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Una prueba para tres fracciones[1]

 

 

26 de enero de 1933

 

 

 

Al consejo de redacción de Die Sozialistische Arbeiter Zeitung

 

Estimados camaradas:

 

En las ediciones del 11 y 12 de enero de su periódico se publicó una crítica a mi folleto La economía soviética en peligro. Dada la inmensa importancia de este tema, respecto del cual todo obrero revolucionario debe, en algún momento, formarse una opinión clara, quisiera aprovechar la oportunidad de esta carta para aclarar a sus lectores ciertos aspectos del problema que, en mi opinión fueron erróneamente interpretados.

1. El artículo repite varias veces que ustedes “no concuerdan con todo” y “de ninguna manera concuerdan con todas” las concepciones de Trotsky referidas a la economía soviética. Era de esperar que existieran diferencias entre nosotros, sobre todo porque pertenecemos a distintas organizaciones Sin embargo, debo decir que lamento que en ningún caso, salvo el mencionado más abajo, ustedes digan con cuáles concepciones no concuerdan. Recordemos cómo Marx, Engels[2] y Lenin condenaban y repudiaban la actitud evasiva frente a los problemas importantes, actitud que generalmente se expresa en la frase vacía “no concuerdan con todo”. Lo que todo obrero revolucionario debe exigir de su organización y periódico es una actitud clara y definida en torno al problema de la construcción socialista en la URSS.

2. El artículo intenta diferenciarse claramente de mis concepciones en un solo punto “Creemos - dice - que la posición de Trotsky es un tanto unilateral cuando afirma que la principal responsabilidad por la situación recae sobre la burocracia” (!)... Más abajo se dice que la culpa no es atribuida principalmente a la burocracia sino al hecho de que los objetivos fijados para la economía son demasiado grandes, que faltan las fuerzas idóneas necesarias para alcanzarlos. Pero ¿quién, si no la burocracia, fijó esos objetivos exagerados? ¿Y quién, si no la Oposición de Izquierda advirtió de antemano que los objetivos eran exagerados? Por tanto, es precisamente su artículo el que “atribuye” toda la culpa a la burocracia.

La crítica a mi folleto también es errónea por una razón más profunda. Sólo el que cree en la posibilidad del desarrollo planificado de una sociedad socialista en el marco de las fronteras nacionales puede hacer recaer la responsabilidad por todas las dificultades y errores sobre la fracción dominante. Pero esa no es mi posición. Las principales dificultades que sufre la URSS surgen de su atraso económico y cultural que obliga al estado soviético a ocuparse en muchas de las tareas que el capitalismo ya resolvió en los países más adelantados, y del aislamiento del estado obrero en la época en que la división del trabajo entre los estados de todo el mundo se ha convertido en la premisa fundamental para el desarrollo de 18 fuerzas productivas nacionales.

3. La burocracia soviética no es responsable por las dificultades objetivas, sino por no comprender la naturaleza de dichas dificultades, debido a su incapacidad de prever la dialéctica de su desarrollo y a los continuos errores de dirección que de allí surgen. Naturalmente, lejos estamos de atribuir esta “incomprensión” e “incapacidad” a las cualidades personales de los dirigentes. El problema está en el pensamiento, en la tendencia política de las fracciones que surgieron del viejo bolchevismo. Observamos la misma e idéntica metodología en la dirección económica de Stalin y en la dirección política de Thaelmann. No se puede combatir con éxito los zigzags de Thaelmann sí no se comprende que el problema no estriba en Thaelmann mismo sino en la naturaleza del centrismo burocrático.

4. En otra parte del artículo se recuerda que la Oposición de Izquierda, sobre todo y principalmente Rakovski, advirtieron desde el comienzo contra el peligro de los ritmos de construcción superacelerados. Pero inmediatamente agregan que Bujarin, Rikov y Tomski[3] supuestamente hicieron las mismas advertencias. El artículo se refiere en dos oportunidades a la perspicacia de éstos sin decir una sola palabra sobre los antagonismos irreconciliables que separan a la Oposición de Izquierda de la de Derecha. Considero necesario aclarar esta cuestión ya que la fracción stalinista hace todo lo posible por encubrir o negar los profundos antagonismos que existen entre las alas oportunista y marxista del bolchevismo.

Desde 1922 la Oposición de Izquierda, más precisamente su futura dirección, venía realizando una campaña por un plan quinquenal cuyo eje fuera la industrialización del agro. Ya en esos años demostramos que el ritmo de desarrollo de la industria nacionalizada podría en los años subsiguientes, superar en “dos, tres o más veces” el ritmo de crecimiento del capitalismo ruso (seis por ciento anual). Nuestros adversarios criticaron este plan de fantasía industrial. Si en algo se diferenciaron Bujarin, Tomski y Rikov de Stalin y Molotov,[4] sólo fue en que los primeros combatieron nuestro plan de “superindustrialización” aun más resueltamente. Las bases teóricas de la lucha contra el “trotskismo” son obra casi exclusiva de Bujarin. Sus críticas al “trotskismo” sirvieron luego de programa para la Oposición de Derecha.

