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Problemas de la Revolución Italiana

14 de mayo de 1930

Artículo publicado en New International, julio de 1944. Esta fue la revista del Socialist Workers Party y sus predecesores de 1934 a 1940. Al producirse un cisma en el SWP, sus directores, Max Schachtman y James Burnham, la convirtieron en vocero del Workers Party de Schachtman. Dejó de salir en 1958. La carta de Trotsky iba dirigida a tres dirigentes del Partido Comunista Italiano: Blasco (Pietro Tresso), Feroci y Santini, quienes habían manifestado su solidaridad con la Oposición de Izquierda y enseguida se los había expulsado del Comité Central del partido. Inmediatamente constituyeron la "Nueva Oposición Italiana" (para diferenciarse de la "vieja" Oposición, el grupo Prometeo de los bordiguistas), se pusieron en contacto con la Oposición de Izquierda Internacional e iniciaron la correspondencia con Trotsky. Tomado de la versión publicada en Escritos, León Trotsky, Ediciones Pluma, Bogotá, 1977, T. I, V. 4, p. 901.

Estimados camaradas:

 Recibí la carta de ustedes del 5 de mayo. Les agradezco mucho este estudio del comunismo italiano en general y de sus distintas corrientes internas en particular. Era muy necesario y me vino muy bien. Sería lamentable que el trabajo quedara en una simple carta. Con algunos cambios, o resumiéndolo un poco, bien podría, encontrar un lugar en las páginas de La Lutte de Classes[1].

Si no tienen objeción, empezaré planteando una conclusión política general: considero que nuestra colaboración mutua es, a partir de ahora, perfectamente factible y aún muy deseable. Ninguno de nosotros se vale ni puede valerse de fórmulas políticas preestablecidas, válidas para todas las eventualidades de la vida. Pero creo que el método con el que ustedes encaran la determinación de las fórmulas políticas necesarias es acertado.

Solicitan ustedes mi opinión respecto de toda una serie de graves problemas políticos. Pero antes de intentar una respuesta, debo formular una reserva muy importante. Jamás conocí de cerca la vida política italiana, porque estuve muy poco tiempo en Italia, leo muy mal el italiano y, mientras cumplía tareas en la Internacional Comunista, no tuve ocasión de profundizar mi estudio de la realidad italiana.

Ustedes lo saben bien. Si no, ¿por qué habrían de tomarse el trabajo de elaborar un documento tan detallado para ponerme al tanto de los problemas pendientes?

De todo lo anterior surge que mis respuestas, en la mayoría de los casos, revisten un carácter puramente hipotético. De ninguna manera puedo considerar que las reflexiones que siguen son definitivas. Es muy posible y aún probable que, al examinar tal o cual cuestión, pierda de vista importantísimas circunstancias concretas de tiempo y lugar. Por eso quedo a la espera de sus objeciones, rectificaciones e información complementaria. En la medida en que, como espero, coincidimos en el método, ésa será la mejor manera de llegar a una solución justa.

1. Ustedes me recuerdan que una vez critiqué la consigna de “asamblea republicana basada en comités obreros y campesinos", que antes levantaba el Partido Comunista Italiano. Dicen que esta consigna tenía un valor puramente circunstancial y que en la actualidad se la ha abandonado. Sin embargo, quisiera decirles por qué considero que se trata de una consigna política errónea o, al menos, ambigua. La "asamblea republicana" es, obviamente, una institución del Estado burgués. ¿Qué son, en cambio, los "comités obreros y campesinos"? Es obvio que son una especie de pariente de los soviets obreros y campesinos. Si es así, hay que decirlo. Porque las organizaciones de clase de los obreros y campesinos pobres, llámense soviets o comités, siempre constituyen organizaciones de lucha contra el Estado burgués, luego se convierten en órganos de la insurrección y, finalmente, después del triunfo, se transforman en organizaciones de la dictadura proletaria. Siendo así, ¿cómo es posible que una asamblea republicana -organización suprema del Estado burgués- se "base" en organizaciones del Estado proletario?

