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Carta a los australianos[1]

 

 

23 de diciembre de 1937

 

 

 

Queridos camaradas:

 

Estoy seguro de que excusarán mi demora en contestar su interesante y significativa carta. Hemos estado muy ocupados aquí con la Comisión Dewey y otros asuntos muy urgentes. Por el momento puedo contestar su carta, sólo muy brevemente.

En mi opinión es necesario distinguir estrictamente entre dos asuntos: a) la guerra chino-japonesa; b) las relaciones suyas con el gobierno.

Una victoria japonesa servirá a la reacción. Una victoria china tendrá un carácter progresivo. Esa es la razón por la cual la clase trabajadora del mundo apoya absolutamente a China contra el Japón. Pero esto no significa que ustedes puedan confiar a su gobierno la misión de apoyar a China en su nombre. Es mucho más probable que el gobierno australiano use sus fuerzas armadas contra sus propias masas trabajadoras que contra el Japón. Aun en el caso de un conflicto militar entre Australia y el Japón el gobierno australiano estaría feliz de arreglar el asunto a espaldas de China. Sería un crimen para un partido obrero dar cualquier apoyo político a un gobierno burgués para “ayudar a China”. Pero por otro lado no sería menos criminal proclamar neutral a una organización de la clase trabajadora frente a la guerra chino-japonesa.

Podemos aplicar, con todas las modificaciones necesarias, el mismo razonamiento al problema de la independencia australiana. Naturalmente ningún trabajador o granjero australiano desea ser conquistado y sometido por el Japón. Sería suicida para un partido revolucionario decir simplemente que somos “indiferentes” a este problema. Pero no podemos encomendar la tarea de defender la independencia de Australia a un gobierno burgués y esencialmente imperialista. La política de inmigración del gobierno australiano proporciona a los imperialistas japoneses cierto tipo de justificación ante la opinión del pueblo nipón. Con su política general el gobierno burgués debilita al pueblo australiano económica, política y militarmente. Por último, en caso de una grave crisis social, el gobierno burgués estaría dispuesto inevitablemente a transigir con los imperialistas extranjeros, sacrificando los intereses vitales del país, con el fin de tener la oportunidad de impedir la revolución social. Todos estos motivos son más que suficientes para justificar nuestra política irreconciliable hacia la clase dirigente burguesa en todos los países capitalistas. Pero no hay la más leve razón para proclamar nuestra indiferencia ante el problema de la independencia nacional.

Añadiré una importante consideración práctica ya expresada en mis otras cartas del último período.

No podemos, como declaramos antes, confiar a la burguesía los medios necesarios para ayudar a China. Pero nuestra política variaría según el caso, dependiendo de si Australia interviene en la guerra del lado del Japón o del lado de China. En ambos casos continuaríamos naturalmente en la más aguda oposición al gobierno, pero al mismo tiempo, mientras que boicotearíamos con todos los medios la ayuda material al Japón, acusaríamos por el contrario al gobierno de no apoyar a China lo suficiente, es decir, de traicionar a su aliado, etcétera.

Debo limitarme a estas breves observaciones. Sumados a los últimos artículos y cartas que he escrito sobre este punto, espero haber explicado suficientemente mi punto de vista.

 

Con mis mejores saludos de camarada,

 

León Trotsky



[1] Carta a los australianos. Fourth International [Cuarta Internacional], julio de 1942.



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