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Resumen de la discusión[1]

 

 

6 de agosto de 1934

 

 

 

Nuestro grupo me designó para formular ciertas conclusiones generales a las que arribamos en base a la información contenida en el boletín interno de la Liga y en otros documentos.

1. ¿Se trata de divergencias de principio o son de carácter puramente práctico? De esta manera general, la cuestión está incorrectamente planteada. Las diver­gencias surgieron alrededor de un importante problema táctico, pero sus raíces son diferentes en los diversos camaradas, se originan en premisas ideológicas distin­tas. Así, por ejemplo, las diferencias con el camarada Georges (en la medida en que existen) son netamente prácticas y serán verificadas en el proceso de aplicación de la política común. Las diferencias con el camarada P.N[2] son de principio.

2. Indudablemente el documento del camarada Georges es el mejor. Su carta contiene en sus nueve décimas partes hechos que esclarecen la situación real y no fórmulas generales válidas tanto para París como para Honolulu. Sin embargo, percibimos en su carta un grave error en la evaluación de la dinámica y el ritmo de desarrollo del proceso. En base a un análisis muy inte­resante del Consejo Nacional de la SFIO, G. señala que la mayoría del Partido Socialista todavía es reformista, que sólo en París y en la Juventud Socialista hay una tendencia de izquierda significativa y, por lo tanto, sería "prematuro" entrar a la SFIO. Queremos respon­der brevemente:

a) París y la Juventud Socialista atraviesan hoy la etapa por la que pasarán mañana las provincias. No tenemos por qué guiamos por la situación en las provincias.

b) París y la Juventud Socialista Son sectores decisivos para la Liga.

c) En las provincias (igual que en París) el aparato partidario es viejo, es decir reformista. Sin embargo, se vio obligado a romper con Renaudel[3] y aceptar el frente único con Moscú. Precisamente el carácter opor­tunista del aparato de la SFIO constituye el mejor índice de la fuerza de la presión de abajo, de la dinámica del desarrolló. El camarada G. tiene razón cuando dice que entrar al partido seis días antes del momento adecuado echaría a perder la situación. Solo tenemos que agregar que entrar seis días después implicaría perder total­mente la oportunidad.

3. ¿Cómo determinar el momento adecuado y la manera más razonable de entrar? Explorando políticamente a los socialistas, ligándonos activamente a ellos, discutiendo con ellos problemas políticos, etcétera’.

Hace un año que dimos el viraje hacia un nuevo partido. Una de las tareas principales asignadas a la Liga fue el trabajo dentro de la SFIO. ¿Qué se hizo en París durante todo el año? Nada. Los camaradas res­ponsables de esta tarea no establecieron ninguna rela­ción, no hicieron ningún preparativo. Por el contrario, se opusieron a la creación de una fracción en la SFIO. Este hecho es de fundamental importancia para com­prender las actuales dificultades, incluso las que se presentan en la discusión. Los mismos camaradas que el año pasado se oponían al trabajo dentro de la SFIO ahora se oponen a que entremos a ese organismo. En ambas oportunidades repitieron las mismas generali­dades sobre la "independencia". Parece que para ellos lo fundamental fuera permanecer independiente de la clase obrera, de las masas, de los cambios en la situa­ción, de la realidad toda. Estos camaradas sustituyen por el monólogo el trabajo real entre las masas. Su política sigue la línea de la menor resistencia; es la política de la autocomplacencia disfrazada tras fórmulas de imaginaría intransigencia.

Tenemos que exigir a estos camaradas un balance de los resultados de la tarea que se les encomendó realizar en la SFIO. ¡La Liga y esos mismos camaradas necesitan de ese informe, no de consignas generales!. Ese balance demostrará que estos camaradas temen a las masas, temen las dificultades derivadas del trabajo en las masas, quieren preservar su "pureza" con una especie de autoaislamiento. Por eso permanecen inmu­tables ante todos los cambios en la situación política. La sicología de espera pasiva predominante antes de la propuesta de entrar a la SFIO fue un poderoso freno para el desarrollo de la Liga, especialmente el año pasa­do. Esta sicología está ahora en flagrante contradicción con la situación de conjunto del país y la de la clase obrera.