Quisiera recordarles que en 1917, antes de Octubre, Zinoviev y Kamenev, al oponerse a la insurrección, se pronunciaron a favor de esperar que se reuniera la Asamblea Constituyente para crear un "Estado combinado” mediante la fusión de la Asamblea Constituyente y los soviets de obreros y campesinos. En 1919 fuimos testigos de la propuesta de Hilferding de inscribir a los soviets en la Constitución de Weimar[2]. Hilferding, igual que Zinoviev y Kamenev, llamó a esto el "Estado combinado". Como pequeño burgués de nuevo tipo quería, en el momento mismo en que se producía un abrupto viraje de la historia, " combinar" un tercer tipo de Estado mediante el casamiento de la dictadura proletaria con la dictadura de la burguesía bajo el signo de la constitución.

La consigna italiana señalada más arriba me parece una variante de esta tendencia pequeñoburguesa. Salvo que yo la haya interpretado mal. Pero en ese caso tiene el indiscutible defecto de prestarse a peligrosos malentendidos. Aprovecho la ocasión para rectificar un error verdaderamente imperdonable que cometieron los epígonos en 1924: habían descubierto un párrafo en el que Lenin afirmaba que podríamos vernos obligados a casar a los soviets con la Asamblea Constituyente. En mis escritos se puede encontrar una cita similar. Pero, ¿de qué se trataba, exactamente? Planteábamos el problema de una insurrección que traspasaría el poder al proletariado a través de los soviets. Cuando se nos pregunta qué haríamos, en tal caso con la Asamblea Constituyente, respondimos: "Veremos; tal vez la combinemos con los soviets." Para nosotros eso significaba una Asamblea Constituyente reunida bajo un régimen soviético, en la que los soviets fueran mayoría. Y como no sucedió, los soviets liquidaron la Asamblea Constituyente. En otras palabras: se trataba de dilucidar la posibilidad de transformar la Asamblea Constituyente y los soviets en organizaciones de una misma clase, jamás de combinar una Asamblea Constituyente burguesa con los soviets proletarios. En un caso (con Lenin) se trataba de la formación de un Estado proletario, su estructura y su técnica. En el otro (Zinoviev, Kamenev, Hilferding) se trataba de la combinación constitucional de dos Estados correspondientes a clases enemigas en vistas de desviar una insurrección proletaria que hubiera tomado el poder.

2. El problema que acabamos de analizar (asamblea republicana), está íntimamente ligado a otro que ustedes analizan en la carta, a saber: ¿cuál será el carácter social de la revolución antifascista? Ustedes descartan la posibilidad de una revolución burguesa en Italia. Tienen absoluta razón. La historia no puede volver atrás un buen número de páginas, cada una de las cuales representa un lustro. El Comité Central del Partido Comunista Italiano trató una vez de evadir el problema proclamando que la revolución no sería burguesa ni proletaria sino "popular". No es más que una repetición de lo que decían los populistas (narodnikis) rusos de principios de siglo al preguntárseles cuál sería el carácter de la revolución antizarista. Y es la misma respuesta que da la Internacional Comunista para China y la India. Se trata simplemente de una variante seudorrevolucionaria de la teoría socialdemócrata de Otto Bauer y Cía., que sostiene que el Estado puede elevarse por encima de las clases, no ser burgués ni proletario. Esta teoría es tan perniciosa para el proletariado como para la revolución. En China transformó al proletariado en carne de cañón de la contrarrevolución.

Toda gran revolución es popular en el sentido de que arrastra a todo el pueblo. Tanto la Gran Revolución Francesa como la Revolución de Octubre fueron netamente populares. Sin embargo, la primera fue burguesa porque instituyó la propiedad individual, mientras que la segunda fue proletaria porque abolió la propiedad individual. Sólo unos pocos revolucionarios pequeñoburgueses irremediablemente atrasados pueden seguir soñando con una revolución que no sea burguesa ni proletaria sino "popular" (vale decir, pequeñoburguesa).

