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Sobre el centralismo democrático[1]

Unas pocas palabras acerca del régimen del partido

 

 

8 de diciembre de 1937

 

 

 

A los directores del Socialist Appeal:

 

Durante los últimos meses he recibido cartas en referencia al régimen interno de un partido revolucionario de varios camaradas aparentemente jóvenes y a quienes no conozco. Algunas de estas cartas se quejan de la “falta de democracia” en su organización, del dominio de los “dirigentes” y cosas por el estilo. Camaradas individuales me piden que dé una “fórmula clara y exacta sobre centralismo democrático” que impediría falsas interpretaciones.

No es fácil contestar estas cartas. Ninguno de mis corresponsales trata de demostrar clara y concretamente con ejemplos actuales dónde yace la violación de la democracia. Por otro lado, en cuanto a mí, un testigo, puede juzgar en base a su periódico y sus boletines que la discusión en su organización se dirige con libertad total. Los boletines están elaborados principalmente por representantes de una pequeñísima minoría. Me han dicho que lo mismo sucede en sus reuniones para discutir. Las decisiones no han sido tomadas todavía. Evidentemente se tratarán a través de una conferencia escogida libremente. ¿En qué entonces podrían haberse manifestado las violaciones de la democracia? Esto es difícil de entender. Algunas veces a juzgar por los tonos de las cartas, es decir, por el carácter amorfo de las quejas, me parece que quienes se quejan están simplemente descontentos con el hecho de que a pesar de la democracia existente, ellos evidencian ser una pequeña minoría. A través de mi propia experiencia sé que esto es desagradable. ¿Pero dónde está la violación de la democracia?

Tampoco pienso que pueda dar una fórmula tal sobre centralismo democrático que “de una vez por todas” elimine malentendidos y falsas interpretaciones. Un partido es un organismo activo. Se desarrolla en la lucha contra obstáculos exteriores y contradicciones internas. La descomposición maligna de la Segunda y la Tercera Internacional bajo las condiciones severas de la época imperialista crea para la Cuarta Internacional dificultades sin precedentes en la historia. No se puede triunfar sobre ellas con cierta clase de fórmula mágica. El régimen de un partido no cae hecho del cielo sino que se forma gradualmente en la lucha. La línea política predomina sobre el régimen; en primer lugar, es necesario definir problemas estratégicos y métodos tácticos correctamente con el fin de resolverlos. Las formas organizativas deberían corresponder a la estrategia y a la táctica. Solamente una política correcta puede garantizar un régimen partidista saludable. Se entiende que esto no significa que el desarrollo del partido no dará lugar a tales problemas de organización. Pero implica que la fórmula para un centralismo democrático debe encontrar inevitablemente una expresión diferente en los partidos de diversos países y en distintos estados de desarrollo de un mismo partido.

La democracia y el centralismo no se encuentran en absoluto en una proporción invariable de la una con el otro. Todo depende de circunstancias concretas, de la situación política del país, de la fuerza y experiencia del partido, del nivel general de sus miembros, de la autoridad que las directivas han logrado ganar. Antes de una conferencia, cuando el problema consiste en formular una línea política para el próximo período, la democracia triunfa sobre el centralismo. Pero cuando se trata de la acción política, el centralismo subordina a la democracia.

Esta afirma de nuevo sus derechos cuando el partido siente la necesidad de examinar críticamente sus propias acciones. El equilibrio entre la democracia y el centralismo se establece en la lucha actual, en ciertos momentos es violado y luego se restablece de nuevo.

La madurez de cada miembro del partido se expresa particularmente en el hecho de que no exige del régimen partidista más de lo que éste, puede dar. La persona que define su actitud hacia el partido por los golpes personales que le dan en la nariz es un pobre revolucionario. Es necesario, por supuesto, luchar contra todos los errores individuales de los dirigentes, toda injusticia, etcétera. Pero es necesario determinar estas “injusticias” y “errores” no en ellos mismos sino en conexión con el desarrollo general del partido a escala nacional e internacional. Un juicio correcto y un sentido de las proporciones en política son extremadamente importantes.

La persona que tiene propensión a hacer una montaña de un grano de arena puede causar mucho daño al partido y a sí mismo. La desgracia de gentes como Oehler, Field, Weisbord y otros consiste en su falta de sentido de las proporciones.

En el momento no son pocos los medios revolucionarios donde hay hombres rendidos de cansancio por las derrotas, temiendo las dificultades; hombres jóvenes prematuramente envejecidos, que tienen más dudas y pretensiones que voluntad para luchar. En vez de analizar en esencia y seriamente los problemas políticos, tales individuos buscan panaceas, se quejan todo el tiempo del “régimen”, exigen maravillas de las directivas, o tratan de ensordecer su escepticismo interior con un parloteo ultraizquierdista, Me temo que no saldrán revolucionarios de tales elementos, a menos que se cambien a sí mismos. No dudo por otra parte, que la nueva generación de trabajadores será capaz de evaluar el contenido estratégico y programático de la Cuarta Internacional y se reunirán bajo su bandera en número aun mayor. Cada revolucionario real que nota las equivocaciones del régimen partidista, debe primero que todo decirse: “¡Debemos traer al partido una docena de nuevos trabajadores!” Los jóvenes trabajadores deben llamar al orden a los escépticos, los pesimistas y los traficantes de quejas. Sólo así se establecerá un régimen partidista saludable en las secciones de la Cuarta Internacional.

 

L. Trotsky



[1] Sobre el centralismo democrático. Internal Bulletin (OCSPC), Nº 5, diciembre de 1937. Esta fue otra de las contribuciones de Trotsky a las discusiones previas a la convención.



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