4. Las únicas diferencias serias, importantes y fructíferas son las que surgen de la presión de los acon­tecimientos y cambios fundamentales sobre el estado de ánimo de las masas. Las mismas características de propagandismo abstracto, hasta cierto punto inevita­bles en el período inicial de desarrollo de la Liga (antes de la catástrofe alemana), y que progresivamente im­pregnaron todo nuestro trabajo durante los últimos años, tomaron, ahora, definitivamente, un carácter reaccionario y en el actual torbellino de los aconteci­mientos amenazan con llevar la Liga a la ruina total. Justamente ahora tenemos que librar una lucha impla­cable contra el propagandismo abstracto, pasivo, contra la política de espera. En este aspecto las diferencias son por cierto de principios, aunque los exponentes de la tendencia conservadora no extrajeron todavía las conclusiones ideológicas que se derivan necesaria­mente de su posición.

5. Los camaradas P.N., Bauer[4] y otros que piensan como ellos utilizan el pretexto de la "intransigencia ideológica". Pero en realidad las cosas son bastante diferentes en la política actual. Consideremos el punto de vista asumido por La Verité después del 6 de febre­ro. Durante toda esa época se adaptó políticamente a la SFIO. En su carta P.N. dice: "Varios documentos enviados al Comité Central indican que durante los últi­mos seis, meses hemos estado siguiendo una línea semisocialista [...] Pero he aquí la conclusión: ya que se ’adaptaron’ tan bien a la SFIO, ¿por qué no entrar a ese grupo?"

¡Logica notable!

Esta declaración es la lápida de la carta de P.N. Arroja una luz brillante sobre el progreso real de la pre­paración de las divergencias y, al mismo tiempo, revela el pensamiento antidialéctico, abstracto, periodístico del camarada P.N. Sí, en un montón de cartas y conver­saciones acusamos al camarada P.N. y a otros de oscurecer (amortiguar, desdibujar) las diferencias con la SFIO, de no plantear abiertamente los problemas fundamentales de la lucha revolucionaria, de arriesgar transformarla Liga en un ala izquierda de la SFIO. Hoy seguimos manteniendo esta crítica sin modificarla Los que insisten en la independencia formal siempre tienden a capitular ante la realidad cuando ésta les pisa los talones. La adaptación de la Liga a la SFIO se expre­só simbólicamente, en acontecimientos muy recientes: en respuesta a la propuesta de entrar a la SFIO, ¡¡el Buró Político decidió intentar conseguir un puesto en el Consejo Nacional de la SFIO para un representante de la Liga!! Nuevamente demostraron su inclinación a las negociaciones puramente diplomáticas con los jefes de la SFIO, sin ningún intento serio de penetrar en la base de masas de la organización. (No nos referimos a la Juventud Socialista; allí se trabajó realmente.) Tene­mos que considerar cuidadosamente en qué consistió la intransigencia del camarada P.N. y los demás durante los últimos seis meses:

a) Se debilitó la critica a la SFIO hacia el exterior.

b) Maniobras diplomáticas con los burócratas de la SFIO.

c) Negativa a crear una fracción dentro de la SFIO (¿porque no querían deteriorar sus relaciones con los burócratas?)

He ahí el verdadero panorama de las relaciones de los "intransigentes" con la SFIO durante los últimos seis meses, tan plagados de acontecimientos. Ninguna consigna general, ningún gesto declamatorio pueden cambiar el significado político de este panorama, que demuestra la vacuidad de una intransigencia puramen­te fraccional o, lo que es peor aun, literaria. El camarada P N. y los demás no avanzarán un solo paso hasta que no logren comprender qué significó su propia histo­ria de estos últimos seis meses.

