Obra de LT Menu Biblioteca Menu Publicaciones Menu Estudios Menu Novedades

La burocracia stalinista y el asesinato de Kirov[1]

Respuesta a los amigos de Norteamérica

 

 

28 de diciembre de 1934

 

 

 

1. Una grandiosa “amalgama”[2]

 

El asesinato de Kirov fue un misterio total durante varias semanas. Al principio los despachos oficiales se referían solamente a la ejecución -como medida re­presiva inmediata- de una veintena de terroristas emigrados blancos[3] llegados vía Polonia, Rumania y otros estados fronterizos. Naturalmente se derivaba la conclusión de que el asesinato de Kirov era obra de la misma organización terrorista contrarrevolucionaria.

El 17 de diciembre se publicó un cable planteando por primera vez que Nikolaev había formado parte del grupo de oposición de Leningrado dirigido por Zinoviev en 1926. El cable en sí mismo revelaba muy poco. En 1926 toda la organización partidaria de Leningrado, con muy pocas excepciones, pertenecía a la oposición de Zinoviev y en el Decimocuarto Congreso del partido la representó una delegación formada enteramente, o casi enteramente, por antiguos zinovievistas hoy encarcelados. Posteriormente todos ellos capitularon con su dirigente a la cabeza; más adelante repitieron su capitulación de manera más decisiva y humillante. Todos se reubicaron en el aparato soviético. La infor­mación de que Nikolaev - cuyo nombre no le dice nada a nadie - participó alguna vez en ese aparato es mucho más significativa que el hecho de que en 1926 haya pertenecido a la organización partidaria de Leningrado.

Sin embargo, es evidente que esa información referente al “grupo Zinoviev” no se lanzó accidentalmente; no puede significar otra cosa que la preparación de una “amalgama” jurídica, es decir un intento conscientemente falso de implicar en el asesinato de Kirov a individuos y grupos que no tienen ni pueden tener nada en común con el acto terrorista. Este método no es nuevo. Recordemos que ya en 1927 la GPU[4] envió a uno de sus agentes oficiales que anteriormente había combatido en el ejército de Wrangel[5] a que se hiciera amigo de un joven, desconocido para todo el mundo, que distribuía los documentos de la Oposición. Y luego la GPU acusó a toda la Oposición de mantener relaciones... no con uno de sus agentes sino con un “oficial de Wrangel”. Los periodistas mercenarios inmediatamente transmitieron esta amalgama a la prensa occidental. En este momento se está utilizando el mismo procedimiento, sólo que a escala mucho mayor.

El 27 de diciembre la TASS [agencia noticiosa de la Unión Soviética] abrió aun más el interrogante sobre la amalgama al transmitir hechos de carácter particu­larmente sensacionalista. Además de los desconocidos a los que se hizo comparecer ante la justicia en Leningrado a causa del acto del terrorista Nikolaev, en Móscú se arrestó, en relación con el mismo asunto, a quince miembros del viejo grupo "antisoviético" de Zinoviev. Es cierto que TASS afirma que respecto a siete de los arrestados no hay "hechos suficientes como para entregarlos a la justicia", por lo que se los pasó al comisariado de asuntos internos para su represión administrativa. Veamos quiénes son los quince miem­bros del partido, que, según TASS, fueron arrestados en Moscú en relación con el asunto Nikolaev:

1. Zinoviev: colaborador de Lenin en el exilio durante muchos años, ex miembro del Comité Central y del Buró Político, ex presidente de la Internacional Comunista y del Soviet de Leningrado.

2. Kamenev: colaborador de Lenín en el exilio durante muchos años, ex miembro del Comité Central y del Buró Político, vice presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, presidente del Consejo de

Trabajo y Defensa y del Soviet de Moscú. Estos dos hombres formaron junto con Stalin la troika [triun­virato] que gobernó entre 1923 y 1925.

3. Zalutski: uno de los más antiguos obreros bolche­viques; ex miembro del Comité Central, ex secretario del Comité de Leningrado, presidente de la primera comisión central que se formó para purgar al partido.

4. Ievdokimov: uno de los más antiguos obreros bolcheviques; miembro del Comité Central y del Buró de Organización; uno de los dirigentes del Soviet de Leningrado.

5. Feodorov: uno de los más antiguos obreros bolcheviques; ex miembro del Comité Central; presi­dente de la sección obrera del Soviet durante la Revo­lución de Octubre.

6. Safarov: uno de los mas antiguos miembros del partido, llegó con Lenín en el tren "blindado";[6] ex miembro del Comité Central, jefe de redacción de Pravda de Leningrado.

7. Kuklin: de los más antiguos obreros bolchevi­ques; ex miembro del Comité Central y del Comité de Leningrado.

8. Bakaev: uno de los más antiguos obreros bolche­viques; ex miembro de la Comisión de Control Central; de destacada participación en la Guerra Civil.

9-15: Sharov, Faivilovich, Vardin, Gorchenin, Boulak, Guertik y Kostina: todos ellos antiguos miem­bros del partido, militantes durante la ilegalidad, protagonistas de la Guerra Civil, ocuparon los cargos de más responsabilidad en el partido y en los soviets. A estos quince individuos se los implica, ni más ni menos, en el asesinato de Kirov. Según las explica­ciones dadas por Pravda, su objetivo era tomar el poder; empezando por Leningrado, "con la secreta intención de restablecer el régimen capitalista" Despachos posteriores aparecidos en la prensa sovié­tica agregan a los quince "zinovievistas" arrestados varías personas más de similar importancia en el partido.

Así se liquidó la primera versión, que presentaba al público lector a un Nikolaev ligado con la organiza­ción de los guardias blancos emigrados que envían terroristas vía Polonia y Rumania. Nikolaev pasa a ser el agente terrorista de una oposición interna del partido, cuya cabeza serían Zinoviev, el ex presi­dente de la Internacional Comunista, y Kamenev, ex presidente del Buró Político, ambos colegas de Stalin en la troika. Queda claro por qué consideramos el cable de TASS una sensación colosal. Ahora podemos considerarlo también una mentira colosal.

 

2. ¿Son terroristas Zinoviev y Kamenev?

 

No tenemos el más mínimo motivo para defender la política o la reputación personal de Zinoviev, Kame­nev y sus amigos. Estuvieron a la cabeza de la fracción que inauguró la lucha contra el internacionalismo marxista con el pretexto del "trotskismo"; posterior­mente se estrellaron contra la pared burocrática elevada gracias a sus esfuerzos y bajo su propia dirección; asustados de su obra, se unieron durante un breve lapso a la Oposición de Izquierda y revelaron los fraudes y las falsedades utilizados en la lucha contra el "trotskismo"; atemorizados por las dificul­tades del combate contra la burocracia usurpadora, capitularon; reubicados en el partido, reemplazaron la oposición principista por las intrigas secretas; otra vez se los expulsó, por segunda vez capitularon.

