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El desarrollo del socialismo de la ciencia en acción

Karl Radek[1]

Este artículo es parte del libro In defense of Russian Revolution, una compilación realizada por Al Richardson. La compilación mencionada tomó la versión del artículo de Karl Radek, “El desarrollo del socialismo en acción”, publicado en septiembre de 1918, en La Lucha de Clases, Volumen 3, Nº 3, agosto 1919, pp272-295. (N. de T.) Otra traducción al inglés fue publicada en un panfleto preparado por Socialist Labour Press en Glasgow pero se la considera menos precisa que la edición americana que hemos seguido principalmente aquí, aunque hemos elegido las lecturas de la edición inglesa donde no está claro el sentido de la versión americana. Quisiéramos ofrecer nuestro agradecimiento a Sebastian Budgen y Ray Challinor por el préstamo de estos textos originales. (N.de C.). La traducción al español para este boletín fue realizada por Bárbara Funes y revisada por Pedro Bonano.

 

El desarrollo del socialismo desde el utopismo hasta la ciencia

¿Qué es el comunismo? El joven Friedrich Engels respondió esta pregunta en un bosquejo del Manifiesto Comunista en el año 1847: “El comunismo es la doctrina de las condiciones de emancipación del proletariado”[1]. De acuerdo con esta definición, que contiene en sí misma todo el espíritu del socialismo científico, el trabajo completo de Marx y Engels consistió en buscar en el desarrollo de la sociedad capitalista el desarrollo de las condiciones de la victoria final de la clase trabajadora, con el fin de hacer de ella el punto inicial de la actividad comunista. De esta forma se logró el desarrollo desde la utopía hasta la ciencia.

Los antecesores de Marx y Engels, los socialistas utópicos, han logrado avanzar mucho en la caracterización de la sociedad burguesa. El severo Fourier[2], que se burlaba de sí mismo y se arrancó todas las máscaras, el brillante Saint Simon[3], quien iluminó épocas completas de la historia humana en pocas palabras; Owen[4], quien penetró profundamente en la naturaleza del hombre, y demostró su dependencia de las condiciones económicas en sus escritos y discursos, todos ellos contribuyeron a construir los ladrillos necesarios para edificar el socialismo científico. Sin ellos, Marx hubiera sido imposible. Pero a pesar de su profunda crítica de la sociedad capitalista, los antecesores de Marx no entendieron cómo esta sociedad podría generar aquellas fuerzas que la destruirían. Por este motivo ellos jugaron el rol de profetas históricos y trabajaron para crear un plan para el rescate de la humanidad de las garras del capitalismo, un plan cuya única debilidad era no identificar el arquitecto que podría mediante ello erigir aquel templo de la humanidad al cielo. Marx y Engels demostraron cómo el desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo podría resultar en una anarquía creciente y en la esclavitud de las masas, pero también cómo significaba la concentración de la industria, la formación de una fuerte clase obrera y su realización política y espiritual con la llegada de un nuevo orden, y la voluntad de hierro para lograr crear los cimientos del socialismo. Marx y Engels demostraron al proletariado internacional la necesidad histórica de su victoria, la victoria del socialismo. Al mismo tiempo, ellos demostraron que también esa victoria de los desheredados, los esclavizados, no iba a caer mecánicamente en su regazo cuando se alcanzara una cierta etapa de desarrollo histórico, sino que ellos mismos debían prepararse para esta victoria con el sudor de sus frentes, por la lucha ininterrumpida de sus mentes, luchando día tras día contra la burguesía en todas las esferas de la vida social, con miras a la lucha directamente revolucionaria, clase contra clase, para ganarla. Sólo esta lucha revolucionaria final que culminaría en una dictadura de hierro del proletariado dirigirá a los trabajadores a la tierra prometida del socialismo. 

La teoría de Marx y Engels con respecto a las condiciones de la victoria del proletariado permanece vigente, se mantiene intacta con el paso del tiempo, está de pie como una roca de granito. Los setenta años que nos separan del día en el que jóvenes magníficos vieron el futuro de la humanidad alumbrado de pronto y nos lo indicaron en el inolvidable Manifiesto Comunista, han causado muchos cambios de la estructura capitalista, que no siempre han sido bien comprendidos por los sucesores de Marx. Pero la línea de desarrollo no ha cambiado, y sólo en el momento presente, durante la primera revolución socialista que el mundo ha experimentado, nos hizo comprender realmente la teoría del comunismo. A través de la primera revolución socialista, a través de su implacable necesidad, podemos ver la espléndida prueba del poder profético del intelecto de nuestros maestros. El comunismo es una teoría de la revolución, por lo tanto, puede ser comprendida en su entero significado durante un período revolucionario. A este respecto podemos ver que en un largo período de desarrollo calmo que precedió a la era de la revolución, sólo unos pocos intelectos agudos estuvieron en posición de comprender la teoría del comunismo tan completa y claramente como cuando, durante la época revolucionaria de ascenso del capitalismo, nació en los intelectos de aquellos jóvenes del período de tormentas y tensiones, en las mentes de Karl Marx y Friedrich Engels.

En la época de desarrollo más lento, los más diversos elementos no comunistas se mezclaron con él y bajo el nombre de concepción socialdemócrata, se crearon diferentes sustitutos para el comunismo que la clase obrera internacional debe descartar si desea cumplir con su deber. Este diluido y falso comunismo del que los espíritus vivos han sido purgados, dificultó a los trabajadores entender y aprehender el corazón de la teoría de la Revolución Rusa. Sobre esta explicación, uno de los primeros deberes en la lucha proletaria por su emancipación es liberar las enseñanzas del comunismo de todas las impurezas. Esto se puede hacer muy fácilmente si aprendemos a entender históricamente el desarrollo de las falsificaciones del comunismo, si se conocen las condiciones bajo las que surgen.

La falsificación del comunismo

La teoría de Marx, cuyas líneas fundamentales se crearon en la década de 1850, no se difundió entre círculos amplios hasta los años de 1880. Cuando en las décadas de 1860 y 1870 el movimiento obrero alemán se inició bajo la dirección de Ferdinand Lassalle[5], los obreros no conocieron uno solo de los escritos de Marx. Las ideas del comunismo les llegaron a ser familiares a través de los folletos pequeños, encendidos, de Lassalle, en los cuales la teoría del comunismo, si no fue falsificada enteramente, fue presentada de manera muy peculiar. Ferdinand Lassalle deseaba agitar a la clase obrera en un momento en que, una época de prosperidad capitalista había consolidado las fuerzas de la contrarrevolución en toda Europa, y les había permitido solucionar todos los problemas con los cuales se enfrentaban en ese momento.

