Subjetivamente" es imposible... en la medida en que los centristas, por temor a una ruptura con los reformistas o a una ruptura interna, no se animen a emprender el camino revolucionario y se justifiquen invocando a las "masas". Al actuar así los centristas combaten a los leninistas. Aquí se dan los mismos agrupamientos, las mismas relaciones e incluso los mismos argumentos que respecto al problema de la Cuarta Internacional. No es casual; son las dos caras de una misma moneda. Cuando el asunto en cuestión resulta ser la construcción de la Cuarta Internacional, los centristas del SAP -justamente ellos, no nosotros- piensan abstractamente, se abstraen de la realidad histórica: de alguna manera, alguna vez, el trabajo se hará, el movimiento obrero se "renovará". Les parece que cuentan con un crédito ilimitado de tiempo. Pero cuando está planteada la cuestión del fascismo o la de la guerra, es más dificil engañarse a sí mismo y a los demás, pues la perspectiva no es distante y amorfa sino muy cercana y definida. Ahora el fascismo está tomando la ofensiva, y lo hace a su propio ritmo, independientemente de los cálculos centristas. Es necesario resistir con métodos revolucionarios, ahora, inmediatamente. No hay que adaptarse a la situación subjetiva de los vecinos de la derecha que invocan el argumento de "las masas"; hay que explicarles abiertamente a las masas la seriedad objetiva del peligro. Quien realmente realiza esta labor prepara la Cuarta Internacional; no tiene razones, ni puede tenerlas, para ocultar sus banderas. Son dos aspectos de la misma tarea.

En lo que se refiere a los dirigentes del SAP, cuando tienen alguna influencia, como por ejemplo en Francia, la utilizan siempre en apoyo de los centristas, que están haciendo tiempo y en contra de los bolcheviques, que dicen las cosas como son, es decir, señalan las exigencias de la situación objetiva. El carácter reaccionario de los dirigentes del SAP se revela en este caso con especial claridad porque aquí está implicado el problema del peligro objetivo que se acerca con paso de hierro. Los dirigentes del SAP repiten, bajo nuevas condiciones, los mismos errores que llevaron a la derrota de la desastrosa política que aplicaron en Alemania en 1923: les falta la decisión necesaria para extraer las conclusiones prácticas que la situación exige.

Precisamente, el objetivo del presente artículo consiste, sobre todo, en disipar cualquier ilusión respecto a las posibilidades de los líderes del SAP de dirigir el movimiento revolucionario de masas. No porque sea gente personalmente incapaz. No, en este grupo hay buenos, serios y concienzudos activistas, sinceramente dedicados a los intereses del proletariado. Son capaces de dar buenos consejos en el movimiento sindical o en una campaña electoral en un periodo relativamente pacífico. Pero por hábito mental se quedan en la superficie de los acontecimientos. Buscan la línea de la menor resistencia. Cierran los ojos a los obstáculos reales. Son totalmente incapaces de captar la lógica de la lucha en los períodos de conmociones revolucionarias -o contrarrevolucionarias-. Lo demostraron trágicamente en 1923; desde entonces no aprendieron nada, como lo señala toda su conducta en la emigración. Centristas inveterados, políticos de la intriga y de la solución mágica, se pierden indefectiblemente en las situaciones difíciles y que exigen responsabilidad; desaparecen sus rasgos positivos y pasan a jugar un rol negativo. Nuestra advertencia se reduce a una formulación muy breve: pese a sus indiscutibles méritos, los dirigentes del SAP son políticos absolutamente incapaces cuando hay cielo tormentoso. Y hoy Europa está signada por la tormenta.

 

Los bolcheviques leninistas y la Cuarta Internacional

 

La única organización que avanzó estos últimos años es la nuestra, la de los bolcheviques leninistas. Ambas internacionales sólo saben de derrota, decadencia y estancamiento; en el plano teórico cayeron por debajo de cero. Hace algunos años, junto a ellas estaba una organización de mucha influencia, la Oposición Comunista de Derecha (Brandler-Thalheimer-Walcher). Hoy sólo quedan restos de esa organización; los cuadros del SAP están entre esos restos.