Ahora bien, en la época imperialista la pequeña burguesía es incapaz no sólo de dirigir una revolución sino incluso de desempeñar un papel independiente en la misma. De manera que la fórmula de "dictadura democrática del proletariado y el campesinado" constituye una cortina para la concepción pequeñoburguesa de la revolución transicional y el Estado transicional, es decir una revolución y un Estado que no pueden tener cabida en Italia, ni siquiera en la India atrasada. Un revolucionario que no tenga una posición clara e inequívoca respecto de la cuestión de la dictadura democrática del proletariado y el campesinado está condenado a caer en un error tras otro. En cuanto a la revolución antifascista, la cuestión italiana está más que nunca ligada íntimamente a los problemas fundamentales del comunismo mundial, vale decir a la llamada teoría de la revolución permanente.

3. A partir de todo lo anterior surge el problema del período "transicional" en Italia. En primerísimo lugar, hay que responder claramente: ¿transición de qué a qué? Un período de transición de la revolución burguesa (o "popular") a la revolución proletaria, es una cosa. Un período de transición de la dictadura fascista a la dictadura proletaria, es otra cosa. Si se contempla la primera concepción, se plantea en primer término la cuestión de la revolución burguesa, y sólo se trata de determinar el papel del proletariado en la misma. Sólo después quedará planteada la cuestión del período transicional hacia la revolución proletaria. Si se contempla la segunda concepción, entonces se plantea el problema de una serie de batallas, convulsiones, situaciones cambiantes, virajes abruptos, que en su conjunto constituyen las distintas etapas de la revolución proletaria. Puede haber muchas etapas. Pero en ningún caso pueden implicar la revolución burguesa o ese misterioso híbrido, la "revolución popular".

¿Significa esto que Italia no puede convertirse nuevamente, durante un tiempo, en un Estado parlamentario o en una "república democrática"? Considero -y creo que en esto coincidimos plenamente- que esa eventualidad no está excluida. Pero no será el fruto de una revolución burguesa sino el aborto de una revolución proletaria insuficientemente madura y prematura. Si estalla una profunda crisis revolucionaria y se dan batallas de masas en el curso de las cuales la vanguardia proletaria no tome el poder posiblemente la burguesía restaure su dominio sobre bases "democráticas". ¿Puede decirse, por ejemplo que la actual república alemana es una conquista de la revolución burguesa? Sería absurdo afirmarlo. Lo que se dio en Alemania en 1918-1919 fue una revolución proletaria engañada, traicionada y aplastada por la falta de dirección. Pero, no obstante, la contrarrevolución burguesa se vio obligada a adaptarse a las circunstancias provocadas por esta derrota de la revolución proletaria a tomar la forma de una república parlamentaria "democrática". ¿Se puede excluir la misma variante -o una parecida- en Italia? No, no se la puede excluir. El fascismo llegó al poder porque la revolución proletaria de 1920 no llegó hasta el final. Sólo una nueva revolución proletaria puede derrocar al fascismo. Si esta vez tampoco está destinada a triunfar (por la debilidad del Partido Comunista, las maniobras y traiciones de los socialdemócratas, francmasones, católicos), el Estado "transicional" que la burguesía se verá obligada a edificar sobre las ruinas de su forma fascista de gobierno no podrá ser otra cosa que un Estado parlamentario y democrático.

¿Cuál es el objetivo a largo plazo de Concentración Antifascista? Esta prevé la caída del Estado fascista ante una insurrección del proletariado y las masas oprimidas en general y se prepara a frenar esta movilización, a paralizarla y desviarla para que el triunfo de la contrarrevolución renovada aparezca como una supuesta victoria de la revolución democráticoburguesa. Si se pierde de vista un sólo instante esta dialéctica de las fuerzas sociales vivas, se corre el riesgo de embrollarse irremediablemente y desviarse del camino recto. Creo que entre nosotros no debe existir el menor malentendido al respecto.

