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Prefacio

 

 

 

México fue el cuarto y último país donde residió León Trotsky tras su deportación de la Unión Soviética en 1929. Permaneció más de cuatro años en Turquía, casi dos en Francia y dieciocho meses en Noruega; desde este último país partió para México en enero de 1937 y residió allí hasta que fue asesinado en agosto de 1940. Este libro reúne una serie de folletos, artícu­los, cartas y trascripciones de entrevistas y discusiones desde enero de 1937 hasta mediados de setiembre de 1938, cuando León Trotsky vivía en Coyoacán, suburbio de la ciudad de México. El primer artículo corresponde a la última semana de 1936, cuando Trotsky y su compa­ñera Natalia Sedova se encontraban a bordo del buque tanque noruego Ruth cruzando el Atlántico.

 

La principal preocupación de Trotsky en esta época eran las sangrientas purgas masivas que Stalin estaba llevando a cabo para eliminar el último vestigio de opo­sición a su régimen totalitario en la Unión Soviética. El hecho central de la "justificación’ de las purgas eran los juicios de Moscú en los que prominentes persona­jes soviéticos, entre ellos muchos de los colaboradores más cercanos de Lenin en la Revolución Rusa de 1917, "confesaron" que, bajo la dirección de Trotsky habían "conspirado" con los gobiernos imperialistas de Ale­mania y Japón para asesinar a Stalin y restaurar el capi­talismo en la Unión Soviética. Apenas Moscú anunció el primer juicio -agosto de 1936-, Trotsky inició una campaña destinada a desenmascarar el fraude judicial. Pero el gobierno noruego presionado por Moscú, lo ató de pies y manos, internándolo y negándole el dere­cho de conceder entrevistas, publicar artículos y acudir al tribunal. De modo que no fue sino en medio del Atlántico cuando pudo abocarse a organizar sus mate­riales para refutar las acusaciones del primer juicio (el de los 16, encabezados por Zinoviev y Kamenev). Y sólo al llegar a tierra mexicana pudo empezar a pre­parar a la opinión pública para la creación de una comi­sión investigadora internacional que escuchara su ver­sión de los hechos y se pronunciara respecto de su cul­pabilidad o inocencia.

Como parte de esta campaña escribió el libro Crímenes de Stalin, termina­do en junio y publicado en Francia en noviembre. Allí discute no sólo el primer juicio de Moscú, sino también el segundo (el de los 17, encabezado por Radek y Pia­takov), anunciado y realizado un par de semanas des­pués del arribo de Trotsky a México. El libro incluye las sesiones de la comisión internacional encabezada por John Dewey realizada en abril en Coyoacán y la espectacular purga del alto mando del Ejército Rojo realiza­da en junio y en la que estuvieron involucradas conoci­das figuras como Yakir y Tujachevski. Esta sección comprende todos los capítulos de ese libro menos dos: uno aparece bajo el título de "En el tribunal a puertas cerradas" el otro es la presen­tación final de Trotsky ante la comisión Dewey, y está publicado en El caso de León Trotsky.

Terminadas las sesiones de la Comisión Dewey, Trotsky pudo dedicar más tiempo a sus artículos sobre la situación política internacional y su relación con el objetivo principal que se había impuesto en su último exilio: la construcción de una nueva internacional basada en los principios estrategia y táctica del leni­nismo. A este periodo corresponde "En el umbral de una nueva guerra mundial" donde analiza el avance inexorable de las potencias imperialistas hacia la Segunda Guerra Mundial, y "Bolchevismo y stalinismo" sobre las ideas retrógradas - de izquierdistas y ex izquierdistas que desmoralizados por los juicios de Moscú, responsabilizaban al leninismo por los crímenes del stalinismo. También escribió artículos sobre la Guerra Civil española y el aplastamiento de la izquierda española por los stalinistas, y sobre la invasión japone­sa de China (véanse La revolución española y León Trotsky sobre China).