En Alemania los junkers[6], junto con la gran burguesía, estaban ocupados con un importante problema de su época: crear un estado capitalista unificado. Las fuerzas que intentaron en el año 1848 por medios revolucionarios[7] fundar una Alemania unida, probaron ser demasiado débiles, y que no estaban en posición de lograrlo; la fundación del estado alemán como órgano de la burguesía alemana, fue lograda por la burguesía y los junkers. Ejecutaron esta tarea alzando la estructura reaccionaria de una federación burocrático-capitalista de los Estados, en los cuales una pandilla de grandes capitalistas, junto con los junkers y los generales, con los Hohenzollerns[8] al frente, dirigió el destino del imperio alemán En ese momento, Lassalle intentaba convertir a la clase obrera en un poder que, aun cuando no tenía la energía de dirigir los destinos del pueblo alemán, podría estar en posición de lograr concesiones de la clase gobernante. La propaganda comunista iba dirigida a este objetivo estrecho, así Lassalle lo difundía entre los trabajadores. Para poder difundir su propaganda tanto como fuera posible, a pesar de la opresión iniciada durante el período reaccionario de Bismark[9], él procuró dar al comunismo una apariencia lo más inocente posible. El león joven, cuyas garras no estaban todavía en condiciones de dar muerte al enemigo, debió ser conducido sobre los prados disfrazado de cordero. Lassalle intentó presentar al comunismo como un movimiento que podría tener éxito por medios pacíficos. Por medio del voto popular, los trabajadores debían ganar la influencia sobre el Estado y debían utilizarlo para organizar a las sociedades cooperativas que convertirían gradualmente a la sociedad capitalista en una socialista. Esta propaganda desarrolló en los trabajadores un respeto por la idea del Estado sin importar si estaba en las manos de los capitalistas o de los trabajadores victoriosos. Esta idea fue, de hecho, puesta a prueba severa en lo que respecta a las relaciones con el gobierno de Bismark, durante la era de las persecuciones feroces al movimiento obrero en el período de 1878 a 1880, cuando la presión violenta de arriba, y el hostigamiento del movimiento obrero, crearon un odio intenso contra el Estado capitalista en la vanguardia del proletariado, y una esperanza alimentada por este odio de que éste se desmoronaría como resultado de los golpes de la revolución social. Este estado de ánimo de la clase obrera aumentó por la prolongada crisis existente en la vida económica de Europa durante los años de 1880. Pero esto era solamente una interrupción en el curso de la falsificación reformista del comunismo que había estado teniendo lugar desde el establecimiento de los Estados capitalistas en la década de 1870. Tan pronto como los trabajadores se recuperaron un poco de los golpes que recibieron, tan pronto fueron un poco más fuertes y las tormentas más feroces de la persecución capitalista desaparecieron, el proceso de diluir y falsificar el comunismo adquirió un renovado ímpetu. Contribuyendo a esto, el rápido desarrollo económico, el período de prosperidad del capitalismo que se dio en todas partes en los 10 años pasados del siglo precedente[10] se afianzó, especialmente en el dominio de las industrias eléctrica y metalúrgica. Desde la década de 1880, gracias al desarrollo de la agricultura norteamericana, los precios del grano bajaron, y entonces los salarios comenzaron a subir bajo la influencia de los vivos movimientos de los negocios. Las filas de avanzada de los trabajadores vieron ante ellos un sendero de rosas. La clase obrera obligó a los gobiernos a cesar sus persecuciones, y comenzaron a prometer reformas sociales. Los trabajadores por todas partes ganaron la representación en los parlamentos; la aristocracia de la clase obrera ganaba buenos salarios, y así se avinieron a la idea de que la revolución es una fase ya superada por el desarrollo burgués. La clase obrera forzaría a la burguesía a hacer cada vez más concesiones, que finalmente cambiaría el sistema económico del capitalismo por un sistema que exista para el beneficio de los trabajadores. Esta decisión encontró expresión primero en una práctica parlamentaria oportunista, en la política de los dirigentes sindicales parlamentarios, que esperaban, coqueteando con la burguesía y, limitando sus reivindicaciones, abandonando la propaganda revolucionaria, poder gradualmente mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Entonces esta tendencia encontró su expresión teórica en la doctrina del reformismo (revisionismo), tal como fuera acuñado por Bernstein[11] en Alemania, Sarante[12] y Jaurés[13] en Francia, y Treves[14] y Turati[15] en Italia.

Para reducir las doctrinas del reformismo a una fórmula, éstas consistían en la tentativa de probar que la evolución del capitalismo no vuelve las diferencias entre el proletariado y la burguesía más agudas sino que tiende a suavizarlas, y que, por lo tanto no la revolución sino la cooperación del proletariado con los estratos sensibles de la burguesía es el verdadero camino a la liberación del proletariado. El reformismo negó la posibilidad práctica de la revolución socialista y estableció en su lugar la evolución a través de reformas sociales. Era una doctrina contrarrevolucionaria, procurando representar la revolución de los trabajadores como una enfermedad infantil del movimiento obrero, para unir a los trabajadores al carro de la burguesía Esta tendencia del reformismo es reflejada lo más manifiestamente posible en una serie de artículos del discípulo de Bernstein, Eduard David[16] sobre la dictadura del proletariado, publicada en el año 1903 en el Sozialistische Monatshefte, el principal órgano del reformismo internacional. No la revolución sino la acción parlamentaria, la organización de los sindicatos y las fraternidades, este era el curso que el reformismo predicaba a la clase obrera.

El colapso de las ilusiones reformistas

Pero la misma evolución que, según la convicción de los reformistas, iba a eliminar la necesidad de una revolución, otra vez demostraba a los trabajadores lo absurdo de las ilusiones reformistas. Los junkers se defendieron contra la creciente competencia de las jóvenes naciones agrarias subiendo el precio de los alimentos por medio de aranceles agrarios. El desarrollo del capitalismo condujo a la formación de los trusts y de los cárteles, grandes organizaciones capitalistas, que hicieron a un lado y conquistaron no sólo al artesanado sino también a la pequeña burguesía. Para la protección de los cárteles exigieron aranceles altos también para la industria. Se unieron con los junkers para robar y saquear al pueblo; al mismo tiempo la creciente trustificación de la industria significó una enorme extensión del poder para los capitalistas contra los sindicatos. Los mismos sindicatos que podrían sin mucho problema forzar al pequeño barón textil a ceder a sus demandas, eran impotentes contra los reyes del hierro y del carbón, que estaban al frente de más de diez mil trabajadores. Si un trabajador en una fábrica textil estaba descontento con su salario, podría encontrar trabajo en alguna otra fábrica. Los barones del carbón y del hierro trustificados no reconocieron los sindicatos, se unieron contra cada reivindicación de sus trabajadores, y comprendieron cómo resguardarse contra los trabajadores por medio de listas negras. El agravamiento de la fricción entre el proletariado y la burguesía, en la fábrica así como en el mercado de consumidores, se intensificó aún más por la política imperialista, que amenazó con transformar la lucha de las industrias trustificadas en el mundo, la lucha de las mercancías y del capital, en una guerra. La carga cada vez mayor de los impuestos, causada por el crecimiento del militarismo y de la industria naval bélica, el creciente peligro de la guerra que llegó a ser cada vez más intenso, y los conflictos con los sindicatos, condujeron a las clases poseedoras a adoptar una política más severa contra la clase obrera. A causa de la explotación creciente, las medidas opresivas tuvieron que ser intensificadas también. La reacción política cada vez mayor tenía el efecto en la clase obrera de una señal de tormenta, y le demostraba en todos los países que el llamado reformismo “real” era una utopía, no el comunismo revolucionario. Una utopía reaccionaria seguramente no dará vuelo al alma, no estimulará la energía de los trabajadores, ni hará parecer el viaje de humanidad más sencillo en las visiones que presenta, de modo que animase a los más perezosos a acelerar sus pasos, sino por el contrario, les hará vacilar el paso, transformándolos en bestias que se arrastran.
 
Desde la gran huelga en el distrito de Ruhr[17], desde las grandes luchas de los trabajadores de la electricidad de Berlín, y la violenta lucha de los trabajadores franceses para el logro de la jornada de ocho horas, la gran fe de los trabajadores en la evolución pacífica al socialismo había desaparecido. Ahora vieron cómo las fuerzas del capitalismo se habían unido contra el proletariado tanto en la vida económica como en la vida política, ellos veían cómo los partidos burgueses se solidificaban cada vez más en una masa reaccionaria, veían cómo la sociedad burguesa entera se desplazaba hacia el abismo de la guerra, ellos veían cómo los parlamentos se tornaban constantemente menos capaces de lidiar con los acontecimientos, aunque más no fuera porque ellos mismos eran forzados en todos los países a delegar su poder a favor de los gabinetes secretos en los cuales la burocracia conjuntamente con los tiburones del capital resolvían los asuntos más vitales del pueblo.
Los fuegos de la Revolución Rusa del año 1905 demostraron a las masas de Europa qué poder latente puede convocar la clase obrera cuando se levanta, y cuando se dispone a lanzar su personalidad en la lucha para la causa. Desde el año 1905 el problema de la lucha por el poder, es decir, los problemas de la revolución socialista, que fueron formulados de forma teórica en la discusión del reformismo (el folleto de Kautsky La Revolución Social, publicado en 1903)[18], estaba presente en la conciencia de las masas del pueblo.