6. Cuando analizamos la putrefacta política del Comité Anglo-Ruso,[5] los stalinistas dijeron: "¡Uste­des se oponen al trabajo en los sindicatos!" Replica­mos: "Nos oponemos a las maniobras aventureras con las direcciones, pero estamos a favor de trabajar con la base." Realmente, eso es lo que nos interesa, en los sindicatos. Pero podemos dar ejemplos similares res­pecto a los partidos. Denunciamos a Walcher por su complicidad política en el caso Tranmael.[6] Al mismo tiempo dijimos: "Si cualquier grupo revolucionario puede entrar al NAP[7] para hacer un trabajo revolu­cionario entre las masas’ es su obligación hacerlo y contaran con nuestro apoyo.

Criticamos la adaptación pasiva a la política oficial de la SFIO y, al mismo tiempo, apoyamos la participación activa en la vida interna de esa organización, la construcción de una fracción interna. En principio eso no difiere en nada de la entrada a la SFIO. El camarada P.N. ve aquí una contradicción. ¿No es absurdo? Bajo la influencia de esa falsa posición distorsiona totalmente las perspectivas y el pasado, como siempre sucede en tales casos.

7. Por supuesto, sería incorrecto atribuir la línea diplomática "blanda" de La Verité, durante los últi­mos seis meses del año, a un error de unos cuantos camaradas. La realidad del asunto es que la Liga, súbitamente, cayó bajo la presión de los aconteci­mientos. Las mismas causas que obligaron a la buro­cracia de la SFIO y a los stalinistas a aceptar la consigna del frente único provocaron, consciente o inconscientemente, en la dirección de la Liga el temor de quedar al margen de los acontecimientos. Como se dio la opor­tunidad de vender las publicaciones a través de la SFIO, surgió la esperanza de poder manejarla, de adap­tarse a esa organización. Lo que determinó más clara y seriamente la ubicación de la Liga en el movimiento obrero fue esta política de La Verité, no toda la charla sobre una imaginaria intransigencia. La desgracia es que la dirección se dejó llevar, inconscientemente, por los acontecimientos y se adaptó a tientas a la nueva situación. Esta experiencia demostró clara y forzosamente el carácter ficticio de la independencia organi­zativa y la intransigencia verbal frente a los grandes hechos históricos, cuando las masas comienzan a moverse.

8. Cuando criticamos al camarada P.N. y a otros su adecuación a la SFIO no consideramos en lo más mis­mo que estábamos frente a contradicciones irreconci­liables que amenazaban con provocar una ruptura. Tampoco lo pensamos ahora. Pero la situación se hace mucho más peligrosa en tanto el camarada P.N., con­vencido del fracaso total de la adaptación pasiva desde afuera, pretende a toda costa evitar el trabajo revolu­cionario desde adentro. El desarrollo actual de los acon­tecimientos no permite, a nadie, ninguna demora, y menos al camarada P .N Tenemos que criticar valiente y resueltamente nuestra orientación anterior y comen­zar a avanzar por la nueva senda.

9. Es cierto que ahora el camarada P.N. y los otros, generosamente, ofrecen crear una fracción dentro de la SFIO, pero manteniendo su "independencia". Eso significa dejar todo como estaba. Significa seguir na­dando en la arena en vez de tirarse al agua. Hay una sola manera de salvar a los "intransigentes" para el movimiento revolucionario: obligarlos a meterse en el agua hasta el cuello.

10. ¿No hay peligro de que los camaradas, que des­de afuera se adaptaban tanto a la política de la SFIO, pierdan completamente su identidad política si entran a esa organización? No se puede plantear el problema así en general. Inevitablemente se producirá una diferen­ciación; puede ser que algunos camaradas abandonen nuestras ideas. La experiencia de todos los países demuestra que los más proclives a perder su identidad en un ambiente oportunista son los que hasta el día anterior eran ultimatistas. Pero seria absolutamente incorrecto extender este temor al conjunto de la Liga o incluso a todos nuestros actuales adversarios de la Liga.

En nuestra opinión, la misma posibilidad de plantear la cuestión de la entrada a la SFIO surge del hecho de que dentro de la Liga contamos con cuadros senos. Si demoramos demasiado en ponerle la levadura a la masa, ésta se pondrá agria y habrá que tirarla. Ese es el peligro que amenaza a la Liga. Miremos si no a los bordiguistas[8] con su famoso Bilan (Balance), al que en realidad tendríamos que llamar "Balance: cero".

