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Declaración a los periodistas sobre el veredicto Dewey[1]

 

 

13 de diciembre de 1937

 

 

 

Primero que todo, permítanme expresar mi caluroso agradecimiento por su bondad y atención en responder a la invitación a esta reunión privada concerniente al veredicto de la comisión. La prensa tiene no solamente el derecho, sino también el deber de formarse una opinión clara de si una persona que está disfrutando de la hospitalidad de este país es en realidad culpable de crímenes tan terribles y despreciables como los que sus adversarios políticos le imputan.

Segundo, permítanme disculparme de mi español. Mi gran maestro Carlos Marx observó a su discípulo alemán Wilhelm Liebknecht.[2] “¡Qué! ¿Usted no sabe español? ¡Qué lástima! Usted no puede leer a Don Quijote en el original.” Caballeros, esta es precisamente mi situación. Hasta ahora, solamente he leído a Don Quijote en traducción.

Mi español es muy rudimentario. Esta es la primera vez que trato de hacer una declaración pública en la lengua de este país.

Preparé mi declaración con la ayuda de mis amigos. Por supuesto, la responsabilidad por mi pronunciación, especialmente por mi acento, no la asumen ellos. Mis errores lingüísticos me pertenecen.

No quiero abusar de su paciencia. Mi declaración consta de dos partes: Primero, un corto comentario general sobre la importancia y el significado del veredicto. Segundo, mis respuestas a preguntas de periodistas y amigos.

Ahora la declaración.

Ustedes conocen la decisión de la Comisión Internacional sobre los Juicios de Moscú. Permítanme por consecuencia limitarme a unos pocos comentarios.

Primero que todo doy las conclusiones definitivas de la comisión. Son breves, dos líneas en total:

“(22) Por lo tanto decidimos que los Juicios de Moscú son un fraude.

“(23) Por lo tanto decidimos que Trotsky y Sedov son inocentes.”

¡Dos líneas en total! Pero hay pocas líneas que tengan tanto peso en la biblioteca de la humanidad. Si la comisión se hubiese limitado a estas palabras: “Trotsky y Sedov son inocentes” existiría la posibilidad formal de admitir un error jurídico.

La comisión se ha encontrado lo suficientemente armada con el fin de cerrar las puertas de una vez por todas a tal interpretación. “Por lo tanto decidimos,” dice el veredicto, “que los Juicios de Moscú son un fraude.”

Con tal declaración la comisión tomó sobre sí una enorme responsabilidad moral y política. Debió tener evidencia no solamente convincente y suficiente, sino irresistible y aplastante con el fin de llegar a esta conclusión ante el mundo entero.

Les pido, caballeros de la prensa, estudiar atentamente la lista de los miembros de la comisión en Nueva York y París. Esta lista está en sus manos. Habla por sí misma.

La lista contiene 17 nombres. Con la única excepción de Rosmer, representante de Francia,[3] nunca tuve relaciones personales con ningún miembro de la comisión. Ustedes encuentran entre ellos científicos de fama mundial, dirigentes de la Segunda Internacional y del movimiento de los trabajadores en general, juristas y publicistas eminentes y el representante autorizado del pensamiento anarco-sindicalista.

Pero entre los 17 nombres no hay un sólo miembro de la Cuarta Internacional. Puedo hasta decir que todos son, en grados diferentes, mis adversarios políticos, y algunos de ellos han demostrado públicamente su actitud negativa hacia los llamados trotskistas aun durante la investigación. Todos los miembros de la comisión tienen docenas de años de actividad política, científica, o literaria. Todos tienen nombres sin tacha. Si hubiera existido una persona susceptible de ser comprada, lo habría sido hace mucho tiempo. Mis enemigos tienen millones a su disposición para este propósito y no son avaros.

En cuanto a mí y a mi hijo, no teníamos ni aun los medios necesarios para cubrir los gastos técnicos de la investigación. El modesto fondo de la comisión ha sido suministrado por colectas entre los trabajadores y donaciones personales.

