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¿Que etapa estamos atravesando?

 

León Trotsky

21 de junio de 1924

 

Nota Ed.: La derrota de la revolución alemana en 1923 fue un punto decisivo en la evaluación por parte de Trotsky de las tareas de la Oposición de Izquierda. Al escribir acerca de esto, siete años después, Trotsky dijo, “La discusión interna en el Partido Comunista soviético recién desembocó en la formación de grupos a partir de los acontecimientos que ocurrieron en Alemania en el otoño de 1923. En la URSS, los procesos económicos y políticos eran de carácter molecular y de ritmo relativamente lento. Los acontecimientos alemanes de 1923 sirvieron para medir las diferencias a escala de esa gigantesca lucha de clases. Sólo entonces, y sobre esas bases, se formó la Oposición rusa”. (“Saludos a La Verite”, Escritos de León Trotsky, 25/8/1930).

Reproducimos extractos de "¿Qué etapa estamos atravesando?", discurso pronunciado para el 5to Congreso de trabajadores médicos y veterinarios del 21 de junio de 1924. Traducción inédita al español para esta edición por Germán Pásaro extraida de The Chalenge of the left Opposition (1923-1925), Pathfinder, New York, 1988.

 

 

 

Ahora, todo el problema se trata de si el Partido Comunista demostrará ser capaz de utilizar estas sublevaciones de manera tal de tomar el poder y solucionar de allí en adelante todas las contradicciones de la sociedad capitalista. Si se hace la pregunta: ¿Nos hemos fortalecido como Internacional en este período? Entonces le respuesta deberá ser que de conjunto nos hemos vuelto más fuertes. De hecho, casi todas las secciones se han agrandado y se han vuelto más influyentes de lo que lo eran. ¿Esto significa que su fuerza está creciendo y que seguirá creciendo continuamente en línea ascendente? No. No significa eso. Esta fuerza crece en zigzag, olas, convulsiones - también aquí prevalece la dialéctica del desarrollo; la Comintern no está exenta de ella. De este modo, en la segunda mitad del año pasado, el Partido Comunista alemán era incomparablemente más poderoso políticamente de lo que es hoy. Por entonces marchaba directo hacia la conquista del poder, y la insurrección en toda la vida social de Alemania era tan grande que no sólo la retaguardia de las masas trabajadoras sino también los estratos más amplios del campesinado, la pequeña burguesía y la inteligentzia, confiaban que los comunistas vendrían pronto a tomar el poder y a reorganizar la sociedad. Estados de ánimo semejantes son en sí mismos de los más relevantes síntomas de madurez de una situación revolucionaria. Pero resultó que los comunistas no fueron capaces de tomar el poder. No porque la situación objetiva lo habría vuelto imposible – no, uno no podría imaginar condiciones mejor preparadas y más maduras para la conquista del poder. Si estas condiciones fueran descriptas de manera exacta, podrían ocupar su lugar como un clásico ejemplo en los libros de texto de la revolución proletaria. Pero el partido no estaba en condiciones de aprovecharlas. Debemos detenernos y profundizar sobre esto. El primer período de la Internacional fue desde octubre de 1917 hasta los levantamientos revolucionarios de Alemania en marzo de 1921. Todo estaba determinado por la guerra y sus consecuencias inmediatas. Esperábamos un levantamiento del proletariado europeo y su conquista del poder en un futuro próximo. ¿Qué error cometimos? Subestimamos el rol del partido. Luego del Tercer Congreso Mundial [1921] comenzó un nuevo período. La consigna, “Hacia las masas” significaba en esencia “construir el partido”. Esta política fue desarrollada de forma más completa y satisfactoria en Alemania que en cualquier otro país. Pero en Alemania también sucedió que esta política entró en contradicción con la situación creada en 1923, resultado de la ocupación del Ruhr, la cual de un soplido desbarató el ficticio equilibrio europeo. A fines de 1923, sufrimos una gran derrota en Alemania, no menos seria que la de 1905. ¿Cuál fue, sin embargo, la diferencia? En 1905, carecíamos de fuerza suficiente, tal como se