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Monatte cruza el Rubicón

Prinkipo, 15 de diciembre de 1930

 

Monatte cruza el Rubicón. Monatte y sus amigos de la Liga Sindicalista habían publicado una declaración: “Por la reconstrucción de la unidad sindical”. Firmada por veintidós activistas de la CGT, la CGTU y de sindicatos independientes, Georges Dumoulin[1] inclusive la declaración afirmaba: “Algunos activistas sindicales [...] han acordado que, después de diez años de lucha fratricida, era necesario poner fin a la división de los sindicatos. Acordaron lanzar la idea de restauración de la unidad sindical en una sola organización central, sobre la base de la Carta de Amiens .
En su opinión esto sólo puede realizarse sobre la base de la lucha de clases y la independencia del movimiento sindical, sin ninguna interferencia por parte de partidos políticos, fracciones o sectas, como tampoco de ningún gobierno”. (Révolution prolétarienne, nº 112, 5 de diciembre de 1930).

 

Ahora ya suena ridículo y fuera de lugar hablar de acción conjunta con la Liga Sindicalista o con el Comité por la Independencia del Sindicalismo. Monatte ha cruzado el Rubicón. Se ha alineado con Dumoulin contra el comunismo, contra la Revolución de Octubre, contra la revolución proletaria en general. Porque Dumoulin pertenece al campo de los enemigos especialmente peligrosos y desleales de la revolución proletaria. Lo ha demostrado en los hechos de la forma más repugnante. Anduvo rondando largo tiempo el ala izquierda, solamente para unirse en el momento decisivo a Jouhaux, al más corrupto y servil agente del capital. La tarea del revolucionario honesto consiste, sobre todo en Francia donde son tan frecuentes las traiciones impunes, en recordar a los obreros las experiencias del pasado, en templar a los jóvenes en la intransigencia, en relatar incansablemente la historia de la traición de la Segunda Internacional y del sindicalismo francés, en desenmascarar el papel vergonzoso desempeñado no sólo por Jouhaux y Cía, sino sobre todo por los sindicalistas de “izquierda” como Merrheim y Dumoulin. Quien no lleve a cabo esta tarea elemental hacia la nueva generación se priva para siempre de la confianza de los revolucionarios. ¿Se puede tener una pizca de estima por los desdentados anarquistas franceses que levantan nuevamente como “antimilitarista” al viejo bufón de Sébastian Faure, que traficaba con frases pacifistas en tiempos de paz para luego arrojarse en brazos de Matvi[1] que es lo mismo que decir de la Bourse francesa[2], en cuanto empezó la guerra? Monatte ha cruzado el Rubicón. De aliado incierto pasó primero a ser un adversario dudoso, para convertirse luego directamente en enemigo. Debemos decírselo claramente a los obreros, sin escatimar esfuerzos .

Para la gente común (y también para algunos bribones que se hacen los tontos) nuestro juicio puede aparecer “injusto”.

¡Monatte se une a Dumoulin solamente para restablecer la unidad del movimiento “sindical”! ¡Sólo por eso! Ustedes saben que los sindicatos no son un partido ni una “secta”. Deben abarcar a toda la clase obrera a todas sus tendencias. Por lo tanto se puede trabajar en el campo sindical junto a Dumoulin sin responsabilizarse por eso de su pasado o de su futuro. Este tipo de reflexiones conforman una cadena de sofismas baratos con la que les gusta jugar a los sindicalistas y socialistas franceses cuando tratan de tapar algun trabajito sucio .

Es obvio que si en Francia existieran sindicatos unificados, los revolucionarios no hubieran abandonado la organización por culpa de la presencia de traidores, conversos y agentes autorizados del imperialismo. Los revolucionarios no hubieran tomado la iniciativa de la ruptura. Pero al permanecer en esos sindicatos o al unirse a ellos hubieran dirigido sus esfuerzos a desenmascarar a los traidores ante las masas, para desacreditarlos mediante la experiencia práctica de esas masas, para aislarlos, para liquidar la confianza de que gozan. Y finalmente, para ayudar a las masas a dejarlos de lado. Esto es lo único que puede justificar el que los revolucionarios participen en los sindicatos reformistas .