La comisión invitó insistentemente a los representantes del gobierno soviético, la Comintern o sus secciones nacionales en los Estados Unidos y México, los “amigos de la Unión Soviética,” finalmente individuos íntimamente unidos a Moscú como el señor Pritt, abogado inglés, el señor Lombardo Toledano y otros,[4] a participar en su trabajo con derechos iguales. La comisión ha buscado, cirio en mano, un stalinista autorizado o un simpatizante que no se limitara a las maquinaciones en los sótanos de la GPU, o a calumnias e insinuaciones en publicaciones sin responsabilidad u honor, y tuviera el valor de someter abiertamente las acusaciones de Moscú al control de los críticos. No encontró una sola persona excepto el antiguo empleado de la agencia telegráfica oficial soviética TASS, el señor Carleton Beals.[5] Pero poco tiempo después pareció que Beals fue empujado a la comisión solamente con el fin de sabotearla desde adentro. Cuando las preguntas de Beals impregnadas con el espíritu de provocación de la GPU, recibieron una respuesta adecuada, huyó del campo de batalla.

La comisión ha trabajado más de nueve meses sin interrupción en Nueva York, México, París, Praga, y otras capitales europeas. Ha estudiado miles de documentos originales, cartas, minutas, artículos, libros y declaraciones verbales y escritas de numerosos testigos.

Ustedes también recibieron un breve resumen del trabajo de la comisión el cual contiene solamente 24 páginas. El veredicto completo se publicará pronto en un libro de 80.000 palabras. Contiene el análisis más meticuloso de todas las confesiones de los desgraciados acusados y las afirmaciones del abogado fiscal Vishinski, lugarteniente de Stalin en toda su falsificación jurídica. Permítanme decirles por anticipado que es imposible esperar ninguna respuesta articulado de los falsificadores. La única contestación que ellos sostienen y que usan bastante a menudo es el disparo de un revólver o el golpe de un cuchillo. Con tal argumento uno puede aniquilar un adversario, pero no asesinar la voz de la conciencia mundial. La decisión de la comisión no puede ser afectada por un revólver o un cuchillo. No puede ser ahogada.

Está hecha la tarea más importante. Se pronunció el veredicto, Stalin y la GPU fueron marcados para siempre como los ejecutores de los más grandes crímenes de la historia.

Ante el fallo de la comisión, ninguno de los agentes lacayos será capaz de escapar a su responsabilidad.

Los charlatanes de salón disfrazados de revolucionarios, los hombres y mujeres que siguen a los solemnes aniversarios de la burocracia soviética, los abogados que hicieron sus carreras sobre los hombros de los trabajadores - ¿es necesario dar sus nombres? - y todos los demás intrigantes y charlatanes que se han permitido jugar con mi honor político y hasta hacer un capital de esta manera, todos estos caballeros, uno tras otro, serán llamados al orden por la opinión pública. Sus grandes protectores no serán capaces de salvarlos de un desprecio merecido, más de lo que han sido capaces de salvarse ellos mismos.

Ha sonado la hora de la verdad. Nadie podrá retroceder la rueda de la justicia. Toda nueva revelación reforzará el veredicto aplastante y ampliará su radio de acción.

Con el presidente de la comisión el doctor Dewey podemos repetir una vez más la excelente frase de Emilio Zola: “la verdad está en marcha y nada puede detenerla”.[6]

Caballeros de la prensa, tienen la oportunidad de participar activamente en la marcha triunfal de la verdad. No dejen escapar esta preciosa oportunidad.

Recibirán copias del texto verificado de la declaración en español y en inglés.

Mencioné que recibí un número de preguntas acerca del veredicto antes de esta reunión. Escribí mis respuestas a las más urgentes e importantes. Con su permiso les daré mis contestaciones.

P: Si admitiéramos que los Juicios de Moscú representan un fraude, entonces ¿cómo pudo Stalin decidirse a tal crimen?

R: Tenemos que distinguir en este asunto dos aspectos, el social y el individual. La burocracia llegó a fraudes judiciales no de un golpe sino gradualmente, en el proceso de la lucha por su dominio. La mentira y el fraude residen en la esencia misma de la burocracia soviética. De palabra, lucha por el comunismo. En la realidad lucha por sus ganancias, sus privilegios, su poder. Con el miedo y la malicia de un advenedizo social extermina a todos los opositores. Para justificar ante la gente este terror loco, se ve obligado a atribuir a sus víctimas crímenes aun más monstruosos y fantásticos. Tal es la base social de los crímenes de Moscú.