En búsqueda del camino al poder

Comenzó una búsqueda ansiosa para salir del callejón sin salida en el cual la evolución capitalista había desembocado. La primera cuestión ante las masas laboriosas fue: “¿Adónde vamos?”. La pregunta fue contestada por los acontecimientos en forma tan clara y exacta como uno podría desear. En Francia la tentativa de mejorar la condición de los trabajadores a través de la cooperación con la burguesía resultó un fracaso completo. La entrada de Millerand[19] en el gobierno burgués no dio ninguna ventaja a la clase obrera, y comprometió a la socialdemocracia ante los ojos de las masas trabajadoras. Los resultados de las elecciones de 1907[20] demostraron a los trabajadores que los partidos burgueses se unirían en un sólido bloque contra ellos tan pronto como se convirtiera en el problema del imperialismo, es decir, la cuestión de la extensión del poder capitalista sobre los pueblos más débiles, y de la lucha armada competitiva entre los estados capitalistas. Los hechos de la crisis económica de 1900 hablaron tan claramente que un reformista bien conocido como Max Schippel[21] no pudo terminar su investigación del curso de la crisis económica de ninguna otra forma más que afirmando la intensificación de la lucha de clases en el mundo entero. Karl Kautsky resumió el desarrollo entero en el año 1908 en su trabajo El camino hacia el poder[22], en el cual probó que el mundo capitalista entero avanzaba hacia una crisis socialista mundial espantosa, que estábamos en la víspera de la revolución socialista. Esta convicción, que se arraigó cada vez más en las mentes de las filas más avanzadas de los trabajadores, los enfrentó a esta segunda pregunta: “¿Qué medios utilizarán los trabajadores para defenderse cuando despunte la nueva situación, y qué medios usarán cuando lancen el ataque contra la fortaleza del capital?”. Ya en 1905 el proletariado alemán y el proletariado austriaco se habían avenido a la idea de la huelga general. A pesar de la completa osificación de la vida intelectual de los dirigentes del partido, cuyas apacibles vidas pequeño burguesas reflejaron muy débilmente el estado de ánimo de la clase obrera, los trabajadores habían reconocido en la huelga de masas medios para la defensa contra los ataques a los derechos fundamentales de la clase obrera (la socialdemocracia alemana en Jena, 1905)[23], o aún los medios del ataque del proletariado contra los opositores particularmente obstinados (la socialdemocracia austriaca). La huelga de masas como huelga general fue exaltada por los sindicalistas franceses como un medio para ganar la libertad completa. La clase obrera, que, hasta ese momento, habían luchado políticamente sólo en los parlamentos, comenzó a reflexionar sobre su papel en el proceso de producción, en palabras de Freiligrath[24]: “Cada rueda parará, en la voluntad de tu brazo poderoso”.

Por años los dirigentes del ala izquierda de los trabajadores discutieron las condiciones que harían practicable el uso de la huelga general. ¿Deberían los líderes de las organizaciones obreras decidir sobre la huelga si la acción parlamentaria fallara, si el enemigo con su política imprudente condujera a las masas a la desesperación, debería ser un arma, entonces, lista para sostener como reserva de la lucha parlamentaria, o debería ser la forma verdadera de la lucha en sí misma, emergiendo espontáneamente de los conflictos cada vez más agudos de clase, preparada no en las cámaras de las conferencias de los dirigentes, sino preparada cada hora en las tiendas y en las fábricas-prisiones y no sólo a través de la agitación cada vez mayor, sino a través de la acción estimulada del proletariado? Éstas eran las cuestiones a las cuales el ala izquierda del movimiento obrero internacional se abocó intensamente durante los años que precedieron a la guerra mundial. Y justo en este punto parecía que, incluso en esta cuestión simple, las filas socialistas, las filas que lucharon bajo la bandera de Marx se dividieron, quedando una de las secciones bajo la dirección de Karl Kautsky que aparentemente abrazaba la revolución socialista que se acercaba, es verdad, aun evitando ansiosamente la intensificación de la lucha de clases, aunque la situación interna y externa del proletariado la exigió positivamente.

En esta lucha por encontrar el camino hacia el poder la pregunta surgió por doquier: “¿En dónde se expresaría el poder de los trabajadores victoriosos?”, ya que en ningún lugar se le daba una respuesta clara, y por razones muy simples. La primera cuestión que se planteaba en la agenda histórica eran las movilizaciones de los batallones de trabajadores, la cuestión de su objetivo general, y no de las paradas que había que atravesar en el camino. Para probar la necesidad de la huelga general, los socialistas radicales señalaron el derrumbamiento del parlamentarismo. Demostraron cómo se convertía cada vez más en una plaza fuerte de los bandidos capitalistas; criticaron muy agudamente el falso republicanismo y la falsa democracia de los países republicanos, y plantearon la pregunta con frecuencia: “¿Cómo la democracia capitalista y sus agencias parlamentarias se convertirían en las agencias del poder del proletariado victorioso?”. Cuando Antón Pannekoek[25], el líder más avezado del socialismo de Europa occidental, contestó a la pregunta diciendo que uno debe destruir las formas democráticas del Estado capitalista y debe crear nuevos órganos del poder de las masas trabajadoras en los fuegos de la revolución proletaria, fue acusado por Karl Kautsky, el teórico marxista con mayor autoridad, de ser un anarquista. No obstante lo correcta que pudo haber sido la respuesta de Pannekoek, era sólo una respuesta a medias. Señaló el hecho de que los órganos de coerción usados por el Estado capitalista deben ser destruidos, pero no demostró qué órganos de control debe construir el proletariado para continuar y asegurar su victoria.

Mientras que la mayoría de los socialistas revolucionarios veían en la democracia los medios por los cuales los socialistas obtendrían la victoria, los sindicalistas, representando la teoría revolucionaria de aquellos países en los cuales la bancarrota de la democracia había causado la desilusión completa de las masas populares, señalaba a los sindicatos como los agentes que deberían obtener el poder y convertirse en quienes ostenten el poder de las masas.

Este problema, como se ha dicho, fue planteado sólo esporádicamente por aquellos intelectuales que tuvieron la capacidad de ver más allá de los límites de su tiempo, y no pudieron responderlo. Los teóricos de la clase obrera no son quienes encuentran las soluciones históricas. Estas se pueden descubrir solamente por la lucha revolucionaria de las masas; al teórico le compete sólo el deber de comprender las medidas prácticas del proletariado, de convertirlas en conocimiento común, y de hacerlas el objetivo universal de la lucha del proletariado, la solución de su lucha.

Las lecciones de la Guerra Mundial

Antes de que la clase obrera se pudiera enfrentar con el problema de sus órganos de poder, se vio primero obligada a experimentar todas las consecuencias de su impotencia, en el sentido literal, físicamente. Tuvieron que padecer los horrores de la guerra y ser destrozados por las granadas; tuvieron que sangrar hasta morir por los intereses de los capitalistas; tuvieron que apilar montañas de cadáveres, para que la lección de que el capitalismo conduce a la anarquía más sangrienta, a la destrucción de los pocos logros culturales que se han creado, a la miseria más profunda de las masas, a su esclavitud literal, de modo que esta lección se pudiera convertir de una tesis teórica en un grito y una certeza ardiente, por lo menos en las mentes de la vanguardia de la clase obrera.

En la propaganda teórica de los socialdemócratas revolucionarios, la experiencia, las derrotas que el capital había infligido sobre los trabajadores desde el final del siglo pasado[26], no fueron suficientes para alentar a los trabajadores a que avanzaran más allá de sus primeros pasos tímidos. La política oportunista de los dirigentes del movimiento obrero adormeció a las primeras filas de la aristocracia obrera, un sueño que demostraba que la elite de los trabajadores se encontraba en condiciones muy favorables. Los estratos más bajos de la clase obrera, sin embargo, eran demasiado ignorantes, estaban demasiado desamparados, para estar en posición de lanzarse a una revolución sin la burocracia del partido y de los sindicatos, o contra su voluntad. Así vino la bestia de la guerra, largamente esperada, y comenzó a enseñar al proletariado con sus garras la lección que éste no había entendido cuando el socialismo revolucionario lo predicaba.

El pueblo ruso es el primero que ha comprendido esta lección y ha extraído sus lecciones, y esto lo logró por medio de la revolución. La Revolución Rusa es la primera respuesta del proletariado a la Guerra Mundial, es el paladín y precursor de la revolución internacional, da la respuesta a los enigmas que la esfinge de la revolución le ha planteado al socialismo para descifrar durante el siglo pasado, a la pregunta que la clase obrera debe contestar, si no desea ser destrozada en pedazos[27]. El hecho de que el proletariado ruso con su revolución esté dando los primeros pasos en el camino del desarrollo del socialismo de la ciencia en la acción significa que al mismo tiempo la revolución implica un paso grande y poderoso en el desarrollo de la ciencia del comunismo. El “comunismo es la doctrina de las condiciones de la liberación del proletariado”[28]. Estas condiciones se expresan más claramente en el proceso de la victoria, por eso la comprensión de la Revolución Rusa es una condición preliminar para el desarrollo del comunismo de la ciencia en la acción.