Pero Monatte no trabaja junto a Dumoulin dentro de los sindicatos, como muchas veces tuvieron que hacer los bolcheviques con los mencheviques mientras sostenían una batalla sistemática contra ellos. Monatte se ha unido a Dumoulin como aliado con una plataforma común, creando una fracción política, o una “secta”, para expresarlo en el lenguaje del sindicalismo francés, para emprender luego una cruzada política por la conquista del movimiento sindical. No lucha contra los traidores en el campo sindical, se ha asociado a Dumoulin y lo cobija bajo sus alas, presentándose ante las masas como su tutor. Monatte dice a los obreros que se puede ir de la mano de Dumoulin contra los comunistas, contra la Internacional Sindical Roja, contra la Revolución de Octubre y por lo tanto contra la revolución proletaria en general. Esta es la verdad desnuda de la que tenemos que hablar muy claramente a los obreros .

Cuando una vez definimos a Monatte como un centrista que se inclina a la derecha, Chambelland[3] intentó transformar esta definición científica totalmente correcta en una broma de mal gusto e incluso de devolvernos la designación de centristas, como si cabeceara una pelota. ¡Ojo que a veces la cabeza se resiente! Sí, Monatte era centrista. Y en su centrismo estaban contenidos todos los elementos de su manifiesto oportunismo actual .

A propósito de la ejecución de los revolucionarios indochinos en la primavera de este año[4], Monatte desarrolló, indirectamente, el siguiente plan de acción: “No entiendo por qué, en estas circunstancias, los partidos y organizaciones que disponen de los medios necesarios no envían diputados y corresponsales a investigar sobre el terreno .

¿No podrían seleccionar una comisión investigadora de entre la docena de diputados comunistas y el centenar de diputados socialistas que se encargue de una campaña capaz de hacer retroceder a los colonialistas y de salvar a los condenados?” (Révolution Prolétarienne, nº 104) .

Con imperiosos reproches de monitor escolar, Monatte aconsejaba a comunistas y socialdemócratas sobre la manera de luchar contra los “colonialistas”. Para él socialpatriotas y comunistas eran, hace seis meses, miembros de un mismo bando que sólo necesitaban seguir los consejos de Monatte para llevar a cabo una política correcta. Ni siquiera se planteaba la duda de cómo podrían luchar los socialpatriotas contra los “colonialistas” ¿Acaso pueden gobernarse las colonias, o sea naciones, tribus, razas, sin fusilar a los rebeldes, a los revolucionarios que tratan de liberarse del infame yugo colonial? Zyromski[5] y sus secuaces no se oponen a presentar cada vez que se les da la ocasión un proyecto de protesta de salón contra la “bestialidad” colonial. Pero esto no les impide pertenecer al partido social-colonialista que embarcó al proletariado francés en una línea chovinista durante la guerra, uno de cuyos fines era preservar y extender las colonias en provecho de la burguesía francesa. Monatte se olvidó de esto .

Razonó como si después no hubiera habido grandes hechos revolucionarios en muchos países de Oriente y Occidente, como si las diferentes tendencias no se hubieran puesto a prueba en la acción y clarificado con la experiencia. Hace seis meses, Monatte quería empezar de nuevo. Y en este lapso, otra vez la historia le jugó una mala pasada. MacDonald[6], el correligionario de los sindicalistas franceses, a quien Louzon dio recientemente algunos consejos incomparables, no envió a la India comisiones investigadoras de liberación sino tropas armadas, y luchó a brazo partido con los hindúes más repulsivamente que lo que lo haría un Curzon[7] cualquiera. Y todos los canallas del sindicalismo británico aprobaron su labor de carnicero. ¿Es esto casual? En vez de alejarse, bajo la influencia de esta nueva lección, de una “neutralidad” e “independencia” hipócritas, Monatte dio, por el contrario, otro paso más, y esta vez el decisivo, hacia los brazos de los Mac Donald y los Thomases[8] franceses. No tenemos nada más que discutir con Monatte .