Sin embargo no es por accidente que Stalin se ha convertido en el dirigente de la burocracia moscovita. Sus cualidades personales corresponden a sus necesidades políticas. En marzo de 1921 Lenin había dado ya el consejo de no elegir a Stalin como secretario general, pues como lo dijo, “este cocinero preparará solamente platos picantes”. En su testamento (enero de 1924) Lenin aconsejó la destitución de Stalin del puesto de secretario general, explicando el hecho de que Stalin es inculto, desleal, y tiene tendencias al abuso del poder. Estas cualidades personales se han desarrollado inmensamente en Stalin en proporción a su elevación y al apetito de la burocracia. De este modo “el cocinero” del Kremlin llegó a los “platos” más picantes con los Juicios de Moscú.

Se podría objetar: Pero un fraude de tales dimensiones no podría menos de descubrirse finalmente; ¿cómo pudo entonces el “cauteloso” Stalin decidirse a acciones tan arriesgadas? A esto yo respondo: a) no tenía otra alternativa; b) de fraudes pequeños pasó gradualmente a grandes; e) con toda su perspicacia y astucia política Stalin es muy limitado y cree en la omnipotencia de la violencia policial; d) Stalin no conoce ni las lenguas ni la vida extranjera. Toma seriamente las opiniones de sus agentes y de toda clase de amigos pagados en el extranjero, por la voz de la opinión pública mundial. De este modo al final llega a ser la víctima de su propio sistema.

P: Usted dice que Stalin llega a ser víctima... pero al mismo tiempo las víctimas parecen ser otras.

R: Completamente correcto. Stalin todavía tiene la posibilidad de exterminar a sus oponentes y no solamente en la Unión Soviética sino también en el extranjero. Durante el año pasado los agentes de la GPU han cometido una serie de crímenes en España, Suiza y Francia. Se pueden esperar tales acciones en una serie de otros países. Estos crímenes, como lo demuestran recientes revelaciones, son también una empresa muy arriesgada; sin embargo, Stalin no tiene otra alternativa que añadir nuevas víctimas a las anteriores. En ese sentido su observación es correcta. Sin embargo, en un sentido más amplio, Stalin es la víctima de su propio sistema. Las ideas contra las cuales lucha, ganan más y más defensores. Los oponentes calumniados y asesinados por Stalin se rehabilitarán ante la opinión pública mundial; en cambio para Stalin no hay rehabilitación. No es un problema de la severidad de sus medidas sino de su falsedad y putrefacción interiores. Su sistema está condenado. Stalin dejará el escenario cubierto de desgracia.

P: En su opinión, ¿cuáles son las posibles consecuencias políticas del veredicto de la comisión?

R: Se entiende que no espero que el sonido de una trompeta, aunque sea la de la verdad, haga caer inmediatamente los muros de Jericó. Pero considerada desde una perspectiva más cuidadosa, la decisión de la comisión tendrá consecuencias políticas tremendas con relación a la Comintern y a la burocracia soviética.

En primer lugar sufrirá la Comintern. Es necesario entender claramente que su maquinaria se compone de gente exactamente opuesta al tipo revolucionario, pues un verdadero revolucionario conquista su opinión por sí mismo, y en su nombre está listo a hacer sacrificios, incluyendo aun el de la propia vida. El revolucionario se prepara para el futuro y por eso le es fácil sufrir toda clase de dificultades, privaciones y persecuciones en el presente. En contraposición a este, los burócratas de la Comintern no se preocupara de otra cosa que de su carrera.

No tienen ningún tipo de opinión y se subordinan a las órdenes de la autoridad que les paga. Puesto que son los agentes del omnipotente Kremlin, cada uno de ellos se siente un pequeño “superhombre”. Todo les está permitido.

Calumnian ligeramente el honor de otros, puesto que no tienen uno propio. Esta organización, degenerada y desmoralizada hasta el tuétano, se mantiene en la opinión pública radical incluyendo la de los trabajadores solamente a través de la autoridad del Kremlin como el supuesto constructor de la sociedad socialista. El desenmascaramiento del papel de la oligarquía del Kremlin asestará un golpe irreparable a la autoridad de la Comintern.