Las lecciones de la Revolución Rusa: la maduración del capitalismo y de la Revolución socialista

La primera pregunta de la revolución socialista que enfrenta la clase obrera es ésta: “¿Cuándo puede venir la revolución social?”. Como el marxismo demostró a los trabajadores que la victoria del socialismo depende de las fuerzas de producción, se arraigó un concepto pervertido en las filas de los marxistas de que la revolución social sólo será posible cuando el capitalismo tuviera la vida económica entera de la nación en sus manos, cuando, por así decirlo, éste la hubiera dividido implacablemente en un pequeño grupo de capitalistas y un proletariado oprimido. Sí, los más constantes en su falsificación del comunismo, los revisionistas, declararon que el socialismo no podría venir en Europa hasta que el capital hubiera sometido al mundo entero: en ese hecho basaron – como es bien sabido- la necesidad de tener el apoyo de la clase obrera hacia la política colonial. Todo el argumento de los partidos seudo-socialistas de Rusia, que se reunieron para ayudar a la burguesía durante la revolución, y que durante la revolución obrera han luchado en las filas de los contrarrevolucionarios – los mencheviques- se reduce a este hecho: el socialismo en Rusia es imposible porque el proletariado no constituye la mayoría de la nación rusa. Esta discusión ganó mucha aprobación en Europa entre quienes habían hecho del marxismo un problema aritmético mecánico. Pero para demostrar lo absurdo de esta actitud ante la cuestión, es suficiente precisar que en Alemania, el Estado europeo más altamente desarrollado en el plano económico, los hombres tan científicamente importantes como Heinrich Cunow[29] son de la opinión de que éste sigue siendo el caso, no tanto debido a la pequeña proporción de los proletarios respecto de los no proletarios, sino a una concepción totalmente nebulosa de la transición del capitalismo al socialismo. La hipótesis de un concepto tal como el de Cunow da a la cuestión de la etapa de la madurez del capitalismo, la idea de que el capitalismo de hecho hará el trabajo de la socialización por sí mismo, y que el socialismo será invitado simplemente a sentarse a la mesa ya servida. Cuando Cunow explica que Alemania no está todavía madura para el socialismo, apoya esta teoría refiriéndose al hecho de que el Estado capitalista debe primero asumir el control de toda la industria antes de que el proletariado pueda recibirlo tomando las riendas del gobierno. ¿Pero por qué no debe el proletariado estar en una posición para quitar las industrias cartelizadas y trustificadas directamente de las manos de los trusts y de las industrias capitalistas? Por supuesto, si el proletariado va a tomar el poder solamente cuando, como dice Bernard Shaw[30], el simiesco amo irracional capitalista degenerado presione un botón y ponga en movimiento millones de hombres convertidos en esclavos, tendrá la sencilla tarea de expulsar al amo simiesco y descerebrado del control del aparato central y romperle la cabeza. Pero esta simplificación de la tarea implica que el proletariado tendría que pagar con grandes sufrimientos una política de espera vigilante, mirando cómo el capitalismo avanza a grandes zancadas sobre los cuerpos de millones de personas. En honor de la humanidad debe decirse que la idea de una transición mecánica del capitalismo al socialismo es contradictoria con todas las concepciones históricas existentes hasta el momento, así como también lo hace cada teoría sensata de la posibilidad de la evolución capitalista. Las formas previas de vida económica no colapsaron después de que hubieran preparado enteramente el camino para un nuevo orden, sino tan pronto como se convirtieron en un obstáculo opresivo para el nuevo orden.
La transición del capitalismo al socialismo comienza cuando la sociedad capitalista causa tanto sufrimiento al pueblo que éste está listo para romper con la rutina cotidiana y alzarse contra la dominación del capital, cuando las masas no pueden soportar más las condiciones creadas por la sociedad capitalista. Cuando el desarrollo capitalista en un país ha alcanzado un punto donde las ramas más importantes de la industria, del crédito y el transporte, son controlados por un grupo capitalista concentrado, es entonces cuando el proletariado, que se ha rebelado no sólo puede, sino que debe, intentar asumir el control de la industria en sus propias manos, en las manos del proletariado victorioso, el proletariado organizado en un poder gobernante. El proletariado modelará la vida económica del país a un mayor o menor grado para su propio beneficio, según el grado de la penetración capitalista de la vida económica de ese país, o quizás tendría que restringirse temporalmente a la socialización de las ramas ya concentradas de la administración, mientras que puede asumir el control gradualmente en las otras, por ejemplo, la administración de la tierra (gracias a su falta de dependencia de los centros socializados de la industria, gracias a su independencia de la ciudad), y socializarlos. Éste es el estado de cosas en Rusia. En Rusia el proletariado es ciertamente la minoría de la población, pero la industria rusa del hierro, las minas de carbón, la producción de la nafta, los ferrocarriles y los telégrafos están concentrados en pocas manos, son dirigidos por un pequeño número de bancos, y dictan las leyes económicas de toda la población agraria.

La situación insoportable que el capitalismo creó en la Guerra Mundial llevó a las masas populares a la lucha contra el estado capitalista del zar. Con la ayuda de los campesinos, que se desangraron hasta morir por el capitalismo durante tres años, los trabajadores tuvieron éxito en ganar el poder del gobierno. ¿Qué deben hacer con el poder? Los partidarios de la idea mecánica de que el socialismo es posible sólo después de que nueve décimos del pueblo se hayan convertido en proletarios, intentaron dejarle claro al pueblo que era imposible establecer el socialismo. El retorno al capitalismo era la solución de los mencheviques. Pero los trabajadores no podían volver al capitalismo sin hundir al país en la miseria más grande.

Si los capitalistas volvieran al poder, impondrían los costos de la guerra a los trabajadores, forzándolos a trabajar 12 horas por día para liquidar estas cargas y para solventar los costos del rearme para el año próximo. No pondrían fin a la confusión de la vida económica del país, sino que sólo impondrían las consecuencias de esta crisis sobre los trabajadores. El sistema comunista de la economía es la utilización de las todas las fuerzas de la producción de acuerdo con un plan directivo, en interés de las masas populares. Justamente porque el país se ha quebrado increíblemente con la guerra, el comunismo es la única vez por la cual los trabajadores pueden esperar emerger de la necesidad y de la miseria de la sociedad capitalista quebrada. Renunciar de antemano a la oportunidad de organizar la vida económica en función de su propio interés significaría hundirse en la miseria capitalista por miedo de que el proletariado inexperto sea incapaz de dirigir las principales fuerzas de la vida económica nacional concentradas por el capitalismo. Esto no sólo significaría un suicidio histórico, sino que además es prácticamente imposible. ¿Qué significa el retorno al capitalismo? Significa en primer lugar devolver el poder del Estado a los capitalistas, porque un Estado proletario no podría encarar naturalmente la protección de las ganancias capitalistas. El propósito de demostrar esto es revelar el completo utopismo de la solución del “retorno al capitalismo”. No fue ciertamente por casualidad que el proletariado tomó el poder en sus manos en octubre de 1917. El proletariado ganó el poder porque el régimen capitalista había perdido toda la confianza, no sólo a los ojos del proletariado, sino también de la burguesía. Los principales representantes del capital ruso, los Guchkovs[31], Milyukovs[32], Tereshchenkos[33], y de sus figurones socialistas, Tseretelis[34], Kerenskys[35] y Chernovs[36], eran tan odiosos a las masas populares que el pueblo los expulsó. Si los trabajadores no hubieran tomado las riendas del poder, los representantes del capitalismo no habrían sido capaces tampoco de dominar la situación. Rusia habría navegado sin timón en el mar de la anarquía, dirigido hacia el caos, a partir del cual la estrella del socialismo no habría podido cristalizarse, así como tampoco un régimen capitalista. Rusia era simplemente la presa del capital extranjero, que no es ciertamente “más maduro”, o está mejor preparado para “poner en orden” el país en crisis en interés de las masas populares de lo que lo está el joven, pero poderoso proletariado ruso.

Austria e Italia se encontraban en la misma situación que Rusia, y la experiencia de la Revolución Rusa enseña que la revolución socialista no comenzará de ninguna manera en el lugar donde está el capitalismo en su etapa más alta de desarrollo. Tampoco la organización capitalista más fuerte es capaz de proteger a las masas contra los sufrimientos indescriptibles que crea la anarquía capitalista; está mucho mejor preparada, como el gobierno de los jóvenes países capitalistas, para dominar a las masas.