Abjuraron de las banderas del marxismo y disimu­laron esperando ganarse un lugar en el partido corrom­pido y estrangulado por el aparato. Perdida la estima y la confianza generales e incluso la posibilidad de luchar, fueron finalmente cruelmente castigados. ¡No es tarea nuestra defenderlos!

Pero la burocracia stalinista no los juzga por sus verdaderos crímenes contra la revolución y el prole­tariado, ya que en sus propias filas pululan los rene­gados abyectos, los mentirosos y los arribistas dispues­tos a todo. Una vez más la burocracia quiere trans­formar a sus dirigentes depuestos en chivos emisarios de sus propias transgresiones. Zinoviev y Kamenev eran de carácter débil, pero nadie los consideraba unos tontos o bufones ignorantes. Los otros trece bolcheviques mencionados vivieron las experiencias del Partido Bolchevique durante veinticinco, treinta o más anos. No podrían haberse vuelto súbitamente partidarios del terror individual para cambiar el régi­men social, aun cuando por un momento se admitiese el absurdo de que realmente aspiraban a "restablecer el régimen. capitalista". Además, no podrían haber pensado que el asesinato de Kirov, quien por otra parte no jugaba ningún rol independiente, los llevaría al poder. Los obreros norteamericanos pueden compren­der más fácilmente lo insensato de esa idea si se imagi­nan por un momento que la oposición sindical de iz­quierda decide asesinar al hombre que es la mano dere­cha de Green[7] con el objetivo de... ¡apoderarse de la di­rección de los sindicatos!

El mismo despacho admite, al menos en lo que hace a siete de los arrestados - Zinoviev, Kamenev, Zaluts­ki, Ievdokimov, Feodorov, Safarov y Vardin- que realmente no tuvieron nada que ver con el asunto Nikolaev. Pero lo admite de manera tal que lo menos que se le puede reprochar es su cinismo. El cable habla de “falta de pruebas”, como si pudiera probarse una acusación tan intencionadamente falsa e improbable como ésta. Al dividir artificialmente en dos grupos a los viejos bolcheviques arrestados en Moscú y declarar que para uno de ellos las pruebas son insuficientes, la camarilla stalinista pretende teñir Con un matiz de "objetividad" su supuesta investigación, con el fin de dejarse abierta la posibilidad de remplazar la amalgama jurídica por otra de tipo administrativo.

En cuanto a los verdaderos motivos y circunstancias del crimen de Nikolaev, el cable de TASS nos deja tan ignorantes como antes de leerlo. Es evidentemente ab­surdo el supuesto de que Kirov pueda haber sido víctima de una venganza por haberse privado a Zinoviev de sus puestos dirigentes en Leningrado. Ya han pasado ocho años desde entonces. El mismo Zinoviev y sus amigos tuvieron tiempo de arrepentirse dos veces; las "penurias" de 1926 empalidecieron hace mucho ante acontecimientos de importancia mucho mayor. Está claro que tienen que haber sido circunstancias mucho más recientes las que empujaron a Nikolaev al terroris­mo, y muy serias las razones que empujaron a Stalin a aventurarse en una monstruosa amalgama que, más allá de que logre o no alcanzar su objetivo en lo inme­diato, compromete implacablemente al grupo que detenta el poder.

 

3. ¿Era el objetivo la restauración del capitalismo?

 

La primera cuestión que han de plantearse inevita­blemente todos los obreros que reflexionan es la siguiente: ¿cómo puede ser que en una época como ésta, después de todos los éxitos económicos, después de la "abolición" (según las afirmaciones oficiales> de las clases en la URSS y de la "construcción" de la sociedad socialista, los viejos bolcheviques, los más íntimos colaboradores de Lenín, los que compartieron el poder con Stalin, los miembros de la "Vieja Guar­dia", se den como objetivo restaurar el capitalismo? ¿Consideran Kamenev, Zinoviev y los demás que el régimen socialista no beneficia a las masas? ¿O por el contrario esperan obtener del capitalismo ventajas personales para ellos y los suyos? ¿Y qué clase de ventajas?

Solo un imbécil total puede creerse que las relacio­nes capitalistas, es decir la propiedad privada de los medios de producción incluida la tierra, pueden resta­blecerse pacíficamente en la URSS y llevar a un régimen de democracia burguesa. De hecho, aunque fuera posible en general, el capitalismo no podría restable­cerse en Rusia salvo como consecuencia de un salvaje golpe de estado contrarrevolucionario que costaría diez veces más víctimas que la Revolución de Octubre y la Guerra Civil. En el caso de que se derrocara a los soviets sólo podría tomar su lugar un fascismo neta­mente ruso, tan feroz que a su lado los regímenes de Mussolini y Hitler parecerían instituciones filantró­picas. Zinoviev y Kamenev no son tontos. No pueden menos que entender que la restauración del capitalismo significaría antes que nada el exterminio de toda la generación que hizo la revolución, incluidos, por supuesto, ellos mismos. En consecuencia, no cabe la menor duda de que la acusación pergeñada por Stalin contra el grupo de Zinoviev es totalmente fraudulenta, tanto en lo que se refiere al objetivo especificado, la restauración del capitalismo, como a los medios, los actos terroristas.

 

4. El crimen de Nikolaev no es un hecho casual

 

De todos modos, sigue siendo un hecho que el grupo burocrático dirigente no se inclina en lo más mínimo a considerar el crimen de Nikolaev como un fenómeno accidental y aislado, un episodio trágico. Por el contra­rio, este acto reviste para ellos una importancia política tan excepcional que no vacilan en construir una amalgama que los compromete, ni en poner un signo igual entre los actos terroristas y cualquier tipo de opo­sición, descontento o crítica. El objetivo de la maniobra es bastante evidente: aterrorizar completamente a todos los críticos y opositores, esta vez no con la expul­sión del partido, no privándolos de su pan cotidiano, ni siquiera con la prisión y el exilio, sino con el pelotón de fusilamiento. Stalin reacciona ante el acto terrorista de Nikolaev redoblando el terror contra el partido.

Los obreros reflexivos de todo el mundo tienen que plantearse la siguiente pregunta con la mayor preocu­pación: ¿es posible que el poder soviético esté en una situación tan difícil que la capa dirigente se vea obliga­da a recurrir a maquinaciones tan monstruosas para mantener su equilibrio? Esta pregunta lleva a otra que planteamos muchas veces y a la que nunca se nos respondió. Si es correcto que la dictadura del proleta­riado tiene como objetivo aplastar la dictadura de las clases explotadoras -y lo es-, el debilitamiento de las ex clases dominantes, y más aun su "liquidación", deben necesariamente mitigar y hacer desaparecer la dictadura. ¿Por qué esto no ocurre? ¿Por qué se da el proceso directamente opuesto? ¿Por qué observamos durante el periodo de los dos planes quinquenales el monstruoso crecimiento de la omnipotencia de la buro­cracia, que llevó al partido, a los soviets y a los sindica­tos a la sumisión y a la humillación más absolutos?