Por otro lado, el poder de Stalin continúa no solamente a través de la violencia y la inercia burocrática sino también a través de su autoridad artificial, como supuesto “dirigente del proletariado mundial”. Para sostener esta reputación ante los ojos de los trabajadores soviéticos, la Comintern es necesaria para Stalin. La caída de la Comintern asestará un golpe severo a las posiciones de la oligarquía dentro de la Unión Soviética.

P: ¿Quién, en su opinión, puede remplazar a Stalin?

R: Primero que todo responderé a esto negativamente: De ninguna manera la democracia burguesa. Ante nuestros ojos la democracia burguesa se tambalea aun en aquellos países donde tiene tras ella una larga tradición. No se puede hablar de su resurgimiento en la Unión Soviética. Si la burocracia stalinista fuese derrocada desde la derecha, entonces su lugar lo tomará el fascismo más salvaje y desenfrenado, al lado del cual aun el régimen de Hitler parecerá como una institución filantrópica. Un vuelco tal es posible solamente como resultado de largas conmociones, caos económico, la destrucción de la economía nacionalizada y el restablecimiento de la propiedad privada. Si por el contrario Stalin es derrocado desde la izquierda, es decir, por la clase trabajadora, entonces la democracia soviética tomará el lugar de la burocracia. La economía nacionalizada se preservará y reformará de acuerdo a los intereses del pueblo. El desarrollo hacia el socialismo recibirá un nuevo y poderoso impulso.

P: ¿Cuál de estos dos es más probable?

R: A este respecto prefiero no dedicarme a hacer conjeturas. El resultado se decidirá en la lucha. El veredicto de la comisión se vuelve de ahora en adelante uno de los elementos de ésta. Es difícil presuponer su significación. A los ojos de todo el mundo este veredicto limpia a la Oposición de Izquierda de la Unión Soviética de estas repugnantes calumnias y con esto ayuda a la clase trabajadora en su lucha contra la burocracia. De este modo el veredicto mejora las posibilidades de un levantamiento progresivo, en lo cual reside su mayor aporte histórico.

P: Se deduce del comunicado taquigráfico de las sesiones de Coyoacán y del veredicto de la comisión, que una serie de incongruencias y contradicciones ocurrieron en los Juicios de Moscú. Si Stalin mismo, el principal juez de la corte, Ulrich, el fiscal Vishinski, el director de la GPU, Iezov, y sus ayudantes se ocuparon de organizar el fraude jurídico, ¿cómo pudieron entonces permitirse errores tan obvios?

R: Toda esta gente, comenzando por Stalin, se ha depravado a través de la impunidad y la falta de control. En los artículos y discursos de Stalin encontramos a cada paso no solamente contradicciones políticas sino también las más crudas deformaciones de los hechos sin hablar de los errores gramaticales. Puesto que nadie se atreve a criticarlo, Stalin ha perdido gradualmente la costumbre de controlarse. Lo mismo se aplica al resto de los burócratas. No aprenden ni piensan; solamente ordenan. Un régimen totalitario asegura el éxito aparente de las órdenes. El juez principal de la corte, el fiscal, el acusado, los defensores, los testigos, todos ejecutaron una lección fijada. Los periódicos se subordinan al timbre del teléfono. No hay discusión ni crítica y la gente tiene el derecho solamente de dar las gracias. Bajo tales condiciones el estímulo para un buen trabajo se derrumba, aun en la esfera de los fraudes.

A esto se añade otra circunstancia no menos importante. La fabricación de un proyecto de supuesta conspiración que compromete cientos de personas, y no personas nombradas por primera vez, sino gente conocida en todo el mundo, con su propio pasado, con su carácter político definido, con sus intrincados lazos y relaciones personales, la construcción en una oficina policial de tal proyecto, sin contradicciones burdas, es un problema completamente insoluble. Por supuesto, si asignamos esta tarea a una docena de personas del tipo de Shakespeare, Cervantes, Goethe, Freud, entonces llevarían a cabo la tarea de una manera mucho más competente que Stalin, Vishinski, y Iezov. Pero la gente de genio como regla general no se ocupa del fraude. En todo caso, ni siquiera gente capaz continúa a disposición de Stalin. Vishinski y Iezov son nulidades miserables. Stalin mismo es solamente una grandiosa mediocridad: la grandiosidad se debe a su posición histórica y la mediocridad a su propia personalidad. No es sorprendente que esta gente evidencie una doble impotencia ante un problema que es insoluble en sí mismo.