El bloque de los sindicalistas “independientes” con los agentes declarados de la burguesía tiene una gran significación sintomática. A los ojos de los filisteos, parece como si los representantes de cada bando hubieran dado un paso hacia el otro en nombre de la unidad, del cese de la lucha fratricida y de otras frases rosadas. No hay nada más desagradable, más falso, que esta fraseología. En realidad el significado del bloque es muy otro .

En los diversos círculos de la burocracia obrera y también, en parte, en los propios círculos obreros, Monatte representa a aquellos elementos que quisieron aproximarse a la revolución pero que perdieron sus esperanzas en ella debido a la experiencia de los últimos diez o doce años. ¿No ven que evoluciona hacia rumbos tan complicados y confusos que lleva a conflictos internos, a nuevas divisiones, y que cada paso adelante implica medio paso atrás, y a veces uno entero? Los años de estabilización burguesa, de reflujo de la marea revolucionaria, habían acumulado desánimo, fatiga y tendencias oportunistas en un sector de la clase obrera. Estos sentimientos maduraron recién ahora en el grupo de Monatte y lo llevaron a pasarse definitivamente de bando. Por el camino se encontró con Louis Sellier[9], que tenía sus propias razones, cubiertas de honores municipales, para volverle la espalda a la revolución. Monatte y Sellier partieron juntos. Y les salió al encuentro nada menos que Dumoulin. O sea que cuando Monatte giró de izquierda a derecha, Dumoulin juzgó oportuno hacerlo de derecha a izquierda ¿Cómo se explica esto? Es que Monatte, como empirista que es (y los centristas siempre son empiristas, si no no serían centristas), reflejaba los efectos que le había causado el periodo de estabilización en un momento en que este periodo empezaba a convertirse en otro, mucho menos tranquilo y mucho menos estable .

La crisis mundial ha tomado proporciones gigantescas y por el momento se sigue acentuando. Nadie puede predecir dónde irá a parar ni qué consecuencias políticas traerá. La situación en Alemania está terriblemente tensa. Las elecciones produjeron graves disturbios, no sólo en las relaciones internas sino también en las internacionales, mostrando nuevamente sobre qué clase de cimientos descansa el edificio de Versalles[10]. La crisis económica ha traspasado las fronteras de Francia, y ahora vemos allí, después de un largo interludio, los comienzos de la desocupación. Durante los años de relativa prosperidad, los obreros franceses sufrieron la política de la burocracia de la Confederación. Durante los años de crisis, puede ser que le recuerden sus traiciones y sus crímenes. Jouhaux no puede menos que sentirse incómodo. Necesita imprescindiblemente un ala izquierda, tal vez más imprescindiblemente que Blum. ¿A qué propósito sirve Dumoulin? No debe creerse que todo está ordenado como las notas de un piano y que fue preparado en una conversación. No hace falta. Toda esta gente se conoce bien. Saben de lo que son capaces y especialmente conocen los límites a los que cada cual puede llegar hacia la izquierda sin perjuicio para ellos o sus patrones. (El que la burocracia confederal mantenga una actitud crítica y expectante hacia Dumoulin, a veces incluso con un matiz de hostilidad, no invalida en lo más mínimo lo antedicho. Los reformistas deben tomar sus medidas de precaución y mantener el ojo puesto sobre Dumoulin, no sea que se deje llevar por los trabajos que le encomendaron y se pase de los límites previstos) .

Dumoulin toma su lugar en la formación como ala izquierda de Jouhaux en el mismo momento en que Monatte, que ha ido virando constantemente hacia la derecha, decide cruzar el Rubicón. Dumoulin debe recuperar al menos un poco su reputación, con la ayuda de Monatte y a sus expensas. Jouhaux no puede poner objeciones, cuando su propio Dumoulin hace compromisos con Monatte. Así todo está en orden: Monatte rompe con el campo de la izquierda en el preciso momento en que la burocracia confederal necesita cubrir su flanco izquierdo, que estaba desprotegido .