evidenció durante la lucha. En otras palabras, la causa de la derrota recayó en la relación de fuerzas objetiva. En 1923, en Alemania, sufrimos una derrota sin siquiera alcanzar la etapa del choque de clases y sin emplear y movilizar fuerzas. Así, la causa inmediata de la derrota en este caso se encuentra en la dirección del partido. En verdad, uno podría decir que incluso si el partido hubiera seguido una política correcta, aún no hubiera podido movilizar las fuerzas adecuadas y hubiera sido vencido. No obstante, estas opiniones son al menos conjeturales. En cuanto a la situación objetiva, la relación de fuerzas entre las clases, la auto-confianza de la clase dominante y de las masas del pueblo, es decir, en cuanto a todos los prerrequisitos para la revolución, teníamos una situación muy favorable, como pueden figurarse por sí mismos: una crisis de existencia de la nación y el estado, llevada a un clímax por la ocupación; una crisis de la economía y especialmente de las finanzas del país; una crisis parlamentaria; un total colapso de la propia confianza de la clase dominante; la desintegración de la social democracia y los sindicatos; un incremento espontáneo de la influencia del Partido Comunista; un giro de elementos de la pequeña burguesía hacia el comunismo; un pronunciado declive de la moral de los fascistas. Éstas eran las precondiciones políticas. ¿Cuál era la situación en la esfera militar? Un pequeño ejército permanente de cien a doscientos mil hombres, es decir, una fuerza de policía organizada como ejército. Las fuerzas de los fascistas estaban monstruosamente exageradas y en grado considerable existían sólo en los papeles. En todo caso, luego de julio-agosto, los fascistas estabas severamente desmoralizados. ¿Tenían los comunistas la mayoría de la clase trabajadora detrás suyo? Ésta es una cuestión que no puede contestarse con estadísticas. Es una cuestión decidida por la dinámica de la revolución. Las masas se volcaban firmemente hacia los comunistas, y los oponentes de los comunistas se debilitaban con la misma firmeza. El resto de las masas que permanecían con la socialdemocracia mostraron no tener disposición de oponerse activamente a los comunistas como habían hecho en marzo de 1921. Por el contrario, la mayoría de los trabajadores de la social democracia anticipaban la revolución con un espíritu de esperanza. Esto es también un requisito de la revolución. ¿Estaban las masas con ánimo de lucha? La historia de todo el año 1923 no deja duda alguna sobre este punto. Es cierto que hacia el final del año, este ánimo se torno más reservado, más concentrado, había perdido su espontaneidad, es decir, su aptitud para irrumpir de manera constante y elemental. Pero, ¿cómo podría haber sido de otra manera? Para la segunda mitad del año las masas se habían tornado mucho más experimentadas y sintieron o entendieron que las cuestiones avanzaban a toda velocidad hacia un enfrentamiento decisivo. Bajo tales condiciones, las masas sólo podían avanzar si existía una dirección firme y auto suficiente en que las masas pudieran confiar. Las discusiones acerca de si las masas tenían o no ánimo de lucha son de carácter muy subjetivo y expresan esencialmente una falta de confianza entre los líderes del mismo partido. También se afirmó aquí más de una vez que no había una actitud de lucha combativa en las masas, en la víspera de Octubre. Lenin contestó tales afirmaciones con una respuesta similar a ésta: Aún si tuviéramos que admitir que estas afirmaciones son ciertas, sólo demostrarían que nos hemos perdido el momento más favorable. Pero no significaría en absoluto que la conquista del poder sería imposible en este momento. Después de todo, nadie osaría afirmar que la mayoría o incluso una minoría sustancial de las masas trabajadoras se opondrían a la revolución. Lo máximo que desean alegar los moderados es que la mayoría no tomará parte activa en la revolución. Pero será suficiente si participara una minoría activa, con un ánimo benevolente, expectante e incluso pasivo prevaleciente entre la mayoría. Ese fue el argumento de Lenin. Los