La organización internacional de los bolcheviques leninistas se formó recién en la primavera de 1930, sobre bases todavía débiles e inestables. La breve historia de los bolcheviques leninistas fue a la vez la de una lucha ideológica interna. Afortunadamente, una cantidad de individuos y grupos que buscaban en nosotros un refugio contra las vicisitudes de la vida abandonaron nuestras filas. Ahora mismo la sección belga atraviesa una aguda crisis. Indudablemente, seguirá habiendo crisis en el futuro. Los filisteos y los esnobs, que ignoran cómo se construye una organización revolucionaria, se encogían irónicamente de hombros ante nuestras "rupturas" y "escisiones". Sin embargo, de conjunto nuestra organización creció numéricamente, estableció secciones en la mayoría de los países, se templó ideológicamente y maduró políticamente. Durante esa etapa, el Partido Socialista Revolucionario de Holanda (Sneevliet) se unió a nuestras filas. El OSP holandés, después de sacarse de encima a la camarilla de de Kadt (el firme aliado de Schwab en contra de nosotros), se unió con el RSP en base a un programa marxista. En Norteamérica, el AWP (Muste) se fusionó con nuestra sección norteamericana sobre una firme base principista. Los bolcheviques leninistas franceses, que dieron un paso organizativo muy audaz (entraron al Partido Socialista), ahora están con sus consignas en el centro de la vanguardia proletaria de su país. No podemos dejar de señalar también la nueva campaña salvaje lanzada contra los "trotskistas" de la URSS, donde el trabajo clandestino de los bolcheviques es inmensamente más difícil incluso, que, en Italia o en Alemania. Las decenas o centenas de miles de expulsiones del partido, de arrestos en masa y de expatriaciones son un testimonio de que la burocracia stalinista vive bajo el constante temor de la simpatía hacia nuestras posiciones, que ha sido incapaz de desterrar. Con los primeros éxitos revolucionarios en Occidente recogeremos una rica cosecha en la URSS.

Los bolcheviques leninistas no están ni de lejos satisfechos; nuestras discusiones internas lo evidencian suficientemente. Estamos dispuestos a aprender de todos los que tengan algo que enseñarnos. Nuestras numerosas publicaciones en todo el mundo demuestran que nuestras secciones aprenden rápida y exitosamente. Nuestra organización interna comprobó al máximo su corrección, su capacidad de desarrollo, su disposición a superar sus debilidades y defectos.

Nuestros amigos holandeses (la mayoría del partido) aparentemente consideran necesario permanecer todavía en la LAG. ¡Que hagan esta experiencia! No tenemos dudas sobre las conclusiones que extraerán en el futuro. Pero sería un error postergar, aunque sea por un solo día, el trabajo de construcción de la Cuarta Internacional. Si los marxistas revolucionarios de todos los países, por supuesto junto con nuestros amigos holandeses, constituyen rápidamente un organismo internacional unificado bajo nuestra bandera, acelerarán la inevitable desintegración de la IAG y de las dos viejas internacionales y se convertirán en el centro de atracción de todos los grupos genuinamente revolucionarios del proletariado.

 

"Influencias personales" e... insinuaciones personales

 

Como a menudo sucede, se pretende investir de carácter principista una lucha personal. Pero a veces ocurre lo contrario; cuando no se puede sostener muy bien una lucha principista se la oculta tras motivaciones personales. Schwab tiene docenas de explicaciones de por qué él y sus amigos pueden trabajar con los oportunistas pero no con los bolcheviques: sucede que entre nosotros las "influencias personales" son demasiado fuertes, hay muy poco "contraequilibrio", etcétera. Trataremos de superar nuestra repulsión y detenernos en este argumento.

