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La “unidad” Moscú-Amsterdam[1]

 

 

29 de noviembre de 1937

 

 

 

La unificación de las organizaciones sindicales del mundo, en el presente caso, la adhesión de la Unión Soviética a la Internacional de Amsterdam,[2] podría aportar grandes ventajas a la clase trabajadora, pero solamente bajo una condición: que en la actualidad existieran sindicatos en la Unión Soviética. Pero no existen. Hay un aparato sindical totalmente dependiente de la camarilla gobernante, que domina a las masas trabajadoras. Así, durante la última purga sangrienta, que está lejos de haber terminado, el Consejo Central de Sindicatos fue totalmente reorganizado sin que las llamadas masas sindicalizadas supieran más de lo que apareció en la prensa oficial. La purga de los sindicatos se hizo por la GPU bajo las órdenes directas de Stalin.

El ex dirigente sindicalista y antiguo revolucionario Tomski,[3] fue llevado al suicidio por una campaña de calumnias y vil persecución. Su puesto fue tomado sin la menor consulta con los miembros por Shvernik, quien no es y no fue nunca nada más que un botones al servicio personal de Stalin.[4] La maquinaria renovada se ocupa a su vez de las purgas en fábricas y oficinas, cazando y atrapando a quienes están descontentos, críticos o exigentes. De esta manera los llamados sindicatos representan una organización de policía industrial, una dependencia de la GPU y no una organización autónoma de trabajadores.

No es pues un problema de unificación de las masas trabajadoras, sino un acuerdo diplomático entre el aparato de Amsterdam, moderadamente conservador, y el aparato policial de Moscú.

A los dirigentes de los sindicatos británicos les encantaría orientar la política extranjera de su país hacia las buenas relaciones con Francia, los Estados Unidos y la Unión Soviética. La política francesa del Frente Popular, está basada en el apoyo de Moscú. Jouhaux, el dirigente de la CGT francesa, mientras proclama “la independencia” de sus sindicatos, pertenece en realidad al Frente Popular. Es esta unión política, nacional e internacional, la que ha determinado el acercamiento de la burocracia sindical de Amsterdam con la burocracia pseudo-sindicalista de Moscú.

Debemos añadir aun otro elemento que no deja de tener su importancia, Ya desde hace años, prácticamente desde 1924 y a través de la maquinaria intermediaria de los llamados sindicatos, Stalin ha comprado “las simpatías” de varios dirigentes sindicales extranjeros, comenzando en Inglaterra. Podemos citar algunos casos de dirigentes sindicales británicos en la nómina de Moscú. Otros se han beneficiado a través de privilegios excepcionales o sus esposas han recibido regalos en oro o platino. Esta costumbre de desmoralizar a los dirigentes laborales ha sido, digámoslo de paso, uno de los puntos principales de mi lucha contra la camarilla de Stalin.

Cuando me di cuenta de esta costumbre en la primavera de 1925 protesté con vigor. “¿Pero por qué?” se opuso Stalin. “¿No compra la burguesía a los dirigentes laborales?” “Uno puede comprar a cualquiera”, contesté, “con el fin de corromperlo pero no con el fin de hacerlo un luchador por la emancipación de los oprimidos”. Esta costumbre ha tomado desde entonces proporciones gigantescas. No debemos olvidar que la industria del oro ha progresado inmensamente en la Unión Soviética. La industria del soborno y de la corrupción han hecho aun un mayor progreso.

Muchos de los llamados “amigos” de la Unión Soviética, que no tienen nada en común con el pueblo ruso, sus tradiciones revolucionarias, sus sufrimientos y sus aspiraciones, no son más que los amigos interesados de la camarilla gobernante del Kremlin. A algunos de ellos se les paga directamente en oro. Otros dependen en sus objetivos políticos personales de la ayuda de la poderosa maquinaria internacional de Moscú.

No dudo de que Stalin, Iezov,[5] y Shvernik utilizarán la llamada unificación sindical con el fin de incrementar su dominio sobre el número de dirigentes que poseen una conciencia y una cerviz dóciles. ¿Cuál será la reacción de la clase trabajadora contra estas prácticas? Lo veremos en los años venideros.



[1] La “unidad” Moscú-Amsterdam. Socialist Appeal, 11 de diciembre de 1937. Este artículo era parte de una entrevista del Universal (Ciudad de México) publicada poco después de que apareció un informe en la prensa sobre la apertura de negociaciones para la unificación de las federaciones sindicales stalinistas y socialdemócratas. Tal unificación no se llevó a cabo hasta 1945 y no duró mucho después de la iniciación de la guerra fría.

[2] La Internacional de Amsterdam: nombre popular de la Federación Internacional de Sindicatos, dominada por la socialdemocracia, con sede en Amsterdam.

[3] Mijail Tomski (1886-1936): bolchevique de derecha que se opuso a la Insurrección de Octubre. Fue director de los sindicatos soviéticos y miembro del Politburó hasta que se unió a la lucha de la derecha que dirigió Bujarin contra Stalin. Se suicidó durante el primer Juicio de Moscú.

[4] N. M. Shervenik (n.1888): juez que presidió el juicio de los mencheviques en 1931. Llegó a ser miembro del Politburó en 1989 y continuó en él hasta 1966.

[5] Nikolai Iezov: llegó a ser director de la GPU en 1936, pero desapareció después del tercer Juicio de Moscú.



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