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La visión filosófica de Trotsky

 

Por Ariane Díaz 1

 Acerca de sus cuadernos 

 

En manos de los filósofos de la fragmentariedad, de la disolución de la totalidad y de la historia, toda teoría materialista y por tanto determinista, se ha convertido quizá en una de las mayores vergüenzas teóricas. El marxismo es por supuesto el primer blanco de estas acusaciones, igualado a cualquier versión de determinismo vulgar, sin importar las disputas y debates entablados en él.

 

Lo cierto es que a partir de los ‘40s, muchas corrientes teóricas debatieron contra la versión oficial mecanicista irradiada desde la URSS stalinizada 2. Uno de los núcleos centrales de estos debates fue la relación entre sujeto y objeto (o sujeto y estructura, como la denominaron algunos autores), y la pregunta por cuál de esos factores predomina en el desarrollo de la historia. A un lado u otro de estas dos fuerzas actuantes se ubicaron los marxistas de mediados del siglo XX, y de una visión más o menos unilateral de esta relación se derivaron otros importantes debates en torno al método y las distintas filiaciones teóricas del marxismo. La polémica ha sido tan amplia también porque de sus conclusiones resultan diversas posibles políticas: de un crudo mecanicismo se derivó un “esperar y dejar hacer”, justificando la “inevitabilidad” de ciertas políticas y momentos históricos; de una reivindicación absolutizante de la autonomía del “espíritu” resultó un voluntarismo creciente.

En 1980 fueron por primera vez accesibles al público general los manuscritos que Trotsky escribiera mientras preparaba una biografía de Lenin. Recién en 1986 fueron publicados en inglés 3. Para escribir esta biografía, Trotsky había comenzado a estudiar los escritos de Lenin sobre filosofía y a través de ese estudio hizo una serie de anotaciones sobre su propia concepción de la dialéctica, la relación con ciertas corrientes científicas como el evolucionismo, y el lugar del individuo en la historia para explicar el rol jugado por Lenin en la revolución rusa. Los manuscritos dejados a medio terminar son fragmentarios y desordenados, compuestos de tres carpetas junto con los recortes que Trotsky sacaba de los diarios para comentar. Más allá de esta fragmentariedad, pueden ser un nuevo aporte a discusiones que se han desarrollado en torno a la dialéctica y el método marxista y a la exploración de la visión de la relación estructura/ sujeto en Trotsky, quien tan tempranamente pudo formular una teoría de la revolución que contemplaba tanto las condiciones objetivas como subjetivas y extraía de allí la tarea de los revolucionarios en ellas.

 

Sobre la dialéctica

La versión marxista basada en la Dialéctica de la Naturaleza de Engels 4, suponía que la dialéctica existía tanto en la vida social e histórica del hombre como en la naturaleza. Pero las visiones mecanicistas que postulaba la Segunda Internacional primero y después el dogma instalado por Stalin con el nombre de DIAMAT, difundido en manuales y artículos predominantes en todo Estado “satélite” de la URSS luego del ascenso del thermidor ruso (donde a la dialéctica poco a poco iba dándosele el lugar de mero ornamento), llevaron a muchos marxistas a criticar no sólo estas burdas tergiversaciones sino también los escritos de Engels sobre el tema, como germen de este determinismo mecánico.

Muchos marxistas luego han trazado un camino directo y sin retorno entre las concepciones de Engels y el mecanicismo stalinista. Hablar de “materialismo dialéctico” comenzó a ser también para muchos marxistas, sinónimo de determinismo vulgar.

Trotsky aceptó la definición de Engels de materialismo dialéctico, como dejó planteado en varios debates teóricos entablados con dos distintos ataques a la dialéctica: tanto en su folleto “Tendencias filosóficas de la burocracia" 5 de 1928, dirigido contra las tergiversaciones stalinistas sobre la teoría marxista, como en En defensa del marxismo 6, compilación de escritos para las discusiones abiertas en los años ’30 dentro del SWP norteamericano alrededor de la dialéctica:

“la dialéctica [...]constituye el fundamento de la concepción marxista del mundo, el método fundamental de análisis marxista. El segundo componente más importante del marxismo es el materialismo histórico, es decir, la aplicación de la dialéctica materialista a la estructura de la sociedad humana y su desarrollo histórico. Sería erróneo disolver al materialismo histórico en el materialismo dialéctico, del que no es más que una aplicación. [...] Se puede decir con total justificación que el darwinismo es una explicación brillante –aunque no haya sido elaborada filosóficamente hasta el final- de la dialéctica materialista a la cuestión del desarrollo del mundo orgánico [...]. El materialismo histórico entra dentro de la misma categoría. Es una aplicación de la dialéctica materialista a una parte distinta, aunque enorme, del universo" 7.