11. Hay camaradas que se inclinan a ubicar el cen­tro de gravedad del asunto en el problema de la "decla­ración".[9]

Unos están elucubrando una declaración que haría imposible la entrada a la SFIO. Otros tienden a ver en la declaración un talismán que los defenderá de todos los peligros. En realidad, el rol de la declaración es muy modesto. Tiene que demostrar:

a) Que no vamos a abandonar nuestras ideas.

b) Que estamos dispuestos a aprender de la activi­dad conjunta.

c) Que lucharemos por nuestras ideas basándonos en la democracia interna del partido.

d) Que acataremos la disciplina.

Hay que redactar la declaración de manera tal de ganarnos la confianza de los obreros socialistas y hacer­les muy difícil a la reaccionaria burocracia de la SFIO decidir en contra de la admisión de la Liga.

12. La única manera de evitar que los bolcheviques leninistas se diluyan una vez que estén dentro de la SFIO es, además de mantener la ideología, conservar una gran cohesión, crear un organismo fraccional, adaptarse a las nuevas condiciones de trabajo y mante­nerse bajo el control internacional. Tenemos que dirigir todos nuestros esfuerzos hacia ese fin.

13. Hay que interpretar el control internacional en su sentido más amplio, sin limitarse al Secretariado Internacional. No hay que debilitar el intercambio de publicaciones e información y la discusión internacional sino por el contrario desarrollarlos y reforzarlos. Es cierto que el camarada P . N. presenta las cosas como si la organización internacional le hubiera impedido (¡) a la Liga trabajar, particularmente durante la elabo­ración del programa de acción. El camarada P.N. no da la menor prueba de su afirmación, ni puede hacerlo. Le proponemos que publique (sólo en el Boletín Inter­nacional, sí fuera necesario) toda la correspondencia dedicada a la elaboración del programa de acción así como a la línea general de la Liga durante los últi­mos seis meses. Un trabajo de este tipo, hecho de buena fe, demostraría la enorme importancia de nues­tra organización internacional como tal y de paso refu­taría las incorrectas y prejuiciosas afirmaciones del camarada P.N.

14. La carencia de una verdadera posición ideoló­gica por parte de los camaradas Bauer y P.N. se eviden­cia más claramente en el problema del ILP.[10] Bauer estuvo, desde un comienzo, a favor de la entrada de la sección inglesa en el ILP. P.N. estaba en contra, pero después de su viaje a Inglaterra, al haber visto con sus propios ojos la situación tal como era, reconoció que su posición original era incorrecta. Plantear que el ILP se diferencia ideológicamente de la SFIO, especialmente de la organización parisina de ésta y de la Juventud Socialista, es simplemente ridículo. Ni P.N. ni Bauer intentaron explicar por qué adoptaron una posición distinta respecto a Inglaterra que a Francia.

Sin embargo, la experiencia de la sección británica es muy instructiva a pequeña escala. La "mayoría" que conserva su "autonomía organizativa" en realidad vive en un estado de permanentes luchas internas y divisiones. Algunos dirigentes abandonaron definiti­vamente la organización. Por otra parte, la "minoría" que entró al ILP ha mantenido su solidaridad interna y su conexión con los bolcheviques leninistas a nivel internacional, ha utilizado abundantemente las publica­ciones norteamericanas de la Liga y logró una serie de éxitos dentro del ILP. Tenemos que aprender de ese ejemplo.

15. Algunos camaradas amenazan con la ruptura en el caso de que se adopte la nueva línea. Eso demuestra su falta de seriedad respecto a las cosas que nos unen, a nuestras ideas y tácticas comunes, elaboradas en el transcurso de once años de gran trabajo colectivo a es­cala internacional. Por supuesto, tenemos que hacer todo lo posible por evitar una ruptura, incluso el retiro de un solo grupo. Todo camarada es valioso para noso­tros, porque puede y debe llegar a ser un oficial del ejército proletario. Pero sería ridículo e indigno de nosotros que nos asustaran las amenazas de ruptura. Ya hemos visto rupturas de esta clase y sabemos cómo terminan. Por queridos que nos sean nuestros camara­das, el desarrollo de la organización lo es mucho más. ¡No cabe ninguna duda!.[11]