La excesiva influencia personal de X o de Y, si realmente existe, puede (y debe) superarse con un único método: oponer a las falsas e inadecuadas posiciones dé X o de Y otras más correctas y mejor formuladas. Este camino está abierto para todo el mundo; nosotros no tenemos censura, ni burocracia, ni GPU, ni dinero para corromper a nadie. En consecuencia, el problema de las "influencias personales" sólo se puede resolver sobre la marcha, como resultado de la colaboración política, del choque de opiniones, constatando éstas con la experiencia, etcétera. Quien plantee el problema de las "influencias personales" como una cuestión independiente, que se resuelve con algunas medidas especiales, aparte de la lucha ideológica y del control político, no contará en su arsenal con otras armas que... el chisme y la intriga.

Por lo tanto, no es difícil de comprender que agitar el fantasma de la "influencia personal" es consecuencia de la incapacidad centrista para dar la batalla en el plano de los principios y los métodos. Una particular "influencia personal" nos resulta odiosa y adversa cuando está al servicio de ideas que nos son adversas. Todos los que no compartían los puntos de vista de los maestros revolucionarios del proletariado, tanto de los grandes como de los pequeños, los acusaron de utilizar una excesiva influencia personal. Los centristas, los confundidos que le escapan a la lucha ideológica clara, abierta, audaz y honesta siempre buscan una justificación psicológica indirecta, azarosa y personal al hecho nada casual de que ellos estén aliados con los oportunistas en contra de los revolucionarios.

De hecho ninguna organización que no sea la nuestra discute tan abierta y democráticamente los problemas, teniendo bien claro quiénes son los amigos y quiénes los enemigos. Podemos permitírnoslo porque no reemplazamos el análisis de los hechos y las ideas con la negociación y la diplomacia. Para decirlo de manera más sencilla, nosotros no engañamos a los trabajadores. Pero precisamente nuestro principio de decir las cosas como son les resulta odioso a los dirigentes del SAP, pues la política centrista es inconcebible sin medias palabras, trampas e.. insinuaciones personales.

 

Conclusión

 

Durante largo tiempo tratamos de hacer la experiencia de acercarnos a la dirección del SAP; fuimos leales y pacientes, pero los resultados son nulos. Precisamente debido al carácter metódico de nuestra experiencia pudimos comprender la profundidad del conservadorismo centrista de este grupo. En nuestra crítica no tocamos todos los problemas en discusión. Pero confiamos haber dicho lo suficiente como para refutar por completo las ingenuas o hipócritas afirmaciones de que las diferencias entre nosotros y el SAP involucran sólo problemas parciales tácticos o "personales". No; las diferencias se refieren a fundamentales problemas de teoría, estrategia, táctica y organización. Más aun; últimamente, después de las transitorias oscilaciones hacia la izquierda de Schwab y sus amigos, estas diferencias se incrementaron enormemente y salieron abiertamente a la luz.

 

La dirección del SAP representa el tipo clásico del centrismo conservador

 

1. No es capaz de comprender una situación revolucionaria ni de utilizarla (1923 en Alemania, su actual política en Europa occidental).

2. Respecto a Oriente no logró manejar el abecé de la estrategia revolucionaria leninista (acontecimientos de China de 1925 a 1927).

3. En vez de luchar por conquistar a las masas corre detrás de los dirigentes oportunistas, apoyando a éstos contra el sector revolucionario de las masas (Comité Anglo-Ruso, el NAP).

4. Sustituye la dialéctica revolucionaria por un mecanismo y un fatalismo inertes (fe en "el proceso histórico").

5. Ostenta el desprecio propio de los empiristas inveterados por la teoría y los principios, poniendo en primer plano la diplomacia y la negociación.

6. No tomó su concepción del partido y de la dirección revolucionaria de los bolcheviques sino de los socialdemócratas "de izquierda", los mencheviques.

7. Presenta académicas resoluciones "de izquierda" para tener las manos libres y librar las de los demás a fin de caer en el oportunismo. La contradicción entre el pensamiento y las palabras, entre las palabras y los hechos, ese cáncer fundamental del oportunismo, corroe toda la política del SAP.

8. Pese al gran florecimiento de corrientes centristas en la actual época de crisis, la dirección del SAP ignora el concepto mismo de centrismo, eludiendo de este modo la crítica a sus aliados y, en primer lugar, a sí mismo.