Durante años, Bujarin fue, según sus propias palabras, el campeón de la industrialización “a paso de tortuga”. Siguió desempeñando ese papel cuando la Oposición de Izquierda exigió la puesta en marcha de un plan quinquenal y la aceleración del ritmo de industrialización (1923-1928); también durante los años del zig-zag ultraizquierdista de los stalinistas, en el momento en que la Oposición de Izquierda lanzaba sus advertencias contra la transformación del plan quinquenal en un plan cuatrienal, y, sobre todo, contra la colectivización aventurera (1930-1932). Bujarin no efectuó una evaluación dialéctica de la economía soviética en su desarrollo contradictorio, tuvo desde el comienzo una actitud oportunista: minimalismo económico.

5. Hay un hecho que demuestra hasta qué punto el artículo yerra el blanco al igualar las críticas de Bujarin con las de Rakovski: el mismo día que el periódico de ustedes subrayó la supuesta perspicacia de Bujarin en el pasado, el propio Bujarin se retractó categórica y totalmente de todas sus viejas críticas y pronósticos; en el plenario del Comité Central (Pravda,[5] 14 de enero de 1933) los calificó de totalmente falsos. En cambio Rakovski no se retractó de nada en el plenario, no porque se le mantenga exiliado en Barnaul sino porque no tiene nada de qué retractarse.

6. Inmediatamente después de la aparición de mi folleto La economía soviética en peligro se produjo un cambio en la política económica soviética que ilumina el problema que nos ocupa y, a la vez, constituye una prueba concluyente para los pronósticos de las diversas fracciones. La historia del viraje se puede expresar en dos palabras.

La Decimoséptima Conferencia del Partido Comunista de la Unión Soviética, reunida en enero de 1932, aprobó los lineamientos del Segundo Plan Quinquenal. Se fijó un ritmo de crecimiento industrial de aproximadamente un veinticinco por ciento. Stalin declaró ante la conferencia que ése era el limite mínimo, y que en la realización del plan dicho porcentaje podía y debía elevarse.

La Oposición de Izquierda caracterizó esta perspectiva de aventurerismo burocrático. Pero naturalmente, se la acusó de obrar en favor de la contrarrevolución, de la intervención del Japón y de la restauración del capitalismo, sí no del feudalismo.

Ha pasado exactamente un año. En el último plenario del Comité Central se presentó una nueva propuesta para el Segundo Plan Quinquenal. Ni una palabra sobre el ritmo mínimo aprobado el año anterior. Nadie se presentó para recordarlo. Esta vez Stalin propuso un incremento del trece por ciento anual.

Esto de ninguna manera nos lleva a la conclusión de que Stalin tiene la intención de llamar a la intervención japonesa ni de restaurar el capitalismo. Sí nos lleva en cambio, a la conclusión de que la burocracia no llegó a esta disminución del ritmo gracias a la previsión marxista, sino tardíamente, después de que las desastrosas consecuencias de su propio aventurerismo económico la golpearan en la cabeza. Esa es exactamente nuestra acusación y esa es la razón por la cual no creemos que el nuevo zigzag de emergencia sea una garantía para el futuro.

Las diferencias entre las tres concepciones (derechista, centrista y marxista) son más flagrantes aun en el campo de la agricultura. Pero ése es un tema demasiado complejo como para tratarlo, aunque sea de pasada, en una carta a la redacción. En el curso de las próximas semanas espero editar un nuevo folleto sobre las perspectivas de la economía soviética.



[1] Una prueba para tres fracciones. The Militant, 3 de marzo de 1933. Cuando Die Sozialistische Arbeiter Zeitung (Revista Socialista Obrera), órgano Central del SAP, publicó una crítica al folleto de Trotsky titulado La economía soviética en peligro (Escritos 1932), Trotsky escribió esta carta al Consejo editorial. Sin embargo, antes de que pudiera enviarla, el mismo periódico publicó un artículo en el que afirmaba la veracidad del hecho de “la liquidación de los trotskistas” en la URSS por los stalinistas. Encolerizado, Trotsky resolvió no enviar la carta pero la entregó a la prensa de la Oposición de Izquierda.

[2] Friedrich Engels (1820-1895): gran colaborador de Marx escribió con él algunos de los documentos fundamentales del marxismo. Durante los últimos años de su vida fue la figura descollante de la joven Segunda Internacional.

[3] Nikolai Bujarin (1888-1938) y Mijail Tomski (1886-l936): bolcheviques de la Vieja Guardia, se aliaron con Stalin en la lucha contra la Oposición de Izquierda hasta 1928. En 1929 fundaron la Oposición de Derecha junto con Rikov; expulsados del partido, pudieron reingresar tras su capitulación. Tomski, jefe de los sindicatos soviéticos, se suicidó en 1936, durante el primer juicio de Moscú. Bujarin fue el sucesor de Zinoviev en la presidencia de la Comintern. Ocupó ese puesto entre 1926 y 1929. Fue ejecutado después del tercer juicio de Moscú, en 1938.

[4] Viajeslav M. Molotov (n. 1890): bolchevique de la Vieja Guardia, fue elegido para el CC del PCUS en 1920 y rápidamente se convirtió en ferviente partidario de Stalin. Fue miembro del presidium del CEIC, 1928-1934; presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, 1930-1941 y ministro de relaciones exteriores, 1939-1949 y 1953-1956, Fue expulsado de la dirección en 1957 por oponerse al plan de “desestalinización” de Jruschov.

[5] Pravda (La verdad): periódico oficial del PCUS. Inició su publicación en 1912; es diario desde 1917.



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