[1] Resumen de un discusión, Internal Bulletin, Liga Comunista Norteame­ricana, Nº 17, octubre da 1934. Firmado "Vidal" Como los dos artículos anteriores de "Vidal", éste este destinado solamente a los miembros de la liga y de la ICL, y su objetivo es influir en la elección de delegados a la Tercera conferencia Nacional de la Liga que se iba a reunir a fines de agosto a fin de decidir el problema del "entrismo".

[2] Pierre Naville (n. 1904): uno de los fundadores de la liga francesa y miem­bro del Secretariado Internacional de la ICL. se oponía a la proposición de "entrismo" aunque luego él y su grupo ingresaran a la SFIO después de que lo hizo la mayoría da la Liga. Abandonó e] movimiento de la Cuarta Internacional durante la Segunda Guerra Mundial. Es autor de muchos li­bros científicos y de un libro de memorias, Trotsky Vivant, publicado en 1958.

[3] Pierre Renaudel (1871-1935): dirigente del ala derecha de la SFIO y del grupo Neo que fue expulsado a fines de 1933.

[4] Eugene Bauer: miembro del Secretariado Internacional, firmó como representante de la ICL la Declaración de los Cuatro de 1933. Se oponía totalmente a la proposición de "entrismo" y rompió con la ICL en octubre de 1934, pasándose al SAP.

[5] El Comité de Unidad Sindical Anglo-Ruso se formó en mayo de 1925 con representantes sindicales soviéticos y británicos, los ingleses lo utilizaron como argumento barato para demostrar su "progresismo" y evitar las críti­cas de la izquierda, argumento especialmente útil en esa época, no mucho antes de la huelga general de 1926. El comité se deshizo cuando los ingleses, que ya no lo necesitaban, lo abandonaron en 1927.

[6] Martin Tranmael (1879-1967): dirigente del Partido Laborista Noruego (NAP).

[7] EI NAP (Partido Laborista Noruego) era el principal partido obrero del país; en 1933 contaba con doscientos mil miembros en sindicatos afiliados. En 1919 rompió con la Segunda Internacional afiliándose a la Comintern, y en 1923 la abandonó. Se unió a los socialdemócratas noruegos, pero no volvió a la Segunda Internacional. En 1932 fue uno de los patrocinadores de la funda­ción de la IAG, y en la conferencia de ésta de agosto de 1933, en París, sus representantes se opusieron a la creación de una nueva internacional. En 1934 volvió a colaborar con los partidos socialdemócratas escandinavos, que preparaban el retorno del NAP a la Segunda Internacional. En 1935 pasó a gobernar en Noruega y le concedió asilo a Trotsky. Un año después, ante la presión soviética que Siguió al primer juicio de Moscú, internó y silenció a Trotsky durante cuatro meses, enviándolo después a México (ver Escritos 1935-1936).

[8] Amadeo Bordiga (1889-19701): fundador del Partido Comunista Italiano, fue expulsado de la Comintern en 1929 acusado de "trotskismo", La Oposición de Izquierda trató de trabajar con los bordiguistas pero fracasó a causa del inveterado sectarismo de éstos. Bilan era el periódico en francés de los bordiguistas.

[9] Se refiere al carácter de la declaración pública que tendrían que hacer los miembros de la Liga si se decidían a favor del "entrismo".

[10] ¿Cómo lo hace notar Trotsky, el giro que le propone a la sección francesa es idéntico al que le propuso en 1933 a la sección británica, cuando la urgió a que entrara al Partido Laborista Independiente. si sus críticos hubieran estado más alertas, habrían comenzado a combatir esta táctica un ano antes en ese caso se los hubiera conocido como "el giro inglés".

[11] El "giro francés" aunque aprobado por la mayoría de Liga y de la ICL, provocó rupturas no sólo en Francia siso también en otros países, donde se propuso posteriormente, como por ejemplo Bélgica, España y Estados Unidos.



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