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Stalin tranquiliza a Hitler[1]

 

 

19 de julio de 1933

 

 

 

Hace dos o tres semanas, la agencia noticiosa oficial TASS desmintió el rumor del retorno de Trotsky a la URSS. El tono solemne y categórico de la rectificación demuestra que el Kremlin perseguía algún fin político, pero no en el terreno de la política interior, puesto que ni la rectificación ni el rumor periodístico que la originó fueron difundidos en la URSS. La rectificación estaba destinada pura y exclusivamente al consumo extranjero.

El sentido de esta rectificación resultará claro cuan­do se recuerde que hace un par de años Trotsky escri­bió un artículo sobre la necesidad de preparar el Ejérci­to Rojo para combatir al nacionalsocialismo. Este artículo, que jamás fue publicado en la URSS, provocó una fuerte protesta en la prensa nacionalsocialista. Sa­bemos que la burocracia stalinista recibió el ascenso de Hitler al poder con una demostración de amistad: Izvestia[2] dijo: "La opinión pública soviética jamás apoyó ningún plan dirigido contra la política imperante en Alemania". Con estas palabras no buscaba otro fin que disociarse públicamente de Trotsky. ¿Acaso puede dudarse que el artículo de Izvestia fue escrito a raíz de la correspondiente nota diplomática de Berlín, con el fin de convencer a Hitler de que Moscú no se desvía de la doctrina del socialismo en un solo país?

Por la misma época en que TASS difundía en el ex­tranjero la afirmación categórica de que Trotsky "no volverá" a la URSS, el diario berlinés Die Vossische Zeitung, por intermedio de su corresponsal en Estam­bul, dirigió una nota oficial a Trotsky preguntándole si era verdad que volvía a Rusia. El hecho mismo parece inesperado y a la vez significativo, sobre todo sí se tiene en cuenta que Die Vossische Zeitung está ahora en ma­nos de los nazis. Hitler se limitó a ordenarle al ex diario liberal que verificara, por intermedio del ex correspon­sal liberal, el rumor periodístico del próximo retorno de Trotsky a Moscú y el consiguiente viraje en la política exterior de los soviets.

Así vemos que Hitler y Stalin hicieron un juego a dos puntas. En principio parecería que el rumor del retorno de Trotsky fue, como sucede tantas veces con los rumores periodísticos, un hecho accidental. Pero relacionando retrospectivamente todas las etapas de la cuestión, no cuesta mucho suponer que el rumor se originó en el departamento de "propaganda" berlinés, con el fin de obligar a Stalin a desmentir rumores y ofrecer garantías degradantes. Sea como fuere, ese objetivo se ha cumplido.

L ’Humanité, como toda la prensa stalinista occiden­tal, no pierde oportunidad de degradarse: usó la recti­ficación de TASS para atacar groseramente a Trotsky, acusándolo de haber difundido el rumor de su retorno a la URSS. ¿Con qué fin? Así, estos miserables burócra­tas ciegos sirven en todo momento de instrumentos de objetivos ajenos y, pretendiendo servir a la revolución, la comprometen y debilitan.



[1] Stalin tranquiliza a Hitler. The Militant, 19 de julio de 1933 Firmado N.N.

[2] Izvestia (Noticias): diario oficial del gobierno soviético.



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