4. ¿Significa esto que los comunistas rechazamos de plano todas las consignas democráticas, todas las consignas transicionales o preparatorias, y levantamos únicamente la de dictadura proletaria? Sería hacer gala de un sectarismo estéril, doctrinario. En ningún momento aceptamos que basta con un solo salto revolucionario para cubrir la distancia que sepan el régimen fascista de la dictadura proletaria. Nosotros no negamos el período de transición y sus consignas transicionales, incluidas las democráticas. Pero es precisamente con la ayuda de estas consignas transicionales, que siempre constituyen el punto de partida del camino hacia la dictadura proletaria, que la vanguardia comunista deberá ganar al conjunto de la clase obrera y que ésta deberá unificar a su alrededor a todas las masas oprimidas de la nación. Y ni siquiera excluyo la posibilidad de una asamblea constituyente que, en ciertas circunstancias, podría ser impuesta por la marcha de los acontecimientos o, más precisamente, por el proceso del despertar revolucionario de las masas oprimidas. Es cierto que en una perspectiva histórica de muchos años el destino de Italia se reduce a la siguiente alternativa: fascismo o comunismo. Pero afirmar que esta alternativa ha penetrado en la conciencia de las masas oprimidas de la nación es caer en la ilusión de que ya está resuelta la colosal tarea que se le plantea en toda su magnitud al débil Partido Comunista. Si, por ejemplo, estallara una crisis revolucionaria en los próximos meses (provocada por la crisis económica por un lado, y por la influencia revolucionaria proveniente de España por el otro), es seguro que las masas trabajadoras, tanto obreras como campesinas, unirían a sus reivindicaciones económicas las consignas democráticas (tales como libertad de reunión, de prensa, de organización sindical, de representación democrática en el parlamento y las municipalidades). ¿Significa esto que el Partido Comunista debe rechazar estas reivindicaciones? Todo lo contrario. Deberá combatir por ellas con la mayor audacia y resolución, porque no se puede imponer una dictadura proletaria sobre las masas populares. Sólo se la puede realizar luchando -luchando hasta el fin- por todas las consignas transicionales, las reivindicaciones y las necesidades de las masas y a la cabeza de las masas.

Debe recordarse aquí que el bolchevismo no llegó al poder enarbolando la consigna abstracta de dictadura del proletariado. Combatimos por la asamblea constituyente de manera mucho más audaz que los demás partidos. Dijimos a los campesinos: "¿Exigen una distribución igualitaria de la tierra? Nuestro programa agrario es mucho más completo. Pero sólo nosotros, y nadie más, les ayudaremos a acceder a la utilización igualitaria de la tierra. Para eso, deben apoyar a los obreros". Respecto a la guerra, les dijimos a las masas populares: "Nuestra tarea, como comunistas es hacer la guerra a todos los opresores. Pero ustedes no están dispuestas a ir tan lejos. Quieren escapar de la guerra imperialista. Sólo los bolcheviques los ayudarán a lograrlo". Aquí no me refiero al problema de cuáles deben ser exactamente las consignas centrales para el período de transición en Italia ahora mismo, en el año 1930. Para esbozarlas y hacer las rectificaciones necesarias precisa y oportunamente, se requiere un conocimiento de la vida interna de Italia y un contacto estrecho con sus masas trabajadoras, que superan mis posibilidades. Porque además de contar con un método correcto, es necesario escuchar a las masas. Yo sólo quiero indicar en términos generales cuál es el lugar que ocupan las consignas transicionales en la lucha del comunismo contra el fascismo y contra la sociedad burguesa en general.

5. Sin embargo, a la vez que levantamos tal o cual consigna democrática, debemos combatir implacablemente la charlatanería democrática en todas sus formas. La "república democrática obrera", consigna de la socialdemocracia italiana es un ejemplo de esa charlatanería mezquina. La república obrera no puede ser sino un Estado clasista proletario. La república democrática no es sino una máscara del Estado burgués. La combinación de ambas no es sino una ilusión pequeñoburguesa de la base socialdemócrata (obreros, campesinos) y una mentira descarada de la dirección socialdemócrata (Turati*, Modigliani y demás individuos de esa calaña). Permítanme repetir al pasar que me opuse y me opongo a la consigna de "asamblea republicana basada en los comités de obreros y campesinos" precisamente porque esta fórmula se parece a la consigna socialdemócrata de "república democrática obrera" y, en consecuencia, puede dificultar enormemente la lucha contra la socialdemocracia.