 

En ese momento, el Movimiento pro Cuarta Inter­nacional (MCI), creado en una conferencia interna­cional realizada en julio de 1936 (llamada la Confe­rencia de Ginebra, pero realizada en París) se hallaba en una situación dificil. Sus modestas energías estaban empeñadas en la respuesta y denuncia de los juicios de Moscú y sus calumnias. Al mismo tiempo la GPU empezó a extender el asesinato de "trotskistas" por fuera de las fronteras soviéticas: en agosto secuestró y asesinó en España al checoslovaco Erwin Wolf, ex secretario de Trotsky y miembro del Secretariado Interna­cional del MCI en setiembre asesinó en Suiza a Igna­ce Reiss, alto funcionario de la GPU que había roto con el stalinismo y declarado su adhesión a la Cuarta Inter­nacional.

El MCI también sufrió una serie de golpes internos. Varios dirigentes lo abandonaron tras el primer juicio de Moscú de agosto de 1936: Victor Serge, A.J. Muste (norteamericano), Peter J. Schmidt (holandés), Ruth Fischer y Arkadi Maslow (alemanes), Alfonso Leonetti (italiano), Chen Tu-shiu (chino) y otros menos conocidos. Henricus Sneevliet, dirigente de la sección holandesa, y Georges Vereecken de la belga, se opo­nían a la política del MCI en España; rompieron un año después. Una ruidosa minoría ultraizquierdista abogaba por una política de neutralidad respecto de la Guerra Civil española y de la lucha por la liberación de China.

 

La colaboración de Trotsky con el Secretariado In­ternacional se redujo tras su partida de Europa, pero en México entró en contacto estrecho con la sección esta­dounidense; la relación de trabajo con estos dirigentes duraría hasta su muerte. Junto con ellos empezó a ela­borar los planes para una nueva conferencia interna­cional a realizarse a fines de 1937; la misma no pudo reunirse hasta setiembre de 1938. Mientras tanto dedicó mucha atención a los problemas de la sección norteamericana.

En 1936, antes del arribo de Trotsky a México, los militantes de esa sección se habían afiliado al Partido Socialista, dirigido por Norman Thomas con el fin de ganar a los sectores radicalizados de este partido y a su organización juvenil. Para 1937 el bloque de izquierda del PS había duplicado sus fuerzas y logrado la mayoría en la juventud. En este momento, Thomas y otros diri­gentes del PS empezaron a perseguir a los izquierdistas y a expulsarlos cuando resistían las medidas burocráticas tendientes a limitar su derecho a presentar sus posiciones ante el partido. Sin coincidir con todas las tácticas de la dirección norteamericana (sobre todo con respecto a la respuesta a los juicios de Moscú), Trotsky siguió de cerca los acontecimientos y ofreció valiosos consejos respecto de cómo sus camaradas norteameri­canos debían responder a la campaña contra el "trots­kismo" en el PS. En mayo consideró que había llegado la hora de poner fin al "entrismo" y de empezar a crear un partido revolucionario independiente; les ayudó a evitar los peligros y errores que habían causado graves problemas a la sección francesa en una situación similar (véase "La crisis en la sección francesa",1935-36). Satisfechos con los resultados obtenidos, los dirigentes del ala izquierda fueron expulsados del PS en el verano e iniciaron las discusiones que desembocarían en el congreso de fundación del Workers Party a finales del mismo año. Trotsky escribió varios artículos para esa discusión y envió muchas cartas a la dirección en Nueva York, indicando sus posiciones con respecto al tipo de organización que se debería construir.

 

Era una época en que las grandes potencias se rearmaban y preparaban, en diversa forma, para la guerra inminente. Los militaristas japoneses se abrían paso, a la fuerza, hacia el interior de China. Las tropas alemanas e italianas se unían a franco en su asalto a la república española, que se hundía lentamente hacia la muerte. Los ejércitos de Hitler marcharon sobre Austria y la ocuparon sin resistencia. Los gobiernos británico y francés, al haber aceptado los avances de Hitler en España y Austria, parecían incapaces de encontrar un motivo por el cual luchar contra sus exigencias de desmembrar a Checoslovaquia, lo cual condujo rápidamente al infame acuerdo de Munich. Roosevelt recientemente había pronunciado su discurso de “cuarentena a los agresores” en Chicago, en el cual advertía a todos los interesados para que tuvieran en cuenta el poder imperialista de los Estados Unidos en la próxima repartición del mundo. El Kremlin mantuvo su política de coexistencia pacífica con las democracias imperialistas, pero estaba preocupado con las purgas sangrientas dentro del propio país y tuvo poco éxito en su esfuerzo de cimentar una alianza con Gran Bretaña, Francia y con los Estados Unidos contra las potencias del eje.