9. Coquetea con la derecha y combate deslealmente a la izquierda, frenando así el proceso de emancipación de la vanguardia proletaria de la influencia del reformismo y del stalinismo.

10. En los países en los que el fascismo avanza con botas de siete leguas la dirección del SAP ayuda a los centristas a adormecer al proletariado combatiendo a la única organización coherentemente revolucionaria.

11. En lo que hace al candente problema de la guerra, reemplazó totalmente el leninismo por el pacifismo ("desarme", "ofensiva por la paz", "control democrático", etcétera).

12. Firmó la resolución programática en favor de la Cuarta Internacional con el objetivo de luchar contra ella en la práctica.

13. Está orientando a la IAG, a la que dirige, hacia la Internacional Dos y Media.

Es evidente que la tarea de nuclear a las fuerzas revolucionarias alrededor del estandarte de la Cuarta Internacional se debe realizar aparte del SAP y contra el SAP.[20]



[1] ¿Alquimia centrista o marxismo? The New International, julio de 1935. Sin firma. La  larga y venenosa respuesta del SAP fue publicada con el título Una discusión necesaria en el número de noviembre de 1935 de The New International Bulletin, publicado por la Liga por un Partido Obrero Revolucionario, encabezada por B. J. Field.

[2] Entre la conferencia de la IAG de febrero de 1935 y la fecha en fue escrito este artículo, el NAP había pasado a ser el partido gobernante en Noruega.

[3] Ver esta resolución, escrita por Trotsky, en Escritos 1933-1934.

[4] Como de costumbre, no se nos dice qué partidos [Nota de León Trotsky]*

* Los tres partidos representados en el "Comité Inicial" eran el SAP, el grupo de Doriot en Francia y el grupo español dirigido por Joaquín Maurín.

[5] Karl Kautsky (1854-1938): fue, después de Engels, la figura más respetada de la Segunda Internacional hasta que abandonó el internacionalismo durante la Primera Guerra Mundial y se opuso a la Revolución Rusa, es decir, hasta que se convirtió en "el Kautsky de la decadencia".

[6] Ver de Lenin La consigna de "desarme", octubre de 1916, en Obras escogidas.

[7] Tesis 36, La guerra y la Cuarta Internacional (ver Escritos 1933-1934)

[8] Cuando los bolcheviques leninistas formularon su posición sobre la cuestión de la guerra en su proyecto de tesis (La guerra y la Cuarta Internacional), les entregaron con tiempo a los dirigentes del SAP el manuscrito del proyecto y los invitaron a participar en su discusión. Prometieron hacerlo, pero luego no recibimos respuesta alguna. Evidentemente, los dirigentes del SAP "no tuvieron tiempo suficiente". Nunca tienen tiempo para los problemas de la revolución, y además, ¿qué podía decir Tranmael? ¿Qué podía decir Kilbom?... Este ejemplo le demuestra al lector que hemos hecho una seria experiencia con el SAP. [Nota de León Trotsky].

[9] Arthur Henderson (1863-1935): ex secretario del Partido Laborista inglés y presidente de la Segunda Internacional, fue un destacado social-patriota durante la Primera Guerra Mundial y miembro del gabinete británico en diversas ocasiones.

[10] Weimar era la pequeña ciudad donde se organizó en 1919 el gobierno de la República alemana. La República de Weimar duró hasta que Hitler asumió plenos poderes en 1933.

[11] La Unión del Control Democrático era una organización pacifista, apoyada por intelectuales liberales, radicales y socialistas que creció rápidamente durante la guerra. Eugene Dene Morel (1873-1924): escritor y periodista, fue miembro del ILP y representante laborista en la Cámara de los Comunes en el momento de su muerte. Es conocido por su trabajo en Africa, especialmente por haber formado en 1904 la Asociación por la Reforma del Congo, que denunció los horrores de las plantaciones de caucho en el Congo y obligó a terminar con ellas.