Sí juzgáramos únicamente en base al partido y al régimen político, tendríamos que decir que la situación de los soviets empeora manifiestamente, que la cre­ciente presión del absolutismo burocrático refleja el incremento de las contradicciones internas que más tarde o más temprano provocarán una explosión, con peligro de que se derrumbe todo el sistema. Sin embar­go, esa conclusión sería unilateral y en consecuencia incorrecta.

 

5. Todavía no se construyó el socialismo:

todavía no se extirparon las raíces de las clases

 

Si queremos comprender qué está ocurriendo debe­mos rechazar ante todo la teoría oficial de que en la URSS ya se ha implantado una sociedad socialista sin clases. En realidad, ¿por qué necesitó la burocracia apoderarse de todo el poder? ¿Contra quién? No basta con "abolir" las clases por un decreto administrativo; sigue siendo necesario superarlas económicamente. En la medida en que la mayoría de la población todavía no salió de la pobreza, el ansia de apropiación indi­vidual y de acumulación de bienes sigue siendo masiva y choca continuamente con las tendencias colectivistas de la economía. Es cierto que en lo esencial el objetivo inmediato de esta acumulación es el consumo; pero si no se ejerce ninguna vigilancia, si se permite que la acumulación exceda ciertos límites, se transformará en acumulación capitalista primitiva y puede traer como consecuencia la liquidación de los koljoses (granjas colectivas) y luego también del monopolio estatal. "Abolición de las clases" en un sentido socialista sig­nifica garantizar a todos los miembros de la sociedad condiciones de vida tales que eliminen el estímulo a la acumulación individual. Todavía estamos muy lejos de eso. Si tornamos en cuenta la renta nacional per cápita, especialmente la parte que se dirige al consumo, la Unión Soviética, pese a sus éxitos tecnológicos, todavía está atrás de los países capitalistas. La satisfacción de las necesidades más elementales implica siempre una amarga lucha de todos contra todos, la apropiación ilegal, la evasión de las leyes, el engaño al estado, el favoritismo y el robo a escala masiva. En esta lucha la burocracia asume el rol de control, juez y ejecutor. Uti­liza la presión administrativa para compensar las defi­ciencias del poder económico.

Es infantil creer que la omnipotencia de la burocra­cia soviética es una exigencia de la lucha contra los "remanentes" de las clases explotadoras en la socie­dad socialista. En realidad, la justificación histórica de la existencia misma de la burocracia radica en que todavía estamos muy lejos de la sociedad socialista, en que la actual sociedad transicional está plagada de contradicciones extremadamente tensas en el plano del consumo, el más inmediato y vital para todos, contradicciones que siempre amenazan con provocar una explosión en la esfera de la producción. La colectivi­zación de la economía campesina le aportó a la burocra­cia nuevas y colosales fuentes de poder. Y es precisamente en la economía rural donde los problemas del consumo están más íntimamente ligados a los de la producción. Por eso, en la aldea, la colectivización provocó la necesidad de utilizar los métodos de repre­sión más severos para resguardar la propiedad colecti­va contra los mismos campesinos.

El carácter de clase de esta lucha no aparece claro y nítido. Pero potencialmente, en lo que hace a las nece­sidades y peligros latentes en ella, es una lucha de clases. Por lo tanto la dictadura no es solamente, como lo quisieran los stalinistas, la herencia de la antigua lucha de clases con los terratenientes feudales y los capitalistas, lucha que en lo fundamental ya está concluida. Es también el medio de evitar una nueva lucha de clases que surge de la feroz competencia entre los intereses involucrados en la esfera del consumo, dado que todavía se cuenta con una economía rezagada e inarmónica. Esta es la única justificación histórica de la existencia de la actual dictadura soviética.

 

6. El rol dual que juega la burocracia

 

Sin embargo, la burocracia soviética explota despia­dadamente, en función de su propia dominación y prosperidad, su rol de control y regulador de las con­tradicciones sociales y su lucha preventiva contra la reconstitución de las clases. Concentra en sus manos todo el poder y, a las buenas o a las malas, consume una enorme parte de la renta nacional. De este modo logró alejarse tanto de la masa de la población que ya resulta imposible controlar sus actos o sus ingresos.

Algunos observadores y críticos superficiales afir­man que la burocracia soviética es una nueva clase dominante. Ya hemos aclarado ampliamente que esta definición es falsa desde el punto de vista marxista.[8] Una clase económica dominante presupone un sistema de producción y propiedad que le es peculiar y propio. La burocracia soviética no es más que el reflejo de la etapa transicional entre dos sistemas de producción y propiedad el capitalista y el socialista. Este régimen transicional no puede tener un desarrollo indepen­diente.

El rol de la burocracia soviética sigue siendo dual. Sus propios intereses la obligan a resguardar el nuevo régimen económico creado por la Revolución de Octu­bre contra los enemigos de adentro y de afuera. Esta tarea es históricamente necesaria y progresiva. El proletariado mundial apoya su cumplimiento sin cerrar los ojos al conservadurismo nacional, los instintos posesivos y el espíritu de casta privilegiada de la burocracia soviética. Pero precisamente estos rasgos paralizan cada vez en mayor medida su tarea progresiva. El avance de la industria y la incorporación de la agricul­tura a la esfera de la planificación estatal complican extraordinariamente las funciones de la dirección de la economía.

Solo se puede lograr un equilibrio entre las distin­tas ramas de la producción, y sobre todo una propor­ción correcta entre la acumulación y el consumo nacio­nal, con la participación activa del conjunto de la pobla­ción trabajadora en la elaboración de los planes, que debe tener libertad para criticarlos y la posibilidad de remover de sus cargos a toda la burocracia. El dominio irrestricto sobre la economía de ciento setenta millones de personas implica una inevitable acumulación de contradicciones y crisis. La burocracia se saca de en­cima las dificultades provocadas por sus errores des­cargando sus consecuencias sobre los hombros de los trabajadores. Las crisis parciales convergen hacia la crisis general, que avanza y se expresa en que la econo­mía sigue rezagada y la inmensa mayoría de la pobla­ción continúa viviendo en la pobreza, pese a la titánica energía desplegada por las masas y a los grandes éxitos tecnológicos.