La revolución socialista comienza primero en esos países en los cuales la organización capitalista no es tan fuerte. Esos países capitalistas con los órganos más endebles para la opresión son las brechas por donde el socialismo puede avanzar, donde la revolución social comenzará. Es difícil que irrumpa a través de las fronteras nacionales, porque luego de aplastar a su propia burguesía, es amenazada por la burguesía de los restantes países capitalistas. La revolución socialista sólo puede triunfar si estalla en todo el continente; pero la revolución socialista no puede esperar hasta que el proletariado del mundo entero se levante como un solo puño; por el contrario, en el plano nacional, las revoluciones socialistas mismas son producto de la desintegración capitalista internacional, aportan el elemento de aceleración. Así se responde la primera pregunta que enfrenta el proletariado internacional: “¿Cuándo puede comenzar la revolución socialista?”. Puede y comenzará en cada país en el cual las condiciones creadas por el capital sean insoportables para la clase obrera. Los sufrimientos del pueblo se burlan de las estadísticas de Cunow y Cía., y los volcanes de la revolución no está esperando hasta que los estadísticos escolásticos del supuesto marxismo den la señal. Quienquiera probar a las masas del pueblo la imposibilidad de la revolución socialista por medio de tablas estadísticas demuestra que no entiende a Marx en absoluto. Friedrich Engels pudo haber incurrido en un error cuando pensó en 1880 que el final del capitalismo era inminente[37]. Pero la posibilidad de tal error demuestra que no tenía nada que ver con esta concepción estadística de Cunow con la teoría de Marx y Engels. Esta osificación de Marx era un desliz explicado fácilmente durante la evolución pacífica del capitalismo; luego de la experiencia de la Revolución obrera rusa, esta concepción estadística no es sólo un producto de un estado contrarrevolucionario de la mente, sino que, como la experiencia lo demuestra, constituye una utopía contrarrevolucionaria. Todos los que juraron con el espíritu falsificado de Marx no podrían salvar los cuellos políticos de los Tseretelis y de los Dans[38]. Fueron lanzados en el basurero de la historia por el mismo proletariado que es “todavía inmaduro para la revolución social”, y desde ese lugar pueden escupir sobre la revolución de la clase obrera rusa, pero no pueden impedir su progreso. La revolución puede ser conquistada temporalmente por el capital europeo si el proletariado europeo no hace uso de las mismas armas que el proletariado ruso utilizó, dentro de un tiempo razonable. Pero ni los mencheviques ni sus loros europeos, pueden negar que es una revolución proletaria, que está intentando superar heroicamente los métodos económicos anárquicos capitalistas a través de las organizaciones socialistas, y que es, por lo tanto, una revolución socialista, que puede ser sofocada sólo por el Atilas del imperialismo[39], así como tampoco pueden negar su carácter socialista; su carácter socialista brilla sobre la estrella del destino, fue creado con necesidad de hierro por el carácter imperialista de la guerra.

La dictadura del proletariado

La revolución socialista de los trabajadores en Rusia demuestra al proletariado europeo la vía hacia el poder. La prensa del capital mundial está gritando que es sangriento, y vocifera sobre el carácter tumultuoso y violento de la revolución. Tiene todo el derecho de hacerlo. Fue creada por el capital para ser un órgano de la batalla contra la clase obrera, y es su deber ensuciar y escupir sobre la primera revolución obrera, con el objetivo de asustar a los trabajadores de los otros países con su cabeza de Medusa[40]. Pero ¿cómo es posible que los Axelrods[41], los Martovs[42], y los - risum teneatis[43] - Kautsky usen la violencia de la revolución como fundamento de su reclamo contra ella? Solían defender la idea de la dictadura del proletariado contra los reformistas.

¿Qué significa la dictadura? La dictadura es la forma de gobierno por la cual una clase impone su voluntad despiadadamente sobre otra clase. Durante el período de la evolución social, en el cual una clase se está preparando para la lucha por el poder, renuncia al uso de la fuerza porque es demasiado difícil para emplearla. Sólo está reuniendo y concentrando su energía, y en esta instancia no es necesario que la clase dominante utilice la fuerza abiertamente contra ella. La clase dominante tiene en sus manos las fuerzas listas para la batalla, pero esto da a la clase en ascenso cierto espacio para el desarrollo, mientras no sea considerada peligrosa. A partir del momento en que la clase dominante pone la carga sobre la clase oprimida, que es tan pesada que la clase dominante teme una posible sublevación de los oprimidos, pone en funcionamiento la maquinaria de la fuerza. La guerra impone sacrificios enormes sobre las masas de los trabajadores, y por eso trae como consecuencia la suspensión de los pocos y escasos derechos gozados por la clase obrera en la época de la paz, es decir, trajo la dictadura del imperialismo, que costó a los trabajadores millones de vidas. Para romper la dictadura del imperialismo, la clase obrera debe emplear la fuerza: la fuerza que desata la revolución. Pero ninguna clase dominante existente hasta ahora se puede vencer en un solo soplo. Abatida una vez, procura levantarse, y puede hacerlo porque la victoria de la revolución no puede de ninguna manera alterar el sistema económico de la sociedad en un instante, y arrancar de raíz el poder de la clase derrocada. La revolución social es un proceso muy largo, que comienza con el destronamiento de la clase capitalista, pero termina sólo en la transformación del sistema capitalista en una comunidad de los trabajadores. Este proceso requerirá por lo menos una generación en cada país, y este espacio de tiempo es precisamente el período de la dictadura proletaria, el período durante el cual el proletariado debe mantener sometidos a los capitalistas con una mano, mientras que sólo puede utilizar la otra para construir el socialismo.

Todo lo que se está diciendo, desde el punto de vista de los principios, contra el dominio por la fuerza de la clase obrera rusa, no significa nada más que la desaprobación, no sólo de las enseñanzas de Marx, sino de los hechos más claros del pasado. Cuando Renner[44] no se ruboriza al afirmar, con talante científico, que la revolución política, es decir, el empleo de la fuerza bruta, contradice el carácter de la revolución socialista, porque la revolución socialista exige la organización de un nuevo sistema económico y no la fuerza, eso sólo significa que este ex marxista de un entusiasmo lasalleano por el estado no es devoto de la idea del estado a la manera de Lassalle, como lo han caracterizado, sino sólo un sofista capitalista común y corriente. Justamente porque la revolución social debe transformar por completo el sistema económico capitalista, que otorga privilegios inauditos a una sola clase, debe despertar necesariamente la oposición más fuerte de esta clase, una oposición que se pueda quebrar sólo por el uso de las armas. Cuanto más fuerte se desarrolla el capitalismo en un país, tanto más despiadado, tanto más salvaje será la lucha defensiva, y la revolución proletaria será mucho más sangrienta, y mucho más implacables serán las medidas por medio de las cuales la clase obrera victoriosa mantendrá derrotada a la clase capitalista. Pero los moluscos del “campo seudo-marxista”, los opositores de la revolución rusa, nos responden que no es una cuestión de rehusarse a reconocer el principio de la dictadura del proletariado, sino que se rehúsan a reconocer la dictadura en un país donde el proletariado está en una minoría, y donde la dictadura degenera en el dominio de la minoría sobre la mayoría, como suponen ellos que es el caso en Rusia. Esta discusión es una evasión cobarde.

Nunca, en ningún país, la revolución comienza como un acto de la mayoría de la población. El capitalismo nunca significa el mero control físico de los medios de la producción, en todos lados éste significa simultáneamente el control intelectual de las masas populares, incluso en los países capitalistas más altamente desarrollados. Bajo la presión de la miseria y la necesidad, bajo la convulsión de las masas por medios tales como la guerra, todos los oprimidos y explotados no se levantan al mismo tiempo. Los más activos, una minoría, se alzan, inician la revolución, y su éxito depende de si esta revolución sigue la línea del desarrollo histórico, es decir, si responde a las necesidades de las masas populares, quienes pueden entonces liberarse de la antigua clase dominante. La fuerza creativa y dinámica de la revolución fue necesaria para despertar a las masas populares, para liberarlas de la esclavitud intelectual del capitalismo, y atraerlas al campo que defiende sus intereses.

Alguien puede decir: toda revolución es iniciada por una minoría; la mayoría se reagrupa en torno suyo para ayudarla mientras la revolución se está desarrollando, y así determina su victoria. Si no fuera así, la dictadura en un país como Rusia, que posee un proletariado minoritario, no sólo sería dañina, como sostienen los Kautskys, sino que en un país con una mayoría proletaria, al que Kautsky otorga generosamente el permiso para la dictadura, sería innecesaria. La clase capitalista forma en estos países una minoría tan pequeña que no podría utilizar las armas contra el proletariado. La teoría marxista de la inviabilidad de la dictadura del proletariado como vía al socialismo se vuelve, por lo tanto, u obsoleta, o esta dictadura se justifica tanto en Rusia como en cualquier otro país.

Revolución y contrarrevolución

La Revolución Rusa nos ha mostrado no sólo la dictadura del proletariado, sino también las formas concretas que toma la resistencia de la burguesía de hecho, nos muestra en general las características típicas de una revolución obrera. Friedich Engels, en su Anti-Duhring, ha señalado el proceso por el cual el capitalismo fomenta el militarismo, militariza a la población entera (es decir, la pone a merced del instructor militar), simultáneamente, sin embargo, creando los elementos que están llamados a destruir el militarismo por medio de la oposición de clase en el ejército[45]. Esta oposición, en cierto punto del proceso histórico, provoca que el ejército, que es la espada del capital, se divida entre componentes proletarios y burgueses, en un ejército rojo y un ejército blanco.