eventos subsiguientes mostraron que la minoría luchadora arrastró detrás de sí a la aplastante mayoría de los trabajadores. No puede haber dudas de que los eventos hubieran seguido el mismo patrón en Alemania. Finalmente, también desde el punto de vista internacional, no puede decirse que la situación de la revolución alemana no tuviera esperanzas. Por cierto, la Francia imperialista se hallaba tras la puerta de la revolucionaria Alemania. Pero por otro lado, la Rusia Soviética también existe en el mundo, y el comunismo se había fortalecido en los demás países, incluso en Francia. ¿Cuál fue la causa fundamental del fracaso del Partido Comunista alemán? Ésta: Que no apreció a tiempo la coyuntura de una crisis revolucionaria a partir de la ocupación del Ruhr, y especialmente a partir del fin de la resistencia pasiva (enero-junio de 1923). Se perdió el momento crucial… Es muy difícil para un partido revolucionario hacer la transición de un período de agitación y propaganda prolongado a lo largo de muchos años, hacia la lucha directa por el poder a través de la organización de la insurrección armada. Este giro lleva inevitablemente al surgimiento de una crisis en el partido. Todo comunista responsable debe estar preparado para esto. Una de las formas de estar preparado es a través de un estudio pormenorizado de los hechos de la Revolución de Octubre .Hasta ahora, se ha hecho extremadamente poco en este sentido, y la experiencia de Octubre fue utilizada muy inadecuadamente por el partido alemán… Incluso luego del inicio de la crisis del Rurh, siguió con su trabajo propagandístico y de agitación sobre las bases de la fórmula del frente único - con el mismo ritmo y la misma forma que antes de la crisis. Mientras tanto, esta táctica se había vuelto radicalmente insuficiente. Se desarrolló automáticamente la influencia política del partido. Era necesario un giro táctico brusco. Era necesario mostrarle a las masas, y sobretodo al partido mismo, que era el momento de la preparación inmediata para la toma del poder. Era necesario consolidar en términos organizativos el aumento de la influencia del partido, y establecer las bases de apoyo para un asalto directo al estado. Era necesario volcar el conjunto de la organización partidaria sobre la base de las células fabriles. Era necesario formar células en los ferrocarriles. Era necesario alzar filosamente la cuestión del trabajo en el ejército. Era necesario, especialmente necesario, adaptar total y completamente a estas tareas la táctica del frente único, para darle un ritmo más firme y decidido y un carácter más revolucionario. Sobre estas bases, se debería haber realizado un trabajo de carácter técnico-militar. La cuestión de fijar un día para el levantamiento sólo puede tener sentido en estas circunstancias y bajo esta perspectiva. La insurrección es un arte. Un arte presume un objetivo claro, un plan preciso, y consecuentemente un plan de tiempos. Sin embargo, lo más importante era asegurar a tiempo el giro táctico decisivo hacia la toma del poder. Y esto no se hizo. Fue la omisión principal y fatal. De ello se derivaba la contradicción de fondo. Por un lado el partido anticipaba la revolución y por otro lado, al haberse quemado los dedos en los eventos de marzo, eludió hasta los últimos meses de 1923 la idea misma de organizar una revolución, es decir, de organizar una insurrección. La actividad política partidaria se desarrolló según los tiempos de paz en el momento en que se acercaba el desenlace. El momento del levantamiento se fijó, esencialmente, cuando el enemigo ya había sacado provecho del tiempo perdido por el partido para fortalecer su posición. La preparación técnico-militar del partido, que se desarrolló febrilmente, estaba divorciada de la actividad política partidaria, la cual se desarrollaba según los tiempos de paz anteriores. Las masas no entendieron al partido y no le siguieron el paso. El partido sintió de repente su separación de las masas y demostró estar paralizado. Esto condujo a la retirada repentina de las posiciones de primera orden, sin lucha alguna – la