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El Banco Interamericano

Artículo publicado en Clave Nro. 8/9, segunda época, pág. 222, abril-mayo de 1940. Sin Firma.

 

Un nuevo paso en el proceso de metódico encadenamiento de América Latina es la creación del Banco Interamericano.

 

Las funciones de ese organismo estarán fundamentalmente relacionadas con el manejo de las monedas latinoamericanas y de la deuda pública continental. Sus propósitos en este campo esencial de su gestión pueden resumirse así: intermediación en los empréstitos y colocaciones de capital yanqui en América; sostenimiento del nivel de las monedas y revalorización de ellas, cuando así convenga a los intereses de Wall Street. Para ello, organizar y legalizar el empleo del dólar en las relaciones continentales.

Esas funciones, como todo el New Deal en América, están evidentemente dirigidas en contra de los grupos imperialistas de Europa y de Asia: desplazar a Inglaterra, Alemania, el Japón, principalmente, de esta zona de influencia yanqui. Sustituir la libra y a la City, la pacotilla japonesa y el acero alemán. Alejar también el peligro de los “agregados” de toda clase que esos grupos mandan a América, en previsión de la beligerancia de los Estados Unidos.

Pero una cosa va con otra. Se desplaza al adversario para sustituirlo. El Banco Interamericano permitirá dos cosas a los financieros imperialistas: revalorizar y especular con los viejos empréstitos no pagados y sentar bases económico-políticas sólidas para las nuevas inversiones.

Ya se vio esta tendencia en el convenio firmado por Somoza, el conocido tirano nicaragüense. Con un plato de lentejas, que todavía no ha entregado, Roosevelt consiguió para sus comanditarios de Wall Street, que Somoza aceptara la revalorización de una viejísima deuda nicaragüense, en beneficio de los tenedores norteamericanos y en perjuicio de los miserables contribuyentes de su país. También se habló ahí de estabilizar el “córdoba” mediante un fondo de reserva manejado por los imperialistas.

Ese y otros convenios semejantes han sido el preludio de lo que ahora se preparan los Estados Unidos a realizar en gran escala y con la complicidad de todos los regímenes “independientes” de este hemisferio, por medio del Banco Interamericano. Todas esas revalorizaciones y estabilizaciones en función del dólar serán llevadas a cabo por el nuevo Banco. El se colocará en una posición financiera tal que vendrá prácticamente a sustituir en la función que hoy desempeñan, los bancos centrales de los distintos países americanos. Por encima de las decisiones gubernamentales y de las resoluciones de los consejos de administración de los bancos centrales, manejadores hoy de las reservas monetarias y de los cambios exteriores, por encima de la situación real de la balanza de pagos de los distintos países y de las conveniencias que de ella se derivan, las monedas y las deudas latinoamericanas serán manejadas por el grupo imperialista yanqui, en función de sus intereses rapaces. Y todo esto se hace con el beneplácito de las burguesías nativas (accionistas futuras) y los cabeceos aprobatorios de los “técnicos” economistas que sirven de correvediles entre Washington y las capitales criollas.

Carlos Dávila -el conocido financiero del gobierno de Chile- declara que la América Latina, a pesar de haber suspendido en muchos casos y durante años el pago de las deudas públicas exteriores, ha pagado a los Estados Unidos una cantidad fabulosamente superior a cuanto éstos habrían podido esperar de sus inversiones dentro de las normas habituales de la rapacidad capitalista. Sin embargo, no tiene empacho en sostener a continuación la conveniencia de fundar el banco.

Se dirá por esos señores “técnicos” que una será la función estabilizadora del Banco en lo exterior, en el comercio y las deudas externas, y otra será la función de los bancos centrales, limitados a la tarea de dirigir la existencia interior de las monedas, sus relaciones con precios y costos de carácter local. Eso no es más que una mentira, que ellos son los primeros en no creer. La interrelación de las condiciones internas y externas de la economía de un país es demasiado estrecha para que esos dos aspectos puedan ser impunemente manejados por separado, y a base de criterios opuestos. Por lo demás, ¿qué banco central latinoamericano será capaz de enfrentarse con buen éxito al superbanco que está por nacer?

No es farsa ni exceso de previsión, el que Roosevelt diga que está preparando a los Estados Unidos (él dice al mundo) para hacer frente a la situación de la post-guerra que habrá de venir. En la medida en que subsista el dominio burgués en los Estados Unidos y en América Latina, es indudable que el Banco Interamericano, al igual que los tratados y los convenios más o menos públicos de Roosevelt con los gobernantes del continente, las inversiones y créditos, los consejeros y misiones, la radio y el cine, está llevando al hemisferio a una situación en la que todos estos países estarán atados por cadenas económicas, financieras, políticas y de todo orden, tan estrechas con los Estados Unidos, que les (falta completar texto en el original, N de E.). No habrá más comprador que Estados Unidos, no habrá más vendedor que ellos, no habrá más inversor ni más prestamista que ellos.

Esos son los cálculos de Roosevelt. Al proletariado norteamericano y a las masas trabajadoras de América Latina corresponderá decir que no. No olvidemos que la independencia de los países hispanoamericanos sólo podrá conseguirse a través de la revolución clasista y que la liberación del proletariado norteamericano encontrará su más fuerte sostén en el levantamiento de las masas coloniales del continente.

 




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