Estos discípulos de Marx y de Engels se olvidan de que cuando recitaban continuamente el comentario que Engels hizo en su introducción a La lucha de clases en Francia, en el cual Engels llama la atención sobre las amplias calles, que hacen tanto más difícil una sublevación[46]. La Revolución Rusa mostró cómo puede ocurrir el levantamiento en el campo de la batalla, así como en las trincheras, ni hablar de las calles; si las ideas revolucionarias se apropian de los corazones de los soldados y los agrupan en las columnas masivas que marchan contra los elementos capitalistas del ejército y de la sociedad. La Revolución Rusa mostró también cómo la tentativa de organizar a nuevos ejércitos a partir de los elementos capitalistas e indecisos es uno de los principales métodos adoptados por la contrarrevolución burguesa. En los países capitalistas más desarrollados, con un campesinado bien alimentado, fuertemente capitalista, esta tendencia de la contrarrevolución burguesa dará lugar directamente a la lucha entre los regimientos de las localidades campesinas capitalistas y los regimientos proletarios. La guerra civil entre la revolución y la contrarrevolución será una guerra en el sentido literal de la palabra. El desarrollo de la revolución proletaria cambiará los frentes imperialistas en frentes de la revolución y de la contrarrevolución. El ataque alemán contra Ucrania y el ataque anglo-francés-nipón contra Rusia es una indicación de esta evolución. El desarrollo de la revolución y de la contrarrevolución planteará el problema de la estrategia de la revolución socialista. La Revolución Rusa demuestra de qué manera se desarrollará esta cuestión. Si la Revolución Rusa sufre por el hecho de que no tiene ningún cuerpo de oficiales, se verá obligada a educar a los trabajadores para ser administradores del ejército así como administradores de la fábrica, que no se trata meramente de un problema ruso. De te fabula de narratur[47] - narra las experiencias de la Revolución Rusa al proletariado europeo, pero al mismo tiempo estas experiencias demuestran que, eventualmente, la revolución es inconquistable desde un punto de vista sólo militar. Se vence por el hecho de que la burguesía, siendo una minoría pequeña, no puede reunir a un ejército contrarrevolucionario a partir de elementos puramente burgueses, que se ve obligada a tomar elementos proletarios engañados también, elementos que, mientras que se está desarrollando la batalla con los ejércitos de la revolución, se desintegrarán, y se reunirán más pronto o más tarde al lado de la revolución.

Dado que el dominio de la burguesía no se basaba sólo en la fuerza, sino también en su función como administradora de la producción, el capital no intenta doblegar al proletariado sólo mediante la fuerza de las armas, sino también por el sabotaje de la burguesía y de la intelligentsia burguesa. Este sabotaje, que en Rusia alcanzó su punto más álgido en el período de la sublevación de noviembre a marzo de 1918, no es un producto ruso. De este hecho el proletariado europeo puede tomar una advertencia. Y cuando los eunucos del marxismo señalan el hecho de que hasta el presente el proletariado ruso no ha podido organizar la producción sobre una base socialista, sólo se están mofando de ellos mismos sin saberlo. Por todas partes la burguesía y la intelligentsia burguesa ponen el obstáculo más grande en el camino del proletariado en su trabajo de organización, y en ninguna parte el proletariado, incluso en los países más desarrollados, estaría en una posición, dentro de un corto plazo, para encontrar capacidades en sus propias filas que serían necesarias para lograr la organización socialista de la sociedad. En la tierra más elogiada de la organización, en Alemania, el número de los trabajadores que serían hoy capaces de dirigir ramas enteras de la producción es extraordinariamente pequeño, e incluso el número de los trabajadores que podrían, como técnicos, administrar la producción de una fábrica, es muy reducido. Todos aquellos que han estado activos en el movimiento obrero alemán saben esto. La clase obrera de cada país sólo podría educarse para las tareas de manejar y administrar la producción a través de miles de errores, y en ningún lado podría hacerlo sin los servicios de especialistas burgueses. Serán forzadas, tal como fue forzada la clase obrera rusa, a adoptar las medidas de una dictadura de hierro, para mantener los elementos burgueses al servicio de los trabajadores.

Ningún proletariado se ahorrará la lucha que ha forzado a la clase obrera rusa a tomar las medidas más agudas de una dictadura: la lucha por el pan. En ninguna parte las filas del campesinado se pasarán por sí mismas al lado de la revolución; menos en otros países capitalistas que en Rusia, en donde la revolución les dio la tierra. Así como la revolución se convierte desde un punto de vista militar en una lucha entre los regimientos de los trabajadores y los regimientos de los campesinos, también desde el punto de vista social será una lucha entre los trabajadores y los campesinos por el pan, hasta que los campesinos conquistados comprendan que una sociedad socialista puede ofrecerles una vida humana más digna de la que puede ofrecer la sociedad capitalista.

Democracia o el dominio de la clase obrera

Y esto en una palabra indica de forma lo suficientemente clara una obstinación poderosa, o una enorme falta de sentido para acusar a la Revolución Rusa de dañar a la pobre democracia. Considerada concretamente, la democracia es el dominio del capital, y es tan fuerte, está tan arraigada en las mentes de las masas que puede permitirse el lujo de dar las masas la libertad de discutir los asuntos de estado. En la historia moderna, no hay democracia que vaya más lejos que eso, tan pronto como las masas hagan la tentativa más leve de convertir la libertad de palabra en un derecho de decidir sobre cualquier cuestión del gobierno, la democracia vuela, desaparece. La democracia moderna es el camuflaje de la autocracia del capital. Mientras que el proletariado dócil está interesado en la libertad de palabra, en la libertad de voto, para reagrupar sus fuerzas, hemos reconocido la democracia como vía al socialismo; eso significa que era necesario para nosotros gozar y participar libremente en los asuntos del estado. Pero abstractamente considerado, la democracia significa el dominio de la mayoría de la gente. La idea de que el proletariado no comenzará la revolución hasta probar que la mayoría del pueblo está detrás de él es absurda, aunque sea sólo por el hecho de que la democracia capitalista nunca seguirá inmutable por un tiempo lo suficientemente largo como para que el proletariado se asegure que la mayoría del pueblo está detrás de él. En ninguna parte los jóvenes más explotados y las trabajadoras gozan de derechos completos. Si así fuera, la burguesía, preferiría cerrar al parlamento mucho antes de que los trabajadores alcanzaran el punto en que pueden cumplir la voluntad del pueblo por medios políticos. Pero es realmente tonto imaginarse que uno podría, por medios pacíficos, solamente con la agitación, sin la revolución, superar la falta de confianza de las masas en su propia fuerza. Sólo durante la revolución pueden las primeras filas de los trabajadores atraer a las masas junto a ellas.

Pero una revolución significa que una clase dicta su voluntad a otra clase. Las condiciones que Kautsky y compañía fijan para una revolución son éstas: la revolución, para ser verdadera, tiene el derecho de dictar su voluntad a la burguesía, pero es su deber, al mismo tiempo, dar a la burguesía la posibilidad, por medio de la libertad de la prensa, y de las ventajas de la Asamblea Constituyente, para ventilar sus acusaciones. Esta demanda intelectual parece hecha por un boxeador profesional, que no está tan preocupado por ganar su punto como por registrar sus golpes, podría ser cumplida abstractamente sin dañar la revolución; pero la revolución es una guerra civil, y las clases, que luchan cada una con el cañón y las ametralladoras, renuncian la batalla homérica de palabras. La revolución no discute con sus enemigos, los aplasta: la contrarrevolución hace lo mismo, y las dos saben cómo tolerar el reproche de no haber cumplido las órdenes de los negocios del Reichstag alemán.