más amarga de las derrotas posibles. No puede ser tampoco que la historia mecánicamente cree las condiciones para la revolución y luego, en cualquier momento, le presente servido en bandeja el pedido al partido: Aquí tiene, firme el recibo, por favor. No sucede así. Una clase debe forjar durante el curso de una lucha prolongada una vanguardia que sea capaz de encontrar su camino en una situación, que reconozca la revolución cuando toque a la puerta, que en el momento necesario pueda comprender el problema de la insurrección como arte, para delinear un plan, distribuir roles, y proporcionarle un golpe despiadado a la burguesía. Bien, el Partido Comunista alemán no encontró en sí mismo esa habilidad, esa destreza, ese carácter templado y esa energía en el momento decisivo, En pos de comprender más claramente lo que estaba en juego, permitámonos imaginar por un momento que en Octubre de 1917 hubiéramos comenzado a vacilar, a tomar una posición expectante, que hubiéramos hecho un paso al costado y dicho: “Esperemos un poco; la situación no es aún suficientemente clara”. A primera vista, parecería que la revolución no es un oso, no corre huyendo hacia el bosque - si no la logras en Octubre, la podrás lograr dos o tres meses más tarde. Pero semejante idea es radicalmente falsa. No toma en cuenta la relación dinámica entre todos aquellos factores que hacen a la revolución. La condición más inmediata e íntima para la revolución es la disposición de las masas para llevar adelante la revolución. Pero esta disposición no puede ser preservada. Debe usarse en el preciso momento en que se revela. Antes de Octubre, los trabajadores, soldados, y campesinos marchaban detrás de los bolcheviques, pero esto no significa que eran capaces de seguir al partido bajo toda condición y circunstancia. Habían sufrido un profundo desacuerdo con los Mencheviques y las SRs, y es por eso que seguían al Partido Bolchevique. Su desacuerdo con los partidos conciliadores les despertó la esperanza de que los Bolcheviques fueran más fuertes y que habrían probado estar hechos de otra materia; que no habría abismo entre sus palabras y sus actos. Si en estas circunstancias los bolcheviques hubieran mostrado vacilación y adoptado una posición expectante, entonces ellos también hubieran sido equiparados en poco tiempo con los mencheviques y los SRs en la mente de las masas: las masas se hubieran alejado de nosotros tan pronto como se nos habían acercado. De esa misma forma hubiera sucedido un cambio fundamental en la relación de fuerzas. ¿Para qué es esta “relación de fuerzas”, en realidad? Es un concepto muy complejo y está compuesto de muchos elementos distintos. Entre ellos hay algunos que son muy estables, como la tecnología y la economía, que determinan la estructura de clases; en tanto y en cuanto que la relación de fuerzas esté determinada por los números del proletariado, del campesinado, y otras clases, nos estaremos fijando en factores muy estables. Pero dado el tamaño numérico de una clase, la fuerza de esta clase dependerá del grado de organización y actividad de su partido, la interrelación entre el partido y las masas, el ánimo de las masas y demás. Estos factores son mucho menos estables, especialmente en un período revolucionario, y es precisamente a ellos que nos referimos. Si el partido más revolucionario, el cual habría sido colocado por la lógica de los hechos en el centro de atención de las masas trabajadoras, perdiera el momento crucial, entonces la relación de fuerzas cambiaría de manera fundamental; las esperanzas que el partido alentó en las masas serían reemplazadas por la desilusión, la pasividad o una desesperanza profunda. El partido retendría a su alrededor sólo aquellos elementos que ha ganado permanente y definitivamente, es decir, una minoría. Esto es lo que ocurrió el año pasado en Alemania. Todos, incluso los trabajadores socialdemócratas, esperaban que el Partido Comunista sacara al país del callejón sin salida en el que se encontraba; el partido era incapaz de transformar esta expectativa universal en acciones revolucionarias