Trotsky tratará este tema en sus Cuadernos..., retomando el concepto de materialismo histórico expresado en “Tendencias...”, al que caracterizará aquí como “unidad diferenciada”: “la «dialéctica materialista» (o «el materialismo dialéctico») no es una combinación arbitraria de dos términos independientes, sino una unidad diferenciada –una fórmula corta para una entera e indivisible cosmovisión, la cual descansa exclusivamente en el entero desarrollo del pensamiento científico en todas sus ramas, y la cual sirve sola como un soporte científico para la praxis humana”.

Es decir, si bien el materialismo dialéctico abarca tanto al materialismo histórico como a posibles desarrollos en otros campos, como el de las ciencias naturales, ello no significa que haya una identidad entre ellos, es decir, que la dialéctica funcione en dichos campos de la misma manera.

Trotsky llamará dialéctica objetiva a aquella aplicable a las ciencias naturales y dialéctica subjetiva a la correspondiente a la acción y conciencia humana. Ambas forman para él una unidad, siendo una hija de la otra. Postular la autonomía absoluta entre naturaleza y conciencia, significaría volver a un dualismo kantiano, como el representado en la lógica (que será luego superada por la dialéctica como forma de pensamiento), o a nuevas versiones historicistas donde en realidad ambos están contenidos en una conciencia devoradora que le da a ésta un carácter absoluto. Para Trotsky en cambio, son partes diferenciadas de una unidad que no está dada sólo por una casual aparición temporal sino porque marcan un desarrollo histórico concreto.

“¿Qué expresa la lógica? ¿La ley del mundo exterior o la ley de la conciencia? La pregunta está postulada dualísticamente, [y] por lo tanto no correctamente [porque] las leyes de la lógica expresan las leyes (reglas, métodos) de la conciencia en su relación activa con el mundo exterior. La relación de la conciencia con el mundo exterior es una relación de la parte (lo particular, especializado) con el todo. La relación entre ambas no es entonces mecánica sino la relación existente entre la parte y el todo, una ley derivada, por otro lado, ya planteada en Hegel, de la dialéctica”.

Trotsky no termina de explicitar más que algunas de estas leyes y relaciones generales entre naturaleza e historia humana en sus Cuadernos... Sin embargo, un elemento planteado resulta original. Para Trotsky, la ley principal de la dialéctica es el salto de cantidad en calidad, a diferencia de los que señalaban la famosa tríada, que fue utilizada de base para posiciones mecanicistas (como marca Rees, básicamente se argumentaría que la contradicción entre el capitalismo y su antítesis, la clase obrera, debe inevitablemente ser resuelta en una síntesis, una sociedad socialista en la cual desaparezcan las clases) 8. Esta última ley de la dialéctica es explicada por Trotsky como el “mecanismo” de la transformación de la cantidad en calidad,

“El nuevo concepto tiene entonces por necesidad un carácter sintético: en él entran aquellos elementos del concepto inicial, que eran capaces de resistir la tríada mediante la experiencia + aquellos nuevos elementos de la experiencia, que llevaron a la negación del concepto inicial”.

La misma ley aplica para destrabar las antinomias forma/ contenido, y posibilidad abstracta/ necesidad concreta. El ejemplo que da es justamente la acción humana por excelencia al servicio de la cual se piensa el marxismo, una revolución:

“La conversión de una posibilidad abstracta en una necesidad concreta –también una ley importante de la dialéctica- ¿se define cada vez por una combinación de condiciones materiales definidas? Así, de la posibilidad de una victoria burguesa sobre las clases feudales hasta la victoria misma hubo varios lapsos de tiempo, y la victoria frecuentemente pareció una semi-victoria. Para que una posibilidad se convierta en una necesidad tiene que haber un correspondiente fortalecimiento de algunos factores y el debilitamiento de otros, una interrelación definida entre esos fortalecimientos y debilitamientos. En otras palabras: fue necesario para varias series interconectadas de cambios cuantitativos preparar el camino para una nueva constelación de fuerzas”.

El salto cualitativo es caracterizado como “catástrofes”, tanto en el mundo natural como histórico.