6. La afirmación de la dirección oficial (del Partido Comunista) de que la socialdemocracia italiana ya no existe políticamente es una teoría para consolar a los optimistas burocráticos que sólo quieren ver soluciones acabadas allí donde se plantean grandes tareas. El fascismo no liquida a la socialdemocracia; por el contrario, la preserva. Ante los ojos de las masas, la socialdemocracia, en parte víctima del régimen, no es responsable de que el fascismo se haya impuesto. Así ganan nuevos adeptos y se fortalecen los antiguos. Y llegará un momento en que la socialdemocracia sacará beneficios políticos de la sangre de Matteotti[3], como hizo la antigua Roma con la sangre de Cristo.

Por eso no se descarta que en el período inicial de la crisis revolucionaria la dirección esté principalmente en manos de la socialdemocracia. Si la movilización arrastra inmediatamente a grandes masas y si el Partido Comunista tiene una política correcta, bien puede suceder que la socialdemocracia quede reducida a cero en poco tiempo.

Pero esa sería una tarea a cumplir, no un logro ya alcanzado. Es imposible pasar por alto este problema; hay que resolverlo.

Permítanme recordar aquí que Zinoviev, y luego los Manuilskis y Kuusinens, anunciaron en dos o tres ocasiones que la socialdemocracia en realidad ya no existía. En 1925, la Comintern, en la declaración al partido francés escrita por la mano irresponsable de Lozovsky, decretó asimismo que el Partido Socialista francés había desaparecido definitivamente de la escena. La Oposición de Izquierda siempre se pronunció enérgicamente en contra de este juicio tan falto de seriedad. Solo un imbécil total o un traidor buscaría convencer a la vanguardia proletaria de Italia de que la socialdemocracia italiana ya no puede desempeñar el mismo papel que cumplió la socialdemocracia alemana en la revolución de 1918.

Podría objetarse que la socialdemocracia no podrá traicionar nuevamente al proletariado italiano como lo hizo en 1920. ¡Es una ilusión y un autoengaño! El proletariado fue engañado demasiadas veces en la historia, primero por el liberalismo y luego por la socialdemocracia.

Más importante aún, no podemos olvidar que desde 1920 han transcurrido diez años, y desde el advenimiento del fascismo ocho. Los niños que tenían diez y doce años en 1920-1922 y que presenciaron los actos de los fascistas son hoy la nueva generación de obreros y campesinos que combatirá heroicamente al fascismo, pero que carece de experiencia política. Los comunistas sólo entrarán plenamente en contacto con el movimiento de masas durante la revolución y, en las circunstancias más favorables, necesitarán meses para desenmascarar y demoler a la socialdemocracia, la que -repito- no fue liquidada sino preservada por el fascismo.

Para teminar, dos palabras acerca de un importante problema de hecho, sobre el cual no puede haber dos opiniones distintas entre nosotros. ¿Pueden o deben los militantes de la Oposición de Izquierda renunciar deliberadamente al Partido? De ninguna manera. Salvo raras excepciones (que fueron errores), ninguno de nosotros lo hizo. Pero no tengo una idea clara de lo que se le exige a un camarada italiano para desempeñar tal o cual función en el Partido en las circunstancias actuales. No puedo decir nada concreto al respecto, salvo que ninguno de nosotros puede permitir que un camarada se acomode a una posición política falsa o equívoca ante el Partido o las masas para evitar la expulsión.

 Un apretón de manos,
León Trotsky


[1] Lutte de Classes: órgano teórico de la oposición francesa.
[2] Weimar: era el nombre de la república alemana que abarcó desde el aplastamiento de la revolución de 1918-1919 hasta la toma del poder por los nazis en 1933.
[3] Giacomo Matteotti (1885-1924): diputado socialdemócrata del parlamento italiano, fue asesinado por las bandas de Mussolini por denunciar las trampas electorales y el terrorismo de los fascistas.



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