decisivas y guiar al proletariado hacia la victoria. Es por eso que después de octubre-noviembre, comenzó a menguar el ánimo revolucionario. Eso incluso proveyó las bases para el fortalecimiento temporal de la reacción burguesa, ya que no existían otros cambios más profundos (en la composición de clases de la sociedad, en la economía) que hubieran permitido aquella circunstancia hasta ese momento. En las últimas elecciones parlamentarias [4 de mayo de 1924] el Partido Comunista consiguió 3.700.000 votos. Eso por supuesto es un núcleo muy, muy pequeño del proletariado. Pero esta cifra debe ser evaluada en forma dinámica. No puede haber ninguna duda de que en agosto-octubre del año pasado, el Partido Comunista, estando todo lo demás igual, podría haber obtenido un número incomparablemente mayor de votos. Por otro lado, hay muchos motivos para pensar que si las elecciones hubieran sido dos o tres meses después, los votos hacia el Partido Comunista hubieran sido menos. Esto significa en otras palabras que la influencia del partido está declinando. Seria absurdo ignorarlo: la política revolucionaria no es la política del avestruz. De todos modos, es necesario tener una clara comprensión de lo que significa esta cuestión. Ya he dicho que los partidos comunistas no están exentos del poder de las leyes de la dialéctica, y que su desarrollo sucede en situaciones contradictorias, a lo largo de auges y crisis. En un período de efervescencia política, la influencia del partido en las masas crece rápidamente; en un período de declinación, se achica, y se intensifica el proceso de selección interna en los partidos. Todos los elementos accidentales y no confiables se van; el núcleo del partido queda fogueado y consolidado. Así se prepara para una nueva oleada revolucionaria. Una estimación correcta de la situación y un a perspectiva sólida del futuro nos preservan de los errores y la decepción. Esto ya se ha comprobado en relación con los auges y las crisis industriales en el período de posguerra. Lo vemos de vuelta en la cuestión de la entrada de Europa en una fase neo-reformista. Ahora necesitamos entender con la mayor claridad posible el escenario que atraviesa Alemania; de otro modo, no sabremos lo que nos deparará el mañana. Luego de la derrota de 1905, tuvieron que pasar siete años hasta que el movimiento, estimulado por los acontecimientos de Lena, comenzara a levantarse nuevamente, y tuvieron que pasar doce años para que la segunda revolución le otorgara el poder al proletariado. El proletariado alemán sufrió el año pasado una gran derrota. Necesitará definitivamente un intervalo considerable de tiempo para digerir esta derrota, aprender las lecciones y recuperarse, reuniendo sus fuerzas una vez más; y el Partido Comunista será capaz de asegurar la victoria del proletariado sólo si aprende también completamente la lección de la experiencia del año pasado. ¿Cuánto tiempo se necesitará para este proceso? ¿Cinco años?¿Doce años? No se puede dar una respuesta precisa sobre esta cuestión. Uno sólo puede expresar esta idea general de que el ritmo del desarrollo, en el sentido de un cambio radical en la situación política, se ha tornado mucho más rápido y febril desde la guerra. En economía vemos que las fuerzas productivas se desarrollan muy lentamente, y al mismo tiempo, las mejoras y desmejoras en la coyuntura se suceden en forma más frecuente que antes de la guerra. Un fenómeno similar se observa también en política: el fascismo y el menchevismo se suceden el uno al otro muy rápidamente; ayer, la situación era profundamente revolucionaria, y hoy la burguesía parece triunfar en toda la línea. En esto también consiste el carácter profundamente revolucionario de nuestra época, y este carácter de la época nos obliga a extraer la conclusión de que el triunfo de la contra-revolución en Alemania no puede ser muy duradero. Pero en este momento, lo que observamos es un fenómeno de tendencia descendente y no ascendente, y nuestras tácticas deberán, por supuesto, amoldarse a esta situación. 

 



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