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El factor tiempo en política[1]

 

 

25 de junio de 1937

 

 

 

Estimado Camarada Burnham:

 

Cuando recibí su importante carta del 22 de junio releí la mía del 15 de junio y no pude descubrir en ella ninguno de esos planes que, según dice usted, se ocul­tan detrás de mi plan a cinco meses. Los problemas políticos no se resuelven de acuerdo con el calendario: eso es indudable. Pero cuando iniciamos una campaña concreta en una situación concreta y dirigida hacia fines concretos, podemos y debemos prever el factor tiempo, que en política desempeña un papel tan importante.

Dice usted que lo importante es la “intensidad” y el “ritmo” de nuestras actividades, no las fechas esta­blecidas a priori. Coincido con lo de la intensidad y el ritmo, pero con ayuda del factor tiempo, y éste se mide con el calendario. Nuestros planes, refiéranse a la insurrección proletaria, la construcción económica, o la ruptura con los burócratas socialistas, deben ser elás­ticos. Quizás la separación se produzca dentro de dos o tres meses. No excluimos la posibilidad de que la cam­paña dure un semestre. Pero si usted dice que podemos permanecer en el Partido Socialista durante dos años más, o siquiera un año más, yo responderé que la “intensidad” y el “ritmo” que usted propone carecen de la suficiente intensidad y rapidez. Esa es la esencia de mi plan a cinco meses. Es una hipótesis de trabajo: nada más, pero nada menos.

Usted supone, mejor dicho, sospecha que mi inten­ción es promover “actitudes resueltas, para que la dirección, enfrentada con hechos ‘irrevocables’, se vea impedida de retroceder”. Protesto fraternalmente por esta sospecha que carece de todo fundamento. Mis cartas iban dirigidas a los miembros de la dirección y a nadie más. Me pareció necesario apoyar la iniciativa de Cannon ante los mismos camaradas de la dirección. Ese es el sentido de mi carta del 15 de junio y de mi telegrama. Me parece absolutamente claro que la campaña próxima a empezar sólo alcanzará sus objeti­vos si el organismo de dirección la prepara, la dirige en forma centralizada y garantiza la disciplina y la cohesión. Si alguien trata de utilizar este viraje tan importante, delicado y difícil para fines fraccionales o “personales”, debemos impedírselo, empleando no sólo la presión de nuestra opinión pública partidaria, sino también las medidas administrativas correspon­dientes. Si alguien busca venganza personal (“tuve ra­zón cuando me opuse al entrismo”, etcétera) debemos llamarlo severamente al orden. Sólo podremos evaluar los resultados prácticos después de la ruptura defini­tiva; no los mejoraremos mediante la desmoralización indigna de los camaradas en un momento crítico, sino mediante una lucha enérgica y resuelta.

En este sentido, su crítica a mis observaciones sobre la legalidad del PS se deben a un malentendido. Yo jamás propuse que cometiéramos una flagrante viola­ción de disciplina, ni que tratáramos de impactar a la base mediante pronunciamientos extravagantes. Sí afirmo -y es bastante contundente- que nuestra evaluación de la legalidad partidaria debe subordinarse a las necesidades de la nueva línea política, es decir, a la línea de demarcación ideológica y de separación organizativa. Una regla elemental del juego nos obliga a actuar de manera tal que la responsabilidad por cada medida de emergencia que tomemos recaiga sobre los burócratas y el estado de sitio que han impuesto en el partido. Cada una de nuestras medidas debe resultar absolutamente comprensible y convincente. Pero debe­mos dar los pasos decisivos en los próximos meses, aunque corramos el riesgo de que algunos de nuestros simpatizantes se queden en el PS. Los mejores se nos unirán más adelante. Debemos determinar la “inten­sidad” y el “ritmo” de nuestra campaña con base en consideraciones políticas generales, no de índole sicológica individual.

Si mi recuperación física prosigue satisfactoria­mente, en la semana próxima escribiré el artículo sobre España. Pase lo que pase, sería un error demorar el lanzamiento del periódico a causa de dicho artículo.

Con mis mejores saludos,

Wolfe [Trotsky]



[1] El factor tiempo en política. Del archivo de James P. Cannon. Con autorización de la Library of Social History. Carta a Burnham, con copias a Carter, Cannon, Glotzer y Weber. En esa época Cannon retornó a Nueva York para trabajar en el centro nacional.



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