Así, la situación peculiar de la burocracia soviética, producto de causas sociales muy definidas, conduce a una contradicción cada vez más profunda e irreconciliable con las necesidades fundamentales de la economía y la cultura soviéticas. En estas condiciones la dicta­dura de la burocracia, aunque sigue siendo una expre­sión distorsionada de la dictadura del proletariado, se traduce en una permanente crisis política. La fracción stalinista se ve de continuo obligada a destruir total­mente" los "restos" de viejas y nuevas oposiciones, a recurrir a métodos cada vez más violentos y poner en circulación amalgamas cada vez más emponzoñadas.

Al mismo tiempo, esta fracción se eleva por encima del partido e incluso de la propia burocracia. Proclama abiertamente el principio puramente bonapartista de la infalibilidad de un líder eterno. De allí en más, la única virtud que se le reconocerá al revolucionario será la fidelidad al dirigente. Los agentes de la Comintern trasladan a sus secciones extranjeras esta desmorali­zante y servil filosofía de la burocracia.

 

7. Los dos tipos de dificultades

 

Vemos así que en la evolución de la Unión Soviética hasta la etapa actual tenemos que diferenciar claramen­te dos tipos de dificultades, una de las cuales surge de las contradicciones del periodo transicional agravadas por los males del burocratismo. Estas son las dificul­tades fundamentales, que afectan al conjunto del orga­nismo soviético. Las otras dificultades son de carácter derivado, y no representan un peligro para el régimen soviético sino para la posición dominante de la burocra­cia y para el gobierno personal de Stalin.

Por supuesto, estos dos tipos de dificultades están relacionados, pero no son idénticos. En gran medida se oponen, y este proceso de oposición avanza continua­mente. Los éxitos económicos y el progreso cultural de la población determinados por la Revolución de Octu­bre se vuelven cada vez más en contra del conservadurismo, el desenfreno y la rapacidad de la burocracia. La historia de las diversas clases dominantes muestra fenómenos análogos. La burocracia zarista ayudó al desarrollo de las relaciones capitalistas sólo para entrar luego en conflicto con las necesidades de la sociedad burguesa. La dominación de la burocracia soviética le resulta demasiado cara al país. Los progresos tecnológi­cos y culturales, las crecientes exigencias y actitudes criticas del pueblo automáticamente se vuelven contra la burocracia. La joven generación comienza a sentir de manera particularmente penosa el yugo del "absolutis­mo iluminado", que además revela cada vez más la in­capacidad de sus ’brillantes luces". Están dadas las condiciones que amenazan seriamente el dominio de la burocracia, que se sobrevive a si misma.

 

8. El terrorismo individual, producto de la decadencia burocrática

 

Lo dicho hasta aquí nos permite responder la pre­gunta que planteamos al comienzo del artículo. ¿Es posible que en la URSS la situación sea tan mala que el grupo gobernante se vea obligado a recurrir a intrigas, juegos sucios y criminales amalgamas que lo compro­meten profundamente a los ojos del proletariado mundial? Ahora podemos responder con alivio que no se trata de la situación difícil de la URSS sino de la de la burocracia, que empeora cada vez más dentro del país. Obviamente, la situación de la URSS no es ni tan mag­nífica ni tan color de rosa como la pintan los falsos e interesados "amigos" que -recordémoslo- la trai­cionarán a la primera señal de peligro serio. Pero está lejos de ser tan mala como se podría suponer por esos actos de pánico vergonzoso de la burocracia. El grupo gobernante nunca hubiera consentido en ligar el crimen terrorista de Nikolaev con el grupo Zinoviev-Kamenev si los stalinistas no sintieran que se les está moviendo el piso.

La prensa soviética dice que Nikolaev participaba en una organización terrorista formada por miembros del partido. Si el cable dice la verdad -y no vemos razones para considerarlo falso ya que a la burocracia no le alegró mucho confesarlo- estamos ante un hecho nuevo de gran importancia sintomática. Existe siempre la posibilidad de que se trate de un disparo casual, motivado por razones personales. Pero un acto terro­rista preparado de antemano y siguiendo las órdenes de una organización determinada es inconcebible, según nos lo enseña toda la historia de las revoluciones y las contrarrevoluciones, si no existe una atmósfera política favorable. La hostilidad hacia los dirigentes que están en el poder tiene que estar muy extendida y haber asumido las formas más agudas para que haya cristalizado un grupo terrorista dentro de las filas de la juventud partidaria o, mejor dicho, de sus estratos superiores, íntimamente ligados con los círculos infe­riores y medios de la burocracia.

Las declaraciones oficiales no sólo admiten en lo esencial este hecho sino que lo acentúan. Nos entera­mos por la prensa soviética de que el ciego odio de los “hijos" fue engendrado por la crítica de, los padres opositores. Las explicaciones de Radek y Cía. parecen un plagio del publicista zarista Katkov, que acusaba a los cobardes padres liberales de provocar voluntaria o involuntariamente a la joven generación a cometer actos terroristas. Es cierto que esta vez los dirigentes en el poder eligieron sólo al grupo de Zinoviev de entre la generación de los padres. Pero para Stalin ésta es la línea de menor resistencia. Al reprimir a los grupos comprometidos, Stalin, quiere disciplinar a los grupos burocráticos, que se desintegran y han perdido su cohe­sión interna.

Cuando una burocracia entra en contradicción con las necesidades del desarrollo y con la conciencia de la clase qué la elevó al poder comienza a descomponerse y a perder la fe en sí misma. La función de la dirección se concentra en manos de un circulo cada vez más estre­cho. Los demás trabajan por inercia, negligentemente, piensan más en sus asuntos personales, entre los suyos hablan con desdén de las altas autoridades, acunan ideas liberales y murmuran. Indudablemente, de esa manera socavan en la juventud ligada a ellos la confian­za y el respeto por los dirigentes oficiales. Sí al mismo tiempo se expande el descontento en la masa de la población, que carece de medios de expresión y salidas adecuadas pero considera a la burocracia como un todo; si la juventud se siente rechazada, oprimida y privada de posibilidades de desarrollo independiente, ya está creada la atmósfera apropiada para el surgimiento de grupos terroristas.

A partir de esto podemos figurarnos hipotéticamen­te, pero con total verosimilitud, el rol que jugó el grupo de Zinoviev. ¡A qué abismos de infame estupidez se llegó con la declaración de que podría estar directa o indirectamente ligado con el sangriento hecho de Smolny,[9] con su preparación y su justificación política Zinoviev y Kamenev volvieron al partido con la firme intención de ganarse la confianza de los de arriba y reubicarse entre ellos. Pero la situación general de la burocracia inferior y media con la que estaban ligados les impidió cumplir sus intenciones. Mientras en sus declaraciones oficiales pagaban tributo a la "grandeza" de Stalin, en la que ellos podían creer menos que nadie, se contagiaron del espíritu dominante en su am­biente cotidiano, es decir, hacían chistes, contaban historias sobre la ignorancia de Stalin, etcétera... Por cierto, el secretario general no ignoraba todo esto. ¿Podía Stalin elegir mejor víctima que este grupo cuando los tiros de Smolny lo obligaron a dar una lec­ción a la vacilante y descompuesta burocracia?