Los soviets: la herramienta con la cual el proletariado internacional vencerá

La cara áspera que la Revolución Rusa muestra al proletariado internacional es la misma cara que, ennegrecida con la pólvora, el proletariado internacional lucirá orgulloso en un futuro próximo. Quien se asuste de esta cara o le de la espalda, como la cabeza de Medusa, le dará la espalda a la revolución proletaria, y al socialismo. Pero la Revolución Rusa no sólo muestra al proletariado europeo las batallas que deberá pelear para abrirse camino, si no desea pudrirse en las trincheras, sino también las formas, las herramientas, con las cuales vencerá. ¿Qué forma tomará la dictadura del proletariado en Europa? La forma de soviet, que es, la representación de los trabajadores en la fábrica, en la ciudad, en el país, y en el campo. Ésa es la forma en la cual los trabajadores de Europa establecerán su dominio. La idea de soviet es tan simple como uno puede imaginársela. Solamente la historia crea tales cristalizaciones espléndidas. En la fábrica, los esclavos del capital trabajaban. La fábrica está relacionada por mil hilos con las otras fábricas, con la vida económica del conjunto del lugar. Depende del transporte del lugar, de las fábricas que producen sus mercancías semi-manufacturadas, o de aquellas que las recibe. Depende también de todas las fábricas de la misma rama de la industria, y, en último análisis, de la vida económica del país entero. La representación de la fábrica es, por lo tanto, política y económica, la célula del mecanismo del estado. Los representantes del proletariado del lugar son, simultáneamente, los administradores económicos de la localidad. Así como a los representantes de los trabajadores del país entero les dictan su política los trabajadores de diversos lugares, para generalizarla y convertirla en leyes para las unidades locales del gobierno, por esta vía también se enraizaban en los soviet locales, representando al mismo tiempo en estos organismos el interés proletario general, y lo mismo sucede en el Consejo Económico General, formado por los representantes de los trabajadores. Este último está conformado por trabajadores, es un cuerpo que evita que los consejos económicos locales consideren intereses simplemente locales, sino que intentan hacerlos voceros de los intereses del país entero. Las experiencias de la Revolución Rusa han demostrado cuánto de fuerte y creativo había en el sindicalismo y cuánto de pequeño burgués y sectario.

Los trabajadores de una fábrica como amos de la misma pueden comenzar fácilmente a trabajar en pos de sus propios intereses particulares, y así convertirse en pequeño burgueses. El soviet económico de la industria representa en cada fábrica los intereses y la necesidad de la expansión de cada rama de la industria. Pero, podría ser que favorezca también los intereses de cierta rama de la industria contra los intereses generales de la clase obrera. El soviet económico general, que diseñó el plan económico general y lo lleva a cabo, iguala los intereses de los trabajadores, y hace del interés general la ley. De este modo las tendencias sectarias del sindicalismo se eliminan, y el problema se soluciona al mismo tiempo que el sindicalismo es repudiado y retrocede.

El Congreso de los Soviet de los Trabajadores, el Comité Ejecutivo de los Soviets de los Trabajadores que es el órgano del gobierno proletario, no es medio de opresión capitalista, sino el brazo de la lucha del proletariado. El gobierno soviético no es una forma democrática de gobierno, es la forma de gobierno de los trabajadores, demuestra su carácter de clase claramente y no lo vela con frases democráticas, pero es al mismo tiempo la forma de gobierno en la cual la voluntad de la clase obrera revolucionaria puede expresarse claramente, sin lugar a dudas y de forma implacable. De esta manera se soluciona el problema que era insoluble en la democracia burguesa: el problema de la burocracia.

El sindicalismo dio la espalda a este problema con disgusto. Querían eliminar la burocracia y su organización - pero no pudo eliminarla; la negó solamente en palabras. En la sociedad capitalista condenan al proletariado a tomar solamente las migas que caen de la mesa de la ciencia capitalista. En la sociedad capitalista había burócratas en el movimiento de trabajadores que sólo dedicaban su tiempo y su ocio a aprender las técnicas del movimiento obrero. Luego de que el capitalismo fuera sacudido, en el curso de la revolución socialista, luego de que se despierte la clase obrera de las profundidades, y que ponga de manifiesto todas sus capacidades, se presenta por primera vez la posibilidad de que el proletariado maneje su propio destino.

La forma de consejos de obreros-delegados, que pueden ser reelegidos siempre, que vuelven siempre a su suelo natal, la fábrica: con esta forma el proletariado derrotará el capitalismo, y con ella llegará a ser capaz de alcanzar el socialismo. Y es más que significativo que todos los “marxistas” que critican constantemente la Revolución Rusa no han podido hasta el presente atacar la idea del gobierno soviético. Para hacer eso, se verán obligados a defender los compartimientos secretos en los cuales la burocracia, junto con los representantes del capital financiero, maneja los asuntos del estado. El parlamento es una sociedad que discute, un club para el chisme. El parlamento no maneja fábricas, ni construye ningún ferrocarril.

La maquinaria gubernamental, que se está transformando cada vez más de una maquinaria policial a una oficina de negocios, habría podido convertirse en una asociación burocrática capitalista, con el parlamento como camuflaje; por el contrario hubo que crear los órganos obreros, quienes, junto con especialistas, pudieran poner en movimiento la vida económica y dirigirla. Mientras que esta alternativa estaba clara para quienes tenían una mínima noción del genuino mecanismo del denominado estado democrático, los oponentes del gobierno soviético tuvieron que limitarse a defender el derecho de la nación, es decir, de la burguesía, para tener su voz, no se atrevieron a defender la médula misma del sistema (el verdadero dominio de la pandilla unida de la burocracia y de los tiburones de las finanzas). Es decir, tuvieron que abstenerse de tocar la forma de la revolución obrera. Y esta es la mejor prueba del hecho de que los caballeros doctos no pudieron no sólo realmente atacar la Revolución Rusa, sino que ni siquiera pudieron comprenderla.

El proletariado europeo, sin duda, marchará hacia adelante tan rápidamente en un futuro próximo que no tendría tiempo de aprender las experiencias de la Revolución Rusa a partir de los libros, sino que las aprenderá en la práctica, antes de que pueda estudiar de los documentos de la revolución. Nosotros, que hemos tenido, después de cuatro años de horrores, del horror de la Guerra Mundial, la inmensa suerte de vivir, para luchar en el medio de una sociedad creada recientemente, no nos congratulamos por ser maestros del proletariado europeo. En la medida en que, la historia nos dé un poco de tiempo disponible para estudiar el esquema completo de la Revolución Rusa, antes de que el proletariado europeo aplique este plan en la práctica por su cuenta y lo supere, es nuestro deber describir los esfuerzos y los logros del proletariado ruso al proletariado internacional. Los hechos entonces hablarán al corazón del proletariado y a su mente, que cree que los hechos son hechos, y que no necesitará ninguna apología.
La Revolución Rusa no necesita defenderse ante el tribunal del proletariado europeo. Cuando el socialismo haya satisfecho realmente los deseos y los esfuerzos de los mejores proletarios, pues estamos seguros de que lo harán, reconocerán ese hecho en la Revolución Rusa, porque es el primer paso en el desarrollo del socialismo de una teoría en la acción. Y habría reconocido ya en la Revolución Rusa el cumplimiento de sus sueños. De San Francisco a Vladivostok, ya sea que uno vaya por el camino del Atlántico o del Pacífico, de todos los lugares del mundo estamos recibiendo a diario las pruebas de que, a pesar de las mentiras de la prensa burguesa, a pesar de la cobardía de los traidores al socialismo, los trabajadores de todos los países, cuando se ponen en movimiento, o sienten el deseo de luchar, vuelven sus ojos a la Rusia empapada de sangre, a esa Rusia en la cual el proletariado está luchando contra un mundo de enemigos para triunfar, como esperamos.

Ojalá este pequeño libro de mi amigo Bujarin[48], del cual se distribuyeron tres millones de copias sobre los llanos anchos de Rusia en tres meses, ojalá pueda clarificar al proletariado el objeto de sus actividades, ojalá pueda presentar al proletariado del mundo, cuya sangre está siendo derramada por los capitalistas, un cuadro por el cual valga la pena luchar, y morir, que es la felicidad más grande para quienes el socialismo no es un palabra vacía.

