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Declaración a la prensa sobre André Malraux[1]

 

 

8 de marzo de 1937

 

 

 

La entrevista que concedió André Malraux a El Nacional, donde habla de España, Francia, los juicios de Moscú y André Gide es absolutamente oficial, uno no puede dejar de pensar que el viaje de Malraux a Nueva York tiene un carácter igualmente oficial.

Cuando Malraux rinde homenaje a la política valiente e inteligente del gobierno del presidente Cárdenas con respecto a España, evidentemente no tengo nada que objetar. Sólo puedo lamentar que la iniciativa de México no haya encontrado eco. Las duras críticas de Malraux a León Blum tienen un carácter mucho más ambiguo. No me corresponde a mí defenderlo. Pero en todos los problemas fundamentales de España, Stalin ha seguido y sigue la misma política que Blum. Parecería que se hace recaer la responsabilidad por las consecuencias de la política de Moscú exclusivamente sobre Blum. Sin embargo, la misión de Malraux no consiste en aclarar estas cuestiones: al igual que todos los diplomáticos, sobre todo los oficiosos, Malraux habla menos de lo que le concierne más.

Nueva York es el centro de un movimiento por la revisión de los juicios de Moscú, lo cual, agreguemos al pasar, es la única manera de impedir nuevos asesinatos judiciales. Sobra decir que este movimiento provoca alarma entre los organizadores de las amalgamas de Moscú. Están dispuestos a tomar cualquier medida con tal de detenerlo. Una de esas medidas es el viaje de Malraux. 

En 1926 Malraux estuvo en China al servicio de la Comintern-Kuomintang; él es uno de los responsables de la derrota de la revolución china.[2] En sus dos novelas Malraux pinta, sin quererlo, lo que fue la política de la Comintern en China. Pero no supo sacar las conclusiones necesarias de sus propias experiencias.

Malraux y André Gide pertenecen a la organización Amigos de la URSS. Pero existe una enorme diferencia entre los dos, no sólo en cuanto a la magnitud de su talento. André Gide es un individuo independiente, que posee una gran penetración y una honestidad intelectual que le permite llamar a las cosas por su nombre. Quien no la posee puede hablar de la revolución, mas no servirla. A diferencia de Gide, Malraux rechaza orgánicamente la independencia moral. Sus novelas están impregnadas de heroísmo, cualidad de la que él carece por completo. Es congénitamente oficioso. En Nueva York declara que es necesario olvidar todo menos la revolución española. Sin embargo, la preocupación por la suerte de la revolución española no le impidió a Stalin exterminar a decenas de viejos revolucionarios. Malraux mismo fue de España a Estados Unidos con el fin de realizar una campaña en defensa de la obra judicial de Stalin-Vishinski. A ello debemos agregar que la política de la Comintern en España es un reflejo de su política funesta en China. Esa es la verdad desnuda.



[1] Declaración a la prensa sobre André Malraux. Del archivo personal de George Novack. Trotsky escribió esta declaración cuando el periodismo mexicano lo interrogó acerca de una entrevista en la que Malraux se había negado a responder preguntas acerca de los juicios de Moscú.

[2] Revolución china de 1926-27: aplastada porque los comunistas chinos, actuando bajo órdenes de Moscú, habían capitulado al Movimiento Nacionalista Burgués Kuomintang (Partido del Pueblo), dirigido por Chiang Kai-shek, y subordinado la revolución a los intereses de su coalición. Las dos novelas de Malraux sobre China son Los Conquistadores (1929) y La condición humana (1934).



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