 

9. Marxismo, terrorismo y burocracia

 

Cualquier obrero que sepa leer y escribir conoce que el marxismo se opone a la táctica del terror individual. Se ha escrito mucho sobre este problema. Me tomo la libertad de citar un articulo mío publicado en 1911 en Alemania, en el periódico austríaco Kampf (Lucha) No hace falta aclarar que se refiere al régimen capitalis­ta. Decía:

"Que el acto terrorista, aun cuando tenga “éxito”, logre o no hundir en un torbellino a los círculos domi­nantes depende de las condiciones políticas concretas. De todos modos el torbellino sólo puede durar poco. El estado capitalista no se apoya en los ministros y no se lo puede destruir junto con ellos. Las clases a las que sirve siempre encontrarán hombres nuevos; el meca­nismo permanece intacto y continúa funcionando

"Pero el torbellino que el acto terrorista introduce en las filas de las masas trabajadoras es mucho más profundo. Si basta con armarse con un revólver para al­canzar el objetivo, ¿qué necesidad hay de la lucha de clases? Si a las personas que ocupan altos cargos se las puede intimidar con el estruendo de una explosión, ¿qué necesidad hay entonces de un partido?"

Nada tengo que agregar hoy, veintitrés años des­pués, a este artículo que contraponía al aventurerismo terrorista el método de preparar al proletariado para la revolución socialista. Pero silos marxistas condenaron categóricamente el terrorismo individual, obviamente por razones políticas y no místicas, aun cuando los tiros estuvieran dirigidos contra los agentes del gobierno zarista y de la explotación capitalista, más implacablemente deben condenar y rechazar el aventurerismo criminal de los actos terroristas dirigidos contra los representantes burocráticos del primer estado obrero de la historia. Las motivaciones subjetivas de Nikolaev y sus guerrilleros nos son indiferentes. El camino al infierno está empedrado con las mejores intenciones. En tanto que la burocracia soviética no ha sido remo­vida por el proletariado, tarea que eventualmente tendrá que realizarse, cumple una función necesaria en defensa del estado obrero. Si el terrorismo tipo Nikolaev se extendiera, bajo nuevas y desfavorables condiciones sólo podría servir a la contrarrevolución fascista.

Solo los farsantes políticos que se apoyan en los imbéciles pueden osar ligar a Nikolaev con la Oposición de Izquierda, aunque más no sea por intermedio del grupo de Zinoviev, tal como existía en 1926-1927. No fue la Oposición de Izquierda la que engendró la organi­zación terrorista de la Juventud Comunista; fue la corrupción interna de la burocracia.

El terrorismo individual es, en esencia, burocra­tismo al revés. Los marxistas no descubrieron ayer esta ley. El burocratismo no tiene confianza en las masas y trata de sustituirlas. El terrorismo funciona de la misma manera; quiere hacer felices a las masas sin pedirles su participación. La burocracia stalinista creó un vil culto a la personalidad, atribuyéndoles a los lideres cualida­des divinas. El culto al “héroe" es también la religión del terrorismo, sólo que de signo opuesto. Los Niko­laevs se creen que para que la historia cambie de rumbo basta con liquidar a tiro de revólver a unos cuantos dirigentes. Los terroristas comunistas como grupo ideológico son hijos de la burocracia stalinista.

 

10. El centrismo burocrático, causa del colapso de la Comintern

 

Como ya dijimos, con este golpe al grupo de Zino­viev, Stalin pretendía consolidar las filas de la burocra­cia. Pero ése es sólo un aspecto de la cuestión. Hay otro no menos importante: utilizando al grupo zinovievista de felpudo, Stalin pretende golpear al trotskismo. Y tiene que dar ese golpe cueste lo que cueste. Para en­tender el objetivo y la orientación de esta nueva etapa de la lucha contra el "trotskismo" hay que considerar, aunque sea brevemente, la política internacional de la fracción stalinista.

En lo que hace a la URSS ya dijimos que el rol de la burocracia es doble por un lado protege al estado obre­ro con sus peculiares métodos; por otro desorganiza y controla el desarrollo de la economía y la cultura repri­miendo la actividad creativa de las masas. Pero en la esfera del movimiento obrero internacional no hay ni huellas de este dualismo; aquí la burocracia stalinista juega, desde todo punto de vista, un rol desorganiza­dor, desmoralizador, fatal. La historia de los últimos once años de la Comintern lo evidencia irrefutablemente. Hemos estudiado esta historia en una serie de trabajos. Los stalinistas no respondieron una sola pala­bra a nuestros análisis. Hablando en general, ellos no se preocupan por aprender de su propia historia. No hay un solo libro ni un solo artículo que intente sacar un balance de la política de la Comintern en China, India, Inglaterra, Alemania, Austria y España, en una época plagada de acontecimientos de alcance e impor­tancia mundiales.

Tampoco se intentó explicar por qué, con el capita­lismo en decadencia y toda una serie de situaciones revolucionarias, la Comintern no vivió, durante los últi­mos once anos, más que vergonzosas derrotas, desgra­cias políticas y la atomización de su organización. Finalmente, ¿por qué no se atrevió a llamar a un solo congreso mundial en siete años? ¿Qué queda en Oriente de los "partidos obreros y campesinos"?[10] ¿Cuales fueron los resultados del Co­mité Anglo-Ruso? ¿Qué pasó con la tan celebrada Inter­nacional Campesina?[11] ¿Y con la teoría del "tercer período"? ¿Qué fue del programa de "liberación nacio­nal" para Alemania?[12] ¿Qué suerte corrió la gran teoría del "social-fascismo"? Y así hasta el infinito... Cada una de estas preguntas tiene que ver con un de­terminado viraje en la política de la Comintern; cada uno de estos virajes terminó en una catástrofe inevita­ble. La cadena de estas catástrofes conforma la historia de la Comintern stalinista. Su viraje más reciente resul­ta, especialmente en Francia, una deplorable y fatal convulsión oportunista. Es obvio que esa cadena de errores, confusión y crímenes no puede ser producto de causas individuales o fortuitas; las causas son genera­les. Tienen su raíz en las características sociales e ideológicas de la burocracia stalinista como estrato diri­gente. El centrismo burocrático llevó al colapso a la Comintern. La Tercera Internacional ya está condenada igual que la Segunda. No hay fuerza que pueda sal­varla.

