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El arte revolucionario y la Cuarta Internacional[1]

 

 

1º de junio de 1938

 

 

 

Estimados camaradas:

 

Lamento profundamente que circunstancias desfavorables no me permitan participar en su conferencia. La vanguardia de los obreros de todo el mundo espera sus respuestas sobre los más candentes problemas de su lucha por la libertad.

Sin embargo, estoy suficientemente enterado de las discusiones que se llevan a cabe en diferentes países, sobre los problemas fundamentales del movimiento obrero y, con los documentos que han sido presentados para su apreciación, tengo el derecho de asegurarles mi completa solidaridad con el trabajo que están llamados a realizar.

En todo el curso de su historia, el proletariado nunca había sido tan engañado y traicionado por sus organizaciones como lo es hoy, veinticinco años después del inicio de la Primera Guerra Mundial y algunos años o quizás sólo meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

La internacional socialdemócrata, como ha sido ilustrado por la última y más reciente experiencia gubernamental de León Blum en Francia, es un auxiliar del aparato del estado burgués, que la convoca para que lo ayude durante los períodos más difíciles y para el más vergonzoso trabajo: en particular, preparar una nueva guerra imperialista.

El papel de la Tercera Internacional es aun más criminal y dañino -si tal cosa es posible- porque encubre los servicios que presta al imperialismo, con la autoridad robada a la Revolución de Octubre y el bolchevismo.

Sobre el suelo de España, el stalinismo demostró, con evidente claridad, que ha asumido el papel de gendarme internacional contra la revolución proletaria, el mismo papel que jugó el zarismo contra la revolución burguesa.

El anarquismo oficial, con su vergonzosa política en España, ha convencido a la masa de trabajadores de todo el mundo de que ya no pueden contar con él. Como la burocracia de las dos falsas internacionales marxistas, la burocracia anarquista ha llegado a identificarse con la sociedad burguesa.

Para evitar el desastre y la podredumbre de la humanidad, el proletariado necesita de una inteligente, honesta y decidida dirección revolucionaria. Nadie puede proporcionar esta dirección excepto la Cuarta Internacional, basándose en toda la experiencia de las derrotas y victorias pasadas.

Permítanme, sin embargo, lanzar un vistazo a la misión histórica de la Cuarta Internacional, no sólo con los ojos de un proletario revolucionario sino también con los ojos del artista de profesión que soy. Nunca he separado estos dos campos de mi actividad. Mi pluma nunca me ha servido como juguete de diversión personal o para las clases dominantes. Siempre me he esforzado por expresar los sufrimientos, esperanzas y luchas de las clases trabajadoras, porque es así como me acerco a la vida y por lo tanto al arte, el cual es parte inseparable de ésta. La inevitable crisis actual del capitalismo implica una crisis de toda la cultura humana, incluyendo el arte.

En cierta forma, la situación general del mundo obstaculiza el camino revolucionario de la creatividad, a artistas talentosos y sensitivos. Este camino desgraciadamente está obstruido por los fétidos cadáveres del reformismo y el stalinismo.

Si la vanguardia del proletariado mundial encuentra su dirección, el arte de vanguardia encontrará nuevas perspectivas y una nueva esperanza. Entre tanto la llamada Internacional Comunista, que no aporta al proletariado más que derrotas y humillaciones, continúa dirigiendo la vida intelectual y la actividad artística del ala izquierda de la intelectualidad internacional.

Los resultados de esta hegemonía son particularmente notables en la URSS, en donde la actividad creativa revolucionaria hubiera alcanzado su alto desarrollo. La dictadura de la burocracia reaccionaria ha asfixiado y prostituido la actividad intelectual de toda una generación. Es imposible observar sin repugnancia física las reproducciones de pinturas y esculturas soviéticas, en las que funcionarios armados de brochas, bajo la vigilancia de funcionarios armados de rifles, glorifican a sus jefes como a "grandes" hombres y “genios", cuando en realidad no poseen el menor brillo de genialidad o grandeza. El arte de la época stalinista pasará a la historia como la expresión más espectacular del más profundo retroceso que la revolución proletaria haya sufrido.

Tan sólo un nuevo auge del movimiento revolucionario puede enriquecer el arte con nuevas perspectivas y posibilidades. La Cuarta Internacional, obviamente, no puede tomar la tarea de dirigir el arte, es decir, dar órdenes o prescribir métodos. Tal actitud hacia el arte sólo puede caber en las mentes de los burócratas de Moscú, embriagados de omnipotencia. El arte y la ciencia no encuentran su esencia fundamental a través de patrones; el arte, por su propia naturaleza, los rechaza. La actividad creativa revolucionaria tiene sus propias leyes internas aun cuando concientemente sirve al desarrollo social. El arte revolucionario es incompatible con la falsedad, la hipocresía y el espíritu de servilismo. Poetas, artistas, escultores y músicos encontrarán por sí mismos su camino y sus métodos, si el movimiento revolucionario de masas disipa las nubes de escepticismo y pesimismo que oscurecen hoy el horizonte de la humanidad. La nueva generación de creadores debe estar convencida de que el rostro de las anteriores internacionales representa el pasado de la humanidad y no su futuro.



[1] El arte revolucionario y la Cuarta Internacional. Litterature et Revolution, editado por Maurice Nadeau (Juillard, 1964), traducido del francés para la primera edición [norteamericana] de Escritos 1937-38 por Constance Weissman.. Es una carta a la conferencia de fundación de la Cuarta Internacional.



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