“Todo fluye, pero no por fuera de sus márgenes. El mundo no es “fluido”, hay cambios en él, la cristalización de elementos durables (congelados), aunque no “eternos”. Entonces la vida crea sus propios márgenes para sí misma para más tarde borrarlos. Los cambios cuantitativos de materia en un estadio dado presiona contra esas formas congeladas, las cuales eran suficientes para su estado previo. Conflicto. Catástrofe. O la vieja forma vence (sólo parcialmente vence), haciendo necesaria la auto-adaptación del proceso (parcialmente) conquistado, o el proceso de movimiento revienta la vieja forma y crea una nueva, por medio de nuevas cristalizaciones de sus matrices y la asimilación de elementos de la vieja forma. La antinomia lógica de contenido y forma de esta forma pierde su carácter absoluto. Contenido y forma cambian de lugar. El contenido crea nuevas formas de sí mismo. En otras palabras la correlación de contenido y forma conduce, en último análisis, a la conversión de cantidad en calidad”.

Los mismos saltos ve en el campo del conocimiento del hombre, aunque previene explícitamente contra cualquier intento de relacionar mecánicamente naturaleza y conciencia:

“En el dominio del pensamiento (conocimiento) también, los cambios cuantitativos conducen a cambios cualitativos, y luego estas transformaciones no tienen un [estable] carácter evolutivo sino que están acompañados por cortes en graduación, esto es, por pequeñas o grandes catástrofes intelectuales. En suma, esto también significa que el desarrollo del conocimiento tiene un carácter dialéctico. [...] La conciencia disgrega la naturaleza en categorías fijas y en ese camino entra en contradicción con la realidad. La dialéctica supera esta contradicción –gradualmente y en fragmentos- acercando a la conciencia a la realidad del mundo. La dialéctica de la conciencia (conocimiento) no es en consecuencia un reflejo de la dialéctica de la naturaleza, sino un resultado de la vívida interacción entre la conciencia y la naturaleza y –aún más- un método de conocimiento, surgido de esa interacción. Como el conocimiento no es idéntico al mundo (a pesar del postulado idealista de Hegel), el conocimiento dialéctico no es idéntico a la dialéctica de la naturaleza. La conciencia es más bien una parte original de la naturaleza, poseyendo peculiaridades y regularidades que están completamente ausentes en la parte restante de la naturaleza.

 

La relación sujeto/estructura 

Ya esbozamos las concepciones de Trotsky en torno a la relación hombre/ naturaleza. Su conclusión es que es necesario marcar las diferencias existentes entre la dialéctica objetiva y subjetiva para evitar una visión mecánica que considere la relación entre la naturaleza y la sociedad humana como un mero juego de espejos,

“La dialéctica subjetiva debe por esto ser una parte distintiva de la dialéctica objetiva –con sus propias formas especiales y regularidades. (El peligro reposa en la transferencia –bajo el atuendo de “objetivismo”- de los dolores de nacimiento, los espasmos de la conciencia, a la naturaleza objetiva)”.

Pero a la vez advierte que:

“Quien niega la ley dialéctica de transición de la cantidad en calidad debe negar la unidad genética de las plantas y las especies animales, los elementos químicos, etc. Debe, en última instancia, retornar al acto bíblico de creación” .

Veamos ahora, ya dentro del materialismo histórico, la relación entre sujeto y sus condiciones sociales. ¿Cuál es la relación entre lo subjetivo, la praxis humana, y lo objetivo, las condiciones sociales en las cuales realiza su práctica?

Fue en su análisis de la revolución rusa donde Trotsky mejor planteó su perspectiva sobre este punto. La primera revolución obrera triunfante, a diferencia de lo que se esperaba, no fue en uno de los países capitalistas más desarrollados sino en Rusia, atrasada económicamente y donde todavía pervivía una forma de Estado feudal, el zarismo. La caracterización de la “particularidad” rusa y las conclusiones políticas extraídas de ella fue un debate importante en el marxismo. Es en Historia de la revolución rusa donde explicita el concepto de “desarrollo desigual y combinado”:

“Las leyes de la historia nada tienen en común con un esquematismo pedante. La desigualdad, la ley más general del proceso histórico, se manifiesta de manera más aguda y compleja en el destino de los países atrasados. Bajo el látigo de la necesidad externa su atrasada cultura se ve impelida a dar saltos. De la ley universal de la desigualdad se deriva así otra ley que, a falta de un nombre mejor, podemos llamar la ley del desarrollo combinado –por la que entendemos la superposición de diferentes estadios del viaje, una combinación de etapas separadas, una amalgama de formas arcaicas con formas más contemporáneas"9.