En lo fundamental el grupo stalinista gobernante abandonó la Comintern hace mucho tiempo. La prueba más evidente la constituye la negativa de Stalin a lla­mar al congreso mundial. ¿Para qué molestarse? Igual no se podrá sacar nada de él. Entre ellos, los burócratas de Moscú explican la bancarrota de la Comintern por el “carácter no revolucionario” de la clase obrera occidental y la incapacidad de sus dirigentes. Ni falta hace desmentir esta calumnia al proletariado mundial, especialmente después de los últimos acontecimientos en España y Austria. En cuanto a los dirigentes de los partidos comunistas extranjeros, ya en 1921 Lenin advertía, en una carta a Zinoviev y Bujarin, si ustedes no exigen de la Comintern más que aprobación, se rodearán exclusivamente de “imbéciles dóciles". A Lenín le gustaba llamar a las cosas por su nombre. En los últimos once años la selección de “imbéciles” logró un éxito colosal. Como corolario inevitable, el nivel político de la dirección cayó por debajo de cero.

 

11. El avance del verdadero leninismo en todo el mundo es un terrible peligro para Stalin

 

Como ya lo señalamos, el Kremlin justifica la inexis­tencia de la Comintern con la teoría del socialismo en un solo país. La esperanza en la revolución proletaria mundial fue desplazada por la esperanza en la Liga de las Naciones. A los partidos comunistas extranjeros se les ordenó aplicar una política "realista" que logre des­truir, en un breve lapso, cualquier resabio de la Comin­tern. Stalin ya se ha hecho a la idea. Pero lo que le resulta imposible aceptar es el resurgimiento del movi­miento revolucionario mundial bajo una bandera inde­pendiente. Se puede renunciar a la crítica al reformis­mo; se puede concluir bloques con los radicales; se puede envenenar a los obreros con el nacionalismo y el pacifismo. Pero es totalmente inadmisible que la van­guardia proletaria internacional tenga la oportunidad de verificar libre y críticamente, a la luz de su propia experiencia, las ideas del leninismo y de contraponer a la luz del día el stalinismo y el así llamado trotskismo.

Desde 1923 toda la ideología de la burocracia sovié­tica se formó en base al rechazo cada vez más hostil del "trotskismo". Este era el punto de partida para cada nuevo viraje. Y ahora que el golpe terrorista de Niko­laev le planteó nuevamente a la burocracia esos proble­mas políticos tan importantes que ella consideraba ya definitivamente resueltos, trata una vez más, a través del grupo de Zinoviev, de echarle la culpa al trotskismo, que es, como todo el mundo lo sabe muy bien, la Vanguardia de la contrarrevolución burguesa, el aliado del fascismo, etcétera. Dentro de la URSS la burocracia logró implantar esta versión porque las masas no pue­den cerciorarse de las cosas por su cuenta y se reduce a silencio a los que conocen la verdad. Precisamente esta sofocante situación del partido engendró en su seno el monstruoso fenómeno del terrorismo. Pero el peligro se acerca sigilosamente; ya está próximo y viene de afuera, del terreno internacional. Las mismas ideas de Marx y Lenin que dentro de la URSS se castigan con la cárcel, el exilio e incluso el pelotón de fusilamiento por ser “trotskismo contrarrevolucionario", son cada vez más reconocidas y con creciente claridad por los elementos más conscientes, activos y abnegados de la vanguardia del proletariado mundial. Las viles calum­nias que los periodistas mercenarios sin honor ni con­ciencia continúan repitiendo pese a que la Comintern está hecha trizas aumentan la indignación en las mismas filas de los partidos comunistas y al mismo tiempo alejan de las secciones de la Comintern a amplios sec­tores de trabajadores.

Repetimos; esta perspectiva ya no asusta a Moscú. Pero hay otro peligro que se está transformando en una pesadilla para la fracción stalinista. Los trabajadores de la URSS no pueden seguir desconociendo la creciente influencia de las genuinas ideas del leninismo en el movimiento obrero de Europa y América. Se puede mantener la indiferencia, aunque no sea fácil ante la participación de la ex Liga Comunista Norteamericana en la huelga de Minneapolis; se puede, aunque sea difícil, guardar silencio sobre la unión de la Liga con el Partido Norteamericano de los Trabajadores.[13] Pero cuando los acontecimientos planteen perspectivas más amplias y los marxistas revolucionarios, los leninistas, jueguen un rol dirigente, ya no se podrá eludir los he­chos. Es evidente el enorme peligro que esto repre­senta para la fracción stalinista. Toda la estructura de mentiras, calumnias, persecuciones, falsificaciones y amalgamas, esa estructura que se viene levantando ininterrumpidamente desde la enfermedad y muerte de Lenin; se derrumbará sobre la cabeza de sus construc­tores, es decir, de los calumniadores y falsificadores. Los stalinistas son ciegos y sordos a las perspectivas del movimiento obrero mundial, pero tienen un olfato muy aguzado para los peligros que amenazan su prestigio, sus intereses y sus privilegios burocráticos.

 

12. Ya se había previsto la inevitabilidad de nuevas amalgamas

 

A menudo, dado que pese a mi aislamiento sigo a través de la prensa los éxitos graduales, lentos pero seguros, que obtienen en Norteamérica y Europa las ideas del genuino leninismo, les hice notar a mis ami­gos que se aproxima el momento en que esta "cuali­dad" principista de la corriente internacional comen­zará a transformarse en una "cantidad" masiva; los stalinistas sentirán este momento como un peligro mortal. Una cosa es aplastar al grupo marxista revo­lucionario con el peso absoluto del aparato burocrático durante un periodo de reflujo, fatiga, desilusión y desintegración de las masas; otra cosa es librar a la vanguardia proletaria mundial, con la fuerza de la críti­ca marxista, de la charlatanería con que el stalinismo sustituye al marxismo. Pero -y así lo expresamos más de una vez en nuestras conversaciones y cartas- ésa es precisamente la razón por la que los dirigentes sta­linistas no pueden esperar pasivamente el triunfo del leninismo. Tienen que recurrir a "sus medidas", que por cierto no son ideológicas, ya que en este terreno su impotencia es tan evidente que Stalin durante estos últimos años se abstuvo de pronunciarse sobre los pro­blemas referentes al movimiento obrero mundial. Para Stalin "sus" medidas son incrementar la repre­sión, forjar nuevas amalgamas cada vez más monstruosas y, finalmente, aliarse con la policía burguesa en contra de los leninistas, prestándose así recíprocos servicios -

