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Entrevista por “México al día”[1]

 

 

16 de agosto de 1937

 

 

 

P: ¿Ha leído usted el artículo publicado en El Universal Gráfico del 10 de agosto en la página 9? Allí se habla de los motivos de su oposición al Comité Central del Partido Comunista. ¿Querría usted decir algo al respecto y cuáles son las verdaderas razones de sus diferencias con Stalin?

R: Mi lucha contra Stalin tiene profundas raíces sociales. La Revolución de Octubre se hizo en favor de los intereses de las masas trabajadoras, contra todos los privilegiados. Sin embargo, debido a razones históricas que no se pueden discutir aquí, una nueva casta privilegiada, la todopoderosa burocracia soviética, se ha elevado por encima de las masas obreras y campesinas. Stalin es su dirigente. Los llamados “trotskistas” luchan por los intereses de las masas trabajadoras contra los nuevos explotadores. Si la burocracia instaurara su dominación definitivamente, las conquistas de la Revolución de Octubre quedarían aniquiladas. Por el contrario, si las masas trabajadoras logran derrocar a la casta dominante, el país podrá desarrollarse por los cauces socialistas. Por eso la lucha es irreconciliable. El resultado final depende de muchos factores, tanto internos como internacionales.

P: ¿Qué piensa usted de la nueva constitución soviética? En su opinión, ¿hasta qué punto sigue Stalin los lineamientos señalados por Lenin?

R: La nueva constitución de la URSS es el intento de consolidar jurídicamente la dominación incontrolable de la camarilla dominante y de su Führer. La nueva constitución tiene un carácter bonapartista, en la medida que trata de ocultar el poder personal ilimitado mediante un plebiscito fraudulento.

P: En su opinión, ¿cuál será el futuro del estado soviético ruso y cuales son, en todo caso, los peligros que lo acechan?

R: Ya hemos hablado de los peligros internos. Los externos están ligados a la amenaza de guerra. En su lucha ininterrumpida contra el pueblo, la burocracia debilita la defensa del país. Esto lo demuestra, en parte, la capitulación vergonzosa de Moscú ante Japón en el problema reciente del archipiélago de Amur. La liquidación de la dictadura stalinista también es una necesidad imperiosa para la defensa del país.

P: Se dice que usted está escribiendo sus memorias. ¿Será una continuación o ampliación del libro Mi vida?

R:  Acabo de concluir mi libro sobre los procesos de Moscú, con el título Los crímenes de Stalin. Ahora reiniciaré la biografía de Lenin.

P: ¿Está usted satisfecho, no sólo políticamente, sino también como hombre, con su posición en el mundo? Es decir, ¿abandonará la política por obra de circunstancias especiales y se dedicará a gozar, como hombre y no como político, lo que la vida le pueda ofrecer en un modesto retiro?

R: El pensamiento es la única satisfacción completa que posee el hombre. El trabajo intelectual depende relativamente poco de las circunstancias externas. Si uno tiene libros, papel y pluma, no necesita nada más para elaborar las conclusiones de la experiencia vital propia o ajena y participar así en la preparación del futuro. Por eso es un error afirmar que me he retirado de la política. No participo en la política actual; sobre todo, me abstengo de intervenir en la vida interna de este país que me acordó tan magnánima hospitalidad. Pero mi actividad literaria, tanto teórica como histórica, tiene siempre en vista el destino futuro de la humanidad y trata de ayudar a la emancipación de los obreros por todos los medios posibles. En este sentido amplio de la palabra, toda mi actividad reviste un carácter político.

Durante mis cuarenta años de actividad revolucionaria estuve en el poder durante ocho años, como máximo. No fue el periodo más feliz de mi vida. Con el mismo criterio, no veo razón alguna para considerar a mi exilio como una desgracia personal. El exilio fue condicionado por la lucha revolucionaria y, en este sentido, es un eslabón lógico, natural de mi vida.

P: ¿Cómo es su vida en la actualidad? ¿A qué dedica la mayor parte de su actividad? ¿Está satisfecho con su estada en México? ¿Considera usted que el hombre, como ser humano, le interesa al público tanto como la política?

R: Mi vida actual prácticamente no se distingue de la que llevaba en el Kremlin: me entrego a mi trabajo. Ya he hablado de ese trabajo en sus aspectos esenciales. Estoy absolutamente satisfecho con las condiciones de mi estada en México. Es cierto que los agentes de Stalin (no es necesario nombrarlos) hacen todo cuanto está en su poder por trastornarla. Pero una larga experiencia me ha enseñado a tratarlos con indiferencia, mezclada con una pizca de desprecio.

Para terminar, permítame decirle que buena parte de mi tiempo está dedicado a ayudar al trabajo de la Comisión Investigadora Internacional de los procesos de Moscú. He puesto a disposición de dicha comisión varios centenares de documentos originales, en su mayoría cartas, y más de cien declaraciones juradas. Las sesiones de la comisión plenaria se iniciaran el 17 de setiembre. El trabajo de las subcomisiones de Nueva York y París procede ininterrumpidamente: verificación de documentos, interrogatorio de testigos, etcétera. A pesar de las calumnias de los lacayos de Moscú, la comisión y la subcomisión no sólo no están integradas por “trotskistas”, sino que muchos de los miembros son adversarios políticos. Evidentemente, se trata de personas honestas, intachables, no de agentes de la GPU. Agregaré que, en repetidas ocasiones, la comisión invitó a representantes del gobierno de Moscú, de la Comintern y a los “Amigos de la Unión Soviética” a integrarse a la misma. Los cobardes se negaron a hacerlo, con el fin de tener un pretexto para acusar a la comisión de “parcialidad”.

A principios de setiembre aparecerá en Nueva York el informe taquigráfico (600 páginas) de las sesiones de la Subcomisión Investigadora en Coyoacán. Posteriormente, un segundo tomo reunirá los documentos presentados a la comisión[2]. De esta manera, la Comisión Investigadora Internacional tendrá la oportunidad de basar sus conclusiones sobre un cimiento sólido de hechos escrupulosamente verificados. No dudo de que el juicio de la comisión y de la opinión pública mundial significará un golpe fatal para la burocracia stalinista y sus “amigos”.

No existe mayor satisfacción para un ser humano que el estar convencido de la justeza de las propias posiciones y luchar por el triunfo de la verdad sobre la mentira y el fraude. Me siento sumamente agradecido al pueblo mexicano y a su gobierno, quienes, en un período crítico de mi vida, me permitieron luchar sin trabas contra los fraudes políticos más monstruosos.



[1] Entrevista por “México al Día”. Quatrième Internationale, enero de1938. Traducido del francés [al inglés] para la primera edición [norteamericana] de Escritos 37-38 por A.L. Preston. El periodista era Antonio Magaña Esquivel.

[2] El informe de la Comisión Investigadora apareció bajo el titulo de Not Guilty en 1938. El plan de publicar un tercer tomo con las actas y documentos de la subcomisión jamás se materializó.



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