[12] Henri Barbusse (1873-1935): novelista pacifista que se unió al Partido Comunista Francés, escribió biografías de Stalin y Cristo y apoyó amorfos congresos contra la guerra y contra el fascismo utilizados por los stalinistas como sustitutos de la verdadera lucha de clases. Willi Muenzenberg (1889-1940): organizador de la Juventud Comunista Internacional, dirigió muchas campañas propagandísticas para el PC y el Kremlin. Rompió con el stalinismo en 1937 y encontró la muerte en Francia, durante la invasión alemana.

[13] En Zimmerwald, Suiza, se reunió en septiembre de 1915 una conferencia de todas las corrientes internacionalistas y contrarias a la guerra que habían sobrevivido a la debacle de la Segunda Internacional. Aunque la mayoría de los participantes eran centristas, fue un paso adelante en la dirección de formar una nueva internacional. En Kienthal, Suiza, se reunió en abril de 1916 una segunda conferencia internacional que intentó continuar y superar las posiciones tomadas en Zimmerwald.

[14] Rosa Luxemburgo (1871-1919): fue una destacada dirigente del movimiento marxista e irreductible adversaria del revisionismo y el oportunismo anteriores a la Primera Guerra Mundial. Prisionera en 1915, estuvo entre los fundadores de la Liga Espartaco y del Partido Comunista Alemán. Ella y Karl Liebknecht fueron asesinados en enero de 1919 por orden de Gustav Noske, socialdemócrata, ministro de guerra del gobierno Ebert-Scheidemann. Karl Liebknecht (1871-1919): primero acató la disciplina socialdemócrata y votó en el Reichstag a favor de los créditos de guerra el 4 de agosto de 1914. Después rompió la disciplina, se manifestó públicamente contra la guerra y organizó la oposición contra ella.

[15] Casualmente uno de los dirigentes del grupo me escribió preguntando qué opinaba yo sobre la entrada al SAP. Mi respuesta fue que en principio no se podía decir nada en contra, que todo el problema estaba en bajo qué banderas y con qué objetivo se entraba. [Nota de León Trotsky]

[16] Aquí Trotsky comete un error. El Buró de la Juventud de Estocolmo no se formó con el NAP sino con el grupo Mot Dag de Noruega.

[17] Recordemos que después de la guerra los franceses que adherían a la Tercera Internacional participaron durante un período considerable, junto con la SFIO, en la Internacional de Berna (Dos y Media). Sobre esta cuestión tuvo lugar una instructiva polémica entre Lenin y Martov. He aquí lo que decía Lenin: "En algún lado Martov escribió ’vosotros, bolcheviques, vituperáis a la Internacional de Berna, pero "vuestro" propio amigo Loriot pertenece a ella’. Esta es la argumentación de un tramposo. Porque, como todo el mundo lo sabe, Loriot está peleando abierta, honesta y heroicamente por lo Tercera Internacional." Creemos que la argumentación de Lenin no necesita comentarios. [Nota de León Trotsky]

[18] La Internacional Dos y Media (O Asociación Internacional de partidos socialistas) se formó en febrero de 1921; la constituyeron los partidos y grupos centristas que habían roto con la Segunda Internacional bajo la presión de las masas revolucionarias. Aunque criticaban a la Segunda Internacional, la posición de sus dirigentes no era básicamente diferente de la de aquélla, y su función principal consistía en contrabalancear la creciente influencia comunista entre los trabajadores. En mayo de 1923 la Internacional Dos y Media se volvió a unir con la Segunda Internacional.

[19] Paul Henri Spaak (1899-1972): durante un breve lapso estuvo en la izquierda del Partido Obrero Belga y dirigió Action Socialiste en 1934. Cuando Trotsky llegó a Francia en 1933 Spaak lo visitó para pedirle consejo. Pero se decidió a seguir otra clase de consejos, ya que en 1935 pasó a formar parte del gabinete belga como ministro y en la década del 50 fue secretario general de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

[20] Otro artículo inmediatamente posterior a éste figura en la sección Anexos del volumen 2 del presente tomo.



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