Inmediatamente después del asesinato de Kirov, cuando todavía todo el mundo estaba convencido de que se trataba de un crimen de los guardias blancos, un amigo me envió desde Ginebra la circular dedicada al sangriento hecho de Smolny que publicó el Secreta­riado Internacional de la Liga Comunista Internacional. Refiriéndose a la lentitud con que avanzaba la investi­gación y al tenor extremadamente ambiguo de los primeros comunicados del Kremlin, el Secretariado Internacional sugería en la posdata la siguiente posibilidad: ¿tal vez la GPU esté preparando alguna especie de colosal amalgama contra los “trotskistas”? La carta del Secretariado Internacional está fechada el 10 de diciembre e indudablemente circuló por todo el mundo. Es cierto que el mismo Secretariado Internacional planteó algunas reservas en el sentido de que la amal­gama, aunque posible, era “de algún modo improba­ble”. Sin embargo, ya no existe el "improbable". Cuando apareció el primer cable, que planteaba que en 1926 Nikolaev había pertenecido a la Oposición de Leningrado, no quedó lugar a dudas. No tardó mucho en lanzarse la nueva campaña contra Kamenev y Zinoviev. En ese momento, conversando con un amigo (pido disculpas por estos detalles personales, pero son necesarios para comprender las motivaciones psicológicas del caso) le dije: "El asunto no quedará aquí mucho tiempo. Mañana pondrán en la picota al trotskis­mo." No hacía falta ser un profeta para hacer esa pre­dicción. Le Temps[14] del 25 de diciembre, que recibí dos o tres días después, publicó un despacho de Moscú con la siguiente observación: "Tenemos que señalar [...] que a medida que pasan los días se menciona con mayor frecuencia el nombre de Trotsky junto al de Zinoviev."[15] El cadáver de Kirov y el grupo de Zinoviev se convierten así en los pasos preliminares de un pro­yecto mucho más amplio y audaz: golpear al leninismo internacional.

¿Qué clase de golpe será el próximo? Esta cuestión todavía no está claramente definida, tal vez ni siquiera dentro del círculo más íntimo de los conspiradores (Stalin-Iagoda Iaroslavski[16] y Cía.) En gran medida depende del desarrollo ulterior de los acontecimientos - Pero una cosa está clara: a los conspiradores no les faltan ni la mala voluntad ni los medios materiales. El avance del leninismo internacional estimula diariamente su mala voluntad; por eso no se puede excluir de antemano ni una sola de las hipótesis que surgen de la situación creada. Sea cual fuere la salida determi­nada por la marcha de los acontecimientos y la imagina­ción creadora de Stalin y Iagoda, se preparará a la “opinión pública” con una campaña sobre los peligros terroristas con que los “trotskistas” amenazan la paz y el orden de Europa. L’Humanité ya habló de “un grupo terrorista de trotskistas” que había en Leningrado. Los lacayos siempre se adelantan a sus amos.

Hay una sola manera de frenar las amalgamas que se están preparando antes de que exploten: denunciar el proyecto de antemano. Los stalinistas tratan de incli­nar a la opinión pública de la policía mundial en favor de los arrestos, las expulsiones, las extradiciones y otras medidas más decisivas. Los leninistas tienen que preparar a la opinión pública el proletariado mundial para estos posibles acontecimientos. En este caso, como siempre, hay que plantear abiertamente las cosas como son; éste es también el objetivo del presente artículo.

 

13. Algunas conclusiones

 

Duda la abominable manera de actuar de los dirigentes soviéticos, ¿se puede reconocer incondicionalmente a la URSS como un estado obrero? Así se expre­san probablemente ciertos idealistas, moralistas o simples confusionistas de ultraizquierda. En vez de analizar las formas y etapas concretas del desarrollo del estado obrero, tal como fueron creadas por la coyun­tura histórica, estos sabihondos (en Francia su iniguala­ble “teórico” es Treint[17]) “reconocen” o dejan de reconocer" al estado obrero según les gusten o no los actos de la burocracia soviética. De la misma manera podríamos rehusarnos a reconocer al proletariado norteamericano como clase obrera porque al frente de él están elementos como Gompers,[18] Green y Cía. La clase obrera necesita una burocracia, y más aun el estado obrero. Pero no se puede identificar a la buro­cracia con la clase. El estado obrero, como el conjunto de la clase obrera, atraviesa diferentes etapas de alza y declinación. la fracción stalinista ganó la hegemonía en la etapa de derrota del proletariado mundial, de fatiga y apatía del proletariado ruso y de rápida formación de un estrato dirigente privilegiado. El que ve solamente los triunfos y la derrotas de las personalidades no entiende nada de la lucha fraccional en la URSS.

En 1926 N.K. Krupskaia,[19] que entonces adhirió junto con Kamenev y Zinoviev a la Oposición de Iz­quierda, dijo: "Si Lenín viviera, con toda seguridad estaría en una prisión de la GPU." No sería por cierto a causa de que Stalin iba a demostrar que era más fuerte que Lenín; sería absurdo comparar siquiera ambas figuras: Lenin, el genio innovador; y Stalin, la sólida y consumada encarnación de la mediocridad burocrática. Pero la revolución es un proceso dialéctico que sufre grandes alzas y pronunciadas caídas. Los dos Últimos años de su vida Lenín vio en la burocracia el principal de los peligros que amenazaban a la revolu­ción y en Stalin al más acabado representante de este peligro. Lenín enfermó y murió mientras preparaba febrilmente la lucha contra el aparato stalinista.

Sería criminal negar la tarea progresiva cumplida por la burocracia soviética. Sin iniciativa, sin horizon­tes, sin comprender las dinámicas fuerzas históricas, la burocracia, luego de una terca resistencia, se vio obligada por la lógica de sus propios intereses a adoptar el programa de industrialización y colectivización. Por su nivel general, por el carácter de sus intereses, la burocracia stalinista no es superior a la burocracia sindical norteamericana pero, a diferencia de ésta, sus raíces se hunden en los medios de producción naciona­lizados y tiene que salvaguardarlos y desarrollarlos. Realizó burocráticamente esta tarea, es decir la realizó mal, pero el objetivo en sí es progresivo. Los primeros y fundamentales éxitos logrados, que ni la misma buro­cracia preveía, aumentaron su autoestima y la conso­lidaron alrededor del líder que encarna de la manera más completa los rasgos positivos y negativos del estra­to burocrático.

Esta época “heroica” de la burocracia llega a su fin. Ya agotó los recursos internos del “absolutismo iluminado”. El desarrollo ulterior de la economía y la cultura exigen la destrucción de la burocracia a través de la regeneración de la democracia soviética. La buro­cracia resiste desesperadamente. Al combatir las nece­sidades de progreso de la nueva sociedad inevitablemente tiene que descomponerse. Después de que la burocracia estranguló la vida interna del partido, los dirigentes stalinistas estrangularon la vida interna de la propia burocracia. De aquí en más sólo se permite una cosa: glorificar al “Gran Líder”, al “Jefe Bienamado”. De esta maraña de contradicciones emerge el terror "comunista" contra la dirección burocrática.