Moscú
Septiembre 1918



[1] Karl Radek (1885-1939): revolucionario influyente en los partidos socialdemócratas ruso, polaco y alemán, antes de 1917. Ingresa al bolchevismo en 1918. Miembro del Comité Central desde 1919 a 1924. Designado Comisario de la Comintern en 1920, tiene responsabilidad particular sobre Alemania y China. Firmante de la “Declaración de los 46” en 1923. Miembro de la Oposición Unificada, fue lentamente separado de la dirección de la Comintern. Expulsado del partido en 1927 y deportado a Ishin. Capituló en 1929. Luego de ser expulsado nuevamente en 1936, fue condenado a 10 años de cárcel en el Segundo Juicio de Moscú. Fue asesinado en prisión.
[2] F. Engels, “Principios del Comunismo”, octubre 1847, K.Marx y F. Engels, Trabajos Escogidos, Volumen 6, Londres, 1976, p.341. (N.de C.)
[3] François Marie Charles Fourier (1772-1837), el fundador de la escuela francesa del socialismo utópico, fue famoso por su ascetismo y su sensibilidad hacia el sufrimiento humano. (N.de C.)
[4] Claude Henri de Rouvry , Comte de Saint-Simon (1760-1875), fue un famoso pensador francés que fue creador de numerosos planes para una sociedad utópica. (N.de C.)
[5] Robert Owen (1771-1858) fue un fabricante de algodón filántropo de New Lanark a quien el pensamiento socialista utópico lo dirigió a la comprensión fundamental de que las condiciones determinan la conciencia. (N.de C.) 
[6] Ferdinand Lassalle (1825-1864) fue el fundador de la Asociación General de los Trabajadores Alemanes, uno de los grupos que más adelante formó el Partido Socialdemócrata alemán. (N.de C.)
[7] Los junkers eran la aristocracia terrateniente del estado prusiano y luego del imperio alemán, que dominaron a la administración y a ejército hasta la revolución alemana de 1918-1919. (N.de C.)
[8] Se refiere a los sectores populares que protagonizaron de la Revolución Alemana de 1848. (N.de T.)
[9] Los Hohenzollerns, previamente Margraves de Brandenburg y reyes de Prusia, eran la familia real de Alemania imperial. (N.de C.)
[10] Después de un atentado contra la vida del Kaiser, Otto, el príncipe von Bismarck-Schönhausen (1815-1898), el “canciller del hierro”, intentó reprimir el movimiento alemán de la clase obrera con una ley Contra-Socialista en 1878. (N.de C.)
[11] Se refiere a la última década del siglo XIX (N. del T.)
[12] Eduard Bernstein (1850-1952), uno de los pensadores principales del partido Socialdemócrata alemán, comenzó la controversia del “Revisionismo” con su artículo “Probleme des Sozialismus” en el diario Neue Zeit en octubre de 1896. (N.de C.)
[13] No hemos no podido hallar referencias de Sarante. (N.de C.)
[14] Jean Jaurès (1859-1914) fue el primer vocero del Partido Socialista francés en la cámara, y el héroe del asunto de Dreyfus. Lo asesinaron en la víspera de la Primera Guerra Mundial. (N.de C.)
[15] Claudio Treves (1869-1933) fue diputado parlamentario para el Partido Socialista Italiano, y redactor de Avanti! a partir la 1909 a 1912. Él estaba en el ala derecha del partido. (N.de C.)
[16] Filippo Turati (1857-1932) había votado contra los créditos de la guerra del gobierno italiano, pero se opuso a la adhesión italiana del Partido Socialista al comunista internacional. (N.de C.)
[17] Eduard David (1863-1930) fue un dirigente de los sindicatos y un partidario del ala derecha de la Socialdemocracia alemana. (N.de C.)
[18] Una gran huelga de las minas de Ruhr sacudió Alemania del 7 de enero al 19 de febrero de 1905, dando impulso a otras huelgas que implicaron a millones de trabajadores en ese año. (N.de C.)
[19] La versión inglesa se puede consultar en Karl Kautsky, The Social Revolution and On the Morrow of the Social Revolution, Londres, 1909. (N.de C.)
[20] Alexandre Millerand (1859-1943), fue el primer socialista francés para incorporar un gobierno burgués, de que de Waldeck-Rousseau en 1899, donde él se sentó junto a Gallifet, el carnicero de la Comuna de París. Desde estos tiempos en adelante la participación socialista en tales gobiernos era conocida como “Millerandism”. (N.de C.)
[21] El número de bancas de los demócratas sociales alemanes en el Reichtag cayó a partir del 81 a 43 como resultado de la elección del enero de 1907. (N.de C.)
[22] Max Schinppel (1859-1928) fue uno de los dirigentes del ala derecha de la Socialdemocracia alemana.
[23] La versión inglesa puede ser consultada en Kart Kautsky, The Road to Power, Chicago 1909. (N.de C.)
[24] El congreso de Jena del Partido Socialdemócrata alemán (del 17 al 23 de septiembre de 1905) pasó una resolución que declaraba que la huelga política total era “uno de los medios más eficaces” de defender las derechas universales del sufragio y del sindicato, y que la propaganda tuvo que ser realizada para el uso de ella. (N.de C.)
[25] Ferdinand Freiligrath (1810-1876) fue un poeta revolucionario y un amigo cercano de Karl Marx. (N.de C.)
[26] Antón Pannekoek (1873-1960) fue astrónomo holandés y un socialista revolucionario. Su polémica contra Kautsky, “Teoría marxista y táctica revolucionarias” fue publicada en el Neue Zeit en 1912 (volumen 31/1, pp272-81 y 365-73), y se puede consultar en una traducción inglesa en Smart DA (ed), Pannekoek and Gorter’s Marxism, Londres, 1978, pp50-73. (N.de C.)
[27] Se refiere al siglo XIX. (N. del T.)
[28] La esfinge referida no es la figura bien conocida de la iconografía real egipcia, sino un monstruo de la fábula griega, que castigó con la muerte a quienes no pudieron contestar a sus enigmas. (N.de C.)
[29] Friedich Engels, Principios del Comunismo, octubre de 1847, Karl Marx y Friedrich Engels, Obras Escogidas, volumen 6, Londres, 1976, p.341. (N.de C.)
[30] Heinrich Cunow (1862-1936) fue un dirigente del Partido Socialdemócrata alemán y editor de Die Neue Zeit en 1917-1923. Marx se formó una opinión muy baja de él. Él apoyó el gobierno alemán en la primera guerra mundial y se opuso la revolución rusa. (N.de C.)
[31] George Bernard Shaw (1856-1950), el famoso dramaturgo, fue un reformista y un partidario de la sociedad fabiana. (N.de C.) 
[32]Aleksandr Ivanovich Guchkov (1862-1936), un dirigente del ala derecha del partido octubrista, fue ministro de Guerra durante el Gobierno Provisional del príncipe Lvov. (N.de C.)
[33]Pavel Nikolayevich Milyukov (1859-1943), dirigente de los Kadetes, fue ministro de Asuntos Extranjeros durante el gobierno del príncipe Lvov. (N.de C.)
[34]Mikhail Ivanovich Tereshchenko (1888-1958), un magnate del azúcar, fue ministro de Finanzas y más tarde de Asuntos Extranjeros durante el gobierno del príncipe Lvov. (N.de C.)
[35] Irakli Georgevich Tsereteli (1881-1960) fue un destacado menchevique y miembro del Gobierno Provisional. (N.de C.)
[36]Aleksandr Fyodorovich Kerensky (1881-1970) fue el último Primer Ministro del Gobierno Provisional derrocado por la revolución bolchevique. (N.de C.)
[37]Vladimir Mikhailovich Chernov (1876-1952), dirigente de los social revolucionarios, fue ministro de Agricultura durante el gobierno de Kerensky. (N.de C.)
[38] Para ver las expectativas de Engels de un derrumbamiento del capitalismo y de una revolución en Alemania en este tiempo, Gustav Mayer, Friedich Engels, Londres, 1936, pp236-42. (N.de C.)
[39] Fyodor Ilych Dan (Gurvich, 1871-1947) fue un dirigente menchevique. (N.de C.)
[40] Atila, el rey de los Hunos (434-453), condujo a ejército mezclado de tribus bárbaras contra el miedo que se separaba y la devastación del imperio romano. (N.de C.)
[41] La Medusa o Gorgona, una figura de la mitología griega, convertía en piedra a quienes se atrevían a mirarla. (N.de C.)
[42] Pavel Borisovich Axelrod (1850-1928) fue uno de los pioneros del marxismo ruso, y un miembro de la derecha menchevique. (N.de C.)
[43] Julio Ossipovich Martov (Tsederbaum, 1873-1923) fue el teórico principal de los mencheviques y dirigente de su ala internacional. (N.de C.)
[44] Por favor no se rían, expresión en latín en el original. (N. de T.)
[45] Karl Renner (1870-1950) fue un dirigente de la socialdemocracia, y más tarde, canciller (1919-1920) y presidente (1919-1920) de Austria.
(N.de C.)
[46] Cf Friedich Engels, Antidüring, Pekín, 1976, p218. (N.de C.)
[47] Introducción de F. Engels a Karl Marx, La lucha de clases en Francia, el 6 de marzo de 1895, edición rusa, Moscú, 1972, pp 18-21. (N.de C.)
[48] Esta fábula habla de ti, en latín en el original. (N. de T.)
[49] Aquí se refiere está probablemente al programa de Bujarin de la revolución mundial, publicado en mayo de 1918 (edición inglesa de Socialist Labour Press, 1920). (N.de C.)



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