No entramos a analizar los virajes personales de Monatte, que fue en un tiempo nuestro amigo, y menos todavía de Dumoulin, a quien hace tiempo catalogamos como un enemigo irreconciliable .

Lo que nos interesa es la importancia sintomática de estos reagrupamientos personales, que reflejan procesos mucho más profundos en las propias masas obreras .

Es indudable que ahora se aproxima la radicalización que los alarmistas proclamaban hace dos años. La crisis económica ha llegado a Francia, si bien con cierta demora. No es imposible que se desarrolle más suavemente que en Alemania. Solamente la experiencia lo dirá. Pero es indudable que el estado de pasividad estable en que se mantuvo la clase obrera francesa en los años de la supuesta “radicalización” dejará paso en poco tiempo a una creciente actividad y a un espíritu de militancia. Los revolucionarios deben apuntar a ese nuevo periodo .

En los umbrales de un nuevo periodo, Monatte reúne a los que están cansados, desilusionados, exhaustos, y los hace pasarse al bando de Johaux. ¡Peor para Monatte y mejor para la revolución! El periodo que tenemos por delante no es de crecimiento de la falsa neutralidad de los sindicatos sino de reafirmación de las posiciones comunistas en el movimiento obrero. La Oposición de Izquierda enfrenta grandes tareas. Si le esperan éxitos seguros, ¿qué debe hacer para lograrlos? Nada más que ser fiel a sí misma. Pero sobre esto hablaremos la próxima vez .

Prinkipo, 15 de diciembre de 1930 



[1] Ver Nota 4 en Otra vez los prejuicios anarco-sindicalistas.
[2] Sebastian Faure ... Malvy. En enero de 1915, Faure llamó a luchar contra la guerra, Poco después hizo un trato con el ministro del Interior, Malvy, renunciando a la agitación antibélica. 
[3] La Bourse francesa. La Bolsa, mercado de cambio de valores. 
[4] Chambelland, Maurice (1901-1966). En la redacción de Vie ou- vrière, en 1922, en el Partido Comunista en 1923, miembro de la redacción de L'Humanité. Renunció al periódico y al partido en 1924. Miembro del grupo Revolution prolétarienne. El ayudante más cercano de Monatte. 
[5] Ejecución de revolucionarios indochinos. Luego de un motín en la guarnición de Yen Bal, en febrero de 1930, hubo levantamientos campesinos locales y más tarde huelgas, que culminaron en mayo en las ciudades más importantes, Las represalias del imperialismo francés fueron salvajes, con miles de fusilados, decenas de miles de arrestados y miles de casas incendiadas. 
[6] Ziromski, Jean (1890- ). Dirigente del ala izquierda del Partido Socialista Francés en la década del 30. Durante la Segunda Guerra Mundial se unió al Partido Comunista
[7] MacDonald, James Ramsay (1866-1937). Socialista pacifista durante la Primera Guerra Mundial. Primer Ministro de Gran Bretaña (1924), el primero laborista. En 1931, durante su segundo período como Primer Ministro, desertó de las filas laboristas para formar un gabinete de “unidad nacional” con el Partido Conservador. 
[8] Curzon, George Nathaniel, Lord (1859-1925). Ministro de Relaciones Exteriores británico de 1919 a 1923. 
[9] Thomas, J. H. (1874-1949). Dirigente sindical británico. Secretario colonial del gobierno del Partido Laborista de 1924. Junto con MacDonald desertó del Partido Laborista en 1931, cuando se le volvió a dar la Secretaría Colonial. 
[10] Louís Sellier (1885- ). Secretario General del Partido Comunista Francés luego de la renuncia de Frossard en 1923. Dejó el partido en 1929 y fundó el POP (Parti Ouvrier et Paysan - Partido Obrero y Campesino). Los popistas eran los equivalentes franceses de los brandleristas de Alemania y de los lovestonistas de Estados Unidos. 
[11] Versalles. El Tratado de Versalles le fue impuesto a Alemania al finalizar la Primera Guerra Mundial por los aliados imperialistas victoriosos. 



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