El terror "interno" señala el callejón sin salida en que se encuentra el burocratismo, pero de ningún modo el modo de superar este atolladero. La única sali­da consiste en la regeneración del Partido Bolchevique. Este problema sólo se resolverá a escala internacional. Para que los trabajadores rusos rechacen el opio del “socialismo en un solo país” y se vuelvan en masa hacía la revolución socialista mundial la vanguardia proletaria internacional tiene que consolidarse alrede­dor de las banderas del partido leninista. La lucha con­tra el reformismo, más Intransigente que nunca, tiene que ser complementada con la lucha contra la influen­cia paralizante y desmoralizadora de la burocracia stalinista sobre el movimiento obrero mundial. La defensa de la Unión Soviética es inconcebible sin la lucha por la Cuarta Internacional.



[1] La burocracia stalinista y el asesinato de Kirov. Del folleto El asesinato de Kirov, (Pioneer Publishers, febrero de 1935)-en el que se señala que fue escrito en respuesta al pedido de un grupo de norteamericanos. Traducido [al inglés] por John G. Wright. A fines de 1934 hacia casi seis anos que a Trotsky se lo habla deportado de la Unión Soviética, Moscú había anunciado varias veces que el "trotskismo” estaba totalmente aniquilado en la URSS. Junto con estos anuncios hubo una campaña permanente de calumnias con­tra la Oposición de Izquierda y para suprimir cualquier otra voz opositora, de adentro o de afuera del Partido Comunista. El asesinato de Serguei M. Kirov, el leal lugarteniente de Stalin en Leningrado, el 1° de diciembre de 1934, evi­dentemente fue resultado de una torpeza de la policía secreta soviética en el intento de fabricar un complot que podía ser utilizado para hacer aparecer a Trotsky como terrorista. Muchos detalles todavía se desconocen, pese a que Nikita Jruschov planteó en su famoso discurso al Vigésimo Congreso del PC soviético (1956) que la versión oficial era falsa. Stalin utilizó el caso Kirov como una apertura a una serie de juicios públicos y purgas partidarias que en los cuatro años siguientes liquidaron virtualmente lo que quedaba de la dirección de la Revolución Rusa y completaron la transformación del PC en una sumisa agencia de la burocracia.

[2] "Amalgama" es el término frecuentemente utilizado por Trotsky para designar la costumbre del Kremlin de mezclar a políticos distintos o enemigos y acusarlos de crímenes o pecados comunes.

[3] Guardias Blancas (o "blancos") era la denominación generalizada de las fuerzas contrarrevolucionarias rusas que se formaron después de la Revolu­ción de Octubre.

[4] GPU era uno de los nombres abreviados del departamento soviético de la policía política; también se llamó Cheka. NKVD, MVD, KGB, pero el mas utilizado es GPU.

[5] El ejército de Wrangel, dirigido por Piotr Wrangel, fue una de las fuerzas contrarrevolucionarias derrotadas durante la Guerra Civil.

[6] El tren blindado transportó en marzo de 1917 de Suiza a Rusia pasando por Alemania a Lenin y otros veintinueve emigrados rusos. Después de la Revolu­ción de Febrero los emigrados habían tratado de encontrar otra manera de llegar a Rusia, pero cuando sus esfuerzos se demostraron inútiles negociaron las condiciones para pasar por Alemania, entonces en guerra con su país. Los emigrados exigieron que no se revisara a los pasajeros del tren, ni sus pasa­portes ni equipaje. En cambio, los exiliados estuvieron de acuerdo en insis­tir en Rusia en que se liberara a una cantidad determinada de prisioneros civi­les alemanes y austro-húngaros. Posteriormente muchos contrarrevoluciona­rios alegaron que este viaje por Alemania era la evidencia de la colaboración de los revolucionarios con el reaccionario gobierno alemán.

[7] William Green (1873-1952): conservador presidente de la conservadora Federación Norteamericana del Trabajo.

[8] Ver La naturaleza de clase del estado soviético, 1º de octubre de 1933 (originalmente publicado en Estados Unidos con el título La Unión Soviética y la Cuarta internacional) en Escritos 1933-1934.

[9] Smolny era el local central del PC de Leningrado.

[10] Los partidos biclasistas de obreros y campesinos fue la fórmula utilizada por los stalinistas en la década del 20 para justificar el apoyo al Kuomintang y a otros partidos burgueses de Oriente. Ver la crítica de Trotsky en La Tercera Internacional después de Lenin.

[11] La Internacional Campesina (Krestintern), formada por la Comintern e 1923, fue un experimento que no tuvo mucho éxito. Desapareció silenciosamente a fines de la década del 20 principios de la del 30.

[12] La teoría de la liberación nacional": referencia a los esfuerzos de los stalinistas alemanes por competir con los nazis como campeones del naciona­lismo alemán en oposición al opresivo Tratado de Versalles. Sólo los nazis se beneficiaron con esta competencia.

[13] En 1934 La Liga comunista Norteamericana jugó un rol dirigente en las huelgas de camioneros de Minneapolis. En diciembre se unió con el Partido Norteamericano de los Trabajadores, centristas de izquierda, dirigido por A.J. Muste, para formar el Partido de los Trabajadores de Estados Unidos (WPUS).

[14] Le Temps era el vocero oficioso del gobierno francés en la década del 30.

[15] Le Temps, que es muy amigo de Stalin, incluso hace notar que entre los zinovievistas arrestados hay un conocido trotskista: Ievdokimov. En realidad Ievdokimov es uno de los fundadores del grupo de Zinoviev. Nunca fue “trots­kista". Naturalmente, esto no cambia en nada las cosas, pero no podemos dejar de señalar las pequeñas falsificaciones de este tipo que aparecen en la prensa amiga de Stalin. Son innumerables. (Nota de L.T.)

[16] Henry Iagoda (m. 1938): en 1934 encabezaba la policía secreta. En 1938, pese a que había supervisado la organización del juicio de Moscú de 1936, fue a su vez acusado y ejecutado. Emelian Iaroslavski (1878-1943): autor stalinista de falsificadas historias Soviéticas, que cayó en desgracia cuando no logra ponerse a tono con las volteretas políticas del Kremlin.

[17] Albert Treint (n. 1889): prominente dirigente del Partido Comunista Fran­cés que apoyó a la Oposición de Izquierda y fue expulsado en 1927. Después de varios años se fue de la Oposición.

[18] Samuel Gompers (1850-1924): presidente de la Federación Norteamerica­na del Trabajo desde 1886 hasta su muerte.

[19] Nadezda K. Krupskaia (1869-1939): dirigente del Partido Bolchevique y compañera de Lenin.



Foro sólo para inscritos

Para participar en este foro, debe registrarte previamente. Gracias por indicar a continuación el identificador personal que se le ha suministrado. Si no está inscrito/a, debe inscribirse.

Conexióninscribirse¿contraseña olvidada?