 

Para Trotsky también este fue un período de preparación para la guerra. Específicamente, significó la preparación del movimiento revolucionario internacional de tal manera que pudiese responder a las pruebas supremas que traería la guerra, con sus revoluciones concomitantes y levantamientos coloniales.

A finales de 1937 Trotsky estaba convencido de que la fundación de la Cuarta Internacional ya no podía ser aplazada; la proximidad de la guerra requería la rápida consolidación de todas las fuerzas revolucionarias dentro de un partido internacional común, unido alrededor de un programa marxista, aunque al comienzo fuese una pequeña internacional. Esta era su mayor preocupación política durante el período de este libro demarcar y enfrentar a los elementos indecisos e irresolutos dentro y fuera del Movimiento pro Cuarta Internacional y preparar sus núcleos política, ideológica y psicológicamente para la próxima guerra y sus nuevas responsabilidades.

El presente Libro al contener muchas cartas previamente inéditas acerca de la conferencia de fundación de la Cuarta Internacional y el recientemente publicado Programa de transición para la revolución socialista, Pluma, Bs. As., 1973, al contener los documentos centrales programáticos que Trotsky escribió para aquella conferencia y la taquigrafía de todas las discusiones que tuvo sobre el tema, antes y después de escribirlo, permitirá a los lectores juzgar por sí mismos cuán seriamente tomó Trotsky la construcción de la Cuarta Internacional y lo que hizo para influir en su conferencia de fundación.

 

El principal evento personal en la vida de Trotsky y durante este período fue la muerte de su amado hijo y camarada, León Sedov, a manos de agentes de la GPU en un hospital de París. Difícilmente hay algo más conmovedor en todo el reino de la literatura política, que el tributo de Trotsky a Sedov, aquí reproducido. Otro golpe personal y político fue el secuestro y asesinato en París de otro apreciado camarada que había sido secretario de Trotsky en Turquía y Francia, el joven refugiado alemán Rudolf Klement, quien estaba a cargo de los preparativos técnicos del establecimiento de la conferencia internacional.

 

Uno de los mayores acontecimientos de este período, fue el tercer Juicio de Moscú, que comprometió a Bujarin, Rikov y otros diecinueve acusados, en marzo de 1938. Trotsky y Sedov habían hecho más que nadie en el mundo para revelar el carácter fraudulento de los dos primeros Juicios de Moscú (1936 y 1937). Ahora, antes de que el golpe de la muerte de Sedov se hubiese borrado, Trotsky se lanzó al trabajo gigantesco de llegar a la opinión pública mundial con una refutación diaria de las falsificaciones y contradicciones presentadas en el tribunal de Moscú. Con la ayuda de sus secretarios y trabajando casi veinticuatro horas diarias, durante diez días, escribió y envió más de una veintena de artículos en tres idiomas que fueron impresos en algunos de los más importantes periódicos del mundo y que publicamos aquí.

 

Como de costumbre, escribía acerca de cosas diferentes para públicos diferentes. Usó hábilmente la prensa capitalista para romper el aislamiento y ostracismo con que trataron de amordazarle los stalinistas. Pero la mayor parte de sus escritos estaba dirigida a la izquierda. Su artículo evaluando el Manifiesto Comunista en su nonagésimo aniversario, su carta al periódico del partido laborista inglés sobre las expropiaciones del petróleo mejicano y el consecuente boicoteo británico, sus declaraciones sobre la libertad de educación, arte, prensa y el derecho de asilo, fueron ideados para influir en la opinión obrera y radical. Además escribió artículos para el MCI, los más numerosos, que pueden ser divididos en dos partes: los que estaban destinados a los miembros en conjunto, impresos en los boletines internos de las diferentes secciones nacionales (tales como las respuestas polémicas sobre el carácter de clase de la Unión soviética las cuales contestaban a críticas de los camaradas franceses y americanos, una carta sobre centralismo democrático, críticas sobre la prensa del partido, etcétera); y las cartas que Trotsky envió a los dirigentes de las secciones nacionales o al Secretariado Internacional, generalmente sobre asuntos confidenciales.



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