 

La virtud de este concepto es evitar, una vez más, el crudo reduccionismo de la Segunda Internacional según la cual una revolución proletaria no podía darse en Rusia por ser un país atrasado, o el idealismo mesiánico del “eslavofilismo”. El concepto y la aplicación del “desarrollo desigual y combinado” elaborado por Trotsky permiten una interpretación del origen y perspectivas de la revolución rusa que no resiente ninguno de los dos aspectos, ni el subjetivo ni el objetivo. De la misma caracterización Trotsky dedujo las tareas de la revolución una vez tomado el poder: “en determinadas condiciones, los países atrasados pueden llegar a la dictadura del proletariado antes que los avanzados, pero más tarde que ellos al socialismo" 10. La relación entre condiciones objetivas y subjetivas es entonces una vez más asimilable a la de “unidad diferenciada” propia del materialismo dialéctico, donde en lo objetivo estaban dadas las posibilidades de una revolución proletaria en Rusia a pesar de su atraso, por su inserción en la economía mundial, y donde el proletariado podía dirigirla por las relaciones entre las clases establecidas por esas condiciones.

Aunque no lo tocaré aquí, Trotsky analiza además el lugar de cada individuo en la historia contra la visión de la historia hecha por los “próceres” o las “mentalidades” que nos enseñan los manuales burgueses, pero también dentro del marxismo contra las “mistificaciones” que los epígonos hicieron de Lenin y contra las visiones, como la sostenida por Plejanov, según la cual cualquier hombre en la historia es reemplazable, ya que la historia en su desarrollo “crea sus propios órganos”, “rellenables” con cualquier nombre. Al análisis hecho en Historia de la revolución Rusa, donde relaciona las particularidades individuales primero en el marco común de la sociedad de conjunto, y luego el rol de Lenin mismo dentro del partido bolchevique, deben agregarse los esbozos de los Cuadernos... sobre las características de Lenin que marcaron su rol en la revolución.

Método

Los Cuadernos... aportan a las discusiones mantenidas desde entonces aquí reseñadas con:

a) una reivindicación de la dialéctica en tanto herramienta metodológica fundamental para conocer la realidad, frente a la ecléctica fragmentación posmoderna;

b) una distinción entre dialéctica objetiva y subjetiva que escape a una identificación mecánica entre las mismas pero, a la vez, la noción de “unidad diferenciada” que evite su absoluta separación;

c) el análisis de la noción de salto cualitativo como ley central de la dialéctica que permite reevaluar otras leyes mayoritariamente consideradas preponderantes;

d) derivada del punto anterior, la noción de “catástrofe”, de actual utilidad en el marco filosófico de nociones adoptadas en los últimos avances científicos;

e) nuevos aportes para una evaluación del papel del individuo en la historia, ampliamente discutido en el marxismo y en particular dentro del trotskysmo mismo (sería por ejemplo uno de los aspectos más criticados por Deutscher a Trotsky).

De lo planteado hasta ahora se van delineando algunas claves del método aplicado por Trotsky. Frente a la totalidad hegeliana que identificaba materia y espíritu, sujeto y objeto, Trotsky reconoce esta relación pero no su identidad:

“El materialismo acepta la correspondencia de lo subjetivo y objetivo, su unidad, pero no su identidad, en otras palabras, éste no libera al hecho de su materialidad, para mantener sólo el marco de trabajo lógico de regularidad, del cual el pensamiento científico (conciencia) es la expresión”.

John Rees planteará un nuevo elemento a partir de la lectura de los Cuadernos... referido al método marxista. Según él, la categoría de desarrollo desigual y combinado es la aplicación del concepto que Trotsky elaborara para caracterizar la dialéctica, la de “unidad-diferenciada” y esta concepción de la realidad es lo que permite no caer ni en el determinismo mecánico ni en el idealismo. La idea de unidad diferenciada permite que:

“cada esfera particular está todavía conectada con cada una de las otras, pero en la cual cada esfera también produce sus propios especiales procesos, leyes, etc. Trotsky había usado largamente una distinción similar en su trabajo teórico. [...] La concepción de Trotsky de “unidad diferenciada”, un equivalente filosófico del desarrollo desigual y combinado, es una formulación original”.