P: ¿Cuál es la posición del embajador soviético Troianovski con respecto a la comisión de Nueva York?

R: Su posición no es envidiable. Diego Rivera me dijo el sábado: “Troianovski perdió su carrera, y al mismo tiempo tal vez su cabeza.” Creo que mi amigo tiene razón. Es verdad que Troianovski tiene una gran ventaja: durante la revolución estaba en el campo de los blancos. Pero esto no es suficiente. El problema más importante que afrontó Troianovski el año pasado fue obligar a la opinión pública norteamericana a creer en la justicia de Stalin. Sin embargo, no resultó nada de esto. Stalin, como siempre, necesita un chivo expiatorio. No deberíamos sorprendemos si a Troianovski lo invitan a Moscú para “dar explicaciones”.

Incidentalmente, si publica la respuesta a su pregunta, puede hacerle un gran favor a Troianovski puesto que no será fácil para Stalin actuar estrictamente de acuerdo con la predicción de Diego Rivera.

P: ¿De los Juicios de Moscú y del veredicto de la comisión no resultan conclusiones pesimistas con relación al socialismo?

R: No, no veo ninguna razón para el pesimismo. Es necesario tomar la historia como es. La humanidad se mueve hacia adelante como lo hacían algunos peregrinos: dos pasos adelante, y un paso atrás. Durante la época del movimiento regresivo todo parece perdido para los escépticos y pesimistas. Pero esto es un error de visión histórica. Nada se pierde. La humanidad se ha desarrollado desde el mono hasta la Comintern. Avanzará desde la Comintern hasta un socialismo real. El juicio de la comisión demuestra una vez más que la idea correcta es más fuerte que la más poderosa fuerza policial. En esta convicción yace la base inconmovible del optimismo revolucionario.



[1] Declaración a los periodistas sobre el veredicto Dewey. El texto de la declaración apareció en la publicación escocesa Forward [Adelante] del 15 de enero de 1938. El texto de las respuestas a las preguntas se publicó en Socialist Appeal del 25 de diciembre de 1937. Ambas versiones omitieron la breve introducción que fue traducida del español para este volumen [de la edición norteamericana] por Russell Block, con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard.

[2] Wilhelm Liebknecht (1826-1900): en 1869 fue uno de los fundadores de la socialdemocracia alemana, y miembro del Reichstag desde 1867 a 1870 y de 1874 hasta su muerte. Fue encarcelado durante dos años por oponerse a la guerra franco-prusiana.

[3] Alfred Rosmer (1877-1964): amigo de Trotsky desde antes de la Primera Guerra Mundial y miembro de la Oposición de Izquierda hasta 1930, año en que se retiró debido a diferencias políticas y organizativas con la mayoría. En 1936 se reconcilió personalmente con Trotsky.

[4] Denis N. Pritt (18WI972): abogado británico y miembro del parlamento (1935-50), fue un ferviente admirador de Stalin. Vicente Lombardo Toledano (1893-1968): dirigente stalinista de la Confederación de Trabajadores Mejicanos, la mayor federación sindical de México. Fue un activo participante en la campaña difamadora emprendida por los stalinistas mejicanos contra Trotsky, cuyo propósito era el de preparar a la opinión pública para su asesinato.

[5] Carleton Beals (n. 1893): periodista y publicista norteamericano. Fue miembro de la Comisión de Investigación y renunció después de la undécima sesión. (Ver El caso de León Trotsky y los Escritos 1936-37).

[6] Emilio Zola (1840-1902): novelista francés, autor de J’acusse (Yo acuso) en defensa de Alfred Dreyfus, oficial del ejército víctima de una campaña contra los judíos.



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