Esta interpretación de Rees marca dos aspectos de la categoría, el desarrollo desigual y combinado observable en una fenómeno objetivo, y la “unidad diferenciada” (de la cual el primero es aplicación) como categoría metodológica. Como parte del método, no se aplica sólo a la caracterización histórica. Es especialmente útil, dirá Rees, para analizar la unidad pero a la vez diferenciación entre la vida natural y la vida social, entre la dialéctica objetiva y la dialéctica subjetiva.

Nahuel Moreno11 también toma el desarrollo desigual y combinado como una expresión del método de Trotsky. La categoría será considerada como un avance en el método planteado por Marx en el prólogo a los Grundrisse respecto a las categorías simples y complejas. Para Moreno, Marx analiza en el desarrollo de las categorías dos aspectos: uno es su desarrollo histórico como categoría simple, esto es, en su diacronía. Otro es su lugar como determinante o subordinada en un sistema más complejo en el que dicha categoría entra, es decir, en su sincronía con otras categorías. La relación entre la génesis y la estructura es lo que permite, según Moreno, una visión equilibrada de las leyes de la dialéctica planteadas por Hegel y “puestas patas arriba” por Marx: las dos visiones de la dialéctica planteadas en el marxismo (una según la cual lo que prima es la totalidad y que por tanto permitiría explicar la estructura, representada por Lukács, y otra según la cual lo que prima es la negación de la negación y que por ende permitiría explicar la génesis, al decir de Marcuse), son ambas unilaterales. El mérito de Hegel justamente fue reunirlas, argumenta Moreno, aunque erróneamente identificándolas, totalizando la génesis y desarrollando así totalidades cerradas, cosa que luego Marx correctamente separaría, siendo la totalidad descripta por él una totalidad abierta y relativa, que proviene de una estructura y va hacia otra. Trotsky vendría a plantear explícitamente esas dos perspectivas mostrando además la relación entre sí.

Más allá de que consideremos correctas o no estas interpretaciones hechas sobre los escritos de Trotsky, queda claro a mi entender que las acusaciones contra Trotsky por aversión a la filosofía o mecanicismo fueron siempre injustas. No hay por qué pedirle a todo autor que trate y resuelva todos los temas planteados en el marxismo, y mucho más injusto sería acusar a Trotsky por esto, que bastante dejó escrito sobre tan diversos temas. Dado que otros autores tomaron la posta que él dejó, queda planteado el problema de hasta qué punto puede encontrarse o deducirse de los escritos de Trotsky una teoría filosófica acabada, más allá de haber demostrado un pensamiento dialéctico que pocos autores marxistas han alcanzado. Los Cuadernos... pueden aportar nuevos elementos para esta tarea.

Lo que si podemos afirmar es que en la divisoria de aguas del marxismo entre hegelianos y no hegelianos, entre objetivistas y subjetivistas, hay otra tradición a rescatar que sienta las bases para un marxismo que enfoque la relación entre sujeto y objeto de manera tal que permita un correcto análisis y planteamiento de una política que no subestime uno u otro unilateralmente.

 

1. Militante de En-Clave Roja, Filosofía y Letras, UBA. Este trabajo es un extracto del artículo publicado en la revista Lucha de Clases N°2.

2. Con posiciones contradictorias respecto al PC Ruso en unos casos, completamente opuestas en otros, aunque en su mayoría reducidas al campo teórico y refugiadas en la Academia, separadas de una lucha política contra los vaivenes de la III Internacional.

3. Philip Pomper, trad. y anot., Trotsky’s Notebooks, 1933-35, Writings on Lenin, dialectics and evolutionism, New York, Columbia University Press, 1986. La traducción al castellano de los Notebooks está siendo preparada para publicarse próximamente por el Centro de Investigaciones y Publicaciones León Trotsky.

4. Federico Engels, Dialéctica de la naturaleza, Bs.As., Cartago, 1987.

5. León Trotsky, “Tendencias filosóficas de la burocracia” en Boletín CEIPLT, marzo-abril 1999.

6. León Trotsky, En defensa del marxismo, Bs.As., El Yunque, 1975.

7. León Trotsky, “Tendencias..., op.cit.pág. 18.

8. John Rees, The algebra of revolution. The dialectic and the classical marxist tradition, Londres, Routledge, 1988, pág. 18.

9. Trotsky, Historia de la Revolución Rusa, Bs.As., Antídoto, 1997, pág.15.

10. León Trotsky, “Teoría de la revolución permanente” en La teoría de la revolución permanente. Compilación, Bs. As., CEIPLT, 2000, pág. 521.

11. Nahuel Moreno, Lógica marxista y ciencias modernas, México, Xótolt, 1981.



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